LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO TREINTA Y CUATRO
RECOGIENDO Y ATANDO CABOS. ACCIÓN FINAL

820.—Ya están todos los cabos de la enredada madeja de la humanidad sueltos. Ya cada hombre puede coger el suyo correspondiente, para tejer su juicio, conforme a la razón y la justicia. Y por los que estén en la tremenda duda del terrible escepticismo de su mismo ser, hemos llamado a las ciencias todas y a la irrevocable matemática, para que cifre en números, la horrorosa deuda del causante y feudo-causantes con la ley divina; y dicho comprensiblemente, con la creación, de la que es representante el hombre que ha recibido el daño de los malversores que, ya no podemos ni dudar quienes son, ni cubrirlos, ni dejarlos que se cubran con la injusticia de la caridad, porque la ley nos los colocó al descubierto, para que los hombres los vean.

821.—La ley es justicia y se burla y condena la caridad, porque es su antítesis, que nos lo probará todo hombre amante del trabajo (y por lo tanto digno) que al llegar a su vejez, (o aun joven) fué inutilizado en su trabajo y tiene que alargar la mano y pedir limosna; el que nos dirá, cómo se le hielan las carnes y se le anuda la voz en la garganta al tener que implorar para no dejarse morir de hambre; y si tiembla ese hombre digno, dígannos los fisiólogos y biólogos: ¿Porqué ese temblor?... ¿Porqué sufre vergüenza el hombre?... No podrán menos que confesar, que es, porque se rebaja en su dignidad. Ese amor propio, (pero sagrado de la dignidad del hombre) no puede causarlo el amor y la justicia. Por lo tanto, lo causa el odio y la injusticia que se envuelve en la caridad y queda probado que la caridad lejos de ser virtud, es un baldón.

822.—¿Quién proclama la caridad? ¿Quién sostiene la caridad? ¿Quién lleva por antifaz la caridad? . . . He aquí los malversores; he aquí los que la ley condena; he ahí los que tienen que ser expulsados de la sociedad que sólo quiere amor que es justicia, para lo que proclama como ley, el trabajo productivo y el usufructo común, porque esto es ley suprema.

823.—¿Quién podrá decir que la ley del trabajo y usufructo común, no sea la más alta justicia? Se oye una voz que dice: “Eso es una utopía, porque la igualdad no cabe y porque la materia es imperfecta, ni todos los hombres son de las mismas aptitudes”. ¡Hipócritas, sepulcros blanqueados! Sólo pueden ser los que cantan esa letanía irracional, que al parecer es un reconocimiento a la suprema Ley de Amor, los que no aman. Sólo los que no se conocen, sólo el malversor, puede invocar tales razones.

824.—Porque no somos perfectos, ni jamás lo podremos ser más que relativamente y esto al final de cada período en cada mundo, se establece por ley de igualdad en la más alta justicia por la Ley de Amor, por la cual uno producirá mil y consumirá quinientos; mientras otro sólo producirá quinientos y tendrá necesidad de consumir mil; pero cada uno, no consumirá más que lo necesario; lo que su progreso le permita; lo que su conciencia le señala. He ahí la igualdad de la ley, que no es, no es que no puede ser como la exponen los malversores, “el reparto de la riqueza por parcelas”. Esa es precisamente la injusticia, porque el que viene a trabajar en la ciencia y en las artes, no puede cultivar una parcela de tierra; ni el que viene a cultivarla trae aptitudes para las ciencias y las artes, aunque posea la sabiduría en su más alto grado y comprenderá el arte y la ciencia: como el artista y el ingeniero comprenderá la agricultura, pero no las pueden desempeñar mecánicamente el uno y el otro, porque su espíritu, tomó las aptitudes para la tarea que venía a desempeñar en esa existencia, complementándose en justicia el uno al otro; lo contrario, es como empeñarse en hacer vivir al pez en la atmósfera y el ave en el centro de las aguas.

825.—Para llegar a la perfección relativa, es para lo que se necesita la ley, el reglamento, porque somos ignorantes e imperfectos. Cuando se llega a la perfección, no hacen falta leyes ni instrucciones, como no necesita nuestro corazón aprender nada para sus funciones y funciona regularmente, cuando nada anormal suceda en el organismo o un tóxico u otro agente no le entorpece su ritmo.

826.—Pero aquí, ya estamos en un juicio de cargos y no hay que buscar más fundamentos que son de otro lugar. Tenemos los hechos históricos y los no historiados por malicia y hemos llegado, descubriendo raíces, a encontrar la causa de todos los males; y aun hemos dejado vislumbrar de dónde salió la provocación de la conflagración actual, que es lo que interesa en estos momentos últimos de la gran liquidación social; ahora tenemos que comprender, que si pudiera acabar la conflagración sin renovarse todo el mundo en sus cimientos y sin tomar parte todos los agentes que cooperan al estado anormal mundial y no cayeran las causas, nada habría conseguido la humanidad; pues existiendo religiones, existirían patrias (28) ; y existiendo las dos, la guerra existe; y la guerra, no puede ya existir en la tierra.

827.—Es cierto; y están en la conciencia de la mayoría, que el parasitismo es la causa del mal. Es cierto y probado; que la religión es la raíz parásita que engendró todos los árboles parásitos y sin fruto de provecho: Es cierto; que ese parasitismo, creó castas y clases y es cierto y probado, que con esa barahúnda, no puede haber armonía.

828.—Es cierto y probado; que la desarmonía es una revolución sanguinaria, porque por fuerza engendra odios. Es cierto y probado; que el odio, nace de las diferencias sociales, y es cierto y probado; que las diferencias sociales son la causa de las guerras civiles y nacionales, como es cierto y probado, que las dos terceras partes de la humanidad, vive del sudor de una tercera parte que trabaja la tierra.

829.—Es cierto y probado, que la idea de patria, es un grado de amor y que solidariza una colectividad y esto es laudable y de la ley, para un tiempo en que los hombres son más imperfectos; pero es también cierto y probado, que la patria no necesitó tener parásitos, religiosos, civiles y militares, porque es un mal que ocasiona todos los sufrimientos al pueblo trabajador, al que le han negado hasta el derecho de justicia y denigrándosele, por la caridad; esto es una prevaricación no de la patria y sí de los que viven de la patria y la falta cometida, es superior a la virtud o grado de amor colectivo, que la nacionalidad o patria representa en la ley; y lo es más porque Nación dice, desmembración del mundo universal, que sólo es de un propietario: EL PUEBLO TRABAJADOR.

830.—Es cierto que la falta se agranda, porque esa parte desmembrada de la heredad común por las clases y supremacías u autocracias, se ha dividido en pedacitos llamados propiedad privada, la que ni siquiera han trabajado los que la han recibido, por gracia o pagada con moneda, que tampoco la han ganado con gotas de sudor, ni arrancado y elaborado el mineral que contiene el metal de la moneda; y de este delito, son culpables los estados que se subyugaron a la religión, por lo que, sólo la religión ha sido el estado que influyó y aun se impuso para la creación de las leyes nacionales y sociales, aprovechando la ignorancia que sembró con intención en la masa popular.

