CAPÍTULO CATORCE
LAS CAUSAS DEL MAL MUNDIAL....DONDE RADICAN

El Anciano Catorce os saluda; mi predecesor cubrió, su trabajo con la banda negra de la bandera religiosa, la superstición; y sentó el malentendido de la vida y la malicia de los sacerdotes en tergiversar a su gusto las escrituras; en la pretensión estulta, de matar la vida que es lo mismo que decir matar el espíritu.

Yo tengo que cubrir mi cátedra con la banda roja de las mismas religiones, en las que únicamente y por entero radica el mal mundial, porque todo lo han desequilibrado: no sólo los hombres sino toda la masa de la tierra se ha desequilibrado, porque hasta los pensamientos pesan y buscan su gravedad; que como obedece el peso, sólo a la rusticidad y mayor opacidad y es ley que sigan rodando por las vertientes a un punto mas profundo, han corrido esos pensamientos hechos obra de sangre, la que seca la vitalidad de la parte de tierra que mancha y ya esta, es una, escoria, que se va amontonando en el polo sur, por ser la parte más baja.

Cada día desequilibra ese peso más la marcha, del globo y hasta esto lo ha anotado la Astronomía en estos últimos años; y si no supiera la causa, os la dice el Anciano catorce.

Mas el progreso humano había de correr parejas con la ley de la creación, porque la evolución de la madre y del hijo (es decir, de la tierra y del hombre) habían de marcarse exactamente en el mismo instante, porque la ley es sólo una, como Eloí es uno. Estamos en el momento preciso e indicado en la esfera de la vida y se ha marcado esa evolución para estos días y la tierra, siente y demuestra los dolores de parto y los hombres sienten y demuestran que han encontrado la causa de su mal y juntos obran la tierra y sus hijos. Conscientes y juntos hijos y madre, luchan por tirar la causa y los efectos que los desequilibró, que no es más que la religión por las guerras y la sangre derramada en las guerras y por causa de la superstición, que engendró el asesinato y el crimen.

Todo está ya estudiado, pesado y juzgado en el «Buscando a Dios y Asiento del Dios Amor», en el «Conócete a ti mismo», en la «Filosofía Universal», y recopilado en «Los extremos se tocan» y hecho ley, en el «Código de Amor Universal» ; y aquí hay sólo que filosofar un algo para la profilaxis del día de la Comuna, porque este libro de estudio cotidiano para la higiene de la vida, no puede carecer de los principios de la higiene del espíritu, porque ambas higienes se entrelazan y son los dos brazos de la vida. (l)

¿Puede el espíritu sin un cuerpo hacer obras demostrativas de la vida ? «En él estaba la vida y la vida es la luz de los hombres», se ha dicho. ¿Puede el cuerpo ser hombre sin el espíritu? «Porque como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así la fe sin obras es muerta»; sentó el apóstol Santiago. En el «Código» y otros libros se ha sentado y probado que, con cuerpo y alma solo se es animal; luego la higiene del cuerpo y la higiene del espíritu corren parejas y no puede ser la una sin la otra; y porque los hombres así lo han querido hacer y lo hicieron, la tierra y el hombre se desequilibró; y este desequilibrio es la causa del mal mundial; y esta causa sólo radica en la religión.

Que luchen hoy los hombres civiles, no quiere decir que la causa de la guerra esté en el estado civil; porque el estado civil no tiene más nociones de la vida que las que le inculcó el estado religioso, encargado en todos los tiempos de la educación moral; y si el pueblo es inmoral, la causa es el educador.

