CAPITULO OCTAVO
DEBERES DEL HIJO Y DE LOS PADRES HASTA LA MAYORÍA DE EDAD

Vengo a criticar; más no me acusará Moisés por faltar a su octavo mandamiento porque no mentiré ni levantaré falso testimonio. Los Ancianos (y soy el Octavo) no podemos descender a valles tan cenagosos, porque el reuma qué en ellos contraimos (hace muchos miles de siglos) nos enseñó a vivir en las cordilleras; donde el oxígeno puro cura el dolor y da fuerza a los pulmones, alegría al alma, viendo las bellas auroras y fortaleza al espíritu, recibiendo puros los matutinos y vespertinos rayos del luciente sol y el flujo de las brillantes estrellas, nos enseñan la armonía que en sus movimientos precisos tomamos la razón de la justicia de servirnos unos a otros, como todos esos movimientos justos y armónicos se sirven y todos sirven al Creador, demostrándolo en las formas y los cuerpos como buenos hijos, en cuya demostración comprendemos la vida y las causas de la vida, y este ejemplo real y vivo os traigo para cumplir mi deber en esta cátedra o capítulo que la ley me designó; por lo que os saluda, el Anciano Octavo.

Voy a criticar vuestras leyes, hombres, porque hacéis hijos de diferente naturaleza y decís hijos legítimos e ilegítimos. Esto no es justo. Esto es enmendar las leyes de justicia y afinidad y rompéis con ello en vuestra intención las armonías de la ley máxima y única de amor, a la que todas las leyes sirven y sirvo, yo, porque de ella todo depende y de ella todo gobierno nace; pero como el infante se gesta en su embrión, pasa por la niñez y la adultez, aspirando a ser el hombre y lo es cuando es capaz de discernir, cuando razona y saca consecuencias, así igualmente son las leyes que empiezan en el idealismo; se forman las hipótesis: y cuando convencen por su fuerza matemática, más o menos justa, o más o menos conveniente al fin que se idearon se consagra ley; que aunque sea injusta, será hija del progreso, que tiene tantos grados como cosas y hombres hay en el universo; y filosofando, todo es armónico.

¿No veis una banda de música compuesta de tan variados instrumentos, en que el tambor ronco y monótono, el estridente son de los platillos y el hueco golpe del bombo, hacen armonías con la dulzura del saxofón y los vibrantes clarinetes, cornetines y fiscornos? Pues sólo obedece a la matemática del tiempo medido y al peso fiel tomado para la nota: , que el músico puso en el pentagrama; y de ese conjunto, resulta una armonía arrobadora, que transporta al espíritu a regiones diferentes de las en que vive como hombre; y es que todo tiene su ley.

¿Quién se atreverá a decir que el cuchillo es malo, porque puede matar un hombre? ¿Acaso también no parte el pan que dais a nuestros hijos? ¿Y los venenos, no matan si los tomáis sin medida? Sin embargo, los venenos curan todas las enfermedades que de ellos pueden originarse; y es que, todo obedece a la ley armónica, o a la desarmónica, con que se usan las cosas: así mismo son las leyes en todos los tiempos, que obedecen a la voluntad de los que las hacen, y serán racionales o irracionales, más o menos matemáticas, más o menos justas; pero nadie verá que la última ley dictada sea, de menos progreso que la derogada aunque al parecer sea más criminal.

