LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO SEXTO
Desde Moisés hasta Jesús


212.—Terrible ha sido la etapa recorrida desde Adán a Moisés, 21 siglos (próximamente), para preparar la tierra para tender las semillas de redención; mas ya hay un pueblo a quien dirigirse y dar órdenes el Investigador y los suyos y se van cumpliendo las promesas del mandante de Shet y el pacto de Hellí y Abraham, está latente y en funciones.

213.—Mas el colegio está ya establecido y en él hay muchos discípulos aplicados; pero también hay muchos revoltosos, que sólo piensan en caricaturizar a los maestros, con perjuicio de toda la clase; pero hay que sufrir las travesuras de unos, la tartamudez de otros y la indolencia de todos; y los maestros no tienen más remedio que castigar (si la corrección la podemos llamar castigo, por que en realidad es Amor).

214.—Sabía Moisés lo volubles que son los adultos, y no otra cosa eran aún los ancianos de aquel pueblo naciente y legisló con rigor, por que era un pueblo de hombres de carne; y la carne (coloso animal), sólo obedece al látigo y a la fuerza mayor; y dejó preceptos que irían renovando los cultivadores que vendrían periódicamente a sembrar las diferentes semillas, cada una en su tiempo y estos cultivadores fueron, los profetas; que sin salirse de la pauta trazada en el pentateuco, irían aclarando conceptos y enseñando el cultivo a los primitivos, que en ley, tenían que ejercer cargos y categorías para ir adiestrándose como directores de la heredad; pero la voz de un profeta (Maestro que se hacía conocer) era mayor autoridad que los reyes aun entre los gentiles y paganos.

215.—Dolía a los Maestros, tener siempre que estar con el látigo levantado; mas era justicia, por que el tiempo estaba medido por la matemática pura del espíritu, que no deja un residuo ni de un mil millonésimo, y el Investigador, había recibido una inflexible “vara de hierro”, porque férrea era la tenacidad de la raza primitiva, la que había consumido más del 99 por ciento del tiempo de vida tomado por la tierra, para llegar a su perfección. Es de Justicia que haya noche, crepúsculo y día y éstas habían de ser en 45 millones de siglos que el hombre debe morar en esta parcela de la morada infinita del Universo.

216.—Cuando aparece el Investigador en Adán y Eva, el hombre de la tierra estaba aún en plena noche y apenas si algún punto de tenue luz había en algunos espíritus de la familia terrena; y eso, que habían recibido ilustres huéspedes de mundos de la familia solar que les dejaron nombres de sus mundos, consintiendo que los tuvieran por Dioses, por que al fin, era más racional esto, que las barbaridades de sus Dioses, que comulgaban con sangre y carne de doncella, estuprada a sus pies en el altar y sus ayes, eran para los asistentes, como la oportuna frase cómica de un hábil actor en el escenario, para el público consciente que lo escucha y aplaude la gracia y la oportunidad.

217.—Esa noche tremenda de la humanidad de la tierra, era absorbida por el libertinaje siempre creciente, y duraba ya, 44 millones 999,200 siglos (9) y la tierra marcaba en su rol, ya, sólo 800 siglos de tiempo, para llegar a su desarrollo, según la vida, que había cargado en ley de justicia.

218.—Y el caso es, que el hombre lo consumía todo y no embellecía la tierra, y él se embrutecía más y la tierra tambaleaba, causando el dolor de los mundos sus hermanos, porque los hombres de esta familia no rasgaban el tupido crespón y la horrible atmósfera que cubría la tierra ocultándola a la vista de sus mayores, estaba secuestrada y perdida, para la armonía del sistema.

219.—Yo quisiera, hermanos de la tierra, que pudiéreis percibir como yo percibo; digo mal: como yo siento y veo ese cuadro inenarrable por el idioma; sé que muchos, muchos, todos los que empuñáis herramientas, desde la balanza y la regla y el cartabón hasta el arado, lo presentiréis primero, sentiréis luego y lo desarrollaréis pronto y, de una potente mirada; de un gesto destructor; aniquilaréis el error y sus causas: y entonces comprenderéis (porque os habéis posesionado del gesto de Moisés al querer romper las cabezas con las tablas de la Ley) y hasta este acto de justa cólera, nos enseña, que todo lo hemos de destruir con la ley y ésta es la que hemos de oponer al error de la ley de opresión de la fuerza bruta.

220.—Ejemplo hemos recibido de fortaleza, de fe por las obras, de cordura por la razón, de maestros por el ejemplo y de amor por el sacrificio, de todos, de todos los misioneros, hasta del que quieren llamar humilde, Jesús; que lo fué en verdad, pero con los humildes; pero que ante los soberbios, fué el más rebelde e indómito, como hemos de ver al tocar su papel.

221.—Desencarnó Moisés (10), dejando legislado al pueblo de Israel, sin descansar ni encontrar la tierra prometida. Y “pasarán los cielos y la tierra, pero no pasará la palabra del Creador”; mas al expirar, le manda a su sucesor Josué, tomar la tierra prometida, de la cual, nadie podría echar a los hijos de Israel; y si fueron echados de la tierra que tomaron, es por que no era la tierra que Moisés recibiera en promesa; y por añadidura, desencarnaba luego de recibir la promesa: en su lugar he de fijar, que aquella tierra prometida, es la hoy América.

222.—De esta época de Moisés a Jesús, hay mucha historia; y fuera del cristianismo hay mucha verdad; mas todo ha sido embadurnado, para dar vida a las religiones, que desde Moisés, no podían sostenerse ninguna de las existentes entonces y menos crearse otra nueva, con fundamentos racionales; porque ya quedaba escrito “Ama al prójimo como a ti mismo”; que era continuar la oración del sánscrito: “Los hombres todos, hermanos son”. Y aun Moisés escribe que la adoración a Jehová era en “Espíritu y Verdad”, lo que han sostenido todos los profetas, misioneros y mesías, que si las religiones o la supremacía los sacrificó en sus cuerpos, viven y reencarnan sus espíritus; y aun por sus nombres, el pueblo los consagró inmortales, tanto que fueran misioneros moralistas, como científicos y astrólogos, que se convertirían hoy, en matemáticos, geómetras y astrónomos, por que han ascendido por la rigurosa escala del progreso que vió Jacob.

223.—Se ha asentado Israel en el Asia Menor, punto central de la tierra conocida, de donde, con facilidad podían extenderse por todas partes sus hechos y sus doctrinas y allí se había de desarrollar la gestación de la redención humana, dando principio a la ciencia del arte para sentar escalones a la belleza y poner jalones a la libertad del pensamiento, que era el objetivo principal perseguido como base indestructible del progreso, para llegar a la civilización.

224.—Mas ya, el campo roturado por los misioneros era vasto y no se descuidaba ninguna parcela; y había una, donde se habían reunido los sabios disidentes en religión de los desterrados y con ellos, por justicia, los engreídos de sabios y los irreductibles de tendencias individualistas, cuyo núcleo había de llamar la atención por su variedad de tendencias, altas, pero materialistas, que no son error si no se dogmatizan; pero por que estaban dogmatizados, no pudieron quedar en el mundo que liquidaba sus cuentas, de donde fueron sacados con los perturbadores, para implantar el reinado del espíritu, que es el de la razón, para sentar la paz, con la ley de amor; acto igual al que la tierra celebró, por cuya causa, la ley en justicia, está quitando todo lo que estorba, como en aquel mundo y como en todos en su día de justicia.

225.—Esa parcela, era Grecia; y si Moisés operaba en el punto más culminante, porque es de ley que el responsable de la acción esté en el punto más comprometido, otros de los 29, con los ya ganados a los expulsados y a los primitivos, daban sus batallas en las diferentes partes donde el progreso se iniciaba; y la Grecia, era atendida por sus hechos ya de hombres dúos o de cuerpo y alma; allí ya se les predicaba y se sostenía “la inmortalidad del alma y la vida del espíritu”, practicando la evocación al espíritu, cosa que había prohibido Moisés al pueblo de Israel, por las causas dichas en su lugar.

226.—Se avivaban en la Grecia, las artes y las ciencias de las artes; y se les dejaba lucir para que atrajeran a los que abrían los ojos en las otras parcelas, donde se había incubado el germen de las artes y las ciencias y allí cursarían y se ascenderían en el progreso material, iniciándose en la espiritualidad que se predicaba y se practicaba, para mantener a raya a los sabios de la materia, que no podían contrarrestar los principios de la vida del espíritu.

227.—A menudo se levantaban alargadas, por que el amor propio de los Medas, Persas y Egipcios, les picaba, y eran guerras, de supremacía sí, pero no exentas de guerras de principios y esto era despertar; pero en cuanto tocaron al pueblo de Israel, ya pasaban de la raya trazada por el Investigador; había que humillarlos y de la lección, se ganaban gran número de aquellos orgullosos; esa era la estrategia del legislador, por que tenía que mantener el fuego latente, para consumir en breves 57 siglos, la oscuridad creada en 44.999.200 siglos. Y dejemos la Grecia aquí hasta luego.

228.—Seguía Israel, organizando y conquistando las tierras predichas a Abraham y Jacob; se observaba de cerca al Egipto, por que había tomado un cariz peligroso después de la derrota infligida por Moisés; y con su influencia, no pequeña, hacía que Israel estuviera siempre en jaque, por los reyes inmediatos; lo que era debido, a la superstición que pregonaba de que Israel, había sido abandonado de su Dios, el que habían tomado los egipcios; al efecto, presentaron e hicieron Evangelios de Cristo y este peligro, se sabía lo terrible que sería por haberlo traspasado hasta Finis Terrae. Un ídolo moderno (y sobre todo con algunos principios tomados de la doctrina de Israel o Veda), haría cuerpo, por que no condenaba a los hombres al no ser.

229.—Egipto se esforzaba contra Israel y hasta malquistó a sus tribus entre sí; y Judá y Levy se separaron y adoraron el ídolo Cristo; por lo que, las luchas entre Judíos e Israelitas, aun duran; pero la justicia es inexorable y más con los que la ley eligió.

230.—Ha prevaricado Judá y Levy le sigue, por que en éste, yacía la simiente sacerdotal; y los primitivos, respondiendo a sus tendencias, pronto idearon Templo y Religión, admitiendo el Cristo y los Evangelios, pero sin renunciar, antes proclamaron su primer derecho a las tablas de la ley y el Cristo, todo lo admitía; por lo que, más tarde, se le llamó “Dragón” en el Apocalipsis.

231.—Para amenguar los efectos de la división y dejar bases un tanto armónicas para el ritual del templo que sería inevitable que harían los de Judá y Levy, tomó el Cetro David, cuyo espíritu era el de Aarón, en tanto que Isaac ha reencarnado y fué Isaías, que su primera palabra, fué la última que pronunciara Moisés: “Oíd cielos y escucha tierra”, etc., condenando los sacrificios, los templos, las divisiones y los Dioses e Idolos, prometiendo la destrucción de Jerusalén y su templo; anunció los “nuevos cielos y las nuevas tierras y el nuevo sol”, después de la batalla en la que “la sangre haría ríos y llegaría a las bocas de los caballos”, cuyo cumplimiento es esta conflagración y lo demás, también viene de inmediato por que lo señala “cumplidos el tiempo, los tiempos y la mitad del tiempo”, figura con la que sustituyó los 36 siglos marcados en el testamento de Abraham y que aun no constituyó los 36 siglos marcados en el testamento de Abraham porque aun no convenía aclarar.

232.—Que la tierra prometida a Moisés no era aquella, lo declara el mismo Isaías, porque por él Jehová llama a Jacob, al que le ha sido prometida toda la tierra y le dice: “Levántate, levántate y vé a aquellas islas apartadas que aun no oyeron de mí; y sabrán los hombres que fuera de mí no hay otro Dios; y se llegarán a tí todas las naciones, etc., “y por toda su profecía, y por todas las pruebas que son de este libro, las “islas apartadas” son la América”, que reservaba el Creador para refugio de su pueblo que son todos los hombres libres, que son sus hijos, sean Angeles, o Demonios.

