LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO DIEZ Y OCHO
LOS CULPABLES, LOS RESPONSABLES Y LOS PERJUDICADOS

593.—Los culpables, en rigor, del mal mundial, son los que fomentan el error, por el cual hemos llegado a la confusión; a la Babilonia ininteligible. Y aunque en realidad de verdad, el error proviene del antagonismo, lo mismo que todo otro mal, no son culpables los instintos que originan el antagonismo, porque aquellos estaban en su derecho natural de satisfacción; y como vemos que hay mayoría que dominó los instintos, (sin cuyo dominio no puede haber conciencia), quiere decir que todos han tenido los mismos medios para tener conciencia, por el dominio de los instintos; y como todos hemos pasado por ese berenjenal de la confusión de los instintos, los que tienen conciencia, habrán luchado más; habrán trabajado más; se han sacrificado más; que si fueron culpables en la primera evolución, en la segunda o la quinta y por esfuerzo, hicieron conciencia, saldaron sus deudas o las están saldando, y por esto, no son culpables y sí lo son, los que hoy al fin de la sexta evolución, cuando llegamos al umbral de la séptima, en la que sólo pueden entrar los que han hecho conciencia, sí son culpables, repito, los que no tienen conciencia de la verdad, de la ley del trabajo, de la justicia, de la afinidad, del amor en fin.

594.—¿Es fácil conocer a los culpables? Sí. Basta saber con quién andamos, para comprender quiénes somos. Y si hemos visto, que en primer término, toda religión es error, los que de ella viven, los que a ella sirven, son errados; son culpables. Pero en segundo término, hemos comprobado, que la ley entregó el resumen del haber y el debe, a la religión cristiana, como nacida del error de todas, en la sexta evolución, al final, los que de ella viven, los que la sostienen, son los culpables. Y sirva este número, de juicio y sentencia al Syllabus.

595.—Si Pío IX hubiera escrito el Syllabus y otras letras con las manos encallecidas y en tareas después del trabajo cotidiano manual, (con el que gana su sustento el que esto escribe), es bien seguro que Pío IX hubiera condenado sólo lo que absolvió; y hubiera absuelto, todo lo que condenó. Es verdad, que tampoco habría sido digno Papa y yo se lo habría deseado; aquél sí, es uno de los culpables porque no quiso dominar sus instintos y fué por maldad; pero sabed, que su espíritu acató la ley poco ha, y pagará sus deudas.

596.—Y de los vivientes ¿quiénes son los culpables? Se sabe; pero si es ley decir la culpa y los culpables en general, la misma ley prohibe en amor, delatar, cuando aun hay penas aflictivas para el cuerpo del hombre, el que jamás delinquió; porque no puede delinquir; porque sólo de la ley natural vive y sólo es un instrumento del verdadero delincuente, el espíritu, al que el hombre se ve impotente de castigar. Aquí encontraréis una gran legión de culpables de este error llamado justicia que castiga al cuerpo, que no es culpable.

597.—Hay la misma razón aducida en el número 594 para la culpabilidad de los encargados de la justicia humana, porque ésta debió convertirse hace mucho tiempo en correccional, sin inutilizar al delincuente; y no sólo no se ha convertido en correccional, sino que aun imponen la pena de muerte, aun en aquellos países donde han pretendido ser cerebro de la civilización, y pomposamente se llaman democráticos; pero, sin embargo, estos culpables, tienen ante la ley, la gran atenuante de la imposición religiosa, que en todo estudio aparecerá primera y única culpable; pero sabemos, que las atenuantes no son eximentes; el cómplice es culpable.

598.—Son culpables los gobiernos todos; y sobre culpables, son reos que se acusan ellos mismos, subvencionando y pagando a los culpables y autores de la culpa: y con ellos son responsables, todos aquellos que, remordiéndoles la conciencia de cooperar al sostenimiento del error, pagan por la conveniencia de mantenerse en la preponderancia y oropel del error, sabiendo que es error; y saben más; saben que ese error que sostienen con los productos del trabajador, es la causa del mal mundial. Es así como el mal acreció a su máximo y no tenía más arreglo que la conflagración, para quitar todo lo que estorba al bienestar, por lo cual, ningún gobierno ha sido capaz de encontrar remedio al mal, por no tener la decisión de cortar y anular la religión, resultando, nuevamente, que los culpables son todo lo que es religión, primando el cristianismo y los sostenedores de él desde el gobierno y la justicia. Hay, con ellos, los responsables que son toda la propiedad privada y los industriales y comerciantes, que a conciencia, comprenden el error y lo sostienen, por mezquina conveniencia.

599.—Los perjudicados, son sólo los trabajadores, material y moralmente; porque, sobre trabajar, han carecido de lo más necesario a la vida, causa por la que ha cometido actos punibles en la ley social, en la que no ha tenido derecho alguno, ni ha sido considerado con los derechos de hombre, siendo él el todo, la riqueza y la fuerza; pero la ley inexorable, dió valor suficiente a los trabajadores que ya militan en la ley de amor, para que así pudieran redimirse muchos de los tenidos por “Clase Alta” y aun de los que viven de la religión; y se han redimido muchos, en el tiempo de la tregua que ya se termina.