En los tiempos en que la mujer era cazada por el hombre, ésta era, bien mirado, verdaderamente libre y era la Madre. El hombre no tenía padre a quien respetar ni venerar y en esto estaba, justamente su castigo; porque nunca pudo ser reconocido por su descendiente y erraba vagante y sin descanso, hasta que esa desarmonía lo cansó de ser el salteador y el asesino de sí mismo; y por el cálculo y por la necesidad de la hembra se doblegó a constituir la familia, convirtiéndose de libre en esclavo; pero en esclavo del progreso, que hace al hombre verdadero hombre; y vió que esa ley estrecha es más ancha, que la libertad sin ley. Toda ley es armonía aunque sea ley irracional, o injusta, como lo fué y lo es, la ley que no reconoce a la madre derechos iguales al hombre y hace hijos legítimos e ilegítimos; porque a pesar de esta injusticia, es ley de progreso, porque constituye la familia del hogar, la familia regional, la familia nacional y aquí tenía el límite esa ley, y no puede el progreso parar, porque no tiene límites, ni fronteras. Hoy el progreso se impone y rompe las barreras de las familias nacionales, para hacer una sola familia universal y reconocer con justicia derechos iguales entre el hombre y la mujer y borrar los hijos ilegítimos, porque no los hay en la ley. Ella misma, la ley, en silencio, pero con imperio irresistible, nos ha demostrado aún con todas las trabas de la ley injusta de los matrimonios consagrados en absurdo sacramento, que nada estorba a la ley divina de afinidad y justicia el cumplimiento de su deber, aunque los hombres no lo quieran ver, ni comprender; y hoy tienen que confesar las estadísticas, que son muchos más los matrimonios voluntarios es decir, de afinidad, unidos sin intervención de iglesia, ni juzgado, y por lo tanto (según las leyes sociales) todos esos hijos son ilegítimos, y por añadidura, tampoco los bautizan; y según el dogma católico, sin las aguas del bautismo, no hay salvación. Esto es irracional; esto es una blasfemia, es un absurdo religioso; pero es una ley humana, aunque inhumana, que significa progreso; retrogradado sí, pero progreso al fin. Ninguna religión engendra progreso; y se dice en justicia, que las religiones son la rémora del progreso de una generación, porque no lo admite, ni lo admitió jamás ninguna religión, hasta la generación siguiente, tiempo en el que lo suele hacer suyo, pero con reformas; y no por aceptarlo, sino para, poner trabas al otro grado de progreso que despertará e implantará la generación militante. Pero le pasa a la religión, lo mismo que al que quiere cortar el aire con la espada; o al que hace una raya en el agua: que el trabajo es perdido en absoluto. Por eso son borradas las religiones y ningún ser siente dolor, ni frío, ni calor, por renegar de una y de todas las religiones, ni las echa en falta su estómago, ni de menos en su alma; pero se siente aliviado y vuela más, porque tiró las ligaduras de un progreso retrasado.

Cuando el espíritu se ha librado de las ligaduras que lo retuvieron preso en una ley conveniente a un tiempo atrás, extiende sus alas hasta el límite del progreso iniciado para otro período; y cuando está en fruición de aquel nuevo grado, se limpia hasta el polvo del anterior que lo empequeñeció y demuestra con valor el punto opuesto al en que vivió errado, pero legalizado por la matemática conveniente de una religión que impera en un estado y gobierno que corren parejas en el retrógrado, tirando hacia atrás del carro popular que avanza despiadado hacia el más y arrastra estado y religión sin miramiento a destrozarlos y los destroza, porque no hay quién pare esa omnipotente máquina llamada progreso.

Por esto, cuando la mujer era cazada por el hombre y la fecundaba, y la encontraban luego rodeada de sus hijos y la veían sonreír ante su prole, el hombre se sintió atraído hacia aquellas miniaturas de hombres y no podremos decir, quiénes fuesen más niños, si los infantes, o los barbudos.

Pero lo cierto es, que el hombre quedó preso entre los cabellos desgreñados de aquellas sus cazadas hembras y sólo había por causa, los jugueteos y gracias de los hijuelos, en los que, al mirarse el hombre en sus ojillos y verse retratado en las niñas de sus hijitos, huían como asustados; pero veían que aquello era precisamente lo que a la hembra hacía besar a sus hijos con frenesí, y el hombre se convenció de su inocencia y ya no huyó y se asentó en la familia y no sabía de hijos legítimos, ilegítimos o naturales; eran hijos y nada más.