233.—En ese tiempo de Isaías, el que anatematiza dioses, religiones y supremacías y sentencia a los prevaricadores, anunciando un Juicio para el que dice: “Volveré presto” (11). Más tarde ha aparecido de nuevo, el mismo, en la Grecia, abriendo la primera Cátedra de Astronomía Filosófica, e hizo temblar al Areópago, que al fin, como buenos sacerdotes, le hicieron beber la cicuta y quedó anónimo su nombre, por que nos les convenía el juicio de la historia; pero hoy es Justicia descubrirlo y que el mundo lo conozca.

234.—Antulio que antes fuera Isaías, sabio misionero de los 29, nace en los suburbios de Atenas de humilde familia; y aún muy joven y fuera del coro de sabios, abrió cátedra de sabio para iniciar al mundo en la astronomía filosófica, porque no había medios ópticos; y por lo tanto, el telescopio debía ser la razón, con el óptico pensamiento; que si es Idealismo, éste es la matemática pura, ante la cual se inclina, la matemática positiva su efecto digno.

235.—Antulio, sin ser misántropo, era amante del retiro; y la pureza de sus costumbres. Acusaba a los sabios que le miraban con recelo, por los discípulos que le seguían y que también eran irrebatibles en sus exposiciones; y Antulio, al estar con los sabios, era una presión abrumadora sobre el Areópago, para el que su moralidad y rectitud, era una traba insoportable para el libertinaje y el error.

236.—El Areópago, organizaba fiestas fastuosas que conocemos por la historia; y se celebraba la más bella, la de las flores, por los años 800 antes de Jesús, en la que se adjudicaba un premio al más sabio, dándole la palma y corona; y este año, el premio era singular y bien estudiado por el Areópago y consistía, en la doncella virgen más bella de la Grecia, y esta riqueza del progreso humano espiritual, la tenía una joven de 16 años, llamada Iris, hija de una familia humilde, la que tomó el Areópago y la instruyó en sus propósitos.

237.—Era juicio, que el más sabio era Antulio; y por no tener familia constituída, ningún premio encuadraba mejor, que una mujer bellísima, pero anestesiada de antemano, para conseguir su objeto el Areópago y quitarse de delante aquel hombre irreductible en sabiduría y moralidad que les avergonzaba y cohibía.

238.—Se prepararon las tribunas y cada sabio ocupó la suya con sus discípulos; todos rindieron honor a Antulio y desfiló la imponente procesión de la juventud femenina, de blanco y coronadas de flores y como reina, Iris, vestida con los colores del arco de su nombre y la palma y corona para el arrogante, cuanto sabio y moral Antulio.

239.—Iris al llegar delante del sabio vencedor, lo corona, le entrega la palma y el coro entonó el “Salve Vencedor”, en tanto que Iris se entrega en sus brazos; el sabio, contemplándola y sondando por sus ojos, su alma, hizo esta exclamación: ¿Dónde está tu imperfección, mujer ?.... Hubo un momento de pausa; tembló el Areópago, comprendiendo que el sabio leía a través de la carne; pero el sabio, no puede despreciar el presente, por el pueblo que lo ofrece en apariencia y se resigna y lo toma.

240.—Por más que Antulio la trató de educar y curarla de la mordedura de aquellos reptiles, prestando mucha atención a los cuidados y caricias de la niña, procurando que diera esencia aquella rosa inodora, el veneno infiltrado, jamás se cura; podráse retardar su acción con antídotos, pero al fin, el que absorbió el veneno mortal, del veneno morirá; e Iris no tardó en contestar con sus hechos a la interrogación del sabio: ¿Dónde está tu imperfección, mujer?.

241.—Pocos meses después, Iris se presenta en el Areópago a cumplir las órdenes que se le habían impuesto y acusa al sabio de inmoral y corruptor y peligroso para la república, por sus tendencias; y Antulio es preso y detenidos sus discípulos y aún delante de él, sostiene Iris su acusación y el Ejecutor, pone en manos del sabio la copa de la cicuta; en cuyo momento tambaleaba su acusadora, a la que se vuelve la víctima y le dice: “Yo sabía dónde estaba tu imperfección”, “Te perdono” y aquel cuerpo, arca de sabiduría, en el que estaba encarnado el espíritu de un misionero que había sido Isaac e Isaías y luego volvería para ser el mesías Jesús, cae corroído por el ácido de la cicuta.

242.—Iris, oyó para no olvidarlo más aquel sublime “Te perdono”; repercutió en su espíritu por largos siglos, hasta que se rehabilitó por el amor puro, en lo relativo; y el que la perdonó, no dejó a su espíritu, hasta que lo hizo llegar a él, por el esfuerzo, por el trabajo, en continuadas existencias, siendo la última hasta el presente, cuando las hogueras de la Inquisición anublaban la atmósfera de la tierra y cayó su cuerpo envenenado como lo diré en el capítulo correspondiente.

243.—Grecia se había puesto en entredicho de ley y se la dejaría purgar su delito, mientras se levantaría otro pueblo que había sido anunciado por Isaías y sería Roma, formado por los despojos bravos y rebeldes de todos los centros más sobresalientes, y era a causa de que, el Egipto fué incorregible después de hecho el Cristo, para deshonrar a Israel, e Israel prevaricó en Judá y Levy, por causa del “Cristo”. Peligro, como lo preveyó Jacob.

244.—Entretanto, a Israel descendieron más profetas y lo apostrofaban de su deserción y lo castigaban despiadadamente; se habían ofuscado con el brillo del templo levantado por Salomón, pero que por la pauta que había dejado David, aparte la representación religiosa, servía de aula, donde los maestros podían enseñar y discutir la ley; pero ya entonces, la ley de Moisés, estaba mistificada por los Levitas, a gusto de sus conveniencias, por lo que su culpabilidad era mayor, desde que no era solo la prevaricación, sino el error que enseñaban al pueblo y el odio encendido entre los judíos y los israelitas de las otras 10 tribus, que fieles guardaban la ley y los ancianos y doctores mantenían la Escuela de Gamaliel y sostenían la Kábala, donde lloraban lo que venía por culpa de Judá; y ya era inevitable, porque había sido decretado y proclamado por Isaías y lo repetían los profetas que se sucedían.

245.—En Egipto se propagaban los Evangelios y adquiría personalidad la quimera Cristo; y sin embargo, allá en Brigantium, no podía pelechar; porque en la Iberia y pocos tiempos después de Adán, había aparecido Jun, hijo de una mujer llamada Ceres, que por haberlas enseñado a condimentar el trigo, llegó en su reconocimiento a ser su diosa; pero Jun, dejó principios que aun no han desaparecido; y porque el cristo lo tenían reyes extraños a ellos, lo acorrala en la hoy Galicia y su salida de allí, fué hacia fuera; a la hoy fanática Irlanda; pero después de Jesús, el fundador de la Iglesia Cristiana, Pablo, o Saulo, sabía bien, que allí en Galicia, estaba el Cristo; y allí fué y dirigió sus cartas fanáticas, que luego desautorizó Santiago y lo confiesa el mismo Saulo y lo veremos en su lugar.

246.—El boato religioso, insultante y costoso del templo de Jerusalén, embotó los sentimientos que podían quedar entre los Judíos y ya no era posible la unión con Israel y se les dejó que se saciaran de su afección sin dejar de amonestarlos y haciéndoles esperar un enviado del padre que anunciaba Isaías, el que no lo llamó Cristo ni otro nombre como aparece en las Escrituras, hoy, sino que dijo que traería la buena nueva; porque Isaías, sabía que era hora de anunciar la Paz, la libertad de pensamiento y preconizar el Juicio, prometiendo al Espíritu de Verdad y al Juez de vivos y muertos.

247.—Ese Juez, no podía venir, como tal, hasta cumplirse los 36 siglos marcados en el testamento de Abraham, que Isaías llamó “el tiempo, los tiempos y la mitad del tiempo”; pero ese Juicio, no podía ser el fin de la tierra o del mundo, porque el testamento decía: “Y de este siglo mis hijos serán de Luz, porque verán la Luz de su padre que les darán mis Espíritus” Y para eso llamaba Jehová, a Jacob, que se levantara y fuera a las islas apartadas que no habían oído de El; lo que quiere decir, que exigía el Creador, que todos lo conocieran y supieran y oyeran su ley, para el día de la Liquidación; que es ahora, en que la tierra hace sus demostraciones, después de haber “allanado los montes”, puesto que las locomotoras suben hasta las cimas de los altos montes y son éstos los “carros de fuego” y la electricidad “las lenguas” anunciadas y esta conflagración “los grandes ejércitos que harían ríos de sangre”, la que efectivamente “ha llegado a las bocas de los caballos”, pues sabemos, que están en estos momentos los montones de cadáveres humanos, revueltos con caballos, que juntos se descomponen y juntos se queman, mezclada la sangre de unos y otros.

248.—En fin, Isaías, profetizó para sus días y para todo el tiempo hasta ahora y para después de ahora; por lo que, el Juicio, no es otra cosa que la liquidación de esta sociedad desconcertada por los malversores que la ley de justicia quita, como lo promete por Isaías, porque le estorba a sus decretos.

249.—Mas también asegura al pueblo Judío que los gentiles los someterían; y esto lo decía, por un pueblo que aun no había nacido, pero que ya estaba en su secreto que se iba a hacer porque la tiranía supremática era un valladar a los hombres que pensaban y había demostrado en la muerte del gran Antulio, su hipocresía, su orgullo y su maldad; y como tenían que venir a la tierra espíritus de libertad y sabiduría, era necesario juntarlos en el primer momento y unidos serían fuertes, para dominar aquella tiranía y enseñar e imponer al mundo el derecho de hombres, el derecho de igualdad, por el que los progresos de las ciencias se hicieran ley y ley de libertad; y esta iba a ser Roma.

250.—Por entonces se despertaba el deseo de saber en los hombres; en la India y la China reinaba la beatitud por el Sánscrito y el Confucio y progresaban maravillosamente; y era porque encarnaban allí los terriblemente castigados por la supremacía del mundo todo, entre los que encarnaban los que necesitaban un momento de descanso y de reflexión y examen en su archivo; allí no había que temer nada; la ley era cumplida y se adelantaba habiendo grandes lumbreras que llevaban su fulgor a los centros de Egipto y Grecia, que bajo diferentes Idolos navegaban por el mismo derrotero dogmático y supersticioso, aunque tuvieran las más grandes escuelas que se debatían y combatían; pero en los dos centros, se perseguía a todo el que no acataba la arbitrariedad de sus pontífices; los que, sin embargo, recelosos uno del otro, sostenían las grandes guerras, como las Médicas y otras que sí grandes, eran sombra de las que llevaría la aun no existente Roma, si no respondían a la última prueba que se les iba a someter.

251.—Para esta prueba, aparece en Grecia un hombre humilde y austero que asombraba al Areópago, mucho más que Antulio, tomando por baluarte un principio fundamental del Sánscrito: “¡Conócete a ti mismo!” Y Sócrates, abrumaba con su método de predicación, por preguntas, llevadas al terreno de que si habían de ser contestadas, tendrían que confesar su ignorancia los llamados sabios, o bien declararse culpables de los males de la humanidad.

252.—Hablaba Sócrates de la supervivencia del alma y de la eterna vida del espíritu y su acción continuada, como si fuera cosa sabida por los demás; y hacía alarde de los consejos que recibía y aun le dijo a Alcibiades: “La ventaja que tengo sobre ti es, que mi tutelar es más poderoso que el tuyo; y cuando quiero hacer una cosa que no debo hacer, oigo su voz y me abstengo, y siempre salgo bien”.

