CAPÍTULO QUINTO
La corrección de las inclinaciones desde la primera edad

Famoso ha estado el Anciano cuarto; extensa es la profilaxis que se ha anotado para la vida de salud de los cuerpos; y no merecen menos estos... rebeldes... pero indispensables cuerpos, instrumentos únicos con que el espíritu obra las bellezas de, la creación.

Hemos visto el gran acto de la concepción que con sabiduría precisa expuso el primer Anciano; ya su pintura no puede menos de hacer comprender y ver en cuadros reales la construcción de todo el universo en aquel acto divino, tenido en los tiempos del dominio religioso por inmoral y aun por pecado original, que mereciera echar del paraíso a Adán y Eva; pero ya sabéis que, para cuando el Adán bíblico ha existido, había consumido el hombre primitivo, nada menos que 44’999,250 siglos próximamente, de la vida de la tierra.

El segundo Anciano enseñó a la madre a custodiar la concepción y preparar sus fuentes de vida al cumplimiento de su gran misión, preparándose feliz el gran acto de amor del alumbramiento.

El tercer Anciano vio nacer aquel feto concebirlo en ley divina y resguardado, de peligros en la matriz de la madre, y supimos también que ese órgano, es el Arca Santa donde la creación deposita el néctar de vida y cuya llave sin embargo, la tiene el hombre.

Y es que, como nos ha dicho el Espíritu de Verdad (como leeréis en la Filosofía Universal), «el hombre y la mujer, son el pozo la cuerda y el cubo; y el cubo sin la cuerda, no podría bajar ni subir; y la cuerda sin el cubo, subiría y bajaría, pero sería trabajo en vano, porque no sacaría agua

Comparación tan precisa, sencilla, clara y profunda, sólo pertenece al maestro por primera vez; luego puede pronunciarla el secretario y juez del Padre y luego cada hombre saca las consecuencias según su desarrollo; pero ya no será nadie ignorante desde hoy; podrá ser menos sabio, porque hay grados infinitos de sabiduría; pero la ignorancia murió.

El cuarto Anciano, al ver nacer el infante, y sabiendo por su anterior lo que el parto de la madre representa como allí queda indicado; no podía menos de dar todos los medios y remedios a la conservación de la vida, que tanto cuesta y tanto mueve en el universo y remueve en la tierra; y aunque largo, su amenidad hace interesante su estudio y comprensión, para que con el progreso, en la paz verdadera, en la armónica ley de la Comuna, llegue la madre a parir sin dolor y el infante nada sufra y el hombre en fin, tenga la vida por placer.

El quinto Anciano ya trae un látigo; es cierto que es suave; pero es látigo al fin y es necesario; porque aunque los instintos estén dominados, no están perfectos y adolece cada uno de su imperfección. Yo digo que, hasta que la Saciedad colma la ley natural de cada instinto y queda convencido de que no le faltará jamás su parte por la ley máxima del espíritu, que sólo puede obrar la Justicia más estricta e indomable, el instinto no cede, no se domina.

Pero como el espíritu sabe estos secretos de la ley, de que la corrección sólo puede ser por la hartura, por el saciamiento de cada instinto, el espíritu, se oculta en su vestido el alma, para que los instintos no se arredren, no se escandalicen de la diferencia de entre la materia y el espíritu y en esta forma, se ven los instintos en su plena libertad de saciarse de su ley; y cuando se sació, se dominó a sí mismo, porque vio que lo que a él le pertenece por ley, nadie lo puede utilizar. Este conocimiento lo aquieta, y tranquiliza y es el caso de pensar; y al pensar, acude a ese instinto todo lo hecho hasta allí y se encuentra al frente de cuadros terribles de injusticia ocasionada, a los otros instintos, cada uno antagónico de cada yo y cae postrado ese instinto; no sabe en dónde, pero él se echa en brazos de aquella luz que vislumbraba, que la llamó alma y porque no la comprendía la deificó y queda por mucho tiempo aletargado aquel instinto, que ira despertando poco a poco en la luz del alma, hasta que llega a cerciorarse que, el total de esa alma, no es más que la reunión de los instintos dominados, vivos, que entonces obran en justicia, los hechos que antes obraron con injusticia, imponiendo su fuerza mayor por ley de escándalo.

Como ya queda indicado en el párrafo VI, versículo 29 del prefacio lo que es el cuerpo humano, siendo la realidad del arca de Noé, y en el «Código» y el «Conócete a ti mismo» está legislado y estudiado minuciosamente, suprimo aquí todo ese magno argumento, remitiéndoos a esas fuentes para comprenderlo y seguimos aquí el mecanismo de la corrección de los instintos.

Una vez que los instintos, dominados y agregados al archivo, el alma, han pasado su letargo, se reavivan en la acción continuada de la vida; y en ese despertar, hay una forzosa contracción, porque se encuentran frente a frente y dominados por el espíritu a quien no conocían viviendo en el mismo recinto y regazo los instintos, que tantos siglos fueron antagónicos e hicieron por el antagonismo tantos desaciertos y aun recelan el uno del otro; pero en la vida, espiritual, es decir estando desencarnados y sólo viviendo en el alma, como página, de las victorias del dominador espíritu, no pueden ofenderse, ni dañarse, porque están libres de la rusticidad animal del cuerpo al que representan, sea caballo, león, mono, serpiente, etc., cuya sangre, cuya necesidad de luchar para vivir la vida de un cuerpo, es decir, el trabajo, es el que enardece los instintos, y según su grado de cultura y perfección, los hará vencerse y dominarse a sí mismos, o los exasperará; por la que sufren ahora por la mayor imperfección de los otros instintos que, como él, quieran que no, están adipados al alma y gobernados en plena libertad y justicia, por el espíritu.

