CAPITULO DIEZ
LA TRADICIÓN ES UNA TRAICIÓN AL PROGRESO

No será( )ni largo ni empachoso mi estudio en confirmar este aserto; pero tampoco será de risas y sí de lloros, la cátedra del Anciano Décimo

Mas he aquí que tampoco es fácil ( ) «Deshacer un entuerto» muy arraigado, pero muy mal entendido, por una afirmación de un misionero llamado en justicia Mesías de la libertad, Jesús, cuando dijo: «La letra mata al espíritu» Y ahora vengo a sentar que: «la tradición es una traición al progreso», lo que parece, desautorizar la sentencia de Jesús, en la que se ha apoyado la iglesia cristiana después, del asesinato del Gólgota por los sacerdotes, y en toda su actuación tuvo también esa iglesia por armas, esa sentencia; desde su nacimiento como religión, la católica, en la alianza de las otras religiones que engañadas le reconocieron supremacía, ha esgrimido furiosamente esa sentencia para, mantener la ignorancia en el pueblo, engañado primero por una hipócrita virtud: la Caridad; luego que lo hubo engañado, lo subyugó por la fuerza bruta esclavizándolo, para lo cual se sirvió del argumento de «La letra mata al espíritu » ; por lo que no quiso la religión que los hombres supieran letra, ocultando su malicia bajo ese apotegma.

No, no va a destruir el valor de la sentencia que autorizado sentó el misionero Jesús, que no es hijo unigénito del Padre común, ni tampoco el Cristo, fantasía supersticiosa de los derrotados Egipcios por Moisés.

Pero todo esto está ya referido en los libros anteriores: hecho ley en el

« Código» y probada en el « Conócete a ti mismo”, por lo que, no me es dado repetirlo aquí, donde voy a probar que Jesús tuvo razón al sentenciar que: « La letra mata al espíritu”, y que la afirmación que hago, de que «la tradición es una traición al progreso», no es una contradicción a aquella sentencia y sí una verdad incontestable y aun una confirmación del aserto de Jesús.

Jesús dijo esas palabras, porque precisamente, no sabiendo las hombres leer más que las letras de la ley( )y no el espíritu de la ley, era necesario que el espíritu sufriese decepciones en el cumplimiento de sus deberes de encarnado, por causa de la ignorancia que los hombres tenían de la verdadera vida que es del espíritu y no del cuerpo ni del alma.

Por otra parte, las letras, de sí muy pobres, apenas podían expresar el sentimiento del legislador; y sólo en la conversación, por la acentuación de una misma palabra, por la mímica en otras, el gesto en las demás y el ademán en la generalidad de la conversación, de la plática y la conferencia, podía darse a entender de los más precoces y de los 'que se dedicaban al estudio de las letras, que eran pocos.

De esto se deduce que la mayoría de la enseñanza fuese verbal; y aunque el educador tuviese por base las letras de la ley, todos los educadores, no tenían (ni tienen hoy) la misma inteligencia para comprender el espíritu que entrañan las letras del articulado del texto; y ya nos encontramos con sólo esta consideración, en el desenlace de las dos sentencias: «La letra mata el espíritu» y «La tradición es una traición al progreso», que hoy nadie rebatirá racionalmente.

¿Es por esto mala la letra, ni detestable la tradición? No; y lejos de rebatirlas, hay que venerarlas en sus buenos servicios; lo que hay que rebatir; lo que hay que detestar es, la mixtificación y la malicia y también la ignorancia de los que, haciendo un dogma impenetrable de lo que es una sentencia que no condena, sino que previene: a los incautos de que no sirve basarse por la letra de la ley, sino que hay que meditar y sacar de las letras el espíritu que entrañan.

