LOS EXTREMOS SE TOCAN

Degeneración de la guerra: La guerra como lucro de los países sin conciencia, traerá la ruina mundial, económica y moral.

De antemano sé cuánto debía ocurrir en esta conflagración, que de ser noble, la lucha hubiera tenido el término primero previsto (seis meses) y una paz honrosa y desarmada, manteniendo las fronteras sólo para recuerdo, por un poco de tiempo, el suficiente para la implantación de la ley de amor, con el régimen comunal, primero por regiones y luego universalmente. De este modo, todas las naciones habrían sido dignas y sin desdoro de miseria y habrían servido sus jefes, de maestros regionales. Hoy, ante su prevaricación, la ley ha decretado el 2º. término: la desaparición de grandes territorios, porque las verguenzas que la historia tendrá que señalar, son de las que ensucian hasta el historiador (que aunque fuese como debe ser imparcial, que no lo ha habido aun y menos lo habría ahora) se salpicaría del lodo de tanta intriga.

Sabía, repito, todo esto y no he leído las batallas sangrientas; he leído sólo algo de las calumnias, de las intrigas, de las imposiciones, de la inquisición insólita aplicada de unos para otros, que han faltado, no sólo a los principios del civilizado, sino que olvidando hasta la más rústica urbanidad, se tiran a la cara, asquerosos escupitajos que retratan al vivo las entrañas tuberculosas de los que escupen la infamia y la calumnia y ... ¿Aplauden inconscientes a esos tuberculosos asquerosos, no sólo los retrógrados, sino hasta los socialistas !... ¿Qué vergüenza! ¿Cuál es el estado de los hombres? ... En verdad que no tienen cura más que tragándolos la tierra y ... Los tragará. Sí; los tragará junto con sus calumnias, con sus intrigas, con sus embrollos, con sus desplantes, con sus inquisitoriales decretos, cuando,,, Cuando quieran que no quieran, habrán servido a la ley divina, que ahora quiere sacar bien del mal: Cuando habrán los hombres vomitado la guerra y les cause horror sólo su nombre; cuando al solo recuerdo de que un rey los mató de hambre y dolor; cuando comprenderán que los reyes que marcan sus fronteras lo estrecharon y fué esa la causa de una guerra; cuando sabrán con dolor, que la religión los llenó de odio y el nombre de patria, mal entendido, lo hizo loco por el fanatismo. Entonces, todos pedirán como enloquecidos, que por misericordia, para no ver sus verguenzas, que la tierra abra sus entrañas y piadosa los cubra; y ésta, que esperó ese pedido unánime y que tiene el mandato de obrar un parto, lo realizará, imponiéndose su último desgarramiento como amputación profiláctica y quedará en paz, curándose, al amor de la comuna y la luz del Electromagno y asistida por un nuevo hijo, que le recuerde al hombre para siempre, el gran apoteosis de sus errores.

Se escandalizan los hombres y penan los códigos las calumnias individuales que atacan el honor de un individuo con penas severas, hasta el destierro. Ahora cabe preguntar: ¿A dónde habrá que desterrar a los que hacen la guerra de calumnias? ¿Qué país medianamente educado (no digo civilizado, porque la civilización no existe, más que en el centro Africano y en las selvas vírgenes de América) qué país, digo, admitirá (ni como desterrados) a esos calumniadores, aunque sean Lores y Vons y Rajás y de mil otros títulos grotescos o dignidades diplomáticas y religiosas? No hay ningún país que los pueda admitir en la tierra y la ley divina lo sabe y preparó con tiempo “otras moradas” donde se encontrarán los calumniadores de unos y otros beligerantes, porque como traidores, no se pueden escarmentar de la guerra y el decreto santo y omnímodo es que los hombres vomiten hastiados y hartos, la guerra.

Los calumniadores guerreros, encienden más con sus mentiras e intrigas, el odio de sus fanatizados ignorantes soldados y los tiran engañados sobre sus enemigos, obligándolos a ser fieras, con lo que degeneró la guerra, convirtiéndose en un libertinaje degradante y los luchadores, en jaurías locas y beodas; en manadas de hienas, con tres semanas de ayuno.

Sonroja hasta el cutis de los negros, las bajezas de que se sirven los prepotentes de nombre, pero impotentes en nobleza y valor caballeresco, para sembrar en el mundo el odio contra un enemigo que los vence, por estrategia, previsión, o mayor civilización y al cual no pueden sacarlo del terreno que les tomó en lucha abierta y le acumulan hechos que todos cometen, porque son y van aparejados a la guerra; pero que para esos prepotentes, sus hechos, son pajas y los de sus enemigos son vigas y las quieren quemar con la calumnia vil.