Este, mientras duermen (diremos su letargo) los instintos dominados en una existencia y teniendo aún que dominar otros, vuelve a la tierra y nace y renace, una y mil y miles de veces, siempre dominando instintos y enriqueciendo más su archivo hasta el completo dominio de todos los instintos, poniendo en actitud en cada cuerpo en que vive una existencia, aquellos instintos más progresados y saciados; esto cuando ya es un hombre consciente, es decir, que tiene un grado de cultura suficiente para buscar la belleza de las cosas en sus formas y es el tiempo del verdadero progreso material, porque comprenden las funciones de su cuerpo, sus necesidades, estudia sus dolores y se ingenia para quitárselos, por los medios que van descubriendo en la naturaleza y por la inspiración que ya recibe fácil del espíritu, porque el hombre tiene conciencia de que tiene alma y que vive en ella.

Este estado, ese grado, es el más terrible, porque es el momento de rasgar su nube crepuscular el hombre, para pasar al estado de civilizado, que sólo puede serlo en el conocimiento y reconocimiento de su jefe el espíritu, que ya transparenta fuerte su luz a través del globo alma en que se encerró y que su material no es otro que todos los instintos reunidos y sujetados por la ley de la vida, que no es otra cosa que el espíritu, que es luz, sabiduría, potencia y amor, derivada e individualizada del mismo Creador, para ser su voluntad ejecutora de las formas y los cuerpos que demuestran la vida tangible y comprensible. Esto es el espíritu.

La vida del espíritu, estando desencarnado, es sólo de estudio, de examen de sus obras y de preparación de otra existencia corporal por justicia obligatoria, hasta que logra triunfar de todos los instintos; y, dominados ya obra en libertad, pero dentro también de la justicia, para elegir posiciones de prueba en la que, los instintos se dominen a si mismos, obrando en justicia hechos materiales, si en la infancia, los padres que eligió saben corregirlo, que es el fin que, tiene la infancia: la corrección de las inclinaciones del niño; lo que, como es natural, es de la más grande importancia, por su transcendencia ulterior.

Hay aun dos estados espirituales que conviene anotar aquí antes de entrar a explicar la corrección del infante y son ( entre otros estados) el de espíritus errantes o libres y el de espíritus misioneros y maestros.

Los espíritus errantes son aquellos que, habiendo ya dominado sus instintos todos y dominándose los instintos a sí mismos, han cumplido con su primer progreso, que es redimirse a sí mismos. Y como su mundo, estando aún muy imperfecto les habría de hacer sufrir mucho y en verdad aun se encuentran débiles (como el enfermo que convalece de larga enfermedad), la ley de la creación fiel permite ese... veraneo, como primer pago a su esfuerzo y les deja vagar de mundo en mundo, a donde su progreso alcanza; pero es a condición de estudiar los progresos mayores de otros mundos, para inspirarlos o ejecutarlos por sí mismos en una nueva existencia en la tierra; y también descienden los errantes a mundos inferiores, donde no hay falta ni escándalo, porque aun no, se haya legislado un hecho que en su mundo progresó pasando por una ley opresora de la materia y allí inspira lo que sabe les ha de hacer progresar.

En esos viajes y estudios se ilustran y progresan y se fortalecen y reciben instrucción de los maestros de los mundos a donde llegaron, en la mecánica, en el gas, el vapor y la electricidad, como en la química, la física, la astronomía y todo lo que es capaz cada uno de los errantes y todo por deber; y por deber y afinidad, sois siempre atraídos por su mundo, al que quieren, a los misioneros y maestros que en estado de espíritus están y les dan cuenta de lo que cada uno aprendió y todos reciben esta consigna: «Estad atentos a la llamada.” Y la llamada la hacen los misioneros y maestros, cuando la esfera de las evoluciones marca la evolución en el progreso de la tierra, y los errantes que les pertenece enseñar aquel progreso evolutivo de su mundo, encarnan; y al llegar a la edad competente, cada uno dará un nuevo invento, una ley, una ciencia, o descubrirá una incógnita en la química, o la física; en fin, dará cada uno lo que pueda dar y habrá para ello encarnados, misioneros y maestros que los encaminarán o dan solución a sus ideas que muchas veces no pueden desarrollar ellos mismos, o porque no los corrigieron en sus defectos en la niñez, o porque una injusticia de los supremáticos y «Negros de hollín» les estorbó, o por muchas otras contingencias de la vida social errada; pero entonces el misionero y maestro habrá planteado la idea para que no muera y el idealista desencarna para volver enseguida en posición conveniente para no errar; pero esto ¡los hace sufrir tanto! que necesitan la ayuda más grande de los maestros y la tienen.

Los misioneros y maestros, son los directores del mecanismo general de la vida de los mundos y, (en general) son los guías de los viajeros errantes y están unos en espíritu y otros encarnados. Pero el maestro investigador (o juez y legislador) desde que un mundo lo recibe de otro mundo y por orden de los consejos del Padre, ése está más tiempo encarnado que desencarnado y ordena en ley, los movimientos de los misioneros que dirigen las masas y preparan los caminos, explicando y predicando la ley del investigador, y con él consejeros de los consejos del Padre que los dirige el Espíritu de Verdad, los que, para la tierra, como para todo el plano primero, están en el mundo central Sión, o Sirio, como lo llama la astronomía.