253.—A sus discípulos y a las masas, predicaba la libertad del pensamiento, y esto puso en gran cuidado al Areópago, que ya empezó a intrigar contra Sócrates, temiendo que fuese el sacrificado, pero no era aquél, sino el Investigador, el legislador; y para dar tiempo y tregua, Sócrates, mientras sus discípulos reproducían en libros sus enseñanzas y las difundían, él salió en una gira por los dominios de Grecia y en Epiro fué solicitado (aunque viejo), por la princesa de aquel principado o provincia griega, a cuya solicitud, no correspondió Sócrates; por cuyo desaire, la impúdica mujer, lo acusó de inmoral y corruptor de las juventudes y como peligroso para la estabilidad de la república.

254.—A su defensa, salió valiente lo mejor de sus discípulos y uno de ellos, fué sentenciado a beber la cicuta y Sócrates le dió un limón, para que lo comiera antes de beber la cicuta, encargándole el secreto y así lo hizo y la cicuta no hizo efecto; esto exasperó ya al Areópago, que comprendió que Sócrates lo había preparado y entonces tomaron en cuenta la falsa acusación de la princesa de Epiro, pero ¿quién de los jueces podría o se atrevería a afrontar y reducir al silencio al terrible sabio?.

255.—En acuerdo único y sin precedente , se reunió un Tribunal ampliado por quinientos cinco jueces, a todos los cuales venció en las contestaciones y todos quedaban corridos, sin poder contestar las preguntas que el reo dirigía; pero el tribunal, no dijo más que, “para la salud de la república, es necesario que muera el conspirador y corruptor” y pidió votación al Areópago y sólo triunfó éste, por cinco votos que no podía ser admitido como fallo inapelable; pero a Sócrates se le dió a beber la cicuta.

256.—Caía el Investigador del Padre, por el odio sacerdotal; Grecia confesaba ser incorregible y había que oponerle un dominador; y por sus hechos, Grecia se condenaba a sí misma en ley divina y humana, a ser esclava, porque no supo ser señora.

257.—Grecia tiene ya en sus archivos y recogido en Judea, el manuscrito de Isaías: y colige que de Israel viene su mal y emprende campañas inhumanas contra él, como antes las habían hecho, hasta que David hizo fuertes y homogéneas las fuerzas de sus ejércitos, logrando rescatar el arca de la Alianza que asentó en Cariantiarín por 7 años; y luego, él mismo en persona y con una sola ayuda, aquella arca, la llevó y depositó en una de las pirámides de Egipto, donde están los restos del arca y del que lo acompañó, pues lo dejó encerrado, para que no violara el secreto.

258.—David, sustituyó aquella arca por otra similar, estando él solo en el secreto, pues podía por que era rey y sumo sacerdote, pero lo hizo por temor al asalto de los griegos, que habían invadido la provincia de Caria y destruído la ciudad de Cariandá, cuyas mujeres cariandanas son legendarias e inmortalizadas por sus mismos enemigos, en el arte simbólico de las cariátides.

259.—Es este un hecho, que merece la más preeminente página, por que aquí está la raíz de la palabra “Caritas”, de Cicerón; palabra importante, que siendo un himno de guerra contra la Grecia por la nueva y fuerte Roma gentil, muchos siglos más tarde, el falso cristo o sus representantes, se la darían a su ídolo impersonal como bandera, por lo que llega hoy a ser la caridad, el baldón de los hombres que sirven al cristo peligro.

260.—Pero en este libro (índice de una historia ocultada o mistificada a la humanidad), no se puede tratar tan trascendental asunto y en la paz cuando se quite lo que estorba a la verdad, se les dará a los hombres y será presto (1), pues sabéis, que esta conflagración no puede ser secular, ni durar lustros; pero no acabará, hasta que se quite todo lo que estorba a la ley de amor.

261.—El temor de Grecia, después de la muerte de Sócrates (que era mundial en la tierra conocida), y los arrestos de los sabios que había hecho Sócrates que minaban el Areópago, no a Grecia, hizo que por las venganzas que el Areópago tomaba, emigrasen los griegos rebeldes y otros eran desterrados a la colonia que en la hoy Italia había y que fué la primera que Grecia perdió.

262.—Estaba esta colonia sobre una colina de las que hoy cubre Roma; y había otra colonia en otra colina que era dominio de los Vascos y otra de Italos formando un triángulo; pero todas tres, eran de hombres rebeldes y expatriados de todas partes y allí estaban los elementos preparados por el Investigador, para cumplir lo dicho en Isaías, de que los “Gentiles someterían a los Judíos y a los enemigos de Jehová y a los que cortan un árbol en el bosque y con la mitad se calientan y con la otra mitad hacen un Dios ante quien se arrodillan”, y Roma surgió y sometió a los Judíos y deshizo a la Grecia y dominó a todo el mundo, durante cuyo tiempo arraigaría la semilla de la libertad que anunciaba Isaías, que predicó Antulio, que sostuvo Sócrates y confirmaron Juan y Jesús, siendo todos ellos sacrificados por los sacerdotes y por los feudos de los sacerdotes.

263.—Por cuanto se diga de la fundación de Roma, por uno u otro hombre, Roma surgió por la unión de las tres colonias Itala, Griega y Vasca, que cada una en sí era independiente, aunque dominaba por su carácter indómito la Vasca, que se atribuía ese derecho por antigüedad y como primeros pobladores de Europa los Vascos, no les faltaba razón, pero esto no hace aquí al caso, sino lo que hay de verdad para la unión de las tres colonias.

264.—Casó un capitán de la Colonia Griega con la hija del Jefe de la Colonia Vasca y esta unión, hizo comprender a la Itálica que no le sería posible sostenerse y pidió de voluntad la alianza; pero era que en las tres colonias, habían tomado carne algunos de los misioneros, preparado ya la terminación de los tres estados que se odiaban entre sí. El Egipcio, el Judío y el Griego.

265.—Hecha esta unión, y llegadas a un florecimiento conveniente, empezaron los Romanos sus conquistas, asimilándose primero sus alrededores; y con la democracia establecida y la colectividad derivada de la democracia, sus conquistas eran efectivas y rápidas y empezó a legislarse en sabiduría, procurando tener parte de todos los progresos de los tres grandes centros, que decaían por la corrupción de las costumbres; y fué llegado el momento más solemne de la historia humana, tomando carne allí el Espíritu Maestro, Espíritu de Verdad, rodeado de la mayoría de los 29 misioneros, que dieron forma al Senado popular Plebiscitario; y el Maestro, dió grandes leyes y estableció las “ferias latinas”, en las que los señores servían a sus subalternos, restos de esclavitud y empieza la igualdad y fraternidad humana.

266.—La ley es una, fatal e invariable; y la humanidad de la tierra, no podía tener otra ley, ni empezar más alto ni más allá, de donde habían cerrado su libro los desterrados traídos en la venida del Investigador; y las leyes dictadas por el que hizo la Federación de Roma y estableció las ferias latinas, eran las que regían en aquel mundo, de donde salieron expulsados nuestros agregados a la tierra, para que fueran maestros instructores de un colegio de niños barbudos, traviesos, díscolos y fieros, ya que ellos en... (hay que decirlo y no lo dudéis) en Neptuno, se sublevaron a la ley de Armonía y no quisieron ser buenos discípulos allí, ni fraternizar con la mayoría por orgullo, por supremáticos, por sabios en la materia, de la que sólo quisieron vivir haciéndola su Dios, para ser ellos los dioses; y la ley, todo amor en su extremo rigor, pone y manda a cada uno en donde sus afecciones reinan, para que por el hastío, por la saciedad, dominen su pasión, que al fin vencerán por su voluntad, cuando el desengaño entrará en sus cálculos. Y en esta ocasión de la Federalización de esas colonias heterogéneas, donde residían los más sabios de aquellos desterrados, se declaraban vencidos de la ley, pero vencedores de sí mismos y empezaban a ser héroes, como siempre sucede con los más aferrados a un error.

267.—Lo que antecede sobre la fundación de Roma y sus causas, es lo que ha dejado de historiarse, por que se ocultaron por conveniencia supremática los hechos causales; lo demás de nombres y progresos que halagan la vanidad, están historiados, aunque abultados y por lo tanto desfigurados y corrompidos; pero al fin, el progreso puede desmentirlos y los desmiente en su error; por lo que yo, no tengo por qué perder el tiempo en lo que poco importa; pues hay puntos grandísimos que poner en este índice de historia, ocultada, olvidada o destruída y mistificada, bastando al hombre de razón en muchos hechos historiados, leer al revés y esa sería la verdad histórica. Y lo entendió bien el rey de Navarra, cuando su secretario le leía su diario, abultados y desfigurados los hechos de triunfos bélicos y amoríos; e irónicamente el rey contestó: “Así se escribe la historia”.

268.—Dejemos los hechos que Roma desarrolla en cumplimiento de su misión de dominar al mundo y establecer la Ley del derecho de gentes, civilmente, sin importarle en ese tiempo, de cultos ni religiones, por lo que, había en Roma, tantos dioses y adoraciones, cuantos quería cada hombre por su tendencia y sentir; porque a la ley suprema, lo que le importaba y le importa primero es, la unidad de los hombres bajo un derecho común, para el régimen del progreso lo más homogéneo posible, formado, precisamente, de todo lo heterogéneo de los hombres; y esto, lo desempeñaba Roma desde su surgimiento por la unión de aquellas tres colonias: por lo que, Roma nació adulta y no tuvo infancia.

269.—La muerte de Sócrates repercutió por toda la tierra, como un eco amenazador del Areópago engreído de la orgullosa Grecia, en la que ningún hombre de ideas redentoras podía triunfar, en la individualidad.

270.—La fortaleza demostrada por Roma; el establecimiento de una Cámara Plebiscitaría y de derecho común, con el funcionamiento de las ferias latinas y los grandes discursos pronunciados por los sabios y aun por cualquiera, atrajo la atención de los oprimidos en Grecia, en Judá y en Egipto y, “a Roma por todo”, se decían los libres de toda la tierra. Así se fortalecía y progresaba el derecho Romano que, en verdad de verdad, era Neptuniano; como el derecho y progreso que hoy tiene la tierra (aumentado en ley), pasa, en la Liquidación, a regenerar otro mundo. Esta es la marcha eterna del progreso que el espíritu tiene mandado hacer y llevar por el infinito.

271.—Estamos llegando a lo culminante de esta etapa de la siembra, que el Investigador tenía que hacer; Grecia acometió con furia a Israel, porque había descubierto que las tendencias que habían llevado aquellos dos irreductibles, Antulio y Sócrates, tenían su fundamento en aquel pueblo; en su doctrina Veda y la Ley Mosaica. Al efecto, invadió la Caria, destruyendo la ciudad de su nombre. Pero aquí hay un hecho del más grande interés para la humanidad y era en los tiempos de Antulio y de Isaías y el pastor David.

272.—Las matronas israelitas, que fueron y serán el ejemplo del amor de madres; el espejo de la fidelidad a la ley y el brazo invencible de su defensa, sembrando en sus hombres el valor y el deber, resistieron ellas al enemigo, en las puertas de Caria; en tanto que sus hombres, luchaban con los griegos, reteniéndolos en su invasión, para que no llegaran a Cariantiarín, donde se guardaba el Arca de la Alianza; por lo que Cariantiarín, significaba “Ciudad del Descanso”.

273.—Cuando los griegos forzaron la ciudad de Caria, todas sus mujeres, llenas de valor, celo y amor, cada una cargó a su cabeza las vituallas, los documentos y cuanto podían y en sus brazos y espaldas, todos los niños, evacuando la ciudad y convenida una palabra para el auxilio de unos a otros en el largo y diferentes caminos que habían de seguir dirigiéndose a Cariantiarín, cuyo santo y seña era: “¡Cariandá, Cariandá!”, a cuya voz, el interpelado, si era de los suyos, contestaría: “¡Cariantiarín!”...

