LOS EXTREMOS SE TOCAN

CAPITULO SEGUNDO
Leyes Fatales

Afinidad, Justicia, Igualdad y Compensación

18.—De la máxima ley de amor, se derivan estas cuatro leyes fatales, porque son justicia de necesidad, las que se cumplen y ponen al fin la armonía en cada ser y por ende, cuando la mayoría de los hombres están en su armonía individual, aparece la armonía universal que hace leyes armónicas y de justicia; lo que no puede ser, en tanto los hombres no aman.

19.—Mientras que en la conciencia, los hombres no sientan amor, cada hombre es un gallinero con un raposo dentro; esto, si los hombres están un tanto educados; que si no han llegado aun al primer grado de educación, entonces los instintos están cada uno en su individualidad y cada uno quiere ser el primero en saciarse. En ese momento, el hombre es realmente como una jaula donde están encerrados juntos todos los seres irracionales del mundo, imponiéndose el más feroz, que aniquila a los inferiores; ya podéis comprender qué algarabía horrible y qué actos terribles habrá en aquel enjambre.

20.—Es en realidad esa jaula cada hombre y ha cometido los destrozos que allí podéis imaginar, con la agravante, de que el hombre, aunque sea muy obtuso, tiene razón desde su primer instante y por lo tanto, piensa y premedita el hecho, lo que constituye malicia y agrava el hecho; que no siendo mayor (materialmente mirado) que el que hace una fiera, en aquélla, no es falta, en tanto que en el hombre es un crimen; y es porque, en el hombre, hay razón porque lleva dentro de sí el índice de la ley de amor que está en su espíritu, por el cual puede pensar.

21.—Todo ese terrible enjambre, con su horrible barahúnda está en realidad de verdad en cada hombre, porque el hombre es la realidad del símbolo del arca de Noé. Esto es lo que representó Moisés, en aquella figura que nadie ha podido comprender.

22.—Y por más terrible que sea el cuadro y horrible su desconcierto, el espíritu ha de dominarlo sin destruir ni un asqueroso piojo; y ha de archivar con orden y concierto, en ley de amor, cada uno de esos infinitos instintos, en su alma, formando el más apreciable tesoro de conocimientos y sentimientos unificados y esto es su conciencia.

23.—Pero el espíritu (no olvidarlo) es en la individualidad, la fuerza potente de la ley de amor; en colectividad, es plenipotencia; y en comunidad universal, es omnipotencia; y llega a ser omnipotencia omnímoda, cuando descubre sus tres entidades de Cuerpo, Alma y Espíritu y cada una obra en concierto de la ley siendo el jefe el espíritu, como le está mandado por la indómita ley que en sí lleva impresa, sin poder tirarla y sin poder él dejar de ser.

24.—La ley es el mismo Creador y está dentro de cada hombre y espíritu, aun que lo retraten de demonio. Por lo que, a su vista, el hombre obra el crimen y la virtud y la ley, el Creador no se inmuta. Sabe que el hombre ha de triunfar siempre y ha de ser todo por el trabajo de creador de formas, que lo es, por expreso mandato de su padre, que va sentado dentro de cada hombre, presenciando la labor de cada instante. Pero el que es la armonía, en su potencia, se oculta de su hijo el espíritu, para no cohibirlo: mas se le hace sentir continuamente, por la vibración constante de las terribles leyes fatales. Es este el secreto de que hasta el hombre más fiera, en la postración, salga de sí, un ¡Dios mío! ¡Padre mío! Por esto es error, ignorancia y malicia, buscar al Creador en lo abstracto, viviendo, porque vive en toda su grandeza, dentro de cada hombre.

25.—No os espante esa afirmación que es verdad como la vida; pero sea sí, el freno que últimamente se les entrega a los hombres, explicado en su mecanismo; porque decirlo, ya se dijo en el sánscrito. Lo que sí, ahora, habéis de prestar atención a las leyes fatales, que no podemos eludir.

26.—La ley de Afinidad, es la administradora solícita y exacta de la ley madre o de amor; y es tal el cúmulo de trabajo de esta ley fatalísima, que nada suceder puede, sin que ella haya reunido en la exactitud matemática de peso, medida y tiempo, todos los átomos causa que han de producir un efecto.

27.—Pero el efecto mayor que se produce, es el hombre en todos los mundos; y es natural que este efecto supremo requiera el todo y el máximum de la sabiduría para producirlo la primera vez, cuando aún no hay mujer, ni hombre que lo engendren y lo produzcan.

