LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO VEINTE Y SIETE
LUZ PLENA EN LA TIERRA

734.—Sólo los malvados y los hipócritas temen la luz:: “a los ladrones les estorba la luz” dice el proverbio y vemos la verdad confirmada en todos los hechos de los malvados, pues buscan las tinieblas, la obscuridad, el rincón, la topera, para asestar a su víctima.

735.—Y bajando, entrando o subiendo a la metafísica (pues los tres casos pueden suceder en el examen de la verdad) encontraremos la causa de que los mundos brillen unos más que otros.

736.—Decimos que la tierra recibe la luz solar y es cierto en lo físico; pero metafísicamente, esa luz, ese calor, es el propio del trabajo de la tierra y de su propia luz; porque como todo procede del Eter que es luz, toda cosa tiene su luz; y cuanto más habrá trabajado cumpliendo su misión, siguiendo sus evoluciones, va adquiriendo mayor pulimento y más brillo.

737.—Asegura la astronomía y es verdad, que “la órbita de la tierra no pasa dos veces por el mismo plano”; es decir, “por el mismo trazado, si no que se ensancha y asciende en cada instante”. 738.—Siendo esto verdad, tendríamos, que a medida que la tierra ensancha su órbita, se retira gradualmente del centro sol; ese alejamiento, traería la lógica consecuencia de menor luz y en vez de llegar a la plena luz, llegaría por necesidad a la plena obscuridad lo que se confirmaría matemáticamente. ¿Por qué no es así? ¿Por qué en vez de obscurecerse más la tierra, cada vez tiene más luz y más diáfano azul en su atmósfera?

739.—Un tanto lejos nos llevará esas preguntas y nos obligará a afirmar una verdad atrevida pero que no la desmentirá más que alguna errada hipótesis, como siempre sucede con el progreso. Vamos a sentar con valor, esa atrevida verdad.

740.—La luz de los mundos, es del Espíritu. Por esto, aunque la tierra se aleje en su ley de ascensión de su centro Sol, aumenta su luz, porque cada vez, la tierra y los espíritus se purifican y brillan más, por lo que más alumbran y más reflejan en los rayos siderales: resultando de esto que, la verdad tenida hasta hoy de que la tierra recibe toda su luz del sol y las estrellas son las estrellas; y su padre el Sol el que recibe luz de la tierra como de sus otros hijos los mundos, de los cuales conocemos algunos que son hermanos; pero que apenas los que conocemos son el uno por ciento de la familia porque el sol tiene más de ocho mil mundos vegetativos y vivos y poblados como la tierra en materia, pero de todos los tamaños y grados y unos están empezando, otros como la tierra están al fin de sus luchas expiatorias, otros están en la plenitud de su vida y otros están acabando su esencia, de los que, la tierra, como todos sus hermanos, reciben un pedazo de ricas escorias del feliz disgregado que terminó su período, su trabajo y se reparte para enriquecer a sus hermanos y darles el germen de su último grado y va a vivir aquel mundo eternamente, en el índice del Creador y en cada mundo y en cada espíritu, que en el trabajo se iluminó y aprendió un grado de la sabiduría.

741.—Ya véis si nos habían de llevar lejos esas preguntas, en solo el punto anterior y sin embargo, no hemos salido de nuestra casa paterna planetaria; pero sin estudiar esta gran casa, el espíritu del hombre de la tierra no puede ir más allá, porque su densidad, su progreso, podría ser muy grande, pero sería solo el extremo menos y la ley es inexorable aquí como más allá, porque sólo es una.

742.—Si; la luz de cada mundo, es su luz propia que se agranda en cada instante por su continuo movimiento, pulimentándose con su trabajo por su roce permanente en la escobilla pulidora y fundente del Eter su placenta, en la que se desarrolla por sus períodos equidistantes en la ley, ascendiendo de plano en plano según se va fluidificando, ganando en brillo lo que pierde en peso; y cuanto más peso pierde, más puede flotar y entrar en planos más puros, adquiriendo por su mayor brillo y la mayor pureza del plano, mayor luz, hasta llegar a su límite; en cuyo instante, nada más tiene que dar de sus entrañas ese mundo, a su familia espiritual: acabó la tarea que la ley le señala.

743.—Lo que hay de cierto es, que el Sol, es un centro de vida material vitalizado de otro centro mayor y él es el distribuidor de esa vida para sus hijos, por reciprocidad. Si el Sol da vida a un mundo por su ley, es lo mismo que la madre hace con el niño alimentándolo, hasta que nace por el cordón umbilical y luego con su amor y por sus pechos en la infancia; con sus consejos y correcciones hasta que es hombre mayor y adquiere vida independiente, recibiendo entonces la madre, el beneficio de sus sacrificios en el reconocimiento del hijo en la ayuda moral y material y sobre todo, en el amor de sus nietos, que como hermosos satélites, reflejan el amor del Padre a su Abuela y ésta parece agrandar su amor cuantos más nietos la rodean, que la enloquecen con sus travesuras, pero que la hacen vivir más intensamente y en ellos adquiere el hijo ante su madre, más preponderancia y se ve más y brilla más ante su madre, que no lo puede querer más, pero que ambos sienten ese amor más intenso, por cuanto es más puro, más asentado porque el hijo, por experiencia, siendo padre, reconoce el sacrificio de sus progenitores. He aquí en realidad de verdad lo que pasa con los mundos, porque la ley es sólo una.