831.—Es cierto; y por justicia de la ley se afirma; que de cada evolución, hereda el haber y el debe del progreso, el régimen o poder que nace por la fuerza evolutiva, lo mismo en el extremo más, que en el extremo menos. Y por tanto es cierto y aun consagrado por la profecía, que la religión cristiana, establecida por una alianza en Iglesia universal, heredó el haber y el debe de los otras religiones y la ley la reconoce como el sumando de toda otra religión desde el principio de ellas: Como es cierto, que la 666 y el Dios-Ídolo, consagrado por ella en el cristo, son la bestia y el dragón marcados en el Apocalipsis; y no menos cierto, que acabó su milenario.

832.—Con todos estos ciertos y probados y todos los demás que la historia aporta y los que da la razón, hemos llegado en la tierra, a no entendernos en nada; a creer lo justo, injusto; a tener que dar, el que nunca trabajó; a carecer de todo, el que todo lo produce; y al desquicio único en la historia, pero anotado ya en la profecía. Por lo cual todo el que no sea malversor, había de poner su fuerza psíquica, su razón, su pensamiento y voluntad, en que se consuma en este incendio todo el combustible, sin que lo apague un remiendo de la resistencia, puesta entre los dos polos, porque sería sólo una tregua, preparada por la causa de la guerra. (Y ya suena su tambor, para hacer ruido y no oír la acusación, pero la tendrá que oír porque se la hace oír la ley).

833.—Vengamos ya a cuentas, porque es justo ser justos en los valores que juegan los hombres lanzados a la lucha por la justicia divina, ya que los hombres son autores y actores del drama que debe acabar, pero que trata el causante de tirar el fardo de sus contrabandos, antes de que lleguen los carabineros y le demuelan la choza, donde tanto tiempo ocultó sus fechorías.

834.—La Iglesia Católica, no está habilitada ante la conciencia y la razón para pedir a los beligerantes la paz, porque ella sólo es la causa de la guerra y los hechos lo van a demostrar, aunque, como la abundancia es tan grande, sólo anotaré los que acuden a mi pluma y son

1º.—La guerra declarada a todas las religiones, después de poner a Jesús el apócrifo cristo; lo que constituye un insulto a todos los pueblos que militan en todas esas religiones, que no quiero sumar las víctimas que habrá causado entre sus mismos creyentes.

2º.—La felonía usada y la malicia brutal, con que fué despojado de su imperio Enrique IV de Alemania, haciéndolo morir desesperado, sometiendo, por el engaño y la fuerza de la hipocresía, al Imperio, llegando el odio papal, hasta desenterrar los restos del anciano usurpado y que no se pueden contar las vidas que costó.

3º.—La declaración del celibato, que con todos sus colgabeles, los matemáticos podrán decir, a cuántos miles de millones ascienden los asesinatos cometidos, por tan grande sacramento.

4º.—Ocho cacerías de infieles llamados “Santas Cruzadas”, que el gran San Simón Stoc y sus sucesores capitanes cruzados, podrán decir cuántos cazaron.

5º.—Ocho guerras llamadas de religión, que sólo Francia ha sufrido, (como si las demás no tuvieran su raíz en el Vaticano) y los registros de esa nación de los santos y de las fábricas de preservativos, tendrá anotadas sus víctimas.

6º.—Las luchas de los españoles para tomar Granada y echar a los moros, porque el frailecito Jiménez de Cisneros quería que Isabel le impusiera el capelo de Granada, sin importarle de los civilizadísimos pobladores que la poseían y que hacían rica y nombrada a España por sus productos; pero que al pontífice cristiano, no le llegaba nada de aquella riqueza.

7º.—La guerra levantada por el pontífice contra Carlos V, el que se vió en la necesidad de entrar y no por indulgencias en el Vaticano y apresarlo.

8º.—La terrible y sólo posible nacida de corazones célibes. . . “¡La Inquisición!”. . . que sólo de España, entre quemados, sacrificados, emparedados y reventados y concluídos de otros medios, desaparecidos y forzados a emigrar, faltaron más de 12 millones de seres. ¡Buena hazaña! ¡Qué gran corona merece!

9º.—¿Anotaré las pequeñeces de Austria contra Hungría? ¿De la Prusia contra Francia? ¿Waterloo? ¿Y las guerras Carlistas? ¿Y etc. y millones de etc.? Y para dar un 10, anotaré la infalibilidad, que costó no sé cuantas vueltas, revueltas y reyertas y las luchas de papistas esclavos e italianos libres. ¿Podría ser más grande la bestia y el dragón? Pues con ellos se acuestan los que no saben sentir.

835.—¿Se dió cuenta el hombre de tanta sangre derramada, por causa tan injusta? ¡Qué razón tuvo Jacob para señalar el peligro, Cristo! ¿Y porqué los hombres lo han seguido? No hay más que una contestación: Porque es falso profeta. Pero en cuanto se descubrió con la infalibilidad, los hombres lo comprendieron y todos lo dejaron, quedándole sólo un cuerno con el que habría de agitar todos los mares (y entendamos bien) toda la humanidad; y ése, al ser tirado al mar, levantó esta terrible marejada. Ya queda comprobado por sus hechos, que el cristo es la raíz y causa de todos los males que sufre el mundo.

836.—Pues bien. ¿Siendo la causa de la guerra el cristo, cómo estará habilitado el representante visible de él, para pedir a los beligerantes cristianos la paz?... Sin embargo, se ha atrevido a llamar al orden a Guillermo, aun con todos sus tiesos bigotes; y eso que no es católico, pero sí cristiano, como el que, si perdiera, el Padre Santo de sorpresa, haría algo más que Hildebrando con Enrique IV. Pero no creo que Guillermo vaya descalzo como aquél; y si acaso, irá montado en un cañón de 42, para saludar a San Pedro y sacar al sol las piedras de sus cimientos.

837.—¿Lo atenderá Francisco José, último cuerno que fué arrojado al mar por la bestia, por el concordato de ésta con Servia, país eminentemente mahometano? Francisco José, era el designado para prender la mecha y viejo y todo, la prendió; y al escrito de Benedicto XV, le ha contestado cortésmente: “No puedo pedir, procurar ni aceptar la paz, sin mi aliada Alemania, pues se trata de la vida o la muerte de los Imperios”. De modo, que Francisco José se une al Imperio, en el que (aunque mal) trabaja y está representado el pueblo y desatiende el pedido del Vicario de Cristo y Pontífice Católico; que al decir de este Santísimo Padre, “Francisco José es Católico y Cristiano”, por lo que le pide “que ante todo, defienda la religión”: pedido que está en perfecta concordia, con el rugido de Pío IX: “Defender y conservar la Iglesia, aunque sea a costa de la sangre de toda la humanidad”; lo que a la vez, no es más que consecuencia de aquel famoso “Después de esto, yo me sé lo que me haré”. Y ya hemos visto cuánto ha hecho y aun quiere hacer más; pero que ya no le es posible, porque ese último cuerno caído de la tiara ya no puede pegarse; y si se pegara sería en falso y al menor movimiento se le caería otra vez.