28.—No es este libro el lugar de decir cómo apareció el hombre sobre la tierra; necesítase saber, primero, cómo se creó la tierra; en la historia de la tierra se dará este punto, el más trascendental de la Creación. Pero sí digo, que la tierra inició su vida individual, hace (incompletos) 123 millones de siglos: 55 millones de siglos, que la tierra sufrió un parto del que procede la luna: y 45 millones de siglos, que apareció el hombre, en la forma más maravillosa, racional y sencilla y lo mismo que todos los demás seres, porque sólo hay una ley.

29.—Pero sí tengo que decir, que desde la aparición del hombre, donde la ley de afinidad tuvo el más intenso e inmenso trabajo de reunir la quinta esencia de la materia y la quinta esencia de esta esencia, para formar el alma humana del alma animal, amasada, diremos, con el alma universal; el Eter, que es la única sustancia; en cuyo momento, repito, de la aparición del hombre, la tierra madre, se despojó del germen procreador de la especie humana, depositándolo en el hombre su criatura y su señor a la vez. Parecerá que la ley de afinidad, no tuviera ya mayor trabajo en la procreación y no es así; sino que tiene aun mayor y más complicado trabajo.

30.—En efecto; como habéis visto, el terrible cuadro que presenta el hombre hasta que logra hacer un buen archivo de instintos y sentimientos bien ordenados que forman la conciencia, el hombre, se enceguece en el antagonismo que tienen todos sus instintos y no cumple como sabio. Aquí la ley de afinidad, se ve precisada a reunir mil y mil veces, las causas que deben producir el efecto hombre; pero al fin triunfa, porque el hombre llega a hacer conciencia y cumple su fin en la Creación.

31.—Mas no por eso termina la ley de afinidad su trabajo, porque es de ella el deber, de poner siempre juntas todas las causas que han de producir todos los efectos, con precisión matemática, de peso, medida y tiempo; pero entonces y cuando ya el hombre tiene conciencia, produce los efectos en voluntad y la ley es cumplida y cumplimentada y todo marcha ya en armonía; desde ese momento, acaba el maremagnum horrible de aquella jaula horrorosa, que hemos contemplado.

32.—En la naturaleza, del hombre abajo, todo cumple y cumplimenta la ley; pero es porque, cada ser, sólo tiene una función que desempeñar; en tanto que el hombre, como hombre, tiene las funciones de todos los seres; ya comprendéis lo heterogéneo de tantas funciones, por lo que, el hombre es, como todas las cosas de la naturaleza y así requiere también el auxilio de todas las leyes y lo tiene, aun cuando no lo comprende.

33.—Cada vez que ha de haber una concepción de un hombre (y ya véis cuántos hay) el espíritu que ha de ocupar aquel cuerpo, antes de la concepción, tiene ese espíritu que pedir autorización al maestro espíritu correspondiente y ha de presentar la justicia que le asiste; la obra que se propone realizar; el sexo que elige; los padres que escogió; los hijos que engendrará; los medios probables que se prepara; el país en que actuará y todos los pormenores requeridos por la creación; y si está en la justicia, le es concedido. Y... ¡allá va el espíritu, pidiendo los medios a la ley de afinidad y esta, prepara lo que es justo para todo el petitorio concedido!

34.—La ley de afinidad, tiene como agente inexorable la ley de justicia; y son los dos brazos dignos de la ley de amor, cabeza única de este concierto, o gobierno supremo del Creador.

35.—La ley de justicia, es como un ser sin entrañas ni sentimientos y todo lo iguala sin miramiento, porque no ve más que obras, que es lo que tiene que presentar a la armonía de la creación. Esta es la fé, que ha de presentar del cumplimiento de la ley.

36.—Esta ley, no ve si uno es ciego, sordo, manco o tullido, o robusto, sabio o ignorante, como si es dignidad o mendigo, porque ella sabe, que no hay más que hombres y que cada uno, en su estado y condición, tiene un hecho que cumplir y éste exige.

37.—La ley de justicia (riguroso índice de la creación), hace su oficio sin mirar que se produzca una catástofre humana, como la actual guerra mundial; o una hecatombe, como las de Martinica, Messina y San Francisco, o se hunda un continente como la Atlántida, levantando otro al mismo tiempo como las Américas; o hace un parto en la tierra y nace un satélite como el que nos alumbra las noches. Esto lo va a repetir en la ley de Justicia otra vez, muy presto.

