LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO SEPTIMO
DESDE JESÚS MISIONERO, HASTA CONSTANTINO EMPERADOR

367.—Ya tiene su primera página negra escrita el cristo, con todas las agravantes del odio y la premeditación orlada con la cruz Patíbulo del Nazareno; por cuya hazaña, va a llegar a ser el remate y adorno de las coronas y las torres de la supremacía; y aun que tenemos un degollado por el poder civil, poco hay que pensar para ver, que ese crimen, es un efecto de la causa religión, la que según su dicho, en todos tiempos se encargó de la enseñanza del sentimiento de la moral y de la virtud; y si el poder civil comete el crimen,.la causa es, la moral, la virtud y el sentimiento enseñado por la religión; y basta de juicio para poder sentenciar.

368.—Las verdades, cantadas en sus caras a los sacerdotes y supremáticos por Juan y Jesús, que senté en los números 296 y 335, están confirmadas en el asesinato de los dos sembradores de la libertad; y aun que perseguidos y sacrificados en su juventud, tuvieron tiempo de hacer la siembra y preparar semilla y sembradores para toda la tierra; mas también está latente el juramento de Lamel, de vengar a Caín 70 veces 7, y lo ha cumplido en la tregua que hay desde la siembra a la siega, pero a traición y con el engaño, como aves de rapiña, que primero se espantan del espantapájaros que coloca el sembrador en la tierra labrada, pero que llegan a cerciorarse de que es inofensivo y aun se ponen sobre él, burlándose del sembrador, después de hartarse de la semilla o de cortar las plantas recién nacidas por el instinto que les es congénito de destrucción.

369.—Pues algo más que eso hemos de ver en este curso, por que hemos de ver hasta comerse el espantajo; y eso, que el puesto por el sembrador, es bastante horrible; pues es nada menos que el cuerpo del mismo sembrador clavado y lacerado, pero no olvidemos, que cuando los pájaros se han cebado en el sembrado, no respetando la señal de peligro, el sembrador se aposta y de cada escopetazo, va amenguando la manada hasta no quedar ninguno; y saben los párrocos Sacerdotes, que al pie de la cruz juró uno al Padre sobre la sangre del inocente, ser el Anticristo; y era en justicia, porque el que juraba, era el autor del cristo, como precaución; y puesto que lo temen y lo anunciaron en su renacimiento por los años 1870, más o menos, no sería extraño que estuviera hecho hombre y esta conflagración sea uno de los escopetazos que descargue contra las aves cebadas, burlándose de los señores “caballeros del Apocalipsis” que “se armaron en santa caridad para luchar con el Anticristo cuando vendría”; ya véis si son precavidos los que temen.

370.—Pero parece, que aquel temido sabía prevenirse muy a tiempo; pues si en Roma se armarían, sin fundamento, “Caballeros del Apocalipsis”, Santiago Apóstol de España que es aquel mismo que jura en el Gólgota sobre la sangre de su hermano, ser el Anticristo, hace con causa y fundamento, de hombres de mérito y gallardos y morales una orden de su nombre. Tiene pues, al frente de los “caballeros del Apocalipsis”, los “Caballeros de Santiago”, que en realidad de verdad, son “Caballeros del Anticristo”, porque, el Anticristo Santiago es, y además, revelador del Apocalipsis que tan mal comprenden sus “Caballeros”...

371.—Esta es la causa fundamental, de que España, sea la última nación de Europa que primara, por engaño el catolicismo; y no podrán desmentirlo los señores Pontífices, pues hay letras del siglo XI, en que el famoso Hildebrando, escribe a los Condes y Señores de España, reclamándoles lo que nunca fué ni ser podía de San Pedro; y dice con énfasis el frailecito: “aunque esa nación sea pagana”, lo que quiere decir, que no era católica ni cristiana, aun que tuviera más caballerosidad, más justicia y más amor, que el estulto que la denigraba con sus letras; gracias que los Condes y los Señores, le dieron la callada por respuesta, para demostrarle cuán respetuosos y devotos le eran. (Léase a Lanfrán: “Historia Política de los Papas”).

372.—Mas la religión no perdona; y España le ha hecho muchas y le va hacer la mayor, agrandando el universo con las islas apartadas de Isaías, América. El papado, con engaños y componendas, en cuanto tuvo ocasión en el siglo XV, aprovechándose del fraile Jiménez de Cisneros, que llegó a ser dictador de España por la inutilidad de los primeros reyes católicos, llevó la inquisición y se vengaría de una vez, de todas las burlas que los españoles le hicieran al pontífice de los Cristianos Católicos no dándole reconocimiento porque España, hasta el siglo de Cisneros que engendró bestias como Torquemada, tenía bastante y sobra para su salvación, con las doctrinas de Santiago, sus cartas de Justicia, Libertad y Amor, que son buen código y el amor que dejó a las mujeres españolas, la vieja madre de Jesús y de Santiago, que enseñó a las españolas a ser madres como ella lo había sido; y para recuerdo, expiró allí y les dejó sus sagrados restos y España los tiene: como en la Palestina están los de Jesús y en Galicia, los de Santiago, que por sólo ir allá, huyó el Cristo a llevar su peligro a Irlanda. Y basta de exordio para estos capítulos de luto que vamos a seguir.

373.—Hemos dejado a Jesús sepultado y embalsamado, para resistir muchos siglos, pero no está donde todas las religiones cristianas católicas y cismáticas y ortodoxas comercian con él.

374.—Los apóstoles iban perdiendo su fe y Pedro, el que más se acobardó, llegó hasta negar ciertas tendencias del Libertario Jesús y Judaizaba con la casta que crucificó a su Maestro.

375.—La madre de Jesús, con su hijo Santiago, Juan y algunos otros, mantenían la doctrina. Habían pasado unos años y aun discutía Pedro, que él era el primero; y lo era, en cuanto a negar a Jesús.

376.—Mateo, no quiso estar inactivo, mientras Jaime, Juan y María, trazaban el plan y se fué a Samaria y compuso un manuscrito con los principales puntos del Maestro y lo que coordinaba con aquellos principios en las escrituras, que no podía variar mucho con los Evangelios, que griegos, egipcios y sus derivados daban, compuestos como sabemos a raíz de la batalla de Moisés.

