LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO DIEZ Y SIETE
TODA LA TIERRA ES LODO DE SANGRE Y CENIZAS

574.—Todas las religiones, todas las filosofías de prejuicios, hasta la Teosofía ya adulterada, los Adventistas, y lo que es más de lamentar hasta los espiritistas (ya traidoramente amalgamados en espiritualistas), viven y esperan de la gracia y el perdón.

575.—¿Puede ser el perdón y la gracia del Creador? ¿Dónde habría mayor injusticia? ¿No se ha establecido en la Creación la ley de justicia? Pues desde el instante que el Creador hiciera gracia, perdonando o dando a cualquiera lo que no ha ganado, dejaría de ser justo, sería parcial, no era buen Padre, se negaría a sí mismo de ser el autor de la vida. Y todo esto hacen al Creador los que proclaman y viven esperando gracia y perdón; pero aun llegan a más; llegan a hacerlo un pigmeo, al que se le puede ofender; y sí se le puede ofender, es vulnerable y es menor que el ofensor...¡Oh religiones, religiones! ¡Por qué caminos habéis dirigido la humanidad y a qué estado habéis reducido al Creador! Caiga, sí. ¡Caiga sobre sus sostenedores todo el rigor de la justicia!... Ya es la hora.

576.—Pero suponed ese imposible de la gracia y el perdón por el Creador. ¿Podría perdonar sin mancharse de cómplice vuestro, toda esa monstruosa ofensa, de reducirlo a más bajo nivel que vosotros, célibes, que rompéis la ley de la Creación?

577.—Por eso, el cristianismo proclamó caridad; porque la caridad hace gracia y perdón, que es injusticia; pero no ha proclamado el Amor, porque éste es justicia, sacrificio, trabajo eterno y continuado; ese, ese es el perdón y la gracia; pagar por el trabajo, la ofensa hecha a la ley por la holgazanería, y poner cada cosa, por vosotros mismos, de donde le habéis quitado. Ya se había dicho que: “Ojo por ojo y diente por diente”. Y ¿cómo lo habéis comprendido?

578.—Pero Jesús lo aclaró diciendo: “No vayáis al altar a ofrecer a Dios, y aun, retiráos del altar con la ofrenda, si en vosotros encontráis resentimiento o deuda a vuestro prójimo, porque seréis echados al calabozo, de donde no saldréis, hasta que hayáis pagado el último cornado”.

579.—En cambio, lo habéis entendido para las venganzas personales y lo han cumplido en odio los hombres; pero sobre todos, los pontífices cristianos; que si los emperadores los persiguieron, ellos han reducido a los emperadores y sus pueblos al no ser y no han dejado un milímetro de tierra, en sus dominios, sin enlodarlo de sangre y cubrirlo con cenizas de cuerpos humanos y de escritos, del principio del progreso. Así lo han entendido y así lo han practicado: pero hoy es el imponente apoteosis, del drama secular.

580.—¿Podría la tierra, ahogada en sangre y cenizas humanas, seguir floreciendo y dando alimentos sanos y suficientes al hombre? Científicamente, la química, nos diría que no; pero mejor que los químicos, la experiencia de las guerras, nos probarían lo imposible, de hacer germinar semillas en un terreno regado con sangre, sin antes someterlo a la acción del fuego y sembrar semillas, que absorban la gran cantidad de sal y otras materias de que se compone la sangre; la ley, pues, no se mostrará más ignorante que el hombre y sabe lo que tiene que hacer.

581.—¿Y la atmósfera? ¿Acaso no sabéis, que los pensamientos del hombre anublan y envenenan o vician; o purifican y aclaran la atmósfera? ¿No ha probado la ciencia que los sonidos corren en el espacio sin extinguirse y que las imágenes de todo cuanto en la tierra operamos, queda impreso en el Eter y lo verá, eternamente, en su conciencia el actor? ¿Sería posible la vida de paz y calma, teniendo a la vista la sangre en la tierra y las cenizas del crimen y en la atmósfera la visión real, como en indeleble fotografía, de las hecatombes hechas por el hombre?

582.—Pues la tierra y la atmósfera, están así realmente; al causante sería desesperación y al hombre de amor que sufrió, sería renovarle continuamente su martirio en vistas reales, ya que en esencia lo lleva en su archivo. Así, pues, no sería posible la vida de paz y calma y ésta, está prometida para cumplidos los 36 siglos de la ley del Sinaí. Por esto dice el Padre por Isaías: “Y aparecerán las nuevas tierras, los nuevos cielos y el nuevo sol”.

583.—Mas este cambio, anunciado primero en palabras por Elías y cantado, sacramentalmente, por la Iglesia Católica en el “Et renovavis Fatiem Terrae”. ¿Creéis que será “como soplar y hacer botellas”? Ya dije en la prehistoria, lo acaecido para engendrar al hombre; y si ahora no tiene que engendrarlo porque en ley, es sólo el hombre desde aquel hecho, el que tiene esa facultad, si tiene la tierra que hacer el mismo esfuerzo, para lanzar a su punto exacto, matemática y geográficamente, su segundo hijo. La ciencia podrá precisar, el tambaleo beódico que ha de ocasionar ese esfuerzo. En vano será elegir este o aquel grado, esta o aquella región; lo prudente es acatar y entrar en la ley, antes de aquel instante, que nadie precisará, pero que será seguido al séptimo toque que habrá de dar el Anticristo Santiago, en siendo caída Babilonia la grande; lo que nadie impedirá, ni nadie esquivará.