274.—Cuando los Griegos pudieron ver aquellas procesiones, una corte de las más bellas doncellas, salía a entregar las llaves al general y constituirse ellas en presa de guerra, bajo el juramento del general, de respetar a sus madres y niños; el general reunió consejo y ante el valor y gallardía de aquellas mujeres, dejaron en libertad también a las jóvenes, menos 8, que debían entrar en Atenas, sosteniendo sobre sus cabezas un templete, donde el escudo griego triunfante se presentaría al Areópago, entregando la llave de la ciudad rendida.

275.—Entrada tan original, como inhumana y bella a la vez, no podía quedar oculta; y los artistas la copiaron fielmente, originando una revolución en el arte arquitectónico, con las columnas cariátides, que han perpetuado, no la hazaña de los griegos, sino la hazaña de los israelitas Cariandanos.

276.—Dominada Grecia, por Roma, Cicerón, encuentra en la arquitectura la causa de las cariátides, y de ella sacó la palabra latina “Charitas” que servía de acusación a Grecia, por lo que, significa, falta de sentimiento, o injusticia y así, era “Charitas” un himno al amor y valor y celo de las matronas de Caria y por lo tanto, un baldón para Grecia.

277.—Con Cicerón, nos encontramos en la caída de Grecia; el Egipto había sido sometido en las tragedias de Marco Antonio y la impúdica Cleopatra; faltaba la dominación de la Judea, a la que, por Israel, Roma no había de tratar con el rigor de los otros vencidos; pero los había de someter por sus leyes, civilmente, no importándole el estado religioso; por que, para Roma, la religión no era estado, sino los hombres. Esos son estado y ese era el fundamento de la grandeza de Roma.

278.—Ya, el imperio del derecho, nacido en el surgimiento de una ciudad por la unión de tres colonias, cada una representación de la rebeldía de las tierras dominadas por el despotismo supremático civil y religioso, se ha impuesto; es el fruto primero y universal recogido, del trabajo de aquellos 29 titanes que han ganado para su causa, que es la justicia, la mayoría de los desterrados sabios neptunianos y una gran parte de los primitivos que se plegaban, por su contacto, por la afinidad, creada primero en la unión de cuerpos y luego en la unión de aspiraciones de tirar el oprobio de yugos denigrantes de la supremacía; cuyo bloque, era tierra preparada y abonada, para poder sembrar la delicada semilla de libertad, de cuyos frutos, luego se haría asiento al amor, cuando con el uso de la libertad, los hombres, bajo el derecho de tales, en la libertad, descubrirían la causa de su ser y la causa de sus errores; y un consejo del Investigador y los Misioneros ante el Tribunal permanente y en presencia de los Consejos del Padre, acuerdan: “Predicar abiertamente el progreso de libertad; anunciar el amor y prometer a los hombres la liquidación; el pago de sus talentos y la venida de los segadores a recoger las mieses sazonadas, bajo el inequívoco juicio del Juez, presidido por el Espíritu de Verdad”.

279.—Era el momento más delicado de la batalla empezada en Shet y no había que desperdiciar nada de los medios que la ruda experiencia les enseñaba. Cada uno ocupó su puesto y todos los 29, más todos los ya sabios maestros, habían de tomar carne y parte, incluso el Investigador y el Espíritu de Verdad, que debían presenciar los hechos en el mismo escenario donde se habían de realizar, encargando a dos de los 29, la extensión de la semilla.

280.—Aparecieron cada uno de los preparadores de la jornada; unos figuraban en la clase de Doctores, otros en las artes y otros en la agricultura, en el mismo teatro del asiento del pueblo de Israel, estando uno, Zacarías, entre los sacerdotes; otros entre los de la Kábala (Escuela Esénica), como José de Arimatea, Nicodemo y Gamaliel; otros en las Artes y Oficios, como José el Carpintero de Nazareth, y otros en la ganadería como Joaquín; y en esos días, se hace hombre el Espíritu de Verdad, que nace de un procónsul Romano, en Callagora, hoy Calahorra, España.

281.—Joaquín, recibe en su hogar (y lo sabía) a la hermosa niña, la llamada Rosa del Valle de Jericó, que conocemos por María y es la misma Eva; en tanto que Adán, es José el Carpintero de Nazareth, el que, casado con Débora y ya viudo y padre de 5 hijos y en la edad de 40 años (no por acaso sino por justicia), bajó de la montaña al valle y se unió a la bella María, de 16 años de edad y criada y educada en amor y en las obligaciones de una casa, donde Ana su madre, gran matrona por la prole y su solicitud, hacía la excepción de la ciudad; con cuyo ejemplo, María, si era niña en los años, era mujer de hacienda en la educación. No es verdad que María estuviese recluída en el templo ni a cargo del sacerdote Simeón, sirviéndonos de fe que su padre Joaquín, pertenecía a la Kábala de Moisés, como también José el Carpintero.

282.—José , llevó a su esposa a la ciudad de Galilea que se llamaba y se llama Nazareth, donde José tenía su casa y taller en el centro de la ciudad; y no era una casucha miserable, sino un palacio y regio para aquellos tiempos y hasta con jardines; lo que quiere decir, que era relativamente rico, con su casa y su taller y oficio de primera necesidad.

283.—Era sí, José, de carácter fuerte y un tanto hosco y recto y exigente para él y para todos, en el cumplimiento de su deber; lo que si le hacía respetuoso, no podían todos ser sus amigos, por que no transigía con la injusticia y, de hombre, lo tenía todo. Este es José y no el que desfigurado presentan los comerciantes de Dioses e Idolos a su grey.

284.—María, era tan recta como él y varonil cuanto bella y un arsenal de ternuras y alegrías, respirando amor y majestad en sus actos, miradas y palabras, conversando con sinceridad con cuantos trataba, que era con todos los de la ciudad, por que su trato, abolengo y belleza, atraían.

285.—Estas cualidades de María, habían de anublar un momento aquel cielo alegre de la casa del carpintero; porque José, por tantas razones fisiológicas y biológicas, amaba a María con toda la intensidad del hombre y del espíritu. Y tuvo un momento, en que los reaños del hombre ofuscaron la mente del espíritu; y, una chanzoneta de alguien que cantaba la belleza de la joven desposada que ya había concebido, picó el amor propio de José y ¡tuvo celos!. En silencio, se disponía a marcharse; pero María, que notó la ofuscación de José, nada le habló; pero llamó a toda su potencia psíquica, e hizo quedar dormido a José y su espíritu, le hizo ver la realidad y le habló, lo que al hombre no se le puede presentar, ni hacer comprender y menos cuando los celos están por medio; al despertar, María lo aguardaba sola, en su trabajo de preparar los hatos para el que llevaba en sus entrañas, que su espíritu sabía quién era; mas la materia, aunque presiente, ignora en ley.

286.—Despierta José y ante su acto de prófugo, se avergüenza recordando lo que ha visto; corre y cae en los brazos de la que sonreía, pero que en su corazón, había una gran amargura; era la primera copa de la gran cuba de acíbar que había de consumir en esa existencia.

287.—José, necesitaba aquella mordedura que lo depurara; era, como la última cepillada de garlopa, para dejar la línea recta; y la Justicia fatal, se la preparó en la mejor ocasión, dándole a la vez la enfermedad y el remedio: y ya más, la serpiente no pudo entrar en aquel jardín.

288.—En aquellos mismos días, fué comunicado a la Kábala en un hermoso canto profecía, el nacimiento de un niño, al que por revelación, el sacerdote Zacarías, su abuelo, preconizó al “precursor” del que traería la buena nueva; lo que José supo por Joaquín y la percepción de María, la hizo temblar; y es que, el espíritu sabe los hechos del mañana y sufre por la cercanía de los acontecimientos que no puede eludir en Justicia; y en esta ocasión, los dos espíritus, el recién nacido que era Juan y el que fabricaba su cuerpo, para ser Jesús, ambos sembradores de la libertad mandados por la ley, se abrazaron y latieron el corazón de todos sus afines.

289.—Llegado el momento de ley Jesús nace como todo ser y en casa de sus padres en Nazareth, sin ninguna demostración suprahumana que sería además una parcialidad del Creador, ni tampoco fué en 25 de Diciembre; pero todo ese embrollo católico, aquí no nos importa. Basta saber que, en la mitología nacían los Dioses a las 12 de la noche del 25 de Diciembre, acompañados de todas las fantasías mitológicas y todo eso quiso la Iglesia Católica imitar y dar a su Dios-Idolo compuesto de Jesús-Cristo.

290.—En otra obra (12) está estudiado todo lo referente a ésto, por lo que aquí sólo se indica en la realidad de la verdad filosófica y científica y sin decir más aquí, sino que Juan estudió en la Escuela de Gamaliel y Jesús en Jerusalén, con Nicodemo y José de Arimatea en la Kábala, vamos a pasar por alto toda la juventud de estos dos sembradores Juan y Jesús, que el uno había sido Elías, y el otro Isaac y Antulio.

291.—Jesús fué el primer hijo de María y José y el último de este matrimonio fué Jaime, o Santiago Apóstol, que era el Investigador; y ellos (como sus cinco hermanos de madre y los otros cinco hermanastros que José llevó a matrimonio), fueron engendrados por obra de José en ley, y no extra de la ley, lo que haría al Creador parcial y sería injusticia.

292.—En el Consejo habido para la siembra de la libertad por Juan y Jesús, como he dicho en el número 278, se tomaron todas las precauciones debidas para que no fallase el plan, a causa de la oposición que habría en los sacerdotes; y Juan hablaría a todo el pueblo, pero atacaría en sus vicios a los gobernantes del pueblo, preparando el camino a Jesús, que continuaría la obra, si Juan era eliminado: si no lo era, se juntarían y juntos publicarían las doctrinas de libertad y amor, despertando el letargo del pueblo, que necesitaba un fuerte reactivo para salir de la postración; y si ninguno de los dos podía cumplir su deber por cualquier causa que el enemigo opusiera, lo haría el Investigador; y si tampoco éste podría lo consumaría el Espíritu de Verdad, como hombre, porque para eso había tomado posición en el gobierno civil y era allí, la Suprema Autoridad representante del Imperio Romano.

293.—Todas esas precauciones hicieron falta y losd cuatro tuvieron que hacer una parte; y sólo el Investigador pudo librarse de las iras sacerdotales, porque, a tiempo, se salió de aquel foco y pasó a España, donde practicaban bien la doctrina de Juno, dada pocos siglos después de Adán y quizás es España la única región del mundo, donde la geología ni la filología no tiene nada o muy poco que desentrañar en materia religiosa, anterior al siglo tercero de la desgraciada era cristiana; porque allí, de los naturales, no hubo templos ni dioses; y eso que, de lo que hoy es Europa, fué lo primero que se pobló con la nueva raza Adámica, porque la raza Vasca, es la primera familia de una inmigración de los Druidas y los vascos, han poblado la Europa hasta la Polonia; lo que contribuyó mucho al valor, fortaleza y acierto de la primera Roma, para sus conquistas hasta el Imperio. 294.—Juan, salió de la Escuela de Gamaliel, donde había tenido por condiscípulo a Saulo y en el estudio de la filosofía Veda (que algunos llaman Teológica), Juan rememoró pronto lo que su espíritu sabía y a los 16 años, se fué al desierto y allí, recordó todo lo que venía a hacer, dejándose ver en los veranos en las orillas del Jordán, cuando los Judíos iban a tomar las abluciones que la ley mandaba, como lo hacen aun hoy en la India donde el Veda impera; por lo que, Juan, no es el inventor del bautismo y tampoco lo practicó como parte de su misión, sino como arma que la costumbre le ofrecía, con la cual pudo hablar a grandes y pequeños, pero más a los grandes, porque no todos se podían permitir el lujo de veranear (como sucede hoy) que sólo es patrimonio de los ricos.

295.—Como al principio fuese escuchado; cada año redoblaba sus ataques a los supremáticos y ya, su voz se extendió a toda Judea y crecía el número de ablucientes, por oír sus amonestaciones, que concordaban con la profecía de Isaías y de Elías, al que esperaban de nuevo, y ya muchos se afirmaban en que era Elías reencarnado; y si no hubiera tenido la desgracia de reprender duramente a la disoluta Herodías, cuñada y concubina de Herodes gobernador de Galilea, quizás Juan habría triunfado, porque llegó a ser querido de todos y respetado hasta por el mismo Herodes.

