LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO QUINTO
Desde Adán hasta Moisés

137.—Ya va en marcha pujante la raza Adámica; ya llevan por todas partes la doctrina de Shet, llamada luego, Vedanta; Veda, o de Adán y Eva, permitido en ley, porque Shet era su hijo; y lo que es de los hijos, es de los padres; como lo de los padres, es de los hijos en ley natural.

138.—Mas se iniciaron matanzas de odio, porque los primitivos (esto fuera de la India) en cuanto veían un ejemplar de la raza nueva, era su bocado codiciado para sus dioses y servidores, por lo que, en ley, el Investigador, autorizado para ello por sus poderes y previa venia del Consejo del Padre, prohibió la reencarnación de los espíritus primitivos; hasta que hubieron encarnado y dejado semilla metamorfoseada, todos los desterrados, que aunque eran supremáticos, eran sabios y comprendían la ley Veda, o Shética, porque no era otra que la que no habían querido acatar en el mundo del que fueron desterrados, al tiempo de su liquidación.

139.—No ignoraba el Investigador, que aquellos espíritus eran supremáticos, pero tenían conciencia de lo que habían perdido y de que eran más fuertes los primitivos de la tierra en fiereza supremática, y llevaban siempre la fija de perder, si no acataban aquí tampoco aquella ley; y así, encarnaron y procrearon los caídos, muchas generaciones, hasta cubrir la tierra, estando entre ellos siempre, como hombres, los misioneros; que para no desarmonizar, tenían que ir reformando costumbres por el progreso, sin abolir religiones e instituciones, sino debilitándolos, tanto como reforzaban la raza nueva y el imperio de la justicia.

140.—Se podría objetar aquí, que se coartó la libertad a los primitivos; pero no es así, porque lo que se hizo fué prohibir el libertinaje que era lo que tenían; del que aun tenemos restos que afean la obra del progreso; tal era el desarrollo del libertinaje; y además, el Investigador, si había de regenerar a la humanidad, en el tiempo que le marcaba la ley, muy perentorio por cierto, comparado con más de 44 millones de siglos que existían sobre la tierra aquellas figuras de hombres, que cada vez se refinaban más en el libertinaje. No podía la ley negarle ningún medio conducente al fin deseado e impuesto por la misma ley; y sobre todo, se había venido a investigar la liquidación y esto, en toda ley, pone en entredicho a los investigados. El entredicho, es la suspensión de garantías sociales y constitucionales; y en esos casos, sólo hay por ley, las disposiciones del Investigador. Registrar todos los códigos de la tierra y veréis escrita esa doctrina y apoyada por el pueblo.

141.—Se les retuvo, pues, por un bien mayor para ellos, puesto que así, aunque conservaban en su espíritu todas las tendencias, efecto de la causa materia, que se las originó; purificada un tanto esa materia (por el uso de los desterrados), cuando volvieran a encarnar y con lo que se les había enseñado como espíritus y la mayor malicia que habían de heredar en sus cuerpos, se llegó a la convicción, de que la tierra, la humanidad de la tierra, matemáticamente, en el tiempo marcado en su rol, estaría en mayoría el número de regenerados y Shet, previo consejo de familia, así se lo ofreció al Padre, durante la existencia de Noé, cuyos hijos, hermanos, mujer y nietos, eran los mismos 29.

142.—Por este hecho, pudo Moisés decir, que el Padre le prometió a Noé que no habría más diluvio; y que podía dar suelta a los animales que guardaba en el arca, lo que quiere decir, que se había puesto orden, por dominio, en la jaula que estudiamos al principio; y por tanto, se habían sujetado las aguas del diluvio de las pasiones; y entender que, sujetar, no es dominar; sino retener los efectos, de sus causas, dando tiempo a preparar el dique que las contenga en equilibrio con la menor presión posible, como hace el ingeniero en sus tanteos, donde ha de fundamentar un dique importante y luego, toma todas las medidas y por fin, elige científicamente los materiales; es este paso, el que quiere representar Moisés, en Noé y su familia.

143.—Que fué acertado el plan del Investigador y aceptado por los consejos del Padre, lo dice el hecho histórico y material del Testamento de Abraham; cuyo documento, alianza entre el Padre y sus hijos de la tierra, le fué dictado a Abraham, por el Maestro Espíritu de Verdad, donde le promete, que en su hijo, multiplicará su simiente, sobre toda la faz de la tierra.

144.—Ese documento fué escrito por Abraham, en una piel de cordero y sabréis donde luego lo quedó con otro instrumento; pero será en su día aunque muy pronto; pero os aseguro (lo que ya sabéis), que ese documento pasaba sólo al primogénito jefe del pueblo que fundó Jacob, nieto de Abraham.

145.—Jacob, hijo de Isaac, no era en ley humana el primogénito en nacimiento; pero lo era en ley divina, por concepción, y aquí hay hondo misterio. Hay una coartada del Jefe supremático de los espíritus primitivos y no es de este libro; es mucho más profundo su estudio y donde corresponda romper ese velo, se romperá; por lo que dejo este caso, poniendo a vuestra consideración, tres casos de aquella familia, para que vayáis viendo, que algo anormal pasaba, para que de los dos gemelos, el primero fuera todo peludo y oscuro y el segundo rubio y blanco. Siendo Isaac joven, fuerte y blanco y Rebeca, hermosa y exuberante, blanca de carnes y cabello castaño; y el otro caso, que antes de llegar a sacar los pies el primero del vientre de la madre, saca las manos el segundo, asido del calcañal de Esau; y por fin, que antes de la mayor edad de ellos, Isaac queda ciego y así bendice a Jacob, como primogénito, preparado por su madre, que debe querer al igual a los dos; pero las madres tienen muy clara percepción de las cosas del Creador y sobre sus hijos, rara vez y ninguna vez se engañan; y Rebeca no se engañaba, porque Jacob era el Espíritu del mismo Shet, el Investigador.

146.—Es cierto, que Abraham subiese al monte a sacrificar a Isaac; porque habiendo recibido la promesa de multiplicar su simiente, cuando aun no tenía hijos de Sara, lo tuvo, haciendo lo que le había sido mandado en visión por Gabriel, uno de los del tribunal permanente espiritual y protectores y correos del Investigador y los misioneros, era necesario apurar la prueba de la fé, por las obras, antes de entregarle la alianza del padre con sus hijos pródigos de la tierra.