Mas si es punible y horripilante, que los llamados o tenidos por Ases del infame juego sucio de la guerra, empleen la calumnia, la intriga y la excomunión contra sus enemigos y bloqueen por hambre a los civiles, sin importarles nada de la mujer, del niño, del anciano y del enfermo, es incalificable el delito de los que sirven de claque, con la agravante de una hipocresía sin nombre y contra todo pudor y sin sentimiento humano, sirven, vendidos, elementos de guerra, dando armas a traición, mientras que quieren aparecer como los promotores de paz y concordia, pero que persiguen también imponiéndose, un premio, que Nobel instituyó para la paz, porque N.A. sólo conoce como filosofía, como ley, como honor y como sentimiento, el oro. Toda otra cosa que no sea dólares no tiene importancia. Para N.A. fuera del dólar, no hay salvación. Mas un adagio le dirá que “lo que es del humo, el humo se lo lleva”.

¿Quién puede dudar que si N.A. no hubiera cometido el terrible crimen de dar armas y municiones al bando aliado Inglés, faltando a todo deber de conciencia individual y colectiva, se hubieran visto precisados a pedir la paz a los seis meses de estallar la guerra? Ciego de voluntad había de ser, el que no quiera ver esto, porque en esos seis primeros meses, la guerra, era guerra de armas con todos sus errores y horrores, pero sin premeditaciones odiosas y en esa condición, la guerra, era humanizada: tenía aún la caballerosidad y nobleza que siempre tuvo la guerra (no siendo religiosa) y bajo esa faz, la guerra, no siempre es del más fuerte, sino del más estratega, del más previsor y la gloria de la guerra, del más humano.

Pues bien: a los seis meses de estallar la guerra, Bélgica ya no era; Francia estaba desmembrada y lo sigue estando cuando escribo esta página, a pesar de las provisiones norteamericanas. De modo que, Francia y sus aliados no siendo por el favor de N.A. tenían que sucumbir o pedir la paz en aquellos momentos y el sacrificio humano habría sido insignificante y el malestar mundial que hoy es imposible de ser mayor, no se hubiera dejado sentir; por lo que, Norte América hoy la única culpable de la existencia de la conflagración Europea, como lo es de la tragedia de México y de las revueltas de toda la América y la China, por su insaciable sed de oro. No sabe Norte América que el oro viste de amarillo como el verdugo. Un día, no lejano el oro la ejecutará. (34)

Esto levantará protestas y se apoyarán en leyes que ellos sólo pueden comprender por su conveniencia; pero como por sobre todo lo que expongan en su favor, está el juicio popular; está el sufrimiento mundial; y aun por sobre esto está la razón justificada por los hechos, todas esas leyes de derecho y protestas, serán otras tantas acusaciones de sí mismos, de conciencias vendidas al dólar y vencidas por el egoísmo “sui generis”.

Sí; N.A. ha manifestado al mundo que sabe comerciar con la guerra en contra de los intereses mundiales, sin que esto le quite la sonrisa peculiar y haga el sarcasmo de hablar de paz. Pero, ¿por quién habla de paz? ¿A qué fuentes acude a interrogar por la paz? ... A los causantes únicos de la guerra; a los que siempre en toda su existencia, sólo pudieron vivir sembrando, cultivando y llevando a todas partes la guerra con el dogma y con la espada y la cruz; al Vaticano: “inmenso buzón de crímenes” bendecidos por el pontífice, representante del dios de los ejércitos, del dios de las venganzas; del dios de las iras; del dios que necesita el sacrificio de sus hijos; para con su sangre darse por satisfecho de las ofensas; y ese dios, embotado en la concupiscencia, beodo, borracho de tanta sangre; incurable antropófago de vidas humanas, no es el dios que el trabajador, el pensador, el libre, el que ama a su hermano, presiente y busca; por lo que, el pleno plebiscito y cumplidos sus dos milenarios, pidió su expulsión de la tierra y sentenciado está y próximo al fatal desenlace de su caída para siempre y con él sus fieles servidores. N.A. que quiere encontrar eco en él para hacerse oír y ver, bajo la capa de paz con la cual quería cubrir su traje de verdugo de muchos millones de vidas y de la mayor parte de las miserias mundiales en estos momentos, por causa de haber hecho su comercio de la guerra, alargándola hasta no saber ahora cuando terminará, cae bajo el peso de la justicia divina, que entró en acción para hacer triunfar a los que presienten un dios que no sea ídolo antropófago y lo conocen con el nombre de Padre; y éste, ha dicho: “La paz será en la tierra y quitaré todo lo que estorbe”. Ya empezó a quitarlo. ¿Lo detendrá N.A.? ¿Verá la paz de la tierra N.A.? ¿Es digna, por sus hechos, de vivir, la nación que hace comercio con la muerte? Tendremos en cuenta estas preguntas para el juicio crítico que estableceré al final, de todos los beligerantes y comerciantes de la guerra.