¿Que hubo guerra en todos tiempos? Siempre hubo religiones. ¿Que luchó el estado civil y el estado religioso? La causa es haber dos estados; «porque dos principios iguales se anulan el uno al otro», se ha sentado científicamente; y por más, si el estado religioso se proclamó hasta de derecho divino y mayor y primero que el estado civil, debía ser más sabio; debía ser más moral; debía educar en la virtud y la guerra no es virtud. ¿Fué la religión a la guerra? Pues la causa( ) de la guerra es la religión. ¿Es mejor el estado religioso que el estado civil ? Hasta que los estados civiles no hubieron acorralado a la religión y renegado de ella y tirado su errada educación, no llegó el progreso, ni llegar podía; luego su progreso llegó porque el hombre rompió la cadena religiosa que le prohibía el vuelo; el hombre, en el estado civil, es el hombre; y en el estado religioso, es el enemigo del hombre; por lo que, el estado religioso, es la causa( ) de todos los males de la humanidad, y hoy hay que matar la causa y la matan sus mismos efectos: la barbarie.

Veíamos llegar el progreso, retardado, pero invencible y nos dolía tener que asentarlo sobre barro e inmundicia; pero no había rocas graníticas en qué cimentarlo y nos costó grandísimo trabajo el fundamentarlo, clavando estacones de leyes escritas y predicadas en todas las partes de la tierra, y estas estacas de material inalterable eran la ley de Shet y fundamental en la India Oriental, que servirían como el eje alrededor del cual giraría todo. Había traído con él el investigador, 28 buenos ingenieros en todos los ramos de la sabiduría universal, que desempeñaban los planos conforme a la ley de las evoluciones; es decir, progresivamente; y atacando siempre los lodazales de inmundicia que las aguas cenagosas del error y concupiscencia religiosas, habían dejado en toda la tierra en los 44.999.200 siglos que el hombre había, malgastado desde su aparición hasta la venida de Adán y Eva con el investigador, se ha podido sanear la cimentación.

Clavada la inmovible estaca donde ya se declaraba que «El espíritu era la vida y la vida era la luz de los hombres, porque el espíritu ya era desde el principio en su Padre», se legisló que: « Los hombres todos, de la tierra toda, hermanos son». De allí seguirían los ingenieros que trajo Shet, abriendo brechas, zanjas y pozos, donde desaguar los lodazales religioso; cuyos pozos, zanjas y brechas, se llenaban de ripios fuertes, bien fraguados con puras argamasas que eran los hombres que desde el principio aceptaban la regeneración con las doctrinas, que son la argamasa que se apodera, de los errores, como el sol de las tinieblas.

En el nuevo libro que hoy 20 de Mayo de 1922 se acaba de imprimir, en su capitulo «La sangre derramada en 57 siglos» está la terrible prueba de esta cátedra, señalando en litros la sangre derramada. A él os remitimos.

El Legislador corría en cada sucesiva y casi ininterrumpida existencia corporal, dejando estacas profundas clavadas, y fué, después de Shet, Jun, en Iberia; que con su madre Ceres, recogieron el trigo y fabricaron el pan; enseguida es de nuevo hombre en las dilatadas regiones de la Indo-China, y nace de Sararasti, siendo Bramán; renace luego en la China y es Kay-Ki, y repite, siendo Confucio; lo conocemos hombre en Jacob, en Moisés, en Isaías, Sócrates y en Santiago Apóstol de España; y después no cesó de clavar estacas sobre todas la que, los 28 ingenieros abrían brechas, zanjas y pozos, rellenándolos de ripios y argamasas, hasta ser lo suficiente fuertes para tender sobre ellas cables, y vigas adecuadas para formar de una a otra estaca, el gran emparrillado que pudiera soportar todo el edificio del progreso que hoy tenemos, a cuya precisión, fortaleza y belleza, no han podido corroer, derribar, ni enlodar los fangales religiosos, que idearon toda clase de herramientas para taladrar esas estacas; pero que todas se rompen en la dureza diamantina de los ripios y la argamasa y ni aun el fuego de las pasiones y concupiscencias; pero ni aun el fuego de las hogueras inquisitoriales que en su desesperación encendió la religión pudieron, ni siquiera desmoronar los más delicados perfiles de la obra, sino que, aun la sabiduría del legislador y la pericia de los ingenieros, de ese fuego, sacaron mayor belleza y purificaron las manchas salpicadas durante la lucha y, hoy aparecen brillantes y pulimentadas las aristas y los perfiles del progreso, bajo una ley común: El Amor, que se asienta en su trono en el corazón del hombre, bajo el gran edificio de La Santa Comuna.

