CAPITULO NOVENO
EL REPARTO DE LOS BIENES DE FAMILIA

La verdadera herencia

Yo también voy a criticar y tampoco he de faltar al 9° y 10° mandamientos del legislador Moisés: «No desearás la mujer de tu prójimo», «No codiciarás los bienes ajenos»; dos artículos que el legislador añadió en sus atribuciones a los ocho que vio impresos en el espacio; y lo hizo, por el egoísmo, bandidaje y libertinaje brutal que reinaba en aquel pueblo, inficionado por el contacto y esclavitud entre el pueblo Egipcio.

Repasando las leyes de unas y otras naciones sobre la herencia de los hijos por documentos testados y las leyes de abintestato, hay que confesar que no es justa ninguna; porque aun aquellas en que los padres no pueden desheredar a un hijo, le permiten mejorar a unos y esto es en perjuicio de los otros.

Mas hay algunas leyes tan caprichosas y otras tan irracionales, que debieron ser abolidas ha muchos siglos, si la educación no se les entregara a las religiones, que también en esto eran muy interesadas, sobre todo algunas sociedades Modernas Religiosas, que han andado a caza de primogénitos y mayorazgos.

Pero la ley que no tiene nombre bastante con llamarla absurda e irracional, porque es antinatural, es aquella que priva a la viuda de lo que ante toda justicia le pertenece en usufructo libérrimo hasta su muerte, haya o no hijos herederos, mayores o menores. Se la somete al no ser, porque se la sujeta por esos intereses a renegar de la ley natural; y esto es un crimen y quizás muchos crímenes a la vez y en todo caso, es un desacato y un atentado con extorsión a la ley divina de la procreación y la libertad verdadera que todo ser tiene por ley suprema.

Es cierto que esos atentados se cometen porque se ignora la ley de afinidad y justicia; pero está sentado en el «Código de Amor», que «la ignorancia, si bien tiene sus atenuantes, no está eximida de las responsabilidades del mal causado», y en el caso de una viuda joven, es prohibir a la ley de afinidad y justicia del cumplimiento de dar la vida a uno o más espíritus que deberían de seguro nacer de aquella madre, que debería juntarse con otro hombre, para lo que (generalmente) desencarna el compañero, que ya pagó, cobró, engendró afinidad o la estrechó, que es el fin que tienen las uniones en familia consanguínea.

Pero vamos a poner de relieve en su más alta expresión el error de esas leyes, probando analíticamente que el parentesco mayor es el de esposos la consanguinidad material, se opera por la fusión de las almas; de esta fusión nace el amor que engendra hijos y de este amor; queda sellada la afinidad espiritual, que se inició en el espíritu en el espacio; pero que no lo es en verdad de ley, hasta que se selló en la tierra por la unión de las almas, porque esto, sólo pertenece a las leyes naturales de la materia, cumpliéndolas y cumplimentándolas.

Este principio es indiscutible; y descubierta o tácitamente las mismas leyes civiles, aun con todos sus defectos, lo han consagrado por imposición plebiscitaria, porque sólo por él son constituidas las familias.

Afinizarse, quiere decir fundirse, amalgamarse en ley progresiva, para constituir fuerza y belleza, y armonía; y bajo este principio y el amor, que debe por fuerza haber entre dos seres que se unen para dividir sus penas y sus alegrías y por lo tanto se sacrifican el uno para el otro, es también indiscutible que la fusión es también acabada en la unión de cuerpos de la esposa y el esposo; y mejor dicho en verdadera ley y propiedad, en la unión de cuerpos del varón y la mujer, consagrados o no por los dogmas y firmas matrimoniales, las que nada puede referente al sí o no unión de cuerpos, ni a el sí o no concepción de hijos, porque esto, sólo es atribución de las voluntades unidas y a las leyes de afinidad y justicia que, la una habrá preparado las causas, de las que la justicia produce los efectos.( )De ese principio emana también indiscutiblemente, que el parentesco mayor por excelencia es el de esposos en lo consanguíneo, de cuya base ha de nacer por cumplimiento de las leyes naturales, la confirmación por la Ley Suprema del parentesco de afinidad mayor, por ser progenitores conforme a la gran ley de la procreación, por la que el espíritu, sirviéndose de los cuerpos sus instrumentos, perpetúa la Creación, la agranda y la perfecciona.