744.—Queda puesto ese jalón de la verdad suprema y absoluta, que es la vida; y cada vez el hombre lo comprenderá más y creerá en un momento, que la verdad cambió y no es ésta la que cambia, si no la posición del mundo y del hombre, pasando del embrión a la infancia, a la adultez, a la mocedad, a la madurez, a la senectud; pero en cada período de la vida, el hombre y su espíritu es el mismo; empezando siempre; desarrollándose siempre y siempre llegando a su meta en cada mundo.

745.—¿Mas en qué período el hombre está más incierto, más equívoco, más huraño y más terrible que hasta comete hechos delictuosos y reprensibles aun contra los autores de su existencia? Todos saben que es en la edad y período de sus amores, en que debe cumplir con el mayor mandato de la naturaleza y cualquier cosa le contraría; recuerda sus días de travieso adulto, cuya felicidad ya no es para él; ahora ya es responsable de sus actos; es hombre y tiene que emanciparse y cargarse con responsabilidades tremendas. . . ¿Y si se equívoca? Oye las confidencias de su prometida y se arroba; oye el consejo de sus padres y medita; trata con los amigos y entre todos hacen juicios, ya ligeros, ya sesudos y de todo es víctima aquel que va a entrar en la vida real y le véis cambiar de semblante en cada pensamiento y al fin, acaba su juicio y se somete al sacrificio por el cual va a ser tratado con respeto en la sociedad; antes era tratado con mimos y cariños; era el niño: ahora es considerado como factor numérico de progreso; es un hombre; tiene un corazón doble, porque se agregó el que le entregó su compañera que es un sol o un satélite que en todo caso, dará luz o reflejará luz; que producirá aquellos satélites que iluminarán cada vez más el nombre de sus padres. Esta es la ley general.

746.—Muchos yerran, por muchas causas que se estudian en un Código que se le dará luego al hombre; pero esos yerros no son de la ley; son yerros de la mala organización social; efecto de causas erradas, de los dogmas, de la imposición, del egoísmo; en fin y del betún cantado por el sabio zapatero, cuya masa informe espesa y negra ya saca la justicia de esta sociedad, en aquellos que la ley empuja y hace rodar para que busquen el punto de su gravedad y la luz queda descubierta; ya no hay tinieblas y nadie podrá equivocarse porque se han quitado la pluralidad de jalones, la pluralidad de credos que confundían las ideas y estorbaban el paso de los rayos de la luz, y el hombre, ya no puede errar.

747.—Ha caído la masa negra pegada a los faroles, a los espíritus; se ha disipado el nubarrón de pensamientos torvos que obscurecían la razón envolviendo al hombre en la duda, o causándole el tedio por la pesada atmósfera envenenada; la luz se descubre y flota el espíritu en su ambiente propicio; brilla más cada uno y en su conjunto y la pureza de la atmósfera, ganada en la menor densidad del alma por la que atraviesan mayores rayos, del espíritu que trabaja la creación dentro de ella; y, claro está, que con esta mayor luz, da más luz el terrón pedestal, que como diamante tallado refleja en los otros sus hermanos y en el sol su padre, mayor cantidad de fuerza y luz y tanta más recibe, cuanta más emite y acrecentada por la comunidad, por la solidaridad de todos sus hermanos del sistema y ¡oh... felicidad! este mundo, esta tierra que se ha desposado con la ley y el Padre, el autor de la ley, admite a su nuevo hijo mayor de edad en su banquete de hombres, de hijos mayores y le regala como a todos el sello de su mayoría, que es luz de la luz, la que le llega del centro de su plano.

748.—Un punto forzado tengo que dar aquí; es prematuro, pero es de ley, porque ha de sonar el último cañonazo con el que, las bolas que han de rodar, llevarán con ellos la niebla que hoy ciega muchos ojos; ese punto es: “Que el plano al que la tierra pertenece”, (llamémoslo primero en ascensión) lo componen siete y media nebulosas, siendo la más pequeña en la que habitamos la conocida por la “Vía Láctea”, de toda la cual recibimos luz común y la tierra la da en su parte, cuyo centro planimétrico, es el progenitor, en lo material, de todos los innumerables mundos y soles que la componen y aquel mundo se llama Sión. Del que tanto se ha cantado bajo el nombre de Sirio y nada se ha comprendido. De allí, la tierra recibe ya luz de su luz y él, ha de recibir de la tierra la misma parte por espíritus consejeros que allí llegan a participar, en ley, en los Consejos del Creador, que preside el que nos anunciaron “Espíritu de Verdad”, cuya Luz y Sabiduría es igual, a la sabiduría y luz de todos los seres y mundos del plano a su cargo. Aquí os queda, sin comentario, la causa de la plena luz de la tierra, que luego, en la paz, sabrá y comprenderá todo hombre. Hoy con este jalón, señalamos nuevo camino a los astrónomos y físicos y han de comprobar la ley que exponemos.