Como por lo dicho, no todos podían saber de letra, había que enseñar oralmente; y como aún los educadores, repito, no tenían, ni el mismo criterio, ni el grado de progreso, ni la misma sabiduría para interpretar en la misma forma y sentido la letra de la ley, estamos ya frente a la mixtificación y frente a la traición forzosa por falta de letra; pues los que oían explicar la ley de dos maestros diferentes con ser la misma ley, no veían el mismo espíritu de la ley.

Agreguemos ahora( ) más, la infidelidad de la memoria del educando, la conveniencia por un mezquino interés de alterar el orden de las palabras; la diferencia que hay de explicar una cosa con la letra al frente a explicarla por lo que la memoria retuvo y convendremos en que, a la tercera( )generación aquella explicación tradicional, tendrá todas las trazas de un cuento más o menos grotesco, pero traidor a la verdad contenida en las letras de la ley; y aquí tenéis probado que «La letra mata el espíritu» y que «La tradición es una traición al progreso”.

¿Quién, en sano criterio, se atrevería a juzgar más maestro a Jesús, que a Juan? Sin embargo, los discípulos de Juan y los discípulos de Jesús oyendo al otro, cada uno hacía luego preguntas a sus maestros respectivos, creyendo diferente la doctrina; pero uno y otro maestro les contestaban: «¿ Creéis que sólo un camino conduce a la verdad? Todos los caminos rectos son los mejores; pero no todos pueden seguir esa rectitud; por lo que, cada preceptor tiene un camino que enseñar, conforme al grado de sus discípulos”

Bien claro se ve en la misión, de esos dos maestros que la ley tiene muchos caminos; pero todos infaliblemente, arrancan del mismo punto, como todas las leyes de una nación convergen en la constitución o carta orgánica, como los rayos solares parten del sol y bañan tan heterogéneos mundos y heterogéneas humanidades que viven tan distintas costumbres; pero todos viven de la ley de la vida, que es una.

Así vemos a Juan, conforme a su temperamento, arremeter a los grandes magnates estando él semidesnudo, y les habla, del solo Creador; amenazándoles con el juicio; en cambio, Jesús, bien vestido y con banquetes, habla a los humildes; pero les hablaba contra la inmoralidad de los sacerdotes, escribas y fariseos, y también les promete el juicio final y al Espíritu de Verdad convergiendo los dos maestros en el mismo punto, aunque en lo extremo, marchan por el mismo camino; pero en el espíritu de sus palabras, la resolución está latente contra la maldad de los intérpretes mixtificadores de la ley y las escrituras y contra la corrompida tradición que traiciona el progreso del espíritu.

Mientras toda la tierra no sea una sola familia, no es posible una ley única; y hoy, que las naciones son muchas menos que antes, porque el progreso forzó a romper y borrar fronteras, abriendo camino a un mínimo de etnicismos por la supresión de dialectos y la obligación de un solo idioma oficial, el progreso, avanzó en 50 años, todo lo que se indicó y previno en 57 siglos de profilaxis de este progreso, que es el que definitivamente se proclamaba por Juan y Jesús, inculcando la libertad del pensamiento, sin la cual, el progreso no puede ser.

A este mismo fin se iniciaron las ciencias, que darían por resultado las matemáticas, sin las cuales, las industrias no podrían salir de embrionarias, ni llegar la mecánica; sin ésta, no sería posible la electricidad dinámica, que es la corona de las ciencias en el dualismo de los hombres.

Estos puntos son precisamente sembrados y cultivados hasta su sazón por unos y otros misioneros, dirigidos por el solitario investigador, que sirviendo de mira fija, todos convergían en un centro y cada uno llevaba su camino que trillar, haciendo paso suave a los que salían de entre los matorrales de la ignorancia, que había herido o matado la falsa interpretación de la letra de la ley, o había traicionado la tradición; y para esto, empezó uno de los misioneros, Herodoto, a recopilar hechos históricos, que serían el juez supremo que desmintiera la tradición traidora.