296.—Las prédicas de Juan eran de libertad, de derecho, de trabajo y de amor, y les decía que estaba muy cerca el Juicio de los hombres y que temieran a la Justicia que venía; esto los amedrentaba, y dió motivo a que una comisión de Escribas y fariseos se llegara a él para preguntarle, “si era Elías”, a lo que les contestó con la más alta sabiduría: ¿Quién os ha enseñado a temer, que no os enseñó a amar, raza de víboras?... Este eco llegó al Sanedrín y se decretaba su muerte y la de otro revolucionario, que había salido por las calles de Jerusalén y había sublevado al pueblo ya algunas veces y lo llamaban libertario; era Jesús.

297.—Jesús, desde la edad de 12 años que salió de casa de sus padres (porque no era fuerte para el taller del carpintero) fué a Jerusalén con una carta de su padre José, para el de Arimatea, donde le pide, “que viera de sacar provecho de aquel niño díscolo y rebelde, porque se necesita ayuda; pues la familia se aumenta que es una bendición”. Y al entregar Jesús esta carta o misiva en un pergamino, o piel curtida, Arimatea, Kabalista, abordó al niño, el que expuso lo que sentía y su aspiración; y aun Arimatea quiso amedrentarlo, diciéndole:

298.—”Niño, esas tendencias, aun solo en la Kábala pueden ser expuestas, y si tú las sostuvieras y las expusieras, la cruz será tu fin y asumirías los cargos del Cristo; lo que tú pretendes no es para estos días; eso solo es para cuando venga el Anticristo a pedir cuentas al Cristo, por lo que debes no ponerte en peligro”.

299.—Con Jesús había ido a Jerusalén, su madre María y sus hermanastros Eleazar y María Cleofas y los cuatro fueron al templo a cumplir la Pascua y era en ocasión, en que los doctores discutían un principio de la nueva ley civil Romana, referente a la delación del delincuente; y uno de los doctores sostenía con tesón, que la delación era más crimen que el crimen mismo, y era tan interesante el punto, que el templo no cabía más; y mientras María hacía sus preces, el niño se había encaramado de puntillas sobre un banco sobresaliendo sobre los hombres; y aquel Doctor, que ya convencía a la opinión del Sanedrín (al que pertenecía Arimatea y estaba allí en su puesto) el defensor o sostenedor,de que la delación era más crimen que el mismo crimen, se fijó en el muchacho que de puntillas oía con tanto interés y se dirige a él y le pregunta:

300.—”Dime tú niño”, ¿si tuvieras en la cárcel a tu hermano y tú lo acusaras, qué merecerías tú?.

301.—”Yo merecería la pena de mi hermano y debían darle a él libertad y pagar por él, el que lo acusa”.

302.—Respuesta tan categórica mereció un rumor de aprobación por el público; y María, que se dió cuenta de la travesura, de un pellizco lo hizo sentar y lo reprendió; y también a ella le contestó: ¿qué entiendes tú de esto?, lo que hizo llorar a su madre, que guardaba clavadas en su corazón las palabras de Arimatea, sobre la cruz y los cargos del cristo, y salieron del templo sacando poco menos que a rastra al travieso niño.

303.—Tras ésto, ya no era posible vacilar y Arimatea llevó al niño a la Kábala y consultó y supieron lo que había; por lo que Arimatea, llevó a Jesús al colegio donde Jesús se hiciera maestro, a fin de tener en su día alguna prerrogativa, por ser hombre de estudio, pues ya no se le ocultaba el fin de aquel joven; y ya, José su padre, ni María su madre, ni hermanos ni parientes, no lo vieron hasta la edad de 30 años, en que habiendo agitado a Jerusalén con manifestaciones populares en las que les enseñaba la libertad, el Sanedrín lo sentenció a la cruz, por atentar contra la ley de Moisés; y revestido y protegido, salió de la ciudad, fuera de la cual, el poder sacerdotal ni el Sanedrín, no tenían acción, pero sí influencia.

304.—Pronto tuvo público y discípulos; y cuando llegó el tiempo de las abluciones, se fué para ver a Juan y es natural que hiciera Jesús, lo que todos, o la mayoría de los ablucientes hacían, por el deseo de oír de cerca la palabra de Juan, llamado el Solitario; y Jesús llegó a él, mirándole fijamente, lo que Juan advirtió y Jesús le manifestó el deseo de hablarle y se retiraron juntos, comprendiendo el uno y el otro, que los dos eran los venidos, por lo que acordaron estar ya en contacto y hacer que se conocieran los discípulos de ambos.

305.—Al día siguiente, la prédica de Juan varió y dijo por vez primera: “Yo soy la voz del que clama en el desierto y otro viene detrás de mí, sobre el que descansa el Espíritu del Padre, ante el que los cielos y la tierra se inclinan; estar preparados, porque la justicia llega y de cuyo furor, nadie podrá escapar”.

306.—Desde entonces, Juan, arremetía con más bríos aún, porque ya tenía sucesor y había acuerdo en la parte de cada uno; pero esta prédica, exasperó demasiado a la impúdica Herodías que no podía convencer a Herodes para que acallara a su acusador.

307.—Herodías, entonces tramó su venganza, porque por causa de Juan, sufría algún desvío de su cuñado y amante Herodes; y sin conciencia ya, por el odio, aleccionó a su hija Herodiades, a la que empezó a meterle por los ojos de su tío, despertándole con su descoco y juventud, el deseo lascivo de la niña.

308.—Ya en este camino, Herodías, mandó una comisión de escribas a pretender de Juan que se callase de los amores de Herodes y Herodías y Juan les contestó: “No es lícito lo que hace Herodes con la mujer de su hermano”. Y Juan fué preso en el castillo, de donde no saldría.

309.—Juan mandó de seguida aviso a Jesús, de su prisión, lo que no le extrañó, pues él mismo, oyéndole predicar, le había dicho: “Poco tiempo puedes contar siguiendo ese sistema tan duro para los supremáticos”, pero Juan era todo fuego y fortaleza y no había de dejar de decir la verdad por miedo a la muerte.

310.—Jesús, tan pronto recibió a los discípulos de Juan, que lo avisaron, lo comunicó a los suyos y éstos trataron de disuadirlo de irlo a ver, y él les dijo: “Yo no me acompaño de discípulos cobardes; esperar aquí que yo volveré, porque mi hora, aun no es llegada”.

311.—Lo acompañaron Santiago y Juan y Cephas, que los dejó fuera de la ciudad; Jesús se dió muy buena maña y medio disfrazado (porque aun allí no era conocido) penetró en la prisión de Juan y allí recogió Jesús la herencia de Juan, que era, sus discípulos y la confirmación de su misión de predicador de la libertad al pueblo humilde, de anunciar el reinado del espíritu y de prometer a los hombres, el Juez de vivos y muertos y al Espíritu de Verdad: y al despedirse, abrazados y bañados en lágrimas, Juan le dice a Jesús: “Pero date prisa “hijo de Dios”, porque tus horas también están contadas”. Y Jesús salió y marchó presto.

312.—Tres días más tarde, celebraba Herodes su onomástico y era ya, el 12 que Juan estaba preso; Herodías, en ese día, conseguiría su venganza y ante la corte del gobernador.

313.—Cuando ya tambaleaban los comensales por la embriaguez, Herodías, hace salir a la aleccionada chicuela, del modo más provocativo, incitando a Herodes, el que la solicita ofreciendo cuanto se le pida: la chicuela, lo expone a su madre que era lo que esperaba y Herodiades vuelve haciendo piruetas y contorsiones y pide por su posesión la cabeza de Juan el Solitario.

314.—Herodes tembló; pero la embriaguez, el perfume de aquella juventud provocativa y su promesa de dar lo que se le pidiera, cerró los oídos a la voz de la conciencia y dió la orden, y.... cinco minutos más tarde, el verdugo, preséntales en la bandeja aun con los ojos abiertos, aquella cabeza sublime donde estaba impresa la ley divina y un horror acusador se apoderó de todos, hasta de la descocada Herodiades. ¡Tal es la obra del odio originado por una pasión!.

315.—Ha caído al filo de la cuchilla y bajo el poder civil, el más fuerte de los 29 misioneros; el que nunca se casó con la hipocresía. Jesús, que comprende que queda solo en descubierto, llora y llegó a demacrarse tanto, que temían sus discípulos por él; más Jesús, cuando la materia perdía su vigor, el espíritu se descubría más fuerte y sostenía la lucha más titánica de su existencia. Era entonces que necesitaba un consejo y oía el llamado de su madre, desde Nazareth, que al saber del fin de Juan, mandó a tres de sus otros hijos por las casas de su familia, para que disuadieran a Jesús de su empeño; y aun, Efraín, que era el segundo hijo de María, predicó en contra de Jesús y declaraba “que no era hijo de Dios, sino como él, hijo de José el carpintero y de Nazareth”.

316.—Es esta la primera y única vez, que Jesús sintió necesidad de ver a su madre, para persuadirla de “que la ama intensamente; pero que no puede retroceder ni anteponer su amor de hijo al amor de hermano de todos los hombres”: Y fué a Nazareth, llevando consigo a sus dos primos Juan y Santiago y dejó a los demás, reunidos, hasta su vuelta.

317.—Llegado a casa de su madre en la que no había estado después de su salida a los 12 años (no estando ni aun a la muerte de su padre) los hermanos, sobre todo Efraín, lo insultaron y le hacían cargos, de que deshonraba a la familia con su nombre de “Hijo de Dios” y de su vida bohemia, y que nada había ayudado a la casa, ni a su madre viuda, que ya se iba quedando sola, porque cada uno cumplía con la ley, formando su hogar y casa, lo que ni siquiera había hecho él, como corresponde a todo hombre.

318.—Jesús sufrió aquel chaparrón, con el estoicismo del convencido y sólo dijo a sus hermanos: “Tenéis razón y honráis la ley cumpliéndola, ¿más quién os dice a vosotros que yo no cumplo la ley? La ley tiene muchos grados y muchos cargos para los hombres y cada uno ha de afrontar y cumplir el suyo; y porque mis hermanos cumplen, me honro en ser su hermano; y si vosotros hoy me reñís, luego mostraréis que me amáis y sabréis que no me he equivocado”.

319.—Efraín se sulfuró y cerca estuvo de levantar la mano; pero María apareció y Efraín bajó la cabeza, en tanto que Jesús se mantenía firme en su propósito y le decía a Efraín.

320.—”No se avergüence mi hermano, en ser de mi familia; pero sepa que soy mayor y libre y nada ni nadie, me hará retroceder de mi deber; pero no vendré más, para no causaros desazones”.

321.—María iba a suplicar, pero adelantándose Jesús, la rodeó por la cintura y con lágrimas los dos, la retiró a un rincón del jardín; y con la cabeza sobre los pechos de su madre, quería infundirle el intenso amor que le tenía; pero podía más en él el amor a la humanidad toda, comunicándole el encargo de Juan y que no le arredraba, si tenía que soportar la afrenta de la cruz; quedaron los dos postrados y abatidos. Al fin, María, comprendiendo la convicción de su hijo, le dió el beso de paz y llevándolo de la mano, a donde sus hermanos discutían con su tío Jaime, hermano de María, el que estaba conforme con Jesús, porque, “conociendo el peligro, decía, no se arredra; esto manifiesta su confianza y la convicción de la causa que defiende”.

322.—María, que ya estaba convencida, no conforme, pero sí resignada, dijo a sus hijos: “Hijos míos, Jesús tiene razón y hay que acatar la voluntad del Padre y sólo me resta hacer una petición”. Y fué la mayor sorpresa.

