CAPITULO SEXTO
LA EDUCACIÓN MORAL HASTA EL USO DE LA RAZÓN

Tema para la humanidad eternamente

«¿Quid prodest homini si mundum universum lucretur, Animae vero sue detrimentum patiatur?» Sí. ¿Qué aprovecha al hombre lucrar todo el mundo si su alma, puede sufrir y sufre detrimento? Este principio, que bastó al gran Xavier para recordar como hombre toda, la mentira y error del mundo tierra, es la lección eterna para la educación moral del niño y el freno de sus concupiscencias cuando hombre de provecho; y la ha repetido el mismo espíritu en actuación solemne como Espíritu de Verdad que es de la tierra y de todo el plano primero, que encontraréis en la «Filosofía Universal», con fecha 14 de abril de 1912, y en el «Código» como apéndice, y allí lo dice así: ¿Qué aprovecha el mundo entero si el alma pierde su derrotero?.

Bastante sería esta lección recordada a los hombres por el Sexto Anciano, para la educación moral del niño hasta, el uso de la razón.

Pero es que esa sentencia o advertencia: del maestro de los maestros, sostenida por él y practicada siendo hombre bajo el nombre y cuerpo de Francisco Xavier, que vestido de una sotana de nueva sociedad verdaderamente cismática y religioso-cívico-militar, entraña una declaración revolucionaria y terrible, demostrado que desde aquellos momentos todo cambió en la tierra, retrocediendo la religión y adelantando el progreso que hizo ciencias que anularon los dogmas; pero la lucha fue más intensa y extensa en todos los ideales, prevaleciendo las más: avanzadas y señalándose La Comuna por las grandes sociedades y masas sociales, para extender por la unión de fuerzas y esfuerzos, el progreso y la civilización, de lo que es causa suficiente el apostolado de Xavier, que rompió las vallas de los países en que las armas no las podían romper, ni otras religiones, ni otro orden social; y solo reuniendo en sí mismo Xavier, esos tres órdenes que componen y son la sociedad, rompió las puertas del cerrado Japón, después de abrir las de la India, cuna de la civilización Adámica.

Dicho y legislado está en el «Código» y en el «Conócete a ti mismo” lo que es Xavier como hombre y como Espíritu de Verdad y no se ha de repetir aquí lo que ya es sanción y ley; pero hay que filosofar algo sobre esa máxima eterna que encierra toda, una filosofía de enseñanza comunal, que ha hecho ya los preliminares de ese régimen y está cifrado con caracteres universales en la sociedad Jesuita, de la que Xavier fué el espíritu y sólo alma fué su fundador Loyola. Del ejemplo de esta sociedad que provocó al mundo al progreso, nacieron por su emulación las grandes sociedades y empresas, que cuanto mayores sean son más comunales; con cuyas bases, La Comuna Universal ya es irresistible a sus contrarios y hoy no resta más que desnudarla de prejuicios y quitarle el polvo del egoísmo social, que por ley humana tenía que envolverla, irremediablemente, como es irremediable que él molinero se ponga blanco del polvo de la harina porque anda en ella y el carbonero se asimila al negro del carbón que maneja.

Xavier, fundada con su cooperación la Compañía de Jesús, en la que se proponía rehabilitar y lavar al mesías Jesús, de las manchas imputadas a él como autor de la religión cristiana y fundador de la católica, en la que Jesús no tuvo ni poder tenía otra parte que haber predicado su destrucción como de todas las otras religiones; y basta para ello saber que fué crucificado por los sacerdotes.

Xavier, repito, una vez fundada esa sociedad Cismática-Religioso-Cívico-Militar, nada tenía que hacer allí donde peligraba su existencia, dado su carácter fogoso y tenaz; y encontrando el medio, pasó al solar donde se iniciará la era de redención de la humanidad en la familia adámica y donde existían los principios del Sánscrito, donde está escrita la máxima moral que él sostenía: ¿Qué aprovecha el mundo entero, si el alma pierde su derrotero?. Y con su triple representación personal de Religioso, porque era aún entones de necesidad; de hombre civil, sabio en filosofía, y ayudado por su rango principesco y hecho jefe consultor de un cuerpo militar expedicionario Ibérico-Portugués, se abrió hasta las puertas del rey nipón y los templos de los Bonzos del sol naciente, con los que estuvo conforme en sus doctrinas de la inmortalidad; pero les arguyó y aun impuso su civilización universal; porque «tener el principio de verdad (les decía) y retenerlo aprisionado, es poner obstáculos a su vida y desarrollo y eso es egoísmo contrario a la fraternidad universal, bajo cuyo error es preferible la doctrina del cristo que, aunque con carácter dominativo y opresor, proclama la libertad para el mundo; pero yo os digo, que ni el cristo ni otro dios, pueden prevalecer con tal absurdo, porque el mundo es para todos los hombres en familia de amor y en igualdad de justicia. ^^