838.—Mas todo lo que hoy presenciamos, es sólo el terminar del Apocalipsis, y no podemos dudar que acabará como allí está dicho, como nadie tampoco podemos dudar, de que el del caballo blanco este dirigiendo las batallas en defensa de la ley, en defensa del Creador, en defensa del pueblo, porque aquel es “rey de reyes y señor de señores”. Y es seguro que están derrotados los jinetes del Apocalipsis por lo que ya, en estos días nos dice el telégrafo, del levantamiento de Turquía; y he ahí señalado, donde debe terminar toda la catástrofe. Y por fin, se descubrirá a los hombres lo que guarda la Sublime Puerta y es, lo que temen los cristianos, que se descubra, la verdad del nacimiento y el cuerpo o restos del mártir de los sacerdotes, del crucificado Jesús; y ya veríamos cómo probarían que fuese ascendido al cielo, salvo ser que entonces nos dijeran, que el cielo de que nos hablan, sea el de algún salón o choza y he ahí, en parte, el gran secreto del nombre de “La Sublime Puerta”.

839.—Si examinamos todos los dogmas, sacramentos, artículos de fe, virtudes teologales y todos los emolumentos del catolicismo, sólo encontraremos de verdad, sus consecuencias; las naturales consecuencias que lo absurdo puede producir; y para que todos las encuentren, basta despojar esos absurdos de la máscara caridad.

840.—Y para ayudar a quitar ese crespón negro y rojo, bañado con tantas lágrimas que ocasionó, sólo tienen los hombres que ver, que todos los que luchan matándose como fieras, son cristianos y lo hacen con ¡Santa Caridad!. . . Pero yo digo que el cristo es peligro y como tal lo dió Jacob a sus hijos como Santo y Seña. Y probé con la historia, cuál es su figura, dónde está y cómo fué llevada y no era casualidad, sino fatalidad; pero la fatalidad, es justicia de necesidad.

841.—No se ataca aquí, ni creo que nadie se crea atacado en su individualidad; y si alguno lo creyera y lo manifestara, mostraría a la faz de la tierra, ser ciego y no ver el sol. No: el doctor que, armado del bisturí y los cuchillos, se acerca a un incurable para amputarle el miembro gangrenado, no va a atacar la vida; va en conciencia a atacar y desalojar la muerte segura; y ya véis, que sin miramiento, corte y se satisface cuando consiguió dar la vida, al que ya era muerto por el mal. Este mismo es el fin de este libro, en toda su actitud y no habrá nadie tan insensato, que pueda decir: ¿Qué le importa a Ud. que yo me pierda? Si hay quien tal piense (aunque no lo diga) ese ya está muerto al sentimiento; ya está muerto a la ley de amor; con su pensamiento ayuda a la ley de justicia a sacarlo de su topera, aunque se esconda en las entrañas de la tierra porque para la justicia divina nada hay oculto y hasta el simple pensamiento queda esculpido indeleble en donde nadie lo puede borrar, en el Eter. Y no es eso todo lo terrible, sino que muchos, (aun como hombres) los pueden leer y los leen y tenemos ejemplos por millones de millones y más hoy, que es el día terrible de la liquidación y el espíritu de justicia, todo lo pone al descubierto y se lee y se copia, porque nada ha de quedar sin ser juzgado.

842.—Es terrible el trance por el que pasa la tierra. Es horrible para el Espíritu y para el hombre, no poder ocultar nada al juez Investigador, que en toda su potencia omnipotente y aun omnímoda (porque lleva el sello del omnímodo) va moviéndolo todo con sólo su presencia y lleva por arma, la terrible y flamígera espada que todo lo señala y nada le resiste y deja su señal en las frentes de los que no han de caer; y ya se ha dicho que “una estrella caerá y arrastrará una tercera parte de la tierra y dos terceras partes de la humanidad”. ¿Y quién podrá dudar que en ese tiempo estamos, si se ha dicho que los ríos serán de sangre y sabemos por los telegramas que los ríos se han coloreado de ese líquido de vida, y se mezcla la sangre del hombre con la del caballo llegándole hasta la boca, como fue profetizado?

843.—¿Quién negará que el mundo todo es una confusión y que Europa está ininteligible, siendo precisamente toda ella una familia, por religión? ¿No es bastante esto para creer y afirmar que es esa “La Babilonia Grande” que tiene que caer, para que ese ángel exterminador, pero Juez de jueces y Señor de señores, porque defiende al pueblo en nombre del Creador su Padre, pueda darle a éste la voz:: —”Caída, caída es Babilonia la Grande”?

844.—¿Cómo no admitir y afirmar que la religión es la bestia, que está toda resumida en la 666 y que el cristo es el Dragón, confirmado por sus propios hechos y que su representante es el falso profeta que quiere que con el celibato no se llene el mundo de hombres, siendo el tal sacramento la destrucción de los hombres y que por fin se declara infalible y por tanto Dios?

845.—¿Quién no afirmará, que ese es el Dragón surgido del abismo, que hace el milagro de curar a la bestia supremacía, herida de muerte por la prédica de los apóstoles de Jesús, y que ese falso profeta, surgido del abismo de su maldad, levantó la supremacía y ha dominado y mandado a reyes y capitanes que dominaban grandes multitudes y naciones y que todos se emborracharon con la copa de las concupiscencias de la gran ramera?

846.—¿Quién podrá ni siquiera dudar de toda esa verdad, cuando se ve que al colmar del todo la copa, declarando la infalibilidad, todos esos reyes capitanes y sus pueblos le vuelven la espalda, porque su escándalo los hastió y al retirarse de sus antros, lloran, porque ven que todas sus mercaderías se habían perdido y sus naves, (sus cajas) estaban exhaustas a causa del lujo de la ramera?

847.—Ciego debe estar el que no vea todo eso, que es la exacta confirmación de la última profecía apocalíptica, la que fué dada a Juan por el mismo Investigador y Juez de Jesús, que aunque estuviese encarnado en el cuerpo del Anticristo Santiago, estaba en su potencia esos hechos y facultades y aun lo confirma el mismo, porque Juan quiere arrodillarse y le dice: “Mira que no lo hagas; porque consiervo tuyo soy y de tus hermanos, que tienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús, es el espíritu de profecía”. Y si es consiervo de Juan y de sus hermanos que tenían el testimonio de Jesús, y Santiago es uno de ellos, ¿quién puede dudar que él era, el que le hablaba, le mostraba y le explicaba esos secretos a Juan? Porque por muchas causas, la materia (que los hombres comprenderán luego) la materia, digo, opaquiza al espíritu en su luz y su conciencia; pero puede desdoblarse en potencia y voluntad y mostrarse y decir al hombre lo que se debe saber, porque todo está en la ley. Juzguen aquí los espiritistas racionalistas y metafísicos.

