LOS EXTREMOS SE TOCAN

Octubre 4 de 1916.



Vuelvo sobre este libro, con mayor dolor que hace un año cuando se me ordenó esperar, por los hechos de guerra acaecidos y por las demostraciones terribles de la naturaleza y los elementos para avisar al hombre y éste se ha hecho sordo de voluntad y por las tristes y deshonrosas consecuencias de la guerra en todos los órdenes de la vida y en el honor y dignidad de la mujer y niños inocentes y desvalidos.

Pero también tengo grandes alegrías, por que al fin con toda clase de penurias y estrecheces puedo cumplir todas las partes de las profecías, abriendo la “Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal”, la que se verificó el 19 de Marzo, en la hora justa marcada desde de Moisés. “Y contarte las 7 setimanas de años; siete veces siete años, cuarenta y nueve años; y en el séptimo mes de tus 50 años pasarás la voz de trompeta a toda la tierra y este año será de Jubileo a los hombres”; y, en esta fecha, cuenta la Escuela con instrumentos mediums valiosos y pasivos, desarrollados sólo en ella y el Maestro ya no se encuentra solo y tiene un instrumento secreto por el que, los Maestros se le comunican.

Otra de las alegrías que puedo contaros es, que también con supremo esfuerzo y con el minuto justo (según se dice en las profecías y promesas del Padre) el 18 de Agosto, a las 11 de la noche, se imprimía la última letra del “Método Supremo” a la 1 de la mañana del 19, cumplía mis años 50 y a esta hora, el libro está repartido y anunciado y el hombre ya tiene nombre; secreto perseguido por el Maestro Superior, para así llegar a la impresión de “Los Extremos se Tocan” y del “Profilaxis de la Vida”, sin lo cual, “no podrá llegarse a la Paz, aunque los hombres quieran”: promesa o sentencia dicha ha poco por el Maestro Superior “mientras los hombres no tengan en sus manos tres de los libros del archivo, la paz no será”. Y en consejo de hace unos días ordenó: “Tienes 3 meses de tiempo como máximum para imprimir “Los Extremos se Tocan” o enviarlo con cargo a los que no han querido cumplir su deber”; y empiezo a idear dónde sacaré los medios necesarios, aunque se me ha dicho que “vendrán de donde menos piense” (30) .

Y dicho lo esencial para justificar la espera de la impresión, voy a hacer una triste exposición de los hechos de la naturaleza y los elementos, durante este año (amarguísimo y casi interminable para mí) y lo que se ve, (aun en esta tierra de promisión) como consecuencia de la guerra y será la última vergüenza que sonrojará, aun a los negros de color.

HECHOS Y DEMOSTRACIONES DE LA NATURALEZA Y LOS ELEMENTOS.

En dos libros que he escrito correspondientes al 2º. Ciclo “Renovación de la Faz de la tierra”, queda anotado a diario y comprobado con recortes de “La Prensa” los hechos más preponderantes de los elementos y la naturaleza, en su tarea de renovar la Faz de la tierra y es en cumplimiento de la promesa del Padre a su Investigador juez y legislador: “Y todo lo que te estorbe, será quitado”.

Al efecto en Octubre de 1912, se me dijo en pregunta: “¿Puedes dar la ley de Amor?”, y contesté: me estorba la Gran Babilonia, la madre de las fornicaciones: y me fué contestado: “Pues se quitará”; y se empezó a romper la resistencia que mantenía separados o equidistantes a “Los dos extremos”, Los Balcanes; y ya véis las consecuencias de aquella ruptura, que ha sido la irrupción más espantosa que ha presenciado el hombre desde que está sobre la tierra y es la suma igual, matemática, de todas las guerras habidas por causa de las religiones.

Promovida pues la conflagración en toda la gran Babilonia, por ser imposible unificar (ni aun bajo un imperio) más de 40 idiomas o dialectos, representantes de otros tantos reinados, todos autócratas y plutócratas y feudos de la religión, tocaba hacerse sordo a los clamores de los que con la misma boca piden al Dios que adoran, la destrucción de sus contrarios, encendiéndose en odio criminal, e ideando las venganzas más abominables, hasta llegar a tener vergüenza la tierra, de caminar por los nuevos planos que se le habían señalado en ley el 5 de Abril de 1912, a raíz de la sentencia definitiva del juicio final y esta era en cumplimiento de la promesa: “Y aparecerán nuevos cielos, nuevas tierras y nuevo sol”.

Sí; la tierra se avergonzó al entrar en los nuevos cielos o planos, manchada de tantas concupiscencias y ella misma se estremeció y andaba como loca, como beoda y no quería caminar, viéndose el juez Investigador, en la suprema necesidad de tomarla con un renzal y conducirla, para que no se precipitara afuera de su órbita, o se estrellase en su loca carrera. Quiero que la astronomía, (dejando prejuicios y gazmoñerías grotescas o pueriles) estudien y comprueben las anormalidades no conocidas antes de estos años y no podrán menos de convenir en mi afirmación. Pero si no lo hacen, lo anoto yo y nadie ni nada lo desmentirá hoy y luego todos los afirmarán.

