TERCERA. LA MIRADA Y EL ASEO

Han llamado fascinación y alucinación, al poder de la mirada; estas dos palabras, son demasiado duras y de ellas huyen los hombres y mujeres, lo mismo que del mal traje y desaliño.

En nuestros discípulos, no puede haber estos principios dominadores, un tanto criminales, porque esclavizan al fascinado sin provecho para él y esto no es justicia.

El "Método Supremo", sólo os recomienda, que busquéis la amistad, por la mirada y el aseo atrayentes, inclinando a las personas a vuestro favor, sin perjuicio para ellos ni para otro; y luego, por el pedido mental, por la telepatía, haced que os ofrezcan lo que necesitáis, por trabajo, ocupación o servicios. Nunca de regalo.

Para el caso, estar siempre tranquilos y serenos; al visitar a una persona a quien necesitáis, procurad no presentaros con lujo, ni trajes ridículos.

El uso general, sea vuestra moda: pero ir limpios de vestidos y aseada la cara.

No vaciléis en la llamada y presentación, pero haceros recibir, (salvo casos imposibles) pero prometeréis volver y hacedlo en la hora que decís.

Recibido que seáis, es lo probable que no os déis las manos; pero presentáos con dignidad, la cara alta, sin orgullo ni dureza y la sonrisa en toda vuestra faz y cargar en vuestra vista las bondades que atesoráis, con la fuerza que poséis y no podrán menos que miraros a los ojos, momento que aprovecharéis para mirar vosotros al tronco de la nariz, donde imprimiréis con fuerza el pedido que queréis hacer.

Exponed entonces vuestras pretensiones, mostrando tener conocimientos y voluntad para serle útil, pero sin jactancia: no oséis despreciar a otros y tendréis más de medio camino andado, en el que habéis de perseverar hasta conseguir lo que deseáis, salvo imposibilidades, porque donde no hay, no se puede sacar; pero procurad conservar la amistad empezada.

Es natural ahora, que al despediros os déis las manos: procura ser el último que suelte y al retirarla, desliza tus dedos por la palma, impregnándola de tus fluídos.