377.—Por fin, el tribunal, diríamos, del apostolado, María, Jaime y Juan, habían coordinado el plan y división para los 12 apóstoles, y son llamados los 11 más un sustituto para el prevaricador Judas, que no debo omitir que se ahorcó en la misma noche de entrega de su Maestro; (pero lo hemos de encontrar en esta etapa) y al ser llamados los apóstoles, son llamados también los discípulos, que con los que Jesús heredó de Juan, eran más de 50 y entre ellos, el griego Esteban, joven y templado, que se estrenó mal, pues salió predicando por Jerusalén y tan pronto como hizo cargo a los Judíos de la muerte de Jesús, los judíos lo apedrearon; y aun en medio de la pedrea, oraba al Padre por aquellos ciegos, sobre cuyas cabezas habían pedido la sangre de Jesús. Esa peroración, era oída por el policía secreto del Sanedrín, Saulo, que consintió aquel asesinato; y eso, que no había conocido a Jesús; que si lo conoce y lo oye, en todos aquellos justos nombres que les endilgó a los Escribas en la Sinagoga, Pablo, allí lo ejecuta. Pero si Saulo vió impasible el martirio de Esteban, cuando expiraba y pedía al Padre, Saulo se sobrecogió; las palabras que oía, las había escuchado de niño en la Escuela de Gamaliel; se las recordó hacía 12 o 14 años, Juan y las refrescaba hoy aquel mártir; se retiró anonadado, renunciando a su cargo del Sanedrín y compró un folleto de los “Evangelios de Cristo”, que, como concordaba en mucho con lo que enseñaba la Escuela de Gamaliel, Saulo formó un propósito firme de predicar el Evangelio a las gentes; y como el Evangelio era hecho para el Cristo, que los egipcios creyeron el más fuerte y mejor Dios, Saulo, que oyera de los judíos, que Jesús habíase dicho “hijo de Dios”, por lo cual había sido crucificado, lo creyó “el cordero” de que hablaron los profetas; mas como las abluciones que el mismo Pablo, con tantos otros judíos recibieron de Juan en el Jordán, las creyera como una purificación, Saulo agregó esa ceremonia al Evangelio Cristiano, (con buena fe, eso sí), se fué a Antioquía y fundó la primera iglesia Cristiana allí, donde ya estaba arraigada la creencia del Cristo, cuando las abluciones que luego han sido el sacramento del Santísimo.

378.—La muerte de Esteban, retrasó mucho la salida de los apóstoles y llegaban noticias de la Iglesia de Antioquía. Pablo recibió avisos del Apostolado, negándole que pudiera llamarse Apóstol de Cristo, en nombre de Jesús; pero Pablo, ya se había fanatizado a sí mismo y más, cuando había ido a Galatea o Galicia, donde los Brigantinos, tenían por base el Cristo. Y más creyeron, cuando aquel hombre fogoso por su fe, se llamaba Apóstol de Cristo; y como predicaba conforme al evangelio y agradaba la ayuda que pedía de los grandes para los pequeños, (principio que no podía faltar en esa doctrina desde que era la base de la unidad proclamada por Shet en el Sánscrito y Veda, el Confucio y libros de Moisés), hacía muchos progresos Pablo, con su prédica y sus cartas. No había maldad en su intención, pero sí la había en el error de la hechura del Cristo y Saulo, se vió precisado a ir a Jerusalén y hablar con los apóstoles de Jesús.

379.—Llegado a Jerusalén y vístose con Pedro, no se pudieron entender, porque Pedro, por efecto del fin de Jesús, estaba voluble y miedoso y se encubría muchas veces acudiendo al templo de los judíos, a pesar de que les echaba la culpa de todos los males, su Maestro Jesús.

380.—Pablo comprendió que nada podía esperar de aquel hombre que no defendía a su Maestro, y en la última entrevista, en poco estuvo que no se fueran a las manos, porque Pedro dijo que los romanos tenían la culpa de la muerte de Jesús; Pablo arremetió contra los judíos, condenándolos, pero los dos se atribuyeron ser el primero.

381.—Pablo, entonces, fué a ver a Santiago (Jaime) y Juan, que estaban con María y les enteró de todo lo sucedido con Pedro, a quien ya no reconocería.

Ante aquel tribunal, expuso su pensamiento. Pablo quedó maravillado al oír de Jaime “que los hombres son salvos con bautismo y sin él, circuncidados o incircuncidados, que lo que había que predicar era el amor de hermanos, ayudando en todo a los humildes y procurando su libertad, sin que perdieran nada de autoridad los Señores”. Como Pablo sentía también estos amores, pero no entraba en que el “Cristo”, cuyos evangelios él predicaba, no pudiera menos de ser persona y que si no lo había sido antes, era forzoso que fuera Jesús: esto extrañó tanto a María, que le pidió a Pablo que volviera al día siguiente.

382.—Se reunió el Apostolado y se dispuso la salida de cada uno a su destino, llevando consigo discípulos y predicar abiertamente la doctrina de Jesús, sin ritos ni ceremonias, formando congregaciones donde se instruyese y que no se tuviera fórmula de admisión por el bautismo ni por la circuncisión, y que en todo caso, los apóstoles, se auxiliaran y se apoyasen en el Pueblo, al que se les enseñaría el amor a sus señores, pues éstos no podrían menos de reconocer el beneficio que el amor lleva consigo, que es la Paz y la fraternidad de los hombres; y cuando el temor desaparece, las luchas y la guerra no pueden existir; pero que había un país, donde unos reyes dominaban por el Cristo, y ese quedaba reservado a Jaime, el que dirigiría, por derecho de herencia y juramento a los Apóstoles y ordenaría la administración de las congregaciones; por lo que, todos darían conocimiento de sus progresos: que Pedro, para gestionar lo que fuese necesario ante el Emperador, se fijase en los alrededores de Roma, enseñando al propio tiempo la doctrina de Jesús, para contrarrestar, en lo que era error, a las Iglesias Cristianas abiertas por causa de Pablo; pero ayudándolo en lo que tenía de verdad de las doctrinas de Jesús.

383.—Al día siguiente llegó Pablo y fué enterado de lo dispuesto y acató y reconoció a Santiago, como Jefe de la misión y a Juan como consejero, que por quedar en Mesopotamia, le podía en todo momento comunicar, con lo que Pablo quedó admitido en el apostolado, en sustitución de Judas, pero que sólo podría predicar a los gentiles, pero no en España, a donde se dirigía Santiago y allá iría para su ayuda la Madre, a la que Pablo admiró y le pidió “que lo reconociera como hijo” y cada uno salió a su destino.