Hay otra nación también comerciante en la guerra; y que aunque parezca menos responsable, por haber tomado parte en los hechos bélicos, el Japón, no es menos responsable ante la ley divina, por su comercio; pero tiene muchas atenuantes como la otra, ya que sus tratados la obligan al auxilio de sus aliados, por lo que no es neutral; y la mayor atenuante que el mundo todo le dispensa es la de menos civilizado, hasta el punto de dictar N.A. leyes prohibitivas de asentarse aquella raza en los Estados Unidos. Pero un juicio nos dirá quién es civilizado.

Mas lo que pone en tensión los nervios, es la gran patraña a que obliga la censura y el escandaloso abuso de la violación de la correspondencia; lo que los acusa a los más orgullosos de ser civilizados, de usurpadores de derechos sagrados, despechados, amenazadores de la conciencia, del sentimiento y del pensamiento universales. Esto, trátese por donde quiera; idéense cuantas leyes arbitrarias le venga en gana, son atentadores y violadores de la virginidad de los libres y piratas vestidos de frac y uniforme, felones y reyes de la mentira; agiotistas de la calumnia y mercaderes de la conciencia. Esto, no puede admitirlo ninguna conciencia, no digo recta y honrada, sino simplemente honesta.

¿Quién y por qué leyes, es autorizado nadie, a abrir una carta o documento que a mí me dé la gana cerrar, para que sólo aquélla persona con quien yo tenga mis tratos, mis querellas o mi amor? ¿Acaso esto no está bien penado por todos los Códigos del mundo, por abuso e inmoralidad? Es faltar a estos principios rudimentarios de civilización. ¿No es abolir todo lo hecho en tantos siglos de lucha, por el derecho de libertad? ¿Y qué pueden esperar esos violadores del fuero sagrado interno que respeta el mismo Padre Creador, sino la condena universal y su esclavización por la infalible ley del talión?

En ese caso se encuentran irremediablemente todos los que mandan y los que cumplen esos mandatos, sean alemanes, franceses o ingleses; pero la mayor pena, recaerá en el iniciador de ese abuso; y en el segundo lugar, en el que más abusó y sobre todo, cuando es hecho en campos o aguas neutrales o universales. Ved si es cierto, que la guerra ha degenerado en la vileza.

Sí, esos qué en plenas aguas universales, detienen la marcha de un barco que lleva en sus entrañas tantos suspiros, tantas nostalgias, tantas promesas, tantas sonrisas y tantas lágrimas, o páginas de instrucción o secretos científicos, o fórmulas de progreso, son bandas de ladrones de la libertad humana, del progreso común y del sentimiento de los pacíficos hijos del pueblo trabajador, que desengañados del mentido patriotismo de los gobernantes; divorciados de la farsa social; escarmentados de gobiernos anti-plebiscitarios y por lo tanto usurpadores por la fuerza de la conciencia pública; o bien escépticos de toda esperanza de regeneración del país donde naciera o perseguido por sus ideas emancipatorias; o también, siguiendo el sagrado impulso de su espíritu para el cumplimiento de una misión saludable o regeneradora que le fué mandada por los altos consejos del Creador, que los hay hoy extendidos por toda la tierra y en comunicación con aquellos altos espíritus que por orden suprema, disponen el resurgimiento de la nueva era, cuyo principio, es el fin de la mentira político-religioso-social que hasta hoy agobió a los hombres y ha llegado a un desastroso fin con esta guerra degenerada, en la que se emplea toda las malicia y refinamientos creados desde el principio de las religiones, causa única y primera de las guerras. Mas ... ¿Triunfará el despotismo? ... ¿Cuándo y por quién fué vencida jamás la ley que todo lo domina? ¿Y qué emperador o rey, ni nación, ni imperio, ni religión, ni pontífice, presentará patente de mandato universal y divino?... Todo el que dijera que él fué el mandado y en su historia aparezca un dogma, una represión al libre pensamiento, una persecución a una tendencia, una guerra a un pueblo, o un simple sacrificio humano, es un impostor, un mistificador, un traidor, un asesino de la especie humana; y con su ostentación provocativa; con su loca pretensión; con su error descubierto, se condena a sí mismo y se descubre por la fuerza de la ley dominadora, que toleró, (más no consintió) en el tiempo de la tregua. Y está probado que no consintió, en que en todos los tiempos hubo protestantes, en lo religioso, en lo civil, en lo político y social. Hoy, no es un misionero el profeta aislado; es todo el mundo trabajador el protestante hasta en las entrañas de las naciones en guerra; y es porque se han cumplido “el tiempo, los tiempos y la mitad del tiempo”; o lo que es lo mismo, los dos últimos milenarios señalados para reinar la segunda bestia y el dragón que en ella se sentó. Y para que todos la comprendan hoy sin tergiversaciones; sin interpretaciones; (a las que no hay lugar) se ha cumplido la última cláusula del Testamento Secreto de Abraham, comunicado por el que todo lo rige y ordena y allí se dice: “Y contaréis los tiempos por siglos de cien años y los siglos serán 36 desde que escribiré mi ley hasta que la tierra la sabrá y de este siglo mis hijos serán de luz, porque verán la luz de su Padre que les darán mis espíritus y será la Paz entre todos”.

