LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO CUARTO
EL Sánscrito y su Autor.

Ley de Shet.

111.—El Sánscrito es la doctrina de la verdad y lo suficiente claro para la secular epopeya de la regeneración de la familia de la tierra; aunque como era natural, se veló un tanto en símbolos y figuras, porque era demasiada luz para la inteligencia obtusa de la humanidad, que había pasado, más de 44 millones de siglos, en el reinado de las pasiones, que hasta las fieras, en su instinto, se escandalizaban.

112.—Pero era una raza fuerte, cuanto embrutecida; y esto, si le daría mayor trabajo a la raza regeneradora, descubría a la luz del investigador, que habiendo masa, puede hacerse pan sabroso; es cuestión de sobar más y sudar más y preparar bien el horno para su cochura.

113.—Tal ha sido el trabajo (bien medido y pesado y distribuido), que en simples 57 siglos han preparado el 99 por ciento de aquella masa informe, en sabrosos bollos, que al calor regulado del amor y tesón de los 29 misioneros, puede el legislador investigador, presentarle en fruto, amasado, sazonado y cocido a gusto de su padre, esta hornada homogénea y adornada por el progreso, en armonía a la magnitud de la mesa de un banquete.

114.—Por cuya labor, al presentarla al Padre el Maestro Espíritu de Verdad, pudo decirle, radiando amor y alegría él, ante los titanes de la hazaña, estas palabras: ““Y consumió en breve tiempo, la obra de muchos siglos”. Y el Padre, al recibir el presente, dijo: “Sea en la tierra la Paz y quitaré todo lo que te estorbe”: era repetir su promesa.

115.—Poco ha, fué realizado este acto; ya sabréis también la fecha; pero de edad de tres años arriba de los que en la tierra están, han sido testigos en su espíritu y os lo confirmará todo lo que pasa, sin que los hombres hayan podido encontrar soluciones, empeorando cada día, hasta sufrir esta terrible contracción de la contramarcha de la máquina, que ha originado la conflagración mundial, empezando a quitar todo lo que estorba para el reinado de la paz; y ya dije, que la ley, se sirve de los medios que el hombre le prepara; ¿le preparó la guerra?; pues la ley usó la guerra, para matar la guerra y sus causas; y nadie, ni nada, lo estorbará y la paz reinará y ya imperturbable.

116.—Vuelvo al sánscrito y digo: que toda la doctrina de EL, la recopiló Shet en su canto, llamado hoy “El canto del Señor”, donde está contenida la verdad suprema, que es la vida eterna y continuada; y sólo siendo así, vale la pena la vida de los cuerpos; y sólo así puede triunfar y triunfa la Suprema Ley.

117.—Pero es que, como en el sánscrito está dicho, el tiempo es una ficción (como pasado y futuro) y sólo existe el presente, por lo que la vida y el espíritu demostrador de la vida en formas, que es la única vida, por lo que, no puede ser que no sea, y no tiene ayer ni mañana, sino el eterno hoy; el presente infinito; que cuando llega a la sabiduría por la experiencia continuada del trabajo, comprende el infinito, no siéndole reservado más que una sola cosa, inherente y exclusiva de su padre; ese secreto es, sólo la esencia del ser sin ser, porque sólo El es increado.

118.—Mas de ahí abajo, el espíritu, pero encarnado, ha de saber como hombre toda la metamórfosis del éter, impalpable para el hombre, pero no para el espíritu; y es ese éter la única substancia con que el Creador llena el infinito, como arsenal para el espíritu de su hijo, del que ha de formar los mundos, los sistemas, las constelaciones, los planos, la cosmogonía y el universo todo, estando el hombre, como resistencia equilibradora, entre el Creador y el universo.

119.—Por lo que, el hombre es sobre el universo; y sobre él sólo está el Creador; y éste es su Padre.

120.—He aquí la verdadera Trinidad, ya descrita así en el “Trimurti” del sánscrito, pero que la malicia la mistificó; pero queda en el universo escrita y en el archivo del espíritu, está imborrable y la puede repetir eternamente, si eternamente la borrara el mistificador.

121.—Por esto, cuando el espíritu se hace luz dominando sus pasiones y ferocidades que habéis contemplado en aquella jaula, sufre una contracción tan horrorosa, que quisiera dejar de ser; pero no puede ser que no sea y en su aflicción, pide y es auxiliado; llama y le contestan y triunfa, siendo un obrero consciente más que trabaja enderezando sus entuertos y llega a ser un misionero, por convicción, adelantando el progreso con la suma que aporta al ya conseguido y esta es la vida eterna y continuada, siempre ascendente, siempre regulando mejor la resistencia alma, que se abrillanta por el pulimento del trabajo, participando de la luz del espíritu, al que le sirve de forma; y brilla aquella alma, más que un sol y que muchos soles, como le pasa al globo de una lámpara, que con la luz apagada es una masa opaca; y en cuanto la luz es encendida, brilla, por la luz que encierra y a la vez protege.