600.—¿Mas creéis que todos los jefes de estado que han ido a la lucha y los que irán, son culpables, ni aun responsables? No tal. Son, precisamente, mandados por la justicia inexorable, a levantar las llamas del gran incendio, cuya mecha prendió el más viejo de los jefes de estado, que se vió obligado a prenderla pronto, por la “causa nimia” del asesinato de su sobrino heredero, no haciendo lugar a muchas meditaciones a sus ultimados Servios, ni concediéndoles dos horas más de la señalada, y ante la ley (que los hombres llaman humana, pero que es una humana hipocresía) Francisco José, “ha sido inhumano; brutal”. Pero es la ley que lo obligaba, no la humana, sino la de justicia divina; y es porque, ese cetro es el último cuerno que le quedaba al Dragón, que aun pensaba calzarse uno nuevo con el cetro de Servia, y no había lugar a burlar la Profecía, que le marcó 10, y no 11 cuernos, y éste, además, era después de pasada su era; su milenario; y a la ley divina nadie la burla, aunque toleró durante el tiempo dado para cumplirla; pero tolerar no es consentir. Los tolerados, han hecho lo que la ley ordenó, aun oponiéndose a ella; por eso han sufrido la concupiscencia que no han podido saciar; ésta, no es saciable.

601.—¿Mas qué tendría que ver la declaración de guerra de Austria-Hungría al pequeño reino de Servia, para la conflagración universal? ¿Qué le iba ni venía a Alemania esa guerra, para atacar a Francia? ¿Y qué pito debía tocar el Japón, para declararle la guerra a Alemania? Se comprende, que Inglaterra, que vive de vida prestada y que cualquier contingente puede hundirla, en el no ser, tomara puntos de mira por esa razón y sobre todo, porque tiene la fatal piedra ungida por Jacob, a la que llamó Cristo para no olvidar el peligro que hay en dormir en la casa del Padre. Al efecto, yo os diré una palabra que se me ha dicho y es: “Es bueno que la materia recline y no tener el espíritu con sueño”. Ya véis si tenía razón Jacob en ungir aquella piedra para acordarse del peligro; y como Inglaterra descansa sobre ese peligro, está en peligro de sucumbir con el Cristo peligro; y, ya veremos lo que es, después de esta hecatombe.

602.—Lo que hay es que todo es combustible preparado para el fuego. Los jefes de estado, son hoy los fogoneros de la máquina de la ley; y en verdad que atizan de veras y ninguno podrá recular, aunque quisieran, hasta que acaben el combustible y puedan cantar: “Se acabó el carbón”. Y ya sabéis que será, cuando todo lo que estorba se haya quitado. Entonces, sólo podrá ser la paz sin armas, sin soldados, ni policías, porque cada uno será el policía de sí mismo.

603.—¡Pero serán tan pocos los hombres que cantarán el primer himno del vencedor, inaugurando la comuna!... Y no hay remedio; no lo podemos evitar, más que proclamándola cuanto más pronto, porque el padre común ya la decretó. Pero como los hombres se oponen, viene la ley de justicia y quita a los opositores que son ínfima minoría en el cómputo total, cuyo pleno plebiscito es hombres y espíritus, del que ya os hice la cuenta en los números 564 y 565. Pero como la comuna es para la tierra, para el espíritu encarnado (porque libre ya vive en la comuna), es en la tierra donde está lo que estorba y se quita.

604.—Ahora, ya comprenderán los hombres el porqué se mezclan las cinco partes del mundo, y porqué, también, todas las cinco sufren sus efectos y los sufrían ya desde el día 5 de Abril de 1912, que la justicia se decretó. Por esto, la crisis crecía como la tisis en el tísico que pone tarde el remedio y hoy nadie encuentra solución a sus agobios; y los gobiernos, que aun se mantienen neutrales, están con el arma al brazo, temiendo que de entre los adoquines de sus calles salga algún ultimátum y haya que luchar; y todos lucharán, más o menos, porque en todas partes hay combustible y es todo del mismo depósito y todo ha de consumirse, y lo han de encender los mismos culpables.

605.—El pueblo, perjudicado en todos los tiempos, primero la religión lo embrutecía; más tarde, lo anestesiaba; luego lo encendió en odio por las fronteras y las clases; y cuando el pueblo quiere sacudir el yugo de su oprobio, se le somete por el engaño y se usa la fuerza bruta de las escorias del mismo pueblo, (del populacho) dirigido siempre por la supremacía creada por las religiones y por tanto, el verdugo del pueblo, es siempre la religión.

606.—Las religiones, astutas, siempre tienen salida en su malicia. Cuando el pueblo, (aun inconsciente de sus derechos sufría sin protestar) tenía poco más o menos las mismas necesidades de hoy; pero en la inconsciencia sufría como el burro y callaba; entonces dicen, (los sacerdotes de sotana y de levita) que había moralidad; y hoy que ese mismo pueblo reclama sus derechos de hombre, los mismos sacerdotes dicen que ”la causa del mal es la rebelión del pueblo, su irreligiosidad”, y es verdad. Pero es que antes, era una recua de animales, y hoy es un pueblo de hombres de razón, de sentimiento y conciencia y no admite la esclavitud, ni la ignorancia. ¿Y qué proclama y quiere el pueblo? Proclama su libertad; quiere la ley del trabajo para todos y el usufructo para todos, y esto se lo enseña la naturaleza; lo aprende en el sol, en las lluvias, en el viento y hasta en los animales que en ninguna parte son extranjeros, y sólo al hombre se le ponen vallas y barreras, que hoy, por su fuerza unida en las cinco partes del mundo y por ley de mayoría, quita y quema los mojones y funde las cadenas, ayudado y empujado por la ley suprema; y todo lo quitará; y los mismos jefes de estado son los que lo conducen y también es justicia; porque “Los primeros serán los últimos” y “Con la vara que midieres, serás medido”. Y como las religiones han usado todo lo irracional, todo lo inmoral, hasta el escándalo; y entendieron mal y sólo en lo material y criminal la sentencia de Moisés, la justicia divina, no puede usar otro medio que el que le presenta el hombre y así llegamos a la liquidación, con el escándalo sumado de todos los escándalos y es cumplido lo de “Ojo por ojo y diente por diente”... porque así lo quiso la religión, que no es regenerable, porque no es cosa.