Ya lo saben los hombres de toda dignidad ficticia; de todo título grotesco y supremático; de todo color y tendencia.

Esta sentencia; esta cláusula, sí es de origen divino y para cumplirla, promete el mismo por Isaías: “Y quitaré todo lo que te estorbe”; y lo promete a Jacob, que lo llama de nuevo y lo llama que se levante en el occidente de la tierra y le ordena ir a “aquellas islas apartadas que aun no oyeron de El”, es decir a una tierras que aun Europa no conocía y el occidente descubrió, en las cuales, nunca había sido aun escrita una ley universal y le ha pertenecido oír la décima y definitiva, recopilativa de todas, desde la Shética o primera y coronada por la ley única y suprema de Amor, por un Código de Régimen Comunal, sin parcelas, sin supremacías y sin propiedad (más que la sabiduría) y todo queda cumplido.

Y desde este instante en que leéis, esto en la conciencia honrada todo queda terminado y sólo resta oír: “Et consumatum est” pronunciado en un ¡Ay!... terrible que la tierra dará en su parto.

Todo esto es lo que violan; todo esto es a lo que locamente quieren oponerse en ese bandidaje y censura y, ya comprenderán, que aunque la ley divina no tenga en sí misma escrita la guerra; desde que los forajidos; los detractores; los negadores; se oponen a la ley que rige matemáticamente las evoluciones y revoluciones metafísicas y metamorfósicas, tiene que empujar, hacer caer, arrollar y aplastar, a todo lo que se oponga a su paso; y si no sois capaces de retener la carrera del sol ni de la mínima tierra, ¿cómo seréis capaces de detener el movimiento del universo y por lo tanto de vencer la ley que lo rige?... Pues todo eso nada menos representa un hombre, que con el lápiz azul o rojo, tiene ante sí montones de correspondencia epistolar o telegráfica. Calcular, qué grado de locura habrá que iguale a esa locura.

Sí. La ley divina es amor y no está en ella escrita la guerra; pero tiene que vencer a la guerra que los que odian y están fuera del amor en todos los órdenes de la vida, oponen al cumplimiento de los infalibles decretos, del progreso universal.

Hay aun un punto, que permite graduar el grado loco de locura que representa la censura del libre pensamiento y lo voy a decir secamente.

Todo el universo se corresponde; y para que se conserve la eterna armonía sin la cual la vida no es posible y para que cada cosa ascienda un punto en el progreso, es preciso que el de adelante suba al punto inmediato, el otro al otro, hasta el infinito y los de atrás sigan lo mismo ascendiendo al punto correspondiente, porque no puede que haya dos puntos o grados iguales porque se anularían el uno al otro y la vida tendría fin y ésta es eterna y continuada. Pues para que la humanidad de la tierra, suba al grado que hoy le corresponde en ese progreso rigurosamente armónico, es porque los mundos que están en el grado ascendente que también les corresponden, suben y arrastran necesariamente a su inmediato que tira de los otros de grado inferior. Hoy dicen esos locos, que nosotros somos locos e ilusos porque tratamos de oponernos. ¿Seremos más omnipotentes que todos los de atrás y los de adelante? Contestad vosotros los que os empeñáis en detener esa marcha triunfal del progreso y daros así el grado de locura que os domina y comprended si tendréis una esperanza de triunfo, o si por el contrario, tenéis infaliblemente que ser vencidos.

Pues en esos casos están los causantes y los censores y son arrollados, aplastados y deshechos y sacados por la misma ley de gravedad y afinidad, de donde estorban, bien que sean hombres, o naciones, o continentes, porque todo entra en la balanza inflexible de la ley, que no admite un error de un mil millonésimo de gramo, de espacio y de tiempo.

Cualquiera otra matemática, es ficción. Ver cuántas ficciones tienen los hombres de la guerra de las armas, de la guerra de calumnias y de la guerra al pensamiento por la censura. Por tanto, la guerra ha degenerado y constituye una máxima vergüenza ante la conciencia universal, no sólo de la familia terrena, si no de todos los mundos del infinito que reclaman en ley, que la tierra cumpla la ley de solidaridad, ni ver tanto abandonado niño y mujeres prostituídas por la fuerza de las circunstancias, ocasionadas por la guerra degenerada.

Voy a poner una prueba de este último punto.


La miseria en los hogares y la prostitución como consecuencia de la desesperación de las madres y mujeres abandonadas, es realmente espantosa.