Y ya veis si puede haber ni parentesco, ni derechos mayores que los adquiridos por la mujer, que entrega al varón todos sus tesoros en su cuerpo y ambas almas se funden en una sola alma, de cuya fusión nacen o pueden nacer otras almas. Como ya se ha dicho, el molde, es la mujer en la concepción y la vida del infante, por( )la leche de sus pechos, que es la esencia de su cuerpo; el consuelo y alegría del esposo en todas las contingencias de la vida, de los negocios, de los trabajos; de todo en fin, es la mujer y madre, el paño de lagrimas de tres generaciones: de la suya, de la de sus hijos y de la de sus nietos.¿Comprendéis ahora qué cúmulo de crímenes se cometen al extorsionar a la viuda, libre o con hijos, a guardar un celibato imposible y si se guarda, es el suicidio de esa mujer? ¿Sabéis vosotros los secretos de la ley de justicia para salvar vuestra responsabilidad, de que no hayan nacido otros hijos, que otro padre debería engendrar en aquella mujer, por el rigor de la justicia? No podéis saberlos hasta hoy; pero los puede saber, el hombre desde hoy; pero de todos modos, anulad todos esos códigos-cepos, porque desequilibran los platillos de la balanza y dejad libre completamente a la viuda, en justa posesión de los bienes matrimoniales y lo mismo digo para el viudo.

Ahora ya os oigo objetar que, si quedaran hijos, éstos no deben perjudicarse por hijos de otro padre; y que llegando los hijos a la mayoría de edad, necesitan para su emancipación, de la hijuela de su padre.

Yo os voy a probar que ésos son otros dos errores no menos graves que la extorsión de la viuda.¿Queréis probarme que hubiera tal cálculo en los padres, cuando en sus amoríos se miraban en los ojos y sólo pensaban en ser el uno del otro?Y aunque pensaran en el chiquitín que alegraría el rincón feliz, ¿hacían particiones de hijuelas, ni pensaban más que en regalar y que nada, le faltara en toda la vida al ángel de sus sueños y que, sacrificándose la mujer le entregaría su flor, su belleza, sus encantos, su néctar y toda su alma?

No, no pensaron, ni quisieron de propio intento pensar en particiones, aunque pensaron poder acreditarle el dote y trabajar con ahínco para engrandecer sus nombres y obtener una vejez tranquila y qué sus hijos heredaran un buen recuerdo de sus esfuerzos, cuando cerrarían sus ojos. Este es el pensamiento, sin cálculo, de los enamorados que preparan en sus coloquios un hogar de amor; y pido que todas las madres me digan, si no guardan en sus oídos esos amores dichos por su prometido y jurado mil veces con las manos entrelazadas.

Entonces, si lo que no se idea no puede hipotetizarse, y sin hipótesis o proyectos, no puede haber una ley, ¿de dónde han podido salir leyes tan absurdas, irracionales, criminales y antinaturales como las que estudiamos y rebatimos para anularlas para siempre?... De los cálculos matrimoniales han salido (¡!); no os admiréis si ahora digo esto; sí, de los cálculos de los matrimonios, que no han hecho los cónyuges y que fueron calculados por padres egoístas y novios más egoístas y viciosos, libertinos, los que no les importa estar ellos tuertos, con tal que todos estén ciegos; y hasta se ha dado el caso criminal de: «Que habiendo sabido los padres de un mancebo su inutilidad como hombre, por estar gastado y aniquilado por el abuso y vicios, y que a todas luces, la vida del joven tocaba a un ocaso, ocultándolo todo, han pedido para él la mano de una robusta y bella mujer en sus 25 años, calculando su gran patrimonio (no menor de dos millones de pesos por la parte sola de su finado padre, y le quedaba aún mayor parte cuando moriría su ancianita madre) y le aconsejaron a sabiendas tan gran cataplasma, que los padres se quitaban porque les era pesada carga por los gastos de médicos. ¿Y qué pasó? Que la joven se vio defraudada en el himeneo; él, avergonzado de su impotencia perdió la razón y, al manicomio fue al quinto día, y para cubrir la vergüenza y su delito, dispusieron los calculadores padres de llevarlo a Europa, a cargo de la engañada esposa, la que, no habiendo recibido el alma del esposo, todo le fué indiferente.