Y sobre todo, ¿de cuándo daban esas leyes que hace hijos legítimos e ilegítimos? Si es de ayer, y antes no había leyes matrimoniales y, por lo tanto, todos los nacidos eran ilegítimos al entender de las leyes de hoy. Y si las leyes de hoy son justas quieren decir que la ley de la creación que es inmutable, era una ignorancia: y por lo tanto, el Creador; un comediante, un imbécil, un ignorante. Y todo esto lo han hecho al Creador en su intención las religiones que, tirando y tirando como desesperados para detener el progreso que, hoy se rompe la cuerda de sus absurdos y caen terrible porrazo, del que quedan reducidas a la nada, como el gas deletéreo que hasta que explota por su misma presión envenena a cuantos en él se bañan; pero en cuanto explota, por el contacto del oxígeno, todo acaba y anula el oxígeno la fuerza que acumulaba en desmedida el nitrógeno, que componía el gas venenoso.

¿Queréis ver el error gravísimo de la ley que hace hijos legítimos e ilegítimos? En el capitulo primero, en su párrafo segundo, está esencializado el acto de la concepción; y allí y en el prólogo, se explica la ley de afinidad; pero en el «Código de Amor» y el «Conócete a ti mismo» está atomizada y por más legislada y leyéndola, no podréis menos de comprender, que nada puede suceder y nada sucede en todo el universo, sin que la ley de afinidad haya, preparado todas las cosas y puesto todas las causas en el punto matemático, al centímetro, al gramo y al segundo, y sólo entonces se puede producir el efecto que demuestre a sus causas.

Sabéis ya también que, el acto de una concepción conmueve a todo el universo y que se toma nota de aquella vida y ya no puede ser que no sea en toda la eternidad; y esto nos pone en el más grande de los considerandos, para decir en verdad de verdad, a los hombres; que no hay ningún hijo ilegítimo; y si los pudiera haber, lo serían todos los que nacen de madres esclavizadas por una unión dogmática, sea civil o religiosa y por otras circunstancias, como la imposición y la conveniencia. Pero ni aun los nacidos de esos matrimonios (que son contra la ley de libertad) pueden ser hijos ilegítimos; porque si nacen, es porque la ley de afinidad puso las causas en su punto y se produjo el efecto; pero tened entendido que hay en esos matrimonios faltas graves a la ley de justicia, y de la libertad, y será imposible: analizando los hechos y las consecuencias, no encontrar más de un crimen en esos matrimonios; y es forzoso que en ellos se produzca lo que llamáis adulterio e infidelidad, por parte de ambos cónyuges, pero que la víctima es la mujer. Leed aquí el Código en todo lo que se refiere a los prostíbulos y consecuencias de la ( )la unión por la fuerza, de donde resulta confirmado lo que dije arriba: Que si pudiera haber hijos ilegítimos, lo serían los que tenéis por legítimos; nacidos en matrimonios obligados; pero no hay hijos ilegítimos y nos los asegura Hellí en el testamento de Abrahán, porque hasta a los «Negros de hollín», que Abrahán llamó demonios... Hellí los llama hijos, y dice: «Y cuando me conocerán me serán fieles»; por lo que, es un error malicioso (y en la malicia hay pecado) hacer por leyes absurdas, hijos ilegítimos.

Voy a poner un remache que nadie ha de poder soltar sin romper la cadena eterna de la armónica creación, para sentar que, los hijos llamados ilegítimos, son de mayor valor en la ley de la creación; y también está ya legislado en el Código de Amor, lo que aun da mayor fortaleza a este remache:

Que un espíritu tome cuerpo y nazca al amparo de las leyes sociales en un matrimonio constituído bajó los auspicios canónicos o civiles, nada renueva en la evolución de la libertad para cumplir misión de justicia, crear o estrechar afinidades: traerá y desarrollará progreso moral y material, no lo dudéis; pero, repito, nada renueva en la mayor de las evoluciones, que es la libertad santa de la unión por amor, para matar el libertinaje, que entrañan las leyes caprichosas que están fuera de la ley suprema de la creación y están las mujeres casadas en esa condición atadas y esclavizadas, después de haber hecho el crimen de matar sus sentimientos de mujer, porque no la dejaron el libre derecho de elección.