Si espanta la carnicería de los campos de batalla y subleva la conciencia la degeneración de la guerra, por todas las causas apuntadas en el párrafo anterior, lo que ahora voy a estudiar, no puede menos que dar asco y levantar la protesta suprema y empuñar la escoba y barrer duro y sin compasión a los causantes de tanto baldón, sin mirar a púrpuras y mantos, ni insignias, ni ídolos, por bellos que parezcan y va a aplastarlos como víboras venenosas, bajo la vistosa y brillante piel que cubren su líquido mortífero, todos los tres parásitos que están unidos fielmente para conservar una supremacía criminal y premeditada. La religión, el militarismo (35) y los rentistas, todos los tres, autócratas y plutócratas y confederados con toda la malicia de las religiones, cualquiera que sean, han impuesto al pueblo la ignorancia y lo han fanatizado con la patraña religiosa, con el odio de patrias y el prejuicio de sociedad; y por cualquiera de estas tres causas, los trabajadores, son tenidos como borregos, esclavos viles y carne de cañón, al capricho de un loco cualquiera que empuñe el cetro religioso, el bastón de mando, o el látigo social.

Los medios de que se hayan de valer, no importa: el caso es conseguir su fin. Al pueblo se le idiotiza, se le sitia por hambre y se le obliga a trabajar a todas horas; y, con hambre e ignorancia, no tendrá tiempo a pensar.

Más a pesar de todo esto y por la fuerza de la ley de progreso, el hombre se rebela y es por que, el espíritu nunca muere y aprende y no olvida y vive muchas veces como hombre, en diferentes cuerpos y, hoy un escarmentado; mañana dos; al día siguiente cuatro y al fin, hoy, la gran mayoría unida y dirigida esa generación hecha hombres; y por otra parte los que en espíritu les inspiran y dirigen, dan al traste con tanta opresión preparando el día del usufructo común y son amparados por la justicia universal que todo lo iguala. A ese momento ha llegado la tierra y nada ni nadie puede detener esa acción del hombre y espíritus unidos.

Más he aquí, que todo eso se profetiza como advertencia con muchos siglos de adelanto, para que los parásitos tengan tiempo de hacerse trabajadores, o que luego no tengan excusa ni digan que la ley cometió injusticia; y muchos de los militantes en el error religioso, político y social, se escarmentaron y fueron cuerdos, encendiendo su candil para que el rodillo terrible del progreso no los aplaste; pero otros, los más ciegos, los más furibundos locos, pegados a la materia llena de concupiscencias y deseando conservar odios, han establecido fronteras y empeñándose, en diferenciar la raza de ese territorio enaltecido ciega y locamente y obligando a los hombres, con juramentos bajo pena de muerte, han encendido el fanatismo y hecho nacer una prevención contra su vecino; con cuya prevención, a poco hostigado que sea, se convierte en odio que lleva a las dos naciones a una guerra, en la que sucumbirán, los borregos, criados y educados en ese fanatismo patrio que desconoce la fraternidad y quedan hijos huérfanos, viudas desamparadas y echadas al camino desesperado de una lucha imposible de ser honrada, porque ese camino, ya está lleno de abrojos, de piedras y serpientes, que si se sabe la mujer defender del abrojo, mientras mira donde pone la planta de un pie, tropieza con el otro en una piedra; y si es tan experta, que se libra del abrojo y de la piedra, entonces, la serpiente, o le clava un traidor mordisco (que aquí será la proposición de un sin conciencia vicioso) o le dará un fuerte coletazo, que será otro vicioso que le pone trabas en el camino, bien negándole un trabajo honrado, bien dándole mucho trabajo y poco sueldo y al fin, aquella mujer, no le queda más que esta solución, si es libre, o sucumbir por el cansancio y las privaciones, o suicidarse para conservar la honradez. Pero si es madre ... ¡Oh ... qué odisea angustiosa se le presenta! Lucha con su conciencia un tiempo; trabaja día y noche; se demacra; ve enfermarse a sus hijitos; no hay medios para el médico y medicina; empieza a odiar la guerra, blasfema de la patria y acaba por renegar del que prefirió la patria a su amor y el deber de Padre y, al fin cae vencida por el ... baboso y vil vicioso, que aprovechando circunstancias tan terribles, arrastra aquella dignidad de madre, que se rinde desesperada para dar pan y salud a sus hijos, en tanto que su mentido esposo y padre se tira el fusil a la cara, para asesinar de un balazo al padre de otros hijos y esposo de otra mujer, que como los suyos serán pasto de la desgracia y del vicio y, ved cuán terrible es el castigo impuesto por los fanatismos religiosos-político-patrio-social, en pago de ser un imbécil borrego y vil esclavo de esos fanatismos, propios sólo de hace 58 siglos, pero que no caben hoy en el obrero fraternizado.

Este caso de prostitución abunda tanto, que es la más tremenda acusación a las religiones y patrias fanatizantes que ninguna puede poner a su juicio una sola atenuante. No pueden vivir más sobre la tierra, desde que acabara la guerra actual; pero que no acabará hasta que se haya quitado todo lo que estorba. ¡Ojalá que sea pronto, aunque sea por el terrible cataclismo, que espero y que es de ley! ... Pero ... Los dioses han de ver caer sus castillos piedra por piedra y ladrillo por ladrillo.