En suma: que de todo lo expuesto deduciréis claro que, encarnado puede el espíritu corregir y dominar los instintos; pero éstos no se dominan con leyes impositivas ni prohibitivas, sino que se dominan únicamente (por ) la hartura, por la saciedad, en lo que tiene el instinto la convicción de que, no le puede faltar su ley natural de la que vive y es efecto; y sólo encontrándose satisfecho es cuando se rinde a su alma para formar una página de sentimiento, de conciencia y entonces sabe que, cada instinto es parte integrante y complementaria del alma, y que ésta, por ese hecho real, no es el más ni la ley, sino el espíritu, que disfrazado en aquella envoltura dirigió toda esa, estratégica campaña, para espiritualizar, perfeccionando a cada instinto: y es así como se ve el hombre trino y empieza a ser sabio.

Mas por trino que sea el hombre, por sabio que sea el espíritu al encarnar tiene el peligro de la materia, imperfecta siempre, y por esto prepara su vida de cada existencia con una infancia, para que sean corregidas las inclinaciones de la materia nueva que se crea, para extraer esencias y ejecutar obras de progreso y depurar cada vez más los instintos de su alma hasta el infinito; y en esa forma, el espíritu consigue espiritualizar la materia, como le está mandado por la ley de la vida, y todos lo consiguen con el tiempo eterno, y solo por la continuada reencarnación, en infinitas existencias, en infinitos mundos, como está prevenido en el testamento de Abrahán cuando dice: «Los mundos son infinitos y el hombre ha de vivir en todos los que existen; pero la creación sigue y no se acaba”.

Las inclinaciones de cada instinto son naturales y las encontramos bien relacionadas en los tres reinos anteriores al hombre, cuando vemos que cada cosa busca su centro de vida o gravedad; por cuya ley se forman de los yones, las moléculas; de éstas los átomos, que por la misma ley se mueven y forman los mundos, y en éstos se reúnen en núcleos familiares los animales, los vegetales y los minerales, debido a su magnetismo afín pero que se repelen los iguales por la ley de la vida; es decir, porque los iguales no pueden engendrar otros seres, y así, de esa repulsión congénita, nace el movimiento característico y sólo puede procrear lo homogéneo con lo homogéneo; y no es ley, ni posible, que engendre el toro con la leona ni otro alado aéreo ni en un pez hembra, ni haréis producir fruto del olivo en el peral, o viceversa, porque cada uno tiene funciones y componentes hetereogéneos peculiares y diferentes.

Pero, en cambio, el toro u otro animal, puede engendrar en cualquier ejemplar hembra de su especie, aunque parezca y sea de diferente familia; y el olivo u otra planta por el injerto, progresará y dará fruto sobre la raíz de otro homogéneo; pero es necesario que exista un macho que la fecunde en su polen, y el viento y las brisas son el vehículo que lleva los gérmenes de producción en el reino vegetal para los arbustos y el agua y la tierra para las hortalizas y gramíneas en general, y no recibe el almendro más que de su homogéneo el polen y cada especie lo mismo. De este incesante movimiento por la atracción de los homogéneos, resulta el movimiento universal de todas las cosas heterogéneas (en sus funciones, formas, constituciones y productos), pero una misma cosa es la materia prima etérea, donde todos toman su magnetismo para que, al asimilarse por la depuración y por el trabajo, que va purificando lo más rústico, lo que compone la forma visible de la vida, todo lo disgrega en sus formas, para adquirir otra de la misma especie, pero progresando, hasta que llegue a no poder encontrar aquel principio vital-etéreo, material, con que formar un cuerpo visible; es decir; materia rústica, que es lo que constituye los cuerpos; y entonces, aquella especie, ya no tiene en ese mundo más que hacer como entidad y pasa a formar parte del alma humana, en la que ha de continuar formando cuerpos humanos, que es la corona de la creación y el fin de la creación, porque los hombres sólo pueden perdurar, agrandando la creación, creando mundos, por el poder y sabiduría. de su espíritu único y exclusivamente.

He aquí expuesto concisa y claramente el proceso de la vida, cuyo concepto han de tener los hombres en su primer grado de civilización por el cual han de empezar a estudiar los conceptos de la vida, que no les era dado comprender hasta ser trinos, y que no podían estudiar sin dar cabida a la vida y acción real del espíritu, ejecutor único de las formas y los cuerpos, que demuestran la vida que apreciamos.

Estos conocimientos son la profilaxis de la vida del séptimo día en que la humanidad ya entró, aunque no haya podido percatarse de ello el hombre; porque aunque la ley cumplió sus fines el hombre estalla envuelto en sus errores de los seis días anteriores de su dualismo y era necesario que los vientos llevaran el germen y lo depositaran en el polen; es decir, en el sentimiento y alma; y ese viento es el espíritu, que sopla la inspiración del progreso; pero es justo que tarde algún tiempo en creer por convicción de dónde viene ese viento; y al efecto, un misionero, Jesús, dijo: «Oís el ruido y no sabéis de dónde sopla el viento”.