Y si sufrago tan costosos gastos (pues lo acompañaron sus padres), ella no gustaba recibir noticias, y tenéis ahí una mujer muerta en sus bellos sentimientos y robada en sus esperanzas de madre y la desesperación era con ella. (Yo conozco bien a esa mujer y no como quiera, pues mucho tiempo serví a su familia con mi profesión de electricista, y cuando ese hecho pasó, estaba instalándole para la engañada mujer un edificio con cuatro casas de familia y 24 departamentos, que rentaban más de 2000 pesos mensuales). Siga, mi amado Anciano.

Este es un crimen del cálculo admitido; y por las absurdas leyes del matrimonio, es un robo, en el cual, en caso de una querella a la que podía arribar la joven, sólo habría castigado la ley los daños materiales. ¿Y los daños morales? ¿Y los espirituales? De éstos no se cuida la ley, porque es precisamente contra esto por lo que se ha hecho tal absurdo y tan horrendo crimen, coronado por la impuesta costumbre de calumniar todo lo que sería justicia obrar; y si esa mujer diera el paso que en toda ley racional, moral, espiritual y divina tenía, para romper ese yugo impuesto tan cínicamente y buscar en todo su derecho ser madre, la sociedad toda y sobre todo los asesinos que todo ese mal perpetraron (los padres de su cataplasma esposo), serían los que más alto cantaran el adulterio; y así aquella mujer fue condenada al no ser, a la muerte, moral. Y lo raro es que, el Obispo y otras sotanas visitaban la casa; pero aquí justamente es donde está el gato encerrado de toda la suciedad de la sociedad criminal, que comete tales actos.

Estamos probando que los padres no calcularon en sus coloquios de amor, el reparto de sus bienes, y hemos visto que, donde no hubo idea, no pudo engendrarse una hipótesis; y sin ésta, no nace ninguna ley de reparto ni despojo a la viuda; y por el relato anterior se ha probado que, esas leyes tienen su origen en los matrimonios fraguados por el cálculo y se descubre también la raíz de ese cataclismo, que tantos desastres trae para la vida de los cuerpos y la inmensidad de vidas que se roban a la Creación. Por lo que, no puede ser civilizada, ni ilustrada, ni aun siquiera medianamente educada, la sociedad que mantiene semejantes leyes.

Pero también queda patente, que esas leyes no nacen del pueblo, sino de los detractores del pueblo; de los que tiran desesperadamente, queriendo detener la marcha de la omnipotente máquina popular, que al fin, desgarrada, ensangrentada de los matorrales que se vio obligada a trillar haciendo camino a la evolución marcándola en su hora, sin mirar a que se despeñen y se destrocen los que tiraban hacia atrás y hoy se destrozan entre ellos mismos como fieras en esta guerra, sin igual, efecto justo de causas iguales, que no son otras que esas leyes absurdas, criminales y antinaturales, calculadas fuera del amor. Porque el amor no calcula ni pide divisiones; el amor suma; el cálculo divide; he ahí el problema resuelto y sentado el por qué el pueblo triunfa; porque aman y se suman en uno; y los antiplebiscitarios, con su cálculo, dividen, se debilitan, se destrozan y se arruinan entre sí por el reparto, como fascinerosos salteadores.

No, mientras la propiedad privada exista( ) (y gracias al Padre que ya será breves días) no tienen derecho ninguno los hijos a( ) despojar a sus progenitores, viudos o no, de sus bienes; pero tienen los padres el deber ineludible de que no les falte a sus hijos lo necesario, conforme a la calidad y cantidad de su posición y rango; y sólo hay contados casos en que la razón apoye el derecho del hijo mayor de edad, para obligar a sus padres a darles la parte correspondiente.

El primer caso es (en general) que los padres sean tacaños o pródigos, o muestren diferencias entre todos los hijos, beneficiando a uno en perjuicio de los demás; porque la tacañería hace sufrir privaciones; la prodigalidad los declara, incompetentes para administrar y la parcialidad es un robo que, además de perjudicar a algunos, los enemista entre hermanos. Fuera de esos casos, no tiene ningún hijo derecho alguno de pedir su parte a los padres, los que, durante toda su vida son administradores únicos de la hijuela, y no hay discusión, aunque el hijo sea emancipado por haber formado hogar; única forma moral que hay para emanciparse el hijo de la patria potestad paterna; pero jamás se puede emancipar de la patria potestad materna en lo moral y obligatorio de hijo reconocido a la que lo encerró en sus entrañas y le dio vida por sus pechos, lo mismo que ninguno podemos emanciparnos de la Madre Naturaleza, a la que la Madre del hombre individual representa.

