LOS GENIOS

No voy a cometer la sandez de enumerar una lista de genios que muchos supersticiosos han catalogado para cada poder y cada cosa; todos esos genios, son fantasías supersticiosas y por lo tanto religiosas, que tienen por necesidad que llevar a los hombres a uno de estos dos extremos: a la impotencia o al fanatismo.

Pero, como en los cursos los excitan para sacarlos de la impotencia y hacerlos creer que vencen a esos genios, muchos discípulos llegan a la temeridad y gastan todas sus fuerzas de pronto y sin provecho, porque esas entidades (invisibles para la gran mayoría) con espíritus, que han sido y serán hombres sabios (pero recalcitrantes en la maldad) se divierten en llevar algunos triunfos al cándido discípulo que llega a creerse muy alto e intenta, por su orgullo, ir más allá, subir otro piso y entonces lo traba y cae estrepitosamente y acaba su carrera.

A éstos les pasa como a uno que me contaba un viejo muy sabio, y ese cuento muy filosófico, se lo digo aquí a los discípulos del "Método Supremo", y debe servirles de gran provecho.

"Uno estaba vendimiando y tenía muchas comportas: pasó una nube muy baja y en vez de seguir cortando uvas, dijo: "Voy a subir a ver lo qué tiene esa nube". "Y, ¿cómo subirás?", le preguntó otro. "Pues poniendo las comportas una sobre otra"; empezó a calcular la altura de la nube y la que darían las comportas y creyó que llegaba, empezando a subir comportas sobre comprotas; puestas todas, grita: "Me falta una"; "No hay más", gritan los de abajo. "Pues, sacar la primera y dármela". Y, claro está, sacada de la base, abajo vino mi hombre, descalabrándose. Se acabó su sueño quimérico.

Pues bien, los discípulos del "Método Supremo", deben tener medidas más justas y no embarcarse en quimeras ni frivolidades. Su nave debe estar bien preparada con todas las jarcias y velas necesarias para su buen servicio: es decir, que habéis de tener precisión en los elementos que os acompañan, antes de entregaros a la delicadeza del trabajo; lo que vale de decir, que habéis de conocer por el público o ambiente que os rodea, la clase de espíritus que os asisten o contrarrestan; y esa ley (que es una inflexible balanza) os dirá de antemano el resultado y, reiros de los genios: es decir, no os prejuiciéis con esos terribles genios que os han pintado, porque al fin, sólo la justicia triunfa; y cierro esta lección que habré de tocarla en el capítulo correspondiente a las condiciones del magnetizador.

Ya sabéis; si queréis llegar, que no os falte ninguna comporta, que aquí son las leyes de afinidad, justicia y compensación, sin las cuales no podéis pretender tener la Ley de Amor y sin ésta, no podéis ser sabios. El poder consiste en la sabiduría, coronada por el amor.