CAPÍTULO VEINTE
TRAGEDIA FINAL; SUS HORRORES POR FALTA DE PROFILAXIS

«El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de los cuatro cuernos del altar de oro, el cual está delante de Jehová. Que decía al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata los cuatro ángeles que están atados en el grande Río Euphrates.

«Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aprestados para la hora y día y mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres.

«Y el número del ejército de los de a caballo era Doscientos millones. Y oí el número de ellos. Apocalipsis, Cap. IX.

«Y vi el cielo abierto y he aquí un caballo blanco: y el que estaba sentado sobre él, era llamado Fiel y Verdadero y en Justicia Juzga y Guerrea.

«Y sus ojos eran como llamas de fuego y había en su cabeza muchas diademas y tenía un nombre escrito que ninguno ha conocido, sino él mismo.

«Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre y su nombre es llamado el Verbo de Jehová.

«Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino blanco y limpio.

«Y de su boca sale una espada aguda para herir a las naciones y él las regirá con Vara de hierro; y él pisa el lugar del vino del furor y de la ira del Dios de las religiones.

«Y en su vestidura y en su muslo tiene un nombre escrito REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

«Y vi un ángel que estaba en pie en el sol y clamó con gran voz, diciendo a todas las aves que volaban por medio del cielo: venid y congregaos a la cena del gran Dios.

«Para que comáis carnes de reyes y carnes de capitanes y carnes de fuertes y carnes de caballos y de los que están sentados sobre ellos, y comer de todos, libres y siervos, de pequeños y de grandes.

«Y vi la bestia y los reyes de la tierra y sus ejércitos congregados, para hacer guerra contra el que estaba sentado sobre el caballo blanco y contra su ejército. Apocalipsis, Cap. 19.

El Anciano 20 os saluda y pregunta: ¿Hay similitud en lo que antecede del Apocalipsis, con los hechos de la guerra actual? No sólo hay similitud, sí que también se desarrolla en el punto indicado en el mismo escrito, y no dude nadie que habrá doscientos millones de combatientes. Puede haberlos, porque apenas alcanza esa cifra al 12% del total de la población de la tierra y toda ella está ya en estos momentos con sus ejércitos preparados. ¿Y contra quién luchan? ¿Acaso tienen un fin de mejoramiento? En concreto, no sabría decir ninguna de las naciones por qué fue a la guerra; y si acaso alguna tuvo o presentó un motivo político, una ofensa de otra nación y un plan preconcebido, apenas puesto el pie en el campo de batalla, fracasó el plan y se descubrió que la ofensa y motivo positivo no existía más que como pantalla.

Lo que hay es, que era la hora de poner las cosas cada una en su lugar, porque el juicio fue celebrado u la mayoría que acató la ley, reclamó de la justicia el cumplimiento de la promesa hecha, por el Creador en Isaías: «Y todo lo que te estorbe será quitado. Y el mecanismo para el cumplimiento de esto, nos lo dice el mismo Creador por Juan en el Apocalipsis: «Y de su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones» «Y él pisa el lugar del vino del furor.                                                                                                                                                                                                                                             Es decir, que le es dado el poder de herir el egoísmo de los reyes o emperadores para crearse ofendidos y con esto se declaran la guerra unos a otros para exterminarse mutuamente ya que estorban la obra del progreso del espíritu y éste los arrebata y los lanza a que se aniquilen, y llama antes a las aves a que coman sus carnes en los campos de batalla, donde caen reyes y capitanes con soldados y caballos; pobres y ricos, grandes y chicos y caen con la bestia en que van sentados: la religión y la fe ciega.

Si los hombres tuvieran conciencia plena, es seguro que no irían: a embestirse y asesinarse con tanta mayor saña, cuanto grande es el progreso que para la guerra han consumado; y aun se dan tanta prisa en sacar al progreso hasta la última esencia, de su adelanto, que lo creen pequeño, volando por los aires para destruir al hombre y sumergiéndose era el agua para la misma función; y ved si puede haber ya nada más horrible que blandir la guadaña de la muerte encima de la tierra, en la tierra y debajo de la tierra y del agua.