Mas a los enfermos hay que curarlos y la tierra estaba tísica; ya saben los hombres que la tisis terciaria sólo con la transfusión de sangre se puede curar, operando en las debidas condiciones profilácticas. Se acudió a tiempo a los remedios únicos que la ley de las armonías pone a disposición de los Maestros de la ley de la Creación.

En ese conocimiento y en uso de las facultades dadas al juez y legislador, firmó la solidaridad con los maestros de los mundos de la cosmogonía y éstos, respondiendo a la ley de amor establecida en el universo por su autor, diéronla al mundo tierra peticionante, por su juez, las llaves de la vida en fuerza y luz éterea, que es la sangre que mantiene la vida activa de los cuerpos, mundos u hombres y con la llave, el secreto de extracción y el uso para bien común.

Lo urgente era, dar vida nueva; sangre nueva al tísico mundo; tan tísico, que algunos astrónomos, entre ellos el abate Moreux y Flammarión, se atrevieron a pronunciar “que la tierra no podía caminar por mucho tiempo así, porque le pesaba mucho el Polo Sur”. ¿Pero el remedio? Misterio para todos; y, sin embargo, el ignorado, el perseguido de la religión cristiana, (aunque lo inciense en sus altares en más de cuatro imágenes diferentes de otras tantas existencias en las que lo ha sacrificado) ese monstruo temido y desfigurado, había salvado la existencia y vida de la tierra, lo que verificó, con arreglo a la ley y órdenes y secretos dados, levantando una torre, que, por sus puntas extraía del cuerpo universal de vida, del Eter, la vida y sangre nueva, que conducida a tierra, va llenando los vasos vacíos de oxígeno, que va desalojando de los depósitos enfermos casi sólo alimentados de nitrógeno, igualándolos con el correspondiente oxígeno, que a su contacto, se incendia y explota y tiembla la tierra en cada instante, hasta el punto, que desde el 4 de Septiembre de 1915, (fecha en que se dió suelta a los 4 elementos figurados en los 4 animales del Apocalipsis y mandado obrar órdenes recibidas al Maestro Espíritu de la naturaleza de nuestro terrón) hasta el 25 de Agosto del corriente año 1916, en que cierro un libro de anotaciones, en él hay registrados, 142 temblores y terremotos, algunos intensísimos; han aparecido nuevos volcanes y entrando en acción muchos que se creían apagados; han desaparecido islas enteras y aparecidas otras; se han levantado los lechos de los ríos e inundado grandísimas extensiones, cubriendo ciudades y dejando sin albergue hasta un millón de seres en la India; se han producido tremendos y horrorosos incendios de fábricas, ciudades y montes, sin que materialmente, encuentren la explicación los hombres; y es que, “tienen ojos y no ven; orejas y no oyen; pies y no andan; manos y no palpan”, porque son imagen viva de sus dioses de palo y piedra o metales, como los retrata Isaías, pero esta es la hora de destruírlos y los han de destruír los mismos que los hicieron y los mantienen y para esto se promovió esta conflagración mundial, en la que los hombres, los elementos y la tierra misma, están empeñados y sólo la ley divina, triunfa, porque es decreto del único Santo, del único Dios, que no es el Creador, por que Dios, es Idolo raquítico de cualquier fracción humana, según su concupiscencia; por lo que, ese único Santo es el Padre, que en toda la cosmogonía se pronuncia ELOI.(31)

Si los hombres piensan que la tierra es insensible, ahí está el principio de todos los errores; y si saben que la tierra es sensible y que habla por sus demostraciones y no la oyen, son hijos espúreos y la tierra madre se averguenza de ellos y empieza a vomitarlos y a arrojarlos de sí, lejos, muy lejos, a mundos donde la concupiscencia aun nó es escándalo; para ello los trabajadores, los libres, los escarmentados, las víctimas de siempre, se sumaron en completo plebiscito de espíritus y siendo mayoría proclamó por ley el trabajo y el usufructo en común, sin fronteras, sin parcelas, sin propiedad, más que la sabiduría para el respeto del más sabio Maestro; y para su consecución, entregó obras suficientes que le dieran derecho a la justicia y el juez nombrado, con la solidaridad firmada con la cosmogonía se elevó al Padre y éste concedió y dió el cúmplase y se cumple. ¿Quién se opondrá a este omnímodo decreto? Que levante la cabeza con orgullo el que quiera oponerse y un humilde lo acusará de causante del mal mundial y la justicia que está en acción, sabe las órdenes que tiene que cumplir y las cumple fielmente.