122.—Todo esto, está ya dicho en el sánscrito, con el velo o globo correspondiente, para que no dañara tanta luz a la débil vista de los que despertarían del sueño secular de su letargo, porque el legislador no podía desarmonizar; al igual han hecho todos los misioneros y mesías hasta Jesús; después de éste, ya se hablaría más claro; ya se dirían las cosas cerca de la realidad, porque llegaría a los hombres, el mágico C.G.S. con el cual, había el hombre de pesar y medir el pensamiento del Creador, que es el éter, materializado, en la aún incomprensible electricidad. Entraña y alma de la causa vida.

123.—Shet, hijo de Adán y Eva, en cuanto hombre; Investigador del Creador para la humanidad de la tierra, en cuanto espíritu; era mandado en Justicia, a regenerar aquella jaula desordenada; y, sólo acompañado, tenía el mandato ineludible de la ley, de poner orden y concierto a todo desbarajuste de aquellos fieros bípedos; pero que lo eran, sólo por el desequilibrio de su resistencia alma y había de empezar, en sabiduría, por ir haciendo soldaduras de los fragmentos rotos por los terribles corto circuitos; y ya he dicho, que su primer paso fué, unir, por sus padres, para recoger en el mismo, las fuerzas que se repelían por el antagonismo de principios y ambiciones; el sacerdote y el guerrero que se odiaban entre sí y llevaban siempre el pueblo a la guerra; para lo que puso un tercero que entendiese entre los dos y eran los Jueces, que habrían de ser más sabios que el sacerdote y el guerrero.

124.—Shet, por herencia, asumió (como lo había preparado) la representación de los poderes sacerdotal y militar; y así pudo fraternizar el pueblo, haciéndolo respetarse, empezando a gozar de un bienestar no soñado; y tanto fué, que aun no han querido cambiar de régimen en aquellas tierras, esperando al que les fué prometido; y no están equivocados; y tienen fé convicta en la promesa, por lo que si han sido sometidos por la Albion en lo material, no han podido someterlos en lo espiritual; y eso, que los sacerdotes, o Bracmanes, como cabras, han tirado siempre al monte, por lo que tienen, rituales irracionales que no dejó Shet, porque eran los que venía a quitar.

125.—En efecto: todo el mundo sabe que aquellos dioses exigían holocaustos de hombres; Shet los sustituyó por carneros. Los sacerdotes comulgaban con sangre y carne de las más bellas doncellas después de violarlas al pie del altar; Shet lo sustituyó por especies de licor y bollos; y estos dos actos solo, bastaría para la grandeza mayor de un hombre; pero Shet es desconocido, aunque no ignorado.

126.—Cierto que en buena lógica, no puede exigir reconocimiento para él, porque al fin, vino en justicia y el que cumple su deber, tiene bastante con la satisfacción propia del deber cumplido; no hay que olvidar que el amor es sacrificio y cuando éste es cumplido en justicia, harto galardón tiene en ser mandado por un superior y, en este caso, el Superior que mandó a Shet, es nada menos que el Padre común universal, el Creador; único ante quien todo el universo se inclina.

127.—Mas hasta hoy, el hombre necesitó, por su ignorancia y la imposición, figuras, símbolos, ídolos y dioses, ante quien se inclinaba pensando en lo abstracto; y hoy ya sabe el hombre, que el Creador, su Padre, lo lleva real y en toda su majestad, dentro de sí mismo; y por lo tanto, ha de comprender lo dicho en el Sánscrito: “Todos los hombres hermanos son”, y en consecuencia, sólo “amando al hermano”, podemos adorar en verdad a nuestro Padre Creador; y éste es el mandato que se practicará (no lo dudéis), detrás de esta guerra, que Shet empezó a matar.

128.—El odio de razas era tan intenso, por causa de que cada una tenía entonces y tiene hoy, un dios mejor que la otra y todos ellos reclamaban su derecho divino; y por ésto, basados los hombres en una regla científica y axiomática, de que, dos principios absolutos se anulan el uno al otro, los hombres, repito, les vuelven la espalda a los dioses y se abrazan a la ciencia; porque ésta, por la matemática, saca belleza de lo rústico, y hasta hace vida tangible por la combinación de fuerzas naturales, lo que no pudo hacer ningún Dios, ni todos juntos, porque todos son, la sin razón.

