LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO VEINTE Y NUEVE
¿QUIÉN OPERA TODA ESTA OBRA?

762.—Con lo dicho en el número 688 y siguientes, del espiritismo, está contestado ese epígrafe y poco más he de decir aquí. Pero hay que sentar algo nuevo y deshacer un error sobre responsabilidades del cuerpo y del alma.

763.—Desde que el espiritismo, como gobierno universal, es el único autorizado y poderoso para obrar toda la creación de formas demostrativas de la vida, se comprende que sólo él es responsable y no lo pueden ser los instrumentos que se prepara, que son, el alma y los cuerpos múltiples, que el espíritu necesita para operar la creación de los cuerpos y las formas, con que debe de mostrar la vida y al mismo autor de la vida, del que el espíritu es la voluntad.

764.—Y hemos dejado también, dicho atrás, que el alma es la resistencia preparada por el mismo espíritu para encerrarse en ella y así poder llegar a encarnarse en un cuerpo, sin producir el natural corto circuito que ocasionaría la fusión de los dos polos. Esto es matemática verdad, comprobada hoy por la ley, de las fuerzas y por toda la ciencia eléctrica, última que el hombre ha recibido y en la que a mí la ley me embarcó y sin ella no me serían posibles estos estudios del corazón de la metafísica.

765.—Luego si el alma es un intermediario entre el espíritu y el cuerpo y éste es inferior al alma (como es inferior la tierra o polo negativo, a la resistencia móvil o estática, motor o lámpara, que se intercala para recibir el movimiento o luz del dínamo en sus dos polos) resulta, que como no es el polo negativo el que lleva la corriente, no es él, el que nos puede indicar el valor de la resistencia, porque todo él es resistencia; oposición al polo positivo o vivo. Entonces, es éste el que, trayendo más o menos fuerza electromotriz o intensidad que la requerida en la resistencia instalada, produce el corto circuito, el desequilibrio y el rompimiento. Es, pues, el positivo el responsable.

766.—El polo negativo, no puede en modo alguno llegar al polo positivo, porque es muerto, estático y sólo se mueve por la inducción recibida del positivo, sirviéndole solamente, de retorno, por el equilibrio medido en la resistencia; esto quiere decir, que el polo negativo, sólo reconoce como raíz de su movimiento, la armonía de la resistencia. De este punto de alta ciencia, sólo pueden juzgar, los buenos electricistas y a ellos llamo a confirmarlo.

767.—Ahora ya tenemos la figura del hombre, en la electricidad, de donde en verdad nace, como toda forma o cuerpo que demuestra vida; y la electricidad, esposa inseparable del espiritismo, es la misma vida, porque es el alma universal animal, la que sólo tiene la ley natural, porque todo ello es sólo materiales, que con las leyes de afinidad, justicia y compensación, evoluciona (dirigida como la esposa por el esposo) sin ser responsable, porque tampoco puede faltar a ninguna ley, a causa de que cada molécula vive su ambiente; pero tampoco demuestra la vida en formas ni cuerpos tangibles, porque sólo es pensamiento, del que la voluntad espíritu recoge molécula por molécula, las que necesita para crear un cuerpo que demuestre en movimiento, fuerza, luz, mundo u hombre, la vida tangible por la impulsión y repulsión de las moléculas positivas y negativas, de las que el mismo espíritu es el magnetismo de ellas, en cuanto a forma o cuerpo demostrativo; pero que, cada molécula de aquel cuerpo, en la individualidad, tienen el magnetismo vital del Eter, que es el principio de vida: lo que en la electricidad, llamamos magnetismo remanente.

768.—Ahora bien; tratándose del reino animal (como sí tratáramos de los otros dos anteriores, mineral y vegetal, compuestos, también, de cuerpo y alma) la razón nos dice y toda ley humana justifica, que esos reinos no son responsables de nada y está aceptado, porque no razonan.

769.—Mas el hombre, con ser un animal muy inferior, como tal, a los otros animales, la ley humana, hace responsables a los hombres de sus actos; y es porque el hombre razona, discierne; y sin embargo, el hombre, castiga por la ley hecha por los hombres al cuerpo del hombre, en lo civil y en lo religioso y castiga al alma, condenándola a sufrir o gozar, según los hechos que su cuerpo ha ejecutado. ¿Está esto en la justicia?

770.—Ya hemos visto que toda la obra la realiza el espíritu: por lo tanto, el espíritu sólo es el responsable. Entonces, no es justicia el castigo impuesto al cuerpo ni al alma, porque siendo sólo instrumentos, no hacen más que lo que les es sugerido y mandado por su espíritu y éste, no se somete a las leyes de la materia; son éstas las que se han de someter a la ley del espíritu, el que obra conforme a su voluntad y libre albedrío: si el cuerpo instrumento, obra el mal, es porque el alma, (intermediaria de los dos) esta mal regulada por el espíritu que la maneja; ella no puede ser responsable de ese desacierto del espíritu, porque ella tiene su ley natural que ha de cumplir primero. Es por ahí por donde tiene el espíritu que empezar a regular los actos del alma, para que repercutan regulados al cuerpo y se rindan los dos en armonía, con la que sólo podrá el espíritu transmitir su fuerza positiva, su ley de amor y así, establecer la corriente que demostrará la sabiduría en hechos equilibrados.

771.—Es, pues, el espíritu, el que opera toda la obra de la creación e igual el bien que el mal; y ante la ley de la creación, él sólo es el responsable y el meritorio; y como propietario de sus hechos y por sus hechos y por su ley (que es amor y sus derivados, Justicia y Afinidad) es el espíritu el que tiene que corregir los defectos de sus herramientas y pagarles lo que merecen por los servicios que le hicieron, que malos o buenos, demostraron el grado de su progreso.

772.—Mas como el espíritu fué individualizado y numéricamente no faltará jamás del Indice del Padre, (el que reconoce ya a cada uno de sus infinitos hijos en la figura del hombre) el espíritu, desde que tomó alma para darse forma en el mundo embrionario, aquella alma, en la eternidad, ya no la puede dejar; al contrario, la va purificando cada vez más, a la que agrega toda la parte de todas las existencias, en todos los mundos y en ella, conserva la figura de cada cuerpo, con las esencias que de él exprimió; y al final de cada etapa, en cada mundo, lleva en su alma todo el producto de su trabajo y en ella viven todos los cuerpos que usó: y esto es de la mayor justicia; lo contrario sería injusticia, porque tiene parte en la obra, como instrumentos del espíritu; por lo que, en la ley terrible y dominadora, todo lo que una vez fué, siempre será. Esa es la causa de que el espíritu, en justicia y ley, pueda mostrarse con cada cuerpo de los que usó desde que fué lanzado a la vida individual, para continuar la creación: si no fuera así, sería injusticia y el Creador sería repudiable, como se desprende de los dogmas religiosos, condenando al alma.