El segundo caso entra en los estados de viudez con hijos. Sea hombre o mujer el viudo, al formar nueva sociedad por la unión de sus cuerpos, legislado o no, tiene el ineludible deber de hacer las particiones, no por mitades, sino en partes iguales estrictamente lo mismo que si el viudo o viuda fuera hijo heredero, y ya, quédale asignado lo que le corresponde si cada uno aunque sean menores, que será administrado por el padre o madre, hasta la emancipación únicamente por casamiento y no por mayoría de edad. Y en caso de tener el administrador alguna de las cualidades del párrafo anterior, el menor está auxiliado por el Juez, que es el padre legal; pero no es antes que la madre, la que no pierde nunca, la potestad, sino por inmoralidad probada en la administración, sin subterfugios ni amaños.

Fuera de estos casos, jamás procede la repartición de bienes de los padres, sino por propia voluntad. Pero en el caso de la viuda sin hijos, atendido el sacrificio hecho de su persona y alma a su difunto compañero y a que la mujer no tiene los medios que el hombre tiene de ganarse la vida por razón del sexo, nadie tiene derecho a secuestrarla por la amenaza a despojarla de la herencia de su esposo, porque no es herencia; es el regalo hecho por su sacrificio, y tiene perfecto e indiscutible derecho de disponer de aquellos bienes, como de su persona, en perfecta libertad.

Aquellos bienes, si son gananciales, no hay discusión posible; si son bienes capitulares, es decir, llevados al matrimonio por el difunto consorte, es fruto que se arrancó del árbol de sus padres, porque estaba sazonado para comerlo y nadie es capaz de volver a poner de nuevo en el árbol, el fruto que de él se cortó por conveniencia y pertenece al que se le dio para consumirlo, sea como obsequio o como pago, es libérrimo el que lo recibió de comérselo solo, o dividirlo con quien quiera para consumirlo.

En la ley de Israel, existe un capítulo grandioso sobre esto, y él considera que en ¨”la unión de cuerpos, es la unión de familias para perpetuar la vida de las dos familias”; y no es sólo de Israel, porque es de las doctrinas Vedas y está en las leyes de Manú; lo que quiere decir que lo escribió en el Sánscrito el Legislador Sheth, del que son descendientes los Israelitas; porque Shet es el hijo primogénito de Adán y Eva.

En esa ley está consagrada la perpetuación de las familias, hasta tomar la sabia medida de que, «si el varón no logra engendrar en su mujer dentro de los ocho años de unión, la mujer tiene el derecho de pedir a su suegro que le dé al hermano de su esposo para que la fecunde; y caso de no haber varón en la familia del impotente, tiene obligación el padre de entrar en la mujer de su hijo para darle descendencia. Esto es, porque comprenden sabiamente la creación y sus leyes; que sólo se puede perpetuar por la procreación; y en cuanto a lo material, la mujer, en esas leyes, adquiere todos los derechos de heredera y no es cohibida absolutamente en nada, porque guardando el luto ordinario, puede unirse a otro hombre; pero tiene un primer deber y derecho su cuñado, si lo hay; de lo contrario, aquella mujer es libre; pero no se dan casos frecuentes de que la viuda olvide nunca sus deberes de hija adoptiva de los padres de su difunto compañero y es porque no entró el cálculo; y aunque esa ley tiene el defecto de dividir en castas la humanidad (lo mismo que entre las de las demás naciones se divide en clases), allí es rigurosa la ley en su aplicación sobré cada casta; y aquí, cada caso obedece a un capricho y aun se hacen en algún caso leyes especiales, que es el colmo de los colmos en los cálculos, y eso es autorizar el crimen, el asesinato, la extorsión, el cohecho, el robo, la calumnia y todos los vicios, faltas y pecados; y todo ello se consagra. en gran sacramento canónico, o en un acto civil para mayor vergüenza de la mentida civilización, que apenas llega a ser urbanidad y ésta hipócrita. Todo esto encierra los dos agregados que Moisés hizo a la ley que vió escrita en el espacio: « No desearás la mujer de tu prójimo »; « No codiciarás, los bienes ajenos » ¿ Y cómo los han entendido esos llamados teólogos, que son autores de tan falsas leyes que ostentan las religiones y las sociedades modernas llamadas por sarcasmo civilizadas ? Que los hechos respondan por mí en justicia, ya qué en el «Código de Amor» y en el « Conócete a ti mismo » está puntualizado el por qué y el cómo de las teologías, dogmáticas y filosofías religiosas; que son las cuerdas y cadenas de las que hasta hoy tiraron desesperadamente religiones y sociedades, y no han podido detener la pujante, cruenta y demoledora marcha de la máquina popular que ayuda y purifica el progreso, por lo que, hoy son rotas esas cuerdas y cadenas y ruedan los asidos a ellas al fangal de sus acciones. Yo, en amor, les pongo esta última tabla de salvación, condensando todo mi estudio en este apotema: El hombre no puede heredar del hombre, sino del espíritu; lo qué me obliga a poner un