129.—Por esta verdad, que el hombre ha visto ayer, cuando se alejó del error por la terrible contramarcha que su mismo espíritu dió en su errada carrera, Shet, sustituyó todos los nombres por el de Brahma, Padre; y lo confirma Moisés, diciendo: “Y Adán conoció a su mujer Eva, y le parió a Shet, en el cual, los hombres empezaron a llamarse: de Jehová”.

130.—Todas las religiones han tomado reformas en el Sánscrito; y todos, más ridículos o refinados por sus tendencias, se han aplicado los que en aquellas doctrinas se llaman “Sacramento” que quiere decir, “medios”. Mas aquéllos fueron para mejorar, porque sustituyeron los sacrificios humanos y el banquete de antropófagos; en tanto que las religiones positivas y aun las hoy existentes modernizadas, viven a costa de esos sacramentos; lo que quiere decir en la lógica razón, que las religiones son incorregibles; porque Shet abolió el sacrificio y la bacanal, condenando a los Dioses que lo pedían y éstos se mantienen a costa de esos “medios” o sacramentos y dicen que es “para ofrendarlo a Dios”, al que piden su auxilio para la guerra; y no voy a probarlo con textos de escrituras, sino con lo que el Telégrafo nos trae, del cristianísimo Guillermo Segundo, y es lo que sigue:

131.—“La Prensa”, martes 8 de septiembre de 1914.

Una oración del Káiser

Berlín.— Septiembre 7.— El Emperador Guillermo, ordenó al Consejo supremo de la Iglesia Evangélica, incluir en la Liturgia de todos los servicios religiosos, durante este año, la siguiente oración: “Dios omnipotente y misericordioso, Dios de los Ejércitos, pedímoste humildemente tu ayuda todopoderosa para la patria alemana; bendice a nuestras fuerzas militares y guíanos a la victoria; danos la gracia de mostrarnos cristianos con nuestros enemigos y también permítenos llegar pronto a la paz que eternamente salvaguarde nuestra Alemania libre e independiente”.

132.—Esa oración no es del Sánscrito; allí solo se pide paz universal y Amor de Hermanos y no le pide a Brahma, sino a los hombres, que son los que hacen las guerras. Y si no fuera esa oración un insulto al Creador (suponiendo que el cristianísimo Káiser evoque al abstracto), es el deseo del mal de los que él mismo ha arrastrado a la guerra; y esto, en la Ley de Justicia fatal, se paga con la pena del talión.

133.—Por lo que, los que el Káiser llama enemigos, han contestado adelantándose a esa oración, juramentándose, Inglaterra, Francia y Rusia, a no pedir ni aceptar la paz, ninguno de los tres, por separado, ni sin que las condiciones ofrecidas o pedidas por uno de los tres, sean refrendadas por los otros dos gobiernos; lo que equivale al más terrible decreto de borrar del mapa a Alemania. Y pregunto yo: ¿En qué estado quedará el Dios del Káiser, si no le hace caso a su oración? Y si pudiera y le concediera el triunfo, derrotando y hundiendo a los otros, ese todopoderoso ¿no sería un monstruo? ¡Pobre humanidad, y pobres dioses de los hombres!

134.—La paz será, porque la mayoría de los hombres de progreso presentó méritos al Padre, por el investigador y no porque se imponga con las armas, ni con dogmas; es eso lo que estorba; y esa guerra es, para quitar todos esos estorbos. Meditad por qué la guerra no acabará, hasta que se haya quitado la causa de la guerra; y ya sabéis, que la ley de justicia no reconoce más que hombres iguales y sólo toma por fé, las obras. Esto sí está en el sánscrito y lo escribió Shet, hace 57 siglos.

135.—Shet escribió: “unidad en el universo”, unidad en el Creador, y una sola ley común, que es Amor; y todo eso se consigue, sólo por el trabajo; todo lo que se opone a esto, es error; y los que lo mantienen, malversores del común y transgresores de la ley y rebelados contra su padre, porque rompen la armonía de su gobierno y no le inmuta, pero corrige con las leyes fatalísimas, por las que han sido promovidas las guerras, hasta el tiempo del sánscrito, que era el tiempo de tolerancia, dándose una tregua de 57 siglos, para que los hombres se corrigieran; y en vez de corregirse, llegamos a la liquidación, con un terrible depósito de causas y armas de guerra, que la Justicia los utiliza en justicia. ¿Por qué se quejan los hombres amantes de la guerra, cuando la ley justicia viene a saciarlos, con una guerra que es la suma igual a las causas preparadas?

136.—La doctrina de Shet, es de paz; y la paz sólo puede ser estable arrancando la raíz de la guerra y ésta la arranca la Justicia Divina; y ya veremos si hay “hombres con derecho divino” que sean capaces de torcer ese decreto, del único Divino, que al recibir el presente ofrecido por Shet y los suyos, dijo: “La Paz sea en la tierra y quitaré todo lo que te estorbe”.