Estos espíritus no señalan las evoluciones; siguen las evoluciones marcadas por los valerosos que, haciendo caso omiso de las leyes tornillo, juntan a los seres que han de ser sus padres en justicia, sin importarles que la madre esté casada con otro hombre, o que el padre se una con las que no es su esposa por ley social porque lo que les importa a esos espíritus misioneros es, señalar la evolución y seguirla afirmando ellos, para anular leyes de opresión y vergonzosas para la libertad verdadera.

Saben esos espíritus, que serán llamados hijos ilegítimos; que sufrirán la orfandad del padre, o de la madre, o de los dos; que llevarán una vida penosa, sufriendo un terrible calvario, porque los cobardes los señalarán con el dedo y cometerán con ellos las más bajas injusticias.

Sabiendo todo eso, apechugan la pendiente escabrosa en la que se han de desangrar en los matorrales de absurdas leyes religiosas civiles y sociales, y decidme si no es esto heroísmo y valor verdadero y la ley debe estar satisfecha de esas vanguardias llamados ilegítimos, que sacrifican todo al progreso de las leyes de libertad, de justicia y afinidad, que las retaguardias aprovechan los frutos de las leyes retrogradadas y los que producen las vanguardias.

¿No veis que en las guerras no mandáis a los acobardados, a los pipiolos, a los enclenques, a los cortos de vista; sino a los perspicaces, a los fuertes, a los experimentados, a los resueltos, a los estrategas, a la descubierta y vanguardia?

¿Y creéis más ignorante a la ley de la creación? ¿creéis que el mundo espiritual sea menos previsor? ¡Oh ignorancia! ¡que cuadros tan negros y escandalosos pintas! Mas oídme bien, y es repetido, porque en otro estudio esta: Sabed que, cada hombre de los que estáis en la tierra, para llegar a la belleza que hoy tenéis en vuestros organismos y él desarrollo del progreso que disfrutáis (¿?), no, no lo disfrutáis, lo malgastáis; pero en fin, ese progreso está en la tierra; y sabed, repito, que para llegar ahí, todos (en regla general) habéis tenido que nacer 50 mil veces y habéis sido en justicia hombres y mujeres y otras tantas habéis sido espíritus y seguiréis siendo ya hombres, ya espíritus eternamente en la tierra y en los mundos infinitos; porque « La creación sigue y no se acaba», dijo Hellí a Abrahán; y hoy os lo confirma, la razón y por todos, el Espíritu de Verdad.

Aquí surge una pregunta de interés para los de la retaguardia: ¿Sabéis por qué esas leyes se deshacen y no tienen ningún valor, aunque las hayáis elevado a la categoría de absurdos sacramentos? En una palabra se condensa la contestación: se deshacen porque no son leyes plebiscitarias, y por lo tanto, no son leyes de la mayoría que es el pueblo.

Mostradme, sino, una ley plebiscitaria que no haya sido secularmente centenaria, y que, aunque por razón del progreso se haya modificado, al examinarla veréis que la raíz se conserva, abonada por sus mismos frutos.

Tales leyes, como la beneficencia, se extienden por todo el mundo sin reconocer fronteras y ni las fronteras se le oponen; y es porque es plebiscitario; porque el pueblo sabe por sentimiento natural, que todos tienen el mismo derecho a la vida. Otra ley plebiscitaria es la justicia, para que los hombres; por su acción, se respeten mutuamente; y la justicia tampoco tiene fronteras; y cuando se la muestra augusta; cuando es desempeñada por hombres convictos, la superponen a todo y hay ejemplos históricos tan bellos, que son hermosos florones, aunque en verdad; son frutos naturales de augustas plantas; pero esos ejemplos, demuestran el poder de las leyes plebiscitarias.