Como ahora, ya os queda dicho en toda verdad y caridad cómo se refunden todas las especies en el alma humana, nadie puede negar (aunque la duda exista en algunos) que el hombre es la realidad del arca de Noé y así el resumen de lodo la creación; y es fuerza que comprendáis cuánto habrá de luchar el espíritu para purificar (hasta ( )espiritualizar) toda la materia de un mundo; pero no os quepa duda que, el monstruo rinoceronte y el intrépido león, como la vanidosa serpiente y la inocente paloma, ha de encontrarse su especie espiritualizada en el alma del hombre, con sus instintos vivos y viviendo su ley, natural, que jamás puede eliminarse, porque en el libro de la vida están inscriptos; y en la creación lo que una vez fué ya no puede ser que no sea...¡Y pensar que todo esto lo contiene el débil cuerpecito del recién nacido infante! ¡Y saber que todo ese inmenso arsenal de los tres reinos se encierra en la matriz de la mujer, que se convierte por la acción del hombre su homogéneo, en planta universal de todos los seres movientes e inamovientes, al igual (aunque microscópicamente), al infinito universo, cuya placenta única es el éter, que todo lo baña y todo lo encierra ¡...

Esto, rompe( )es cierto, todas las potencias del hombre dúo y lo hace entrar en la categoría del hombre trino, y no sabe si llorar o reír; pero al fin llora y ríe a la vez y cuanto ve en la singularidad lo ve tan pequeñito, que necesita recurrir a la gran metafísica de los hechos de cada átomo y usar todas esas leyes metafísicas y naturales, para poder apreciar en algo un mundo, que le creyó que era todo un universo y resulta ahora un diminuto átomo del gran cosmos, porque ve que un solo hombre tiene el poder y el mandato de extraer todo su valor y compensar todo su valor en luz y potencia, que lo encierra en sabiduría su espíritu, en el alma y de ella se viste. He ahí todo lo que encierra, en lo material cada infante que nace en el mundo y todos nacemos y todos somos esos infantes, que nuestro espíritu se prepara para ascender al grado de hombre, en cuya infancia pide y requiere de sus padres la corrección de sus inclinaciones anímales, porque en cada existencia (digo repitiendo) ha de dominar los instintos de la nueva materia y ha de corregir alguno o algunos de los que viven en su alma dominados, porque por ley y justicia, conservan un remanente de su inclinación, para demostrar eternamente las funciones de la especie; lo mismo que la dínamo conserva el magnetismo remanente, con el que al ser puesta en rotación engendra las líneas de fuerza, que han de establecer la corriente por su impulsión y repulsión en el éter, por el que atraviesan, sin el cual, la dinamo dará vueltas, pero no dará luz ni fuerza; ni el éter mismo, sin la excitación debida de las líneas de fuerza ocasionadas por el remanente magnético de la dínamo no dará efectos, porque no están equilibradas, y por tanto tendrá que reunir las causas que deben originar el efecto. Sabéis, pues, ahora, lo que se encierra en el infante que recibís; y sabéis también, que es ley de justicia que cada instinto conserve la libertad de acción en su ley natural y que, como es justo, en estado de espíritu, esos instintos, como no son hostigados por los instintos de su especie que viven en la tierra, viven en la paz con sus heterogéneos y cumplen su ley en la máxima ley de amor, formando las armonías de la creación, en el estudio del gran principio que el espíritu hace de todos esos trofeos alcanzados en las luchas humanas; esto, lo mismo que lo que hace el Éter que rodea la dínamo, está en calma, vitalizándolo, todo, pero sólo en ley natural; sin demostración tangible y visible, hasta que la dínamo se pone en movimiento y, revive sus instintos, su magnetismo y hiende y hiere al éter con sus líneas de fuerza y aparece la corriente convertida en luz y calor, por la unión de los esfuerzos, por el engendro hecho por el trabajo.

Antes, en el reposo, ni el Éter se manifestaba, ni la dínamo era más que materia indefensa e indefinida; establecido el movimiento puesta, en acción la vida, por el trabajo, engendra nueva vida y vida tangible y visible, porque al moverse la dínamo, provocó la vida pasiva o natural del éter; y éste, que no puede dejar de bañar todo y llenarlo todo, hasta un mil millonésimo de milímetro; y la dínamo, que al moverse dice: vivo yo para demostrar vida, infiltra sus líneas de fuerza en el vivo, aunque impalpable éter: y ese voy y vengo incesante de esas fuerzas homogéneas, la una pura, etérea; la otra abrupta, ruda, material, extraída de la tierra en sus minerales por la rotación que es trabajo, se entra de nuevo en la placenta pura de la que procede, y se asimila a su primer estado, pero purificada de las escorias, a las que, por metamorfosis infinitas, dió valor creativo; con lo que se unieron los homogéneos minerales que constituyen el cuerpo de la dínamo que nos representa a los hombres en el progreso alcanzado, pasando por infinitas infancias de muchos mundos; y así seguiremos eternamente, agrandando la creación, manteniendo constante el movimiento para demostrar la vida, brillando más nuestra alma cada nueva metamorfosis; es decir, cada nueva existencia; porque más se purifica y es cada vez más transparente y deja salir más cantidad de luz del espíritu en ella encerrado.