SEGUNDO PUNTO
El hombre hereda del Espíritu

Llorad si sois capaces de sentir remordimientos de vuestras hechos ante los puntos que preceden, porque todos los que vivís con la esperanza de heredar del hombre, estáis manchados del delito de homicidio; pues vuestro pensamiento constante en heredar, os quita el pensamiento filial, que a muchos ha conducido al despojo de los bienes a su progenitor y, a algunos, por desgracia, al horrendo crimen de asesinar a sus padres y esto es fruto maldito de las leyes sociales emanadas todas totalmente de los absurdos religiosos y sus filosofías, teologías y sacramentos impúdicos e impíos.

Llorad si sois capaces de sentimiento y entended que sólo el que ama puede hacer llorar, y no por golpes y latigazos a la materia de los cuerpos, si no por el disciplinamiento, del espíritu, que, aunque cada uno no tiene más remedio que sentir los pinchazos de la ley y esos pinchazos, todos los sentís porque queráis que no, el remordimiento os asalta y os hiere y muchas veces, después de ese despojo, muchos querrían volver, las cosas atrás; porque en verdad, todo (dicen ) se les vuelve del revés aunque matemáticamente estudien los negocios que emprenden; y es que son pinchazos disciplinarios del espíritu, que no está conforme con los hechos de su materia.

Y es que, el espíritu hereda de su Padre el Creador y no quiere que el hombre herede del hombre, porque sólo pasiones puede el hombre crear como tal y sólo pasiones tiene y tuvo, por que sólo vive de la ley de la materia; éstos los conoceréis en que son calculadores de matrimonios y los sostenedores de la esclavitud de la mujer, para su mayor libertinaje.

Pero cuando ya el hombre hereda del espíritu, entonces forma en las falanges populares que trillan el camino pregonando el progreso y no temen sufrir privaciones, ni los díceres de la sociedad malsana, porque ya ese espíritu tiene su ruta trazada; ya ve en su razón que nada vale el mundo entero, si el alma pierde su derrotero; y no se detiene en llenarse los bolsillos y almacenar con daño de un segundo o un tercero. El produce, redobla su trabajo y va dejando en el fondo común los productos, porque sabe que llega el día ansiado del disfrute en común de los que en común lo producen.

