CAPITULO CUARTO DE "EL ESPIRITISMO EN SU ASIENTO" COMO ES NECIO NEGAR EL ESPIRITISMO

Negando y afirmando, la verdad, no deja de ser; pero el que niega la verdad, más tarde o más temprano descubre ésta y ve que fué necio, en negar lo que no comprendía. Así sucede, con los que sin comprender el espiritismo, lo niegan; son necios que se niegan a sí mismos, y luego suelen ser cobardes, que no quisieron rasgar el crepúsculo y por no confesar su ignorancia, prefieren la incertidumbre de entre dos luces.

Pero ¿quién burla a la ley? No lo hay, como no hay quien detenga al progreso; la ley llega y "como un ser sin entrañas; como un terrible inmenso rodillo, todo lo aplana y no oye lamentos, lágrimas ni clamores"; ella es sólo la ley y a todos los somete; al pasar el rodillo, unos se destrozan en su conciencia y otros cantan himnos sobre el terreno igualado y, la ley sigue impertérrita, severa, sin inmutarse en su incesante carrera, diciendo siempre: "volveré" .

Terrible advertencia, pues vuelve sobre cada conciencia en todos los instantes de la vida y sólo sufre el necio; el que ha sido muchas veces pisado y avisado y no quiere ser prudente encendiendo su luz de acatamiento a la terrible Justicia, y, otra vez es pisado, aplastado con tortura y lo seguirá aplastando, hasta que deje de ser necio.

A la ley no se le dice "soy la supremacía", "soy la dignidad", "tengo fe"; la ley, pide obras de Justicia; todo lo demás, es necedad e injusticia, solo las obras recoge la ley, en testimonio de su reconocimiento. Sólo las obras hacen fe.

La ley es omnipotente y obra por el omnímodo mandato del gran Eloí; la ley no es otra cosa, que la acción unificada del cumplimiento del deber, en solidaridad de todos los espíritus del infinito universo, cuya autoridad inflexible es el Creador, su Padre, que marcó un punto en cada espíritu y en cuyo punto, su progreso, ha de encajar justo en el engranaje de la inmensa rueda de la armonía; de cuyos engranajes, sólo puede librarse y se libra de ser aplastado todo ser que al pasar igualándolo todo, encaja en sus engranajes; y si no encaja, lo pisa y sólo él sufre la pisada; verdad que a otros les hace sufrir con sus quejidos y les hace injusticia a todos, porque desequilibra la balanza, no poniendo productos de armonía y beneficio al ahorro común y esto, en su día, dará origen a reclamaciones y ese es el día del llamado juicio final.

Si véis salir y ponerse el sol; si véis sembrar y recoger las cosechas; si vivís vosotros y aún engendráis otros seres, ¿podréis negar la vida con razón? ¿qué diríais del que viviendo esta vida, él mismo la negara? Lo llamaríais necio; pues no es menos necio el que niega el espiritismo; es, además de necio, ciego y sordo a su misma voz: pero hay casos no sólo de necedad e ignorancia o imbecilidad, sino de malicia y esto es ya, locura furibunda, que obliga a la ley a ponerles camisa de fuerza, aplicándoles la Justicia y sacarlos de la tierra para llevarlos a la morada de sus iguales; he aquí un caso de Justicia de las palabras escritas por Moisés y sostenidas y repetidas por Jesús, como amenaza de amor: "Con la vara que midieres serás medido".

Los locos verdaderos, trataron de locos a los cuerdos que quisieron rasgar el crepúsculo y no era más sino que les dañaba la luz, porque sus retinas no podían soportar más que la semi-luz de la noche y con esfuerzo, por su halago, la primera línea tenue del crepúsculo, que es la inmortalidad del alma, que aceptaron pero en la inacción; en el infierno o en el cielo, el capricho de los locos.

Sí, hasta ahí podían resistir; hasta el nacer del crepúsculo, porque los convida al goce, bajo el tenue blanco azul; pero en cuanto empieza a tomar las tintas de púrpura y oro que anuncia trabajo y lucha, buscan la topera y desde allí escupen el veneno inficionando el ambiente y es justo que llegue el fuego purificador a sanearlo y poner remedio al mal que sólo es quitar la causa; de otro modo, no pueden desaparecer los efectos y llega por última vez la gran rueda para que entre en sus engranes el que sea capaz de trabajar y el que no, es barrido de la faz de la heredad que deshonró.

Es terrible la medida, pero es la hora de la recolección, de la clasificación, del reparto de los frutos; y el que sólo sembró piedras de escándalo, no ha de esperar recoger más que tempestades; esas no han de suceder ya en la tierra, ni aún atmosféricas y así, la misma ley, lleva a los negadores donde la tempestad es su armonía, porque, la casa del padre es tan grande y tan completa, que tiene habitaciones para todos los gustos; hasta para los necios y los locos, donde se recluyen ellos mismos y, cuando ellos invoquen la ley, la misma ley los recogerá; entretanto, el espíritu (que hasta en aquellos pisos bajos de la Eterna casa vive) les recordará en su dormida conciencia, quieran que no, porque domina y reina en todo el universo infinito; la culpa es de ellos mismos que lo niegan y lo llevan dentro de sí mismos, sin poder dejar de ser: ya véis si es locura y necedad negar el espiritismo.

¿Podéis vivir como hombres sin el corazón? Pues si sólo podéis vivir con ese centro de la vida orgánica, tampoco no podréis ser hombres sin el espíritu; y si no podéis vivir sin el espíritu, porque él es la vida, ¿no es ser loco y necio negar al espíritu? Si no se puede negar el espíritu, porque vivís y sois hombres sólo por él y él es la potencia como individualidad y la omnipotencia en la sabiduría. ¿de qué le serviría eso al espíritu, si no pudiese comunicarse, manifestarse y aún disfrutar de su trabajo en los mundos, con sus afinidades? Si necio es negar el espíritu, es más necio, egoísta y malicioso, negarle el derecho de manifestarse, comunicarse y hablar con los hombres.

Mas negar o afirmar, los hechos que son así y las verdades las mismas siempre; los perjudicados son los necios; quien niega las comunicaciones y las manifestaciones de los espíritus, aunque reconozca la vida del espíritu, es negarle la acción y esto, sobre necio, es absurdo; esta negación, equivale negar al espíritu, la vida que es él mismo y a Eloí autor del espíritu y la vida.

Más aún: digo que es de obligación, por ley ineludible e inflexible, que el espíritu se manifieste y se comunique en los mundos, por las dos razones supremas de que, el espíritu es la vida y su alma la esencia del mundo; el espíritu, cometería injusticia en privar a su alma de llegar a sus afinidades que con todos los hombres tiene, en cuanto a lo humano y con los otros reinos, en cuanto a lo material o irracional, de los que lleva las esencias todas en la conciencia. ¿No sería criminal en el espíritu, como lo sería en los hombres, arrancar el niño del regazo materno, sin dejarlo llegar a ella a devolverle los besos, los arrullos y los sacrificios de haberlo concebido, encerrado en sus entrañas, exponerse a la muerte por darle la vida y desgastar su vida por dársela en sus pechos?... Así sería el espíritu de criminal si no viniera a la tierra a comunicarse, para consolar a sus afines y enseñarles el progreso; y aún incurriría en mayor falta con respecto a la demostración de la vida y acción continuada, de lo que sólo él tiene el mandato; sería oponerse a la ley ineludible y la ley hay que cumplirla por entero; faltar a uno de sus artículos, es ser transgresor.

JOAQUÍN TRINCADO.

N.B. El libro a que pertenecen estos dos artículos, está ya impreso y a la venta; vea la página II.