384.—Este hecho, bien examinado, es el más trascendental de la historia de la familia misionera, en el que prevalecieron la autoridad del Investigador y de María Eva, por su rango de Madre y depositaria del Amor, como Santiago de la Justicia. Sucedía esto a los 16 años de la muerte de Jesús. Santiago pasó a España, sentando su Cátedra en Salduba, hoy Zaragoza.

385.—Pasaron los primeros años, con grandes frutos en la fundación de congregaciones donde los hombres fraternizaban y procuraban los Apóstoles confederar a todos los Señoríos en una sola familia, consiguiendo ese objeto en tres años, Santiago, que unió 52 ciudades de la hoy Aragón, mandando discípulos deseguida por los castillos y país Vasco, para formarle un cordón al Cristo, que los reyes de Brigantium sostenían.

386.—En este tiempo, Santiago, recibió cartas de Pablo, quejándose del proceder de Pedro y hubo de acudir a poner paz entre los dos, hallando más justicia en favor de Pablo; pues comprobó que Pedro sublevaba a los Judíos contra Pablo, en tanto que Pedro se mezclaba con los gentiles en sus costumbres. Y como Pedro era testarudo y celoso de ser el primero de los apóstoles, porque Jesús lo considerara un tanto por la edad, y Pablo (según su entender, era recto) ante su convicción, era intransigente, los arregló lo mejor que pudo y Pablo empezó a justificarse por cartas, ante aquellas Iglesias, que Pedro le había soliviantado.

387.—Vuelto Santiago a su Cátedra en Zaragoza que progresaba grandemente por dos razones muy favorables: la primera, la unión de aquellas 52 ciudades, que eran regidas ya por el señor de Salduba y de esa unión, todos recibían beneficios; y la segunda, porque si toda la Iberia era raza Adámica, en aquella región de Aragón, Levante y Andalucía, eran Arabes o Israelitas; y esto, no podía ser menos favorable que la unión de las ciudades bajo un solo Señor; porque estando en la masa de aquellas gentes, el principio de la doctrina que Santiago predicaba, pronto se harían luz; y además, que Santiago tuvo el acierto de escribir y dar, diríamos, la ley, en una carta de Justicia y Libertad, en la que todos subían y ninguno bajaba.

388.—El Imperio de Roma, tenía muy poco o nada que hacer en aquellas tierras; y aun que pertenecía a su carro, no era Romano más que para el pago de impuestos; por lo demás, la administración, no sólo no la quitaría Roma, sino que de allí copiaba muchos puntos saludables, porque en verdad, allí estaba todo lo bueno de los Fenicios, Egipcios, Griegos y Asiáticos, por que, por su belleza y riqueza del suelo y su contacto con el Africa, lo más sobresaliente en el comercio y la industria, allí iba; y no ha sido aún sobrepasado el arte, que allí se desarrolló.

389.—El Señor de Salduba (que hoy es Rey) bueno por temperamento y justo por convicción, ayudaba a Santiago con todas sus fuerzas, pues veía prácticamente, que el bienestar crecía y la paz irradiaba en los corazones, hasta el punto de que sólo se oía el nombre de hermano y nadie tenía nada propio y aquello, afirmaba a señores y plebeyos, de la verdad que el Apóstol predicaba.

390.—Pero si aquello podía dar alegría y satisfacción a Santiago, la correspondencia de las discordias entre Pedro y Pablo, lo amargaban. Más sobre todo, lo hizo llorar más el dolor causado por un despacho de su madre, que le comunicaba los desprecios de su hijo Efraín, a cuya compañía, la madre se había acogido, en su deseo de ponerlo en armonía con la causa de sus hermanos; pero ya lo dije antes: era duro de corazón. Al enterarse el Señor de Salduba de la aflicción del Apóstol, lo consoló prometiéndole que tendría en su casa y con gran contento a María. Por lo que Santiago preparó todo lo necesario y mandó a la anciana venir a Salduba, lo que realizó inmediatamente ella, porque languidecía por los sufrimientos. No temió el tremendo dolor, dejar la tierra que tantos recuerdos terribles encerraba y sobre todo, el cuerpo del ajusticiado, que sólo ella y los ancianos Arimatea y Nicodemo, sabían dónde quedaba.

391.—María desembarcó en Tortosa, y allí fué recibida por Salduba y su buena esposa, que guarda aquel espíritu, el primer beso que María dió a las mujeres españolas.

392.—Hay aquí escenas sublimes, pero son de otro lugar; pues ya he dicho que este libro es sólo como un índice de historia y sólo pongo esos puntos, para decir que María no fué a Zaragoza llevada por los Angeles, sino por su pie, en busca de la vida que le faltaba y sembró el amor en las madres españolas que lo tienen y lo muestran en sus sentimientos, y corrió gran parte de aquella nación, donde, de avanzada edad, desencarnó, dejando allí sus sagrados restos, para confirmar una promesa que hizo a las mujeres que tanto la amaban, de que “estaría en España hasta el fin de los siglos”. Y si la razón no bastara para declarar falsos todos los embrollos de la religión católica sobre María, estos hechos serían bastante a demoler el edificio de la mentira; y digo que bastarían, porque ellos se pueden apoyar y se apoyan en la ciencia.

393.—Cuando Santiago ya tenía a su madre a su lado, si antes era amado, ahora rayaba en la veneración el amor y respeto al Apóstol, cuando llevaba del brazo a su madre anciana y de majestad y cabellos emblanquecidos, que sentada en las riberas del Ebro, hasta que le hicieron una aula donde la rodeaban las madres y las jóvenes para aprender de ella a criar sus hijos y ser esposas como ella había sido; esta prédica era la más eficaz, porque las madres son el todo en la humanidad y con esas enseñanzas, la doctrina de sus hijos no podría morir.

394.—Santiago ya había sido requerido por el rey Arabe de Granada y fué y dejó discípulos, lo mismo hizo en todos los señoríos, que cumplían con fidelidad la ley que les daba y sólo había pequeñas sombras del rastro que dejaron los Brigantinos, a su paso con el Cristo.

395.—Santiago fué avisado con urgencia de un litigio entablado ante el foro Romano, por Pedro y Pablo, porque Pedro quiso sostener que los Romanos eran los culpables de la muerte de Jesús, en tanto que Pablo razonaba y comprobaba que los culpables eran los judíos, para lo que se apoyaba en la profecía de Isaías y en esto tenía razón, pero no la tenía en lo que sostenía sobre que “Jesús era el Cristo vivo y encarnado”; pero Pedro lo que pretendía era ser reconocido como primero que Pablo en la fundación de la Iglesia, y se apoyaba en las palabras que Jesús dijera al cambiarle el nombre, y que sólo tenían el alcance de ser el primero de los que le siguieron y Pablo lo rebatía porque lo había negado.

