CAPITULO ONCE
LO ERRADO DEL CONCEPTO DE LAS FAMILIAS Y NACIONES

Ni aun para esta cátedra, la más difícil de enseñar, le faltará argumentos de razón al Anciano Once, que saluda a sus hermanos terrestres.

Encontramos ya en el Sánscrito: « Los hombres todos de toda la tierra, hermanos son» . Por Abrahán habla Hellí: «Y mis hijos Negros de hollín, que Demonios llamáis, enseñan a los hermanos de la carne, que son mis hijos, los deleites y los placeres y los males de matar; y creen, porque no ven la luz de Hellí, que son dioses; y la lucha, es, y el mal es, y las enfermedades es lo que les pagan»; y en el mismo documento dice Abrahán: «Y los demonios, que fueron hombres, pelean con los hombres, y los hombres no los ven y sus obras no las ven, porque les dan placer a la carne»Y en otro lugar del mismo estamento dice Hellí: « Y mi hijo tiene hermanos que tienen luz y verdad de Hellí y me traerán a mis hijos, que son sus hermanos»Y sigue hablándole a Abrahán: « Y tu hijo Isaac y los que después serán hablarán con mis espíritus, que ángeles llamáis»En la ley del Sinaí dice « Ama al prójimo como a ti mismo»Y en muchos sitios del Pentateuco, Moisés recomienda la unión con el extranjero, sin preguntarle, por su Dios y religión; y por fin, hoy los hombres, por todos los medios a su alcance, proclaman la unidad de todo el mundo en una sola familia, lo que se ha legislado en él Código de Amor”.

En el orden natural, vemos las organizaciones animales y la atracción de los homogéneos minerales, lo mismo en estado sólido, liquido o gaseoso; y, por fin, todo está envuelto en la misma, placenta: todo lo abarca, lo vivifica y lo sostiene el éter, única, substancia y todo ello confirma, que la familia es universal.

El primer Anciano, en su larga y laboriosa cátedra, ya dejó sentado que la familia se constituye en espíritu, antes que en el hogar donde la consideramos tal por los lazos consanguíneos; y no debo repetirlo, pero sí, comentar y filosofar para elevar el concepto de familia a su verdadero valor y veremos llegar el argumento por sí solo; a la familia universal no sólo de la tierra, sino del infinito universo

Es el espíritu una partícula del Creador su Padre, por lo que es su hijo consubstancial y ab y coeterno como Él; pero hasta que esa partícula es individualizada como voluntad creadora de forma, no era, aunque ya era, y os dejo explicado en tan breves palabras, lo que tantos absurdos provocó, por no entender los hombres lo que por el Apóstol Juan se les dijo: « En el principio ya era el Verbo; y el Verbo era con Hellí y Hellí era el Verbo Este era en el principio con Hellí. Todas las cosas fueron hechas por Este, y sin Él nada de lo que hay fue hecho. En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres y la luz, en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no la comprendieron» (versículos 1.º al 5.º, Cap1.º del Evangelio atribuído a Juan, el que lo toma del Veda., traducción del Sánscrito)

Si evoqué al apóstol Juan, es para su justificación; pues los 24 Ancianos, que cada uno somos un libro de la Escritura, no necesitamos testigos para decir la verdad; pero sí les necesitan nuestros hermanos que están en las tinieblas de la ignorancia unos y de la maldad otros y no nos conocen siendo luz y bien: siendo el espíritu hijo del Creador, Jehová por Shet, Hellí en Abrahán, Hellí y Jehová en Jacob y Moisés, Padre en Jesús y sus apóstoles, y hoy, aclarando del todo en el «Código de Amor» que es luz de la luz dictado por el Espíritu de Vedad, nos da el nombre de ELOÍ. Y bien, repito, siendo el espíritu de los hombres hijo de Eloí, son hermanos por naturaleza y substancia; pero como es justo que haya armonía (aunque en el universo no hay divisiones es justo que haya grados de progreso; porque no todos los espíritus han sido individualizados en el mismo instante, como no nacen todos los hijos de una familia en el mismo parto); pero todos los nacidos de la misma matriz, son hermanos carnales; y en justicia, los cargos se dan por edades y capacidad.

