CAPITULO DIEZ Y OCHO
DE LA PROFILAXIS DE UNOS MISIONEROS EN EL TRANSCURSO DE 57 SIGLOS, HA LLEGADO TODO EL PROGRESO A LA MAYORÍA DE LOS HOMBRES.

Cátedra de historia os trae el Anciano 18 y os saluda en amor.

Ya que los hombres, en materia, sabéis que estáis sentenciados y que no hay apelación, y que en vuestro tránsito de la presente existencia habréis de tomar el rumbo que vosotros mismos os tracéis por vuestras obras que hacen fe, y no por vuestra fe que no demuestra obras, y tenéis pruebas inequívocas en la renovación de la tierra por sus movimientos y sus guerras finales, amén de la palabra del Espíritu de Verdad, de que el juicio de la liquidación fué y ya no será más. Y tampoco puede nadie ignorar, ni aun los pocos hombres que quedan como recuerdo en la selva, (y esto es por justicia) que el progreso que tiene el hombre es grande hasta el disfrute de la electricidad y la transmisión del pensamiento por hilos y por ondas, conviene que el hombre conozca, en verdad sus pasos y sus obras, para apreciar el progreso y la vida.

Si ya no estuviera hecho este estudio e historia, de grado a grado del progreso, en el «Conócete a ti mismo», «Código» y otros libros, sería preciso hacerlo aquí, empleando años de explicación y escribiendo tantos libros como ya escritos están, a los que os remito.

Mas hasta la historia de los misioneros está hecha y explicada la llegada de Adán y Eva, y ya nada le queda oculto al hombre, ni aun el acto terrible cuanto exacto de la escrutación del espíritu por su Padre, cuando triunfante puede llegar a su casa natal al centro vibratorio de donde toda vida procede; cuya descripción encontraréis en la «Filosofía», con fecha 26 de abril de 1913, y aquel acto es el límite a donde puede, llegar el hombre como rango y cargo; y es ahí donde principia su sabiduría, porque hasta ese momento fue discípulo y ahí se recibe de Maestro de maestros.

Si en medio del inmenso progreso en que nadamos en este momento, hacemos un supremo esfuerzo abstrayéndonos de esta cultura y vida de comunidad en las ciudades, para tersos en las selvas Africanas y de las dos Américas, tendremos a la vista en una sola línea espectral, la barbarie y la civilización, a ascendiendo desde el negro profundo hasta el blanco luz, habiendo pasado por todos los colores de las diferentes temperaturas y espectros.

Tracemos, pues, sea línea, ese espectro, para que el hombre nuestro hermano, tenga siempre ante su vista la lucha sostenida por 29 titanes qué, en 57 siglos llevaron este mundo a la categoría de regenerado, para empezar la vida de hermanos en la Comuna. Si tomara para este espectro, el espectro solar, sólo me entenderían los iniciados en física y astronomía, y bastaría traspasar aquí, la columna trazada por la ciencia e ideada por el físico Marcolain, que en sus 180 divisiones o grados, para llegar del rojo a la violeta claro que da el espectro solar, sobre las placas sensibles. Pero prescindo de ello a fin de que todos me entiendan porque hoy no se hace ciencia, sino sabiduría y la sabiduría es común, mientras que la ciencia fue sólo patrimonio de pocos, porque había que comprarla; y en general, la podían comprar los que memos produjeron y es a causa del error supremático y religioso.

Tomemos como ejemplo vivo y práctico, la fusión de los metales y simplifiquemos aun más esta línea espectral, en la forja de los enseres que utilizamos.

1. º Estamos al frente de uno de los llamados «Altos hornos» y observamos que el fuego empezó sus funciones por avivarse a sí mismo por la unión de calorías del combustible y llega éste a su grado máximo por la naturaleza propia del carbón mineral, de donde, sin la ayuda de otro agente, no llegaría a extraer las pepitas metálicas que contienen los terrones minerales que le metieron en el horno.