396.—El Foro Romano, pidió antecedentes. Pablo confesó al Fiscal, que había sido admitido en la comisión de los Apóstoles de Jesús, por “Santiago hermano del Señor” y que Juan, el que estaba en la Iglesia de Mesopotamia, estaba presente con la madre de Santiago y de Jesús: al efecto, fueron requeridos Juan y Santiago, mandando Juan las declaraciones por escrito y compareciendo Santiago en Roma, con cuya presencia, Pedro y Pablo delegaron en él todo el asunto, que solventó con el Fiscal, acordando que: “puesto que Roma era la capital del Imperio, de derecho pertenecía la Iglesia de mayor categoría allí, no importando que Pablo hubiera hecho Iglesia en Antioquía cuando aun no pertenecía de hecho al apostolado”.

El fiscal estaba de acuerdo con Santiago. Pero como el que representaba a la Congregación de Roma, era judío y contrario a los romanos y el de la Iglesia de Antioquía era Romano y ya de derecho pertenecía al apostolado, para evitar ulteriores consecuencias, debía el Jefe reconocido de los Apóstoles de Jesús, ordenar a Pedro el respeto a Pablo y a Pablo el respeto a Pedro, y que juntaran la Iglesia de Antioquía a la Congregación de Roma, de la que debería depender ante lo civil, toda congregación, puesto que estaba al amparo de la capital del Imperio.

397.—Santiago reunió a Pedro y Pablo y requirió darse las manos y el beso de paz: les prohibió, al uno, predicar la circuncisión; y al otro, el bautismo; y bajo este acuerdo, se funda la Cátedra de Pedro en Roma, que al serle agregada la Iglesia de Pablo, se convertía en Iglesia Romana, desde que había una sentencia y mejor dicho, una intervención del estado Romano; pero esto, no deja de ser una Iglesia nacida en la discordia de un egoísta, aunque fuese por amor a Jesús, Pedro; y de un fanático, aunque fuese convicto de su fe, Pablo. En esta obra, no tiene parte el apostolado ni Jesús, ni le toca a Santiago, más que la parte que el derecho le impusiera como exponente de la verdad de primacía. Y tanto es así, que Santiago no volvió más a Roma, ni los amonestó, aunque por medio de Juan y otros, los mantuviera en la más posible concordancia, a fuerza de amenazas.

398.—Que Santiago fué atendido por el Foro Romano con los respetos más grandes, lo demuestra el hecho de haberle consentido traer consigo a Cayo, un soldado español al servicio de Roma; lo que confirma, además, que el Santiago que España tiene por su Apóstol y cuyos restos están en Compostela, antigua Brigantium, no son los restos del otro Santiago que murió en Jerusalén, trasladando su cuerpo a Galicia, y por añadidura, los apóstoles no se juntaron más desde que se repartieron por el mundo; este cuento es igual al que hace morir a María rodeada de los mismos apóstoles, viendo ellos que los ángeles se llevaron su cuerpo al cielo: por esto he dicho atrás, que la historia y la Biblia que hoy ponen en manos del público, bastaría leer al revés, para ver la verdad; en muchos de los casos.

399.—Los apóstoles, cada uno hizo lo que pudo y todos difundieron la doctrina de Jesús y no de Jesucristo, a excepción de Pablo, que no había medio de arrancarle su Cristo, aunque Juan, desde Mesopotamia, le escribió como le fué revelado en sus visiones el Apocalipsis, donde señalaba el Cristo como Dragón, desde que sin ser nada, él lo hacía el todo para la redención del mundo por la fe en él. Santiago, para apoyar esta verdad revelada a Juan, escribió su carta universal, que era como la ley de las doctrinas, donde se rebatía rotundamente, la fe que Pablo pedía en el Cristo: Por lo que Santiago pedía obras que dieran fe de la fe. Al efecto, sentó estas sentencias: “¿Qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?”. “Así también la fe, si no tuviera obras, es muerta por sí misma”. Y sigue: “Mas alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras; muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno: haces bien: pero también los Demonios lo hacen y tiemblan. ¿Mas quieres hombre vano, saber que la fe sin obras es muerta? Abraham, nuestro padre ¿no fué justificado por las obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el Altar? ¿No ves que la fe fué perfecta porque la mostró con las obras? Ya véis, pues, que por las obras es justificado el hombre y no sólo por la fe. Porque como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también, la fe sin obras es muerta”. Esta es la clase de doctrina que Santiago dió a España; ésa también es la razón, para que España, sólo por la Inquisición fuese sometida al catolicismo; pero nunca fué católica ni cristiana, aunque sí creyente en la fe de sus obras.

400.—La tenacidad de Pablo, con la terquedad de Pedro, chocaban a menudo; pero como Pablo tenía muchas ventajas personales sobre Pedro, y además el terreno donde actuaban era poco menos que la cuna del Cristo, que si no había progresado para llegar a su apogeo, era a causa de que Roma tenía cuantos Dioses y cultos los hombres querían hacer y tener, porque su fin era el dominio por la ley del derecho; los Dioses y Templos, cada uno sólo dominaba al grupo que los creaba, conforme a su tendencia; por cuestión religiosa, Roma no iba a la guerra, pero la llevaban al fanatismo de los sacerdotes de cualquiera de los gobiernos heterogéneos, que componían su Imperio.

401.—Si Pedro habría de cumplir el mandato del Maestro, tendría que predicar en contra de todos los Dioses, templos y del mismo Cristo que enarbolaba Pablo. Pero como el pueblo Judío vacilaba (por causa de que el Sanedrín sentenció a Jesús achacando que se hacía creer Cristo, que los sacerdotes de Judá querían suponer que era el prometido por Isaías). Pedro, digo, se hacía un ovillo en su cabeza, que no le era posible encontrar el cabo para desenredarlo; y menos cuando veía que Pablo triunfaba más con su Cristo, que todas las otras Iglesias de diferentes Dioses y Pedro se resignó erróneamente, fundándose, a su modo, en una palabra de su Maestro cuando les dijo: “Siempre que os entendáis, hablad como queráis”.