Sabéis, pues, ahora, en toda verdad que, al encarnarse el espíritu, es ponerse en contacto los infinitos instintos dominados que viven en el alma, con los instintos vivos en la vida natural de los tres reinos; y esto demuestra demasiado claro, que ha de establecerse una corriente, aunque armónica y simpática, de lucha, y que los instintos dominados, como se engolfan en los que se han reunido en el nuevo cuerpo y éstos aun no, reconocen más que su ley natural que nadie les puede prohibir, y sin saciarse en su ley, no se pueden corregir, porque la saciación ( ) es imperiosa, e ideó el espíritu la infancia, en la que, por falta de fuerza bruta o animal, puede el instinto dominado asimilarse a su homogéneo que encontró en el nuevo cuerpo, y le será fácil, si al demostrar su inclinación siendo infante, sus padres saben enderezarla hacia el progreso; o luchará terriblemente y hará una existencia desesperada, si no se encaminó bien al infante, educándolo ya, desde los pechos de la madre, la que, si oyendo la inspiración sabe de dónde sopla el viento, en su leche, por las venas de su sangre, hará circular los sentimientos que el infante mama, y de aquí dependerá la mayor causa de su vida de hombre, que le dará mayores o menores luchas, porque el espíritu (es cierto que cono tal conserva su luz, su poder y sabiduría), pero en la justicia, que debe primar en él, tiene que envolverse en el alma y opaquizarse con esa nueva materia, armonizando, su poder con la debilidad del infante. Esto es de la más alta justicia y sabiduría y es necesario que los padres lo sepan y lo tengan en fruición; sin cuyo convencimiento, no pueden llenar su santa misión de padres, y acuso de esto ante la justicia divina a todas las religiones, que mantuvieren por la malicia en la ignorancia a los hombres; porque sólo siendo el hombre ignorante y no dándole derechos iguales a la mujer, podían vivir ellas y por ellas ha sufrido el hombre equívocos y fracasado cada espíritu muchas veces en sus pruebas como hombre.

Cuando ya muchos espíritus habían triunfado de la ignorancia y empezaron los hombres a ver la grandeza de la procreación, aparece por amalgama y traición y con nombre apócrifo, la mala dada religión católica, que por dogmas y teologías irracionales, declaró inmoral y peligroso el estudio de estos grandes capítulos de la sabiduría, eterna, llegando hasta la consagración del celibato y del voto de castidad; lo que significa renegar de la ley de procreación y es decretar la desaparición del género humano, agregando a esos absurdos los más terribles prejuicios a las madres, hasta declararlas manchadas, por el hecho de haber dado un ser de sus entrañas, y se las obligó a creer que tenían que purificarse si habían de entrar en un templo católico, donde jamás debió entrar la mujer ni el hombre; y la ignorancia; las malas artes, los medios ilícitos de burlar la procreación, la prostitución, la traición o infidelidad, ni el, infanticidio, no hubieran aumentado al grado verdaderamente escandaloso que llegó hoy, en vez de haber desaparecido, si a la mujer, desde niña, se le hubiera enseñado lo que representa, la concepción, el parto y el cargo de ser madre; porque entonces, la madre daría por sus pechos justicia y amor por virtud, y valor y trabajo por ley material; y el bienestar y la paz habrían reinado, en vez de la guerra que encharca el mundo de sangre y el hambre que reduce a la inacción desesperante hoy a toda la humanidad, estando ya en el año tercero de la nueva era de la verdad: por lo que, sea anatema contra la causa de tantos males.

La corrección en el infante, es muy dulce para el espíritu., pero no pede ser provechosa más que hasta cierto punto, porque, cuando ya el niño empieza sus juegos y travesuras, todo lo olvida en cada momento; pero la constancia de la dulce corrección de una inclinación peligrosa, hace que se grabe en él la idea de que le puede ocasionar dolor; pero el castigo corporal, lo hará temer, más no lo corregirá, porque le entrará el cálculo; y tan pronto verá que se evita el dolor, obrará la travesura sin discernir el dolor que causará a los intereses de otros niños: en este caso hay que observar si se complace en aquella acción; en cuyo caso hay que extremar el remedio, porque luego esa inclinación se convertirá en pasión y premeditará su comisión a espaldas de los padres.

El ejemplo, sobre todo, es la corrección que hace verdadero provecho; y el niño no debe ser abandonado a su libertad en los juegos con otros niños, porque se suman las inclinaciones de cada uno y hemos registrado por este hecho, hasta crímenes que sólo son capaces los ya hombres; pero que sumados los instintos de varios niños, han sido lo suficiente fuertes y astutos para consumarlos. ¡Y aun no han comprendido los hombres la causa de tales precocidades, que no podía ser la débil materia, infantil!

Mas bajando a la metafísica del estudio de los padres, podríamos ver que, aquella semilla radica en ellos y no la arrancaron a tiempo, ni la ocultaron al infante que, por sus ojillos inocentes graba en su alma, reavivando en él aquel instinto que con precocidad se desarrolla.