La Comuna, ya no es hoy palabra hueca, como no es palabra vana el amor de hermanos, y es el resultado de las estacas continuadas clavadas por el legislador y cimentadas por los 28 ingenieros que muchas veces han mezclado, su sangre y su carne con la argamasa; porque muchas veces les desmoronaron las zanjas abiertas para cimentar y no hay profeta, patriarca o misionero (desde, Abrahán hasta Jesús que se hizo esa cimentación) que no haya sido sacrificado por la religión, y esos son, para que los conozcáis los ingenieros y de ellos son los 24 Ancianos que os dan esta profilaxis con que os debéis ahora precaver.

Las religiones veían entenderse los espíritus y hombres religiosos (las religiones no pueden ver, porque no es cosa, y es ciega, porque es pasión); pero decimos las religiones, porque en su nombre (verdadero fantasma) se comprende a los hombres que en ellas militan; las religiones, digo, pues, veían que el que aplastaba su cabeza., de cada caída natural por causa, de la materia, debía aprovechar hasta la caída o sacrificio de sus misioneros; tomaron pues, las religiones la tarantilla de hacerlos (luego de sacrificarlos) sus santos y sus mártires y engañar nuevamente a sus adeptos con esa hipocresía: pero la ley no puede ser vencida; y en el último extremo, los sacerdotes vendieron la ley por dinero, bajo el temor del infierno y las promesas irracionales del cielo. Pero dejemos a la ley en su evolución triunfar por completo y sentarse sobre el gran emparrillado formado por los ingenieros sobre las estacas o leyes dictadas de tiempo en tiempo por el legislador.

Degollado Juan (el más duro ripio y la más templada argamasa que hay en los cimientos de las estacas), aparece en todo su valor Jesús, como sembrador de la piedra de escándalo de los sacerdotes, «La Libertad». Jesús cavó tan hondo en el corazón de los hombres del pueblo, que hizo temblar el edificio religioso y.. . al pozo fué lanzado Jesús, crucificándolo; y siguieron cayendo sus apóstoles y los discípulos de Juan, y eran esos ripios y argamasas lo que necesitaba esa estaca, de la libertad del pensamiento, para que no le pudieran socavar el dragón y la bestia, que iba a nacer: la religión católica, en la que se iba a sentar el Cristo-peligro de la humanidad. El hermano de Jesús, Santiago Apóstol de España, cercó muy fuerte esa estaca con su carta universal, que es ley de justicia y libertad. Estas se asoman hoy prepotentes y avasalladoras y no hay un solo hombre que no las proclame; unos, los más, amándolas en verdad; otros que las piden en su opresión; y los muchos menos, temiéndolas y pagando por destruirlas y son los que militan y luchan, supersticiosos, en la religión cristiana y católica y sus divisiones cismáticas.

Ya dijo mi predecesor cómo nació la religión cristiana y la religión católica; y dijo también sus hazañas morales o de la banda negra y os remitió y os remito yo a los mismos libros donde se atomiza la acción de sus dos milenarios; pero yo tengo que decir algo de los hechos de sangre o banda roja; mas antes, voy a hacer un balance, con el que se vea que son muy pocos, los católicos que quedan, aunque sí quedan algunos cristianos más; pero que entre los dos poco son los que sostienen esta final marejada en la que sucumbe el cristianismo y catolicismo, que ambos, juzgados como están en el Código por sus propios hechos, resulta que, el cristianismo es sinónimo de asesino por superstición, y el catolicismo, latrocinio y asesinato por malicia premeditada, pagada con indulgencias y bendición del Cristo representado en su Pontífice; y os invito a probarlo vosotros mismos por sus hechos, aun en la historia mixtificada.