Somos, pues, en nuestro principio de espíritu, una sola familia universal; pero nacidos, es decir, individualizados( )en épocas; y como cada hijo, al formar su estado de ciudadano, forma su hogar una nueva familia, queriendo perpetuarse por la sucesión, así igualmente, cada familia espiritual, según su edad de nacimiento, tiene un grado o muchos grados de edad y por esto de progreso, de adelanto, de sabiduría, y cada cual, ocupa y desempeña su cargo; pero en categoría, todos son iguales; porque Eloí no es rey que tenga príncipes, infantes, ni duques, ni condes, ni marqueses: Él es sólo Padre; y nosotros, sólo somos sus hijos.

Mas al igual del hombre recién nacido, que hasta su estado de razón no se le hace cargos sobre sus fechorías, el espíritu pasa su infancia, su adultez, su mocedad y llega a la experiencia gastando y derrochando productos de la creación en mundos y cuerpos múltiples, siempre ascendiendo en progreso material y moral, hasta llegar a descubrirse en su luz para hacerse maestro en la belleza y sabio en la creación, donde descubre (porque comprende la ley ascendente) su origen y la vida de las cosas en la ley de amor, que es el mismo: « En él estaba la vida y la vida es la luz de los hombres »

Ya en este punto, fácil les es a los hombres mis hermanos comprender el fin de las familias, que es crear afinidades, estrechar lazos entre toda la familia espiritual de un mundo que es la perfección relativa a cada mundo, y cada mundo, es sólo una ciudad del infinito universo.

Luego, si( ) el fin de la familia consanguínea es agrandar sus afinidades hasta( ) enlazarse todos los seres de la tierra, quiere decir que el amor de familia es el amor más pequeño de los cinco amores que componen la perfección relativa del amor de un mundo; pero esto no quiere decir que sea un amor despreciable; al contrario es un amor admirable, sin el cual, no son posibles los otros cuatro amores como no es posible hacer la hoguera sin la mínima chispa que enciende el combustible, ni el árbol se hace sin la mínima semilla que se pudrió para producirlo.

Lo que hay, sí, que es un amor muy imperfecto el de familia, por ser tan egoísta a causa de la ignorancia y por la falsa educación que se les ha dado a los hombres; pero las responsabilidades por esa imperfección arrancan, desde que la tierra recibió profilaxis y leyes temporarias y ascendentes, principiando en Shet, que sentó: «Los hombres todos de toda la tierra, hermanos son». Y desde entonces, los hombres no pueden invocar atenuantes, porque esa sentencia les indica sus deberes de hermanos en todo el mundo.

El amor de familia es el más reducido: es por esto más intenso y aquí está la imperfección; porque (en general ) no se presta atención al vecino; y aun cada familia quiere ser superior a la de enfrente; pero en casos dados, ven la necesidad de la unión de unos hijos con otros y se enlazan familias a familias, formando armonía de tribu, pueblo y ciudad; es el segundo amor.

El segundo amor no es tan intenso, pero es más potente y provechoso, porque de ese amor nace la belleza y armonía del conjunto, y se trazan calles, plazas, parques, paseos y bosques y se ilumina el poblado y los auxilios son oportunos con menor costo y mayor provecho que el que podría soportar y sacar una sola familia; es un amor común del esfuerzo colectivo; es un grado mas perfecto que el amor de familia; pero no se está conforme, porque no llena la aspiración justa de la expansión; hay que ir más al, porque la colectividad creó necesidades de mejor bienestar y hay que buscarlas en la ciudad vecina y aquella siente el mismo deseo y lo primero que ocurre es, trazar el camino: como los dos se necesitan, entre los dos hacen el trabajo; y hecho, se abrazan y cambian sus productos y se satisfacen más, son más fuertes, tanto como las sumas de las individualidades; y tanto más fácil les es satisfacerse por el intercambio de productos; aquí empiezan los conciertos de ideas y hace uno lo que el otro ideó, y de aquí nace el nuevo deseo de saber lo que otra ciudad más lejana tiene y piensa; y así se forma la región o provincia, que es el tercer amor.

