LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO TERCERO
Adán y Eva

65.—El Adán bíblico ha traído a los hombres dando cabezadas de incredulidad, y ha sido a causa del dogma, arma terrible del libertinaje, con el que pretendieron poner un valladar al pensamiento humano; no sabían que el pensamiento es solo del espíritu, el que a nada se somete más que a la ley del más; al positivo polo, del que el espíritu es la corriente, la potencia y la intensidad.

66.—El espíritu es luz, porque es consubstancial con su Padre el Creador, por el que vive en la omnipotencia, llegando a ser omnímodo en ley de justicia. Es el creador de formas con las que demuestra la vida del autor de la vida; y es a éste a quien los libertinos no quieren concederle vida y menos acción, siendo sólo la vida y la acción del espíritu, porque él es la voluntad ejecutora del Creador, del que no vemos más que su eterno e infinito pensamiento de vida eterna y continuada, representada en el éter que todo lo llena y es la única sustancia.

67.—En el sánscrito se escribió las evoluciones del mundo y las del espíritu, en el tiempo de Adán y Eva, hace en años justos 5,674 ahora; y fué entonces, por todo lo que sigue (simplificado por hoy, y explicado en su mecanismo, en la historia de la tierra, que el mundo recibirá) (7).

68.—El sol, padre de todos los mundos de su sistema, en lo material; y que sus hijos son hoy más de 8,000, costándole cada uno un parto. Hizo 122 millones 250 mil siglos en la época de Adán y Eva, que tuvo un parto, del que nació la tierra.

69.—Aquel germen telúrico corrió todo el sistema de su padre, durante 23 millones de siglos, cargándose de todos los gérmenes de las especies de sus hermanos y de vida gestativa, para 100 millones de siglos; y a su hora, la ley lo sujetó, aprisionándolo en su órbita, que habría de ir ensanchando y ascendiendo cada instante.

70.—El espíritu maestro la regía en todas sus evoluciones, gestó todas las especies y las desarrolló a su plenitud en 45 millones de siglos, estando ya entonces todas las especies adueñadas del germen generatriz de su especie, y la tierra no podía darlos otra vez; pero sabe la ley de progreso, que tiene que renovarlos con sus mismos materiales, extrayendo la esencia de todos para engendrar al Señor de la naturaleza, al hombre.

71.—En ese estado que se marcaba en su rol, llamó a la ley para preparar el máximo acontecimiento; y por la potencia del espíritu maestro del mundo, hinchó aquel germen telúrico que del sol saliera y que sirve de entraña a este armazón y rompe la cáscara, envolviendo en ella todos los seres de la tierra, del líquido y de la atmósfera y las aguas todo lo cubrieron. El hombre quedaba concebido y se hizo el silencio, en tanto que un pedazo de la tierra bogaba en el espacio hasta donde la ley le ordenaba para estabilizarse y para reflejar la luz del sol; esa es la luna, que alumbra nuestros coloquios de amor y nuestras cuitas de párvulos y adultos.

72.—Y es que el hombre es algo y necesita ya en los mundos de expiación, luz continua; la que al propio tiempo mata la ferocidad de las bestias, que en su instinto acometen al menor y la ley, nada descuida ni olvida; el hombre, animal más débil, como tal, que los otros animales irracionales, no podía defenderse de las fieras en su niñez; pero la semi-luz del satélite era la defensa del hombre que la ley le da; por eso, el hombre, cuando razona, llena de luz su vivienda, sus calles y quiere llenar también los campos; y es justicia y lo alcanzarán pronto; en otro parto de la tierra que muy próximo está.

73.—El espíritu maestro, con la potencia de la ley, exprimió las esencias de los cuerpos y las esencias de las almas animales, depositándolas en los puntos adecuados y aparecieron de sus mismos gérmenes y semillas, todas las especies del reino vegetal y animal y no parecían las mismas, porque se habían metamorfoseado todas; perdieron los arbustos en exuberancia leñosa, pero lo ganaron en flores, frutos, fortaleza y belleza; y los animales perdieron su corpulencia y lo ganaron en finura, movimiento e instinto.

74.—Un árbol nuevo que antes no existió apareció; hacía ya 10 millones de siglos del parto de la tierra, cuando cayó y dejó al descubierto al hombrecillo, envueltos en sus bienzas verdes y holgadas y el sol los reanimó.