Es cierto que la séptima trompeta tocó; y yo, uno de los veinticuatro Ancianos mostrados a Juan, oí cuando le fue ordenado al sexto ángel, desatar los cuatro animales del Euphrates y están dispuestos a soplar tan fuerte, que removerán la tierra y las aguas, dejando sepultados los ejércitos y las escuadras. El orgullo lleva a los guerreros al punto señalado donde será la sepultura de la guerra, porque dicho está, «Que harán lo que el poder del de la espada en la boca quiere que hagan los hombres», y lo harán.

Que se atribuyan valor, heroísmo, patriotismo, abnegación y aun sacrificio si queréis, los hombres, que van a la guerra, el resultado no es más que el señalado hace 28 y 20 siglos; y podían los hombres haber evitado la consumación de esta trágica epopeya corporal, con una lucha digna de principios, en la que no habría habido más que vencedores de sí mismos.

Pero el que reveló a Juan, mandado por el que reveló a Isaías, sabía, que las bestias no pueden llegar al estado de la razón; y por eso nos hace ver nacer una bestia con el número 666, cuando otra bestia ya no servía a los hombres en su concupiscencia y deja de ser bestia, para quedar reducida a la nada, porque no es cosa, tratándose como en esa representación de religiones; éstas no son cosa; son producto de concupiscencia y no pueden llegar al estado de razón, y asimismo los hombres que se sientan en ella, no quieren ver la razón, porque: «Y como le dan placer a la carne, los creen los hombres que son de carne y los creen dioses, porque no ven la Luz de Adán, que parece ángel», se lee en el testamento de Abrahán.

De modo que, las religiones no pueden ser redimidas ni razonables, porque no son cosas, y porque ellas se hicieron redentoras por imposición dogmática y esto es irracional, no podía producir más que frutos irracionales y leyes dogmáticas; es decir, absurdos que degeneran a los hombres que a ciegas militan en ellas, y estas cualidades, que son sabidas por los maestros del Universo y por los misioneros, les permite revelarse como profetas de tiempo en tiempo y para cada tiempo, y así le mandó escribir a Isaías 28 siglos antes de llegar la tragedia final, el desenlace del viejo drama religioso, y es la apoteosis de la guerra, con todos los horrores y errores de las guerras habidas desde que nació la bestia 666. Para esto, al nacer, mejor dicho, antes de nacer y a raíz del drama del Gólgota (apoteosis de la muerte de la religión judaica), se escribió el Apocalipsis, que es el mecanismo explicando día a día, lo que haría la bestia que nacería una vez que el dragón nacido en las playas del Mar Rojo a causa de la superstición de los derrotados Egipcios, se sentara en la nueva bestia; y todo se cumplió como fue prevenido y hoy estamos en el fin de la tragedia.

Los horrores del desenlace son tan grandes como la suma de todo los horrores de venganzas, de represalias, de odios, de ultrajes, de hambre, de pestes y desolaciones habidas en los 19 siglos del reinado de la bestia y el dragón, y todo va en un debe que lo han de pagar hasta el último tornado, los que han fornificado con la bestia y no se han divorciado a tiempo de ella: por lo que hoy vemos todas las religiones en los campos de batalla; y es que ellas son la causa del desastre y contra ellas han salido ese ejército de doscientos millones de a caballo, que a Juan se le mostraron que acompañan al del caballo blanco, que con la espada en la boca, es decir, con la palabra de verdad, hiere a todas las naciones, que viven en la mentira y de la mentira y ésta no puede prevalecer; porque el falso profeta ha cumplido ya su tiempo y no puede permanecer por un momento más entre los que han visto la luz del Padre, que dio en Adán, ( )para que «cuando los hombres la conocieran le fueran fieles. Hemos llegado a ese feliz momento, como os lo probó el Anciano 17 con la palabra del Espíritu de Verdad y la sentencia, recaída a todos los espíritus y hombres.

Si no habría de llegar al hombre un día de paz y bienestar, ¿de qué le serviría el progreso? ¿Merecía la pena la vida? ¿Para qué había de sufrir tanto el hombre para arrancar los secretos a la madre naturaleza, procurando la belleza mayor cada instante?