Un caso fortuito, al parecer, (pero en realidad es que, los consejeros que están siempre cerca de mí, me lo pusieron en mi camino para que tomara buena nota y juzgase esta tremenda desgracia).

Iba a mis deberes y en la calle me llamó la atención una mujer en toda la fuerza de su juventud y bella en formas, pero en su faz se leía la desesperación. Tenía hambre. Oí su lamento y la entré en un establecimiento donde pudiera saciar su necesidad.

Observaba, que del pan, procuraba guardar y le dije: ¿por qué hace eso? ___ Tengo un hijito señor y he de llevarle algo. ___ ¿Usted está casada? ___ Sí señor, pero mi marido nos dejó y se fué a la guerra, (son italianos) ___ ¿De modo, que su marido ha preferido la patria a Ud. joven y bella y un hijo fruto de su unión? ___ Si señor y lo maldigo y maldigo a la patria; maldigo al rey y maldigo a todo: y si no fuera por ese hijito, yo habría acabado ... ___ ¡Vamos, cálmese señora! Su hijo necesita del cariño de su madre y es un deber vivir para él; lo hecho por su marido es censurable, pero ya no tiene remedio; es efecto de la causa patria mal entendida que les tiene a Uds. fanatizados; y si yo hablara mal de Italia ahora ya vería Ud. que aún en esta desesperación, se volvería contra mí. ___ No señor, la odio y quisiera que ya no existiera; pero antes quería yo obligar a la reina y a todas las madres de los que mandan, a pasar lo que me hacen pasar a mí y muchos miles de madres, que como yo, se ven precisadas a vender su cuerpo y su dignidad... ¿Maldita patria y los que son causa de nuestra deshonra! ... (Lloraba y reía y suspiraba por su hijito y pregunté): ¿Usted no sabe trabajar en algo? ___ Sí, señor, como oficio soy y siempre trabajé de pantalonera pero no hay nada de trabajo, aunque voy casi todos los días a la ropería de .... y siempre “no hay nada señora”. Si busco para servir, un poco que sé de cocina, no me quieren con mi hijito. Dejarlo en otras manos y pagar pieza, no gano tampoco para tanto, y ¿qué hacer señor? En esa desesperación, sale una a la calle y se expone a todo y, no hay remedio; una no puede ser honrada y con el corazón hecho pedazos, ha de entregarse a un hombre cualquiera ya que es muy raro encontrar uno que tenga lástima; y como el que compra una bestia, sacia su apetito y oye una tanta corrupción, que hace desear la muerte. Pero siempre, a la que es madre, se le pone delante el hijo; el pedazo de su corazón: ¡Qué sería de él, sin el cariño de la madre! ... (Seguía llorando y maldiciendo) ___ Dígame señora ¿y no tiene noticias de su marido? ___ No, desde que se fué, no sé de él. Me han dicho que las cartas las recoge la censura y ya no quiero saber nada, pues aunque llegara a volver, yo no lo admitiré ya en mi compañía, pues prefirió la patria a su mujer y a su hijo y me ha hecho deshonrarme. No tiene ningún derecho sobre nosotros. ¡Maldito sea él, la patria y la guerra! ... La socorrí con lo que podía y traté de que me contara de algunas otras, si conocía, en la misma situación y aquí me horrorizó. ¡Señor! ... No anda Ud. por las calles ya se ve; pero en mi situación conozco por miles; pero hay algunos casos tan terribles, que aun yo me resigno mucho con mi desgracia; entre ellas, sé de una madre modelo de madres, abandonada en el mismo día y por la misma causa, pero con seis hijos, la mayor de 11 años y el menor nacido después de ser abandonada; ella resistió hasta vender todo lo que tenía; pudo colocar a la niña y ella ... ¡Pobre! a los 8 días de dar a luz, ni pan, ni luz siquiera tenía y era desalojada de la pieza ¿y que haría? ¡Oh! Ni pensarlo se puede señor; salió a la calle, tendió su mano y ante palabras groseras e incitantes, antes de ser explotada en cualquier posada y porque no podía andar por la calle, vió la puerta de un prostíbulo y allí se entró. Más compasión ha tenido aquella mujer encargada, porque le procuró medio hasta que se repusiera y ... ¡Allá va la pobre mujer a ganar con su cuerpo lo necesario para criar sus hijos y le permiten volver a su casa a medianoche, hasta al otro día! Ya vé, señor a qué nos ha llevado la guerra. Como esa mujer hay muchas; pero donde puede Ud. ver y oír muchas historias como la mía, es en el taller de .... en el Bar de .... en la lechería de .... y en mil casas que tienen una larga lista de mujeres, que las llaman según el gusto del cliente; en fin, señor; cuente Ud. los miles de hombres de todas las naciones, que se han ido a la guerra y no se equivocará si calcula que la mitad de sus mujeres, no tienen más remedio que ganarse la vida con su cuerpo; y es cierto que uno encuentra muchas que lo hacen hasta por vicio ya, pero la mayoría las verá Ud. llorar si como a mí les pide el motivo de arrastrarse por el fango. ___ Bien señora, procure en todas formas buscar un modo de vida que le libre de su vergüenza y críe a su hijo, sin odio a nadie y en su amor de la patria común y enséñele que todo el mundo es una sola patria y que todos los hombres son hermanos; y si esto hacen todas las madres, ya verá como no habrá más guerras ni quien las promueva. Que el Padre común la remedie más de lo que puedo hacer yo ahora. Señor, gracias; no olvidaré nunca su caballerosidad, sus consejos y el consuelo que me ha dado; ojalá poseyera Ud. el mundo entero, es seguro que no habría estas verguenzas. Adiós señora y dele un beso a su hijito y viva para él. Gracias señor; Adiós ___ Y me alejé recordando el taller de ... el bar de ... y la lechería de ... ¡Era verdad todo eso!