Esta peroración atrajo a muchos bonzos y ya la revolución de principios quedaba hecha en el Japón y quiso llevarla también a la China; pero era la hora de desembarazarse de la materia y volver a donde no había faltado más que por instantes necesarios a su cuerpo: al Consejo de Sión, cuyo jefe y maestro es el gran Xavier, que dejaba como recuerdo de su paso por la tierra, la gran máxima y la institución cismática jesuita, que le quitó el poder y el oro al cristo católico, ortodoxo y de otros nombres, todos apócrifos y falsos.

Ha triunfado la «Compañía de Jesús», porque su nombre no es apócrifo; porque Jesús es realidad, como hombre y misionero de la libertad, pero no es cristo, ni lo fundó. La ley de justicia divina salva a los mesías y misioneros; y para salvar a Jesús de las infamias del cristo, fue fundada la Compañía de Jesús; que si fue después dogmatizada, no por eso no ha cumplido su principal objeto de enterrar al cristo y de dar principios comunales; porque la Compañía de Jesús se ha extendido en todo el mundo y vive en el seno de todas las religiones y a todas las domina, pero a todas las anula y solo es obedecido por todos los Jesuítas, su general; el que domina al pontífice católico y a todos los pontífices cristianos y de otras religiones, que los tiene bajo su férula y de nadie son, tributarios y de todos se hacen tributar en lo material.

Esta, es su falta, que no es original de su fundación; pero les fué necesaria esa tributación porque todas las religiones y sociedades tenían y tienen por primero e insubstituible dios el dinero y lo que representa dinero; y sin él, los Jesuitas no podían ni dominar, ni dar ejemplo de progreso material y era necesario llegar hasta al colmo de ese progreso, sin el cual, no podía llegar el progreso espiritual; porque todo en el universo es solidario y nadie puede poner la cúpula de un edificio sin haber cimentado y levantado muros y columnas que la habrán de sostener; y el espíritu, en su sabiduría, ha consentido mancharse mil y miles de veces en la matera, para elevarla al progreso material que le ha de servir de asiento y columna a la cúpula espiritismo, o sea la Comuna Universal. Todo esto se encierra en ¿Qué aprovecha el mundo entero, si el alma pierde su derrotero?

Las civilizaciones se han sucedido una a otra, heredando la naciente de la que pasaba por senectud, parque cada organización es sólo para un período progresivo, hasta que agota todo lo que le es homogéneo, y nadie puede cambiar nada mientras hay materia que se adapta a una organización y le sirve de sangre y alma; pero ella misma, va formando la civilización que ha de sucederle, la que dará, principio en el mismo segundo de tiempo que, la otra termina, y se enlazan por el anillo del progreso en interminable cadena, que cada eslabón es más bello y de más valor artístico, pero del mismo material, porque no hay más que una substancia y una sola ley: Éter y Amor.

El alma, mientras no comprende y siente ese éter y ese amor, está fuera, de su derrotero y sufre detrimento, aunque posea riquezas y aunque domine el mundo entero.

He aquí la educación moral que hay que darle al niño hasta el uso de la razón: éter, astronomía y amor del universo, sin hablarle de dioses, ni religiones, ni de partidos, ni naciones, ni de clases, ni dignidades sino del respeto a los mayores, porque representan la ley raíz de las evoluciones, preparando la inteligencia a leer en las plantas, en las estrellas, en la armonía, en los movimientos de sus miembros y en el desarrollo gradual del individuo y todo en provecho común. Porque todos a todos nos servimos y nos complementarnos; y si sacamos de este concierto a cualquiera de estos individuos, ahí está la raíz del, desequilibrio, y por esto hoy esta todo desquiciado, todo desnivelado hasta parecer el mundo una inmensa casa de locos; porque todos os encontráis fuera de la armonía, porque os atacáis mutuamente, gratuitamente uno al otro y hasta gozan los hombres en ser tuertos con tal de ver a su vecino ciego.

Y es que, los educadores de la humanidad fueron las religiones, que cada una tiene mejor dios que la otra; cada nación es mejor que la vecina, y cada hombre es de categoría mayor y más inmune que el de enfrente. Esto había de traer lo que trajo siempre, lo que hoy presencia todo el mundo; la guerra destructora de los hombres, con la más grande saña y el grado superlativo del odio y las iras de sus dioses, que no lograron ser mejores que los hombres que los crearon.

