LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO DIEZ Y NUEVE
LA LEY SÓLO SIEMPRE TRIUNFA

607.—Ya es de día. Sólo hay nubarrones de la secular tempestad. Pero el sol de justicia se apresura a disiparlos, porque afean el fondo azul, como lamparones y costuras en el cuello y la cara del vicioso que lo delatan de sus correrías, de sus calaveradas, de sus concupiscencias.

608.—Esos nubarrones, que en su tupido negro y orlas de fuego, son la imagen del terror que hizo temblar al indolente y pequeñito hombre, porque así se le educó, hoy son traspasados por la fuerza del sol. De las auras de la mañana mueve una brisa que fortalece los pulmones oprimidos y respira. Ya pasó la opresión y no se oye el zumbar del tirano, ni se ve la estrella aterradora del rayo al caer; todo, el sol lo iguala en su luz y en ella, la variedad de colores hace la máxima armonía y hasta las gotas del rocío, recuerdo de las aplastantes gotas y granizos de la tempestad, forman caireles de transparentes e iluminadas perlas y... ¡Oh Padre de Amor! Esas perlas, también recuerdan al alma las amargas lágrimas del corazón y ante esta primera aurora plácida, pero aun ante la presencia del peligro de ese nubarrón pesado, que necesita un terrible simoún para ser arrastrado. ¡Llora! Sí, llora el corazón del noble pueblo, pero se resigna. Sabe que es la última de sus seculares luchas y arrastrará y disipará ese terrible nubarrón, porque el pueblo, ya vive del calor del sol de la justicia. ¡Hosanna!

609.—El nubarrón, a pesar de la fuerza del sol, persiste aun, porque por afinidad atrae toda la tremenda carga de electricidad negativa y opone resistencia a la positiva del sol; pero está en su ley y no deja de alumbrar y calentar; y del encuentro de las dos corrientes, estalla y rompe el nubarrón y al fin, el cielo azul se transparenta, triunfa la luz, y el sol, marcha impávido, arrastrando su familia; y una y otra vez y siempre, él se impone y disipa todo nubarrón.

610.—¡He aquí la ley siempre en triunfo! ¡He aquí a la humanidad disipando las sombras que la envolvían, pero triunfa como el sol, por la constancia, por el trabajo ininterrumpido, por la lucha dulce de la razón! Y si se produce el trueno, no es la culpa de la vibración de vida solar; es por la carga espesa de la atmósfera; es por la densidad de los gases del montón, que al persistir se enrarece y forma la chispa que hace explotar por el incendio, al gas más purificado, pero que cae como lluvia y otra vez se elevará, siendo más puro cada vez el gas, hasta convertirse en Eter, su primera procedencia, pero enriquecido por el trabajo, hasta que nada hay asimilable y queda un cadáver, que para vivir, necesita otro ambiente. Se produce la ruptura del ligazón, la amputación necesaria del cuerpo inerte o paralítico, que detiene la marcha de la sangre que ocasiona la avería del que trabajó; del que se purificó; del que quiere vivir de los rayos solares, de la justicia, del trabajo, al contacto del tenue calor vivificante del Amor.

611.—El Amor es la ley y tan dulce como inflexible; tan poderoso como su autor, que es el mismo y no es dividible; por lo que, aunque los hombres quieran luchar y vivir fuera del Amor, no lo pueden conseguir, porque el Amor es la placenta que envuelve el universo y fuera de él no existe vida; pero tampoco hay nada fuera del universo porque no hay fuera; todo es centro; pero el centro tiene lejanías que se retiran, pero que nunca hay fin, y ese infinito está dentro de esa matriz, que es la ley, que es Amor y todo lo somete a su calor; es invencible.

612.—La ley, no tiene tiempo; el espíritu, no tiene tiempo, porque su autor, su Padre, no tiene tiempo. No hay más tiempo que el presente, el eterno ahora; pero cada demostración de la vida en esos montones, hechos por el flujo y el reflujo del continuado movimiento, del que es único agente el espíritu, como el único material el Eter, el que no es otra cosa que el pensamiento eterno de la creación del autor de la vida. Esos montones, esa manifestación de la vida en formas... Esa sí, esa... tiene tiempo marcado de trabajo, para acabar su obra y se lo marca, ese que no tiene tiempo, el Creador; y lo comunica a su voluntad, al espíritu, al que lo sujeta la ley establecida en el pensamiento una vez para siempre, y el espíritu cumple la ley, vence; lo imperfecto, triunfa, también, siendo cosa; lo que no es cosa, no puede triunfar; la religión ni las pasiones, no son cosa y por esto son vencidos en el tiempo marcado a la creación de cada cosa.