147.—No prevaleció la coartada jugada en el mismo acto de la concepción de Jacob, para ponerse delante de él en ley humana el espíritu jefe de la raza primitiva, venciendo así, a la raza Adámica; pero Gabriel y los del tribunal permanente, advertían en todo momento las emboscadas de los primitivos; y esta vez, Rebeca, desde el acto de la concepción, vió lo que había y obró luego en Justicia, anteponiendo Jacob, a Esau, que luego legalizó ante las leyes y costumbres humanas, comprándole el derecho de primogenitura, por la que Esau pidió un plato de lentejas guisado por Jacob, lo que indudablemente indica una supremacía, aunque pobre.

148.—Esau, Jefe supremático de los espíritus primitivos, si salió derrotado por el poder de la justicia divina, habíase vencido a sí mismo y se rehabilitó en la raza Adámica; pues no en vano había tomado en su alma, la parte correspondiente en la ley de la creación, de el alma de sus progenitores Isaac y Rebeca, pasándole una cosa semejante a aquella metamórfosis que hemos observado en la fusión de todos los seres de la tierra, en el cataclismo que ésta sufrió para engendrar al hombre, que todos perdieron en exuberancia y lo ganaron en finura y belleza; y Esau, quedó por esta fusión, con su alma, soldadas las roturas; y por la educación recibida y el ambiente de familia, sabría ya regularla y gobernarse a sí mismo y ser jefe de sus actos.

149.—Mas hay que notar, que los resabios, no se quitan en mucho tiempo; y ahora cuando meditaba su derrota, se enfurecía contra su hermano; pero Rebeca, que vigilaba, mandó a Jacob retirarse a Padam-Haram, para tomar mujer, de la casa de Labam, según el designio de la Justicia; porque allí estaban hechos carne, espíritus de los 29, porque las leyes divinas todo lo preparan al centímetro y al segundo con todo lo necesario, por más complicado que sea el engranaje de este mecanismo; y de esto, luego darán fe todos los hombres, una vez que hayan roto los valladares que hasta hoy han tenido.

150.—Salió Jacob, ya investido de los adminículos de Primogénito, consistentes, en un frasco de aceite, báculo y bordón, llegando en su primera jornada a Luzza y durmió al campo raso, teniendo la visión de la enigmática escala, que partiendo del suelo, se perdía en las alturas del espacio y por ella subían y bajaban continuamente, seres, estando en la cima, un ser superior, que en lo humano llamaban Jehová, que le prometió a Jacob , como a su abuelo, multiplicar su simiente, sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra.

151.—El espíritu en luz, no se espanta; pero en cuanto está encerrado en un cuerpo que le opaquiza la inteligencia un tanto (lo mismo que sea el hombre, ángel o demonio), la materia teme y se espanta; y al despertar, Jacob tembló, por haberse dormido en la casa de Jehová; y comprendió lo peligroso que era para el hombre el sueño de su alma y la ignorancia de no saber el hombre en todo instante, dónde sienta sus pies y espantado dijo... ¡Cristo!...

152.—¡Cristo! ¡Palabra terrible que ha traído a mal andar a la humanidad, durante una veintena de siglos! Porque, saber, que la palabra Cristo, en el Hebraico, significa peligro; y Jacob, para no olvidar este peligro, ungió con aceite la piedra sobre la que durmió y la alzó y la llevó consigo y la entregó después a su primogénito, con el secreto en la palabra “Cristo” que les serviría a todos los hijos de Israel, de santo y seña, para conocerse y prevenirse de los peligros; y esta piedra, es aquel instrumento que atrás dije, que Moisés dejó con el testamento: este instrumento está en un lugar prominente de la tierra, después de una tremenda odisea, que está ya historiada con grandes pormenores.

153.—Queda sentado cómo fué creado, y qué es el Cristo que tantos lutos había de dar a la tierra y hoy es el apoteosis de sus hazañas , por el error de los cultivadores de mentiras y malversores de la verdad y amantes del libertinaje y de la supremacía; aun no han descubierto la historia del Cristo, al que siendo el peligro de la humanidad, lo han hecho Dios; pero dios y los dioses ídolos, son insaciables en su concupiscencia, por el hecho de que son una quimera; no son personales y el Cristo, peligro anunciado, e imagen de espanto, hoy sacudió su espinazo, su cola y sus cuernos y ríos de sangre corren, donde se baña; y tan abundante, que es cual nunca fué igual y llega a la boca de los caballos la sangre de los hombres, como había dicho el profeta: pues todos los que luchan son cristianos de todos los matices, cumpliéndose el peligro que Jacob anunció hace 40 siglos, cuando aun el Cristo no era ídolo.

154.—Ha vivido Jacob 16 años en casa de Labam su tío; pero notar que lo llama hermano; y es en sabiduría, respondiendo precisamente al cargo de primogénito que, aunque como tal puede mandar, obedece a las costumbres del lugar y sufre los engaños de Labam, hasta que era llegado el tiempo de formar un pueblo con su misma descendencia; y en espíritu, sus hijos, eran de los misioneros, de los desterrados y de los primitivos, porque en ley, tenía que regenerar y unificar a todos los seres de la tierra.

155.—A su vuelta, avisó a su hermano Esau, al que había donado toda la hacienda de sus padres y aun le ofreció un buen presente, del producto de su trabajo; esto, en ley divina, representa que el legislador, moral y materialmente, trabaja para todos, sin tener en cuenta diferencias ni menosprecios ni ultrajes personales; pero no transige, en lo que toca a su mandante.

156.—Jacob no hizo religión para su pueblo; donde quiera que hubiera de adorar a Jehová con actos exteriores (de que la materia y el alma necesitan para su expansión), allí levantaba altar, de momento, y no quedaba en la rutina.

157.—También, como hombre, Jacob se vió en el conflicto de haberse interpuesto un espíritu de los primitivos para su primogenitura, que según la ley y costumbre del lugar, el primogénito debería ser Rubén, nacido de Lea.

158.—Mas Lea, no es la mujer que Jacob ha elegido; es Raquel. Y en ley de justicia divina, que no se somete a leyes de capricho, el primer hijo que Raquel pariera, era el primogénito; y así fué en verdad, José, al que Jacob, por justicia, lo distinguía, no en lo personal para hacer diferencia de sus otros 11 hijos, sino porque hasta niño lo había requerido, revelando sus visiones, que sus hermanos comprendían y no se avenían a su superioridad, por lo que lo sentenciaron a muerte y engañado, lo sacaron al campo, tirándolo a un pozo, pero que por acuerdo lo sacaron y lo vendieron a unos comerciantes, los que lo llevaron a Egipto y lo revendieron, quedando Jacob en la tristeza.