848.—Que Santiago sea el Anticristo y que éste sea el Investigador y Juez, lo comprueba su carta de Justicia Universal, en la que prohibe la acepción de personas y nombra como caso extremo: “aunque sea Jesús” lo que además de demostrar su alta mira de justicia y libertad, confirma que, Jesús no es el más ni el único ni el Divino. Porque si lo fuera, en tan capital documento, (único exento de majaderías pero todo justicia) no tomaría el nombre de Jesús, para decir, que ni aun a él podían diferir de los demás hombres; y esto, que era hermano de padre y madre; y por si alguien lo niega, lo confirma Pablo, llamando a “Santiago el hermano del señor, al que había reconocido como Jefe del apostolado”. Declaración hecha por Pablo, en los pretorios de Roma.

849.—¿Qué más habrá de recordarle y afirmarle al hombre para estos tiempos? Todo está en Isaías, los profetas y el Apocalipsis; pero el consejo de Santiago en su carta universal, es el jalón que el hombre no debió dejar y se habría librado del descrédito y de la opresión y de la injusticia; y en vez de tener fe, sin obras de redención, tendríamos por fe, la que nos dan nuestras obras; esto es lógico, esto es justo y esto nos lo afirma la ciencia matemática y la matemática pura, la razón.

850.—¿Habrá que recordarle al hombre el temido juicio final, cantado por el falso profeta? Ello es lo mismo que lo ha publicado del terrible Anticristo; de éste, espera un hombre; y, ¡han habido tantos hombres Anticristos! . . . Que lo son todos los libres y aun todas las congregaciones religiosas grandes y pequeñas; pero por todas el verdadero Anticristo es la Compañía de Jesús, que no tiene a Jesucristo ni a Cristo, sino a Jesús, a pesar de haber sido dogmatizada. Pero así y todo ha cumplido su deber, quitándole al Dragón las cabezas, los cuernos y el dinero de sus concupiscencias; y es que la ley hace cumplir en su tiempo hasta por sus mismos detractores, los designios y decretos del omnipotente omnímodo y a todos da su pago. Ha llegado, pues, la hora de que cada uno cobre su denario, porque llegamos a Armagedón o Sidón.

851.—Sí, llegamos a ese punto y no se puede dudar, porque se han levantado (como está dicho en el Apocalipsis) todos los reyes y capitanes y ejércitos de la tierra; y han habido terremotos y todas las plagas y sobre todo, la mayor que puede existir; la plaga del ansia que todos los hombres sienten y no pueden apagar. ¿Y qué falta? ¿El terrible terremoto, cual nunca fué, desde que el hombre está sobre la tierra? No se hará esperar y la mayoría de los que vivimos lo hemos de presenciar, porque este terremoto es, para borrar las fronteras y las marcas de propiedades; pero antes, tiene que gritar el que Juan vió con la espada en la boca hiriendo y sublevando a todas las naciones: “Caída, caída es la Babilonia la Grande”. Porque El es y no lo oculta, el que las regirá con terrible vara de hierro, es decir, con la más recta y alta justicia y sólo puede ser esa justicia, la redentora comuna, que es el Banquete al que son llamados los señalados en la frente con la estrella de Jacob.

852.—Los que viven del sudor ajeno y nunca ellos han sudado en el trabajo, se opondrán a la comuna; pero es vano su empeño, porque es decreto del Creador y quita de la tierra todo lo que estorba y por los mismos que pusieron los estorbos; y ahí tenéis la Europa, luchando todos por ensanchar su frontera y para conseguirlos alguno, tendría que ser a costa de la desaparición de otros; y es que, la ley encontró en los hombres el egoísmo de la plutocracia y autocracia y emplea esa arma, y ¿quién triunfará? Sólo la ley.

853.—Señalados están los territorios que habrán de quedar en el sueño de sus recuerdos y los que han de salir de la tierra como escorias sin valor para el hombre; también en donde las nuevas tierras surgirán para no oír más de guerras, ni de ansias de muerte; esto no lo puede hacer el hombre, pero sí lo puede hacer el espíritu. Mas no será, antes de que los hombres que pusieron estorbos a la ley y enlodaron la verdad, no quiten ellos mismos esos estorbos; y ya véis que se dan prisa los que han empezado a barrer y se darán más prisa los que aun no han empezado, y que han de empezar, porque todos tienen estorbos; porque todas las naciones tienen los tres parasitismos capitales: religión, militarismo y prestamistas o rentistas, en cuyos tres, están todas las otras clases y todo estorba a la ley y lo quita. Que nadie admita ni sombra de duda, porque esa duda es su declaración de malversor.

854.—Felices de aquellos pueblos que sólo tengan la justicia que limpiarlos, por la plaga de las pestes y en ellas comprendan sus hombres el aviso amoroso de la justicia que obra; ¿pero habrá algunos de éstos?

855.—El profeta que le muestra las cosas a Juan, le mostró un ejército de 200 millones de a caballo y eran espíritus. Estos están sobre todas las naciones, empujando a los hombres a la lucha; esa es el ansia que todos sentimos y que no nos deja encontrar solución a ningún conflicto y aun parece que los hombres más expertos se han anublado, siendo ayer lumbreras de financistas. ¿Cuál es la causa? Misterio . . . dicen . . . y el misterio no existe, sino justicia rigurosa, para que los calientes se levanten y reaviven a los fríos y entre los dos saquen de su atonía imbécil a los tibios porque la ley llama a todos y ella tiene todos los medios y toda la fuerza y ella sólo triunfará y con ella, los que la sirven en voluntad.

856.—Entremos antes de terminar, por un momento, en los campos de batalla y examinemos algunos hechos bárbaros; bárbaros para hombres, aun del tiempo de Adán; y comparado el progreso de hoy con el de entonces, estos hechos de hoy, son de fieras.

857.—Fieras son los hombres en la guerra, por el solo hecho de acometerse el hombre al hombre; pero desde el momento que al hombre se le anestesia el sentimiento y le dan reactivos para que se convierta en máquina inconsciente; sabiendo los directores de la guerra, que esos reactivos aceleran todas las fuerzas vitales de sus soldados y le dejan inconsciente al sentimiento, reavivando, en cambio, los instintos brutales del hombre se convertirán en hechos de fiera; ese sí es el gran ¿Pecado? . . . Sí, el gran pecado, encierra toda la maldad y delitos de todos los hombres y sólo se iguala a este pecado, el cometido por la religión 666, con el Sacramento del celibato.

858.—Sí señores. Sabemos que algunas de las naciones en lucha, dan en el alimento a sus soldados antes de emprender una marcha y antes de entrar en una batalla, una droga que los anestesia y los llena de deseos y acelera todas sus fuerzas y esto es algo más que hundircatedrales y la cúpula de San Pedro, de donde hace algunos siglos salieron drogas semejantes y ahora protesta la bestia de que le hunden un pesebre y no protesta de ese otro acto de lesa humanidad. ¡Es que temerá que le digan: tú me lo enseñaste? En todas formas y de todos modos, esos soldados, luego, ya serán hombres inútiles, porque habrán consumido en breve tiempo, las fuerzas que debieron durarles muchos años.