323.—Dirigiéndose a Jesús, dice María: “puesto que estás tan convencido de tu misión y tienes discípulos, aquí tienes a tu hermano menor, que ya, joven y solo, poco puede hacer en el taller; llévalo contigo y admite por mí, a mi hermano y tu tío Jaime, que tenga de vosotros el cuidado que vuestra madre no podrá tener y así mis sufrimientos serán menores, porque unos a otros os auxiliáis”.

324.—El asombro de todos fué tal, que Efraín se marchó sin despedirse de su madre; era duro de corazón: Jesús lo contempló con dolor en su retirada diciendo: ¡Pobre hermano mío! ¡Una oveja más que recoger!

325.—Jesús tomó las manos del joven Jaime y comprendía el sacrificio de la madre, al quitarse aquel consuelo; pero también sabía que aquél sería la llave de la unión de todos, porque como el Benjamín de tan gran familia, todos lo adoraban y María, vivía por su vida. Jesús tomó a su hermano, como discípulo, y a su tío, para compañía del mozalbete y cuidado de los dos.

326.—Este acto de María, encierra un secreto tan grande, que no debe el hombre ignorarlo; en él se vé la fuerza de la Ley Dominadora y el heroísmo del amor.

327.—María amaba a Jesús, tanto más, cuanto la hacía sufrir él por el despego de la familia y porque no se le ocultaba el fin que tendría Jesús; y María, una vez que sus ruegos de madre y los afectos desplegados de María de Magdala, no lo pudieron reducir y retirar del peligro, pero sobre todo, la confesión de Jesús de, “que no podía anteponer el amor de hijo, al amor universal de los hombres”, María se sacrifica primero y del todo por toda la humanidad, que Jesús, que se creía en el deber de redimir al mundo por la libertad que predicaba. Recibe Jesús el sacrificio de la madre y al aceptarlo, significa recibir a la madre, como Jefe de la misión; y es tanto más misterioso, cuanto que María, madre de 7 hijos por maternidad y madre adoptiva de otros cinco que José le llevara a matrimonio los que la amaban si cabe, más que sus legítimos, todo lo sacrifica y a todos les pide y así se lo encomienda a su hermano Jaime, que pida a toda la familia la ayuda para Jesús y excepto Efraín, todos recibían en sus casas a Jesús y sus discípulos; esto os explicará, que Jesús, a menudo estuviera de banquetes, porque la familia directa, eran todos los hijos de José y María y los hermanos de María que con ella eran diez y de ellos, varios seguían el pastoreo, como su padre Joaquín.

328.—Aquí queda ya deshecha aquella gran casa del carpintero José, por que el último vástago sigue a Jesús; y María, juntándose con la de Magdala y su hijastra Cleophas, que vimos en el templo cuando la travesura de Jesús, le seguía de cerca y las tres trabajaban para que Jesús no sufriese antes su martirio; aun se encontró una cuarta mujer, que sirvió de guía y compañía y descanso a las tres Marías; la Samaritana, que servía de aya en una granja del gobernador, en la que descansaban aquellas mujeres cuando llegaban de paso.

329.—¡Oh ley inflexible, que colocas todas las cosas en su punto y al fin, doblegas y sometes a los seres por recalcitrantes que sean; yo te comprendo y te adoro sin temor; que los hombres te comprendan y te amen y ellos serán regenerados! ¡Bendita ley que tanto mayor es tu amor, cuanto más rigor hay en tu justicia! ¡Tú triunfas siempre!...

330.—¡La Samaritana! Que habla con Jesús, el que le pide agua del pozo y ella no comprende al sediento que dice: si “yo te diera de beber de mi agua de vida eterna, jamás volverás a tener sed”, corre a su señor, maravillada de lo que ha oído que no comprende; pero sí comprendió que la reprende por que había tenido seis maridos y tampoco el séptimo era suyo. ¿Era esto cierto? Sí que lo era. ¿Porqué podía saberlo Jesús? Podía saberlo porque era público y ese hecho no constituye adulterio, porque con ninguno de sus amantes se obligó en ley de los hombres: pero no era ese el motivo de que Jesús lo supiera.

331.—Jesús, tenía desarrolladas y activas todas las facultades del espíritu que hoy el hombre y la ciencia conoce por facultades medianímicas; y cuando está en la Justicia, el espíritu descubre a su materia los secretos, en cuadros reales; y aquí Jesús, en su materia, vió a aquella bella mujer; aquella Iris, que ocho siglos antes la diera en premio el Areópago de Grecia, la que acusó al sabio Antulio y que la justicia fatal los ha hecho encontrarse, cuando el uno está otra vez cerca del sacrificio y la otra, por la continua voz que sigue oyendo en su conciencia “Te perdono”, como antes lo acusó injustamente, ahora ha de mover todo lo que esté en su mano para salvarlo; pero antes, entonces, y hasta que tengan predominio los sacerdotes, nada conseguirá la Justicia; porque el sacerdote (como hombre tiene sentimientos y perdona como todo hombre) pero como sacerdote, por dogma, jamás perdona y siempre espera la religión la venganza; no importan los siglos.

332.—La Samaritana, ya corrió detrás de Jesús y él la veía seguirlo y muchas veces la requirió para que se retirara; pero ella, entre matas, o como fuera, lo había de ver pasar. Cerca ya del día de los hechos del Gólgota, se encontró con la madre de Jesús, jadeante, demacrada, sin poderse sostener; la introdujo en casa de su amo (donde la Samaritana no pedía, mandaba, por el entrañable afecto que le tenía un niño del gobernador, que no podía estar sin su aya), y el señor recibió a María, la obligó a descansar, la consoló y la auxilió durante su reposo; entre tanto, la Samaritana, todos los días vigilaba a Jesús y los conciliábulos que contra él se hacían.

333.—Jesús, debido a la influencia de los sacerdotes de Jerusalén, se veía acosado por los Escribas y Fariseos; pero el temor de éstos, porque el pueblo lo rodeaba y temían que se levantara contra ellos, ya que el poder civil no reprimía a Jesús, porque no faltaba a la ley, lo hacían andar de pueblo en pueblo, para evitar manifestaciones que podían adelantar los hechos que Jesús ya veía inevitables y sólo buscaban los sacerdotes, la ocasión de acusarlo por conspirador del Imperio, porque, aun que lo acusaron de sedicioso de la religión, las leyes civiles, nada tenían que hacer; y Jesús, que ya había instruído a sus discípulos y tomado la bastante autoridad sobre ellos para que sus doctrinas no murieran, quiso tomar un refugio espiritual y se dispuso a obtener un consejo. Al efecto, tomó a su hermano, a Juan y Pedro y se subió a la cima del tabor y a su evocación, se manifestaron materializados, su testador el degollado Juan, y Enoc; pero Juan, lo hizo en la figura del Profeta Elías, cuyos dos personajes eran conocidos por las escrituras; y Jesús en su potencia psíquica, se iluminó con su misma aureola, quedando confortado del consejo que recibiera, para afrontar ya de lleno las consecuencias de su predicación, en contra de la opresión religiosa y de la supremacía.

334.—A los pocos días se dispuso para ir a Jerusalén y predicar en la Sinagoga; y estando enseñando su doctrina, los Escribas, lo quieren sacar porque no ha pagado el impuesto de Maestro; Jesús se desató contra los arbitrarios diciéndoles:

335.—”Vosotros os apoyáis en la fuerza bruta por la ignorancia que os empeñáis en tener al pueblo; mas llega el día en que el hombre verá la luz y vosotros no encontraréis dónde esconderos, ni nadie os dará auxilio; porque sois sepulcros blanqueados que el herrumbre y los gusanos corroen en su interior; hipócritas, que tenéis la boca llena de miel y el corazón lleno de ira y odio; déspotas, asesinos sin fé; vil majada de esclavos encadenados durante la noche; cueva infesta de bestias venenosas; despreciable caterva de gente embrutecida y apestada; sois el mundo que está por terminar y yo predico un mundo nuevo, una tierra prometida, la Verdad, la Justicia y el Amor; sois vosotros intérpretes de un dios vengativo; implacables provocadores de la muerte. Y la ciencia de la inmortalidad os dirá a todos, que mi Padre “es bueno, y que la vida humana tiene que ser respetada”.

336.—Aquí creyeron esos hipócritas encontrar la ocasión de detenerlo y le dijeron: “faltó a la ley” porque él solo se llamó hijo del Padre y la escritura dice que “todos los hombres hermanos son”.

337.—Jesús al ver que hacían alarde de sabios en la escritura, les replica: “¡oh hijos de víboras! Que os enroscáis sobre los hombres que embrutecéis, dar fé de sabios por las obras y no por las palabras, mas sabed que nadie puede llamarse hijo de su Padre si no cumple su ley, y yo la cumplo y doy ejemplo y llamo en el nombre de mi padre”.

338.—Los oyentes se iban sublevando y se preparaban a castigar y azotar con sus látigos a los Escribas y cortó Jesús su peroración diciéndoles: “No es esa la Justicia que yo os he predicado, guardar mis palabras que en su día recordaréis y dejar que me cierren las puertas de la Sinagoga, pero no pueden cerrarme las puertas del campo y el universo solo, es digno templo de mi padre”. Y Jesús salió de la ciudad.

339.—La Samaritana oyó y presenció la escena y corrió adonde estaban los discípulos de Jesús diciéndoles el peligro del Maestro y los ocultó donde más pronto le vino a la mente y los introdujo en la casa de Raab la Ramera, la que burló a los Escribas sacando aquellos hombres al campo por la puerta trasera de la casa, lo que dió motivo a que la apresaran para que presentándola a Jesús, la tuviera que sentenciar él, puesto que vivía aquella mujer contra la ley de Moisés, por la que debía ser apedreada: Jesús acabó de confundirlos diciéndoles: “Tenéis razón; según la ley debe ser apedreada, pero si alguno de vosotros, está limpio de falta, que tire la primera piedra”.

340.—Esta última tentativa, los desengañó que no podrían nunca prenderlo con motivo; entonces trataron de buscar el último recurso y al efecto, empezaron a buscar un falso acusador entre sus discípulos; pero la Samaritana vigilaba y los seguía y al fin, sorprendió escondida el conciliábulo, donde Judas Iscariote se prestó a entregar al Maestro y corrió al gobernador y lo comunicó y éste lo participó al Poncio, pero lo ocultaron a la madre, que ya repuesta, permanecía retenida en la granja, aunque ya nada se le ocultaba a María, porque veía las frecuentes salidas de Magdala y Cleophas y Magdala extremaba las manifestaciones de su amor, para hacer cambiar de actitud a Jesús y aun las consoló dándoles esperanza y diciéndoles que se marchaba a Bethania; aun un rayo de esperanza hubo en las mujeres y el Gobernador le aseguró a la madre: “que la Justicia civil, nada haría contra Jesús, porque no había faltado a la ley del Imperio; pero que todo lo temía del Sanedrín, que empezaba a agitar al pueblo contra Jesús y el pueblo en la ignorancia, es del último que llega”.

341.—La Samaritana, trataba de deshacer el plan trazado por los Escribas y por los sacerdotes con Judas: pero ¿quién será capaz de matar la malicia y odio de los sacerdotes, cuando esas dos cualidades son la razón de su existencia? Jesús había condenado la Religión; desmentido su poder y procedencia divina; descubierto al pueblo su derecho de libertad; apoyado al poder civil, en cuanto representa al pueblo; y esto, no podía perdonarlo el poder religioso, atentatorio del Imperio y la libertad y sobre todo, parásitos de oficio: Jesús declaraba que sólo el trabajo es la ley de la vida, que aunque en parábolas, el pueblo comprendía y negaba ya la contribución de los diezmos y primicias; esto no podía perdonarlo la religión y como no tenía apoyo en la ley romana para acallar aquel libertario, sólo en el asesinato legalizado para ellos los sacerdotes por el dogma, podían liberarse de su acusador y nada los haría retroceder.(13) .

