SÉPTIMA. NECESIDAD DEL AMOR DE LA CARNE

Este punto es de toda necesidad en los discípulos del "Método Supremo" porque el uso de la carne (o el amor carnal como lo llamáis) es también la suprema ley de la materia, por la que se perpetúa la especie humana. El celibato, es la negación de la ley y un crimen de lesa humanidad.

¿Qué sería un mundo sin hombres? ¿Y cómo habría hombres sino por la procreación, por la unión de los cuerpos de la mujer y del hombre? Toda otra argumentación con capa de virtud, es una blasfemia; es la negación de la ley y del autor de la ley, el Supremo Creador. Tal es lo que filosóficamente se deduce del examen del Celibato.

¿Tan mal ha organizado el Supremo Ser la vida y sus leyes, para que esa casta improductiva y espúrea que llamáis sacerdotal en la religión católica, quiera enmendar la creación? - Para declarar la iglesia de los Santos, de las Cruzadas y de la Inquisición, que el celibato es una virtud y un sacramento, debió primero, haber descubierto el secreto de que nacieran los hombres sin madre y sin la unión de los cuerpos. ¿No lo han hecho?

Entonces, el secreto del celibato es la destrucción de la humanidad; y sólo por esta razón esa religión, no puede vivir entre los que nacen de madre y sentenciada queda en la ley inflexible de justicia, y, cerca, muy cerca está la caída de "la Babilonia, la grande, la reina de las fornificaciones". Puede el hombre faltar a todas las leyes y si cumple la de la procreación, si engendró, es salvo.

Mas puede cumplir todas las leyes y si falta a la de la procreación no se salva, porque sólo ésta crea lazos de vida; es, pues, el celibato, contra el progreso y la armonía y sólo para la procreación, se hacen los mundos.

No hay que confundir la castidad y la abstinencia que es virtud, con el celibato que es el crimen y lleva aparejados en sí mismo todos los crímenes; y por más, desequilibra la armonía de las generaciones.

Pero como todo esto está estudiado, argumentado y codificado, sólo haré aquí exponer la conveniencia y la obligación de que nuestros discípulos, no estén solos; deben constituir su familia y procurarse numerosa prole.

En ese estado, el hombre es verdadero hombre y tiene ante sí abierto un gran libro en el estudio de cada uno de sus hijos y es realmente un preceptor con cátedra abierta, y un juez, a la vez que es un centro sol, cuyo satélite es la compañera: los hijos, son mundos de su sistema, que deben marchar armónicos e iluminados siempre por el sol; porque en su ausencia, el satélite o compañera, debe reflejar la luz que recibe en depósito del sol, su esposo, con quien fundió su alma, cuyos hijos, serán el resultado.

Aún cuando tenemos muchísimas afinidades en la tierra, la primera y mayor es la compañera, que para serlo, es porque debió llenar nuestro corazón y en ley la tomamos para formar ese sistema planetario, a la par que, para libramos de la intranquilidad, del celo y del acecho de esos "angelitos", ráfagas de amor, que se escapan en los pensamientos de muchas virtuosas bellas, que saben que su misión es ser madres y quieran que no, sueñan y atraen a su alrededor a esos espíritus que deben entrar en sus entrañas, para fabricarse sus cuerpos, ser hombres y en cumplimiento de la ley, dirigen los pensamientos de su futura madre,hacia aquel, que por afinidad puede ser su padre o debe serlo, sin importar estado, ni posición.

Aquí, amado discípulo, hay un infinito abismo de sabiduría; pero no es de un método y la obra está hecha (1) en la que todo se dice y aclara, por lo que, aquí, sólo diré (dispensadme amadísimas hermanitas). Sí, discípulo amado, seas hombre o mujer: las mujeres, son las viruelas de los hombres, por lo que es de necesidad tomar como vacuna, una, para librarse de las demás. Tomadla, pues, y cumplid el mayor precepto: "Creced y multiplicaos". ¿Fórmulas? ¿Sacramentos? La ley, sólo dice amor. ¿Os amáis? He ahí el verdadero y único sacramento, por el que os bendice el Padre.

Pero sed jueces de vosotros mismos y os enseño a serlo, porque aprendéis á ser sabios; y en esa sabiduría, el mundo puede llegar a su meta.

Un hombre sin mujer no tiene más que media vida y ésta enferma; porque, la materia en su ley, no entiende, no puede entender las virtudes en su maceración, coartándole sus funciones divinas que le son depositadas y mandado multiplicarse; y aún la naturaleza imprime a esas funciones, todo el goce y toda la atracción que tiene, para así atraer al hombre hacia la mujer, ya la mujer al hombre, a beber el néctar del amor sublime, del que nacen otros seres, continuadores de la Creación. ¿Cómo podrá ser esto falta contra alguna ley humana, si es mandato de ley divina?