859.—En esto está el secreto de ese encarnizamiento que se nos dice en los telegramas y que por la censura (que es otro acto irracional) sólo nos dicen la mínima parte de lo que sucede, en cuanto a bajas; y nada de los actos atroces que se cometen por los soldados, convertidos en fieras y que voy a anotar uno sin decir qué nación lo cometió, ni el punto; y ha sido en los primeros días de septiembre.

860.—En una caseta de guardavías, había una mujer joven, con un niño de pocos meses; su marido había sido llamado a las armas y está en la guerra. Pasó por allí una patrulla de soldados y quisieron abusar de la mujer; era natural que se resistiera; pero al oír uno de los forajidos, que dentro de la caseta lloraba un niño, encontró el medio de que no resistiera la madre; y tomando al niño entre dos, lo sostenían de cada bracito y en la otra mano tenían el cuchillo para sacrificar al inocente, si no cedía; y ante aquel cuadro de horror, se sacían como bestias y en todas formas, dejándola loca y deshecha; al marchar, un hombre que escondido había presenciado ese horrible hecho, salió para auxiliar si aun había remedio y cargado con la madre y el hijo iba a buscar un refugio, cuando es visto por los mismos y vuelven dos y asesinan al hombre, dejando a la madre y al hijo tirados, hasta que pudo volver en sí la desgraciada mujer y a sus lamentos llegó un hombre, que sólo tuvo tiempo de enterarse del hecho y recoger al inocente niño, pues la madre, murió sin poder resistir a la infamia y la desesperación.

861.—El hecho es vulgar, pero insólito en el hombre, si no está en estado anormal; y como aquí la anormalidad viene del anestesio del sentimiento por la droga que les dan a esos soldados para convertirlos en fieras, es su nación, es su gobierno, es su jefe, el culpable.

862.—¿No es verdad ¡madres amantes! que ese hecho, es algo más, infinitamente más que el demoler una catedral, aunque estuviera dentro el cristo en su vicario? Pues saber criar vuestros hijos con horror a la guerra y pensar que pueden transformarse (si son soldados) en fieras como aquellos y cometer un acto, que sólo os puede causar horror y que la víctima podréis ser cualquiera de vosotras, mujeres; y para llegar a esto, ¿no es mejor que no pariérais? Es cierto que esto sería el verdadero fin de la humanidad y no puede ser, por lo que no déis hijos a la guerra; que si vosotras, madres, todas los negáis, los ejércitos de muerte no existirán; pero ya es tarde para el consejo, porque los que ahora nacen, conocerán estos crímenes de la guerra por la historia y matarán la guerra porque a ello vienen juramentados; y esto es tan cierto, como mi relato.

863.—¿Para qué diré más de lo que pasa en los campos de batalla y en las ciudades tomadas por unos y por otros? Saber sólo, que la guerra ya se ha declarado sin cuartel y que como todas, es guerra religiosa y no ha podido mantener la incógnita el . . . Santísimo Padre Infalible, pues se pisó, creyendo tener autoridad sobre Francisco José al que le dice que, “como católico y cristiano defienda la religión”, y aunque el viejo a contestado: “non possumus”, por si acaso, la Sublime Puerta, cerró el paso de los Dardanelos y se prepara la guerra; y aquí surge una pregunta de grandísimo interés y es del Apocalipsis.

864.—¿Turquía se levanta como tercer estado? La historia nos dice cómo la trató el cristo y ya he probado atrás, que los Balcanes eran la resistencia puesta por la ley entre los dos extremos, y sólo cuando han roto la resistencia, se ha producido el terrible corto circuito que ahora acabará de fundir todo el combustible, juntándose los dos polos por lo que, aunque Turquía se alía con Alemania y Austria, (cosa también insólita, porque Austria es eminentemente católica y cristiana y ha sido la que siempre desarregló la resistencia), Turquía, repito, aliada a uno u otro beligerante, constituye el tercer estado y se cumple el Apocalipsis cuando dice que, “los ejércitos se dividirán en tres partes”; y precisamente en el dominio de Turquía, está Sidón, (hoy Leida) y todo él es Armagedón.

865.—Mas ya, el Africa presencia las luchas; se combate en la China; y de la India y la Australia, hay rumores de emancipación. ¿Qué podemos esperar? Si es derrotada Inglaterra, ¿sería mejor Alemania? ¿No traería esto la consecuencia de la guerra interminable, para hacer acatar a las Indias y demás colonias hoy Inglesas, el Imperio Alemán? Piensen los hombres y tiemblen, si su corazón tiene sentimientos, pues esto pudiera suceder, bajo un imperialismo autócrata y militar engreído (29) .

866.—Y el caso es que Albión, que vino (como raza), con cabeza de acero y pies de barro, tiene el cristo en su trono y por baluarte, y el cristo es peligro y tiene que ser encadenado con la bestia, porque ha cumplido su milenario; y por añadidura, a Albión se le han quebrado los pies. Alemania invoca la espada como necesaria siempre en la tierra; y las dos grandes rivales dicen: “Que luchan a vida o muerte”. ¿Qué pasaría si una venciese? Mejor fuera el fin del mundo como lo ha predicado el Dragón.

867.—¿Pero es posible el fin del mundo en estas circunstancias y en el que aun no se ha establecido la ley, ni gozado el hombre un momento de paz, ni de libertad, ni conoce el amor, ni ha disfrutado de su trabajo y progreso? . . . No. No es posible el final de un mundo así, pues si lo fuera, miente el sufrimiento, miente la naturaleza, miente el espíritu, miente el Creador.

868.—¡La religión acepta estas mentiras! ¿Las acepta la razón?

¿Las puede aceptar la madre, que sabe sentir los efluvios del amor, mirándose en su infante? ¡Oh, no! Ninguno acepta esas máximas mentiras. Las madres me enseñan sus pechos, fuentes de vida, de los cuales hay colgados millones de niños que por sus ojillos, anteojos del universo, telescopios que alcanzan hasta el centro de las vibraciones, morada del Creador, y dicen: nadie acepta esas mentiras y la verdad existe, porque existe el amor.

869.—Tiene razón; existe el amor; luego existe el Creador, autor del amor; luego no miente el espíritu, no miente la naturaleza, no miente el sentimiento y no puede ser el fin del mundo en las presentes circunstancias. ¿Cuál es? . . . La religión.

870.—Pero entonces, ¿cómo y cuándo acabará el ansia en que vive el hombre, la incertidumbre de los pueblos, la agonía de los gobernantes, no encontrando solución a los más fáciles problemas? ¿Cuál será la suerte de los imperios? ¿Se podrá salvar del conflicto, algún rincón del mundo, donde se alberguen los inocentes? ¿No serán éstos bastante a calmar la ley?