Este tercer amor ha engendrado un común pensar, ideando la economía de producir cada ciudad aquello que le es más fácil y propicio, porque saben que tal otra, ciudad produce su peculiar fruto y se lo cambian y se hacen tratados para no perjudicarse uno a otro y nacen las corrientes simpáticas entre las juventudes y se cambian hombres y mujeres, estrechando parentescos que llevan las diferentes costumbres y se abulen dialectos por un idioma solo. Pero hay tierra más allá del río que los separa o de la montaña que los cubre; que también habían realizado la misma, obra, de unión, de trabajo y progreso, formando su región natural por el etnicismo; y más allá otra y otra región con etnicismos diferentes, pero que cada ciudad, como cada región, sienten todos la necesidad de mayor expansión y hay un momento necesario, en que las ciudades limítrofes de las dos regiones, unas veces por una discordia y otras por necesidad de cambiar productos, se piden permiso para llegar a su ciudad, enlazando sus caminos y llega el momento en que se nombra una comisión de hombres de las dos regiones que entienda en dirimir con la mayor armonía los intereses de las dos y de aquí va transcendiendo el conocimiento a las otras ciudades, afirmándose con el tiempo el trato; se mezclan las costumbres y se llega a la convicción de la conveniencia de unificarse, para lo que se crea un poder arbitral, llegando al cuarto amor, o federal, que va a constituir una nación, limitada por fronteras naturales de grandes ríos, o cadenas de montañas.

El cuarto amor es ya nacional, por la federación de las diferentes regiones, que se condensa toda su fuerza en una Constitución que representará un ciudadano bajo el consejo de una asamblea que representa todas las ciudades, en los derechos y obligaciones. Esto se llama patria grande, en la que cada individuo tiene el mismo régimen en todo el territorio en el que se( ) unifica étnicamente por un solo idioma, que los hace vivir con tanta más intimidad, cuanto mayor es la confederación.

Este cuarto amor es mas, mucho más grande y sagrado que los tres anteriores, sumado por las sumas de todas las colectividades e individuales, que la componen; y sin embargo, cada uno de las tres amores anteriores, provincial, territorial y familiar, conservan la misma intensidad de valor, pero que no son ninguno de por sí, ni los tres juntos, lo fuerte y poderoso que el amor nacional, llamado patrio.

En este amor pasan largas epopeyas desenvolviendo todos los esfuerzos y progresos peculiares, esas federaciones llamadas naciones. El hombre se hace grande por las obras y riquezas comunes a la nación; pero es peligroso el egoísmo patriótico por el cúmulo de fuerzas naturales y físicas, cuando como hasta aquí, no se han orientado los hombres hacia el quinto amor que luego he de describir; porque ahora es conveniente filosofar un momento sobre los cuatro amores explicados; que si son cada uno mayor y más perfecto, son imperfectos y no por causa del amor, sino por lo que se opone al amor: el odio.

El odio tiene su principio en el antagonismo; y el antagonismo nace en el desorden de nuestros instintos amontonados en el cuerpo y en el alma, como está dicho en la composición poema del prefacio, «El Arca de Noé», y otros puntos de esta profilaxis; pero que en el «Conócete a ti mismo» está puntualizada y descripta analíticamente, donde os remito, y veréis la horrible jaula que es vuestro cuerpo y alma.

Como hasta que el espíritu logra dominar los institutos más feroces de los animales que representan esos instintos, no puede empezar a poner en orden y concierto como índice alfabético a su disposición todo ese enjambre, todo instinto reclama el primero su derecho en la ley natural, que es primero para él; y sólo cuando se sacia se domina; y hasta que se cerciora de que no puede su vecino estorbar que la vibración de su especie llegue a él y que sólo él la puede aprovechar, porque sólo en él está la afinidad aquélla y además ve y palpa que el ordenador lo llama a cumplir su función en el tiempo matemático, entonces ya mata su antagonismo por convicción, por descanso propio y para ese instinto, llegó su día de paz; pero entonces se convierte en combatiente (aunque en ley) para ayudar al espíritu su ordenador justiciero, a dominar otro y otro instinto y van reuniéndose en jerarquías todas las familias en sus diferentes especies, que cada una trabaja y responde a lo suyo, a sus funciones, con armonía para todos, hasta que todos los instintos habidos en el alma se sumen en un solo poder y todo es fácil entonces al hombre; aunque, como es, ley, tiene siempre que refinarse más, que embellecerse más, para brillar más, dejar salir más luz de su ordenador espíritu, que está envuelto en esta red de instintos, llamada alma.

Aquí tenéis ya formada la imagen de la familia( )consanguínea; se aman ahora, hasta el sacrificio los que se odiaban por el antagonismo de instinto; pero queda ahora el cuerpo. Hasta aquí la lucha era solo dentro del hogar, entre los esposos eternos desde su nacimiento, el espíritu y el alma. El cuerpo y alma son antagónicos, como lo fueron los instintos dentro del alma; y empieza una lucha más feroz al parecer, porqué ahora se traduce en hechos tangibles; por lo demás, tan intensa es, como fue en el alma; pero la del cuerpo y el alma es muy breve; porque la vida corporal es corta, y el espíritu es árbitro de acortarla según le conviene dentro de la justicia, si peligra el alma en la lucha.

