LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO TREINTA
LA LEY NO COMETE INJUSTICIA

773.—Todas las cosas en la naturaleza y el universo, siguen su curso de ascensión, buscando eternamente su más, su centro; y la ley es llegar y todas llegan en el tiempo; pero sólo el espíritu las puede llevar al centro de las vibraciones, espiritualizadas, equiparadas a su luz, para volver a salir con el mismo y ya, autorizado maestro: pero una vez que llegó, ya sabe el camino; ya tiene la potencia necesaria para llegar siempre y bañarse en la fuente de la vida, que llena el infinito de vida.

774.—Mas ¡hay espíritus que rodean tanto! ¡Que se entretienen tanto! Que pierden hasta la noción de su procedencia y se brutalizan en el contacto de la materia en los mundos de expiación, donde tienen todos conciencia de su inmortalidad; son grandes sabios en lo material; tienen toda la potencia de la materia y realizan obras en la ley de las que participa el espíritu que, brutalizado, se empeña en satisfacer el vacío, que necesariamente tiene que dejar la materia, porque el menos no puede llenar al más. Aquí se origina el gran desequilibrio de la concupiscencia y ya, este ser, sin temor ninguno, se apodera de otros más débiles, nuevos y sencillos y los maneja cual si fuera un rebaño de indefensas ovejas y lo hace con la malicia osada de que nadie le impone castigo, más que su conciencia; y ésta, que es su alma, no quiere abrirse, para seguir sus felonías. Estos son aquellos que en el testamento, Abraham llamó: “Demonios o negros de hollín”.

775.—Son éstos, los que aprovechando el dolor y debilidad de los que en su luchas y agobios buscan un consuelo y ellos, astutos y poderosos, se les presentan en figuras atrayentes y les hacen ver mentidos dioses, organizando la religión y siguen impertérritos y obstinados, mistificándolo todo y creando todos los errores y horrores, buscando los flacos de los unos y los otros, para que, por odio, se acometan, trabándolos en batallas, lo mismo en estado de espíritu que encarnados. Y antes de perder su supremacía, ese espíritu aberrado, es capaz de mistificarse y hacer creer a su grey que él es el creador y se transforma, sin empacho, en la figura que han pintado las fantasías, al Padre Eterno. De ahí ya, toda la barahúnda de errores, que nos llevaron a la hecatombe vergonzosa de hoy, que será para siempre la página de horror de la familia terrena.

776.—Si la ley reprimiera estos hechos, sería injusticia, porque la ley es de libertad; la ley sabe que se han de saciar los cuerpos y las almas; y cuando éstos se sacían de lo suyo en su ley natural, el espíritu no puede tampoco descender por bajo del alma; ya en estos seres, en ese estado, el alma es su aguijón y los despiertan; pero están tan cansados, que entonces, ellos son juguete de otros que ellos mismos iniciaron; pero aquel busca a la ley y así va sucediendo uno a uno hasta sumar la mayoría que la ley exige para una evolución.

777.—Los que caen en esa aberración, son muy pocos: los contamos por el número de la bestia del Apocalipsis; ya véis si son bien pocos: 666; pero los engañados por éstos, somos todos, una u otra vez.

De los engañados, los más adelantados, se convirtieron en héroes, luchando contra los mistificadores y ayudando a desengañarse a los engañados: pero también otros se desengañaron y en vez de ser héroes de amor, fueron héroes de odio y venganza, y de aquí los terribles encuentros y las hecatombes, rompiéndose la crisma en los cuerpos que no tienen ninguna culpa; aquí el alma sufre horriblemente y es precisamente ese sufrimiento el que la cura y cura al espíritu, cayendo rendido y llamando a la ley.

778.—Los jefes de esas divisiones, es muy difícil que se curen en el mundo que han delinquido, malversando los bienes de todos; pero cuando ya hay una mayoría, ésta llama a la justicia de la ley y el Padre, por los Consejos del Plano correspondiente, manda un representante de la ley para investigar los hechos de ese mundo; ya sabéis cuando fué en la tierra y lo que ha pasado en esos 57 siglos, llegando en el actual momento a la liquidación definitiva, por la que saldrán de la tierra los pocos perturbadores que hay encarnados; porque los que estaban en espíritu y no tenían afinidades, lazos en la tierra, éstos, ya fueron sacados del espacio cuando se cumplió los 36 siglos que marcó el testamento de Abraham.

