LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO TREINTA Y TRES
UN SOLO MANDATO


806.—“Mi luz dí en Adán para mis hijos y cuando la conocerán me serán fieles”, ha dicho Hellí por Abraham en su testamento concierto: Y es este decreto divino inapelativo y de la Ley escrita en el Sinaí y de otras prédicas y leyes dadas por el Investigador; y por todo lo contenido y mostrado por la naturaleza y aun por las mismas obras absurdas del hombre, hoy se llega a poder reasumir todo, en este sencillo mandato: “AMA A TU HERMANO”.

807.—En la breve, pero contundente reseña de la ley máxima de amor, inserta en el capítulo primero, queda entendido lo que es amor de la ley y sentado, que hasta el amor sagrado de la familia es una imperfección (por ser amor particular): pero es sagrado aunque sea imperfecto, porque es la base, la piedra angular del puro amor que se va perfeccionando cuanto se agranda por la sociedad, por la provincia, por la nación y por el mundo todo, siendo este el amor perfecto, relativo al mundo que ocupamos, pero también es una imperfección conforme al universo, porque el amor sin mancilla o sin singularidad, sólo su autor puede poseerlo y lo confiesa y lo demuestra, cuando llama, sus hijos, a ángeles o demonios.

808.—Al hombre ha habido que darle todas las cosas por partes, por grados y con medida; y hoy que la humanidad de la tierra, la familia de la tierra, se encuentra en su final liquidación de la que ha de surgir la sociedad perfecta, se le da por único reglamento y por único mandato: “Ama a tu hermano”.

809.—Este mandato encierra toda la sabiduría y toda la grandeza del universo, porque es el último que se les da a las humanidades; y para poder estar en su posesión, es necesario comprender la creación y se comprende, conociéndose el hombre a sí mismo; cosa que ya también se le mandó al hombre y no lo ha podido conseguir, porque los que se han declarado con derecho único de la Interpretación de las escrituras, las han tergiversado primero y luego enlodado con arreglo a su dogma absurdo y concupiscencia de predominio sobe las conciencias.

810.—En todas las religiones se ha extorsionado al hombre con astucia y refinada malicia, por la creación y consagración de clases, las que necesariamente habían de vivir en odio; pero al llegar la 666, la extorsión se convirtió en derecho canónico y divino, por la petulancia originada en su concupiscencia; y sea testigo toda su obra desde el concilio primero de Nicea, hasta la infalibilidad del . . . “Sumo Pontífice”, el cual, al morir, pide para la vida de su Iglesia, la sangre de toda la humanidad.

811.—No ha conseguido derramarla toda, porque hasta sus mismos secuaces sienten el instinto de conservación; pero sí ha conseguido matar la paz en los pueblos, cuyos odios enrarecen la atmósfera mucho más, que lo que el encharcamiento de la tierra con la sangre de toda la humanidad; por esos odios, han llegado hasta el triste espectáculo de acusarse padres e hijos, hijos a padres y hermanos a hermanos, por cuyas acusaciones, muchos cayeron en las hogueras; otros perdieron su reputación; otros hubieron de emigrar y ninguno pudo tener paz en sus almas.

812.—No habiendo paz en el alma, la felicidad es imposible en la familia, en un pueblo y en una nación. Y como por el prejuicio en que se educó al niño, ve en todo lo que no sea de su nación y aun de su pueblo natal y más de su idea, un enemigo, que, además se le ha dado preferencias y preeminencias a esta o aquella nación, por estas singularidades y con el prejuicio de que cada uno es más que el otro; y con la ignorancia de no saber que todos los hombres son hermanos, ni el principio del ser humano y espiritual, ¿cómo podría el hombre conocerse a sí mismo? ¿Cómo sin conocerse a sí mismo podría amar a su hermano?

813.—El conocimiento de sí mismo, implica el conocimiento real del universo, con sus leyes; y este conocimiento, es exactamente el conocimiento del supremo ser, en la comprensión relativa del progreso de cada uno, por lo cual, sólo en ese conocimiento, puede cumplirse el Divino mandato: “Ama a tu hermano”.

814.—Han impuesto las religiones y sobre todo la 666, penas horrorosas y criminales materiales, al que se atreviese a sondar el abismo de la creación y ha creado penas horrorosas en lo espiritual al que no negase al Creador, puesto que ella, en sus dogmas y más en sus hechos, lo niega, y se opone hasta a la naturaleza; lo que sí en cada artículo de sus dogmas hay una horrible blasfemia en el celibato y la infalibilidad, está la guerra declarada de poder a poder, entre la religión monstruo y el Creador Padre amoroso.