Cuando el hombre sabe que la ley es heredar del espíritu, con alma y cuerpo lo sirven para la obra de la creación eterna, de la cual sólo es autor en su demostración el espíritu, porque hereda ese poder, sabiduría exclusivamente del Creador su Padre, y ve que el infinito Universo es su verdadera herencia. Cuando el hombre ve que a esa herencia tiene, que defenderla con su vida, porque sabe que los, detractores de la ley de la vida eterna y continuada les ponen obstáculos insuperables que le obligan a defenderse, se agrupan en masas de resistencia y están a la defensiva, porque en ley, hasta que se cumple el tiempo de espera, y se llena hasta el último requisito de la profilaxis del Creador, no pueden llevar la ofensiva. Cuando ya esas agrupaciones nacidas en forma de partidos avanzados, o( )sociedades liberales y aun rituales (como la Masonería), ven que la evolución llega a su medida, ya dan los avisos de prevención y hasta salen los descubiertas con el fin de pulsar las fuerzas del ofensor y éste acomete sin conciencia y asesina en los campos; en las plazas y en las calles a los peticionantes que no piden indudablemente, sino cumpliendo la ley divina de amor y piden reforma común, bien común; y aunque cae algún cuerpo desecho por las balas, o partidos por el sable fabricado con el producto del pueblo, no se arredra la falange y cada( )caído conquista mil, que reflexionan en ese hecho criminal, y por fin, llega el momento decisivo en que, cumplidos todos los requisitos, esa masa( ) que ya hereda del espíritu, se recuenta., hace un balance y, teniendo mayoría absoluta, forma el universal plebiscito y remite al Padre su pedido de Justicia, presentándole méritos suficientes para que la ley entre en acción y quite lo que estorba al bien comunal, y estorban, todos los que sólo quieren heredar del hombre. Esos son los calculadores que crean las leyes inmorales y las elevan a sacramentos y constituciones que, fueron y serian eternamente causa del desequilibrio que hoy reina.

Presentada la solicitud de justicia por el que el Padre mandó a investigar y legislar, y previo juicio a ese espíritu juez que ha de justificarse ante los consejos del Padre, es, decretada la justicia y se pone en acción; apareciendo en todas partes apóstoles y misioneros con la misma doctrina, con el mismo baluarte y todos, más o menos claro y preciso, piden La Comuna en la que, ningún hombre hereda del hombre y sólo hereda del espíritu. Esta. es la verdadera herencia del hombre en los mundos y para la tierra está decretada para estos días, porque ya se cumplieron los 36 siglos que Hellí señaló en el testamento de Abrahán.

Yo quisiera antes de cerrar mi cátedra, que me acompañárais a tal rápido paseo por la tierra, para contemplar en los comienzos de la regeneración al investigador en su soledad horrible y así apreciar en algo el valor que tiene el trabajo de convencer a los hombres de la conveniencia de heredar del espíritu, en la más perfecta Comuna.

En el prefacio y el prólogo y en la cátedra del gran anciano primero cuando estudia la concepción de los seres, queda compendiada la creación y lo que es el hombre en verdad de verdad, el arca de Noé: y también se inicia la venida del investigador, después de juzgar a un mundo hermano, Neptuno, de donde fueron expatriados 3,500 millones de espíritus supremáticos, que en aquel mundo no quisieron reconocer al juez, ni la ley, igual a la que hoy se da en la tierra, y aquel hecho, hace próximos 58 siglos ahora.

El investigador que la ley mandaba a la tierra, era aquel mismo que en Neptuno no habían reconocido los desterrados y aquí tenían que reconocerlo y cumplir la tremenda sentencia, de elevar la tierra al progreso que Neptuno, tenía al ser expulsados por el juicio de mayoría».En aquellos momentos, el hombre de la tierra estaba en todo su apogeo de la brutalidad, como queda revelado atrás, al describir las especies o sacramento que Shet instituyó para suprimir el sacrificio humano y la violación de las doncellas al pie del altar.

Había sufrido la tierra (unos 30 siglos antes de esa fecha feliz) un gran cataclismo, hundiéndose el gran territorio atlántico, donde el vicio y corrupción no podía compararse a la brutalidad de las bestias, y grado más o menos, estaba igual en toda la tierra.

Cuando aparecen dos grandes espíritus hechos hombre y mujer en Adán y Eva, para dar vicia en un cuerpo al investigador que fue Shet, la humanidad de la tierra había gastado 44.999.200 siglos, de un total de 45.000.000 de siglos que el hombre debía permanecer en la tierra para expiar sus tres pasadas epopeyas en tres mundos, embrionario, de prueba y primitivo y lo consumido en la tierra y graduarse de maestros; para esto sólo quedaban 800 siglos, y en sus cuentas matemáticas, el investigador vio que sólo podía disponer de 57 perentorios siglos que la ley marcaba para la máxima evolución de las humanidades, que es, la consagración de la Comuna, como régimen universal.