Es, pues, la sentencia de Jesús justificada; y aquella ley, que por la pobreza de sus letras mataba el espíritu que entrañaba, limpia de cargos; pues no se puede pedir al niño que ejecute las obras de hombre; y las leyes han tenido que seguir para aclararse en el progreso de cada generación, y no han tenido más traba que la traición de la tradición por la pobreza de los idiomas, en lo cual se disculpan los malos intérpretes de la escritura; pero no le exime esa excusa que exponen como atenuante de la responsabilidad del mal mundial presente; porque desde que se escribió la ley en el Sinaí y por medio del pueblo de Israel, se dio herencia a Grecia; y Roma, y luego, por la definitiva siembra de la libertad del pensamiento por Juan y Jesús, recopilada y hecha ley en la carta universal de Santiago Apóstol de España(«El hermano del Señor» como afirma Pablo, según entendía en su fanatismo a Jesús), desde que se escribió la ley del Sinaí, repito, la han entendido y salvádose en ella, no religiosamente, sino civilmente, que es el estado verdadero del hombre, las siete octavas partes de los Dos billones de seres espirituales que pertenecen a la familia terrena; y esa octava parte que resta, es la que siempre mixtificó las leyes y traicionó las letras y leyendas y aun tuvo la petulancia de llamarse casta sacerdotal y de derecho divino; y hoy se le puede probar, que están anestesiados por el espíritu De Vino; es decir, que están beodos de malicia y concupiscencia y ya no pueden ver la viga en su ojo y quieren ver una paja en el de su vecino; pero es por aquello de, “antes que me digan, digo.

Mas la ley de amor y su autor, no quieren la muerte del pecador y ha dicho a Abrahán en el testamento Alianza: «Mi luz di en Adán para mis hijos; y cuando la conocerán me serán fieles. Y sabéis que en él mismo documento, llama hijos lo mismo a los ángeles que a los demonios; y hoy, aprovechando el tiempo de transición de la presente existencia, aun dásele al mixtificador esta profilaxis, que la puede aprovechar a voluntad, sin interpretaciones; porque hoy no hay interpretaciones( ) en la ley nueva; porque, el «Código de amor universal» está escrito en lengua viva, fuerte y rica, que la providencia del progreso del espíritu confirmó por el misionero Cervantes, y es lengua universal reconocida y proclamada en el congreso lingüístico de Washington, y justamente sucedía esto cuando el llamado por Isaías, Jacob, renacido de nuevo con otros juramentados, estaban en sus puestos y esperaban a recibir el «Código de Amor», que deroga todas las leyes, hasta la del Sinaí, que cumplió su período de 36 siglos marcados en el testamento de Abrahán. En todo esto no hay casualidad; hay fatalidad en cuanto es justicia, que se cumple, quieran o no reconocerlo los hombres, al centímetro, al gramo y al segundo.

La ley que hoy se da, no tiene otra interpretación que la del sonido y significado de sus letras, que son espíritu y letra a la vez, como resultado de la experiencia de que «La letra mata, al espíritu» y «La tradición hace traición», ha dicho el Espíritu, de Verdad, cuyas palabras encontraréis en la « Filosofía Enciclopédica Universal.