159.—Mas nada ni nadie venció ni vencerá a los decretos del Creador y, ahora, la tierra no produjo lo necesario a la subsistencia; pero José, de esclavo, había ascendido a ministro del rey de Egipto, porque le explicó a Faraón un sueño que se cumplió; y por él, José, llenó los graneros para los años de escasez.

160.—Los hijos de Jacob (como todos los de aquella tierra), hubieron de bajar a Egipto por trigo; y presentados a José, éste los reconoció y supo (sin mostrarse), de su anciano padre y del hermano menor, y exigió que le llevaran el joven su hermano Ben-Jamín, porque sabía, que no queriendo su padre separarse del joven que le consolaba un tanto la pérdida del otro, no vacilaría en venir también el anciano; y aunque con muchas incidencias, así pasó, triunfando aquí también la justicia y acabó Jacob sus días, bendiciendo el primogénito de ley divina y quedaba fundado un pueblo, que llevaría la ley a su término, venciendo todos los obstáculos de la raza primitiva.

161.—Aquel pueblo cayó esclavo, una vez que faltó José, porque la supremacía olvida los beneficios, tan pronto pasa el peligro; pero la esclavitud precisamente, los unía en más compacto haz y se multiplicaban por sus leyes, hasta el caso de que, desde Jacob a Moisés (cuatro siglos escasos) de aquellos 12 varones que se distribuyeron en tribus, pero bajo un solo régimen de gobierno y de doctrina, la Veda, que era el mismo sánscrito y con su secreto testamento, más el santo y seña “Cristo” y el instrumento que lo motivó y lo recordaba, la piedra, que más tarde, otros la llamaron Fatídica, en esos cuatro siglos, repito, de aquellos 12 hijos de Jacob, sólo en Egipto, sumaban dos millones de seres y, Faraón temblaba, porque nunca pudo conseguir doblegarlos, ni empobrecerlos.

162.—Llegó Faraón a temer tanto a Israel su esclavo, que pensó en aniquilarlo, por una ley tan arbitraria como inhumana; y esa ley fué; que “todo varón nacido de los Israelitas, fuese muerto al nacer”; la justicia divina, tendría que poner remedio inmediato a este inminente peligro y lo puso; primero, por el valor y sabiduría de Israel, que estaba dispuesto a defenderse a toda costa; pero el jefe, que era el primogénito de la Casa de Levi, dió las órdenes concretas, para que toda mujer Israelita se encerrara en su casa, desde el sexto mes de su embarazo; que los varones nacidos, se ocultasen hasta ser mayores de 15 años; sólo en algunos casos excepcionales en que no fué posible ocultarlos, fué cumplida la inhumana ley faraónica, que cara le había de costar más tarde.

163.—Fueron llamadas las parteras de Israel, porque el número de varones crecía, a pesar de la ley de matarlos al nacer; pero en poco estuvo que no tuviera Faraón que indemnizarlas, puesto que, “no eran llamadas (dijeron) y si acaso, las llamaban tarde”; pero además dijeron: “como las mujeres Israelitas no son como las Egipcias, sino más fuertes y robustas, paren antes de que llegue la partera y besan a sus niños. ¿Quién será capaz de quitarles su cría después de besarlo?” ¡Oh qué sabiduría y santa altanería encierra esa contestación! Es verdad. ¿Quién es capaz de arrancarle de sus brazos su niño a una madre, después de haberle dado el ósculo de amor y su vida por sus pechos? Sólo las madres pueden contestar y sólo el amor puede dar tal valor a las madres. ¡Bendito amor, por el cual todo es grande y todo se regenera! Clamemos al Padre, porque pronto el amor reine.

164.—Mas esperaba Israel su liberación con la fé de las promesas hechas a sus padres; y bajo esa ley brutal, nace un niño en la casa del jefe de Israel y éste, no puede ocultarlo, porque el pueblo, en la individualidad, no compromete a la nación; pero un hecho del jefe compromete a todo el pueblo y el niño, había que sacrificarlo, o exponer al exterminio a todo el pueblo; pero hay el Consejo del Tribunal permanente y Jacabel, madre del niño, recibe de Gabriel las instrucciones y ella misma calafateó una cesta y en ella lo puso; y esperó la hora en que la princesa, hija de Faraón bajaría al río a bañarse y entonces puso la cesta en las aguas, que la corriente llevó río abajo: al entrar la princesa, vió la cesta y oyó lloros y al abrirla, dijo: “de los Israelitas debe ser este niño, pero es hermoso y lo quiero para mí”. “Porque de las aguas lo saqué” que en Egipcio, toda esa oración se recopila en Moisés.

165.—Jacabel había mandado corriendo a su hermana María, para que le ofreciera a la princesa un ama para el niño y la princesa aceptó y, al niño le dieron por nodriza a su misma madre, burlándose así la ley divina, de la ley arbitraria del supremático, que aun le hace pagar el crianzo del que lo había de derribar para siempre, de su fama y orgullo.

166.—Pasemos por alto la vida del infante y sepamos sólo, que la princesa lo amaba y que por aquel acto, quedaba sin efecto el decreto inhumano (aunque no derogado), y entre tanto, nació otro hijo de la misma Jacabel, y fué Aarón, que no pretendió la Primogenitura, porque, por Jacabel su madre, sabía que Moisés era el primogénito y jefe y libertador del pueblo.

167.—Un hecho sacó a Moisés del palacio de Faraón a la edad de 40 años. Salió de paseo y vió reñir a un egipcio y un israelita; intervino con tan mala suerte, que de un golpe de vara, mató al egipcio y lo enterró; más fué visto.

168.—Pocos días después, vió otra riña y quiso mediar; pero uno de los contendientes le dijo: “¿Qué, viene a matarme a mí también y a enterrarme como hizo ayer con el egipcio?” Ante este peligro, Moisés se marchó de Egipto y no a escondidas, sino previo consejo de su hermano Aarón y los ancianos, hasta que Jehová ordenara el momento de la libertad, para lo que acordaron que, “toda casa de Israel, fuera marcada con una señal que era una estrella de 6 puntas, formada por dos triángulos, llamada Estrella de Jacob”.

169.—.—Moisés, se dirigió a la Siria; pasando el Mar Rojo y al pie del Sinaí, encontró unos rebaños que guardaba una joven, hija de un sacerdote egipcio, que no estaba conforme con los ídolos faraónicos y sí lo estaba con la doctrina de Israel; por lo que se había retirado de Egipto y estableció su tienda, en la cima del Sinaí.