Cuatrocientos cincuenta millones de hombres y mujeres (según sus estadísticas) dicen los cristianos que suman esa respetable minoría, comparados con mil ochocientos millones de seres que pueblan la tierra; resultando (según el dogma católico)( ) que mil trescientos cincuenta millones de seres que no son cristianos; y más doscientos cincuenta millones de cristianos que no son católicos, no son salvos. Es decir, que mil quinientos cincuenta millones de seres en cada generación se condenan de necesidad.

Pero es que, según el estrecho dogma católico (el que he estudiado bien para hacer justicia), no se salva ni aun el Pontífice; pero no hagamos caso de esto, porque ya sabéis que Hellí en el testamento de Abrahán, llama hijos lo mismo a los llamados ángeles, que a los denominados demonios; y esto solo, destruye toda esa patraña estulta.

Lo que importa saber es que, esos doscientos diez millones que la iglesia católica romana suma, en esa, estadística (o sumaba por fines del siglo XIX), son los nacidos o bautizados en las naciones llamadas católicas y las que son en parte, como Inglaterra y Alemania, que tienen los cismas protestante, anglicano o evangelista.

Pero en los hechos y por voluntad propia, reniegan de ser católicos todos los liberales, todos los republicanos, todos los socialistas, los anarquistas, los sindicalistas y los comunistas, y no debo excluir la Masonería, los evangelistas, los salvacionistas y los independientes y éstos todos sumados, no me negará nadie que son el 75%, o sea 157 millones en números redondos; y así quedarían 53 millones de católicos no renegados en confesión pública.

Mas de éstos, más de la mitad son por conveniencia o por la necesidad, ya por cargos, ya por indigencia, ya por ser menores, y resultará la reducida suma de 26 millones los católicos que en realidad practican el catolicismo, y, esos son todos curas, frailes y monjas; frailes de levita, y monjas de la aristocracia o damas de caridad, algunos hombres políticos y una docena de magnates; pero reyes ni emperadores, no queda ninguno, más que por la Constitución.

Esa es la suma (un tanto aumentada por no hacer muchos números) que en realidad son católicos, porque hacen obra de tales; pero que sí afilamos el lápiz para entresacar aún de entre las sotanas y los hábitos, los que no son católicos, casi llegaríamos a cero; por lo que, el catolicismo, en este momento histórico, es sólo Un Fantasma que perdura por la superstición, pero sólo es ya un cadáver caliente, al que le están abriendo la sepultura; y los responsos son, las imprecaciones de los que están en tos campos de batalla; el ritual, la estrategia de los combatientes; y los frutos, la sangre que corre a ríos, sus blasfemias y todas las armas de muerte; porque «Sicut est vitae est morte»; nació sobre cadáveres, se nutrió de sangre y muere sobre sangre y cadáveres de todas las razas y de todas las religiones; «ojo por ojo y diente por diente», es decir justicia inexorable porque todo es hijo de sus obras. (1)

¿Para que hubiere de pintar yo de nuevo el horrible cuadro de sangre derramada por el cristianismo y catolicismo? La historia os lo dice en las matanzas de los emperadores de Roma, en las Cruzadas, en la destrucción del pueblo de Israel, en las guerras religiosas, y por todo, habla la inquisición y, sólo saber que, esta conflagración es la suma de todas las guerras del cristianismo y anotado esta en el «Código», en el «Conócete a ti mismo» y en «Los extremos se tocan» y por ellos veréis que los prostíbulos se han multiplicado y los manicomios y las cárceles, los hospitales y asilos y las casas de maternidad, que son todos esos edificios, la sedal del baldón que arrastra la humanidad y que más no quiere soportar.

Todo ese maremágnum de crímenes y hecatombes han sostenido las religiones, para destruir la obra de 29 titanes solitarios que hace 57 siglos escasos tomaron el bosque de la tierra, para trazarlo en armónico jardín y embellecerlo en común con todos los trabajadores.