402.—Esta postración de Pedro, afianzó la teoría de Pablo y el Cristo, subía, cayendo muchos ídolos romanos, griegos y egipcios, de lo que protestaron todos, levantando ya la persecución contra los cristianos, en todas parte. Los apóstoles que vivían por esos años y los discípulos de ellos, protestaron del Cristo y de los otros ídolos, fué entonces que a Juan se le acabó de revelar el Apocalipsis, señalándole el dragón en el Cristo, porque tragaba a todos los ídolos y quería tragar lo que no era ídolo. Se le advirtió de la bestia 666 que iba surgir del medio del mar, porque Roma estaba en medio de las aguas. Se le señaló con ese número, porque es el que le pertenece a la Religión Cristiana, en el número de las que han existido, como dominadoras. Pero también se le enseña el fin de ella con el Anticristo y sus preliminares.

403.—Durante el tiempo que los Apóstoles predicaron (a excepción de Pablo), ninguno estableció cultos de ninguna clase, porque Jesús no se los había enseñado, ni había creado ningún rito, ni adoración a ningún ídolo o Dioses de los hombres; por lo que, atribuirles a los Apóstoles creación de misas ni sacramentos, es completamente falso, como también que hayan sido martirizados los más de ellos por ser cristianos, puesto que sólo podían ser y lo eran anticristianos porque Jesús como Juan contra el Cristo y todo lo que fuese Idolos, predicaron; y no podían ser menos, ateniéndose a sus mismas obras anteriores y al Sánscrito o Veda y Moisés e Isaías.

404.—Mas si los emperadores se levantaron contra el cristianismo, es porque ellos tenían sus ídolos y sus sacerdotes, encendieron la guerra contra los cristianos. Aquí hay un fruto de la gran sabiduría de ley del progreso, muy digno de tener en cuenta.

405.—Sabe la ley que mucho más fácil se quita una causa grande, que muchas pequeñas y da la preferencia a aquella en que puede incluirse todo, o la mayor parte del principio de la verdad; y como habéis visto, cómo la ley preparó la decadencia de las naciones, que entre varias, con sus progresos formaban el progreso, a sus prevaricaciones, las somete a otra nación creada de ellas mismas, con los elementos más sanos y libres. Ahora, con las religiones, ha sucedido lo mismo.

406.—Que el Cristo es peligro, ya lo sabemos por su significado y lo hemos de ver al final de esta etapa, probado, con sus mismos hechos y consecuencias; pero negar que en las doctrinas que le dieron por evangelios o credo los derrotados egipcios que formaron la Brigada (por lo que se llamaron Brigantinos), está la verdad Veda o Sánscrita, sería negar la luz solar; puesto que lo que es el peligro del Cristo, no estaba en las doctrinas, llamémoslas cristianas, si no en el Cristo que, habiéndolo de hacer Idolo, sin ser cosa, los hombres, al desengañarse, se acusarían los unos a los otros y más cuando verían que era un Dios que traga a todo trapo sin conciencia; y no él, sino sus sostenedores, que para triunfar un poco de tiempo en apariencia, tendrían que acudir a todo lo irracional, sin importarles anteponerlo al Creador. Pero, ¡la ley es tan sabia y tan omnipotente!... que para el mal y el bien que no están en la ley, sino en el hombre, se sirve del mismo medio de la justicia, que es que, el que hace el mal, hará el bien con el mismo objeto; y así, hoy que se ha cumplido el momento de su rol, la inflexible ley lleva las cosas al punto de cumplirlas, y quieran los hombres que no quieran, hacen lo que la ley ordena, que es volver las cosas al estado de ley del que el hombre las sacó, y con las mismas circunstancias, en cumplimiento de la ley del talión.

407.—Que esto es así, nos lo prueban todas las etapas del progreso y hasta la ciencia con leyes axiomáticas, sentando hoy nosotros que, el más domina al menos. Ya he probado en la prehistoria de este libro, que “el Krisna absorbió a Peris y Fulo” y éstos habían absorbido todas las anteriores religiones; el Sánscrito de Shet, absorbió para metamorfosearlos, todos los errores del Krisna; pero el Sánscrito es el polo más, porque es doctrina de luz; opacada sí, pero luz.

408.—Esta luz se iba intensificando, según que los hombres podían resistirla y llega en Moisés con fuerza para derrotar los dioses del Egipto y a los hombres que militaban con ellos, que son el polo menos, aunque sea el Krisna; y de la luz del polo más, (que había brillado demasiado para ojos miopes) la chispa que recogen los egipcios, es la dura lección dada por Israel bajo su Dios Impersonal, que por eso tienen que carecer de maldad y concupiscencia; esa lección de su derrota, (que para ellos es una chispa abrillantada por la doctrina Veda que entre ellos esparcieran en la esclavitud), era demasiada; pero la inexorable ley, les pone en sus manos el crespón que la cubra y es el Cristo, en el nombre de la piedra que consagran Dios Cristo, insensible, pero también impersonal. Se separan, cada uno por su camino, los dos extremos, el bien y el mal; el no serviré y el sí servirás; el polo más y el polo menos; que una vez que éste haya hecho el desengaño en sus víctimas, cuando les haya corroído las entrañas por el remordimiento, cuando por el dolor experimentado de sus continuas mordeduras; cuando no encontrarán alivio a sus males y estén desgarrados, harapientos, hambrientos y demacrados, y ese Cristo (insensible como su imagen fatídica) se mostrará Dragón sin sentimientos humanos; tratará de llegar por todo y con todo a su fin, que es la destrucción de la razón, aniquilando a los que descubran la razón; a los que enseñan su luz de progreso, y, una convulsión máxima estremecerá los pechos de todos los libres para quitar el peligro. Este que es Cristo, caerá derribado en ley, porque es el extremo menos; el polo negativo; que por la fuerza invencible de la razón, que es el polo más y positivo; la luz del entendimiento; el resultado de las luchas del trabajo; la ley obrará, y lo reducirá al servicio, dejando caer con estrépito, las escorias de sus hornos de concupiscencia. Esta es la gran hecatombe que presenciamos ya, porque ha llegado la ley del más; el polo positivo que es la luz de la razón; y como la luz es fuego, funde esas escorias, malas conductoras del calor y restablece el equilibrio de la resistencia alma de los hombres y la paz será hecha.