170.—Moisés, abrevó las ovejas y la joven; ésta subió a la tienda y dijo a su padre el encuentro del mancebo y cómo había abrevado el ganado; y Jettro, cuyo era el nombre de aquel sacerdote, reprendió a la hija, porque no le hubiera pedido que subiera a comer pan; la hija corrió y subió de la mano a Moisés, al que Jettro conoció y sabía quién era, ofreciéndole su hogar, dándole su hija por mujer, con la que tuvo dos hijos.

171.—Moisés, recibía frecuentes visitas de Aarón y esperaba el momento que Jehová ordenaría la libertad del pueblo; entretanto, escribió el Génesis, ayudado por Jettro; pues ambos tenían facultades medianímicas, además que sabían la Kábala y eran doctos y sabios de la escritura; pero Moisés, tenía el Testamento Secreto de Abraham, el que, ni aún Jettro conoció hasta el momento de partir Moisés, pues lo dejaba tutor de su mujer y sus hijos, y debía saber ese secreto; mas Jettro en su espíritu, era uno de los 29 en la familia misionera.

172.—Pasamos por alto las plagas y conversaciones o promesas y negativas de Faraón para dejar salir voluntariamente al pueblo de Israel, que sólo era a causa de las grandes riquezas que se había de sentir Egipto, de la fortaleza y laboriosidad del pueblo de Israel, vacilando, entre dejarlo marchar, o declararlo libre; pues en ambos casos, era la destrucción del Egipto fuerte y poderoso, como nación faraónica.

173.—Con la salida de Israel, se marchaba la fortaleza y la producción y Faraón, de grande, quedaba pigmeo; y dándole libertad, su reino había acabado y sería reino de Israel, del que Faraón no podía ser su rey.

174.—En Consejo Político, se veía este difícil dilema y no se atrevían a abordarlo; entretanto, Moisés preparaba la marcha del pueblo, porque era llegado el momento mandado y fué acordado hacer la salida el día de la Pascua, para no despertar sospechas al primer momento; al efecto, quedarían en la ciudad los varones más robustos, aleccionados, para que cuando Faraón llamaría a los varones de armas tomar para salir en persecución del pueblo fugitivo; y para el caso, fueron aleccionándose en el santo y seña Cristo para que por él, no se hiriesen unos a otros, cuando llegase el momento de la batalla.

175.—Las mujeres de Israel tenían por costumbre, en las pascuas, pedir a quien tuviera copas, vasos y vajillas de oro, plata y metales, para el servicio de la pascua; y ese año, lo hicieron igual, aunque sabían que no los devolverían; pero dejaban sus casas y sus aperos y sus tierras cultivadas y sembradas, que valían mucho más, que las vajillas que llevaban; pero aun ésto lo repudió Moisés, porque enardecía el odio de los egipcios.

176.—Todo preparado, echaron por delante la impedimenta de las mujeres, niños y ancianos y los ganados, dejando sus puertas marcadas con la sangre del cordero de la pascua, por cuya señal, los que quedaban, sabían la salida definitiva del pueblo, sacudiendo la esclavitud.

177.—Como pasó el día sin que volvieran de la fiesta, los ministros de Faraón, corrieron los campos y vieron que también los ganados se habían llevado con ellos; publicaron un bando llamando a las armas a todos los varones de la ciudad, para perseguir a Israel y devolverlo prisionero y castigarlo y no faltaron los disfrazados jóvenes que habían quedado, a enrolarse; y estando preparados los carros a los tres días, salieron en persecución.

178.—Contaba Moisés con este tiempo de delantera, llegar a tiempo y pasar sin impedimento el Mar Rojo, quedándose él y los varones fuertes en la playa, para presentar batalla; pero la mucha impedimenta, y al encontrar el mar, en pleamar, le obligó a acampar, por no dar muchas horas de rodeo y prefirió esperar el baja-mar.

179.—Ya había empezado a pasar, cuando fué avistado el formidable ejército, con el estrépito de los carros que se acercaban con gritería infernal; y a la señal convenida, Moisés hizo vibrar su bocina y Aarón, acomete terrible con los suyos. Los ejércitos de Faraón se ven acometidos por los de sus mismas filas que, a la voz de “Cristo”, formaban pelotones que deshacían el plan de batalla y así fueron derrotados, no con facilidad, sino en tremenda y larga lucha, que se enardecía, cada vez que Moisés vibraba la bocina.

180.—Hubo un momento terrible, en que parecía que Faraón triunfaba; y Moisés, en previsión, enterró en la arena el Testamento de Abraham, poniendo por señal en medio de la playa, la piedra ungida por Jacob, lanzándose él hacia el ejército, para dar tiempo a que la impedimenta toda pisara tierra Asiria, donde Faraón no tenía acción ni derecho; allí ya estaba Jettro y los hijos de Moisés: aunque los demás cayeran, el pueblo era salvo.

181.—Pero fué tal el pánico del ejército, ante el terrible aspecto de Moisés agitando su vara y vibrando la bocina y tan impetuoso el asalto de Aarón, que cuando Moisés temía un desmayo de los suyos por el cansancio y los muchos que habían caído, Aarón se vé rodeado de grandes pelotones salidos de las filas de Faraón, con la palabra “Cristo”; y, de un poderoso empuje, hacen retroceder las avanzadas, atropellándose e hiriéndose unos con otros, quedando en cuadro y con terreno de una hora, por medio.

182.—Aprovechando esta circunstancia y que la marea empezaba a subir, Moisés hace vibrar su bocina en retirada y pasa el mar; lo que visto por el ejército de Faraón, un tanto rehecho de su derrota, tiene la intuición de la venganza y salen en persecución; pero al llegar a la playa, había subido ya mucho la marea y se vieron cortados; lo que, en la superstición, los hizo creer, que el poder de Moisés, había separado las aguas y había pasado por medio de ellas (cuyo relato de esto en Egipto, lo hizo verídico), aprovechándolo Moisés, para amedrentar a los reyes, por cuyos territorios había de pasar.

183.—Mas en su retirada, no se acordó Moisés del testamento y la piedra; pero no le importaba, puesto que más tarde, después que los Soldados de Faraón se retiraran, le sería fácil pasar a recogerlo; y en verdad, que fué triste y terrible el olvido.