Negarle al cuerpo (pobre instrumento del que el espíritu se sirve para crear la belleza, y elevar el progreso) del único goce que como pago a su trabajo le da la ley, es cometer un crimen y preparar muchos crímenes sin duda; por lo que, no se lo neguéis con injusticia, pero evitad, no cometáis el vicio, ni el abuso, porque sabéis, que los venenos matan, pero esos mismos venenos curan; todo es cuestión de sabiduría y mis discípulos, han de ser sabios.

(1) Lea "Profilaxis de la vida", donde se explica algo ese abismo. Pero en el Conócete a ti mismo desaparece el abismo.

Aún una lección suprema os quiero dar en este punto, al parecer intrincado y es más claro que la luz meridiana. ¿Creéis que algún ser puede entrar en el mundo por puerta falsa? Si alguien tuviera tal presunción, que presente un hombre no nacido de mujer y sin obra de varón; quien tal presuma, destruye al Creador, lo trata de loco, de comediante, de impostor, de injusto y, ese, no, puede ser Padre, ni Juez, ni nada, sino una fantasía, una quimera, una traición. ¿Queréis un Padre así que haga gracias y dé perdones? Yo no lo conozco: si lo conociera, lo destruiría por irracional.

Cada ser, antes de encarnar, sufre un juicio; él mismo se hace el proceso y elige padres; pide a la ley de afinidad que le prepare todas las cosas de su causa, para que pueda producir el efecto, sin cuya ley, nada se produce; ved, cómo el creador no puede producir cosas irracionales, ni hacer gracias, ni dar perdones, porque es injusticia y no podría pedir que cumpliéramos sus leyes, porque Él mismo quebraría y acabaría de ser el autor de la vida.

No, al mundo no puede entrar ningún ser por puerta falsa. Y si una mujer concibe en lo que llamamos estados de soltera, viuda, o con voto del celibato y se la señala con el dedo, es porque nuestras leyes y costumbres son antagónicas a la divina ley, a la cual se ciñen únicamente los espíritus, para ser hombres o mujeres y se ríen nuestros mismos espíritus de lo grotesco de las leyes que no se pueden cumplir.

Es la declaración de la ignorancia de los hombres, señalar a la madre sin marido y al hijo sin padre; ¿por qué no se señala al padre de aquel hijo abandonado, que bebió el néctar en la madre, fecundándola para olvidarla? Ese, ese, es uno de los que han hecho esas leyes; quizá sea un juez, un cura; pero en todo caso, es un hombre que no merece tal nombre; es un animal, que sólo vive del cuerpo.

La mujer que concibe en tales circunstancias, cumplió la inflexible ley y es digna de respeto y acreedora a la ayuda de todos y al respeto de todas las madres; y los hijos (esos hijos que llamaré de la libertad) a los que llaman ilegítimos, ¡qué ignorancia! son tan hijos y más del padre común, como los nacidos en un hogar constituído; he dicho más, porque en los tiempos actuales, encarnar un espíritu así, es ser un héroe del progreso; es un valiente que viene a la dura batalla sin padrinos, sabiendo el sambenito que le pondrán; y acaso el que se lo ponga sea su mismo padre, que puede ser un figurón pero sin corazón.

Protegedlos, discípulos amados, a esos valientes; ayudad a sus madres y buscad todos los medios de que los reconozcan sus padres; por ahí empieza la civilización; para esto os regalo adelantándoos este punto, en el que tenéis ancho campo de acción.

El hombre con mujer, vive la vida de los dos y las de sus hijos; está tranquilo y sereno; no tiene tiempo de ser criminal; no tiene que cuidarse de si tiene camisa, o de si le falta cuello, ni perder el tiempo en hacerse el alimento y demás cosas necesarias a la vida; es reputado hombre, porque constituye número entero en la sociedad.

El hombre solo, es un quebrado, que sólo en casos raros es empleado por la matemática social y constitucional. Así pues, os mando a todos los discípulos del "Método Supremo", que seáis números enteros, con lo cual vuestro poder y vuestra influencia serán mayores; reíros de los ascetas, de los ermitaños y de los célibes; porque si alguno (que no la hay) domina la carne, mejor dicho, la anula, es su propio verdugo; es contra la ley y todo eso es causa del desequilibrio de la sociedad.