LECCIÓN PRIMERA

Colocar dos sillas, cuidando que la luz te dé a ti en la espalda (salvo que dispongas de una habitación con luz cenital suave y agradable que incite al recogimiento, que sería el desiderátum); mas no siendo así, toma la posición indicada y siéntate de frente a tu discípulo (hombre o mujer) según ves en la lámina 1° colocando desde ya, vuestras rodillas en contacto.

Con mucha calma, serenidad, voz suave y dulce, aliento puro y magnetizado, explicarás algún punto de los contenidos en la primera parte, para atraerlo a tu querer y confianza, poniéndole a prueba tu moralidad y el gran fin del magnetismo para el bien común y el gran valor que tiene en la ley divina, un instrumento sonámbulo, o médium:

Auyentad todo temor, haciéndole comprender la fuerza cosmogónica, que os asiste y recomienda y exige que los espectadores, sólo piensen en sí mismos a lo más, que pidan con humildad al padre de todos.

Entre tanto, procura tú saturarte de tus fuerzas y darle por sorpresa algunas miradas fuertes, pero dulces y atrayentes y ya estáis preparados.