184.—Los soldados de Faraón, al llegar a la playa y no poder pasar, y porque aunque hubieran podido tenían que pedir permiso al rey de aquella parte de la Asiria, donde ya se encontraba el pueblo de Israel, se vió en toda su derrota y el príncipe se negaba a volver a la ciudad y al igual los capitanes, por temor a las iras de Faraón y más de los sacerdotes, que no podían soportar, que el Dios de los esclavos, fuera más fuerte que el poderoso Dios de Faraón.

185.—En estas deliberaciones estaban, cuando ven la piedra (que conocían porque la llevaban los Israelitas a sus fiestas) y un griterío infernal se movió de todas las bocas. ¡Hemos vencido! ¡Hemos vencido! ¡Cayó Israel, que lo abandonó su poderoso Dios! Y ya no se acordaron de la derrota vergonzosa; ¡tanto podía en ellos la superstición por causa de sus ídolos y sacerdotes, que todo lo atribuían al poder de sus dioses e ídolos, que sólo han hecho lanzar los hombres a la guerra, llenos de odio!.

186.—En verdad, era la piedra ungida por Jacob, al pronunciar la palabra Cristo en Luza, desde entonces, ciudad de Bhethel; los egipcios que habían oído repetir tantas veces “Cristo” durante la lucha, y conocían la doctrina de Israel, por tanto tiempo su esclavo, que siempre esperaba su libertad, recabada tan de súbito aun contra la voluntad de Faraón y sus dioses, no vacilaron en creer, que tenían consigo el poder del más poderoso dios, en aquella piedra; su nombre no podía ser otro que el que pronunciaban los israelitas en la batalla: “Cristo” y que las doctrinas de los israelitas, eran la verdad que significa Evangelio. He aquí, históricamente, convertido en dios el Cristo con Evangelio y Figura, que tanto horror ha sembrado donde los hombres le han hecho trono, el cual, se ha regado siempre de sangre, como en medio de sangre fué proclamado: pero tiemblen los hombres, porque sangre pidió siempre y lo que nace de una causa, sólo puede dar efecto de la misma causa.

187.—Acordaron, pues, aquellos derrotados, no volver a dar explicaciones a Faraón (pues ya eran más poderosos que todos los reyes de la tierra con su nuevo Dios Cristo, tomado a los Israelitas) y, de todos aquellos restos del ejército, formaron una “Brigada”. Cruzaron el Africa, pasaron la Iberia y en su confín, fundaron un reinado, llamándose Brigantinos y fundaron Brigantium, que es hoy Santiago de Compostela, donde sentaron el trono que en fotograbado, aquí reproducimos, debido al estudio histórico de mister Rivert-Carnad.

El trono más extraño del mundo

El asiento del trono que sirve para la coronación de los monarcas ingleses es de piedra, y esta piedra tiene una historia, o, mejor dicho, una tradición muy extraña.

Refiere la Biblia que en Bethel el patriarca Jacob durmió apoyando la cabeza sobre una piedra. Esta piedra fué llevada a Egipto, a donde fué Gahelo, hijo de un rey de Atenas, el cual se casó con Scota, hija del Faraón. Eran los tiempos de Moisés, y, asombrados los príncipes por el poder creciente del jefe de los hebreos y por las plagas que cayeron sobre Egipto, huyeron de aquel país y se vinieron a España, trayéndose la piedra de Jacob que ya tenía fama de operar grandes prodigios y de dar suerte y protección a quien la poseía.

Trono de la corona-ción de los reyes de Inglaterra, con la “Piedra del Destino”, No dice la tradición cuáles fueron las aventuras que corrió la piedra hasta el día en que fué arrojada a las costas de Irlanda, a donde la había llevado Simón Brech, el cual en una tormenta se había servido de ella como de ancla.

La piedra debía ser conocida ya en todo el mundo, pues se la identificó fácilmente, se la recogió y veneró. Llamábanla entonces y todavía se le llama “Piedra del Destino” y durante largo tiempo fué utilizada en la coronación de los reyes de Irlanda, los cuales tenían que sentarse en ella durante la ceremonia.

Había la creencia de que si el monarca era el legítimo sucesor al trono, la piedra permanecía silenciosa: pero si se trataba de un usurpador, la piedra lanzaba bramidos muy fuertes.

La “Piedra del Destino” debió pasar luego a Escocia, llevada quizás por algunos guerreros de los que hacían incursiones en Irlanda. Lo cierto es que, según la tradición, la piedra desde 350 años A.C., estaba colocada en uno de los muros del castillo de Dunstaffnage, y todavía se enseña a los curiosos la cavidad o sitio que ocupaba.

Por último en el año de1296, el rey Eduardo la llevó a Inglaterra e hizo que la colocarán como asiento de un sillón.

La “Piedra del Destino” está actualmente y ha estado durante siglos en la Abadía de Westminster donde, como hemos dicho, sirve para las coronaciones. Cuando fué coronada la reina Victoria, se cubrió el sillón donde está la piedra con un paño de oro.

El fotograbado que reproducimos, es tomado con todo el suelto de la Revista Popular del sábado 12 de Abril de 1919, la que lo toma a su vez de mister Rivert-Carnad. Nosotros lo habíamos leído en la gran Revista “Alrededor del Mundo” en julio y Agosto de 1902. 188.—No es de este capítulo, mucho de lo que va a seguir; pero es la confirmación histórica de lo que se ha descrito sobre la piedra de Jacob, la cual es Cristo y para desmentirme a mí, han de desmentir la verdad; y este relato que no es mío, será otro remache de oro de la total verdad de este libro, hasta en aquellos pasajes no explicados, porque no son de estas páginas más que su anotación; la aclaración es, para cuando el mundo esté en Paz.

189.—Leo y copio. Revista “Alrededor del Mundo”. Agosto 29 de 1902 página 147. “El trono de Inglaterra estuvo en España”. “Con el título de: “El Trono más extraño del mundo”, publicamos en nuestro número 91, un artículo refiriendo las leyendas y extrañas peregrinaciones de la piedra que hace las veces de asiento en el trono que usan los Reyes de Inglaterra, para la ceremonia de su coronación, y que se conserva en la Abadía de Westminster”.

“En una comunicación dirigida a la Real Academia de historia, Mr. Rivert-Carnad trata el mismo asunto, aportando datos que son de interés para España. He aquí lo que expresa”.