75.—Tenían esas bolsitas, como unos cuatro o cinco centímetros y el gorrión las desgarró, dejando libres aquellos hombrecillos, machos y hembras, que alcanzaron como dos pies (50 centímetros) de desarrollo. A su hora, la ley los llevó a procrear; esos son los primeros pobladores de la tierra, que aparecieron en todas las partes sólidas del mundo, siendo los nacidos de los árboles, la cuarta parte de la familia, que por ley ascendía a cultivar la tierra.

76.—Aquellos hombrecillos y los hombres grandes que engendraron, no conocieron leyes de restricción y eran libres como las aves y el reino animal; el suelo y los frutos era común y vivían como niños, amparados por la ley.

77.—Pero la beatitud no es vida; es sombra de muerte; los instintos hay que unificarlos; y cuando el hombre cayó vencido por la fiera, oyó el otro hombre el clamor y sintió el dolor del zarpazo; llamó la ayuda del hombre y vió que era buena la compañía. Así nació la tribu; el hombre progresaba.

78.—Mas cayó un hombre, herido por el hombre; y al sentir la tierra la sangre que tanto le costó, derramada por otro de sus hijos, gritó a la ley pidiendo justicia y el hombre vió el volcán y la tempestad y en su horror, pidió al sol, las estrellas, a los hombres, hizo imágenes, naciendo las religiones, tantas como tribus y aún como familias y ya la guerra sentó sus reales sobre la sangre del primer caído por el odio y lo han perpetuado las religiones.

79.—El odio pasó de tribu a tribu; se recurría al mayor número para más defenderse, pero creando ídolos y dioses y, todos esos ídolos y dioses pedían siempre ofrendas tomadas al otro pueblo, al otro dios. Así, la concupiscencia llegó en las religiones, a pedir dioses vivos, que no se hastiarían de carne de doncellas, y de sangre de mancebos.

80.—Mas la humanidad progresaba, porque el espíritu no para; pero el despotismo, nacido primero en la fuerza bruta y luego consagrado por la astucia religiosa, pondría la división entre el sacerdote y el guerrero; y del continente más poblado (la China) partió una división, acaudillada por Peris, que en siglos llegó al Egipto.

81.—Peris trabajaba ya el oro y los metales, y era a los 40 millones de siglos de la aparición del hombre en las bolsitas y llevaba Peris las fuerzas sanas, los trabajadores, e hizo el gran Imperio que aún dura, desmembrado hoy; la Persia.

82.—Con sus industrias, Peris iba invadiendo territorios, y llegado a Egipto, se encontró con una adoración que él no conocía. Fulo (el fuego) y pactó con él, porque era el todo para sus oficios.

83.—Su llegada a Egipto representaba el flujo del progreso; y encontrado el fuego, refluyó hasta su origen primero, la China; componiendo bajo un aparato que producía el fuego, el Krisna, al que Agnis no vaciló en ceder su puesto; y el Krisna reinó y aún sigue siendo el dios de aquellas religiones.

84.—Pero a pesar de todo y sobre todo, mantuvieron los sacerdotes la supremacía, y ellos no habían hecho el progreso, sino los trabajadores; y para asegurarse como divinos, hicieron nacer la casta guerrera, que dominara por la fuerza a los trabajadores que protestaban ya entonces del sacerdote, y cayó la humanidad en la esclavitud, subyugada por la fuerza bruta.

85.—Bajo el Krisna creció el boato, y la concupiscencia llegaba al paroxismo, a la locura; hasta que valía cualquier cosa, más que un hombre trabajador; y una serpiente, más, mucho más que una mujer, por lo que Shet escribió: “Que la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente”. Y en el Sánscrito, la serpiente no es otra cosa que la religión.

86.—Había cumplido la tierra 122 millones de siglos; 44 millones de siglos los hombres en ella y la carne no parecía saciarse y, aún los hombres eran, Unos. No habían descubierto su Dúo Alma. Y si en toda la tierra la concupiscencia era la ley, en un continente, en la Atlántida, era el apoteosis de la lascivia; y la Atlántida se hundió cubriéndola las aguas y descubriendo las Américas, que sólo ostentaban el costillar de los Andes. Aquel hundimiento rompió una colina que unía la hoy España, con el Africa, e inundó el Jardín de la tierra, cuyas ciudades guarda el Mediterráneo; y fué, hace ahora sólo 87 siglos.