Así como en las pesas y medidas se ha establecido un solo sistema, el metro, extraído de la medida de distancia al centro sol, y para las pesas el equivalente al gramo cúbico de agua, y del tiempo el segundo, que no es más que el promedio de las palpitaciones de nuestro corazón, con cuyas medidas hoy se entiende todo el mundo, así también un idioma será universal y ése, no puede ser otro que el que se habla igual que se escribe y sus palabras son siempre las mismas para la representación de un pensamiento, sin alteraciones ni interpretaciones, porque la oración es correlativa al significado del pensamiento que se quiere personificar y sólo ocurre esto con el Idioma castellano, fortalecido, enriquecido, modernizado al súmum de simplicidad por Cervantes. Es que era la hora de unificar todo el mundo y para eso, España tomó posesión de más de medio mundo, donde sembró la raíz del Idioma, para hacer un solo pensamiento en ese nuevo mundo, porque en el viejo, si no era aceptado el ser étnico español, era conocido y entendido hasta el polo Norte y hoy lo es hasta, el polo Sur; porque a las Américas llegan hombres de todas las naciones y al poco tiempo pierden su etnicismo, porque se apodera de ellos la facilidad y fuerza del idioma castellano; y los mismos Israelitas, tan acérrimos y conservadores sostenedores del idioma Hebraico-Siro-Judaico, prefieren el Castellano sencillo en pronunciación y escritura, al complicadísimo punteado del suyo, en el cual se escribió la ley del Sinaí, pero que su pobreza( ) y dificultades, ocasionó la tradición que traicionó la verdad contenida bajo aquellos signos, que no pueden expresar sonidos, guturaciones, gestos y movimientos mímicos, con que entre los literatos de la ley se entendían.

Todas estas razones apoyan las palabras del espíritu de verdad al decir que «La ley que se da no admite interpretaciones, ni tiene más interpretación que lo, que dicen sus letras; que son letra y espíritu a la vez, como multado de la experiencia de que «La letra mata el espíritu de la ley» y de que “La tradición es una traición al progreso del espíritu

La ley universal de las evoluciones no se equivoca; para cada evolución y cosa, da de antemano la profilaxis de la cosa y evolución; y como el Dante describió los mundos primitivos, para profilaxis del día en que se debían aclarar los infiernos religiosos (lo que sucedería al cumplirse los 36 siglos de la ley escrita), así también Cervantes, vino a dar belleza, fuerza y sentimiento a un idioma, que en su sencillez de pronunciación, escritura y comprensión, cualquiera en breves lecciones y aun sin ellas, con sólo el contacto auricular, lo comprendieran y lo comprenden hasta los Selváticos Indios y Africanos. En esta lengua se escribe la doctrina de la nueva era de la Comuna; y no puede ser interpretado en otras letras ni sentidos de los que tienen sus palabras. Es el fruto recogido de los dos extremos usados, de la letra con espíritu oculto bajo sus punteados Hebraicos, del que surgió necesariamente la tradición y ésta se corrompe con el uso, de una a otra generación.

Mas mientras los hombres no tengan en sus manos la nueva doctrina y el « Código de Amor» y deban ilustrarse en las filosofías y doctrinas mistificadas, hagan como las ciencias: Pensar y pesar matemáticamente en la razón lo que ésta pueda admitir sin rodeos por la dignidad humana, para lo cual debéis quitar todo prejuicio religioso-político-social, teniendo siempre por delante que la ley única es no causar daño a nuestros semejantes. Este solo pensamiento os pondrá en el sendero que os conducirá sin heridas, al ancho camino que encontraréis en las nuevas doctrinas del « Código de Amor Universal”.

Sabed, para vuestra ayuda, que todos somos hermanos en espíritu y materia, y que al revés de lo que las religiones os enseñaron, nuestro padre y Creador no puede inmutarse de nuestras travesuras porque ha dicho; «Mi luz di en Adán para mis hijos; y cuando( ) la conocerán me serán fieles» Sabía que éramos niños.

Tened presente que es absurdo buscar al Padre, lejos, en lo inaccesible, donde las religiones lo colocan; no, en el Sánscrito se dice que: «Se encerró en su huevo», es decir, en el corazón; y es ahí donde lo habéis de buscar, porque realmente está en cada hombre presenciando sus hechos meritorios o delictuosos y no se inmuta; porque sabe que el tiempo no pasa para él y que todo hijo lo ha de encontrar y lo ha de honrar y se ha de honrar a sí mismo en su encuentro y reconocimiento; porque entonces descubre el hombre su trinidad, que, es cuando puede llamarse hombre, en el conocimiento de si mismo en sus tres entidades de cuerpo alma y espíritu y pone al primero, en su lugar. Esta sabiduría os desea el Anciano Décimo.