815.—Y como la guerra declarada a la ley del padre, por ley y sentimiento es declarársela a sus hijos fieles: por el hijo infiel que se hizo Dios y censor y corrector de las leyes del universo, que son leyes divinas y fatales, los hijos fieles, mantienen la ley verdad con la fuerza de la misma ley, que si no puede ser vencida, no por eso no han de sufrir sus sostenedores espiritual y materialmente, porque es de ley oponer a lo absurdo, lo racional y al odio, el amor; por esto, como espíritus y como hombres y en ley, se lucha en el espacio y en la tierra, y jamás hay luchas entre hombres, que no sean de hombres y espíritus, entre ángeles y demonios, como dice el testamento de Abraham.

816.—A confirmar esta verdad viene una cláusula del citado testamento de Abraham, dictada por Hellí, que dice: “Y esto lo han visto los egipcios y de otras tierras y los han creído dios y demonios; y los demonios que fueron hombres, pelean con los hombres; y los hombres no los ven; y sus obras no las ven; porque les dan placer a la carne”. Y en otra: “Y mis hijos negros de hollín, que demonios llamáis, enseñan a los hermanos de la carne, que son mis hijos, los deleites y los placeres y los males de matar y creen, porque no ven la luz de Hellí, que son Dioses: y la lucha es y el mal es y los sufrimientos es, lo que les pagan”. Yo no quiero comentar estas palabras del Padre, que no pasan, aunque pasen los cielos y la tierra: pero sí está estudiado en una obra que es la verdadera obra de la creación, que el hombre ha de recibir (27), y con la cual se han de conocer, quieran y no quieran, los hombres, porque por su luz y estridencia, no puede haber ciegos ni sordos de voluntad; pero digo, que con esas dos cláusulas, queda confirmado que, jamás luchan los hombres solos, sino que, en toda lucha están los espíritus.

817.—Tras de este libro, por la luz que arroja, se han de iluminar en su crepúsculo muchas conciencias y han de preparar con su alba, el crepúsculo de otras, para disponerse al alba de su razón, comprendiendo la realidad del engaño en que las religiones han mantenido a los pueblos y sacarán la lógica consecuencia de que todo el mal mundial, sólo proviene de ellas; y que siendo la raíz del error, son la causa única de las guerras; por lo que, es estéril todo esfuerzo para mantener la paz, existiendo la causa de la guerra.

818.—En todos los puntos de este libro está visto que “los dos extremos se han tocado”. Se ha comprobado en fría filosofía, que por el mal equilibrio de la resistencia, se han producido tantas irrupciones, tantos corto circuitos, que no ha sido posible mantener en buen funcionamiento el dínamo de la vida social, no sólo fraternalmente, pero ni siquiera por la ley de beneficencia; y la causa de que las religiones, que en todo tiempo se encargaron por fuerza y traidoramente, de la educación moral; tan pronto se daba una nueva ley, un nuevo estudio del manejo de la resistencia alma, ellas (las religiones) por la educación al pueblo, enseñaban el peligro donde no lo había y lo quitaban a la vista donde realmente existe el peligro, que está realmente en la ignorancia de lo que es el hombre en sus tres entidades, para lo que hicieron el más al alma, declarándola responsable; y sobre este error ya capital, castigan al alma por el cuerpo, pobre instrumento del actor y autor del mal, el espíritu “negro de hollín” llamado “demonio”, por su concupiscencia; por su brutalización; por su odio al que quiere cumplir la ley de la creación y el precepto de “Conócete a tí mismo” para poder así amar al gran Eloí, amando a su hermano: único templo, donde se puede adorar a nuestro Padre.

819.—Mas para llegar a la fruición del divino mandato: “Ama a tu hermano”, como la ley exige, sin diferencia aparente ni transparente, sólo puede ser en lo material, en lo tangible, en lo que sí llega a la perfección relativa a cada mundo; porque en lo espiritual, se cumple y cumplimenta la ley, en la unidad espiritismo, con el grado que cada uno pueda amar, porque el amor puro espiritual, sólo lo tiene el Padre, porque sólo El es perfecto. Es decir, que el amor puro entendido para el hombre, es aquel grado en que no sería capaz la madre de mirar mejor a su niño, que al de otra madre, entendiéndose en las atenciones materiales, porque éstas se miden por la elevación de sus espíritus; por lo que, la perfección, la entendemos y en verdad es, en lo material, de lo que no debe carecer un individuo de nada de lo que le es necesario a la vida y a la comodidad de la vida; punto que solo puede alcanzarse “Conociéndose a sí mismo”, porque sólo así, se puede “Amar al hermano” y sólo puede conseguirse esto, en la verdad del régimen comunal, con el credo único espiritismo, cuya ley es amor, única que tiene y nos da nuestro Padre Eloí.

nota al pie 27: Ya se le dió: es el “Conócete a tí mismo”.