2. º En ese grado máximo, las fuerzas están equilibradas y sólo se habrán fundido los metales más blandos: plomo y estaño, por ejemplo; pero para metal más fuerte, duro o refractario, sobre aquel grado máximo de calorías minerales, se agrega el gas, preparado ya de antemano, y aparece el candente río de hierro, acero, cobre, bronce, plata, oro, platino, etc., etc., y se escudillan en los moldes preparados en la tierra; ya tenemos la materia prima para producir los enseres que hemos concebido necesarios para nuestra vida cómodo y bella.

3. º Veamos ahora esparramarse aquellos lingotes por todo el mundo y llegando a las forjas, donde potentes máquinas reciben los grandes tochos o masas informes del metal candente al blanco luz, que al pasar los cilindros, salen planchas, varillas y tirantes de todas medidas, pesos y fuerzas ideadas y calculadas e impresas en los cilindros de la máquina, y ya tiene la industria manufacturera, las materias necesarias para trabajar los casi infinitos enseres y herramientas.

4. º Observemos que, ahora, de ese mismo material, se fabrican herramientas con temples diferentes hasta tal grado de fortaleza, capaz de labrar y aun de reducir a polvo impalpable aquel metal tan duro; y el artista lo hace, fijándose en el color del acero; bien sea el rojo cereza, el de hígado, o el violeta, según para lo que se destina la herramienta, y sin pender un grado de aquel color y calor, lo zambulle, ya en agua, ya en aceite u otro líquido, o al aire y adquiere la fortaleza necesaria; ya tiene el hombre, material, máquina y herramienta y todo es de la misma cosa y materia. Es cuestión de grados matemáticos; objeto de ingeniería; producto del Ingenio y de la voluntad del hombre y de la necesidad de vida más bella.

5. º Recorramos ahora en un momento el mundo todo y veamos en cada pueblo, talleres, en donde encontramos las planchas, las varillas, los alambres y tirantes sometidos a la fragua, a las sierras, a las limas y pulimentos, de donde salen en pedacitos trabajados, y los encontramos en toda vivienda sirviendo al hombre, en todo lo que atañe a la vida y la muerte; a la virtud y al vicio y cada uno la usa según su capacidad. Siempre es cuestión de grados.

6. º Consideremos un momento sobre las máquinas en acción arrastrando tremendas cargas, impelidas por las varias fuerzas originadas por el mismo calor, que nos proporciona la vida, porque

solo hay un calor y no dos, y veremos por fuerza que la máquina y la fuerza que la impele, sólo es una misma cosa en diferente grado de progreso y que, la una sin la otra nada harían. Aquí es donde el hombre se ve en la necesidad fatal de salir de la ciencia, para buscar la sabiduría; es decir que se asienta en la física, para buscar la metafísica; y por esta ve que, el fin es igual al principio, teniendo en cuenta los infinitos grados de la línea espectral.

Y ha llegado por ese entendimiento el hombre a tal grado de espiritualizarlo todo; que aquellos terrones que vimos depositar en el horno sometidos al grado de calor necesario para extraerles las pepitas metálicas, que en la evolución las ha convertido en esas máquinas rotativas que hablan a todo el mundo el pensamiento de los hombres; y así un solo hombre, puede educar a todos los hombres.

Ni sorprende ya ver cruzar las palabras corriendo a lo largo de los hilos, ya aéreos, o bien submarinos, aprisionadas en tales conductores, y llegó a tirarlas por las ondas, obedeciendo a su propia voluntad, para ir a imprimirse allá donde su pensamiento se dirige y dispuso un receptor similar al transmisor; y todo, al fin, es la misma fuerza, originada por el mismo y único calor, que en esencia, es el espíritu; y hoy puede el hombre comprender que «En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres»; como sentó Shet en el Sánscrito, y lo repitió Juan Apóstol.