“Dice la leyenda popular, que esta piedra es la que sirvió de cabecera al Patriarca Jacob, cuando receloso de su hermano Esau, anduvo desde Besabee a Bethel con dirección a la ciudad de Haram en Mesopotamia. Jacob la llevó consigo a Egipto, y la tuvieron en su poder los hijos de Israel, hasta que acaeció el tránsito del mar Rojo”.

“No todos los egipcios que perseguían a Moisés y penetraron en este mar perecieron ahogados. “Aitekes, hijo del griego Naulo se había casado con Scota, hija del Faraón o Rey de Egipto, y fué con éste en persecución de Moisés. Púsose al frente de los egipcios que no perecieron ahogados en el mar y apoderándose de la piedra fatídica, atravesó todo el norte de Africa, pasó a España y fundó un reino en Galicia, cuya capital fué Brigantium, que la leyenda identifica con la ciudad de Compostela”. “La piedra sirvió de trono a Aitekes y a los reyes Brigantinos, sus descendientes, los cuales eran sobre ella proclamados y coronados”.

“Uno de éstos, con ocasión de enviar una colonia a Irlanda acaudillado por su hijo Simón Brec entregó a éste la Fatídica piedra, quien la colocó en Themor, hoy Dara, capital entonces de Irlanda donde moraban los escoceses. Fergus, hijo de Fergubar, se trasladó durante el siglo V desde Irlanda a la región boreal de la gran isla Británica con los Escoceses de los que era soberano y que dieron su nombre a Escocia, sirviéndole de trono para inaugurase Rey de su nueva conquista, la sagrada piedra del destino, que tantos había marcado, traída de Egipto a España y de España a Irlanda”.

“A partir de Fergus I, fundador de la Dinastía escocesa, sucediéronse sin interrupción los Reyes entre los cuales se distinguieron Kenneth II, aniquilador de los Pictos, más y más acorralados que habían dominado antiguamente la región, y San Macolmo III, el esposo de Sta. Margarita, el cual el 13 de Noviembre de 1093 murió en la batalla que sostuvo contra Guillermo II el Rojo, Rey de Inglaterra. Entre San Macolmo y Juan Baliolo, que el 2 de Julio de 1296 se vió forzado a designar su cetro en manos de Eduardo I de Inglaterra, se cuentan 10 reyes soberanos de Escocia”.

“Eduardo I previniendo la ocasión que podía tomarse de la piedra para alzarse otros con la corona de Escocia, trasladó este monumento a Londres aunque no fué medio tan eficaz como lo pensaba porque la muerte le asaltó (7 julio 1307) cuando estaba a punto de sofocar por completo la parcialidad de Roberto Bruce, que devolvió a Escocia la independencia y la serie de sus monarcas, diversos de los de Inglaterra, hasta que dos coronas felizmente se unieron en la cabeza del hijo e inmediato sucesor de María Estuardo”.

190.—Rivert-Carnad, con ese relato histórico que remitió a la Real academia de la historia, viene a apoyar con puntal de oro mis relatos, que no son leyendas, sino páginas imborrables en el espíritu; lo que no rememora Rivert-Carnad es lo que no le pertenece; que si la cuestión del Cristo y otras cuestiones más hondas y más interesantes le concerniera, también lo habría rememorado y lo habría dicho y hubiera encontrado leyendas, tradiciones y documentos con que comprobarlos, como he encontrado yo su relato, que confirma la odisea de la piedra, a la que Jacob llamó Cristo y sobre la cual Aitekes hizo los Evangelios por la doctrina Veda y las costumbres Israelitas; y vamos adelante.

191.—No era menos supersticioso el pueblo de Israel; por lo que, los ancianos, consentidos por Moisés, les hablaron al pueblo del maná y de tantas otras cosas que no estando en la razón, pero que se adaptan al ambiente en que hay que vivir y no hay daño en decirlas; pero el maná y las codornices, el primero, era harina traída de donde la había; y las segundas, la cosa es muy sencilla; como Moisés y los ancianos sabían que aquella era la época de la emigración de estas aves y que del cansancio de pasar el mar Rojo de un vuelo, caían en el campo tan cansadas que se podían y se pueden coger como si estuvieran muertas; y los israelitas cogieron para hartarse; la Política del Jefe de un pueblo consiste, en aprovechar las ocasiones de afirmar su autoridad.

192.—No así de fácil era el cumplimiento de dar la ley escrita por Jehová; para esto, es necesario tener otros medios que no fallen, porque dió los detalles preliminares al acto que sería una gran tempestad y el pueblo la había de ver y sucedió; pero era necesario para tener una fé absoluta en quien se cree, por que haya prometido; pero Moisés tenía para sí, sobradas pruebas para tener fé y conocimiento de dónde y de quién procedían las promesas.

193.—Asentado, pues, el pueblo, al pie del Sinaí, Moisés, le hablaba todos los días y entendía en los asuntos de su pueblo, ilustrándolo y matándole los prejuicios y las supersticiones, procurando recoger todos los pensamientos en un solo pensamiento, empleando muchos días, hasta que ya, si había de creer en la promesa revelada, pudo anunciar al pueblo, que él se retiraba a la oración, hasta que Jehová le dictara la Ley; pero le aseguró al pueblo, que sería el tercer día, contando desde la salida del sol del siguiente día en que hablaba.

194.—Subió Moisés al Sinaí y se encerró a solas con su fé y su conciencia; Jettro, que comprendía toda la terrible importancia de aquel acto, lo ayudaba en el recogimiento y temblaban todos, si la tempestad no apareciera, por que sería imposible contener aquel pueblo, que llevaba entre marcha y campaña, cerca de 50 días de penurias sobrehumanas, por lo que, por poca cosa se sublevaba. Pasaban ya los tres días prometidos; hasta la puesta del sol, nunca habían visto el cielo más azul y limpio; y sin embargo, Moisés no dudó; mas antes de hundirse el sol en el horizonte, Aarón y los ancianos, advierten una nubecilla y la muestran al pueblo, que ya se llamaba engañado y aun lo contuvieron.

195.—En breve, la nube tomó proporciones de gigante y se ensanchó densa y negra hasta cubrir el horizonte y el fulgor del relámpago y el horrísono trueno se acercaba y se mostraba omnipotente, avallasador y sublime a la vez, cuando el pueblo oye una voz desde lo alto del Sinaí, mira ansioso, vé a Moisés con los brazos levantados y en medio del mayor relámpago dijo: ¡”Salva, oh Jehová, a tu pueblo y bendice tu heredad”! Y como herido y fulminado por el rayo, cae de bruces sobre un pico de la roca, Jettro corre asustado; no le cree muerto por el rayo, pero sí por su terrible esfuerzo psíquico; mas se cerciora que vive, llora sobre él y también él cae en el sopor, ante la visión espiritual, de dos ráfagas inmensas que cubrían todo el horizonte y en ellos, ocho artículos se leían; era la ley, escrita por el espíritu Maestro.