409.—Nos encontramos con los puntos anotados del Apóstol Santiago y el Apocalipsis de Juan, a fines del siglo primero de esta Era, mal llamada Cristiana; pero así la conoce una pequeña parte del mundo conocido entonces; y digo pequeña parte, porque en realidad de verdad, sólo los Brigantinos constituían el tronco del Cristo; el que con sólo presentarse allí el Anticristo Santiago, se fugó despavorido el Cristo a la Isla de Irlanda, como lo prueba la historia; pero sigamos llamándola Era Cristiana, por lo que sabéis que el Cristo es peligro y así, esta Era es peligrosa y los resultados los palpamos en su fin.

410.—Mas ya no existen los apóstoles de la buena nueva; pero han sembrado la semilla que se les había entregado y dejan discípulos que cuidan del sembrado, mientras arraiga la semilla; y como éstos tenían por necesidad que espantar a las aves que querían comer las semillas antes de que nacieran, la astucia de esas aves es la del águila, que primero, con su magnetismo fiero, amilana al corderillo y luego, de un vuelo rápido y sin pararse en el suelo, clava sus garras en el indefenso y lo lleva y lo devora.

411.—Así operaron en el segundo siglo los cristianos de Pablo, sin nobleza; porque al levantarse los emperadores contra ellos, por su intransigencia y porque ya enseñaba las garras el Dragón para apoderarse del Poder Civil, ya eran ocupadas por los discípulos de las Iglesias Cristianas, las Congregaciones de los Apóstoles de Jesús, que por ocuparlas los cristianos, caían a las furias de los emperadores, los congregados por el amor de hermanos, sembrado por Jesús y los suyos; y era a causa de que Pablo y los sucesores de sus fanatismos, con la astucia del águila, habían hecho de Jesús, un Jesucristo, con lo que amalgamaron la luz y las tinieblas, la verdad y la mentira, difícil de entresacar la verdad, entonces, porque aun estaba muy obtusa la fuerza de la razón, ni existía el microscopio para distinguir los microbios y atacarlos; y los emperadores, destruían todo el cuerpo, como medida de precaución para su vida.

412.—¿Ha de culparse a los emperadores Romanos, de la sangre derramada en aquellos comienzos? Ya hemos visto, que ellos llevaban por ley el derecho de los hombres; y hemos visto, también, que en los países donde sólo los apóstoles de Jesús predicaron, no se produjeron esas matanzas, hasta después que el Cristo se apoderó del poder civil: por lo tanto, sólo surgió la venganza de los emperadores, allí donde Pablo sentó su fanatismo cristiano, y esto lo dice todo.

413.—Eran culpables sí los emperadores, porque también estaban fanatizados por sus dioses, los que eran ellos mismo, por lo cual se cegaban y hacían sucumbir la cizaña y la buena semilla; pero no olvidemos que el Cristo es peligro y por lo tanto, los que defendían el principio de Jesús, que es el del Anticristo, tendrían que sufrir las consecuencias del peligro Cristo.

414.—Mas la causa es de la ley, que a nadie priva del derecho de sus afecciones, hasta que llega la hora de la liquidación; y como había usado el Investigador de la ley del entredicho, reteniendo en Justicia a los primitivos sin encarnar, es decir, a los primitivos supremáticos que estorbaban la obra de la regeneración, mientras se hacía la siembra de la buena nueva, ya hecha, tenía que darles suelta para que probaran con sus mismos hechos, que no eran dignos de ocupar un jardín, como el que en la tierra se había trazado.

415.—Y en efecto, aquellos bípedos que hemos visto con figuras de hombres dueños del mundo, cuando la tierra recibió aquellos 29 misioneros, sólo estaban hechos a la vida de los irracionales; por lo que, sólo el bosque, o lo que es lo mismo, sólo la tierra en desorden y tinieblas, podían habitar. Ahora, cuando ya la siembra ha sido hecha, el Investigador, que ya en esos momentos es por su juramento el Anticristo, para dominar y reducir al Dragón Cristo, les da suelta y al afirmar sus patas, todo lo trillan, porque las flores son mucho más delicadas que los alcornoques y rudas encinas que había cuando fueron puestos en entredicho, y en ese entretanto, la tierra preparó esencias para el alimento de la razón, distintivo del hombre. Ellos, que aun no eran hombres, como no lo puede ser nadie mientras la razón no lo rige, no les bastaba las flores de la Igualdad, Libertad y Amor, que la tierra empezaba a producir; necesitaban alimentos de puercos, frutos de alcornoque y encinas y éstos los arrancaban los cultivadores nuevos. En su rabia de hambrientos, se tragaban las flores con la planta y todo y no se saciarían hasta que a fuerza de engullir flores y plantas, (que eran los hombres de progreso sacrificados) sus esencias los metamorfoseasen y perderán la fiereza, los más, uniéndose entonces a los cultivadores de las flores del progreso, que resistieron las patadas, los mordiscos y los coletazos, hasta que de sus flores, pudieron crear y habitar un castillo inexpugnable, en las ciencias, contra el que se estrellarían todas las bestias religiosas, llegando, entonces, ese compacto grupo de mayoría, en su amor, a encender la luz, por la combinación de sus progresos, la que es puesta sobre el castillo para ahuyentar a las bestias; y para que los hombres ya más escarmentados, se pusieran al amparo de esa luz, para no ser heridos a traición en las tinieblas de su ignorancia; y este es, el estado de la tierra hoy, por lo que el Dragón, (que “pierde el pelo y los dientes y los cuernos, pero no las mañas”), da el más terrible de sus rugidos espantosos, como que es el de su agonía.

416.—Para llegar a esto, era necesario pasar todas las peripecias del aprendizaje, de cuya experiencia habría el hombre de hacer ciencia y tenía, al efecto, sembrada la semilla y ya nacida y por lo tanto arraigada, cuando se les dió suelta a los supremáticos primitivos para hacerse hombres, a la mitad del siglo segundo, en que ya se había sumado a los 29, más de la mitad de los seres de la tierra; pero eran plantas de almácigo y tenían que ser azotadas por los vientos y resistir los rayos de la luz para hacerse árboles de provechoso fruto; y llegamos al siglo tercero.

417.—Ya no existen los apóstoles ni los discípulos directos de aquéllos, y en la tierra están hechos hombres, los retenidos en ley. Los países llamados gentiles y el Judío, ha sido absorbido por el Cristo, porque es más fanático que los otros Dioses e Idolos y ha hecho su trono sobre sangre, cual correspondía a su nacimiento en las ensangrentadas arenas del Egipto; pero ha proclamado un principio que si está en el Sánscrito, Veda y Moisés, no es entendido, porque los hombres ignoran su procedencia como espíritus y su nacimiento como hombres.