Desde que hubo la concepción, debe se el padre muy circunspecto en no provocar en la madre, iras, odios ni venganzas, ni pasiones irracionales, ni excitar el sistema nervioso, ni obligarla a esfuerzos exagerados; y ella, la madre, debe saber que ya no se pertenece sólo a si misma sino al que por amor o por justicia se encerró en sus entrañas, y debe reconcentrarse muchas veces, como procurando hablar al que crece de su sangre; manifestarle con que grande amor lo espera, y las alegrías que causa el tenerlo en su regazo; y el encerrado, todo lo oye y lo anota y nace con alegría, si alegría se le brinda, y enardece el amor que viene a dar si de amor se le habla y amor se le prepara; y este preliminar tan grande e importante, pocas; muy pocas madres lo han hecho, por ignorar hasta lo que es ser madre, en lo espiritual, y sólo saben lo que es ser madre, en lo material, y aun esto no todas, hasta después de uno o más partos, que la naturaleza, en su rudeza le da lecciones que debieron darle en los colegios desde niña; por lo que, la generalidad, llegan al tálamo nupcial, acaso con un gran depósito de equivocadas precauciones de goces varios indignos, y, al entendido recato, o por el contrario, con un arsenal de malicia, porque buscaron en su unión una conveniencia, si no imperó una venganza; pero en la generalidad, sin conciencia del acto divino que debían celebrar y lo convierten en un acto brutal y material; porque en muy pocos casos imperó la inocencia pura de la materia, acompañada del verdadero sentimiento en el alma y de la conciencia descubierta del cargo de madres, que aquel acto les da, lo que, lejos de aminorar los justos goces del matrimonio, los acrecentaría, porque todo su ser cooperaría, armónicamente, lo que no puede ser cuando hay reservas, malicias, prejuicios, o ignorancia.

Por esto se quiere, se manda, se exige, que desde hoy se les descubra en su desnudez todo lo que representa el patriarcado y el matriarcado a los seres de los dos sexos; desde el uso de la razón: porque habiendo sido enderezadas las inclinaciones por los padres desde infantes, no temáis nada en las juventudes de lo que hoy sucede, que realmente es escandaloso y quedan impunes para las leyes escandalosas, e infinidad de crímenes que provocan.

Voy a cerrar mi capitulo, deshaciendo un error científico que existe, sobre vicios y enfermedades e imperfecciones hereditarias; que, si es cierto que se heredan, no son en rigor como lo quieren entender las ciencias Ética, Biológica y Fisiológica; pero materia tan importante merece un párrafo aparte.

PÁRRAFO SEGUNDO

El niño hereda en su materia de la madre

El primer Anciano, en su capítulo «La concepción» y en el punto tercero, nos ha dicho el mecanismo del acto y queda divinizado; porque sólo por ley divina es operado.

Como es realmente la concepción así resulta que, el varón, como materia, sólo lleva a la matriz de la mujer, el microhombre que de antemano el espíritu que ha de encarnar, depositó en el cerebelo de su progenitor, porque él es la llave que puede, abrir el arca santa ó matriz de la madre donde él ha( ) de entrar y desarrollarse y hacerse en 275 días, tomando únicamente materiales de la madre y luego de nacer los seguimos tomando por sus pechos.

De la porción seminal del hombre que ascendió para ser vehículo del microhombre en el acto de la concepción, nada queda; porque en el óvulo sólo cabe el microhombre el que, una vez encerrado en él, se entra en el claustro materno o matriz, donde no puede recibir alimento de su padre; por lo que no puede ser que el feto se desarrolle más que con alimentos de la madre.

No quiere decir esto que el microhombre no pudiera recibir defectos físicos, vicios morales y aun enfermedades de su padre, puesto que vivió algún tiempo en su cerebelo. Pero lo que recibió es el carácter, que tendrá cuando hombre; y como el cerebelo o centro vital, no es la parte que en general se arraiguen ni existan las enfermedades y vicios del hombre, porque es la parte más pura y más frecuente renovada por su propio espíritu, tenemos un millón contra uno de motivos para asegurar que, el microhombre, durante su estada en el cerebelo de su padre, no recibió enfermedad; y como su paso por la médula y uretra en el acto de la concepción es tan rápido como el pensamiento, es motivo (que en ese instante tan corto y por añadidura protegido por el mismo espíritu que encarna), es motivo, digo, para asegurar también que no hay tiempo de contagio; además que su rápido movimiento engendra un calor de muchos miles de grados, capaz de quemar todo microbio morboso; por lo que no hay temor en asegurar que el microhombre no se infectó en enfermedades de su padre hasta ese supremo instante de encerrarse en la matriz de su madre.

Mas, en cambio, el feto recibe todo lo que hay en su madre porque ahora ya está la dínamo en acción, e infiltra sus líneas de fuerza en todo su organismo, que, por ley tiene que mantener la vida de aquel ser y es la dínamo y el éter que engendran la corriente hasta la saturación, en que aparecerá la luz; es decir, en que se expatriará del claustro materno hecho forma de hombre o mujer, según la justicia; y ese cuerpecito, es justo que sea carne y sangre de la carne y sangre de su madre, y que ella arrastre vicios, virtudes, defectos y hasta pensamientos de la que se nutrió y ahora se nutrirá aún más por los pechos, por las miradas, por los besos y por el fluido a su contacto. Analizada la carne y la sangre del infante con la de sus padres, sólo habrá similitud con la carne y sangre de su madre que, hasta que se alimente de los alimentos no digeridos por la madre, entonces ya variará y no se encontraría la misma similitud; pero ya lleva en sí todo lo que, su madre le diera en la matriz, que no es general tampoco que prevalezca, porque la alimentación lo modifica; el espíritu renueva su cuerpo en cada período de su vida, pero hay casos en que prevalece, muy pocas, pero los hay y han servido de base a las ciencias para romperse la cabeza buscando antecedentes de una enfermedad por los grados consanguíneos, hasta más allá de la octava generación; lo que es el mayor error que pueden cometer las ciencias, porque las familias no se constituyen dos veces igualmente en toda la eternidad: eso sería injusto y contra la ley de progreso y no le puede consentir la ley de afinidad, que rigurosamente exige, que cada individuo hombre esté ligado con lazo familiar consanguíneo con todos y cada uno de sus semejantes, hasta establecer la más absoluta universal familia ascensiva.