Nadie en la tierra (entre el mundo ilustrado) ignora el ceño dominante y la prepotencia (y hasta augusta e imponente majestad) del Rey Felipe II de España, de quien sabemos que un palatino cayó como fulminado por una mirada del tremendo rey por causa de una falta de respeto; sin importarnos que esa falta; fuese cometida en una iglesia o capilla; porque podríamos citar, igualmente muchos otros casos de severísimos castigos impuestos por aquel rey, en todos los ramos de la vida civil en general; y en descargo de su fanatismo religioso, achacado sólo por los impositores religiosos inquisitoriales de su tiempo, hay un mandato al embajador ante, el Vaticano que le ordena: «Ante todo, hacer prevalecer tos derechos civiles de España. Y es público su amor al pueblo español en su dicho famoso: «Yo quiero que cada español pueda poner una gallina en su puchero» Y estos dos dichos, no son de un fanático y sólo pueden ser de un espíritu recto que, aunque lo sea, por estar encarnado y en un ambiente deletéreo, tiene que enlodarse en el ciscarral que atraviesa, y más siendo la persona la representación de toda la nación, donde es forzoso que haya de todo hasta hoy en que se descubre la verdad eterna y se dicta por el plebiscito la ley de amor, que no sólo no reconoce fronteras, sino que, dominando a los que las quieren oponer, los anula a la vez que las fronteras, porque no son creación plebiscitaria universal; y hoy, el plebiscito universal, decreta esa única ley para todos los hombres de la tierra.

Pues bien; ese absoluto Rey Felipe II, se presentó un día en una audiencia, donde el tribunal de derecho está en funciones de justicia y entró en la sala con el sombrero puesto. El presidente, al darse cuenta, de que aquel ciudadano no se descubría, le ordenó descubrirse, y él contestó: «Soy el Rey Felipe II» El magistrado le contestó: «Ante la justicia, hasta el rey se descubre, porque ésta sala es augusta; y en su nombre, impongo la multa correspondiente a la categoría del rey ^^. Felipe II se apresuró a pagar la multa, con la que el presidente de la Audiencia hizo construir la magnífica escalera que da acceso desde entonces a la misma sala donde ocurrieron estos hechos. Y si Felipe II hubiera sido capaz de destituir a aquel digno y hasta hoy sin igual juez, Felipe II hubiera rodado del trono, como caen todos los hombres que quebrantan las leyes plebiscitarías, porque, nadie puede vencer al espíritu popular. Por esto los detractores del pueblo, venden al pueblo, ya que vencerlo no pueden; pero hoy, tampoco quiere consentir ya más ser vendido, afinque nunca lo consintió; lo toleró, porque no podía dejar su marcha titánica hacia la cúspide de la montaña; y cuando ha llegado y plantado su jalón de progreso definitivo, vuelve reestudiando las causas de sus dolorosas heridas y de su venta, por menos, precio y, aplasta con coraje, pero sin odio ni represalias a los causantes de su titánica, lucha, lo mismo (comparativamente) que hiciera aquel célebre magistrado, no consintiendo que el nombre del rey se sobrepusiera a la augusta justicia; y es que, mientras el rey o jefe de estado representa la fuerza bruta o física y material de la nación, la justicia, representa el poder moral y espiritual el derecho y defensa de cada individuo; y el juez, representa en verdad los sentimientos todos del completo plebiscito; compuesto por hombres y mujeres, desde el infante al anciano. Es ley en verdad plebiscitaria y ejecutora de la ley de beneficencia, en la que todo individuo tiene derechos y obligaciones iguales, sea rey o mendigo, hombre o mujer; sano o enfermo, sabio o ignorante, negro o blanco. Sólo reconoce ciudadanos con derecho a la vida, al respeto y al amor común.

En el tiempo del Dualismo, es decir; en los seis días de trabajo para el dominio de los instintos; entre los que el espíritu está oculto en su alma para no desarmonizar las funciones rústicas de la materia, el hombre sólo creía, sabía y proclamaba que era compuesto de cuerpo y alma únicamente. La ley de beneficencia, implantada por la voluntad común y legislada por el autor del Sánscrito, al empezar la regeneración o el descubrimiento del espíritu, era bastante y sería el estrado al trono de la ley de Amor, del que es hija directa; y diré en verdad que es el mismo amor envuelto en ella como el espíritu envuelto en el alma, para no desorganizar el progreso de cada Etapa; pero al descubrirse el espíritu, deja de ser el alma el más de los hombres y la beneficencia cede su puesto al amor descubierto y se establece el reinado del Espíritu, con la ley de Amor, en la verdadera Comuna.