418.—.—En contra del principio proclamado por Pablo, de que su “Jesucristo es el verbo hecho carne y consubstancial a su padre”, (artículo de la ley que sólo puede el hombre comprender cuando es hombre) no podía Pablo llamarse hombre de progreso, desde que el fanatismo era su fe de Apóstol, del más grande y último de los errores, que había de sufrir la ignorancia de los hombres. Sale un Arrio y por la ley de la Razón, se opone al cristianismo, se apoya en ese principio fundamental, que ni aun Jesús tocó, porque no convenía aún explicar ni había sido mandado a ello: y sin embargo, Pablo, por sí y ante sí, lo proclama.

419.—El cristianismo, que quería para su Cristo toda la preeminencia de las profecías y de la escritura, pero que era con el fin de atraerse a sí a los magnates, desechados de los dioses Césares, empezaron a proclamarse, no sólo diáconos, sino obispos y sacerdotes de derecho divino; y esto, que está en la conciencia, porque el espíritu, por su procedencia y naturaleza, es divino en su padre, trasciende como, es natural, al hombre y había de repercutir con trazas de verdad, porque es verdad infalible; pero para todos los hombres igual y no para unos pocos y menos para los estultos.

420.—Esta primacía que se atribuían y aparentaban con una hipocresía insultante, para la humildad que servía de envoltura a los cristianos para ocultar su soberbia, como puede verse en las cartas de Pablo, restaba fuerzas a las otras creencias y cultos y se fortalecía el Cristo, lo cual era el secreto de la ley del más, que luego ha de oponerle fuerza mayor en otro principio; en la luz de la razón que el hombre ha de hacerse de las consecuencias de su error; por lo que, aunque el Cristo obra en odio a la ley de la verdad, porque él es mentira, en sus mismas obras se prepara su sudario y sirve a la ley contra la cual lucha y es vencido, porque nunca fué cosa, y lo vence la más pequeña cosa de la ley porque, lo que en la ley es una vez, ya será eternamente, porque no puede ser que no sea; lo que no puede dejar de ser, tiene que triunfar y triunfa con sólo la ley del Ser.

421.—Como la ley es como la ola del océano, que va sacando del líquido elemento, todo lo que no le es afín, vemos amontonarse en las costas donde las olas terminan, todo lo que la pureza del agua no consiente; y como en el universo no hay más que la substancia única de la que toda manifestación de la vida procede, El Eter, el Espíritu, que es la fuerza y movimiento, la ola de ese infinito océano, va, incesantemente, sacando impurezas y las amontona de pocos en pocos, hasta que se amontonan y hacen un montón de todas esas impurezas heterogéneas. Así ha pasado en la tierra, siendo el máximo montón de desperdicios, el cristianismo, que según se va pudriendo, se levantan las miasmas de las pestes o pasiones; y el que no sabe preservarse por la razón, es apestado; “ama el peligro y es justo que perezca en él”.

422.—Esa ola irresistible, había formado muchos montoncitos de escorias en tantos ídolos y diosecillos y las junta todas en el Cristo. Este, en sus comienzos, dejaba sus gérmenes esparcidos, que recogería Pablo, el que a la vez, va sembrando la esencia de la pestilente montonera, en grupos o Iglesias, que aun se apestarían unas a otras, porque se declararían la guerra todas las Iglesias y era por ley fatal necesario, amontonar todo ese arsenal, en un solo montón y para ello viene Constantino.

423.—Ahora va a amontonarse todo ese informe arsenal de Iglesias, unas bautistas, otras de circuncisión y todas con diferente tendencia y todas se condenaban la una a la otra, teniendo en jaque al poder civil, que ya no lo era en el Imperio Romano, desde que toleró los dioses que anestesiaron sus hombres.

424.—Constantino, después de mancharse en la sangre del anciano Maximiano, salió de Roma, donde aun quedaba algo del honor antiguo y se fué a amparar al otro lado de los Alpes. Allí se hace traidor a Roma, pero se confirma cristiano; ya véis que lleva su nombre manchado con la sangre de un decrépito; por lo que, el cristianismo nacido en sangre y que ya se bañaba en sangre, recibe a su primer emperador, sellado en sangre. ”Ahora empieza el baile”.

425.—Como Constantino no podía entrar en Roma por su crimen, dió alas y medios a los cristianos, para que fuesen ellos los dominadores, de los que no perdonarían a Constantino; así sentaron sus reales allí, llamando por fin el Emperador Constantino, que ya había puesto sobre su corona, la cruz y ésta es la amenaza del Cristo, de crucificar a todos los hombres y no hay uno que no lo haya sido material y moralmente. Más esta llamada al Emperador, del ya rimbombante pontífice cristiano, significa la astuta humillación del señor al esclavo, al que le va a exigir por tal demostración, que afronte un peligro capital, para quitarse del medio al que le puede acusar y derribar: al cristianismo, le estorba Israel, que es el Anticristo y tiene la verdad y lo quitará como pueblo.

426.—De tal modo se arreglaban ya los cristianos en Roma, que a la vez que obsequiaban al emperador asesino de Maximiano, tenía al frente la sublevación contra él y era obra de los mismos obsequiantes. Claro está, que ya le prometieron dominar ellos a la altiva Roma, siempre que el emperador no morase en ella; y como temían a Israel, le señalaron Bizancio, como punto y llave para detener las masas que podrían venir de la Asiria y el Asia Menor, desde cuyo punto y con aquella llave de los Dardanelos, donde pondría como amenaza la infame y terrible cruz, dominaría con esa arma.

427.—Constantino fué, pues, a Bizancio y fundó Constantinopla. Todo lo hacían, sin pensar que con su odio y el deseo de absorberlo todo, no hacían más que cumplir todo lo profetizado, sirviéndose la ley, de sus mismos enemigos: los que, a pesar de todo, nada han dominado; pero sí, todo lo han destrozado.