El hombre en la dualidad, no comprende por qué obra y por qué se afana; pero tan pronto descubre su trinidad, ve y comprende que lo que hacen los dúos, los qué viven solo del conocimiento de su cuerpo y de su alma, es obra del espíritu, que es luz, y esa luz es la vida de los hombres. El espíritu empuja a su cuerpo y alma, a la realización de hechos que no comprende, pero que ve que le son necesarios, para sufrir menos y por lo tanto; se afana en afirmar más aquello que le, da alegría, porqué es obra de sus manos; y cuando llega a comprender la ley de aquel hecho, el hombre dúo, sufre una decepción viendo y comprendiendo que no es el cuerpo, ni el alma, el ideador, ni el que puede saber, ni comprender la ley del por que de las cosas.

Este momento es terrible en el hombre, porque es el momento de pasar del crepúsculo al día; y no todos los ojos pueden resistir la fuerte luz del sol.

Los misioneros sabíamos el peligro que hay para el hombre en ese momento, que es como si os metiesen en un calabozo donde no veáis ninguna luz en muchos años, y al salir, la primera luz que recibís, es el foco de un fuerte proyector. Unos quedarían heridos y dañados; algunos perderían la vista; pero otros más advertidos, se pondrían, detrás del que los guió o abrió la puerta y así reciben luz, más no el foco; y luego que su retina se va acostumbrando y además recibió consejos de su guía, le llega el momento de mirar la luz que es su vida; éste aprovechó la profilaxis; los otros no, teniendo que curarse por falta de precaución.(     )

 Los hombres no pueden decir, que los misioneros no les enseñaron el canino del progreso sin sufrimientos; es decir sin malestar, porque sufrimientos los hay siempre, porque la materia opone su resistencia antes de entregarse convicta al progreso, y todo se le ha advertido al hombre en el Sánscrito y otras leyes periódicas y consecutivas, que se escribieron por el legislador y predicaron los 28 misioneros, que siempre estaban unos u otros entre los hombres y se les amenazaba, porque al ignorante que no sabe amor, hay que imponerle temor, pero no absurdos dogmas que lo coarten en su libertad de pensar y obrar.

Atacamos desde el principio a las religiones, porque estaban en el error y en el error mueren; y al efecto, Isaías señaló el fin de los dioses e ídolos que no pueden pensar, ni oír, ni ver, ni andar, porque son de palo, barro u oro; por lo que, esos dioses, sólo son pantallas que le ponen al hombre los sacerdotes, para que no descubran su error y concupiscencia. Y como a pesar de esas pantallas, el hombre empezaba a ver por la continua prédica de los misioneros, los sacerdotes para imponerse, se declararon de derecho divino e hicieron los dogmas prohibitivos, para que el hombre no penetrara en la metafísica, descubriendo por ella la luz del espíritu, la cual es la vida de los hombres.

Mas el espíritu seguirá descubriendo la metafísica de la vida: llegaba ya el tiempo del cumplimiento de la etapa señalada en el Rol de lo humanidad para llevar el progreso a su punto culminante, y es cuando aparece en la tierra con todo el despliegue de la fuerza de la verdad, la mayor parte de los misioneros viniendo en descubierto Juan y Jesús, estando entre ellos el Espíritu de Verdad hecho hombre y quedando el investigador en la retaguardia, para abonar, regar y calentar las semillas sembradas de libertad. Estos dos (el investigador y el Espíritu de Verdad) se hacen anunciar y prometer para el día de la liquidación, sin señalar el tiempo; porque no convenía dado que los sacerdotes y los supremáticos feudos de los sacerdotes, no respetarían ni aun la vida del más remoto misionero, en cuanto se mostrara con principios de tal en un tiempo dado, y este peligro se evitaba, no señalando aun tiempo fijo; pero se les dijo «Que estuvieran, preparados, porque el juez llegaría como ladrón de sorpresa”; y efectivamente, después de tantas treguas y señales inequívocas, aun no lo esperaban y los sorprendió.

La prueba de que, si los sacerdotes supieran el tiempo del juicio habrían aniquilado a todo el que se atreviera a desmentirlos, la tenéis en que degollaron a Juan y crucificaron a Jesús; y esto que Jesús se declaró llamándose «hijo de Dios» después de la muerte de Juan, para imponer su autoridad y tomar así algún tiempo más para predicar la doctrina de libertad. Pero a pesar de llamarse hijo de Dios, lo crucificaron; y si hubiera dicho que era el mismo Dios, lo hubieran crucificado igual.

