CAPÍTULO VEINTIDOS
LAS PROMESAS DEL CREADOR SON SU PROFILAXIS PARA SUS HIJOS; LA NATURALEZA LAS CUMPLE AL MINUTO MATEMÁTICO.

«Porque yo endurezco el corazón de Faraón, para que os libertéis por mano fuerte», dijo Jehová a Moisés; ante la negativa de Faraón de dejar en libertad al pueblo de Israel su esclavo. Y recordando esa fortaleza aconsejada, por el Padre, os saluda el Anciano 22, para ocuparse de la Justificación de la Profilaxis del Creador.

Todo lo prometido por el Padre a los hijos de la tierra se ha cumplido y se cumple inexorablemente; pero los hombres, en su ceguera y obtusa inteligencia, no ven su cumplimiento; y aun hombres que debían ser sabios y luminosos y que por su carrera y cargos debían dirigir al pueblo a la comprensión de que los decretos y promesas del Creador se cumplían, disparataron de tal modo y manera, que todo lo negaron.

Hubo (entre miles) uno que rayó más alto que nadie en las negaciones, llegando a negar la existencia de Jesús; y lo raro es que el tal, Juan Meslier, de religión Cristiana (aunque cismático), quiso escribir la «Religión Natural»; pero no sabía que el espíritu no tiene, ni puede tener religión más que hasta que vence todos los instintos de temor, de odio y pasiones; pero el tal, hubo de justificar a Jesús ante el que la justicia divina había mandado pesar las conciencias de los hombres y los espíritus de la tierra, y esta justificación de Juan Meslier, sucedía el 30 de mayo de 1909; día en el cual, Jesús, se justificó ante el enviado y él recibió del mismo juez la promesa de quitarle y romper la cruz y enterrarla con el Cristo.

Ante aquel hecho, Juan Meslier, llevado a presenciar el hecho por la justicia, hubo de confesar su error y su malicia y comprendió que nadie había, ofendido y vilipendiado tanto como él a Jesús, negándole la existencia y negando asimismo y mofándose de las profecía, de las que pretendía Meslier que, ni una sola se había cumplido.

Pero no se inmuta el Padre, porque « Mi luz di en Adán para mis hijos, y cuando la conocerán me serán fieles. Y más adelante se lee en el mismo testamento: « Y de Abrahán mi hijo, nacerá mi hijo, qué es la verdad y no la querrán»; donde queda manifiesta la ceguera del hombre que, palpando las cosas y por el hecho de no comprenderlas por su ignorancia en la metafísica de las cosas, y por su falta de luz, niega lo que está en él mismo; y en la impotencia de penetrar en el secreto, hace misterio, patraña o absurda mentira y con ello se niega a sí mismo, que es el colmo de la negación.

De estas negaciones, de esta ignorancia y de la malicia religiosa en interpretar sola materialmente las profecías y promesas tenía que llegar el espantoso escepticismo que cubrió la tierra, llegando el hombre a negarse a sí mismo a pesar de haberle dicho: «En él estaba la vida y la vida es la luz de los hombres. ¿Y quien puede negar la vida? ¿Y quién no ve la luz del espíritu, que está en el hombre? Sólo «Los negros de hollín que demonios llamáis, que son mis hijos», que señala Hellí a Abrahán en su testamento-alianza, y uno de ellos era Meslier, hasta el feliz día en que vio en espíritu justificarse a Jesús ante los hombres.

Prometió Hellí (o Jehová, que es el mismo) la redención de su pueblo, y nadie habrá que dude que Israel se libertó, y el modo lo encontraréis en el « Conócete a ti mismo”, en «Los extremos se tocan» y en el «Código de Amor Universal», por lo qué soy relevad o de hacerlo aquí. Pero he de filosofar un momento en un punto, para afirmar lo que ya también está dicho que, «El Padre no puede dar gracia ni perdón», y por lo tanto, la redención prometida, es sólo a causa del esfuerzo propio y cuando el hombre descubre la luz que está en él, la cual es su vida.

«Porque yo hago que se endurezca el corazón de Faraón para que os libertéis por mano fuerte. Lo que quiere decir: vuestra libertad, ganadla; yo os doy los medios, el conocimiento de que sólo seréis redimidos por vuestro esfuerzo, por vuestro trabajo, por vuestro progreso y no por gracia y favor, que esclaviza...

Este es el único y verdadero sentido de las palabras recibidas por Moisés y éste las cumplió libertando al pueblo con su propio valor, con la estrategia y con la lucha, porque Faraón lo persiguió; de cuyas vidas cortadas en aquella terrible pelea, no era responsable Moisés, ni los suyos, porque pelearon en defensa propia.

Ya está sentado y lo repito yo en confirmación, que Moisés no separó las aguas del Mar Rojo; porque si eso le hubiera sido dado poderlo hacer, mejor hubiera podido hacer evitar la lucha que le había de costar muchas vidas del pueblo que libertaba; y sin embargo, previno la batalla y el modo de vencer a Faraón, dejando lo más aguerrido de los Israelitas para que se alistaran en los ejércitos de Faraón, y al oír la bocina, esos mismos ganarían la mitad de la batalla, y así fue.

La redención del hombre la hace cada uno por y para sí mismo, y no es la sangre la que redime y menos limpia manchas de nadie. Si acaso tiene alguna propiedad la sangre es, llamar a la venganza; y esto está probado psicológicamente y es científico, y por lo tanto, la sangre de Jesús no redimió ninguna falta de los hombres, pero aun menos fue pedida esa sangre por el Padre, que sí es Padre de Jesús, pero lo es lo mismo que de cada hombre, aunque éstas, sean un Meslier y los llamados Demonios.