38.—Cierto es que esos cataclismos están en la ley; pero si los hombres cumplieran su deber, serían civilizados y por tanto sabios y no los ignorarían y serían esperados; lo que se espera, no causa espanto aunque cause dolor, que es el fin que cumple la ley; porque sólo por el dolor se dominan los instintos, los antagonismos y las pasiones y en ese estado, los hombres caen en la postración, y ante su impotencia llaman al padre y reconocen su error. Ved aquí cómo la ley de justicia en su mayor rigor, es el máximo amor.

39.—Porque los hombres han delinquido más que lo tolerable, empleando el progreso de los trabajadores en armas de destrucción de los mismos progresistas, ha surgido la sin precedente guerra actual, suma igual al desconcierto levantado y no acabará (porque es ley que no acabe) hasta que los mismos hombres quiten todos los obstáculos que han puesto a la ley de justicia y son las fronteras, tras de las cuales, los hombres son extranjeros. Esto fué y se toleró en los tiempos de las religiones, que eran tiempos de ignorancia, de antagonismo, de pasión, de supremacías y, en fin, el tiempo de la terrible y horrible jaula, que os mostré.

40.—Como tolerar no es consentir, sino dar tiempo a que llegue el límite de tiempo (esperando que se corrijan los tolerados por el saciamiento de sus instintos), llegado ese límite que Isaías llamó “el tiempo, los tiempos, y la mitad del tiempo”, pero que Abraham, había escrito en su testamento, siglos concretos que se han cumplido poco hace, tan pronto que se han llenado esos tiempos, la tierra hizo sus demostraciones con repetidos movimientos sísmicos casi diarios durante todo el año 1913(6), en el que las inundaciones fueron muchas, las tempestades y cambios atmosféricos no igualados, allanamientos de ríos, surgimientos y hundimientos de islas, falta de cosechas, crisis generales y por corona, la conflagración universal, que es igual al sumando habido en la ley de justicia.

41.—¿Tiene en cuenta esta ley, las religiones y las dignidades? “Mejor es no menearlo”. Ya dije que, la ley sabe que no hay más que hombres iguales. Pero tenéis una regla infalible para juzgarlas: “por el fruto conoceréis el árbol”; que si la usáis en clara razón, hallaréis que todas las guerras, y todo el malestar mundial, proviene del parasitismo. ¿Qué más he de decir?

42.—Que la ley de justicia, obra en justicia y revulsiona a los hombres sacándolos del marasmo y de la postración en que han caído y, lleva a la guerra a los hombres, para matar la guerra y sus causas. Causas que no son de la ley, sino faltas cometidas contra la ley; y esto es lo que persigue la fatalísima justicia en este único sacudimiento, cual no han visto los hombres desde que están sobre la tierra; y ya lo dijo Isaías y en el apocalipsis se advirtió que “la sangre haría ríos y llegaría a las bocas de los caballos”.

43.—Aunque parezca despiadada la ley de justicia, sólo hace cumplimentar a la ley invariable de afinidad, que prepara los caminos a la igualdad de la ley para todos los hombres; y como el fin justifica los medios, el fin que persigue la ley de justicia es la igualdad de los hombres y ésta es buena; luego los medios, por terribles que sean, son buenos; y no hay otros, porque, para quitar los efectos, es necesario quitar las causas.

44.—Habéis visto y véis, que los hombres de estado, buscan, rebuscan, vuelven y revuelven cuanto da en sus manos, está a su alcance y no aciertan a regular la situación. Y lo más grande es, en esta tierra prometida, repleto granero de José, no encontrar sus hombres el medio de matar el hambre espantosa, que se alberga en casa de los que todo lo producen, llegando en estos días, al vergonzoso cuadro de tener que ir hombres robustos, a saciar su necesidad, con un plato de bazofia, dado a la afrenta del público y, esto, antes, la ley lo toleró; pero hoy no lo tolera, porque es una injusticia y estamos en el día de la Justicia, para llegar a la igualdad.

45.—Por estos actos, se ha manchado también la tierra de promisión; la Justicia la limpiará y bien limpia, compensando a cada cual, por sus obras; pero deshago el mayor error y digo repitiendo: que la caridad es injusticia; y si queréis juzgarla, mirar que tal es el árbol que la dió.

46.— La beneficencia es de ley; pero entenderla bien; porque ésta, en las tierras donde aun prevalece el sánscrito que legisló la beneficencia hace 57 siglos, se hace admitiendo en casa al beneficiado, tratándolo mejor que miembro de la familia: así es sublime; casi se iguala al amor; pero,... esto... está demás dicho, sobre todo para las dignidades y grandes ... muñecas, o damas, que tienen el corazón en la boca y en las carteras del gacetillero, que lleva sus obras a la prensa, donde sirve su acción... caritativa, para describir su insultante traje y joyas, que no labró ni tejió, en tanto que los hijos del artista van descalzos y duermen en inmunda lechonera.

