LECCIÓN SÉPTIMA CONDICIONES DEL MAGNETIZADOR

Las condiciones del magnetizador, todas las podemos reducir a una sola condición, mandato o máxima: "conócete a ti mismo", como sabiduría; y a otro mandato como moralidad: "ama a tu hermano".(1)

Pero como aquí tratamos de un método para llegar precisamente a esa sabiduría y a ese Amor, he de exponer muy sucintamente (como todo lo que antecede, las principales condiciones necesarias para conseguirlo.

1° Voluntad razonada. No quiero que los discípulos del "Método Supremo" caigan en la terquedad petulante que se estampa en cualquier Método donde les imponen una voluntad invencible, que es la mayor de las locuras y aberraciones, porque ha originado grandes desastres.

No, la voluntad debe ser razonada; que aunque tengáis que ceder vuestra voluntad a la evidencia de otra voluntad más fuerte por la ley Divina diré, no creáis que es vencida vuestra voluntad: al contrario, es entonces cuando vencéis en verdad, porque ya habéis visto en la lección sexta, que todo obedece y depende de los grados de sabiduría, que por justicia ha de vencer el más sabio, que necesariamente, Ama más intensamente y con conocimiento de causa.

Poner vuestra voluntad en un imposible, es necedad; no querer ceder vuestra voluntad a voluntad mayor, es terquedad; y en cualquiera de los dos casos, sois ignorantes y sois vencidos a vuestro pesar; y sino, ¿por qué había de ceder vuestro discípulo a vuestra voluntad? ¿Es acaso el maestro más hijo del Padre Creador que el discípulo? No, sino que cada uno actúa en su grado correspondiente a la más alta justicia; y por esto se os manda tener una voluntad razonada.

No entendáis tampoco, que se autorice a ser débiles de voluntad, sino que sepáis ceder por vuestro propio bien y adelanto, a la voluntad mayor, probada a vuestro sano criterio y así evitaréis derrotas vergonzosas y descréditos, porque debéis tener presente que la ley es solo una y dice secamente: El más domina al menos; esta es la razón irrebatible y yo os he enseñado en el ejemplo de la Dínamo, que sólo en la armonía consiste el resultado.

2º- Perseverancia: Esta sí, la perseverancia ha de ser, hasta el estoicismo; pero también con raciocinio: estudiando en cada caso todos los hechos producidos y la cantidad del trabajo gastado, comparado con el beneficio obtenido.

Porque ¿para qué instar y sacrificarse en un trabajo y gasto de fuerza mayor que el producto que recibirá la humanidad, o belleza la naturaleza?

Hay otra razón aún más poderosa para ceder en un trabajo emprendido, sin que sufra detrimento la perseverancia y es, la falta de afinidad del maestro y del discípulo, o del maestro o del discípulo, con aquella persona o entidad sobre la que se trabaja y es tiempo perdido, porque no podéis modificar la ley inflexible.

3º- Discernimiento. He ahí el fiel inequívoco de la balanza; voluntad y perseverancia; porque el discernimiento es la razón, para ver el por qué de la falta de resultados, siendo vuestra voluntad y perseverancia, conforme a la ley máxima de Amor.

Así, pues, con voluntad razonada, perseverancia y discernimiento, tendréis bastantes talentos para emprender vuestro camino, acompañados de las condiciones morales indispensables que, las esenciales son:

A. Rectitud de conciencia, para vuestra tranquilidad.

B. Deseo de ser útil a vuestros semejantes.

C. No mirar con desprecio a nadie.

D. Ser humilde sin rebajamiento ni servilismo.

E. Ser despreocupado de las vidas ajenas y solo interesarse en los hechos de aquellos que necesiten vuestra ayuda y que la ley, por mil modos, pondrá en tu camino.

F. No tener prejuicios religiosos, políticos, sociales, ni científicos; pero estar prontos a sostener el principio de justicia de las leyes "divinas" de la creación, digo yo, aún contra las leyes humanas, si véis que son arbitrarias.

G. Matar en vosotros hasta en su raíz, la envidia.

H. Estar precavidos de que recibiréis ingratitudes de los mismos a quienes ayudáis, pero triunfad por el consejo.

1. Extirpar de vosotros la Avaricia.

J. No os preocupéis de los que os calumnian y menos calumniar.

K. Hablar poco, observar mucho y obrar sin cesar.

L. No os tengáis por maestro; dejad que el título os lo regalen.

M. Pensar alto y mirar hondo.

N. No os afectéis por ningún hecho ni aún por la muerte.

O. Ser siempre cauto y advertido.

P. Por fin, que no os abandone nunca la serenidad.

En estas condiciones, embarcaros sin temor, que el triunfo es descontado.

(1) Lea el “Conócete ti mismo” en el que está atomizada la vida y sus causas.