He ahí por qué se guardó en secreto la fecha del juicio; que aunque estaba precisa en el testamento de Abrahán, sólo los primogénitos que habían de regir al pueblo de Israel lo sabían, y era el juramento más solemne que el primogénito debía, hacer a su Padre, al bendecirlo y entregarle el testamento: su secreto.

Mas, sembrada que fue la semilla de la libertad y anunciado el día del amor en el reinado del espíritu, éste, con la metafísica a la vista, y por la lógica de los hechos de las religiones, no podía equivocarse en prever lo que sucedería luego y reveló a Juan el nacimiento de una nueva bestia, sobre la que se asentaría el dragón, siempre dispuesto a llevar la guerra a la verdad y sacrificar a todo hombre liberal y se marcó en el Apocalipsis los hechos del período del reinado del dragón, diciéndoles a los hombres a la vez, cuál sería el fin del falso profeta.

Anestesiados los hombres por el dogma religioso, no podían aprovechar la profilaxis de los misioneros, porque se les decía por los sacerdotes, de las penas eternas del infierno, si obraban fuera de lo mandado por la religión, o la gloria en el cielo, si obraban como mandaba el dogma.

Estos dos absurdos no podían desecharlos los hombres, hasta que logran ver que su vida es la luz de su espíritu. Esto ha tardado mucho en conseguirlo el hombre, porque la religión, en su maldad empezó a señalar milagros y misterios por el sólo hecho de que sus borreguizados adeptos estaban anestesiados y embrutecidos en la ignorancia; por lo que, los dioses religiosos, son dioses de hombres maniatados, ciegos; sordos y sin voluntad, ni sentimientos de hombres, y sólo tienen sentimiento para el odio y la venganza del que no sea tan... religioso como ellos. Aquí tenéis el por qué de los horrores de las guerras y más de la presente, que por ser la apoteosis de las guerras, tiene de horror la suma igual a todas las guerras y tragedias de la era del reinado del causante del mal mundial.

Pero había llegado el último momento del reinado del dragón y la bestia 666, y, a desmentir el milagro vino el espiritismo desde ese momento se daría muerte al prejuicio, porque se descubría de día en día, hechos iguales a los tenidos por misterios y milagros; y haciéndose nuevas leyes físico-químicas, pudo el hombre sentar racionalmente que: «Si mil veces se reúnen las causas que originaron un efecto, mil veces se produce el mismo efecto»; y queda así condenado el milagro; y hoy que al hombre se le descubre la verdad de la vida, acaban los misterios y sólo le queda lo impenetrable, pero sin misterio.

Este momento extorsiona en tal forma al Cristo, que tambalea sobre la bestia que cabalga y ya camina sin concierto y dando tumbos; pero en su rabia, enciende el fuego de sus concupiscencias y crea las hogueras ya que ni con cruzadas, ni excomuniones, ni guerras de naciones podía aniquilar a los libres y rebeldes; y para asegurarse más, creó un cuerpo de dignidades, llamado «Caballeros del Apocalipsis». (1)

Esta sociedad, «creada» para luchar contra el Anticristo, cuando éste apareciera, es prueba evidente de la precaución que el Cristo ha tenido siempre, para prevenirse a los golpes que el Anticristo había de asestarle y esto es( )tener latente la guerra y desenvainada la espada de destrucción. Aun existe en estos momentos esa sociedad, que no ha podido cumplir sus propósitos,

( 1)Estos no eran bastante criminales y además los habíamos descubierto y perderían su acción siempre. Entonces han fundado la sociedad de los «Caballeros de Colón» cuyas altísimas virtudes y propósitos, vedlos en el capítulo 9º. de la liarte segunda de « Los Cinco Amores». Estos caballeros sí, llenan y colman los deseos del Dragón-Cristo y de la bestia 666.

porque al Anticristo no lo pueden conocer, al que prometió el Padre «redimirlo sin dinero, ya que sin precio lo hicieron esclavo», y aun le afirmó: «Y todo lo que te estorbe será quitado». Y se quitará hasta los Caballeros del Apocalipsis y quedarán los Caballeros de Santiago, contra los «Caballeros de Colón», que leerán en «Los Cinco Amores».