779.—Ya hemos visto que la ley no intervino para nada, en cuanto a cohibir la libertad y libre albedrío, hasta que la mayoría llamó a la justicia, para lo cual mandó un investigador para ajustar las cuentas y la ley, no comete injusticia; y, sin embargo, los desalojados dicen que “hay imposición y que la imposición es injusticia”. Ellos, no ven, en su ceguera, que no hay tal injusticia, desde que ellos han malversado todo el progreso por verdadera imposición de la fuerza bruta y aun siguen malversándolo por esa misma fuerza, a pesar de ser una ínfima minoría; pero es a causa de que se está en juicio y aun no se ha ejecutado total la sentencia de expulsión; porque la ley no puede cometer la injusticia de no dar la tregua que le permite la mayoría, para que recojan los expulsados su petate y sus emolumentos, en cuya operación están, y muy de prisa, barriendo sus vergüenzas con las escobas que tenían, de bayonetas.

780.—La llegada del Investigador, era el entredicho que la mayoría opuso al desbarajuste de la sociedad. ¿Pero bastaba el pedido para que se hiciera la justicia a ciegas? Los mismos que pedían justicia, no conocían la Ley Suprema; vivían sólo de la ley material que engendra sentimiento por el sufrimiento y esa era la mayoría que pedía justicia; los que doblegados por el sufrimiento no podían más; y aun fué a causa de la ayuda que habían recibido de los desterrados de Neptuno, que no pudieron soportar desde el primer momento el terrible yugo que les echaron encima, que les dolió en el recuerdo de lo que habían perdido por su aberración y clamaron al tribunal espiritual que venía en guardia tras de los desterrados, que ya dije en su puesto, que eran los conocidos Miguel, Rafael y Gabriel, que llevaron el pedido al Consejo de Sión, de donde salió el Investigador, que a los 17 siglos, pudo comprobar por los frutos recogidos por los 29 misioneros, que en 40 siglos que faltaban para llegar al límite extremo que la ley marcaba, se podía tener una mayoría absoluta, que conocerían la ley del trabajo, estando por lo tanto, iniciados en el progreso y así se podría hacer la liquidación; lo que expuesto por el Investigador a los Consejos de Sión, el Maestro Superior, en nombre del Padre, dió el testamento que dejó Abraham, que era la Alianza de la humanidad de la tierra y los mundos de luz, donde Hellí declara: “Que todos son sus hijos, los llamados ángeles y los denominados demonios”, pero dice: “Que los mundos son infinitos”, lo que quiere decir, que hay mundos de todos los grados para la armonía. Cuando señala “36 siglos, desde que escribiera la ley, hasta que la tierra la sabrá”, se sobreentiende, que el que no la sabe, es porque no ha querido aprovecharla y es de justicia separarlo, llevándolo, (como hijo del Creador) al colegio correspondiente, al mundo de sus afecciones, donde éstas no constituyen escándalo. ¿Qué mayor amor pueden pedir?

781.—Todos saben y comprenden lo que significa el “entredicho” para una persona. Es el estado de sitio de un pueblo que es la suspensión de las garantías constitucionales, por una anormalidad, en cuyo tiempo rige una ley marcial que el dictador o la Junta constituída da en un bando, por el que, todo ciudadano sabe a qué atenerse y las penas en que incurre si falta a lo dispuesto; cuyas penas (en general) son, para los alzados en armas, la pena capital, pasado por las mismas armas; y en el caso más benigno, la expulsión, la expatriación. Y aunque dirán que es una arbitrariedad, no puede llamarse ni es injusticia, porque se ha prevenido de antemano. Esto mismo es lo que ha pasado en la tierra, cuyo bando fué la ley del Sinaí, que la tienen todos los dos billones y tres mil quinientos millones de seres en espíritu y encarnados, que pertenecían a la tierra. Por lo tanto, la expulsión, la liquidación que hoy se hace como los hombres quieren, como han dispuesto los malversores, la ley, usa las armas que los desalojados le han presentado; por lo que, repito, que no hay injusticia.

782.—Si se dijera que sufren y pagan los inocentes, no es por eso injusticia, porque, las consecuencias del estado anormal, la sufren todos los inhibidos y además, son éstos, precisamente, a los que defiende la ley; y para conseguir su libertad, no sólo han de sufrir las consecuencias, sino que es su deber cooperar al buen resultado de la ley; y tanto más será el triunfo y más breve el tiempo de la anormalidad, cuanto mayor sea el apoyo que se dé a la ley, por ayuda al encargado de imponer la voluntad de la mayoría. Ya véis, que por todos los extremos que miremos, cuando se han cumplido todos los requisitos de la declaración del entredicho y se ha ilustrado al pueblo, ilustrado en la ley que se ha de implantar, no se comete injusticia. Y tanto se le ha ilustrado al pueblo en la comuna y su ley de amor, que hay hasta entidades comunales; y completas obras escritas y predicadas de las doctrinas de amor y comunales, todas las cuales, han sido mistificadas por los malversores.