LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO DOCE
DESDE PÍO IX A LA GUERRA DE LOS BALCANES

506.—Después de la muerte de Pío IX, quedaba un rescoldo muy fuerte en todos los estados del mundo, por la continuada guerra, de armas y principios, pues éstos todos se veían condenados por el Syllabus; y allí donde había un católico, estaba la guerra; pues tenía mandado bajo excomunión mayor, no transigir con ningún hombre liberal, o simplemente liberalizado.

507.—Los países cristianos de todos los matices, con ser la misma familia de los católicos, estaban condenados por el infalible Pío y de nada les servía su cristianísimo salvador por gracia, pues sólo eran salvos, en el seno de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

508.—La Grecia, con su cristianismo primitivo y con su recuerdo de señora del mundo civilizado y de la derrota que le infligió Roma, no se avino al Cristianismo Romano y menos a su catolicismo; y por que experimentó algo del tribunal del Santo oficio que quemó sus archivos y bibliotecas. Rusia, el Imperio grande, cristiano de diferente modo que Roma, no respetaría aquél; y sobre todo que sus Zares eran tan de derecho divino como el Pontífice Romano, copia exacta del Pontífice Judío, que sentenció a Jesús y preparó con ello, la desecha de aquel pueblo por los Pontífices Romanos, y las Rusias no se sometieron a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, temiendo algún otro mal aun mayor, que el de las matanzas continuas aconsejadas, dirigidas y reavivadas en cada momento, por las intrigas de los cristianos católicos, en los principios de su reinado.

509.—Todos estos resabios, que ya dormitaban por el olvido, resucitaron en el pontificado de Pío IX y se veía en constante peligro, todo lo que no fuese Católico Romano y aun premiaba el pontífice al que mataba, privaba de sus bienes, o esclavizaba y vilipendiaba a un hereje, como se puede ver en las bulas de la Santa Cruzada, de Composición y otras.

510.—Pero como el mejor medio de fomentar las cosas, es prohibirlas contra la voluntad del hombre, tan pronto se publicó el Syllabus, todo el mundo fué liberal; quiso saber el porqué y el pensamiento rompió las cadenas del dogma, apareciendo miles y miles de filósofos de todos los colores. Y aunque los más estaban bajo el prejuicio del Cristo, ha habido algunos, que renegando de ese fantasma de muerte, han llegado hasta el borde de la verdad. Esto ha sido el gran sinapismo de la ley del más, que revolucionó las conciencias adormecidas y los hombres pudieron soldar los hilos de su resistencia Alma, rotos en las luchas fratricidas por las proezas de Cristo, realizadas por sus cabezas visibles. Así, día a día, la humanidad fué agrandando al universo y el hombre se ve grande, reconoce el título de hermano. No aguanta ya la estrechez de las fronteras y las va a romper para no ser extranjero en ninguna parte, pues sabe el hombre, que en todas partes y en todas formas, es salvo y que llegará a su padre por la ley de libertad, como sentó el Anticristo Santiago.

511.—Sí Jesús había dicho “Amáos los unos a los otros como nos ama a todos el Padre”. ¿En qué razón cabe que Jesús fuera Cristo, cuyos representante, los pontífices romanos y no romanos, condenan a la muerte corporal y a la muerte eterna, al alma de los que no son cristianos? Las otras religiones son erradas, pero no tienen ese absurdo; a lo más, consienten en la metempsícosis, (la reencarnación de animales) que si también es un absurdo porque en la ley nada retrocede, al menos no condenan a la muerte, aunque condenen al sufrimiento.

512.—Producido el Syllabus, por el que los hombres vieron que de todos modos eran condenados, prefirieron condenarse pensando y pensaron en todo; hasta en el incomprensible ser del creador que Cristo les ocultó y lo encontraron, no como Dios de iras, vengativo y antropófago, sino padre de Amor, y progresó el hombre desde el feliz día que se publicó el Syllabus, hasta el presente, medio siglo incompleto, más que en 45 millones de siglos que existe sobre la tierra; pero ya he dicho que era el sinapismo que la ley del más aplicaba a la humanidad y se sirvió del hombre más petulante que quiso pasar por infalible.

513.—Mas había grandes depósitos de odios y se avecinaban terribles represalias entre cristianos, protestantes, evangelistas, ortodoxos, coptos, armenios y griegos, que sería poco más o menos que hoy; pero con muchísima mayor crueldad, porque las heridas estaban muy recientes; las heridas manaban aun sangre; la ley necesitaba la cooperación de todos para el desarrollo del progreso material y la ley tiene siempre los medios en su potencia y los puso; y aunque siempre se temía la conflagración, no llegaría hasta que la ley se cumpliría en los 36 siglos que se marcan en el testamento de Abraham, desde cuyo momento, “los hombres serán de luz, porque verán la luz de su Padre, que les darán mis Espíritus”. Y ya véis, que los espíritus hablaron, se mostraron, escribieron y conducen a los hombres al progreso y a la guerra, para matar la guerra. Los espíritus, en contra del Syllabus, han dado a los hombres luz en su pensamiento y hasta la luz eléctrica, que es la luz del Creador y esposa inseparable del espíritu.

514.—Ahora sí; ya está cumplida la ley; ya los hombres, en su mayoría, son hombres porque razonan, porque saben que el hombre es tres, cuerpo, alma y espíritu, y que el espíritu es el primero, el polo más; el cuerpo, el polo menos, y el alma, la resistencia, que debe equilibrar los dos polos; y tener seguro que no hay nadie en la guerra por propia voluntad que sea hombre trino, o sea con conocimiento de sus tres entidades.