Aprovechando la triste ocasión del mayor castigo social que una nación puede tener, que es ver los hombres jóvenes y robustos acudir a la plaza pública, con la cabeza baja y una cazuela en la mano para recoger una cazada de comida, pude saber, que en Buenos Aires, había no menos de 80.000 mujeres que, empujadas por la miseria y otras por la necesidad de la materia (esto es ley) y muchas por despecho y como castigo y en odio a sus maridos que habían preferido la patria, al hogar, estando muy lejos de la patria, esas 80.000 mujeres, obran la ley de la naturaleza, pero es en oposición a la moral alcanzada y esto es forzoso que ocasione otros males mucho peores, como ser la frialdad en muchos hogares, ya que los hombres se ven acometidos en las calles por esa nube de mujeres, que algo roban del calor del marido, para su esposa.

Mas he descubierto otro mal mucho mayor y que ocasiona los crímenes; el aborto.

Es realmente escandaloso y aterrador este crimen, que revela a las claras la degeneración total de los sentimientos, por el anestesio causado por las necesidades constantes, en muchos casos; por el prejuicio social en la generalidad y por las modas introducidas por aquellas fábricas de aparatos higiénicos, descritas en el número 709 y siguientes, que hoy se usan sin conciencia, porque los sentimientos, repito, están anestesiados por las necesidades creadas por la guerra y sus sostenedores con la traición y la calumnia, que alargaron la guerra hasta donde no debía llegar, sino por causa de la calumnia y del engaño público por la censura epistolar y telegráfica.

A causa de esa arbitrariedad y de esos canallas, tuvieron tiempo los impostores, los verdugos de todo el mundo, de llamar al patriotismo de los fanáticos prejuiciados con la patria y los arrancaron de sus hogares dejando en el mayor abandono y desesperación a sus mujeres madres, que tienen que ser prostitutas y desalmadas y buscan todos los medios de no concebir, y cuando la ley se impone y a pesar de las prevenciones hay concepción, por todas las dificultades de la vida descritas atrás. No miran a nada; se sobreponen al sentimiento de madres y, una, dos, tres veces y siempre que conciben, buscan el aborto, y es terrible oír la frescura con que dicen: “me hice pinchar”; como si se tratara de la cosa más natural y necesaria.

Esto revela el estado moral de las conciencias, que las necesidades siempre crecientes, impuestas tan sólo por la existencia de la guerra, domina en todo el mundo, y no hay que discurrir ni registrar fisiologías, ni etnicismos para saber de dónde ha nacido ese cobarde asesinato; porque si no bastara el contenido en el No. 709 y siguientes, tenemos la frase recogida a una galante mademoiselle: “Eso es para las tontas, para nosotras no”.

Escribo verdad y no dejo nada sin comprobar y se de mujeres que se han hecho “pinchar” hasta seis veces; y el caso es que, ésta tiene marido, lo que acusa aún más a los causantes de la guerra pues dice aquélla y todas las que buscaron el aborto; “Que para no poder mantenerlo, es mejor destruir los hijos antes de nacer”.

Soy justo en mis juicios y fustigaciones y no tengo prejuicio ninguno que trabe mi pluma y he de confesar, que ese vicio criminal, se usa hoy por todas las clases sociales; y que hombres y mujeres diplomados en medicina y obstetricia operan y cobran por esa macabra industria, encargando grandísimo secreto a sus operadas; pero sería muy saludable detener a unas cuantas y encerrarlas en una jaula, exponiéndolas en el Jardín Zoológico y pronto confesarían acusando a los operadores; y veríamos que sólo en Buenos Aires, un año más tarde, habrían nacido 100,000 niños más, amenguando por fuerza la inmoralidad. ¿Pero quién mantendrá ese número de niños y a sus madres?... Oigo una voz que dice: ¿Para qué están las damas y las sociedades llamadas de caridad y beneficencia? También esta voz es prejuiciada y cómplice del mal mundial. La contesto. Desde que hay esas damas y sociedades y son regidas por célibes, hay más inmoralidad y el hambre crece.