87.—Las aguas del Atlántico, en sus olas, llevaron contingentes al hoy México y Norte América; y las del Mediterráneo a la Calabria y éstos son los puntos más culminantes que se deben insertar aquí de la prehistoria para la humanidad de la tierra, y vamos a entrar en el tiempo de la historia y la doctrina escrita.

88.—Por más que los hombres quieran ver historias y doctrinas bibliográficas antes de Adán, sólo encontrarán afiches y jeroglíficos supersticiosos; pues si los sacerdotes hubieran hecho un cuerpo de doctrinas, no hubieran podido contener el progreso y habrían acabado antes de Adán, porque su fuerza está sólo en la ignorancia del pueblo y en la superstición; y a acabar con esto llegó Adán y su familia, cuyos espíritus procedían de un mundo mayor del sistema solar, que apenas lo ha descubierto la astronomía; no lo dudéis.

89.—Una es la ley; la tierra está hoy en la liquidación de sus cuentas a la creación, como hace 58 siglos, un mundo hermano, sufría esa liquidación y la ley a nadie deshereda; pero pone a cada uno en su lugar, conforme a su grado de progreso y sus afecciones; y esto, sólo puede ser, transportándolos a otros mundos, que son las moradas de que habló Jesús, escritas en el sánscrito, repetidas por Moisés e Isaías, y últimamente descritas y retratadas por el Dante.

90.—De aquel mundo fueron expulsados muchos millones de espíritus, por malversores y morosos y fueron destinados a la Tierra, donde sufrirían la contracción que sufriríamos nosotros, si de momento nos encontráramos traspasados de la belleza y comodidad de las ciudades modernas, a vivir la vida de las cavernas de las primeras tribus, teniendo conciencia de la belleza que perdemos.

91.—Son éstos los medios que tiene la ley de amor para corregir y curar a los ciegos, sordos, y locos de voluntad y los corrige; en lo que podéis ver y se comprueba mi afirmación de que la ley, en su mayor rigor, es el máximo amor.

92.—Pero entendamos, que esa corrección lleva necesariamente, los terribles sufrimientos de tener conciencia de lo que perdemos; lo que debe poner en gran cuidado a los hombres, ahora que la tierra está en su liquidación y en espíritu, han de salir de ella todos los que estorban a la implantación de la ley de amor, que ha de estar en su primer apogeo, durante el paso de tres generaciones presentes; por lo que, la guerra actual, no acabará en todo el mundo, hasta quitar las causas de la guerra, y por lo tanto, hasta matar la guerra, con la guerra misma.

93.—Los desterrados no van solos; la ley manda un investigador de justicia, que será el legislador y ha de proceder del mismo mundo, para ser conocido de los desterrados, porque han de llamar muy presto, muchos de ellos; y esos serán los primeros misioneros de la doctrina que no quisieron aceptar en el mundo de donde fueron quitados, porque estorbaban.

94.—Este investigador no era Adán y Eva; éstos y 26 seres más, eran afines del investigador y con él, habían sido ya misioneros en el mundo Juzgado de donde salieron los desterrados; y estos afines, espíritus de grande amor, no quisieron dejar solo al investigador y legislador; y con la venia del maestro superior, descienden a regenerar un mundo que la ley reclamaba en el concierto de las armonías; el espíritu que encarnado en la tierra se llamó Eva, rompió marcha y le siguieron los otros, haciéndose en voluntad solidarios con el investigador, del trabajo que había que hacer en la tierra.

95.—En ley, se eligió lo mejor de la tierra, en clima y costumbres; y en consejo se acordó unir desde el primer momento, las dos potencias que estaban divididas, para así tenerlas en su mano y para que el legislador pudiera, por ese medio, dar la doctrina salvadora.

96.—Al efecto, en la India, y en la hoy ciudad de Haiderabad, nace una niña hermosa, como no habían visto las madres, y era en la casta de los guerreros y la llamaron Eva; al propio tiempo, nace un varón en la casta sacerdotal, fuerte, robusto y hermoso y lo llamaron Adán; y estos dos casos hacían pensar y temer a los primitivos, por su superstición.

97.—Hay que hacer notar que para entonces habían ya encarnado los desterrados y con el progreso de sus espíritus habían ya mejorado un tanto la raza, como preparando la materia para aquel acontecimiento; esto pertenece a las leyes de afinidad y justicia, que obran incesantemente, en justa medida y compensación.