He encerrado en estos seis números, los seis días de trabajo de la humanidad, llegando al Blanco-Luz, donde la fusión es hecha y, también la humanidad se funde en una sola familia esos seis puntos, sea la línea espectral histórica de todos los hombres, para así poder disfrutar del séptimo y último grado, o sea la belleza de la vida en la santa Comuna, que es aquel enigmático punto escrito por Moisés: «Y el séptimo descansó», punto que desarrollará otro Anciano en la cátedra 23.

En el punto 1. º, donde vimos sólo el calor natural, no pudiendo vencer las resistencias de sus homogéneos, vemos que, sin otro agente superior, no habría podido extraerse la esencia metálica; y entró el gas con las calorías necesarias e hizo la fusión.

Hasta ese punto, el horno, con su calor natural, representa al mundo en su estado primitivo, venciendo la fuerza bruta que se resistía a la fusión, para convertirse a la belleza; y ya vemos que todo allí es rústico y paulatino y mucho esfuerzo pudo por falta de calor, por, falta de espíritu, que obrara y ordenara en potencia, por lo que, solo se fundía lo blando, lo que menos valor tiene, y por lo tanto, el progreso había de ser pobre y casi nulo; siendo ése el estado del mundo, cuando recibe el espíritu del investigador o director, acompañado de 28 ingenieros que, con su potente voluntad, empezaron a soplar en los hornos de las conciencias de los primitivos, produciendo su calor, la extracción de las pepitas metálicas, separando así, las más gruesas substancias terrosas y preparando de ese modo los primeros materiales para poder trabajar; de lo que resultó las primeras máquinas o familias que serán movidas por el impulsor Amor, desconocida hasta entonces.

Desde ahí como está condensado en el punto 2. º, empezaron como ríos candentes de Amor de familia, hombres modulables, de temples según su grado, pero ya de provecho y dispuestos a sufrir el calor del fuego del trabajo, empujados por la fuerza del gas que les soplaba, de los misioneros o 29 titanes en Adán y Eva; y esos hombres modulables, son aquellos Lingotes que vimos esparramarse y entrar en las máquinas del punto 3. º, o sea la constitución social, en la que se hacen planchas, varillas, alambres y tirantes; es decir, las producciones, proyectos y leyes más o menos suaves o pesadas, según cantidad y calidad de reunidos y grados de progreso, y todo eso, es obra de los ingenieros, que todo lo van proyectando para realizarlo en su momento fatal, y ya hemos visto en el punto 4. º, cómo se van forjando herramientas de diferentes temples adecuadas a cada trabajo; es decir, que se van formando buenos discípulos de aquellas ingenieros, que pronto vemos utilizar las planchas, varillas y tirantes y llenar de sus productos todos los hogares, donde ya llega el calor que fundió aquellos lingotes, que es, el soplo de loa ingenieros que, en la unión de las pepitas metálicas que extrajo de los terrones, hicieron el bloque consanguíneo, y era el primer Amor, resultado de su soplo, de sus ingenio, de su calor de vida, que era su luz y estaba en sus espíritus.

Como es natural, cada objeto es de mayor o menor mérito y belleza, de mayor o menor valor, y no todos los metales pueden aliarse en la fusión; y cromo queda encerrado en el punto 5. º, hay virtudes y vicios y cada uno produce sus frutos, por su valor y calor; pero todos reclaman su perfección y el oro paga al hierro y al acero sus servicios de hacerlo bello, consintiendo que el artista lo incruste en filigranas en el rústico hierro y lo adorna; pero él brilla más en ese material rústico, por su belleza; pero es a causa de la armonía del trabajo, que es el sacrificio originado por el amor, única ley que los ingenieros de esta historia usan por metro; pero que de esas diferencias de valor, nacen las resistencias y esto es lucha, y la lucha con desconocimiento de causa, es guerra; y la guerra quedaba al descubierto, para humanizarse por el acrecentamiento del progreso, por el crecimiento de las afinidades y finalidades; y aun guerreando los hombres, no pueden prescindir de la ayuda común de su mismo enemigo.