Juntar familias de contados seres, sería retrogradar el progreso y, poner vallas al amor universal; y esto no cabe en la ley.

Mas para la profilaxis de la vida corporal y para curar sus enfermedades, no penséis, ni busquéis causas fuera de la actual generación, porque no pueden existir; porque cuando sepáis la metafísica del espíritu, veréis y sabréis que vuestro abuelo vivió en otra, existencia en otro confín del mundo del que vosotros actuáis y quizás esté ahora encarnado siendo hijo de un enemigo, al que por ley y justicia divina tiene que amar. Estudiar una enfermedad; perseguirla para evitarla con una verdadera profilaxis; y si aun así se produce, estudiar sus semejantes naturales y por aquel mineral o vegetal que pueda producir esa enfermedad que estudiáis, por él es seguro que la curaréis y habréis dado un paso seguro en el progreso de la naturaleza; no hay por qué perder el tiempo en buscar, antecedentes anteriores (a) la familia en que actuáis, porque estad seguros que es un error; y además, sabed científicamente, que la carne, la sangre y los huesos y hasta el pelo, se renueva a cada momento en cada cuerpo, y no es el cuerpo del hombre ya maduro, el del mancebo fogoso, ni éste el del niño, ni éste el( )del infante y aun hasta cambian de fisonomía, de carácter y hasta de hábitos morales.

Hay otro error no menos grave, que ha ocasionado algunas terribles consecuencias: el parecido de los hijos a los padres.

Entre, miles de casos delictuosos cometidos por ése egoísmo brutal, tanto como de ignorancia, sabemos el de una bellísima mujer, con sus guedejas doradas y su carne alabastrina, rosada; moral y recatada por virtud natural y de modales tan dulces, que eran bastante premio su belleza y cualidades para los sacrificios de un padre honrado y consciente de la vida y del progreso general. El padre, también blanco y hermoso ejemplar masculino progresado y, sin embargo, la rubia dio a luz en su primer parto, un hijo casi retinto en negro. El acto del natalicio fue tal duelo de familia y las lenguas impúdicas quisieron manchar el honor del padre y la dignidad de la madre, que casi fue abandonada por tan grave delito, hijo del error científico social, por el egoísmo criminal humano.

Metafísicamente, lo que hay en este caso, es un acto de la inflexible justicia, que nada queda sin cobrar ni pagar. Ese infante, en otra existencia, había sido esclavizado siendo blanco por esos padres que eran negros africanos, y ahora aparecían con los papeles cambiados, con la añadidura de ser su hijo, para que lo amaran siendo negro, ya que ellos, siendo negros, lo habían esclavizado y odiado siendo blanco.

La justicia no descuida nada, aunque los hombres no la comprendan. Operó en el parto, por fortuna, una profesora que conocemos y su espíritu, viejo y sabio, aunque malo y con conocimiento del Espiritismo Verdad; y ante( )la frialdad amenazadora que vió por ese natalicio para la bella madre que conocía desde niña, le hizo revelaciones de la justicia de la reencarnación; pero la madre, que no sabía de estos principios, sólo decía: «Sí, eso es muy justo; pero los padres quieren y creemos que los hijos tienen que parecerse a sus padres y bajo esa creencia se da pie a mi infidelidad, y yo, por más que jure no seré creída y es mi desgracia; pero es mi hijo y lo quiero y lo querré, por todo lo que no lo quiera su padre y mi esposo que en una mirada, ya me ha acusado»

Por más que la partera comprendía la razón y la causa original, que no era otro que un acto de justicia, la piedad por aquella mujer, la hizo qué se presentara al padre de la parida y le pidió detalles de sus antepasados; y cuando no tuvo más datos, no apareciendo en sus antecedentes un hombre negro ni en los de( ) su esposa, casi se inclinaba a creer en la infidelidad de su hija; pero ¿dónde? ¿cuándo había tenido ni amistad lejana con un negro? No la había habido.

Entonces esta partera llegó a ver al abuelo del esposo de la rubia y padre del niño negro y llegó a saber que su abuelo es decir, el tatarabuelo del niño negro, le contaba qué su cuatarabuelo tenía un cuadro con un retrato de un abuelo que había sido negro y un gran dignatario o cacique del África, cuyo retrato debía encontrarse en casa de un hermano que había heredado aquel museo, y al fin aquel retrato vino a las manos del desdeñoso padre del niño negro, y creyó encontrar facciones y parecido por ese error científico, bien aprovechado por la partera sabia espiritista, y puso paz. El padre aceptó, al hijo y se excusó ante la esposa, y aun la partera, al despedirse y conteniendo su risa por tanta ignorancia, le decía al padre, presentándole al negrito, « figúrese que es el mismo del retrato; porque yo sé que vamos y venimos, pero vivimos en todas partes». El hecho ocurrió en Granada.

El parecido de los hijos a los padres es en la mayoría de los casos; pero obedece al deseo de la madre más que al del padre, y más bien es un acuerdo celebrarlo telepáticamente entre sus espíritus; es decir, que el deseo de la madre es que los hijos se parezcan, al padre, primero; luego a ellas; más adelante a sus abuelos, y en general suele ser así, cuando no hay actos de justicia que cumplir.