En el año 1910, ya sabíamos que la guerra (que habían querido evitar inspirando la fundación del Tribunal de La Haya) sería inevitable por causa de la Babel formada por la religión y en los altos consejos del Padre, se decretó de inmediato el juicio de mayoría, o final, en el que se habrían de justificar, por greyes colectivas, todas las instituciones religiosas, militares y civiles y aun a muchos recalcitrantes, se les concedió juicio particular; y los dos billones y tres mil quinientos millones de espíritus encarnados y desencarnados, pertenecientes a la familia terrena, presenciaron en espíritu, la majestad del Espíritu de Verdad, con toda la cosmogonía, presidiendo el acto de la sentencia que firmaba en tribunal el juez nombrado y reconocido por el Creador: momento tremendo en el que, el Espíritu de Verdad, asumiendo en sí, por ley toda la potencia universal, como el juez hombre, toda la autoridad de la familia juzgada y apoyado por la solidaridad, el uno, firmaba y ordenaba y el mayor rasgaba de un soplo la atmósfera que envolvía la tierra y penetró la luz de su luz, que es luz del universo. Esto hizo salir despavoridos y perseguidos por ella a las huestes que obcecadas no habían querido, en espíritu, reconocer al juez ni acatar su código de amor bajo la ley del trabajo y el usufructo común. Los encarnados, quedaban bajo la misma sentencia y en la transición de su presente existencia.

Como desaparecieron los espacios de tinieblas, que no eran más que la fuerte, pesada y negra atmósfera creada y sostenida por la maldad de los disconformes, de los parásitos, de los que todo lo mistificaron en todos los tiempos, de los que sólo de la guerra, del odio, de la supremacía y de la muerte han vivido, quedaba encendida la guerra que no había de tardar en estallar, por causa, de que antes del juicio, los supremáticos espíritus, aberrados a sus dioses creados conforme a sus concupiscencias, se podían mantener y obrar en las sombras de la atmósfera y las huestes de su grey, las atraían por la afinidad de los encarnados, en sus desdoblamientos y pelechaban así, cada uno en sus errores; así, sólo irrupciones parciales podían hacer e hicieron, porque lo mismo que en la tierra, tenían divididos esos espacios y sólo allí se fraguaban las represalias; pero no veían muy lejos, porque así es ley que sea; por lo que, de algún encuentro entre espíritus de una u otra hueste, sus inspiraciones eran dadas a sus afines encarnados, que en su odio, deseguida se iban a las manos, por religión siempre; por razas, muchas veces; y no pocas, por nacionalidad.

Esa es y no otra, la razón metafísica y verídica, de las guerras todas, hasta esta conflagración promovida en justicia divina, para quitar todo lo que estorba al cumplimiento de los decretos santos del Padre, que es la implantación de la Comuna, sin fronteras, sin parcelas y sin propiedad; por lo cual, no acabará la guerra aunque los hombres quieran, hasta que hayan quitado la causa que la origina; causa creada y sostenida por los hombres que no acatan la ley del trabajo, si no que imponen el trabajo de bestias y hacen la justicia a su modo, pero no la quieren por su casa, ni para su causa. Por lo que, hecho el verdadero plebiscito de hombres y espíritus bajo el amparo de la ley máxima de amor, se unieron hombres y espíritus, elementos y naturaleza y se rompió la resistencia para que se encontraran los dos polos: el “cristo y el Anticristo”. Oyéndose “San Bartolomé”, en todo el mundo. Pero Santa Bárbara .(32) perdió el oído y no escucha más, ni miedos, ni plegarias, porque la ley no oye lamentos ni imprecaciones, ni conoce dignidades, ni supremacías, ni sangres azules, ni de otros colores; y ya, sólo se oye en el espacio: ¡Justicia, Justicia, Justicia!... Y la justicia obra.

Mas la malicia es tanta; el odio tan grande; la civilización tan vergonzosa, que si cualquiera de los espíritus de los jefes beligerantes, pudiera por un momento salir a la luz de los espacios, se vería tan corrido, tan horrible, tan despreciable, tan vil, que pediría no ser; pero oiría la terrible voz que lo enloquecería su recuerdo por muchos millones de siglos, porque oiría siempre: “No puede ser que no seas” y “Serás medido con la misma vara que mides”.

En esta última y terrible página del error supremático, queda impresa toda la obra de las religiones que los retrata, indeleble y fielmente y la última línea de esa página provocará un vomitón de sangre, que para borrarlo, la tierra abrirá sus entrañas y lo envolverá piadosamente(1) . Sí. Han de vomitar los hombres la guerra por su boca. La ley es complaciente: ¿Piden guerra?... Pues guerra se les da en abundancia, hasta que se harten; hasta que la vomitan y la ley divina tenga la seguridad de que la guerra y sus causas fueron echadas del corazón de los hombres. Y es así justo, porque, si para la evolución en el tiempo de la tregua, (hasta cumplirse el tiempo señalado para el triunfo del espíritu) las guerras eran toleradas, (no consentidas) era porque en ellas, (cuando no eran religiosas) llevaban en sí mismos los guerreros por escudo, la nobleza y el humano sentimiento; pero ahora, la guerra es vil; ha degenerado la guerra.

Nota al pie 30: Fracasado en mi intento. Lea la Premisa.

Nota al pie 31: Cuando firmé el libro el 2 de Mayo de 1915 aun no estaba autorizado a dar ese único nombre universal del Creador.

Nota al pie 32: De esa figura, la impúdica religión de los santos puede explicarla y descubrirá sus falacias y hasta dónde llegó en la explotación.

Nota al pie 33: Tremenda profecía, cumplida antes de que los hombres la pudieran leer, porque negaron los medios de imprimir este libro.