584.—¿En qué forma quedará el planeta tierra? ¿A qué elevación del Eter habrá ascendido? ¿Cuáles y cuántas serán las tierras nuevas que se descubrirán? ¿Qué área y de qué parte de la tierra que hoy tenemos, será envuelta por las aguas desalojadas por las tierras que ascienden? ¡No hay misterio, no! Pero la Justicia lo calla y sólo dice a todos: “Estad preparados como si ahora mismo habrías de ser juzgados por la Ley de Libertad”. Y ya lo dijo el Anticristo Santiago en su carta universal.

585.—¿Qué cetros y coronas volarán? ¿Cuáles serán envueltas por las aguas y los hielos? ¿Quién a quién desafiará con ultimátums? Cualquiera puede saberlo; le bastará saber sus obras y por su calidad y cantidad, sabrá si pueden entrar en el engranaje de las ruedas de la ley; esa es la sentencia que cada uno se da a sí mismo y por cierto que es inapelable; porque la ley sólo recoge obras y no recoge fe sin obras.

586.—Bajo esas aguas y esos escombros, la sangre y los cuerpos y los depósitos de los avaros y los almacenes de los que amontonan pedazos de pan de tantos hambrientos, cubiertos y enterrados en vastísimas regiones calcáreas o heladas, quedarán. ¿A quién aprovechará entonces? Y, sin embargo, el hombre quedará en la tierra a perpetuar la Creación. ¿Volvería el avaro a serlo? El acaparador de los pedazos de pan del hambriento ¿volvería a robárselos?... Seguro es que sí. Tan aberrados están. Pero la ley lo sabe y sería desarmonía, los quita, pues, y los remite a donde ellos sufran lo que han hecho sufrir, pagando a la ley, a la Creación, lo que le deben, “hasta el último cornado”.

587.—Veríamos, entonces, si la impúdica dama, la muñeca sin corazón, si quedara se atrevería a mandar despóticamente a la sirvienta que hoy maltrata y escandaliza, causa de la moral recibida en su contacto con los célibes, para la deshonra de los hijos del pueblo; pues sólo esa casta celibatoria en su libertinaje, llenaron de mujeres desgraciadas, los prostíbulos y los hospitales, los manicomios y las calles, y levantaron casas de maternidad, o de baldón, donde ya que se perdió a la madre, se anestesia al hijo y es carne del presidio, después de ser la afrenta en las calles.

588.—Si estas muñecas quedaran, querían volver a ser lo mismo que fueron y aun tendrían la osadía de decir, con la hipocresía que las domina, que sus víctimas tenían la culpa. Y porque la ley sabe esto, las saca con sus camaradas y van a pagar a la ley, a la creación, todo cuanto le deben, y serán, donde van, todo lo que han hecho ser a sus víctimas, esa es la ley; esa la gracia, ese el perdón.

589.—Es terrible la justicia; pero en todo su rigor, no es más que el extremo del máximo amor, porque a cada uno lo pone en su lugar, hasta que se sacíe a su costa. Es ley, que cuanto consuma de iniquidad, ha de purificarse por el dolor; y cuanto hurtó a la ley, lo ha de pagar y en la misma moneda. ¿Mató? Dará vida a sus muertos. ¿Odió? Amará a su enemigo. ¿Hizo caridad o injusticia? La recibirá. Y aunque quisiérais dejar de ser, no puede ser que no seáis. Esto es lo terrible de la ley y al fin, todos se someten, porque ella no puede ser vencida, ni vendida.

590.—La tierra estará curándose de su parto y el hombre meditará los hechos acontecidos. Oirá la voz de su espíritu, que continuamente le repetirá: Paz, Amor. El hombre verá la tierra que no había visto, y no verá las manchas de sangre que hoy le desgarran el corazón de dolor. Formará un museo, con los restos que encontrará y será la lección bastante, hasta que por el amor, nada pueda ya temer.

591.—Desde el primer momento de aquel parto, nada será de temer; ni antes, si hay tiempo de que la hoguera se apague, porque ya no habrá nadie capaz de aplicar la mecánica, a las máquinas de destrucción; verán los que hoy la blanden, que la espada no es eterna y que sólo es necesaria en la supremacía Civil y Religiosa, la que los mismos de la espada habrán muerto, porque la mayoría hoy de los generales, son Misioneros, y aman la paz y la justicia.

592.—¿Albión existirá? ¿Lo cantará Alemania? ¿La Austria? ¿La Francia? ¿La Rusia? ¿El Japón? ¿La China? ¿Los Monroistas? ¿La América del Sur? ¿El Africa? Saber, que la ley y la promesa dice: “Todo lo que estorbe será quitado”. Y a tal advertencia, lo menos que podemos hacer es ser agradecidos; y para ser agradecidos, sólo se puede ser, acatando la ley en voluntad. Y aquel pueblo que acate la ley, poniéndola en práctica, declarando la comuna, cual el Padre la decretó para la tierra, ese pueblo, podrá asegurar que sobrevivirá, porque en él no habrá nada que estorbe y será, como el centro de las vibraciones que irradiara su vida y todos lo seguirán como los mundos nuestros hermanos del sistema, siguen al centro Sol y éste, a su Mayor.