¿Habré dicho ya bastante para que los hombres comprendan los deberes de los hijos y padres recíprocamente hasta la mayoría de edad, tiempo en el cual debe establecerse el amor en fruición entre ambos, como fruto de la tolerancia del padre y el respeto, y reconocimiento del hijo? ¿Habéis comprendido que la profilaxis del amor que hoy se proclama es la beneficencia legislada, como la profilaxis, de la justicia es la tolerancia y la del amor común universal es el respeto al mayor en la familia, al mayor en la Nación que la Nación imponga, hasta que su fruición hace innecesario el respeto por el conocimiento de los derechos iguales en justicia y verdad?. Hasta he puesto ejemplos vivos y habéis visto que el indómito Rey Felipe II acató la corrección del mayor y aquella escalinata es testigo mudo que no puede hacer traición a los hechos consumados, que dignifican al Rey, al Juez y la Justicia, y la ley plebiscitaria en verdad, es coronada por el laurel de su triunfo, que todo el plebiscito se ciñe en su frente.

Pero he aquí en este mismo ejemplo acusados los detractores del pueblo Felipe II, por su catolicismo, por su categoría de Rey, reconociendo al Pontífice que se imponía por los amaños de toda religión que hoy son descubiertos, Rey y Pontífice y todos los reyes y emperadores, representando la supremacía opositora al plebiscito, tiran desesperadamente de miles de cadenas que han puesto sobre la potente máquina popular, que tira despiadadamente hacia el máximo progreso, impulsada por la fuerza irresistible del mismo progreso y son descubiertos por el pueblo y acusados por la ley misma, que ellos han querido mixtificarla y han embadurnado de sangre y lodo; pero al fin, cuando ha llegado esa máquina a la montaña del conocimiento de los derechos y obligaciones de todos los hombres, sin colores, sin religiones, sin supremacía, el plebiscito por su ley, se impone y castiga sin rencores, sin odios ni represalias, cortando las cuerdas y cadenas que tiraban hacia atrás y los hacía luchar más, trabajar como titanes, pero sin ceder un paso; es decir, sin consentir, tolerándolo, por que comprendían que no podían detenerse a amonestar, ni dejar descuidados ideando otras trabas a los que tiraban hacia atrás, porque así gastarían inútilmente las fuerzas( ) y comprenderían su error, porque a pesar de tan ruda oposición y guerra, el progreso llegó y el pueblo triunfó y se adhirieron los más de los que tiraban hacia atrás; quedando en cuadro vergonzoso los obstinados, que ruedan montaña abajo con estrépito y quedan reducidos a la nada y estancados en el fango del valle y se asfixian en su mismo gas deletéreo Pero en su rodar, arrastran las piedras que oponían a la marcha de la máquina, en las que ellos hacían hincapié terrible; y en su rodar, repito, todo lo arrastraron al fondo del valle, que dando despedregada, y ascensible la subida como la cómoda escalinata, de la audiencia de Granada, la con la multa impuesta por el Juez, en nombre del pueblo, a su Rey Felipe II, y en ese acto, quedan desterrados los opositores de las leyes plebiscitarias, que no pueden variar pero sí mejorar, como no varía el hombre en su constitución orgánica, pero se purifica y se embellece, porque el progreso lo impone.

De modo que, el deber del padre, es la corrección y la tolerancia al hijo; y el del hijo, el respeto a la autoridad paterna; y entre los dos, está la majestad de la madre que representa, la ley augusta de justicia, de beneficencia, y corona el amor que no consiente represalias, venganzas, ni odios, ni desigualdades. Os dejo reasumida toda mi argumentación en este punto y cedo la voz al Anciano que me sigue y os pregunto: ¿He faltado al octavo mandamiento, aunque haya criticado vuestras leyes de opresión? No he mentido ni calumniado; y si os hice llorar, es porque os amo; y el que ama, no hace reír; pero deja satisfechos a sus amados y cuando lo pueden comprender, les son agradables y fieles con conocimiento de causa.