871.—Si los hombres se hubieran cuidado de sí mismos; si no hubieran sido insensatos y cada uno arregláramos nuestra conciencia, sin mirar primero a la de su vecino para acusarlo o calumniarlo, no habríamos dado motivos para que Juan el Solitario hubiera dicho una verdad y un apóstrofe, sólo capaz de su temple y fortaleza, cuando fueron los Escribas a preguntarle, si era el Mesías; y como él veía que el miedo era el que los llevaba a preguntar, les contestó: “¿Quién os enseñó a temer, que no os enseñó a amar, raza de víboras?” “Yo soy la voz, del que clama en el desierto: a él oídle”.

872.—Esto ha sido mal interpretado, como todo lo que entraña la verdad suprema. ¿Qué tenía que ver Jesús, con lo que Juan decía? Jesús no estaba en el desierto. Jesús, sabemos que nunca vivió aislado, sino siempre en las ciudades y tenemos conocimiento de que tenía más banquetes que semanas, debido a su larga parentela y yo probé y Jesús confiesa y sostendrá que heredó a Juan. ¿Cómo había de ser Juan, la voz de Jesús? El que estaba solo, (porque no era conocido) era el espíritu; estar solo, es estar en el desierto del corazón del hombre temeroso de la justicia; y el que teme, es porque ha delinquido: no teme el que ama. A éste es al que aludía Juan, `por el que llamaba y pedía imperativamente “a él oídle”: éste es su único y verdadero sentido.

873.—Los hombres temen, porque son prontos para acusar y tardos para acusarse a sí mismos; prontos para odiar y tardos para amar; prontos para crear fantasías, mas del todo tardos para oír la verdad; por lo tanto, la calumnia está pronto en el corazón que teme, por lo que Jesús, en momento muy solemne; el más solemne de su misión porque dijo la palabra que traía para hoy, al ver los cuchicheos de los Escribas y fariseos mandados por los sacerdotes, les dijo: “Yo vengo en nombre de mi padre y no me recibís mas otro vendrá, y a aquél sí lo recibiréis; pero en aquel día, todas las cosas serán pesadas y el Espíritu de Verdad confirmará mis palabras”. 874.—Estas palabras, que sí son de Jesús y son dignas de él, coordinadas en razón con el Apocalipsis e Isaías, Moisés y el testamento de Abraham, los progresos, las ciencias, las matemáticas y la astronomía, los carros de fuego y las lenguas de fuego (que son las locomotoras y la electricidad que forman el extremo más y polo positivo) y comparados con las hazañas de las religiones y los hechos de la 666 y con la gran apoteosis horripilante que presenciamos, se puede saber a ciencia cierta, cómo y cuándo acabará el ansia, la incertidumbre y la agonía que nos ahoga, porque la ley no tiene secretos ni el misterio existe. ¿Lo diré?

875.—Sería necesario copiar aquí todo el testamento de Abraham y primero todo el Sánscrito, el Confucio, Moisés, los profetas (sobre todo Isaías) las prédicas de Juan y las enseñanzas de Jesús, el Apocalipsis y la carta de Santiago y toda la ciencia actual. Pero supongo que todos sabemos todo eso, que todos lo hemos estudiado y que palpamos los hechos ocasionados por el enemigo de todo ello, puesto que son más los que sufrimos las consecuencias del siniestro, que los que están dentro del incendio, por lo que se puede decir sencillamente, cómo y cuándo acabará, el ansia, la incertidumbre y la agonía, que nos ahoga. Pero antes, quiero poner el último tizón en la gran hoguera que debe consumir todo el combustible, para que después no haya más ansia, más incertidumbre, ni agonía.

876.—El tizón que hay que echar a la hoguera quizás os va a escandalizar más que todo el libro. Pero meditad un poco y veréis que hay que echarlo, porque de todos modos, la ley lo ha de arrojar. Ese tizón es el amor de la familia y el amor de patria, porque son una imperfección. Os estupefactáis; ya lo sabía: por eso dije antes las razones. Pero vamos a seguir.

877.—Si hace veinte siglos, pudo el Anticristo Santiago prohibir la acepción de personas, aunque ésta fuera Jesús, y los hombres reconocen hoy un tan gran progreso, millones de grados mayor que entonces, ¿porqué se habrá de escandalizar el hombre hoy, al decirle para un mayor progreso, que sacrifique amores pequeños aunque sean sagrados, por un amor universal y por lo tanto infinitamente mayor y sagrado? ¿No buscamos los medios de acabar la guerra? ¿No deseamos vivir en la paz? ¿No queremos que nada nos agobie ni falte a nuestras necesidades?. . . Pues ese es el remedio. Y si nosotros preferimos esos pequeños amores al amor grande, la ley nos quitará, porque ella viene a establecer ese amor universal, esa comuna tan temida, porque no admite parásitos, desde que no permite religiones ni dioses. Y lo dijo claro Isaías y no es cosa nueva.

878.—Mas no entendamos esto también mal porque no se manda quitar la familia, aunque sí las patrias con fronteras; la familia, el hogar, y el amor de hijos y padres, no puede la ley quitarlo porque en él se basa el gran amor universal; pero lo que no permite la ley es el egoísmo de pretender que cada uno es mejor y de más derecho que la familia del vecino, creando antagonismos y diferencias en cada hogar y en cada individuo del hogar, y es por esto una imperfección, como lo es el amor de patria que nos achica y nos agobia y los dos amores, frutos son sólo del prejuicio y error religioso; y existiendo esos amores pequeños y raquíticos, la guerra existe.

879.—He de cantar otra verdad, como si ya supieran todos toda la filosofía y la metamórfosis de la verdad divina de la reencarnación, por la que debemos saber que hemos trabajado continuamente como espíritus y como hombres, en todos los pueblos y en todos los continentes, y hemos sido blancos, negros, cobrizos y de todos los colores y en todos hemos dejado depósitos en el progreso; hemos sido mandados y mandatarios, pobres y ricos y hecho méritos y delitos; por lo que todos tenemos afinidades en todas partes y aun tenemos enemigos que no podemos tener. Por lo tanto, el ansia, la incertidumbre y la agonía que sentimos, es a causa de nuestros mismos yerros; que no teniendo valor para quitar las causas, llega la ley que tiene nuestro haber y nuestro debe y cada uno lo agobia, según sus débitos, porque repercute en su conciencia, la voz de la justicia.

880.—Es pues, necesario que nadie desee que la gran conflagración acabe, hasta que consuma las causas de la guerra porque la última brizna de combustible, debe dar el último estampido de cañón que haya de oír la tierra. Esto es lo que todos deben querer y es así como acabará la guerra; matando las causas de la guerra, con la guerra.