El legislador pudo arribar a un juicio definitivo, en el que el maestro Espíritu de Verdad, pudo decir al Padre, al presentarlo para investirlo de juez: «Y consumió en breve tiempo la obra de largos siglos». Y la confirmación para los hombres (hasta para esos pocos detractores de la verdad) es esta conflagración, profetizada en Isaías y explicada hasta en su mecanismo el Apocalipsis que se le reveló a Juan apóstol; y, a la guerra (cual no vieron igual los hombres) acompaña la naturaleza en sus demostraciones del parto para abrir el gran surco que envolverá todo lo que estorba a la implantación de la Comuna. ¿Quién estorba? Consulte cada cual a su conciencia.


(1) La prueba de verdad de la muerte del catolicismo, lo demuestra hoy mismo el pontífice buscando todos los medios de unirse católicos, ortodoxos y protestantes a los que excomulgaba y condenaba antes.

A los que de esto protestarán, se les adelanta la respuesta: La Ley de Justicia es Leal; no usa otras armas para cumplir sus deberes, que las que los hombres le han preparado. Tiene que barrer y para ello, usa las escobas de bayonetas y otras armas que el enemigo preparó para aniquilar a los regeneradores, y ved como se contagian todas las naciones y que en todas partes hay algo que estorba y lo quitará la ley. ¿Habrá alguien que dude que la religión es la causa del mal? Pues que espere a verse libre del cuerpo; y en espíritu le dirá el Anciano 14, qué mire entonces sin cristal de color y sin prismas y verá el color Verdad. ¿Pero habrá tiempo entonces de reconocer la justicia ? El espíritu obra siendo hombre y siendo hombre ha de hacerse luz, porque ya se le ha dicho: «En él estaba la vida y la vida, era la luz de los hombres». Pero añade: « Y las tinieblas no la comprendieron», lo que me obliga a perorar un momento más.

¿Qué tienen que ver las tinieblas con la comprensión o el entendimiento ? La tiniebla no tiene sentido; la tiniebla es obscuridad; es sombra de algo que se opone a la luz y ese algo es al que se refiere. Más no es a las montañas, ni a los bosques, ni aun a los cuerpos de los animales a los que sobreentiende en «Y las tinieblas no la comprendieron», porque tampoco ninguno de esos cuerpos tiene entendimiento, aunque en los animales haya el instinto natural; pero que «cada animal sólo tiene un instinto». Dentro de esta verdad real, quedan descontados de esa acusación todos los seres y cuerpos que no sean hombres, y por lo tanto, sólo los hombres son acusados de tiniebla.

Y es que, como debéis de saber en el «Código» y en el «Conócete a ti mismo» y otros libros; y en el símbolo del Arca de Noé con especialidad, el hombre es el conjunto de todo el universo y en él vive completo y entero; y en tanto la vida que en él está por su espíritu, no se convierte en luz, su conciencia es una densa tiniebla; es decir, que no hay discernimiento; que no hay la suficiente sensibilidad; que está opaquizada el alma con la gran rusticidad de la materia de su cuerpo, porque aun no se rindieron la mayoría de los instintos animales que en el hombre conviven y que en ley tienen que espiritualizarse. Momento solemne en el que la tiniebla cesa y la luz puede penetrar en la conciencia y discernir el bien y el mal; se hace luz y entonces vive vida racional, vida de hombre. ( Leed aquí «El Espiritismo en su Asiento» ).

Mas la vida humana (como todas las cosas) tiene su trinidad, y decimos noche, crepúsculo y día. La noche de la humanidad es cuando aun el espíritu no ha dominado los suficientes instintos para formar un regular archivo de sentimientos, que, son los que componen la conciencia., y es tiniebla plena, porque sólo vive y se defiende irracionalmente, por el instinto de conservación; y en ese estado, aunque le querráis hacer comprender que uno y uno son dos, es imposible; pero, la ley sigue su evolución por el continuo lucir del espiritu, es decir, por el ininterrumpido trabajo y sufrimiento; por causa de la soledad individual, pero al fin, los más fuertes instintos se sacian y se entregan dominados por convicción y aparece el hombre en su estado crepuscular, y aquí es donde es terrible la lucha.