Para el caso obra la( ) inteligencia telepática, entre el espíritu que ha de encarnar y el de la madre y el padre (aunque éste no siempre), porque él tiene el encargo de abrir la matriz, pero el molde no es de él, ni puede operar en él; ahí sólo el espíritu que ha de modelarse su cuerpo obra; y cuando no hay un acto de justicia por medio, modela sus facciones según el deseo de los padres; pero impera siempre una imagen que en el pensamiento de la madre se fijó y grabó, aunque no la haya visto nunca, y esa imagen acudió al pensamiento o mente de la madre en el acto de la concepción que el espíritu a encarnar ve y copia, y aun acaso sea él el que atrajo esa imagen, y le servirá de modelo y a ella se parecerá en su físico.

Por esto suelen decir de alguno de sus hijos: «Este no se le parece a nadie de nosotros.Ya sabéis ahora en qué estriba el parecido; y cuanto más deseo tendréis de que vuestra imagen se retrate en vuestros hijos, más lo conseguiréis (no habiendo un acto de justicia); y para eso meditad mucho; pensad bien en el acto de la concepción y que estén juntas vuestras almas y pensamientos, como están vuestros cuerpos en aquel solemne momento. Puse esto punto, porque muchas veces están juntos los cuerpos, y no lo están el pensamiento, ni el alma; y nadie podrá levantar la mano protestando de esta() aseveración.

¿Y queréis que vuestros hijos tengan vuestro parecido, cuando estáis con el cuerpo juntos y estáis pensando hasta voluntariamente en otro hombre o en otra mujer? ¿Qué hay aquí como causa para este desvarío? En el «Código de Amor» está esto puntualizado; allí leedlo y romper esas causas que originan ese efecto mil veces funesto; porque si en ese acto hay concepción, no sólo el parecido físico será de aquel o aquella en que se piensa, sino que se le parecerá hasta en su ser moral; y esto también es causa, las más de las veces, de una concepción doble y aun triple y cuádruple, y se le puede decir a los que los tienen: «Vosotros lo habéis querido; sufridlo» Resumiendo todo este capítulo diré: que la corrección de las inclinaciones, ha de empezar desde los primeros momentos de la vida; pero no es; posible ni provechoso establecer, un régimen obligatorio, sobre una gran lista, de defectos que sé podían catalogar, porque; por extensa que ésta fuese, encontraríais inclinaciones no catalogadas, porque en cada instante, el infante es influenciado por un ser( ) extraño y descubre una inclinación nueva que no le es peculiar.

Para esto, los padres han debido ser bien instruidos en las ciencias Ética, Biológica y Fisiológica y conocer lo esencial de la frenopática, pero teniendo como pasto ameno de lectura, la naturaleza y la zoología, y como cátedra perenne El Espiritismo Luz y Verdad, y por norma, la única ley y suprema «El Amor»

Mas no pretendáis corregir ninguna inclinación con la prohibición absoluta, o lo que es más lamentable, llevando la contraria de inmediato, porque es poner frente a frente dos rivales, y en vez de corregir despertaríais el antagonismo, que es precisamente lo que esencialmente ha de quitarse por el método más dulce y racional posible, para que quede satisfecho el espíritu vencido, y en vez de antagónico; sea un auxiliar; porque la verdadera sabiduría no estriba más que en este sano y alto principio: «Sacar bien del mal y tornar del mal el menos”

Los antagonismos se matan lo más fácil con un poco de buen criterio, haciéndose y preparando las cosas de manera y modo que para las mayores necesidades de la vida, se sean necesarios el uno al otro las dos antagonistas, de modo que vean y comprueben los dos, que no pueden prescindir el uno del otro; para eso tienen los padres que imponerse un sacrificio, que es pequeño, pero doloroso, y consiste en que, cuando el infante (niño o adulto) manifiesta la afición a tal o cual cosa, sea esta precisamente la que encuentre siempre a mano como por casualidad y sin que se imponga; pero debe saberse que ningún daño moral ni material puede ocasionar; y viceversa, se operará con aquellas cosas a las que ciega, o irresistiblemente se inclina, y sin negárselos rotundamente, deben alejarse gradualmente y aun ocasionarle con ellos algún pequeño desencanto; porque de todas las cosas el hombre ha de usar por la utilidad y no por lo agradable, inculcando esta sabia máxima: «Es preferible lo útil a lo agradable»

Con esto y la inculcación llevada al ejemplo de que, todos a todos nos servirnos ineludiblemente y que nada hay fuera de la ley de hermandad, en la que todos somos hijos del mismo padre, está sembrada la verdadera semilla y estará abonada para dar verdaderos frutos por el sentimiento, cuando en los pechos de la madre y las caricias y arrullos de su progenitor en cuyas miradas debe, poner el mayor cuidado en que sean comunicaciones telepáticas, de dignidad, de majestad de sobriedad, de humildad sin servilismo, de trabajo, de progreso y sobre todo de rectitud de intenciones; porque todo ello queda grabado indeleblemente en la sensible placa del alma, del niño que, como disco bien impresionado, lo repetirá como el fonógrafo en todos los actos de la vida; y el padre que así cumplió, podrá decir satisfecho: «Vivo yo en mi hijo y mi hijo vivió en mí» Y yo el Quinto Viejo, deseo que todos vivamos en el Padre y que Él viva en nosotros comprendiéndolo nosotros.