El mundo tierra era, no un mundo de hombres, sino una inmensa jaula de fieras dispersas; y el derecho, sólo era de la fuerza bruta y no se encontraba ninguna costumbre o tradición buena (pues ley no había ) y la beneficencia no existía. La tierra toda, era propiedad de las religiones; que eran tantas como magnates; pero había la gran Región de la India Oriental, con la China, Persia, Asia Menor y el Egipto, que por la acción de Peris y Fulo, crearon la religión de El Krisna; y es esto lo que va a aprovechar el investigador para raíz de sus injertos, de los que ha de nutrir con sus frutos metamorfoseados, a aquellas regiones, hasta que podrá sembrar las nuevas semillas o leyes iniciadas en el Sánscrito, con el que y con fórmulas adecuadas, dará una ley a cada continente, basadas todas en la justicia; libertad y amor, que dejaba escrito en el Sánscrito, que luego sería predicado por sus misioneros.

El investigador, era de justicia su venida; y solo o acompañado, tenia que implantar y hacer triunfar el progreso y civilización necesarios en perentorios 57 siglos que la ley de la tierra marcaba para su juicio de liquidación. Sabe Shet, que la ley no puede ser vencida, y llamó misioneros voluntarios, maestros de la sabiduría para la gran obra de la regeneración de un mundo, y levantó bandera el espíritu de una gallarda mujer Neptuniana, que ya fuera al allí madre del juez, que venía a investigar la tierra, y a esa mujer se le agregó toda la prole que allí constituyó su familia en número de 28 y el investigador 29, y tomaron la tierra.

Esa es la familia Adámica, que encontraréis bien descripta en el «Código» y « Conócete a ti mismo»; pero sabed como punto esencial, que Adán y Eva son los mismos espíritus que conocéis hoy bajo el nombre de José y María.

El periodo de investigación fue terrible; y desde Adán a Noé (próximamente 13 siglos), los 29, tenían que conocer en común el terreno que pisaban y cerciorarse que podrían convertir en ameno jardín el terrible bosque de la tierra; y pocas horas podían permanecer desencarnados, porque el trabajo es de hombres. Suponed las terribles contracciones que habrían de sufrir en su espíritu elevado, al tener que estar en todo momento enlodados en el fangal de tantas pasiones que tenía la materia en que necesariamente habían de envolverse; y no podían negar a la materia la satisfacción de sus instintos naturales convertidos en vicios y tener que soportar todas las vejaciones de sus corrigendos corrompidos, cayendo sacrificados en casi todas sus existencias esos misioneros.

Suponed lo terrible que es a la salud y lo horrible del sufrimiento de tener que estar siempre entre contrarios; y por añadidura no ser atendidos ni entendidos y tenían que hacerse oír, para dejar siempre enseñanzas y nuevas semillas, que lo podéis comparar con algunas excursiones de uno o dos hombres qué se internan en las selvas del África, o las descriptas por Julio Verne, en las de la América Central, descontando que, estos excursionistas llevaban todos los medios y adelantos del progreso, y aquellos no tenían ninguno de esos medios de defensa y convicción.

La novela histórica titulada « Aventuras de Catalina », ni las cartas de los jesuítas de Mindanao y otras misiones; ni la expedición de Xavier por el Japón, tienen apenas comparación con aquellas expediciones de los misioneros de Shet ; porque los expedicionarios de ahora, son ya experimentados luchadores a la moderna con todos sus progresos y han podido preparar de antemano su salvamento y los medios de vida.