En el crepúsculo el hombre, cuando ya sabe que tiene alma, cada acto de su vida le cuesta un sacrificio moral y muchas veces corporales, porque es natural que se engañe, que se equivoque, viendo las cosas de diferente color del que son en la realidad, lo mismo que vemos esas tintas de las alboradas matutinas y vespertinas que, por el reflejo de la tierra al chocar con los rayos del sol, aparenta esos colores, pero que, como toda luz, es incolora en su verdadero estado.

El crepúsculo es bello, pero es peligroso; ningún sabio lo tomará como color firme; los tintes los tomará de la naturaleza; ni aun del arco iris que se refleja en las gotas de rocío que de las hojas cuelgan, podréis tomar los colores; pero el sabio y el menos sabio se deleitan en su contemplación por la metafísica que encierra, en tanto que, el que vive del crepúsculo, es atraído por esa fantasía natural; y un día y otro día, viendo que luego todo el sol lo iguala, se convence de qué, sólo la luz no es ficción.

Mas para esto ¿cuántos errores cometió? En vano hizo castillos de ilusiones; pero quedó convencido por el desengaño y ya no miró a través de los colores para hacer cosas de provecho, sino que miró de frente y sin anteojo, a la luz; es decir, hasta ese momento, necesitó un farolillo, un guía que le salvara de los precipicios peligrosos en los que se aproximaba por las suposiciones, por las ideas que le sugerían las tintas y medias tintas ficciosas de los reflejos de la luz que empezaban a rasgar su niebla, luz conciencia a medio formar, su inteligencia obtusa, de vivir solo con la vida natural del cuerpo y del alma y le pasa como al banco con dos pies, que si le empujáis un poco, cae. Es necesario que sea, trípode, y éste es más difícil que lo derribéis, y ese tercer pie, en el hombre es su espíritu, en el que: « En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres ».

Es este estado crepuscular el que engendra en el hombre el terror y en él nace la pasión, que es un deseo de adorar y adora todo lo que le agrada, todo lo que le seduce y nace la religión de esas mismas pasiones reunidas de todos los que están en su crepúsculo. Ya se comprenderá qué tal será el fruto religioso, teniendo por raíz el temor, que es superstición, miedo y cobardía y está( ) abonada esa raíz por la incertidumbre; y la tierra donde ha de fructificar es la ignorancia: al efecto, uno de los misioneros, Jesús, había dicho: Por el fruto conoceréis el árbol” ; y yo añado: el fruto será según el contenido de la tierra en que el árbol o semilla se siembre.

El fruto que han dado las religiones ha sido sólo temor, terror, miedo a la muerte, cobardía para el progreso, divisiones de las generaciones en razas, castas y clases y clases en las clases; esto, hecho causa por el dogma de sus dioses, traería, el funesto fruto del odio; éste las guerras, éstas la pobreza, la desolación y todo el desequilibrio y mal mundial, apurando la última gota de la copa de las concupiscencias, en el momento de su desalojo de la tierra ; porque ésta, una vez celebrado el juicio de mayoría y enlazada a los mundos regenerados, flotó y ascendiendo va y abriéndose nuevos caminos por planos más puros, que son los nuevos cielos, y muy pronto esa pureza en su precisión, purificará las manchas de sangre, apareciendo nuevas tierras que nunca fueron manchadas, porque solo así puede aparecer el nuevo sol; y los desalojados no pueden quejarse, porque por todos los misioneros se les anunció dándoles la profilaxis; y aun después de Jesús, su hermano el Apóstol de España, dijo en su carta universal: «Porque juicio será hecho sin misericordia, al que no usó de misericordia; pero ésta se gloria contra el juicio».

Os quedó bien aclarado lo que es la tiniebla, que no conoció, ni conocer puede, la luz que descubre el espíritu, en el que está la vida, no por gracia sino por naturaleza; pues otro Anciano os probó que el espíritu del hombre es consubstancial y ab y coeterno por y en su Padre.