El hombre y la mujer que trabajan, no deben jamás llegar a necesitar de la caridad de los que no trabajan y de los que les está vedado tener hijos por el celibato. Todo eso es una injusticia; todo eso es un baldón y todo eso es hijo de la religión y eso estorba a la ley que viene a quitar todas esas miserias ocasionadas por todas las causas reasumidas en este libro.

Ya, sólo “la comuna sin parcelas y sin propiedad” que está decretada en los altos consejos del Creador, para la tierra, es la que quitará todas las miserias, todos los dolores, todos los ayes de la tierra, porque mataría la guerra quitando la causa que la produce que es únicamente, la religión de todo color y Dios que sea, para lo cual, obrará presto la naturaleza, la orden que tiene de hacer el parto de la tierra, hundiendo continentes afectados por la concupiscencia y levantando otros, conforme a lo que indica un juicio matemático, que llena todos los requisitos de la justicia inexorable.

A esto, se oponen los supremáticos; los que lo deben todo a la creación y achacan, “que es contra el libre albedrío”: pero no saben; no quieren saber que el libre albedrío es sólo en el hombre, para obrar dentro de la ley de las armonías; y no tiene un punto dudoso, porque dice el artículo de esa ley; no causes daño a otro, que Moisés y conforme había adelantado el progreso, dijo: Ama a tu prójimo como a tí mismo; y, hoy en la nueva ley y conforme al máximo progreso material, al descubrirse el espíritu porque llegó su reinado, se le dice al hombre: Ama a tu hermano. Y no ama a su hermano el que no trabaja y consume y para sostenerse necesita de todos los males que la concupiscencia necesita pero que los cifra todos en destruir la humanidad, por las guerras, por el celibato, por el aborto, por cuyas tres armas lucha contra la vida, la religión con sus dioses y corifeos; son culpables con ellos, todos los que cooperan en cualquier forma al sostenimiento de la guerra, en la que hoy se recopilan todos los desaciertos de la religión; por lo que, el pontífice, perdió hasta el respeto de los de dentro del Vaticano y han descubierto su falacia los beligerantes y son todos ellos cuernos caídos de la cabeza de la bestia y el Dragón; sin ellos no tiene ninguna fuerza; es un toro descornado que está en la agonía; pero hay que cuidar de sus arremetidas, que en la agonía, son más terribles que la cornadas.

El pontífice, en su desesperación de que nadie le oye en el antiguo universo del Dogma, (desmentido cuando los consejos del Padre decretaron meter en el cuerpo de la religión católica, una solitaria que le ha comido la fuerza y el alimento) en su desesperación, repito, acude a N.A., (parte del nuevo mundo que desmintió el dogma apareciendo a la vida) y acude allí el pontífice, para que le siga Wilson, cantor de la paz, pero gran comerciante inmoral de la guerra, con lo que le ha llegado a N.A. el principio de su fin; porque ya sabéis que Isaías dijo: “Que los comerciantes llorarían la muerte de la ramera”, la que consumía sus productos y los comerciantes preguntan: ¿Y quién consumirá lo que aquélla consumía y nos enriquecía con sus bacanales? Mas también los que responden a su voz y los que la ayudan, son causantes y cómplices de los daños, culpas y errores y por lo tanto, les debe asistir la misma pena; y, hoy, la guerra aparece dentro de las aguas de N.A. apareciendo un pez, el U-53 que se ha comido 14 barcos enteritos y no puede protestar porque uno “llevaba 10,000 toneladas de municiones de guerra, para Inglaterra y sus aliados”, dice un cablegrama. Parece que haya querido la ley de justicia, justificar este epílogo terrible que estoy escribiendo en esos mismos momentos y cuya correspondencia, telegráfica, nos ilustra, de la cual, recorté algunos despachos y los agrego como principio probatorio, del juicio que paso a estudiar, para cerrar este libro que es el cañón de la justicia suprema para matar la guerra de las armas, con la luz y fuerza que aquí se harán, y tomarán las almas. ¿Me dará a mí, N.A., munición para este cañón de la paz verdadera?... No soñemos y vamos a juicio supremo.

Nota al pie 34: Téngase presente esa profecía en la Premisa, pues la terrible catástrofe bursátil se acerca, en lo nominal, a 500.000.000.000 de pérdida.

Nota al pie 35: Por militarismo no se entienda los soldados y militares. Estos son lo mismo que los sacerdotes, que existen porque existe la causa que los hace a los dos: La Religión. Anúlese ésta, y esos efectos no existirán.