Si nosotros no hubiéramos tenido en nuestras manos los documentos fehacientes de ese hecho, que por haberlos desempolvado de los archivos de la Escuela Esénica, se dieron a la publicidad en algunos periódicos, entre ellos, “La Razón” de Buenos Aires, bajo la firma de “Lob Nord” (pseudónimo) y con intenciones de que fuese refutado por los mistificadores de Jesús, (lo que no sucedió) se eligió para la publicación de ésa verdad, el mismo día que la religión católica celebra el prendimiento de Jesús, “Jueves Santo” del año 1915.

Si nosotros, repito, no hubiéramos tenido en nuestras manos esos documentos fehacientes, nos habríamos apoyado en las “Antífonas” de ésa misma religión en las que canta, “Jesús hijo de David, que han querido decir descendiente de David; lo que han tomado de la genealogía de la casa de Abraham, que Roma reconocía en su imperio, por el principado de Ur. Hoy, hasta el comercio cinematográfico explota ese hecho, muy mistificado por cierto, en la película “Ben Hur”

. Es pues, fundamental motivo para el filósofo, que libre de prejuicio puede deducir las causas de los efectos y sentar el punto de historia; pero, repito, teníamos la documentación de la que esos dos motivos surgieron y que sirven de afirmación categórica.

Digamos, pues: La Escuela Esénica, tiene los títulos de la casa de Ur. Ben, heredero del título y de la casa, por una debilidad de David que se deja seducir por la madre de Salomón (una de sus concubinas) abdica en Salomón, el reinado que pertenecía de Absalón, hijo de la hija de Saul, por la que David hereda el reino y de cuyo tronco legítimo descendía José, Padre de Jesús. Ben (del mismo tiempo que Jesús) desciende de Salomón, hijo natural de David (hoy sería por la ley civil hijo adulterino). Ben, repito, en la Escuela Esénica sabe, que Jesús, es el verdadero heredero del reino de Judá e Israel; y con los ancianos de la Kábala, disponen la proclamación de Jesús y la toma del templo, que es el trono del reino.

Todas esas disposiciones se hacen en el mayor secreto y es avisado Jesús de la decisión de la Kábala. Jesús por sí no aceptaría; pero su obediencia a la Escuela Esénica, no puede desobedecer y se pone a disposición. Poncio, lo sabe todo; pero esa proclamación de un rey, no contraría a las leyes del imperio y no tiene porqué oponerse y aun prestaría su concurso si se le pidiera, desde que esa proclamación, provenía de derecho hereditario.

Cuando Jesús les da esperanzas a las mujeres anunciándoles que va a Betania, es porque allí le esperan noticias de ese punto, pero del que no deja presentir nada a nadie. Ya, todo preparado, se ha dispuesto su entrada triunfal en Jerusalén, por lo cual, es cierto que hicieron arcos de palmas y olivo y otras plantas. Es el 22 de marzo y después de comer en Bethania, anuncia que va a Jerusalén. Le siguen sus discípulos con incertidumbres y extrañezas y las mujeres siguen de cerca. Cuando avistan la ciudad, ya se ven en las colinas y cercanos al templo, los ejércitos, mandados por el Príncipe de Ur. Ben, que pronto escoltan al séquito de Jesús, abocándose en la puerta de Jafat, de donde rompe la marcha el piquete que vitorea a “Jesús Rey de los Judíos” al son de trompetas y clarines. El pueblo lo aclamó y así ascendió hasta el templo, sentándose en el Trono.

Se oponen los sacerdotes y a la orden de Caifás, quieren resistir y hacen armas contra los soldados de Ur, que rodean el trono. Ha salpicado la sangre los pies de Jesús y se levanta y pronuncia estas palabras: “No es este mi reino” y descendió del trono. Los soldados de Ur, ante ese acto inesperado, contestaron: “Nosotros no queremos un rey débil” y se retiran. Queda Jesús solo con sus discípulos y con su situación muy agravada por el acto realizado y porque, al entrar, ha arrebatado el látigo a un guardián y con él echó a los comerciantes de ídolos y baratijas del culto que allí vendían, comercio de los sacerdotes.

Estos son los hechos. El resultado, es la catástrofe ya irremediable de Jesús, como hombre. Su amor demasiado para la humanidad, lo ha traicionado a él mismo. El odio sacerdotal subirá de grado y la humanidad, representada en aquel pueblo que lo aclamó, sufrirá las iras religiosas por dos mil años. Deduzcamos de esto como lógica consecuencia, que para que reine el amor, primero ha de reinar la justicia. Sigamos con el No. 342.

342.—Jesús, se vería ya cohibido y comprendía que ya no tenía objeto su vida; sabía por la Samaritana, su venta por Judas y hasta el día que sería, porque Judas sabía, que el Maestro, como en años anteriores, había de celebrar la Pascua y Jesús, ya se resignó a lo inevitable y trató de retirar a su madre, a la que consolaban las otras mujeres y hacían esfuerzos sobre el Sanedrín, por Arimatea y Nicodemus, los que en caso necesario renunciarían a sus cargos, porque por nada habrían de firmar la sentencia de muerte de Jesús.

343.—María, sabía toda la verdad amarga; pero en su amor, trataba de retardar el momento, hasta un segundo que le fuera posible, pero no se alejaba de Jesús, por si podía darle el último consuelo; y en último extremo, animarlo para que no decayera.

344.—Por fin, el domingo 22 de marzo (téngase presente el asterisco 1), empezaba la Pascua de los Acimos; y después de comer en Bethania, les dijo a sus discípulos, de dar un paseo hasta Jerusalén; a la entrada, junto al camino, había un pollino y como iban de buen humor, al viejo Pedro le dió la ocurrencia de decirle: Maestro, ¿quieres que te lo traiga y entrarás montado en él? A lo que Jesús se negó, y no es verdad que entrara montado, aunque sí es verdad que el pueblo le hizo una demostración, porque estaba reciente la tremenda filípica que diera a los Escribas cuando lo sacaron cerrándole la puerta de la Sinagoga; y esta manifestación, exasperó más al pontífice, pero mucho más por la proclamación de “Rey de los Judíos”.

345.—Jesús, meditaba sobre la falsedad de su discípulo Judas y no pudo menos de reconocer, que no había estudiado bien aquel espíritu, un tanto apasionado y pagado de sí mismo y celoso por temperamento, estaba resentido de que las caricias del Maestro fuesen más singulares con Juan; de esto, llegó a acusarse Jesús en sí mismo y trató de atraerse a Judas, haciéndole comprender que “la virtud y la sabiduría consiste en vencerse a sí mismo”; pero a Judas, ya le había picado la serpiente y el veneno que cae en el corazón, mata la conciencia o la adormece y sólo cuando se ha satisfecho la pasión se cura.

346.—Sin embargo, Judas vacilaba; pero estaba ya preso su sentimiento por la mordedura y por más, sentenciado a muerte si no cumplía su juramento, firmado por recibo de dinero, que es lo que constituye la agravante de su falta; y en cualquier caso, Judas ya estaba perdido, porque también había formado su propósito, de no sobrevivir; esto era otra agravante de la ley de la vida.

347.—Como las cosas caminaban a pasos agigantados, Jesús, tuvo miedo de que no le dieran tiempo de celebrar la Pascua, en cuyo momento quería hacer a sus apóstoles el nombramiento de tales y darles el mandato de predicar lo que de él habían aprendido; y adelantándolo, quizás frustrara a los sacerdotes y se convenciera Judas de su falta y no la cometiera.

348.—En este pensamiento, mandó decir a Simón, en el Monte de las Olivas, que le preparara la cena, porque el jueves quería celebrar la Pascua y se trasladó allí, lo que sorprendió a las mujeres. María, corrió y se encerró procurando oír cuanto pasaba y de todo se enteró sin ser vista; pero antes de salir del Cenáculo, la vió Jaime su hijo, al que le dijo: “Hijo mío, cualquier cosa que ocurra, aquí te espero”. ¡Pobre madre!...

349.—Lo que pasó en la cena, es sencillamente que, Jesús tomó el pan y lo partió; puso vino en los vasos y les dijo: “cuando yo faltare, haced esto en memoria mía y pensad, que el pan y el vino es mi cuerpo y mi sangre; y yo estaré entre vosotros” (Palabras tan mal interpretadas por Juan y peor entendidas después, para consagrarlas en el más irracional misterio dogmático). “Ejemplo os he dado; y no sólo con las palabras, sino con el ejemplo me habéis de representar; y cuando dos o más os reuniréis en mi nombre, yo estaré entre vosotros; id en mi representación y predicar la justicia, la Libertad y el Amor, si no con mis mismas palabras con el espíritu de ellas; y cuando las habréis olvidado, yo volveré a repetirlas; recordad en todo momento las promesas que hice para luego, cuando he dicho: “Yo vengo en nombre de mi Padre y no me recibís; mas otro vendrá y a aquél sí lo recibiréis”; pero en aquel día, serán pesadas todas las cosas y el Espíritu de Verdad confirmará mis palabras: “No todos los que me oís, están limpios de corazón; pero yo resucitaré al tercer día de mi muerte y serán confundidas las tinieblas, pero como yo perdono, perdonad”. Bendijo el pan y lo dió.

350.—Tenía a su izquierda a Juan y a la derecha el más joven de sus hermanos y apóstoles; y Pedro, intrigado por aquello de que no todos los que le oían eran limpios de corazón, incitaba a Juan para que le preguntase quién era el sucio y traidor y las miradas de Pedro delataron a Judas, el que, desazonado mientras organizaron una gira por el Monte, que a la puesta del sol se mostraba en toda su belleza, Judas desapareció; al notarlo Jesús, comprendió que su hora era llegada y trató de retirarse para evitar el primer ímpetu del encuentro y para entregar en la Kábala lo que ya no le serviría y no debía caer en manos enemigas.

351.—Jesús lloraba, con sudor y congoja: Jaime estaba preocupado y le decía a Juan su primo: presiento malas cosas, porque mi madre, me ha dicho al salir: “cualquier cosa que ocurra, aquí te espero”. Y en esta relación se oyen pasos y golpes de lanzas y allí estaba la guardia del Sanedrín con Judas Iscariote, el que se acercó a Jesús que venía al encuentro y le dijo el saludo acostumbrado, dándole el beso, que era la señal convenida y Jesús fué maniatado.

352.—Pedro quiso hacerse fuerte, pero la resistencia habría sido inútil. Jaime, loco de dolor, corrió hacia la casa de Simón, donde esperaba su madre y ya, María, todo lo comprendió y cayó en terrible sopor, llegando luego las otras mujeres y Arimatea, para que Simón los retuviera, a Jaime y a su madre. El, se fué a casa del Poncio y llegó Nicodemo, que hicieron renuncia de jueces del Sanedrín, creyendo que ya no habría tiempo de nombrar otros y por lo tanto, no se podría juzgar a Jesús y habría tiempo para obrar.

353.—Dicen que Poncio y su mujer, en sueños vieron todo el horror de la tragedia; más no fué en sueños, porque Pluvia, era una médium bien desarrollada y cayó en posesión, imponiendo y recordando a Pilatos su cargo como Espíritu y la misión que había venido a desempeñar y todo lo que Jesús y los suyos habían realizado en cumplimiento del acuerdo de los consejos del Padre y Pilatos esperó que le trajeran a Jesús.

354.—La entereza de Jesús ante el pontífice, provocaba más sus iras; entre tanto habían salido los Escribas a soliviantar al populacho, al que en cada momento lo instigaban con patrañas y de que el Nazareno, quería ser el Rey de los Judíos; que había querido abolir la ley de Moisés, que protegía a las adúlteras, que atentaba contra el pontífice y que por todo, se había llamado él solo, hijo de dios y quería hacer creer que él era el Cristo.

355.—Razón tenía el gobernador cuando dijo: “que temía al pueblo, por que es del último que llega”; y aquí, incitado por la claque escriba y farisaica, el populacho vociferaba y pedía la crucifixión; seguía a la comitiva que conducía al reo de casa de Anás a Caifás, donde ya se le sentenció a muerte, por blasfemo, al contestar al pontífice: “Tú lo has dicho”.