613.—La religión es la enfermedad de la humanidad y la enfermedad no es cosa; es producto de pensamientos de ignorancia y la ignorancia no es de la ley; pero la enfermedad, por la fiebre quema a la materia, si se ignora su procedencia y no se conoce la causa originaria; pero sí conoce y se aplica la medicina y el enfermo cura y depura su naturaleza; la religión no conoció al pueblo, su origen ni su causa, el porque él era causa y origen de ella misma y mil veces el pueblo sucumbió, y hoy que el pueblo sabe la causa y origen, (que fué su ignorancia) la quita y pide hombres sabios y el hombre se hace sabio y se cura, arrancando el microbio que él mismo se creó; es la ley, triunfando en el tiempo, marcado por el que no tiene tiempo.

614.—¿Acaso, el enfermo, tan pronto toma el antídoto o sufre la amputación de un miembro, está restablecido y fuerte? Está curado, pero necesita pasar la convalecencia, aun con mayores cuidados que en la misma enfermedad, porque hay resabios en su organismo y tiene que ir quitándolos con mucho esmero, sin descuidar nada del régimen prevenido; desinfectando, fortaleciendo su organismo y luego tiene que trabajar con mucho ahínco, con mucha constancia, porque la enfermedad le ocasionó muchos retrasos y lo puso en las puertas de la indigencia.

615.—Mientras estuvo postrado y convaleciente, fué auxiliado por los suyos, los amigos y por la beneficencia y nadie le importunó al pago. Pero cuando ya curado y fuerte; sí; entonces le piden y él sabe que tiene que trabajar para pagar sus deudas y trabaja y gozoso paga y está dispuesto siempre a servir a los que le sirvieron; es la ley del reconocimiento; es la ley de amor, obrando y triunfando.

616.—¿Qué más puedo decir, para demostrar que sólo y siempre la ley triunfa? Sólo debo decir, que la enfermedad y el enfermo, es la religión y el hombre y la ayuda recibida, la ley, que no da, porque nada puede dar de balde; pero porque es amor y sabe que es justicia tolerar durante el tiempo que el hombre es ignorante y durante el tiempo hasta la liquidación, tolera a los aberrados, a los que no quieren curarse, porque encuentran más cómodo estar en la ignorancia y holgar, que ser sabios trabajando; mas en cuanto llega el límite máximo del tiempo marcado a la evolución, la ley pide cuentas y recoge los frutos, pagándole a cada uno, según ha producido.

617.—Es entonces el rechinar de dientes del parásito, que se adornó de insignias fantásticas y la ley no se las reconoce, porque tiene un débito aplastante; y aunque piden, por amor, los trabajadores, la ley dice: “Yo vengo a cobrar a cada uno lo que debe, porque hoy hay que igualar la balanza y hay que sanear esta parcela, porque su propietario quiere pasear por ella y sabe ya el rango a que pertenece esta morada, que ya es ciudad de luz y alegría, de Paz y Amor; y los que no pueden vestir esa luz, ni vivir en la alegría, ni mantener la Paz, ni sujetarse al Amor, no pueden vivir en esta morada, que se descubre para siempre al nuevo sol; a la razón, fiel de la balanza, cuyos platillos son las leyes de afinidad y justicia las que contestan: “Sea”. Y se decreta quitar todo lo que estorba, todo lo que desarmoniza, a todo lo que sano está, desde aquel instante entra en los platillos de la inflexible balanza y se promueve, lo que haya que promover; lo que hayan preparado los desalojados; y será la irrupción, según sea la resistencia que opongan los desalojados, y... No hay cuartel; no hay gracia, que es injusticia; hay sólo méritos, obras, trabajo realizado; esa es la fe que recoge la ley.

618.—La catástrofe actual, es cuantitativa y cualitativa a la resistencia opuesta a la ley por los desalojados. Anotado queda en todo el transcurso de 57 siglos, las piedras puestas por las religiones y la supremacía creada por ellos y esto explica la magnitud de la hecatombe, surgida como un volcán por aparente causa trivial, pero que no son los pueblos en lucha los promotores, ni sus jefes. Son movidos por la ley, porque en todos ellos está la enfermedad religión cristiana, que ya expliqué que ella es el resumen de todas las otras, y con la bestia que en su cabeza lleva 7 cabezas de religiones, las que con ella caen; y para que caiga, es necesario agitar al pueblo que es el enfermo que sanó y pagó sus deudas a la ley.