98.—Llegados Adán y Eva a edad conveniente al fin que traían, la ley que nada descuida y menos podría descuidar un caso tan trascendental, se vieron la doncella y el mancebo, se amaron porque sus espíritus estaban juntos y por añadidura el investigador, en espíritu, ordenaba. Mas un tribunal de grandes espíritus, que en ley se habían constituido para vigilar y advertir a la familia misionera y suplir al investigador en espíritu, cuando éste estaría encarnado para escribir la ley y la doctrina; cuyo tribunal, a los hombres, se le ha dado a conocer bajo los nombres de Gabriel, Rafael y Miguel. Se unieron, pues, Adán y Eva; y por su dominio sobre los demás causado por sus facultades y belleza, unieron las dos castas causantes de la eterna discordia humana; y por añadidura, ambos heredaban los derechos de sus padres, siendo Adán (así digamos) emperador y pontífice.

99.—Fué su primer hijo, Shet, que era el investigador y tuvieron otros más; todos eran de la familia misionera voluntaria que debían estar lo más posible, juntos, en la primera acción de reformar las castas y sobre todo la religión, escribiendo la doctrina, aun no bien estudiada hoy, del sánscrito.

100.—El Caín y Abel bíblico, es una figura que Moisés concibió, al tenor de la del Arca de Noé; y era en gran sabiduría, para anotar la historia ya pasada y aun no escrita, ni necesaria para el progreso material; pero sí necesaria para la sabiduría de los hombres, que nada han de ignorar.

101.—Así, pues, como representó Moisés en el símbolo del Arca de Noé, al cuerpo humano, que es la realidad de la figura, Abel y Caín, representan el estado del mundo entonces, donde sólo el derecho era del más fuerte; y al mismo tiempo, quedaba catalogado, el juramento de exterminio hecho por la raza primitiva, a la raza Adámica y redentora; por lo que, anota en el mismo capítulo, el dicho de: “que el que matare a Lamel, será vengado 7 veces; pero el que matare a Caín, 70 veces 7”; es decir, que juraban la destrucción de la nueva raza.

102.—Debo hacer una observación de paso, aunque no es de este capítulo y es que, el Génesis bíblico de Moisés, lo que llamaremos genealogía, no empieza sino en el capítulo 5º; siendo los cuatro primeros, como un índice de la historia pasada, que entonces no hacía falta saber , pero que Moisés sabía que llegaría el día de escribir la historia de la tierra y dejó anotada, simbólicamente la creación, en sus siete días.

103.— Es decir, que “Dios crió a Adán de un puñado de tierra y que sopló y le dió vida”, es decir, netamente, la procedencia del hombre: y aquello de sacar a la mujer de la costilla del hombre, no significa otra cosa en verdad, sino que las formas nacen de la sabiduría del espíritu, por su trabajo y por su amor, que es sacrificio, representado en el sacar de la costilla; y aunque hay muchas otras cosas que anotar de esos cuatro primeros capítulos del Génesis de Moisés, lo paso, por no ser necesarias a las funciones de este libro; ya tendrá tiempo el hombre, en la paz, de sacar en limpio el secreto de todos aquellos símbolos, aunque se le descubrirán en toda su verdad, en una obra titulada “Conócete a ti mismo”.

104.—Deshaciendo entuertos, pues, Adán y Eva, son realmente de carne y hueso, y son los progenitores de la raza que hoy cubre la tierra; y aunque nacidos de hombres de la raza primitiva, son los primeros hombres de una raza, regenerada, y son los jefes de una familia misionera que trajo el progreso todo, las artes y las ciencias de las artes y la sabiduría, a cuyo primer grado va a llegar la humanidad, tan pronto se acabe la liquidación, en la que está, sin que lo puedan evitar, religiones, emperadores, supremáticos, ni aún los libertinos; y termina el legislador las luchas, con su Doctrina universal y en él, Adán y la familia misionera, triunfa sobre todo el mundo y en conjunto, son solo 29; pero se deben anotar en justicia, cuatro más: Gabriel, Rafael y Miguel, tribunal permanente que auxilia al legislador y el Maestro, Espíritu de Verdad, que en amor, también toma cuerpo material en la tierra, muchas veces.