47.—Pero ya se van a igualar los platillos de la balanza, con la acción de la Justicia; y quisiera, que mi acerba palabra, (que no es más que amor), fuera el saludable sinapismo que necesitáis para la circulación saludable y llaméis primero la Justicia, para que se os dé la igualdad por añadidura, en el primer momento. Este sería el bautismo verdad para entrar en la ley, de la que os han sacado los que viven divorciados de ella.

48.—La ley de igualdad y compensación, es la exacta balanza que usan la de afinidad y de justicia; con tal rigor y precisión, que no queda un residuo, de un mil millonésimo; esto debía haber puesto a los hombres en gran cuidado, porque es verdad que hemos de pagar nuestras deudas a la Creación, hasta el último cornado; y hoy estamos en la liquidación de ley, pero que para los morosos y malversores, es una liquidación forzosa, porque son obligados por la justicia.

49.—Y no se coarta la libertad del hombre, como hombre y como espíritu, forzándole a pagar sus deudas a la Creación, porque, la libertad consiste en hacer todo lo que la ley manda sin causar daño a un segundo ni a un tercero; y si se causa el daño por ignorancia, la justicia tolera, porque sabe que el hombre será sabio y pagará en voluntad; mas sin embargo, queda la balanza en desequilibrio, pero lo mantiene la ley.

50.—Mas no tolera la ley el libertinaje; y este es el que ha imperado en los hombres y por esto, el terrible flagelo que aterra al mundo todo; el libertinaje sólo pueden hacer y tener, los que a sabiendas causan el daño; y sea este punto el examen de los hombres, mostrándose valientes en su escudriñamiento y desinteresados en pagar su deuda en voluntad; y sí lo hacen los hombres que tienen educación, se verá el mundo lleno de misioneros predicando la igualdad y quitando el escándalo que pusieron a los humildes.

51.—Es tan rigurosa la igualdad y la compensación por las leyes de afinidad y justicia, que en el tiempo, nos obliga a desempeñar la misma cantidad de trabajo, a cada uno de los seres; a desempeñar todos los cargos, a ocupar todas las posiciones y consumir la misma cantidad de productos; y todo, al centímetro, al gramo y al segundo; porque la ley no puede equivocarse.

52.—Pero como hay morosos, malversores y perezosos en el trabajo, llega a amontonarse tal cantidad de faltas en la creación, que los mundos de expiación llegan a tambalear y marchan por su órbita, como un beodo, hasta desregularizar los períodos de sus estaciones; porque el platillo de las deudas está repleto y el del haber falto, que la misma tierra que la han creído insensible, pide justicia para su señor el hombre y aún se niega a producir frutos, que sólo empleó el hombre en su destrucción, por el libertinaje, que no es de la ley; y he aquí el por qué no responden las cosechas al pedido de los hombres.

53.—Porque el hombre faltó a sus deberes de hermandad, se le previno que llegaría el momento de rendir cuentas, por la fuerza de la justicia; y aun se le amenazó terriblemente, porque sólo temía el hombre, al hombre y a Dios, en tanto que la ley sólo es amor y amor exige a los hombres, sin temor; y hasta se llegó a sentenciar al hombre, por Santiago Apóstol, diciéndole: “Juicio será hecho sin misericordia al que no hizo misericordia”; y añadió: “pero la misericordia se gloria contra el Juicio”; y en otro lugar, él mismo, dice: “Estad preparados como si en el momento habíais de ser juzgados por la ley de libertad”, donde véis que sólo se reprende a los libertinos.

54.—En la tierra, sólo ha habido libertinaje y no se conoce la libertad, y sólo se ha legislado en favor del libertinaje; por lo que, todas las constituciones de los estados, tienen la guerra declarada, en las palabras más sagradas que han entendido de patria, por las que se matan los derechos de los hombres.

55.—Y como la ley se sirve de las armas que los hombres le prepara, le preparó armas de guerra y con la guerra llega la justicia, a matar la guerra, descalabrando a los hombres.

56.—Han hablado los hombres de civilización, no siendo siquiera educados y menos ilustrados; y lo tenemos probado hoy, con la civilización demostrada por esos grandes estados, que se han llamado “cerebros del mundo” y “centro de la civilización” y son, en realidad, la jaula terrible y horrible que vimos al principio.