619.—Pero he aquí la audacia y más la malicia; hoy mismo, el pontífice nuevo y por sorpresa, Benedicto XV, amenaza al “Dios de los ultimátums”, a Guillermo II, “con las iras divinas”, por haber demolido la Catedral de Reims. ¡Claro que tiene que protestar; cualquier bestia defiende su pesebre; pero es el caso, que llama a Francisco José “como Emperador católico y cristiano a defender la religión”!. Ya apareció el peine. Ya se descubre el mismo Dragón, que viejo y moribundo, sin dientes, sin pelo y sin cuernos, quiere agarrar el último que tiró. Es que siente que lo empujan y que no tiene más remedio que caer. Pero ¿qué contestará el viejo que prendió la mecha? Es seguro que en las mismas palabras o semejantes que a Servia, le dirá: “Ya es tarde”...

620.—Hasta el fin, los pontífices siguen su sistema: la división. Aun quiere separar Austria de su aliada Alemania; al uno lo llama a cumplir como católico cristiano y al otro, (que igual es cristiano, con la ventaja de no ser católico y ser emperador y pontífice) lo amenaza con las “Iras divinas”. ¡Mire Ud. qué galimatías arma con sólo abrir la boca el Dragón, cabeza visible de Cristo y pontífice!... Pero, Guillermo es Pontífice y Francisco José más que Pontífice, porque le asiste el derecho de poner su veto al cónclave; sólo que el uno es “Infalible”... para los necios. Pero verá Ud. como ahora acierta a su entender, porque es verdad, no las “Iras divinas” (porque ira sólo puede tener un Dragón y una bestia) pero sí la Justicia Divina, caerá sobre Guillermo, como sobre todos los que están en lucha y los que aun no están, pero que estarán; y ahora más que antes caerá la justicia divina, porque habló el Dragón haciéndose parte. Anoto la fecha para prueba: Septiembre 23 de 1916.

621.—Mas el desengaño va a ser terrible y el desenlace horrible; y más, porque es capaz el Vaticano (y no sería la primera vez que lo hace) de pactar con Turquía o con la China si le llevaran el apunte, para poder darle a Guillermo y Francisco José, el pago que le dieron a Enrique IV. Pero ahora, las cosas son al revés y sería hermoso haber visto el gesto y la risa del Káiser, al recibir la misiva pontificia, en cuya risa cualquiera hubiera adivinado, la respuesta que es ésta: “Santísimo Padre, como no tengo ya más paso para mi casa que la Lombardia, a mi paso, si no hay otro alojamiento, me hospedaré en ese palacio, que es de cualquiera menos vuestro; si me esperáis, hablaremos entonces; suponiendo que no se me negará el paso, en cuyo caso me lo abriré y me servirá de mira la Cúpula de San Pedro”...

622.—¿Creéis que esto no ha pasado por la mente de Guillermo? Leed el Apocalipsis y hoy o mañana será. Habló el Cristo y adelanta los hechos y los días de su caída, porque rememora a todos, que él solo bebe la sangre derramada por su concupiscencia y por cuya causa, hoy 1,200 millones de hombres y mujeres, son Anticristianos; y de los tenidos por cristianos el 90% son convalecientes, escépticos, que cada día reniegan del Cristo y son con el Anticristo, que anuncia y trae el amor y obra como ejecutor de la justicia divina y nada le estorbará cumplir su mandato.

623.—El error de los Cristianos ha sido y es, esperar un hombre fraguado en la fantasía y egoísmo del Cristo; es decir, de los que de una piedra y un nombre de peligro, han creado un dios-Cristo o Cristo-Dios. Y, sea hombre o sociedad de hombres, ideas de progreso o lo que quieran los hombres, el Anticristo sería, el Investigador mandado por la ley que triunfará contra todo poder, y es natural, que si como dice Benedicto XV “el Káiser es el Anticristo”, le estorban las catedrales y sus torres, (que, sin duda, enseñan en su picota la afrenta y la amenaza, de crucificar al mundo todo) es natural, digo, que todos esos cimborrios estorban y los quite, hundiéndolos, para higienizarlos.