105.—El trabajo que haya tenido ese número corto de 29 misioneros, incluido el investigador, calcularlo por lo siguiente que es dato exacto (no os importe hoy de qué archivo sea sacado) y es que, a la tierra pertenecen de derecho y le fueron dados, dos billones de espíritus, que habían de exprimir las esencias de la tierra, para en su día, llevar en luz computado el peso; más los desterrados que llegaron a tres mil quinientos millones de seres espíritus. Estos eran supremáticos del mundo Neptuno que entonces liquidó sus cuentas; y a todo este número, tenían que iluminar y enseñar la ley de amor y con ella convencerlos, para llevárselos al Padre como lo habían prometido en su venida; tocando (en números redondos) ya descontados los poquísimos primitivos que habían en luz, pero que les había tocado, repito, a cada uno de esos 29 titanes, la respetabilísima suma de 70 mil millones; y han conseguido mayoría, puesto que la tierra está en liquidación y no ha perdido su órbita, aunque haya andado desequilibrada, por falta de obras de las que corresponden a los que han servido sólo, la vida del cuerpo y del alma (que es animal) y sólo han hecho lo que vimos en aquella terrible y horrible jaula, que es la viva representación de lo que la tierra era, cuando apareció en Adán y Eva, la familia misionera.

106.—Nunca faltaron en medio de los hombres algunos de esos 29, desde el principio de su misión; y han dejado siempre huellas y hechos y jalones nuevos puestos, del valor y seguridad de Abraham, de Confucio, Zoroastro, Juno, Antulio, Sócrates, Jacob, Moisés, Isaías, Elías y los otros profetas y Marco Aurelio y Servio Tulio, juntándose casi todos, para terminar la siembra de la regeneración y anunciar esta liquidación, cuando Juan el Solitario, decapitado por Herodes, y Jesús, crucificado por los sacerdotes; y creáis o no en la reencarnación (ya creeréis todos), los padres de Jesús, en la ley de la carne (única por la que la procreación puede existir), los padres de Jesús, repito, José y María, eran el mismo Adán y la misma Eva; y Jesús y Juan, eran de los 29; y en la familia de Jesús y uno de sus hermanos, estaba y era el investigador, que oía sus palabras; y hasta el Espíritu de Verdad (al que anunció Jesús), estaba presente en un cuerpo de hombre, para ser testigo irrevocable de los hechos de la supremacía.

107.—Más, ni Jesús, ni Isaías, ni Moisés, ni Sócrates, ni Confucio se salieron de la pauta del sánscrito, porque allí, ya quedaba el Jalón-mira, por el que habían de orientarse todos, hasta llegar a la liquidación, después de la cual se le podría descubrir al hombre, la verdad desnuda, porque se quitaría todo lo que estorbaba a la luz de la razón.

108.—¿Qué puedo decir más de esta familia misionera de amor? Diré sólo, que fueron de todo lo que al hombre aprovecha; que empezaron reformando las religiones, relegándolas siempre al último término y que ellos no crearon ninguna; que todos han sido sacrificados muchas veces por el poder religioso, y pocos, aunque algunos, por el poder civil; pero saber que éste siempre ha sido feudo de las religiones y por lo tanto, no ha habido aun en la tierra poder civil, porque aun no ha habido un gobierno plebiscitario, aunque fué ensayado, como se podía, en la naciente Roma y lo estatuyó Servio Tulio, que era nada menos que el Espíritu Maestro, Espíritu de Verdad.

109.—Por fin de este capítulo, diré: que allá, en la ciudad de Haiderabad, existen los cráneos y la tierra los guarda de Adán y Eva y de su hijo el investigador y legislador Shet; y que toda la obra de progreso de la tierra, es debido a ese puñado de Titanes; pero toda la historia ha sido adulterada por los malversores, que hasta el fin de la liquidación han promovido y sostenido las guerras, llegando al final a ésta, sin precedentes, por su magnitud, porque para ella han transformado en armas de destrucción, todo el progreso regenerador que se ha traído de mundos superiores para el bienestar de los regenerados, que por su esfuerzo y coadyuvando con los misioneros en el trabajo, están como hombres y como espíritus, en inmensa mayoría; por la cual, la tierra no ha perdido su órbita y ahora se asentará y regularizará su movimiento, agrandando su día y será alumbrado con luz ininterrumpida.

110.—Esto es decreto, para el día de la Igualdad; y, pueden pasar los cielos y la tierra, pero no pasa la palabra del Creador, padre de amor, del que el hombre es su demostración; y hoy, en conocimiento de la verdad, los hombres matan la guerra con la guerra, para poder decir en la paz: ¡Viva Adán! Y vivirá.

Nota al pie 7: Esa historia, ya tiene sus bases puestas en la “Filosofía Austera Racional”, “Los Cinco Amores” y en el “Conócete a tí mismo”.