Los hombres de la selva hoy, aunque sean espíritus retrasados, en lo general están ya instruidos e iniciados en el progreso y están a punto de rasgar su niebla; tomando cuerpo en esas selvas, para saciarse en definitiva de sus apetitos allí que no constituyen escándalo, respondiendo a la sabiduría, justicia y libertad enseñada por Shet y los suyos; lo que quiere decir, que la barbarie de esos selváticos es, matemáticamente medida, 1 a 500, comparada con la. barbarie de entonces en cantidad y calidad; es decir, que entonces la barbarie era en toda su intensidad de fíereza y malicia ignorante sin cálculo del mal y esto era en toda la tierra. Hoy, esos selváticos los encontramos con cierto grado de civilización y hasta con monumentos; pero es en pequeñísimas parcelas que la justicia divina reservó para los espíritus que aun no han saciado los instintos brutales de sus materias y almas, haciéndose hombres en la selva donde se sacian, a la par que se purifican y atraen las esencias de esos territorios; y si aun así nos relatan escenas tan emocionantes y espeluznantes, ¿cuáles serían las de entonces? Imaginaos por un momento, que un día al despertar, os encontráis en medio de una cuadra de un manicomio, en la que están revueltos los locos de todos los matices en estado furioso y no tenéis salida, ni medio alguno de defensa. ¿Cuál será vuestro sufrimiento? ¿qué fin podéis prever? Pues similar era, la situación del investigador y los suyos, hasta que, habiendo pesado todas las probabilidades, pudo prometer que «en el tiempo señalado en la ley, las humanidades de la tierra, estarían regeneradas en su mayoría y se podría arribar al juicio final de liquidación, e implantar la Comuna». Ahora„ fue el caso de las promesas de Jehová a Noé, y luego de Hellí a Abrahán, del que nacerá el fundador de su pueblo, con el que los misioneros cubrirán la tierra y llevarían la nueva ley, destruyendo la fuerza con las fuerzas y aboliendo costumbres bárbaras, con leyes de razón; y quedó establecido el pueblo de Israel, salido del muslo de Jacob del que ya, todos sus hijos heredaban la ley de beneficencia; lo que significa heredar del espíritu que es( ) la. verdadera herencia. Por, eso, este pueblo, se vio y se ve aún hoy, perseguido y vendido de los « Negros de hollín », pero no vencido, porque no puede serlo; porque por Isaías, llama Jehová a su fundador e hijo elegido Jacob, para entregarle la posesión del mundo en la paz, cayendo todos los dioses de piedra, de palo, bronce y oro y otras substancias, para cuya posesión le promete: «Quitaré todo lo que te estorbe». Y hoy se está cumpliendo ese extremo de las promesas del Padre, para lo que la ley de justicia usa las escobas de bayonetas y otras armas que los hombres calculadores de matrimonios prepararon y es la única vez que la falange popular unida, universalmente lleva la ofensiva, soliviantando a masa de los hombres, la gran masa espiritual, que, sabe y está en fruición( ) que hereda del espíritu.

Autorizada esa masa espiritual por el espíritu del que, «como solitaria palmera en el gran desierto» iba recibiendo bajo su sombra a los cansados peregrinos, y sobre sus hojas descansaban y comían de sus frutos los misioneros y los discípulos de los misioneros, que cargados de las semillas se repartían por toda la tierra y sembraban aquellos gérmenes, hasta conseguir poblar todo el suelo de benéficos árboles-hombre de acción, de libertad, de progreso, de justicia; y hoy se les da la última semilla que «la solitaria palmera», recibió del Padre común, por medio del que está en su secreto, y que también fue anunciado y prometido: el Espíritu de Verdad, único que podía dar y dio fuerza, resistencia, sabiduría, y estrategia a « la solitaria palmera », o sea Shet, para atraer y dominar toda la familia terrena, y a los más ya los entró en el amor, última semilla; y de los menos, una gran mayoría los inició en la libertad y progreso y están prontos para conocer la justicia y, sólo unos pocos contados por la octava parte de los hoy vivientes en la tierra, están desahuciados y sentenciados a otra morada: a otro mundo que está en la forma que la tierra estaba al recibir los expatriados de Neptuno.¡Humanidad terrestre!.... Te doy mi voz de Anciano y te dejo ésta, mi cátedra, tan sencillamente expuesta cual corresponde a la verdad que, como buey pacífico y esforzado trabajador, debes ingerir y rumiar punto por punto: la libertad, la justicia, la fraternidad y llegarás a descubrir que, el todo y el solo de la sabiduría es, Amor: éste es el Dios único y posible que puedes admitir. Esta fue la mira plantada por el investigador, a la que convergen por los cuatro puntos cardinales todas las ciencias hijas de la sabiduría, que al volver de sus campañas cargadas de la luz de su trabajo, llenan en la mira su único vacío: el amor; por el que comprenden que nada hay fuera de esa fuerza magnética universal, que es la única herencia del espíritu, del que debe heredar el hombre. Queda así completada la misión del investigador y juez que heredó del Espíritu de Verdad, el que hereda directamente del Creador Padre común; y por esta cadena, todos quedamos enlazados al centro único de la luz, a donde quise dirigiros con mi fustigación y confirmar cada uno que sólo del espíritu podéis heredar.