624.—La ley es, quitar todo lo que estorbe a la ley de amor, que la tierra reclama en justicia, porque ha cumplido sus seis días de trabajo y tiene derecho el que ha trabajado al usufructo en común, porque el producto en progreso está en un solo depósito común; y como es decreto del Padre, todo se cumple y cada cual ocupa su puesto en la batalla; y nada que desarmonice quedará; y nada desarmoniza más que el parasitismo con todos sus cascabeles y la ley ordena quitarlos. 625.—¿Puede el fanatismo de cualquier clase, religioso, científico o acaparador, hacer la felicidad ni traer la Paz? ¿Y qué es Religión? ¿Qué es patria y qué es clase haciendo a los hombres extranjeros y diferentes unos de otros, sino fanatismo? Pero como todo ello ha nacido del fanatismo religioso y ha creado todos esos fanatismos para poder vivir la religión, porque el fanático no ve, aunque tenga ojos; y no oye aunque tenga orejas; se ha cuidado muy bien la religión de prejuiciar a los fanatizados con todo lo que representa odio, e ignorancia, por lo que no pudo haber progreso hasta que muchos hombres se curaron del fanatismo y tiraron el prejuicio.

626.—Pero el prejuicio, es una lapa tan fuertemente agarrada, que aun en muchos grandes hombres, en medio de preciarse de su liberalismo o liberación, gravita uno u otro prejuicio, de religión, de patria, de sociedad, de clase y aun científico, porque nada dejó la religión sin mancharlo con su aliento, o de envenenarlo con su baba y cuesta mucho más matar los prejuicios, que a la misma religión. En su perversidad, bien sabían los pontífices que sin prejuiciar a los hombres, la religión no podía vivir.

627.—Véis muchos libros, muchos periódicos y muchas revistas con rimbombantes nombres de libres y bordean las causas del mal de la humanidad; pero no las abordan, no las afrontan; siempre aparece un “pero”; siempre hay una valla; temen demoler y remiendan con nuevo, lo viejo y lo pierden todo; porque lo nuevo sobre lo viejo hace más mala figura que el gran espíritu del Quijote sobre el escuálido jumento, por el que, dada su poca potencia, el caballero, lucha con desventajas. Hay prejuicio y la obra queda cada vez más fea y al fin se derrumba fundiéndose lo nuevo y lo viejo con el genio o el trabajo. Luego, no hay más remedio que escombrar y trabajar más, por no haberse decidido a demoler antes de remendar. La culpa fué del prejuicio, de la rutina, de la indolencia y todo eso, es, en una palabra, ignorancia.

628.—Si un hombre de ideas, pero sin títulos dogmáticos de la universidad, manda unas letras, aunque sean de saludo, un alerta a un periódico o revista de los que ellos mismos se llaman avanzados, se escandalizan; no quieren enemistarse con las clases, con los poderosos, con la religión. ¿Esperáis que todo venga por la gracia y el perdón? Entonces sois hipócritas... Sois la traba puesta por la supremacía enervante entre ella y el pueblo que pide justicia, y al fin, vosotros, vivís del pueblo, al que engañáis, achacando a la evolución, a que no debe haber represalias. Hasta en esto denigráis al pueblo, porque el pueblo jamás buscó, ni quiere, la venganza.

629.—El pueblo es noble; pide justicia; pide la ley del trabajo; pide subir a donde le corresponde al derecho igual y no pide que baje nadie. Pero como a los supremáticos y sus intermediarios les asusta el trabajo muscular, único que a todos mantiene, buscáis los del medio, todos los medios de detener al pueblo, porque también lo habéis ofendido y teméis que seríais arrastrados por su masa y eso es miedo a las herramientas productoras. Por eso teméis el avance del pueblo que obra en ley, y nadie teme más que el que ofendió y al pueblo, todos lo han ofendido.

630.—Y después de todo, ¿cuál es la posición que ocupa esa clase media, que adula a los llamados “Clase Alta”, y sirve de traba al pueblo? Su posición es falsa; es la del ahorcado colgado de la cuerda, que por su propio peso se mata y aborrece el cielo y no lo quiere sostener la tierra: esa es vuestra verdadera posición; que si entráis en los salones del supremático, es a ser su esclavo, y hacéis el papel más ridículo que cabe al hombre, donde supeditáis la idea, (que queráis y no) bulle en vosotros la idea de regeneración y debiendo ser lumbreras entre los trabajadores que como nobles os distinguiría, sois candiles, que no logran alumbrar vuestra mollera, porque lleváis el crespón tupido del prejuicio: ya no podéis estar entre el pueblo, porque os avergonzáis de serle traidor; y cuando tenéis que bajar a su estrado para pedirle el voto, otra vez lo engañáis; por eso lo teméis; porque siempre le ofendéis.