196.—Ya el sol salía cuando Moisés se despertó, demudado, ansioso, sin poder coordinar lo que había visto; Jettro le indica la primera palabra que él vió y recordaba y un río de lagrimas salió de los ojos de Moisés diciendo a Jettro: “Callad, Padre mío, callad, todo lo recuerdo, todo está indeleble en mi espíritu”. Ambos entraron en la tienda para auxiliarse de la terrible noche y el pueblo estaba asustado y consternado.

197.—Repuesto un tanto Moisés, escribió lo que había visto; ocho artículos de los que sólo tres eran al Padre y cinco a los hombres; pero no debía darlos al pueblo sin meditarlos, sino aprender él primero, toda la intensa doctrina de amor de aquellos ocho artículos y de acuerdo con Jettro, mientras Moisés estudiaba, aquél esculpió en dos piedras, los ocho, más dos nuevos artículos, derivados del 7º y del 8º, para así dominar mejor el libertinaje de la mayoría de aquel pueblo indómito.

198.—En esta operación tardó tres días, durante los cuales, Aarón subió asustado de la actitud levantisca del pueblo que se disponía a adorar cualquier dios; y a pesar del aviso y exhortación de Aarón y de los ancianos, poco antes de descender Moisés, habían hecho un Idolo, un becerro, con el oro de los vasos de los egipcios.

199.—Tal fué el enojo de Moisés; tal la ira por aquella prevaricación, que en las palabras hirientes y mordaces que dirigía, de la boca y de los ojos le salían como llamas de fuego cuando levantó las manos con las piedras para romperlas sobre la cabeza de cualquiera; pero los prevaricadores, temblando, confesaron su falta, rompieron el becerro y el pueblo recibió la ley; el Decálogo, que desde aquel momento derogaba todas las leyes y marcaba el comienzo de una era fija que marcaba en siglos justos, el testamento secreto de Abraham en su última cláusula que dice así:

200.—”Y contarán los tiempos por siglos de cien años; y los siglos serán treinta y seis, desde que escribiré mi Ley, hasta que la tierra la sabrá; y de este siglo, mis hijos serán de Luz, porque verán la Luz de su Padre que les darán mis espíritus que ángeles llamáis”.

201.—Los 36 siglos, pues, se han cumplido; los espíritus han hablado y hablan y obran digo yo; y por que no los hemos oído, los hombres se descalabran en la más terrible lucha de fieras, y por esto, no puede acabar la guerra, hasta quitar las causas de la guerra, que son la causa del desconcierto reinante y los descalabros son muchos, por causa de unos pocos desconcertados por que están fuera de la Ley.

202.—Y como Moisés quiso romper las tablas sobre los prevaricadores, la ley que ha reunido todas las causas que originan los efectos desastrosos de un progreso, despreciado por los prevaricadores del progreso, les rompe con la ley, la cabeza; y no es culpa de la ley, si no de los que faltan a la ley. Y ésta, ya dije, que no tiene entrañas ni sentimientos, ni reconoce más hombres, ni recoge más fé que las obras que hacen fé; y el que no tiene obras que cumplimenten la ley, éste es arrancado porque desarmoniza la ley.

203.—Estos son los hechos culminantes de Moisés; y la verdad de estos hechos, es sencillamente como expuesto queda y hay la prueba de leyendas y tradiciones; pero está en el archivo del espíritu y todos los hombres lo rememorarán; y muchos y aun todos los presentirán al leerlos, porque están en ellos, cubiertos, muy cubiertos por el negro crespón del prejuicio secular y de la superstición y más, porque la malicia religiosa ha hecho esos hechos sobrenaturales, siendo sólo efectos naturales, de causas naturales; que para defenderse el malversor, el prevaricador, el que juró vengar la muerte de Caín (que es el error) 70 veces 7; es decir, siempre y en cualquier forma, se agarró como a tabla de salvación, a la superstición de los hombres y de los hechos de los misioneros, hizo milagros; pero hoy, la razón dice que, el milagro no existe, ni lo sobrenatural; y ved, que esos hechos parecidos milagros, se repiten a diario y la ciencia lo fundamenta diciendo que, “siempre que se reúnen las causas que producen un efecto, se repite el mismo efecto”; y yo he dejado expuesto, lo que es la ley de afinidad y su mecanismo en obrar, forzando al hombre al progreso; que hoy, por ese progreso, hace muchos efectos y mucho mayores aún que las dos ráfagas, en forma de inmensas tablas que Moisés vió en el espacio con los ocho artículos de la ley, que se reducen solo, al mandato, “Ama a tu hermano”.

204.—Es el amor el que obra las cosas, no sobrenaturales, aunque sean algo sobrehumano para los más ignorantes o atrasados prejuiciados y supersticiosos, que son los ejércitos que siempre tuvo la religión y la supremacía; y por esto, hoy, que aun no hay sabiduría, pero hay ciencia que hace progresos para llegar a la sabiduría, cuando adelanta el progreso, retrocede la religión y la supremacía; y estas dos entidades (que son una sola), con todos sus dogmas, con su secular engaño, con la continua matanza de progresistas, ya en las guerras interminables, ya en las horribles cruzadas y la Inquisición, no han sido capaz de detener el progreso y la ciencia del progreso; y este hecho, sí que es, no sobrenatural, pero sí sobrehumano; y lo es, porque jamás obra el hombre solo, porque no es ley; porque el espíritu inspira y aun puede y obra por cuerpos afines y esto también la ciencia lo comprueba y este secreto lo sabía Moisés, porque lo supo Jacob, porque lo supo Abraham, porque lo supo Noé, porque lo supieron Adán y Eva, porque lo sabían 29 misioneros regeneradores de una raza fiera. Es que lo traía en patrimonio y como arma el Investigador Shet; y con ella, que es un efecto de la máxima ley de amor, ha triunfado en su titánica lucha, cuyo apoteosis se está representando en la guerra mundial, donde los vengadores de Caín tienen que recoger su juramento de vengarlo 70 veces 7.