Los instintos del cuerpo son los mismos que hay en el alma, ya dominados; la diferencia está en el grado de purificación; y es que, los instintos del cuerpo son siempre los instintos brutos de todo el reino animal; y los del alma, son los de las almas animales, hechos ya sentimiento por el trabajo y al fin, por el continuo trabajo, por las sucesivas encarnaciones en tantos cuerpos cuantos necesita el espíritu para hacer su obra, llega en su progreso a crearse su cuerpo con instintos ordenados, y es cuando universalmente el hombre puede llamarse hombre porque en ese punto, el cuerpo, el alma y el espíritu, cumple cada uno su deber en voluntad y armonía preparándose cada uno los caminos y los materiales con orden y con menos costo; y aquí tenéis representada la vida común de una tribu o ciudad.

Toda esa labor la han realizado muchos otros espíritus a la vez; y en su luz, busca la unión de otros espíritus de su grado, para constituir una familia lo mas homogénea posible; y ya sabéis por la cátedra del Anciano primero, como el espíritu sufre un juicio para la encarnación y se rnen en familia bajo un techo, y esto significa lo que he llamado el amor regional o provincial.

En la unión que efectúan los hijos de una familia con sus compañeros al formar hogar, ensanchan su afinidad y por tanto su amor, tantas veces cuantos individuos son los hijos de un hogar porque al formar el suyo, lo hacen con otro hijo de otro hogar y emparentan tantas familias cuantos hijos tiene la familia raíz; y esto representa el cuarto amor que expliqué y conocéis por el amor nacional, en el que, entre los que forman todas esas familias reunidas en lo moral y material, no hay grandes intensidades; pero sí mucha matemática en el reparto de los bienes y los cargos; y sólo se demuestra intenso hasta impetuoso el amor de toda esa ya larga familia, cuando alguno comete falta o alguna injusticia a alguno de esa familia, por un extraño; entonces se cometen actos terribles, de los que la historia judicial tenemos llena y es la representación genuina del cuarto amor, o nacional, o patrio.

Creo que en mi sencillez de exposición he de ser bien comprendido de todos los hombres y ahora podrán comprender la gran diferencia en el valor de uno a otro amor; pero comprended que, sin el primero, con ser el más pequeño de los amores, no se podrá llegar a los amores heroicos 2.º, 3.º y 4.º, que son amores más perfectos, porque son comunales, aunque sólo hay colectividades; pero que sin ellos, no se podría llegar al amor perfecto, o sea al amor común universal de todo un mundo, quinto amor.

Pasan siglos y más siglos, en naciones constituídas bajo una constitución que a todos los hace iguales hijos de esa patria; bajo cuyo pabellón trabajan en el progreso unidos, atendiendo cada uno su oficio, ocupación o ciencia. Cada uno piensa y sabe que su producto es para todos y ni aun se cuidan de si uno consume más que el otro, si él tiene cubiertas sus necesidades perentorias; y, aun están todos los hombres dispuestos a sacrificarse hasta en la vida, para mantener lo que se llamó honor patrio. Y esto que hace una nación, lo hacen todas por siglos, y siglos.

Pero como el espíritu tiene que hacer llegar a las generaciones a formar el quinto amor, que es el amor perfecto del mundo, hará que se conozcan los de una y otra nación; y esto le es fácil, porque están en su mano los medios por la ley justa de la reencarnación y si ayer fue Español con el cuerpo y en nombre, mañana será igual Francés, Africano, Chino, blanco, negro o cobrizo. Por las afinidades, se inspiran de una a otra nación, y por las necesidades del progreso, creará una nación lo que otra no puede crear, y se buscan los medios para cambiarse los productos naciendo de aquí y por una ley inexorable y congénita, en los más progresistas, las inmigraciones y emigraciones, en las que se cambian ideas, se apropia cada nación de los adelantos de la otra, y por la afinidad (que muchos aun no la comprenden y la llaman simpatía) empiezan los cruzamientos consanguíneos, y por lo tanto ya, las familias son transplantadas de una a otra patria; se crea el derecho de gentes, se unen en alianzas, compensando las fuerzas que pueden resistir la ambición o predominio de un dominador más brutal (por ser menos espiritualizado), y se llega a grandes guerras y hecatombes causadas igualmente, como en el cuerpo y alma individual por el antagonismo, pero que al fin, se llega, a la última lucha; y como sé unió el cuerpo, el alma y el espíritu y crearon la armonía hombre, se unen hoy (detrás de esta tremenda guerra que presencia todo el mundo), se unen, digo, todos los continentes y forman la armonía mundo bajo la única forma de régimen universal, la Comuna.