881.—¿Cuándo acabará el ansia, la incertidumbre y la agonía? Ya he dicho como acabará, que es con el establecimiento del amor grande de la comuna; y es también preciso decir, que acabará el ansia, la incertidumbre y la agonía, cuando se habrá establecido la comuna, dentro de un Código de Amor Universal. Mas ¿cuándo?. . . Debo confesar, que no he temblado en todo el libro, aunque haya llegado mi pensamiento al centro de las vibraciones: ni aun cuando haya tenido que hacer la terrible afirmación del número 867. Pero aquí, sí. Aquí tiembla mi pluma, porque tiembla mi alma, porque tiembla mi espíritu, ante la fija matemática, deducida de los 57 siglos auscultados y ante la magnitud de la afirmación de que “El ansia, la incertidumbre, la agonía de toda la humanidad, acaba dentro del siglo presente”. “Pero antes del final, la comuna estará en apogeo en todo el mundo”. Ya pasó mi temblor, y digo que esta afirmación, no la desmentirá la ley; no la desmentirá las profecías; no la desmentirá Jesús; no la desmentirá el Espíritu de Verdad; la confirmará el Anticristo Santiago y la afirmará el Creador.

882.—Llorad, llorad si sentís, hombres de las ciencias; llorad sí, madres amorosas, llorad, llorad trabajadores, que yo también riego esta página con lágrimas, que salen del corazón, y no son mías sólo; son de todos los espíritus de la tierra, son de Jesús, son del Espíritu de Verdad, que todos sobre mí se posan y los siento y al escribir mi afirmación y . . . la recogen y llevan sus letras al Padre, y tened la seguridad que les ha sido puesto su sello, diciendo: “Sea”. ¡Gracias Eloí! ¡Hosanna hijos del trabajo!...

883.—90 años fueron señalados y dados de transición, cuando se han cumplido los 36 siglos marcados en el testamento de Abraham; y si el mundo había de estar en el ansia, en la incertidumbre y la agonía de hoy serían como 90 siglos y, el cuerpo humano no tiene la resistencia para subsistir; pero esa fecha, no es la del establecimiento de la comuna; esa fecha, es en la que la tierra toda podrá cantar el Himno del vencedor, por que ya no quedará en ella ningún ser fuera de ley; ya la justicia habrá recogido todos los granos y quemado toda la paja; y ante el universo y con él, llamará el hombre de la tierra a Eloí, a inaugurar la tierra renovada, a bendecir las bodas del amor y a sellar la mayoría de edad.

884.—La obra que ha de ejecutarse es magna; mucho mayor que toda la realizada hasta el presente, porque en aquellas bodas, nada puede faltar y los preparativos requieren muchos años de paz, muchos años de sana educación, muchos años de estudio y prueba de los nuevos enseres, que han de sustituirse para la digna vida de hombres cultos, civilizados y sabios, para no desmerecer de los grandes huéspedes que nos han de acompañar y visitar nuestras nuevas tierras, nuestros nuevos cielos y alumbrarse en nuestro nuevo sol.

885.—Son tan grandes los acontecimientos que en ese transcurso ocurrirán, que no puede haber gritones y asustadizos, porque son sólo para hombres de valor y tan grandes son los hechos que han de ocurrir en ese lapso, que la gran conflagración, es como el “Mar muerto”, comparado con todos los mares; y sin embargo, el hombre vivirá y lo presenciarán la mayoría de los que hoy viven y tenemos el deber de aminorar los sufrimientos de aquellas cosas que son inevitables, porque están en la ley.

886.—Si el gran cataclismo que ya la tierra nos avisa que va a operar, por nuestra malicia y desidia nos sorprende en el ansia, en la incertidumbre, en la agonía, que hoy nos ahoga, el sufrimiento será mil veces mayor y no podemos alegar ignorancia; y para el caso, nos dió el remedio el Anticristo Santiago en su carta universal, diciendo: “Y así obrad, como si ahora habrías de ser juzgados, por la ley de libertad”. Y él mismo nos dijo por Juan en el Apocalipsis, después de mostrarle todas las cosas para estos días: “Y yo vendré presto”. Luego es el juez y es justo que lo sea, puesto que fué el Investigador, el legislador y por añadidura, Juan lo ve sobre caballo blanco, y sobre caballo blanco se ha dejado ver de muchos otros, y desde hoy, lo verán más.

887.—Los juicios han sido celebrados, porque es necesario que así sea antes de obrar; la justicia está obrando y conviene saber que cada uno se ha hecho su juicio los que tienen voluntad; y que para los que no quieren abrir su conciencia, la ley sabe las obras que cada uno ha hecho y conforme a sus méritos, pone a cada cual en la pendiente que lo ha de conducir a la morada de sus afinidades, de sus iguales, porque donde la ley suprema ha de sentarse, no cabe la desigualdad, ni la desarmonía.

888.—¿Qué haremos, pues, para empezar a reparar la casa conforme a nuestro rango de mayores? Esto vamos a ver por dónde debemos empezar; para ello, hay que ver las manchas que tenemos que quitar y si son propias de quitarlas el hombre, o si las ha de quitar la ley con sus medios naturales.

889.—Al hablar de la tierra de promisión, vimos que hay muchas manchas que quitar y de ellas, muchas pertenecen al hombre porque las puso y las mantiene y debe quitarlas antes de que le ocasionen mayor daño; (esto se refiere a toda América del Sur) porque en la Central, México, las quitan ya y barren duro y ya copié atrás el bando dado por Villa, al que los malversores, (porque los acusa como causa) lo llaman “bandido” y cuantas cosas quieren; pero también las mujerzuelas, cuando no pueden conseguir los goces de sus vicios, suelen acusar de corruptor al que no quiso corromperse en ellas. Y yo veo en la conducta de Villa, en los hechos de Villa, un buen ejemplo que imitar, no en la revolución por las armas, sino en las prevenciones legisladas, para limpiar ésta casa de América y quizás les dará ejemplo más completo por lo activo y contundente, al pueblo que oyó la voz de Santiago el Anticristo; porque allí hay calma chicha y los buenos marinos saben que la calma chicha es peligrosa. Y allí, en los momentos que todo tiembla, hay demasiada. Ella parirá.

890.—¿Y de Norte América? ... Esa, es para los norteamericanos. Ellos se lo quieren; y como se han llenado de estrellas ... se estrellarán. Ya veréis que sí y esta vez sus más grandes previsiones, le fallan. Y es porque no saben cuál lado de las alforjas pesa más y al descargarse un lado, por ley ha de igualarse el otro. Además, se ha abierto ella misma su surco. . . Como que la ley hace que los hombres le preparen todo lo que necesita y lo preparan; hasta la mortaja.

891.—Hablo a la República Argentina; no es justo que no se encuentre solución a los conflictos que aquí se quieren hacer más grandes de lo que son y es una mancha difícil de quitar, que haya hambre (y negra por lo vieja) en el granero de José; es hora de mostrar la fe por las obras, dejando de discursear, no sea que salga cantando algún otro zapatero y por cierto que tendría más razón que el de Madrid. El remedio inmediato y por última vez y para siempre es el dinero, que luego no valdrá ni aquí ni más allá. ¿Ejemplo quieren? El pueblo del zapatero cantor; mientras aquí se discute, si lo que se vende en Agosto ha de pagarse en Septiembre y se les da un plato de puchero a los que tienen carácter para rebajarse (en tanto que muchos miles más comen su vergüenza). La retrasada España, dispone que por su único Banco, se entreguen a la circulación, quinientos millones de pesetas, para que no paren sus industrias. ¿Sabrá España que no valdrá luego el dinero?. . . Por de pronto tomen su ejemplo y se habrá conjurado la crisis y lleven lo que les sobre, (después de haberlo puesto aquí al precio de las gentes de conciencia); lleven, digo, esas sobras al puerto de Cádiz, que España les abre franco, y que haya reciprocidad, sin mirar el mentido valor del dinero, porque el único valor son los hombres.