Que Jesús sea un Mesías de la libertad, no lo hace singular de los demás hombres, ni tiene cosa particular que otros mártires; pero lo que le dio popularidad fue los principios que sostuvo; que si no eran nuevos, recordó todos los publicados hasta entonces y aclaró muchos que los comprendieron mal; y el valor que demostró al ponerse frente a frente del poder sacerdotal, le dio autoridad entre los hombres libres y ese valor lo llevó al Calvario cosa que no venía a sufrir por justicia divina; y si lo sufrió, fue por la injusticia humana, a la que atacó.

Una prerrogativa tiene Jesús y es la única que le da el título de Mesías y Profeta; y es que era mandado por los consejos del Padre, para anunciar al Juez de vivos y muertos, y por lo tanto, el Juicio final y la venida del Espíritu de Verdad y lo cumplió en estas palabras: «Yo vengo en nombre de mi Padre y no me recibís; mas otro vendrá y a aquél sí lo recibiréis; pero aquel día serán pesadas todas las cosas y el Espíritu de Verdad justificará mis palabras." ¿Ha venido aquel juez anunciado? ¿Ha descendido el Espíritu de Verdad? ¿Ha sido hecho el Juicio final de la humanidad de la tierra? Aunque basta decir categóricamente sí, hay que convencer a los hombres con las pruebas más evidentes qué palpamos y palpan los hombres.

«Y contarán los tiempos por siglos de cien años; y los siglos serán 36, desde que escribiré mi ley, hasta que la tierra la sabrá; y de este siglo mis hijos serán de Luz, porque verán la Luz de su Padre, que les darán mis espíritus". Y esto está probado por muchos de mis anteriores Ancianos y está probado aún por la fotografía que ha retratado espíritus, y corren por valles y montañas los carros de fuego y locomotoras y las lenguas de fuego iluminan las ciudades en lámparas eléctricas; y por sobre todo, se ha oído y copiado la voz y palabras del Espíritu de Verdad, que como tal habló y habla «al que había de venir y el mundo lo recibiría», y está pronto a dar su palabra a los hombres, y lo sostenemos 21 Ancianos, con todo el universo. Es por tanto verdad que se han cumplido y se cumplen todas las palabras y promesas del Padre. Esta conflagración mundial es la prueba dura y tremenda del juicio celebrado, por el que la justicia quita de la faz de la tierra los estorbos; todas las manchas, las quitará un fenómeno geológico, también decretado, porque «aparecerán nuevas tierras nuevos cielos y nuevo sol», como está prometido en Isaías.

¿Para qué habremos de ir recordando promesa por promesa, para probar su cumplimiento? Los hombres no se dan cuenta de ello hasta mucho más tarde de haberse realizado el hecho por su ignorancia, y por su predisposición a creerlo todo sólo material; y esto, ni es posible, ni la materia es la primera en sentir los efectos de una evolución; pero los hechos son consumados; el juicio de liquidación no será más en la tierra, porque una sola vez se celebra en cada mundo, y aquí se celebró el 5 de abril de 1912, donde empieza la Era de la Verdad y el reinado del espíritu.

Que los hombres nieguen o afirmen, nada quitan ni ponen a la ley que, serena e impertérrita sigue haciendo los hechos decretados en cada minuto matemático; y sólo los negadores son los que se perjudican, porque pierden un precioso tiempo que se dio de transición durante el cual, estas cátedras y otros estudios que se le dan al hombre, debían ser la gran profilaxis; y «Estad dispuestos en todo momento, como si en el instante habrías de ser juzgados por la ley de libertad», como lo sentó el apóstol Santiago de España, y hoy se le repite y aun se advierte al hombre de otra gran sentencia, que dijo: «Porque juicio será hecho sin misericordia a quien no hizo misericordia; pero esta se gloria contra el juicio»

Todos los decretos y promesas del Creador, son cumplidos sin atrasos ni adelantos; pero que con el tiempo suficiente para que los hombres lo comprendan y entiendan, se les anuncia vienen misioneros que predican en el momento de cumplirse el hecho, y ahora que el decreto máximo se está cumpliendo, necesario es que esté entre los hombres para prevenirlos, su Legatario, Investigador o Juez que un momento (el momento de la sentencia en el Juicio final) ejerció el derecho divino para penetrar en las conciencias y pesarlas ante todo el Universo; pero ni aun de esto se da cuenta el hombre y es necesario que se le diga en letras y palabras para que ni aun en materia alegue ignorancia.

Sentimos los 24 Ancianos esta necesidad; y vestidos de nuestra autoridad y aun mandados por el que necesariamente «había de venir y el mundo lo recibiría», venimos a prevenir a los hombres «Que los tiempos son cumplidos»; que las promesas del Padre, las hasta hoy dadas, son cumplidas y seguirán cumpliéndose las que son para después de hoy: que la justicia esta en acción y no dejará la espada y la balanza hasta ponerla en fiel; que todas las leyes y doctrinas que sirvieron sus periodos incluso el Decálogo, son derogadas y substituidas por el «Código de Amor», en el que está legislada la Comuna universal, último y mayor decreto del Padre, para cuya implantación se está barriendo la casa con las escobas que el parasitismo creó para dominar a lo trabajadores, y nadie se queje de los rasguños de estás duras escobas de bayonetas y otras armas, porque la ley usa lo que encontró.

¡Hombres de la tierra!. El tiempo es corto; aprovechadlo bien, que llegado el momento supremo, la tierra parirá un nuevo hijo que la embellecerá; pero en ese parto, ha de envolver todas las manchas que afean su faz y éste es aquel cataclismo que Isaías y el Apocalipsis dice que es «Como nunca vieron los hombres desde que están en la tierra".