Mas a pesar de esa naturaleza que hace al espíritu plenipotente, lo vemos largos siglos, millones y millones de siglos que parece un beodo y no puede dejar traslucir ni una( ) chispa de su fuerte luz y es a causa de la rusticidad de su alma espesa y pesada en la que se envuelve, y está semiasfixiado y rendido del trabajo titánico y miles de veces es arrastrado a obrar el mal a sus semejantes en su noche y su crepúsculo; pero al fin, llega un momento en que canta su victoria y se unen los victoriosos y luchan más, pero con ventaja entonces por su sabiduría y porque ya( ) forman colectividad y ya reciben ayuda de los otros mayores de otros mundos, que como maestros los dirigen hasta que consiguen ser mayoría sobre los que se obstinan en rendir culto a aquella pasión religiosa, por la que se hicieron ídolos y dioses ellos mismos, y es sólo hasta que (quieran que no quieran) oyen la voz de los profetas que les dan la profilaxis para presentarse en juicio, y aquí es donde se señala la lucha definitiva, porque la mayoría reclama de la justicia que se quiten las causas del mal. No se pide que se quite a los aberrados, sino a la causa de su aberración; pero como están identificados con esa causa creada por sus pasiones y la defienden por todos los medios que la pasión idea, y por añadidura utiliza el producto del progreso de los que ya son vida, es decir, que manifiesta la vida en la luz que dan al hombre, la justicia, al quitar las causas del mal, quita con ellas a los que se pegan a la causa como lapas y dicen que es injusticia; pero la injusticia está en ellos, en mirar las cosas( ) con el cristal de su egoísmo.

No; la justicia, al arrastrar los efectos que se pegan a la causa, no comete injusticia, porque de antemano publicó la ley marcial; les dio la profilaxis y nadie osará acusar de injusto a un consejo de guerra que, publicando el bando marcial, condena al que faltó a él. ¿Cuánto menos se podrá acusar de injusta a la ley divina, que no tiene miras personales y por añadidura, ella es «Como un ser sin entrañas, ni sentimientos» y por lo tanto, no puede parcializarse? Eso lo saben las religiones y todos sus ídolos y dioses, que en Isaías ya se les condenó a su desaparición, por el que los hombres sabrían que « fuera del Dios de Jacob, no hay otro Dios». ¿Por qué pues, se empeñaron en sostener ídolos y hacer más ídolos, tantos como santos canonizaron, para hacer con ellos comercio indigno, después de haberlos martirizado ellos mismos a muchos de esos santos?

No; la justicia no comete injusticia en arrastrar con la causa a los efectos que a ella se pegan; y ya las cosas tocan a su fin, trabajando los hombres, los espíritus y la naturaleza al unísono.

La acción es común y los espíritus presionan y empuñan los hombres las armas y la naturaleza se estremece, y hoy mismo abre tremendas grietas que se tragan pueblos y aldeas y desmenuza los montes, que al caer envuelven casas y familias; levanta los lechos de los ríos e inunda lo que nunca se inundó; cubre de nieve pueblos hasta tapar las ventanas más altas y todo esto sucede alrededor de la cama de la bestia 666 y aun los hombres del crepúsculo no ven el brazo de la justicia; y es porque son la tiniebla que no puede comprender la luz.

No son por esto desheredados los que con la causa son arrastrados; pero los saca de la sociedad de la tierra, porque en ella no puede más existir el desequilibrio. Pero hasta eso se les previno y Jesús dijo al efecto: « La casa de mi Padre tiene muchas moradas». Y a una de esas moradas que el Dante describió, es adonde la ley traslada a esos hijos aberrados, a esos «Negros de Hollín», a los que Abrahán llamó demonios, porque hacían el mal, y que aun así, Hellí los llamó sus hijos.

Caiga, pues, para siempre en la tierra la causa del mal mundial, que probado queda que son todas las religiones y por todas la cristiano-católica, y los que por defenderla caen con ella, dan testimonio de que «El que ama el peligro, perece en él». El Anciano 14 os saluda y se somete, por sus juicios, al juicio de la razón.