515.—Para que la ley se cumpliera en todos sus ápices y en el día marcado; cuando todo parecía perdido, según se ve en el Syllabus, el remedio que puso la ley fué poner el escepticismo entre el pontífice y los 10 cuernos, pueblos, naciones o reyes, que adornaban la cabeza del Dragón Cristo, en la tiara del pontífice que se hizo Dios infalible y perdió todo su poder material y espiritual; pero ante el gran montón de rescoldo que dejaba en los pechos de sus condenados, la ley hace que suba el pontífice León XIII o Joaquín Pecci, guiado y protegido por el Pastor Joaquín y el Anticristo Santiago; pero ese, es uno de la familia misionera, que retendrá el estallido hasta la hora justa en que se celebrará a la humanidad el juicio de ley; y hacer presentir que la ley vigila y hace cumplir todos los decretos del Creador, al pie de la letra.

516.—León XIII, pues, con su buena voluntad y filosofía, retuvo y contuvo la conflagración y aun, distrajo los pensamientos de las potencias Europeas, para vengarse las unas de las otras y los encaminó a que llevaran sus miras a las partes de la tierra que estaban en la atonía y les llevaran los progresos de la mecánica y de la electricidad; a la par que llegaría un príncipe, que pondría la Paz Armada; lo que si consumiría el esfuerzo humano, también era una de las siete postreras plagas; y para humanizar la guerra que en su día sería el cumplimiento de la profecía, se instituyó al tribunal de La Haya, y se facilitó el acercamiento de los gobiernos Europeos a Turquía, dando tiempo al tiempo, para el gran hecho pronosticado en el Armagedón.

517.—Desde el nacimiento del Mahometismo, que surgió en ley de justicia para ser valla infranqueable al Cristo, que no debía llegar y no ha llegado ni apenas en el nombre, a la India y China, cuna de la Raza Adámica y depósito del Sánscrito, fué de todos los pontífices y cristianos hostigado, por cuantos medios pudieron; y en los tiempos de Pío IX, se encendió más y más el odio entre cristianos, mahometanos y de otras creencias, que en la península de los Balcanes, vivían bajo el protectorado de Turquía, bien llamada “Sublime Puerta”, porque el Cristo, nunca la pudo abrir para pasar su carro con la bestia. En esos momentos de la muerte de Pío IX, amenazaba la gran conflagración Balcánica. León XIII, trabajó e influyó lo suficiente y aun hubo tratados y arreglos diplomáticos y comerciales, e hizo un tiempo de media paz, en el cual, el Sultán iba concediendo autonomías a las provincias Balcánicas; pero pujaban el Cristo, por su último cuerno Austria, y mantenía aquellos estados ya semi-independientes, con el arma al brazo, pero aun le dió unas dentelladas apropiándose Austria, de Bosnia y Herzegovina; pero era que le acosaba el último momento de la ley, en los 36 siglos marcados desde la ley escrita y el progreso había alcanzado, en lo material, cuanto puede ascender con hombres dúos (de cuerpo y alma) y ahora, ya tiene que entrar el espíritu en acción, para la perfección del progreso y para que éste sirva para lo que se ha traído; para el bienestar común, bajo la Ley de Amor, ley del Espíritu y polo más o positivo.

518.—No he de olvidar, que España perdió en ese tiempo sus últimas colonias; pero las perdió materialmente y no en lo moral, porque siempre, en sus sentimientos serán españoles; pero prueba que era obra del Cristo, por en cuanto ningún país cristiano ni católico(20) la apoyó en nada, y nada perdió; ella había cumplido todo su deber de llevar en su reflujo, lo que del flujo de la ola de las civilizaciones recibió; demostrando al mundo, que allí donde los hombres dijeron “Finis Terrae”, no era el fin y sí el principio de la verdadera libertad; y porque España no tenía que envolverse en la conflagración cristiana actual, la ley la obliga a concentrarse en sí misma y resistir con espíritu invencible, los coletazos de la agonía del Cristo, con la potencia que recibiera de Santiago el Anticristo; y ya véis, que el Dios de los ultimátums, el emperador que en pleno siglo veinte, para el (pero no para la ley del espíritu, en luz que ya cuenta hoy, el año tres del siglo primero, de la era de la verdad), ese emperador, repito, que se ha proclamado de Derecho Divino, no le ha mandado un ultimátum a España.

519.—Si en las mismas horas que se cumplía la ley, se rompió el equilibrio en los Balcanes; se habían cumplido los 36 siglos; todo estaba consumado y ya lo veréis confirmado luego.

Nota al pie 20: Aquí se va a confirmar el odio del Cristo, a la España misionera. “Ningún país Cristiano ni Católico la apoyó en nada”, hemos dicho. ¿Cómo la habían de apoyar, si precisamente perdía las Antillas y Filipinas, España, por acuerdo de los países Cristiano-Católicos?

Recordaremos para el caso y como acusación a los firmantes de ese acuerdo, Rusia, Prusia, Austria y Francia, el famoso tratado llamado de “La Santa Alianza” que a los pies del Papa, el año 1815, juraron “Mantener la guerra latente en España y Portugal hasta que los españoles reconocieran a su rey de derecho divino”.

Porque “¿qué sería del mundo si España volviera a su grandeza?”... había dicho el padrecito Zar. Francia se encargó de mantener esa “lactancia” (cobrando su puesto a las naciones signatarias) y España, además de las guerras coloniales y de Africa, soportó las dos guerras civiles carlistas de los Borbones, franceses antes de españoles. ¡Cómo la habían, pues, de ayudar los que firmaron su destrucción, Católicos y Cristianos! España había cometido el pecado de desmentir al Cristo, en su raquítico dogma de un universo pigmeo; y, Cristo y la religión, jamás perdonan.