Contenida está esta verdad en el punto 6. º, y ella es bastante semilla para escribir muchos libros de fisiología y biología, y lo haréis vosotros; pues yo, en mi cátedra, sólo os digo los puntos profilácticos para seguir desentrañando los secretos y llenando los vacíos de las ciencias, a medida que avancemos en el día séptimo o del descanso, por el bienestar y la paz inalterable.

Si veis rodar las locomóviles y hablar las máquinas de imprenta y repetir nuestras palabras y nuestra voz el fonógrafo y el biógrafo repetir los movimientos y las acciones y en todo está la máquina y la fuerza, la materia y el espíritu tocándose los dos extremos sin hacer irrupción, es porque el hombre es la resistencia, entre todas las fuerzas, como el alma lo es entre el cuerpo y el espíritu.

Y bien, hermanos míos: Toda esta belleza mecánica y física, unida en maridaje amoroso, ¡Cuántos esfuerzos costó al hombre!. Mas si aun es admirable y obra del titánico esfuerzo de todos los hombres de hoy y merece elogios todo aquél que, aprovechando los conocimientos y productos comunes, reúne movimientos y engranajes; haciéndolos precisos y matemáticos cual conviene a su descubrimiento, ¿cuál será el elogio merecido para aquel grupo de 29 seres que se encargaron de regenerar y enseñar toda esa precisión a Dos billones de seres que pertenecen como espíritus a la tierra? Y que lo han conseguido, nadie lo dudará, porque tenemos todo el progreso que presenciamos y la mayoría de los hombres lo conocen y lo comprenden, porque no les causa maravilla ningún adelanto; lo que prueba, que todos comprenden el secreto del progreso.

La humanidad de la tierra; cuando fue la descención del investigador-director, acompañado de 28 ingenieros, espíritus de amor y maestros en todas las ramas del progreso universal, los hombres tenían de hombres, la figura, y ésta torpe y embrutecida, como los selváticos de las partes inexploradas del África y de las selvas Americanas, que la Providencia conserva hasta el momento de la última evolución, para que los hombres recién regenerados, se vean como eran hace 57 siglos, y los ya maestros tengan la línea espectral desde el negro carbón hasta el blanco luz en la Fisiología, Fixiognosía y Etnología de los seres, como tenemos el espectro científico del Sol, o del calor, desde el rojo-fuego hasta el violeta-azul, y todo es la misma cosa; es cuestión de grados de progreso.

La historia de estos 29 misioneros o ingenieros, está en muchos puntos de la «Filosofía Universal», en el «Código», en el « Conócete á ti mismo», y más justificada en la reseña histórica de «María-Eva»; por lo que, sólo hago yo parangones por los que se pueda apreciar su labor y que sirva de ejemplo, a los hombres, que cada Setenta mil millones de seres, han sido enseñados por uno solo de aquellos 29 misioneros; cifra espantosa que corresponde a cada uno, y había de hacerlos progresar, de fieras que eran, en hombres civilizados; como el progreso convierte aquellos terrones que se echan en el horno como mineral y lo vemos luego siendo máquinas, que hablan, o aderezos en los dedos y pechos de nuestras bellas madres.

Todo ello se encierra en la línea espectral que os dejo retratada y que la haréis con todos sus colores en vuestra conciencia, cada uno a medida de su progreso; y así apreciaréis el beneficio de la profilaxis que de los 29 misioneros habéis recibido.

Me llaman a cerrar mi cátedra, y lo haré con una consideración, que nadie ha de olvidar.

Todos los primitivos o naturales de la tierra, habéis disfrutado de los goces de la naturaleza, en la beatitud de la ignorancia; porque el ignorante, por el hecho de serlo, no sufre en su conciencia obtusa y lo probaréis cuanto más sabios seáis; pero los misioneros no han gozado esa beatitud, porque vinieron siendo sabios, maestros, y tienen derecho al disfruté de su titánico esfuerzo. ¿Habrá alguno de vosotros que les niegue ese lenitivo? No, no lo puede haber; pero sabed que hasta que seáis sabios, no lo pueden conseguir; por lo tanto, trabajad y sed pronto sabios.