LECCIÓN CUARTA

I
¿QUIENES PUEDEN USAR EL MAGNETISMO?

Sólo una es la ley y ésta es de libertad, porque es amor. En este conocimiento, pues, todos los hombres pueden y usan el Magnetismo aún en su ignorancia, porque no hay otro medio para obrar, ni para vivir; sólo que unos hombres son dominadores y otros dominados; pero esto obedece a la Ley de las fuerzas, las que no se provocan, ni la ley las regala; se adquieren por el esfuerzo propio, por la sabiduría conquistada a fuerza de existencias, a fuerza de pruebas en las funciones de la vida Eterna y continuada y siempre inexorablemente, triunfa el más sabio; y el más sabio es el que más ama.

Pueden, pues, y usan por fuerza el Magnetismo, todos los hombres; y como todos en su instinto tienden a dominar (que es la flaca condición humana en su ignorancia) de aquí se originan hecatombes espantosas, de las que más sufren los sabios, los conscientes, los que saben la ley, los que aman, porque comprenden el daño que se hacen los hombres a sí mismos; que aunque es reparable, es un precioso tiempo gastado en perjuicio de la verdad de los mismos hombres, que saliéndose de la justicia, obran él libertinaje, en vez de la libertad.

La libertad consiste, en obrar dentro de la ley Divina (que es sólo amor), de la que se derivan las leyes fatales de afinidad, justicia y compensación, sin las cuales la armonía no puede existir. Y como aún los llamados maestros (o no conocen, o callan esas leyes), al explicar el Magnetismo, ponen en manos de sus discípulos una espada de dos filos y punta y aún sin sobremonte en la empuñadura, con la cual, todos salen heridos.

La ley de afinidad, rige todos los actos de los hombres y sin la comprensión de ella, no es posible obrar en consecuencia que es justicia y así no se puede saber la compensación de las fuerzas que jugamos en el albur de ciegos, con una cosa tan fina y sutil como el Magnetismo, que es todo ojos (y que no son sólo esos ojos, que se ven en materia operando, o sean, Magnetizador y Magnetizado y los curiosos espectadores) sino innumerables invisibles que son, precisamente los que vencerán en justa medida de las fuerzas allí presentes en lo material. Este es el gran secreto que debieron tener los tenidos por maestros y descubrirlo a sus discípulos; mas si alguno lo quiso hacer, lo hizo bajo una superstición funesta, hablando, creyendo o creando "genios".