57.—Como los mismos que han desequilibrado el mundo, son los que hoy quieren buscar soluciones y no se han curado de su locura, pretenden hacer edificio nuevo con materiales viejos y viciados, y esto no entra en la ley; y por esto no encuentran solución en nada de lo que ensayan, y tenéis el ejemplo que ofrece la América, retrocediendo cinco siglos atrás, en la cazuela de sopa que se ve forzado a ir a buscar, para entretener el hambre.

58.—Y es que el lobo pierde los dientes y el pelo, pero jamás pierde las mañas, ni su instinto y al fin hará una lobada.

59.—Llegamos, pues, a la conclusión de que, las leyes fatales no lo son por ellas, sino por los hechos de los hombres, puesto que ellos producen efectos naturales, de causas naturales.

60.—Y como los hombres no han cumplido la ley de afinidad, que les puso en todos instantes las causas justas para producir efectos justos, y los hombres, en vez de paz, promovieron guerra; en vez de libertad, tuvieron libertinaje; en vez de beneficencia, hicieron caridad-limosna; y en vez de amor, tuvieron odio, resulta que el bienestar que debió disfrutar la humanidad está aun totalmente almacenado, y el hombre sólo ha tenido infortunios, luto, ignorancia, guerras y desolación. Por lo que, la ley de justicia ve que todos los hombres han consumido todo el dolor que la ley de compensación obliga, por los hechos dolorosos y la igualdad, sólo ha podido también dar esos mismos efectos, en el tiempo tolerable y de tregua; por lo que, hoy que es el tiempo marcado en la ley de amor, que es cuando el progreso, por el trabajo de los dolientes (subyugados por la maldad de los malversores), ha llegado ese progreso al máximum relativo; y es entonces de justicia, espiritualizar ese progreso, porque es efecto de la causa espíritu, cuya es la ley de amor y sus agentes, las leyes fatales que hoy ponen el remedio.

61.—Los hombres protestan del remedio que la Ley Suprema impone (que es matar la causa error), para hacer triunfar la sabiduría, que consiste en tomar del mal el menos y sacar bien del mal, compensando el dolor y sufrimiento, por el goce del bienestar, igual y equitativo; a lo que no se pueden avenir los que sólo saben infringir la ley de amor, manteniendo fronteras, supremacías y clases, que es lo que la ley toleró en el tiempo de expiación; pero no lo puede tolerar, desde que marcó la regeneración, con el advenimiento de Adán y la familia regeneradora.

62.—Hemos llegado, pues, al límite matemático del progreso material, que puede existir en la dualidad del hombre de cuerpo y alma; pero la ley obliga a seguir adelante y no es posible seguir sin la tercera entidad descubierta por el hombre; el espíritu; que aunque es la primera piedra y única responsable de todos los hechos, estaba envuelto, oculto en su alma, para no desarmonizar con su luz, la rusticidad y pesadez de la materia; e hizo así en sabiduría el espíritu, siguiendo el ejemplo de su progenitor, el Creador, que estando presente y latente en el hombre, se oculta, para no cohibir a su criatura en los comienzos de su carrera, sin inmutarse de las travesuras de los niños, porque sabe que es ley, que la materia se sacie de su ley; pero impone, dar al cuerpo lo suyo y al espíritu lo que le pertenece.

63.—La materia, el cuerpo ni el alma que materia es, no tienen el discernimiento y la razón, porque ésta es potestad sólo del espíritu; y mientras el espíritu no se descubre (momento terrible), en el que el hombre debe pasar de la dualidad a la trinidad en conciencia, hay una contracción tan terrible, como la que podéis suponer en una potente máquina que corre con una velocidad de 100 kilómetros y queréis, sin perder un instante, se dé contramarcha con la misma velocidad; ¿suponéis lo que pasa ? Todos los que viajan en ese tren se descalabran unos contra otros; están en el extremo peligro del descarrilamiento, de la explosión de la máquina y todo se ha perdido materialmente. Esa es la situación.

64.—Este es el caso práctico de lo que pasa en la tierra; y todos somos descalabrados, sin que lo podamos remediar en lo material; y no quedará un palmo de la tierra sin conmoverse al terrible efecto de la contracción; porque la ley, el espíritu, dió contramarcha a la máquina del error, que llegó justo, al límite del abismo, donde se iba a despeñar y la tierra saldría de su órbita, si el error pudiera prevalecer; pero... “pasarán los cielos y la tierra, y no pasa la palabra del Creador” escrita en cada espíritu, que es la ley del más, el polo positivo (que es la vida real y única) y ha equilibrado la resistencia alma y la tierra se transforma, se regenera.

Nota al pie 6: Y siguen y seguirán hasta el fin.