205.—He aquí el secreto de Moisés y él no lo oculta; pero le prohibe al pueblo que use de esas facultades, por que sólo son para sabios y fuertes, ya sean Angeles o Demonios, por que la ley es una sola para todos y sólo sabe la ley que hay hombres; los adjetivos, sirven para los hombres; para la ley, no hay más que el sustantivo hombre, y en la comunión espiritual, lo mismo es el ángel, que el demonio, participa y responde a la afinidad; sólo que, “los llamados Angeles y los que Demonios llamáis hombres fueron” (dice Hellí en el testamento de Abraham) los llamados ángeles, repito, llevan por arma y vehículo el amor, el cumplimiento de la ley que solidariza el universo y esta arma es invencible; y los llamados demonios, su arma y vehículo es el odio y la mentira; mas de esto, los hombres llegan a cansarse y desengañarse y son soldados perdidos para los demonios, que hoy están en cuadro.

206.—Sí, están en cuadro. Y aunque hoy haya en la guerra con las armas en la mano 20 millones de hombres, que hay, en voluntad real, sólo están el 10 por ciento, incluidos los jefes de estado y sus generales y oficiales; y eso, que hacen vibrar la palabra Patria, añagaza de la supremacía, carro despótico de los que juraron la destrucción de la Raza Nueva de los misioneros de Adán y Eva.

207.—Pero éstos, llevaron al Padre y propietario de esta heredad el fruto de su trabajo, en el tiempo justo de los 36 siglos que le señala Hellí a Abraham en el Testamento Alianza, que empezaron en Moisés; y al recibir el presente de una inmensa mayoría regenerada y acogida a la ley del trabajo, y regidos por la ley única de amor, al pronunciar el Espíritu de Verdad al entregar el presente, aquellas significativas palabras: “Y consumió en breve tiempo la obra de muchos siglos”; el Padre contestó: “Sea la paz en la Tierra y quitaré todo lo que estorbe”. Y lo quita.

208.—Ya saben pues, los hombres, la causa máxima de esta conflagración; pero la causa máxima es justa; las causas mínimas, son los estorbos del progreso y éstos son responsables del desequilibrio que originó la debacle y no es el pueblo; el pueblo quiere trabajo, justicia, paz, amor. ¿No se lo dan? Pues él es la fuerza y el poder soberano; y tan pronto quite la ley lo que estorba, lo tomará y no habrá represalias, por que, como Moisés, le basta que el prevaricador rompa sus ídolos y acate la ley y se reúne al pueblo; y entonces, que será muy en breve, la Paz será.

209.—¡Hombres de la ciencia! Aguzar vuestro escalpelo; desentrañar lo que encierran los números que anteceden y capitanear al pueblo que os da los medios para agrandar la ciencia del progreso. Vosotros no podéis prevaricar, porque medís, pesáis y distribuís la causa de la vida manejando ese mágico C.G.S. representación genuina material del omnipotente Padre común. Y si vosotros tampoco respondiérais, también la ley os quitará; pero no hay temor en la ley de que prevariquéis; sólo tenéis muy pequeños prejuicios naturales de la materia; pero hoy habla claro y se manifiesta al descubierto vuestro espíritu y ya, la luz es hecha y lo reveláis en vuestras obras que la ley recoge por fé viva; ésta vale y confirma vuestro valor y vuestro valer.

210.—Moisés ha luchado, ha sufrido, pero ha vencido. Ha mostrado, como hombre y como espíritu, el poder de nuestro ser, cuando estamos en concordancia con la ley del más, con el polo positivo; él empezó a regular la resistencia Alma, cuya manija es su decálogo, que depositó en un pueblo fuerte, cual ninguno, que las continuas matanzas no pudieron aniquilar; y es que, “pasarán los cielos y la tierra, pero no pasa la palabra del Creador” había escrito Shet. Ya la resistencia está equilibrada, por lo que pudo haber progreso y llegar la Electricidad alma y entraña de la vida y manifestación material del Creador que sólo pudo ser, cuando la resistencia alma del hombre estaba equilibrada; después de la liquidación.

211.—Por fin, Moisés recibe la promesa de la tierra de promisión, y murió, cargado de 140 años de vida azarosa y agitada, cual ningún hombre soportó (8); porque sobre Israel se agitó siempre el prevaricador y entre él se encarnó la familia primitiva, como era en ley; pero un tanto instruído en su espíritu y con materia mejor preparada que la que tenían cuando el Investigador los retuvo y prohibió la vida de hombres; pero recordar, que dije que los resabios duran mucho tiempo y sus tendencias resurgirían siendo hombres; pero en la razón, comparar lo que era el pueblo de Israel, con lo que era aquella horrible jaula de fieras que era la tierra cuando Adán y convendréis, en la gran sabiduría del Investigador y los suyos; y como había que regenerar a los primitivos, había que admitirlos en la nueva raza y contemporizar para ganarlos; esto pondría, necesariamente, máculas en el pueblo regenerador, hasta parecer corrompido y no es así; sino que, como el molinero tiene que llenarse de polvo si ha de atender la molienda hasta parecer, no un hombre, sino una figura de harina efecto de la causa en que opera, así el pueblo de Israel se desfigura en su ser, para dar el ser a los que en él se transformaban; en Moisés, queda la siembra abierta, que ha de terminarse, en Jesús y Juan.

Nota al pie 8: Aquí, sí se tratara de la biografía y hechos que corresponden al secreto de la sabiduría de Moisés, tendríamos que hablar de su retirada del pueblo que había libertado, siguiéndole unos pocos de los ancianos, pero justamente los más sabios, con los que funda la escuela Esénica; a la que cita, para comunicarse, a los espíritus Maestros, ya que había prohibido al pueblo ejercitar esas prácticas por el mal uso que hacían de sus facultades, por causa, justamente, de los Levitas, causantes también de los disgustos de Moisés por los que se retira para encerrar sus secretos y sabiduría en signos y números Kabalísticos, que nadie podría descifrar, sin la clave que dejaría, bajo juramento, a los que instituiría Maestros (Esenios) de la Escuela que fundaba, para depósito, donde los que seguirían viniendo al cultivo del decálogo, tomarían las enseñanzas que les corresponderían. Con esta nota, dejamos insinuada la creación y existencia de la Escuela Esénica, como punto mayor y extraordinario que las circunstancias obligaron a Moisés a aumentar su trabajo y alargar su vida 20 años más, que le fueron necesarios para educar maestros en sus secretos y además, ver por sí propio, el rumbo que los Levitas imprimían a la marcha del pueblo de Israel. No debemos decir más aquí de este asunto.