Este es el proceso infalible de las humanidades; lo hemos seguido representándolo ascendente y sin mencionar las causas de la lucha, aunque ya se ha indicado la causa o pecado original, el antagonismo; pero no debo cerrar mi cátedra sin hacer un paralelo ascendente de ese pecado, para sentar las causas del mal, aunque ese paralelo está profundamente estudiado en el libro « Los extremos se tocan », en el « Buscando a Dios y Asiento del Díos Amor», ; en el «Conócete a ti mismo» y «Filosofía Universal, como fundamentos de juicio para la sentencia de destierro de esa causa y hecho ley en el « Código de Amor», donde os remito a su estudio; pero no puede faltar en esta cátedra este punto como profilaxis, para los que recién se inician en la doctrina comunista y empiezan a ver los primeros rayos de la benéfica aurora del sol de justicia en el día de la verdad.

Sencillamente, pues, digo, que el antagonismo engendra odio y el odio se convierte en pasión por la reunión de instintos; en esta lucha hay, vencidos y vencedores; y los vencidos buscan en su dolor consuelo y piden a quien creen que los puede ayudar y consolar; y cuando han encontrado esa ayuda, o ese consuelo, adoran a ese consolador y así aparece un dios, que los vencidos oponen al vencedor que se había convertido en su verdugo por la pasión de supremacía. Tenemos ahora dos antagonismos feroces, porque los dos tienen por base subyugarse. Esto, es convertido por sus formas y rituales, en religión, que quiere decir relegación de derechos.

Sí; relegación del ser hombre a su pasión, que la anteponen a sus derechos, y es sólo por la ignorancia de su ser eterno. Esta relegación de derechos es esclavizarse y le costará al espíritu luchas formidables, que no podrá vencer, hasta que pueda llevar los cuerpos al grande quinto amor, en el que solamente puede desterrar el antagonismo y por lo tanto las pasiones, colocando al hombre en su verdadero rango, de hijos del gran Creador, bajo el solo nombre hoy de Eloí, que no es dios, sino Padre.

Es, pues, la religión, la religión del hombre, y en ella viven las pasiones como en carnadas en un dios, al que los hombres adoran esclavizados; y éste, como no es cosa, no puede saciarse jamás en las pasiones del hombre su Creador, el que al fin, cuando logra, romper las vallas y fronteras de patria para establecer la única patria universal siendo todo el mundo una familia, ve su equívoco y que( ) no eran sus dioses el que les pedía venganzas, ni sacrificios, sino su pasión de odio, creada en su antagonismo y, rompe todos los dioses de barro, oro, piedra y madera, y ve que no hay otro Dios sino el de amor y aquí se cumple todo lo dicho por Isaías y la promesa de Hellí a Abrahán y Jacob. Es el día séptimo, el día del amor, el día de la Comuna, el día del quinto amor, en el que los hombres aprenden un amor universal con toda la familia del infinito universo y ésa es la verdadera familia. Mirad si es grande; pero habéis ascendido; desde el amor de familia, tan egoísta, tan pequeñito, pero no menos sagrado; es el grano de mostaza convertido en árbol, que cubre todo el universo con sus ramas.

Hemos elevado al hombre desde e1 embrión al infinito; desde la individualidad hasta la Comuna Universal, consubstanciándolo con su Padre Eloí.

Los ancianos siguientes os van a poner los medios de aprendizaje en el nuevo grado de hombres trinos, de hombres concientes, de hombres sin pasión, y por lo tanto, de hombres sin dioses; porque ya estáis en posesión de aquel que llamó a Jacob, por Isaías, diciéndole a grandes voces «Levántate y ve aquellas islas apartadas que aun no oyeron de mí, y entonces sabrán los hombres que fuera de mí, no hay otro dios» «Porque te redimiré sin dinero, ya que sin precio fuiste hecho esclavo» Y esto se cumple, porque « Pasarán los cielos y la tierra, pero mi palabra no pasará», juró por el mismo Isaías. Guardad memoria del amor que os tiene el Anciano Once.