631.—Si el pueblo no tuviera en fruición la ley de amor, ¿cuántas veces se hubiera vengado de sus verdugos y zascandiles? Mas no tema nadie: el pueblo, sin obligarlo, no dió jamás una nota discordante; pero sí las da en todo momento, la claque de la supremacía; pero ese, no es el pueblo; es el populacho comprado paniaguado del supremático. Ese populacho es como aquel, que pedía sobre su cabeza, la sangre de Jesús.

632.—Los actos del pueblo son, como el de Moisés, como el de la Bastilla, como el dos de Mayo en España, como el 25 de Mayo en América y tantos otros, buscando su independencia, su libertad, su derecho de hombres. En todos esos actos, el espíritu del pueblo se levantó con dignidad; si luchó fué porque la supremacía quiso resistir; hoy, aunque véis a la cabeza gobiernos y jefes de estado, es el pueblo el que se ha levantado y lo veréis al final de la contienda. Pero esta vez hay un secreto: es la ley la que obliga al pueblo a levantarse contra la causa común del mal mundial, porque es hora de implantar la comuna. Por esto van los jefes de estado a la cabeza de sus ejércitos, porque ya no es hora de partidos y véis dos grandes agrupaciones, que parece que quisieran poner de manifiesto, al universo, que no se puede ya vivir en estrechas fronteras, y es así en verdad y las fronteras se rompen y se ensanchan unas a costa de otras, reduciendo naciones y hasta esto demuestra, políticamente, que una sola nación sería mejor bienestar y no hay duda, porque una sola sería la Constitución, uno solo el gobierno, y si aun pudiera existir, (que no puede) habría una sola religión; pero sí habría un solo adorado, Hellí, cuyo nombre dió Abraham y pronto sabréis cómo el universo llama al Creador su Padre.

633.—Sólo la ley triunfa y el espíritu que lucha en la ley, es sabio. La sabiduría, no puede ser vencida ni vendida; y porque las religiones y sus creaciones han luchado y luchan contra la ley y han comerciado, y por tanto, vendido la sabiduría, llegó el máximo desconcierto; y de esta lucha contra la ley, testigo son las guerras de todos los tiempos; pero el desenfreno de la lucha contra la ley, son las Cruzadas y las guerras de religión, la inquisición con todos los errores y horrores y el celibato, oponiéndose al “Crecer y multiplicáos”. Por esta causa, (efecto de las concupiscencias) hay los prostíbulos, los manicomios, las casas de traición, los hospitales de enfermedades vergonzosas, muchas más cárceles que había antes del celibato (aunque había menos civilización), y esta verdad, está latente, vengando a la causa que las produjo; pero esa causa, cada vez es menos y la ley de amor decretó su desaparición. ¿No quieren anularse ellas mismas? Pues la ley las quita, para lo que levantó este simoún y seguirán las consecuencias hasta quitar, no sólo lo que estorba al reinado del amor, sino, también, las manchas que dejan, porque afean la belleza. Nada habrá que se oponga al decreto del Creador, porque su hora es llegada. Podemos saber que esa hora llegó, porque marca 36 siglos de cien años, desde que escribiera su ley hasta que la tierra la sabrá. La ley la dió y escribió Moisés. Contar desde él y analizar los actos desde entonces acaecidos en toda la tierra y los actuales, que con un máximo progreso material, hay la más grande miseria en todo el mundo y hasta aquí, “tierra de promisión”, granero de José, la miseria es tal, que sólo puede escribirse diciendo: “Miles y miles de brazos fuertes se ven precisados a recibir un plato de comida por limosna, denigrándose el hombre y provocando a la ley de Justicia y a la naturaleza, que, sin embargo, produce aún en medio del odio de los hombres, lo necesario para todos; y esta provocación traerá las consecuencias que todo el mundo presenciará y que sí repercutirán, también en este escenario, en esta tierra de promisión, porque la han manchado y hay que limpiarla, para proclamar la ley de amor, que así es el decreto del Creador y la hora es llegada.