«Porque pasarán las cielos y la tierra, pero mis palabras no pasarán», ha jurado el Creador. Y estas solemnes, cuanto terribles sentencias inapelables, se cumplen fiel y literalmente en los días presentes en los que, el Anticristo, cumple su misión de encadenar al dragón y la bestia. Los caballeros del Apocalipsis no han conocido al que ellos tanto han buscado y es a causa de que lo habían desfigurado a gusto de los sacerdotes haciéndolo demonio, siendo el ángel de la luz; la justicia y la verdad; por esto lo temen.

El Creador es Padre de Amor; y con el testamento de Abrahán, ha llamado hijos, lo mismo los llamados ángeles que a los demonios; y toda afirmación de que el Padre es Dios de guerra, de venganza, de ira, y de que necesita para aplacarse la sangre de Jesús, ni la de cualquiera de sus .hijos es lo único que constituye pecado, porque es negarle la Paternidad, hacerlo parcial y desmentirlo en su ley de amor. Esta ha sido el arma cobarde de la última bestia, religión católica.

La ley de justicia es franca y leal: ella no reconoce títulos, dignidades, castas y clases, porque sabe que no hay más que hombres.

No lleva nunca la ofensiva, pero está siempre a la defensiva, y no usa otras armas que las que prepara el hombre.

Pero va almacenando actos y autos, que pone en los platillos de la balanza, y ésta aprecia en su fiel el momento firme del cumplimiento de los discos epopeicos y entonces obra en rigor, sin entrañas ni sentimientos, porque la ley de afinidad ha puesto reunidas en cada punto las causas que han de originar los efectos.

El testamento de Abrahán señalaba con precisión matemática, al centímetro, gramo y segundo, el tiempo de la evolución máxima de la humanidad terrestre; y como profilaxis, quedó escrito por Abrahán las palabras que en nombre del Creador le dictara el Espíritu de Verdad, como Maestro de maestros: «Y contarán los tiempos por siglos de cien años; y los siglos serán treinta y seis desde que escribiré mi Ley, hasta que la tierra la sabrá». Y este es el momento en que se cumplieron los 36 siglos.

¿Cómo probamos que la tierra toda sabe la ley que escribió por Moisés? Oigamos, o veamos la señal inequívoca, porque el Padre a continuación dice: «Y de este siglo mis hijos serán de luz, porque verán la luz de su Padre, que les darán mis espíritus» Y quién no sabe que los espíritus de luz inspiran, hablan, escriben y aun hacen demostraciones físicas y hasta se han dejado retratar por la fotografía. Quien esto niegue, ése lleva en la frente la marca y señal de la bestia y el dragón; y hasta esto está prevenido en el Apocalipsis y en Isaías, antes de nacer la bestia. 666.

Por no invadir las cátedras 21 y 22, no debo registrar promesas y decretos del Creador, referentes a la tragedia final. Pero para que los hombres comprendan que esta hecatombe ha correspondido en tiempo y magnitud, tomé lo bastante de Isaías y del Apocalipsis; y quien lo discuta para negarlo es de los «Negros de hollín» señalados en el testamento, a los que Abrahán llamó «Demonios, porque hacían el mal». Pero no pueden negar los tiempos marcados en siglos, desde que Moisés escribió la ley del Decálogo, que hasta el presente, son los 36 siglos.

¿ Pero sabe esa, ley toda la tierra? La sabe hasta las 52 islas surgidas en los mares en el año 1914, de las que 21 desaparecieron en el mismo año; y lo grande es que, la justicia se sirve para llevar esa ley, precisamente de los que faltan a la ley divina: sacerdotes, militares y comerciantes del sudor ajeno. ¿Por qué? «¿Yo que hago parir seré coartado?», recibió en contestación Isaías, al maravillarse de que le dijeran: « Antes de estar de parto, parió hijo».

Los misioneros dimos en todo tiempo la profilaxis, para evitar las hecatombes y el mal mundial: el legislador dio por período ascendentes y progresivos la ley para cada tiempo; y corno no coartamos la libertad, porque lo prohibe la ley de amor, los detractores, los «Negros de Hollín», los que temen al Anticristo, todo lo mixtificaban. Sabíamos el final de la tragedia en todos sus horrores y al efecto se dijo que sería como no han visto igual los hombres desde que están sobre la tierra». Que la magnitud de la guerra y la calidad de esta conflagración es sin igual, está reconocido; y sus efectos de miseria en todo el mundo, lo comprueban.