Mas repito lo que al final de su capítulo dijo el quinto Anciano; «El niño es una placa fonográfica, en la que se imprime lo que oye, y lo repetirá siempre»; y yo añado que es conjuntamente un objetivo fotográfico que revelará los hechos que vio; y esto deben tenerlo presente todos los hombres mayores, y los educadores, para que los niños, antes del uso de la razón, sólo ejemplos de moralidad, de fraternidad y amor, puedan almacenar en sus dos placas fotográfica y fonográfica, que siempre habrán de reproducir lo que hubieran recogido, y serán, como es consiguiente, el retrato y la acción de la herencia que se les dio.

Si las religiones pudieran sentir vergüenza en los hechos de los hombres por ellas educados; y dominados, les había de dar tales náuseas, que habrían de arrojar en vómito negro y rojo, hasta de lo más hondo de su organismo; pero no pueden sentir vergüenza ni dolor, porque no son cosa; no son seres, y lo que no es ser, no tiene ni entrañas, ni sentimientos y sólo son lo que son: un conjunto de pasiones sostenidas por los que tienen su alma sin derrotero y esto les hace ser semejantes al dios que crearon de concupiscencia, para escudarse en esa blasfemia fraguada para, en su nombre y representación, obrar sin conciencia la muerte de los sentimientos de humanidad y borrar los sentimientos de fraternidad, anulando los principios de la santa libertad y consagrar la religión irracional, la muerte, como señora de los destinos. Este era el grado superlativo ideado por toda religión, pero elevado hasta lo inverosímil por la apócrifa y última religión nacida de las pasiones ya demasiado grandes de todas las anteriores religiones; y esa quimera es la religión católica, continuándose de la cristiana de la que heredaban nombre apócrifo, evangelios de superstición y doctrinas y costumbres dogmáticas, déspotas e inhumanas, en las que está consagrado el derecho del mas fuerte.

Todo entre los hombres es contagioso; la risa y el dolor; el amor y el odio; y hasta la mendicidad es contagiosa; por lo que un sabio ha podido decir: «Dime con quién, andas y te diré quién eres.

Si vuestra amistad es con los sabios, sabiduría se os pegará y pareceréis sabios: si con un ladrón, ladrón seréis; y si a un rengo acompañáis, gran trabajo os costará no renguear vosotros también; hasta el suicidio se ha contagiado a los jóvenes y por cualquier tontería atentan contra su vida; y es debido a unos cuantos millones de novelas, donde todo y solo es suicidios simulados y algunos reales; pero son en verdad la realidad del vicio encendido en las juventudes y el suicidio que engendran en sus mentes febricientes tales lecturas apasionadas cuanto estultas, obscenas e impropias de civilizados. Mientras los educadores, lo mismo que los médicos, tengan que depender de sueldos, pensiones, o de su valor material para ganar dinero con que llenar sus obligaciones, no será posible exigirles, ni ellos prestarán su curso a la verdadera educación, porque está por delante una exigencia irremediable; las necesidades materiales que no admiten demora, porque el estómago no tiene demora; el vestido es necesario; y en la calle no puede el hombre vivir y esto es primero que toda otra obligación moral y espiritual; porque sin estar cubiertas esas perentorias necesidades, no puede el hombre pensar virtuosamente, ni dar lecciones de lo que no puede sentir, porque el estómago, bajo su ley imperiosa; a nada le deja lugar al cuerpo, ni aun al espíritu puede oír; pero ni éste puede obrar, porque el cuerpo es su instrumento y con él desarreglado, le pasaría como un buen músico con un piano roto y desafinado, que en vez de un concierto, haría un desconcierto.

Corregid, pues, madres, las inclinaciones de vuestros niños desde que le dais la primera vez el pecho; y esto lo conseguiréis, con vuestras miradas de amor; con vuestros sentimientos de amor y con vuestro sano fluido en el calor del regazo; lo que quiere decir, que debéis ser buenas, dulces, virtuosas por naturaleza; y con estos requisitos, adquirís gran majestad representativa; y sabed que, el cargo de madre es el mayor que existe en el universo; sois el maestro por excelencia, de la rectitud y de la civilización y sin el concurso de las madres, hasta, la ley divina sería impotente de hacer progresar el género humano.

Es cuanto os puedo decir; y entended bien, que sois las primeras responsables de la poca civilización que hasta hoy el hom­bre alcanzó; y sois tan grandes, que la creación sólo existe porqué parís; si vosotras os negáis a parir, el mundo no existirá; porqué un mundo sin hombres, no es un mundo; es un montón de materiales desordenados; anotadlo bien y en su cumplimiento os bendecirá siempre el Anciano sexto, que os ama.