892.—Solucionada esta anormalidad y ya los hombres en el trabajo, piensen todos en lo que vendrá y con tranquilidad de convencidos, esperámoslo con cara de buen año y será menos doloroso y hasta menos sensible; porque un adagio dice, “que el mal, con pan es menos”, y aquí hay mucho trigo y mucha hambre y lo digo por experiencia y siempre trabajé, desde los siete años, y en las duras tareas de la tierra. Todos saben y más los maestros de escuela, que el hambre es muy mal consejero, y sobre todo, que nadie puede condenar al hombre a no comer, cuando otros comen; y más que los que no comen, son los que más han trabajado; la ley viene a quitar estas manchas, que ya sabe el mundo de dónde proceden. Sólo del parasitismo.

893.—Demás está decir, que el fiscal más benigno que no puede llegar a estos pagos, son epidemias y pestes conocidas y desconocidas; ¿sería nada extraño que también las armas se vean conflagradas? ¿Por dónde, dirán muchos? ¿Por qué causa, dirán otros? ¿No hay ninguna, pregunto yo? Si hay parásitos, ya hay causa; y la ley de justicia empezó a quitar todas las causas de la guerra y empezó por la Babilonia grande, y no acabará hasta que establezca la paz para siempre; con que, el que no quiere guerra, que quite de sí las causas de la guerra.

894.—Decía el No. 883 que si esos 90 años que la Justicia dió de transición, para el establecimiento de la comuna y su inauguración, estando todo el mundo solidarizado, sin ninguna frontera y sin ninguna propiedad privada, los habría el mundo de pasar en el ansia, la incertidumbre y la agonía que hoy lo ahoga, no sería posible al hombre resistir; pero para que pueda llegarse (y se llegará por que es inapelable decreto del Creador) al gran acto de la inauguración, como cumplidos hombres mayores, y vestidos de las galas que la novia requiere, (la ley) y sobre todos el Padre de la novia y del hombre, es necesario empezar los preparativos; y esto, sólo puede ser estableciendo la comuna. ¿Cuál será el pueblo que primero rompa sus fronteras por los cuatro puntos cardinales? La ley de justicia sabe cuál es; pero todos los países que al ver la luz estén libres sin que los haya envuelto la conflagración (y por cierto que serán pocos ) deben unirse y proclamar la comuna, porque sólo de ésta es el triunfo ¡Atención. América Hispana!. . .

895.—Entonces, ya no habrá el terrible peligro que amenazaría al mundo el triunfo de cualquiera de los dos colosos que se disputan la supremacía, ni el tercer grupo que aparecerá en estos momentos, porque sólo la comuna trae la ley para su triunfo y señalados están los puntos, donde deberá empezar; su archivo y su granero; y hasta el Código que ha de regirla; porque siendo su templo el universo, todos los hombres saben oficiar en el trabajo; y no tomando ninguno más que lo que ha de menester, todos hacen la justicia y no hay ningún usurpador.

896.—Las luchas que sostienen de fieras los contendientes, sabéis el fin que tienen en la ley, la que obra con los medios que el hombre le prepara; y además de que con esta guerra, ha de morir la causa de la guerra y los hombres se desfogan de sus enconos; luego, todos se abrazarán sin miedo y sin odio, por que todo el mundo será una patria. Ese es el fin de la contienda.

897.—La ley no descuida nada; y si mandó quien prendiera la mecha y el incansable fogonero Guillermo, que atizase el horno a la más viva llama para consumir todo el combustible en poco tiempo, también habrá quien dé asiento a la paz universal, llevando la comuna codificada, y recogiendo los restos que quedarán del incendio, por que el estrago será tal, que las tierras donde está la lucha y las que la tendrán, quedarán hechas escombros y cenizas y muchos, sin emperadores, reyes ni presidentes, ni gobiernos; no atreviéndose los restos escuálidos que habrán quedado, a formar pueblo ni nación por su pobreza.

898.—El nombre de Cristo, sonará tan terrible en los oídos de los chamuscados restos que el incendio habrá dejado, que solo su recuerdo será capaz de enloquecerlos, ante el inmenso montón de escombros de hombre y elementos de destrucción del hombre, con los que sólo pudo el Cristo reinar su milenario; y esos restos, merecen amor de la ley, y habrá (no lo dudemos) un hombre que los vaya a recoger y darles el régimen comunal; y sus lágrimas de dolor y alegría a la vez, desgarrarán al corazón. ¿Y quién será capaz de hablarles de nación, de propiedad, de religión, de supremacía, de injusticia en fin?

899.—El reino de Cristo habrá pasado, dejando las consecuencias de su causa. La ley se establecerá en justicia y el pueblo se habrá libertado para siempre, y la paz será imperturbable en la tierra. Pero, aun hay ambiciosos que intentarán gobiernos de términos medios y pondrán la duda. Mas la ley los barrerá.

900.—Recién entonces empezará la civilización y nos dará dolor y lástima recordar estas llamadas civilizaciones.

901.—La ciencia, entonces será el acólito del sacerdote hombre, que oficiará en el trabajo, sobre su conciencia, bajo la bóveda del infinito universo en el corazón, de su hermano.

902.—La sabiduría, asomará sus esplendorosos rayos del sol de justicia y más la ignorancia no tendrá altar.

903.—La mecánica, la química y la física, servirán al hombre para hacer director de la máquina y no máquina explotada, como lo fué bajo las religiones.

904.—Los dioses de barro, oro y madera los habrá fundido el fuego, y la cruz se habrá quitado de la afrenta de los hombres y se establece como insignia el ancla; y los hombres sabrán, que fuera de Eloí, no hay otro Dios.

905.—Porque respondiendo al llamado, Jacob se levantó, fué donde la ley le ordenaba, por lo que se renuevan las tierras y los cielos, con un nuevo sol, confirmará, que el Padre redimió sin dinero, al que fué esclavo sin precio, según se lo prometió y el hombre en alegría extenderá ésta

PROCLAMA

El Universo, solidarisado.

El Mundo todo, comunizado.

La ley es una. La substancia una.

Uno es el principio. Uno es el fin.

Todo es Magnetismo Espiritual.


Joaquín Trincado.

Nota al pie 28: Estamos tan lejos de anular la patria, que se nos ha tachado de demasiado patriotismo. Le pedimos al lector, leer “Los Cinco Amores”.

Nota al pie 29: ) Este era el peligro que el gobierno del espiritismo supo evitar aprovechando la traición del Vaticano descripta en la “Premisa”, dejando a todas aquellas naciones sin ninguna potencia pecuniaria y lo siguen estando.