356.—Es por fin llevado a Pilatos y un momento fué ocultado Jesús del populacho enloquecido. Aquí es interesante saber, lo que pasa entre Jesús y Pilatos.

357.—Recibe Pilatos los autos y leídos, les dice a los Escribas y Sacerdotes: ¿Por qué acusáis a este hombre? ¿Porqué lo traéis a mí, si no ha faltado a la ley del César? —Ha blasfemado; dijeron.—Eso, a mí no me incumbe—, contestó Pilatos.—Ha querido derribar al César; repitieron.—Mostrad cómo, dijo Pilatos. Y refiriéronle el pasaje de aquel publicano, ante el que había dicho Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pilatos contestó: “Eso es justicia; y si no tenéis otra acusación, este hombre es inocente”.

358.—Los sacerdotes entonces, hablaron al pueblo diciéndole que: “El impostor Nazareno era el demonio que engañaba a Jueces y Sacerdotes” y preparaban a aquella jauría rebuscada, a imponerse y pedir la sangre del Nazareno, en tanto que Pilatos salía al balcón y decía lavándose las manos: “Inocente soy de la sangre que pedís; este hombre es inocente de lo que le acusáis”. El pueblo contestó: “Caiga su sangre sobre nuestras cabezas y sobre las de nuestros hijos”.

359.—Comprendiendo Pilatos lo inútil de sus esfuerzos para librar a Jesús de la muerte por vías judiciarias y del derecho, retiróle a uno de sus cuartos y a solas le dijo: “esta noche he visto yo y mi esposa la verdad; sé como tú lo que te propones; el triunfo de la libertad, que me agrada como hombre; mas las cosas han llegado a un grado crítico y no hay más que un remedio, que es el caso extremo de la ley del imperio, por el cual puedes librarte de la muerte, si esto te es provechoso para tu causa: Dime pues, ¿tienes aun medios de triunfar? Si los tienes, sal por esa puerta, aléjate y yo levantaré las armas y reprimiré con la fuerza a los sanguinarios”.

360.—”Todo poder viene de arriba”; respondió Jesús. “Mas ya no tengo medios de triunfar por la prédica, porque ya lo he dicho todo; y si tú me libraras a mí, te arrastrarían a tí y yo no tengo ya porque huir de la injusticia humana”.

361.—Mas yo tengo el deber, dijo Pilatos, de intentar acallar al pueblo con la pena menor y tal vez se dará por satisfecho; y lo entregó al azote para que mostrado al pueblo, se diera por satisfecho; pero instigado éste, al verlo, volvió a pedir su muerte, crucificándole. Pilatos, no podía hacer más y lo devolvió al Sanedrín, sacándolo inmediatamente camino del calvario, con la sentencia de ser clavado, para que muriera antes de la puesta del Sol, en que entraba la Pascua. No subió Jesús la cruz al hombro ni de otra forma porque no podía ni lo intentaron; y, a las 12 del día viernes 27 de marzo, el eco de los martillos corría de monte a monte, sacando de la postración a María, que corrió sola al Gólgota, donde ya se había levantado la cruz con el cuerpo de Jesús, que, al caer de bruces al pie de él, Jesús y su madre, oyeron un terrible juramento del joven Jaime, que poniendo su mano sobre la piedra que recibía la sangre de su hermano y mirando al cielo, dijo con voz fuerte y tranquila: “Has sido, hermano mío, tratado y culpado de Cristo y yo juro al Padre, ser el Anticristo”. Y Jesús, desmayado y su espíritu, casi emancipado, comprendió la causa y la fuerza del juramento hecho tan solemne y quizás vió en él, el triunfo de la causa de la Justicia; por lo que, llamando a sus fuerzas últimas, dijo: “Mujer — dirigiéndose a su madre — ”he ahí a tu hijo”: y para evocarlo todo y por primera vez en su vida, recordó Jesús y pronunció el nombre sagrado del testamento de Abraham: ¡Hellí, Hellí! e inclinó la cabeza.

362.—Jaime cayó al pie de la cruz; era aquel el que entonces necesitaba consuelo y fuerzas, pues se había cargado con lo más terrible de los secretos que Israel guardaba; pero aquello mismo lo obligaba a salir de entre aquellos reptiles; porque si supieran, que aquel jovencito era desde aquel momento, al descubierto para el mundo, El Anticristo, cuando el cristo empezaba a darles satisfacción a los sacerdotes, no habrían hecho con él como con Jesús, si no que hubieran ideado una muerte capaz de amedrentar al espíritu más fuerte. Mas ya sabe el mundo que hay un juramentado para derribar al cristo y librarlo de su peligro; eran las tres de la tarde, y bajo un fuerte sol y azulado cielo, quedaba aquel grupo, compuesto de María madre de Jesús y Jaime en sus brazos al pie de la cruz. María Magdala y Cleophas y Juan y Pedro, anonadados y asustados, cuando subió el soldado Longinos, a cumplir la orden de ultimar los reos. Perniquebró a Dimas y Gestas, que habían sido crucificados también: pero a Jesús llevaba la orden de lancearle el corazón. Longinos, de horror, puso la punta de la lanza en el pecho y al apretar no miró; no había tocado el corazón; pero oyó el quejido de Jesús y pensativo se retiró. Llegaban en ese momento José de Arimatea y Nicodemo, con permiso para recoger el cuerpo de Jesús y sepultarlo, cuando se anuncia un temblor de tierra, por cuyo pánico, los pocos curiosos que quedaban sobre el monte de las calaveras, huyeron asustados gritando: “Verdaderamente era el hijo de Dios y nos castiga”. Descienden el cuerpo de Jesús y se cercioran que vive. Aprovechan la soledad y la noche y trasladan con todo sigilo al ajusticiado, a la Escuela Esénica; más Jesús no quiere curarse, porque entiende que su muerte debe dar el triunfo a sus doctrinas. Está hecha la promesa de la resurrección y podría ser aprovechada esta ocasión, pero no sería gloriosa y fantástica como lo quieren los dioses religiosos. No les faltaban medios de obrar a los sabios, magos y alquimistas de la Kábala. Arimatea recoge la sábana en la que envolvieron al cuerpo de Jesús y la encierra en el sepulcro que cerca del Gólgota tenía preparado para sí mismo y queda fraguada la fantástica resurrección que el ignorante pueblo espera y que los sacerdotes, sin desmentirse ellos mismos, no se atreverán a desmentir: Pero ya, es necesario hablar y sostener que Jesús había muerto, para seguirles una comedia de burla a los Sacerdotes, que sabiendo cómo alquímicamente, o magnética, psíquica, o espiritualmente, se pueden representar actos, en apariencia sobrenaturales para el pueblo ignorante, idólatra y fanatizado por los Sacerdotes, que la Kábala se propone, en castigo y burla, efectuar. (14).

363.—María, Jaime y las otras mujeres, seguidas de Pedro y Juan, se trasladaron a casa de Simón y María guardó el luto; al tercer día, esperaban (no los apóstoles) sino el populacho, la resurrección; los apóstoles, sabían en qué consistía la resurrección, que es el despertar el espíritu del letargo natural que sufre en la desencarnación, pues estos eran los secretos que Jesús les comunicara; y como había que temerlo todo de aquel pueblo fanatizado por los sacerdotes, hubo el acuerdo entre María de Magdala, José de Arimatea y Nicodemo, de obrar lo necesario en todo secreto, lo que verificaron en la noche del 29 al 30; para lo que hubo que anestesiar a los guardias, cosa no difícil; pues los soldados, en todo tiempo, toman de quien sea una copa de vino; pero al despertar de la embriaguez y ver la piedra quitada, ellos mismos corrieron a la ciudad y para no acusarse ellos de complicidad, dijeron a los cuatro vientos que como lo había dicho, Jesús había resucitado. Un temor horrible se apoderó del Sanedrín y los sacerdotes, no por la resurrección, pues sabían que no cabía, pero ¿cómo le dirían al populacho la verdad, cuando de los secretos de sus patrañas dogmáticas depende la vida de las religiones y la existencia, por tanto, de los sacerdotes?.

364.—Sin embargo, los apóstoles, aprovecharon ese miedo del Sanedrín y los sacerdotes y predicaron la resurrección. Así quedaba latente la lucha y habrían triunfado pronto allí, si no fuera las acusaciones de los sacerdotes al César, contra Pilatos, de que protegía a los discípulos de Jesús, los que mantenían al pueblo latente, con peligro para el Imperio. Poncio, a los recados que recibió del Senado, sólo contestó: “Soy inocente de toda acusación y cumplo la Ley” (no dando más explicaciones por no ser acusador de insensatos), y Pilatos fué retirado y se vió libre de aquellos bebedores de sangre. Pero es que, Pilatos, nada más tenía que hacer como espíritu y era testigo de aquellos hechos, para cuando vendría como Espíritu de Verdad.

365.—Mucho hay que decir aún sobre esta etapa azarosa que se abrió en el Sinaí y termina en el Gólgota; pero la siembra es hecha. Mas lo esencial de la historia ocultada está descubierto y los hombres saben la patraña Cristo y lo real del Anticristo y les queda la razón para poder juzgar a través del dogma y de la sinrazón del milagro, si es que se limpia del prejuicio religioso, del temor de sus dioses, por que, el que se les ha predicado, es sólo Padre de Amor y sin figuras ni templos ni sacerdotes, porque no son ni constituciones, ni estado; pero en su imperio de maldad y concupiscencia han llevado siempre al estado al peligro, a la lucha de clases y a las guerras fratricidas, en cuya fecha de la tragedia del Gólgota, queda en ese hecho en cuadro apoteósico, el resumen de las guerras y asesinatos de la religión y supremáticos. Tengámoslo en cuenta para juzgar al final de la etapa que vamos a atravesar bajo el imperio del Cristo, nacido y cimentado en sangre.

366.—Si es cierto que las guerras han traído siempre un nuevo despertar, no es decir esto, que las guerras sean necesarias para el progreso; son sí, necesarias, para matar la causa que las produce, porque lo que adelanta el hombre por el escarmiento que recibe, lo pierde la causa de la razón de la guerra, porque el hombre llega a odiar la guerra y se vuelve contra el que lo lleva a la guerra, sea estado civil o religioso, como lo veremos al final del examen de los siglos del cristianismo que entramos a examinar y decir, lo que el mundo ignora, por habérselo ocultado la religión y los feudos de la religión.

Nota al pie 9: Esa es la suma verdadera de siglos, consumida por los primitivos: Afirmación que hacemos porque algunos, muy sutiles, nos han advertido de “error” en algunos libros que aparece la fracción de millar y centena redondeada. En la actualidad agregamos los 57 siglos desde Adán y Eva y contamos 44.999.257 siglos que el hombre existe en la tierra.

Nota al pie 10: Ver el asterisco del No.211, importante para traerlo a memoria aquí.

Nota al pie 11: Isaías está hablando en nombre de Jehová. Por tanto “Volveré presto” lo dice Jehová y no Isaías para sí.

Nota al pie 12: Esa obra, intitulada “Buscando a Dios y Asiento del Dios Amor”, escrita antes que “Los extremos se tocan” está todo ese estudio bajo rigurosa deducción Filosófica de causas y efectos. Aun duerme en el archivo.

Nota al pie 13: Aquí corresponde el punto político que la Kábala (Escuela de los Esenios) preparaba y del que hemos hecho historia en la “Filosofía Austera Racional” en el Capítulo Segundo. Párrafo IX “Juan el Solitario y Jesús de Nazareth”, de páginas 82 y 85. Aun cuando debéis recurrir allí, no podemos menos de dar este asterisco aquí y sin interrumpir la numeración del texto, recopilar lo más trascendental de ese acto, por el cual, Jesús, es proclamado “Rey de los judíos”.

Nota al pie 14: En nuestra “Filosofía Austera Racional”, hablamos más sobre ese punto: aquí nos concretamos a lo que el vulgo ha creído.