428.—Las mentes calenturientas, todo lo imaginan. El fanatismo de Constantino, se pesaba por sus crímenes; y he aquí, que el cielo de Cristo le premia sus servicios con la visión de la cruz en los aires, donde se leía: “In hoc signum vincis”. Y le mintió. Porque la cruz ni el Cristo, nada han vencido ni dominado, aunque, repito, todo lo han destrozado; y si ha tenido un momento de apogeo, sólo ha podido ser sobre montones de cadáveres, como sobre cadáveres nació y, “según es la vida así es la muerte”. Hoy muere el Cristo, sobre más de 20 millones de cadáveres, en esta final batalla de sus odios, y sobre más de 50 millones de víctimas, causadas por las pestes originadas en la guerra actual, que es igual a la suma de las guerras que originó el cristianismo, que se asienta en su trono de sangre, reconocido y sancionado, por un emperador asesino de ancianos. Esta es su primer victoria iniciada en el Gólgota.

429.—Hasta aquí, no puede decirse que hubiera pontífice, (15) pues cada obispo, era árbitro de sus disposiciones; más el obispo de Roma, entonces, por el año 13 del siglo cuarto, un tal Manuel, que podríamos en verdad llamar Manuel I papa, pero que los sabios historiadores eclesiásticos han borrado su nombre y de todos los Manueles, Demetrios, Vicentes, Deogracias y otros (ellos sabrán porqué) ese Manuel I, repito, tuvo la mejor idea que no dejó pequeño a Pablo, porque su espíritu era el mismo. Comprendiendo, sin duda, que no tenía fundamento para triunfar sobre todas las religiones, porque cualquiera era mejor que la cristiana, aunque todas fuesen falsas. Ideó el modo de adquirir supremacía sobre todas, haciéndose reconocer así por ellas y era aprovechando el miedo al peligro de la cruz, levantada como amenaza de muerte, en Bizancio.

430.—Al efecto, este Manuel, reunió a los obispos y les dijo con la mayor frescura estas significativas palabras: “No dudáis que para nuestro imperio, no tenemos fundamento en nuestra doctrina, porque es doctrina para los humildes, en cuanto a lo que tiene de la doctrina de Jesús; y si porque tenemos un emperador nos diéramos por satisfechos, tendríamos que confesar que somos unos holgazanes y la muerte de la religión sería inevitable y prematura. El pontífice que debe surgir, debe ser el emperador universal, ya que decimos que somos de derecho divino. Yo sé — decía — que la doctrina de Jesús es aceptada por todos los hombres y que el Cristo no es deseado ni admitido por las otras religiones, por razones que no ignoráis: pero como hemos agregado a nuestra Iglesia el título de Apostólica y los Apóstoles de Jesús dejaron sus máximas en todas partes y están latentes, podríamos intentar bajo la promesa de unificar un código universal religioso, pedir a los pontífices de las religiones más importantes, sus teologías y firmar una alianza: y si esto se consigue, confirmadme en pontífice que “Después de esto yo sé lo que me haré”.

431.—¿Cómo no había de ser autorizado y proclamado pontífice, el que tan astuto se mostraba? Lo fué y en poco tiempo tenía la adhesión y teologías de 7 religiones, sin que faltara la Judía (la Mosaica decía el texto o acta) pero, por que Moisés no fundó religión ni cosa que lo pareciera y si la hizo la prevaricadora tribu de Judá con la de Levi, es religión Judía y no Mosaica.

432.—Examinadas las teologías y rituales de aquellas 7 religiones con la pacífica Islamita, que después se convirtió en Mahometana fanática, por el engaño y la guerra que le llevó la cristiana, todas creyeron de buena fe que hacían la unión que deseaban, bajo la ley del decálogo y las máximas del mártir del Gólgota y firmaron la alianza, bajo la promesa Jurada de Manuel Primero, de hacer el código universal que les remitiría, no habiendo diferencia, más que en el nombre del baluarte que todos querían tener y era Jesús. Debiendo hacer constar aquí, que también Manuel I defendía que sólo se le llamaría Jesús; pero aquí los sacerdotes Judíos y el pueblo Judío, que ya habían admitido el Jesucristo, por lo que dije atrás de que quisieron hacer concordar que Jesús era “el cordero dicho por los profetas, que los sacerdotes y Judíos creían Cristo”, según los Evangelios, hizo temblar a Manuel I. Pero no había de amilanarse por tan poca cosa y quiso engañarse él mismo, convenciéndose por los textos que iba a pedir y al efecto pidió a Egipto, Siria, Judea y Arabia, los textos de sus Evangelios y aparecieron hasta 56 y todos diferentes y de ellos 4, firmados, al parecer, por Mateo, Marcos, Lucas y Juan; que aun contradichos el uno con el otro, que probaba a todas luces no poder ser de apóstoles que habían oído y aprendido de Jesús, aparte que, ya que Juan, por su parentesco con Jesús y mente exaltada, no fué fiel intérprete de los hechos, sino que anotó muchos, no como fueron, sino como él quería que fuesen, y esto lo habéis de ver todos comprobado, por palabras del mismo Jesús; sin embargo, a la imposición de los Judíos, hubo de acceder Manuel I y se consagró el nombre baluarte Jesucristo y desde aquel momento, Jesús no inspiró más en ningún concilio, consistorio o cónclave, porque no podía hacerse cómplice de la injusticia.

433.—Ya la Iglesia Católica ha surgido y se asienta en ella el Cristo, y son Dragón y Bestia, que ponen su cama de prostituta, sobre las aguas de Roma. Ya está cumplida una parte del Apocalipsis, hasta de las 7 cabezas y cuernos, cuyo último ha tirado la bestia al mar en estos días y he aquí por esa causa la guerra universal, preparada en aquel “Después de esto, yo me sé lo que me haré” de Manuel I.

434.—Pero no basta haberse hecho reconocer la Primacía por las religiones; es necesario que la reconozcan los emperadores, monarcas y reyes y al efecto y so pretexto de la herejía ariana, la que le estorba primero y Manuel I, pide a Constantino que llame a concilio; y aquel hombre que aparenta mandar, siendo siervo y más que siervo, esclavo, de los señalados por Jesús en la filípica de la Sinagoga, llamó y se reunió en Nicea el concilio en 325, cantando allí por primera vez, el credo católico-cristiano, que eriza los pelos al considerar 14 mil millones de errores en 14 versículos, en todos los cuales está negado el Creador.

435.—Entre tanto, Constantino, con la cruz en la mano, iba sembrando el terror, ejecutando a un hijo, con el mismo amor que lo engendrara, asesinando a su cuñado y dejando desolación por todas partes, con santo celo y caridad cristiana, fruto maldito de las entrañas de Cristo.

Nota al pie 15: ) Con interés, recomendamos que sobre ese punto, lea el “Discurso del Obispo Strossmayer”, pronunciado ante el Papa Pío IX, en 1870.