 Que los horrores, no igualados en cantidad que se cometen, lo prueba la correspondencia, la fotografía y la protesta de todo el mundo.

Mas debo no(  )callar que esta guerra es muy antigua y data, como guerra declarada, desde el siglo XI; y su ensayo fue las cruzadas encabezadas por san Simón o Pedro Stoc. !Qué santos hizo el dragón! Y siguieron los ensayos en las guerras de religión en Francia y Alemania, después del gran prólogo de la infamante Inquisición; todo lo cual, sin embargo, no eran más que chispas de la actual hoguera, aunque en la calidad, aquellos hechos de la concupiscencia del Cristo, no podrán ser superados ni igualados, en la tragedia final; pero ésta toca de todos los puntos, de cada una de las anteriores pruebas, de la destrucción de la humanidad.

Un punto hermoso sin embargo, ofrece la actual apoteosis de las guerras y él alega en cuanto a lo espiritual, a los 24 Ancianos: y es que, en las guerras de antes, ordenaba y era obedecido el instigador Pontífice Romano, y ahora, si habla, nadie lo quiere oír; si pide, nadie le concede; y es que, ya está descubierto en sus mañas y marañas y todos saben que las guerras sólo tuvieron su raíz en las religiones siempre; y desde el nacimiento de la 666 Católica-Cristiana, todas fueron fraguadas, dirigidas y alimentadas desde el trono del Vaticano: «Inmenso buzón de crímenes», como lo denominan los grandes Espíritus de Juan Bautista y otros de su talla, y temple.

Sí, yo, el Anciano 20, que oía la voz que mandó al sexto ángel del Apocalipsis; soltar los cuatro animales que estaban en el Euphrates, atestiguo que, todas las guerras han sido fraguadas siempre en las orgías y bacanales de las religiones; por lo que la causa es la religión y estorba a la paz de los hombres, y pido al Padre el pronto cumplimiento de su promesa: «Y todo lo que te estorbe será quitado»; porque iPadre nuestro Eloí! la copa de las fornicaciones de la Ramera se han escanciado en toda la tierra y por cuya causa, la serpiente del odio se enroscó en los hombres y es la hora de meter la hoz y cortar ése terrible cinturón que desnaturaliza al hombre.

¡Gobiernos, naciones, hombres todos! ¿Qué habéis hecho de nuestras profilaxis? ¿Qué de nuestros ejemplos de amor y sacrificios? No podemos, pedir y no pedimos venganza; eso es de los dioses religiosos; pero sí nos incumbe pedir y pedimos justicia en todo su rigor y hasta en esto os enseñamos que no eludimos los sufrimientos que trae la justicia, porque sabemos que ésta, en su mayor rigor, es el extremo del amor del Padre, que, como buen preceptor, hace llorar; la risa es de los estultos; pero la alegría es de los justos.

Fustigamos, acusamos a los hombres ante los hombres y los señalamos ante el Padre, recordándole que son niños; y él, en su amor, le dice al juez su enviado: «A esos niños llévalos a su aula correspondiente donde se harten de sus juegos, porque estorban a la mayoría de los aplicados en su estudio y progreso; y, date prisa, porque tengo que pasar por la tierra y no pueden resistir mi presencia».

Este encargo se está cumpliendo desde el día del juicio de mayoría y en él veréis la orden de ejecución del Espíritu de Verdad, que el Anciano 17 insertó en su cátedra, con el acta de la sentencia, y allí estudiad y comprended la justicia, de la ley.

En estos momentos que doy mi cátedra, está reunido en esta misma ciudad, un congreso de Librepensadores, y allí se inician pedidos a los gobiernos para que exterminen y releguen de las escuelas civiles; hospitales y de todo establecimiento pagado y sostenido por el pueblo, todo lo que huela a religión; y no es más, sino que la inspiración del espíritu de luz llega a los hombres libres, y medio liberados, porque de hombres y espíritus es la lucha de este momento final del error religioso y suprematico.

Es hora de la paz inalterable, de la justicia por la justicia misma, para el bienestar a que da derecho el progreso, y tras de esta apoteosis del odio y la tiranía, se descubre y se asienta la libertad y el amor que os deseo y os afirmo que así será.