No codiciarás los bienes ajenos.

José con vosotros:

Codicia, envidia, ambición, deseo malsano; las pasiones más negras, los enemigos más temibles del espíritu encarnado.

Codiciar lo que veis en otro... qué triste; que triste estado de aquel que codicia lo que es de otro, lo que otro ha conquistado, lo que ha ganado, lo que ha adquirido por su mérito propio.

¡Cuánto retraso manifiesta ese pobre hermano deseoso de poseer lo que el hermano ya tiene!

Ya habéis visto cómo muchos, poseídos por la pasión de la envidia, llegan hasta a enfermar sus materias.

No confundáis envidia con codicia.

Codicia, se puede decir, es el deseo de poseer bienes materiales. Envidia es lo que siente el que le hace daño el bien ajeno, cualidades morales, espirituales y, también, propiedades materiales.

Ambición, ambición de poseer más de lo que es necesario, ambición de poseer aquello que no es vuestro. ¡Cuánto, cuánto estanca el progreso espiritual esta otra pasión, la ambición innoble!, puesto que no debería existir más que la ambición por saber, la ambición de luchar y la ambición de aprender.

Deseo. ¡Qué pocos comprenden aún lo que quiere decir "deseo"!; el deseo innoble, naturalmente, el deseo de satisfacer instintos materiales, el deseo de ejecutar venganzas, el deseo de adquirir lo que no es propio, el deseo inmoderado de diversiones, de solaz, de placeres.

Se ha dicho a los hombres: "No codiciarás las cosas ajenas" y es por la ignorancia que se codicia lo que tiene el hermano, puesto que no saben que aquello que hoy nos interesa tanto, que nos atrae, es porque ha sido nuestro, porque ha sido vuestro en otras existencias, lo habéis poseído y si no se os da la presente encarnación se os dará en la próxima. En una misma encarnación, en una misma vida, cuántos cambios tenéis. Si está en Ley, si vuestro deseo es sano, si es noble, tendréis lo que a veces ambicionas; pero, hermanos míos, no codiciéis, no codiciéis lo que tienen los que están cerca de vosotros; esta pasión es la que da origen a tantos males que afligen a vuestra humanidad: robos, asesinatos, etc.

¿Qué es vuestra política? ¿Cómo son vuestros Gobiernos? ¿Por qué estallan las guerras? por codicia, por codicia de poseer las tierras, las propiedades, los productos que tienen otros países.

¿Por qué luchan tanto los hombres, en política, para apoderarse de un Gobierno? porque codician el poder de los otros, porque codician la facilidad para hacerse ricos, para acaparar lo que en una vida no podrían gastar.

Examinad los acontecimientos actuales que han teñido de rojo vuestra Tierra ¿por qué son? Estudiad las causas y veréis que la codicia es la número uno. Se codicia el poder, se codicia la riqueza, se codician los productos naturales de los países, se codicia lo que algunos hombres, más adelantados, han logrado hacer en el suelo propio; se codician los ferrocarriles, los campos petrolíferos, las minas, los yacimientos minerales. Se codicia todo y en lugar de hacer un cambio, en lugar de ir legalmente a obtener, a conquistar con trabajo, a conseguir cambiando unas cosas por otras, alcanzándolo leal, noble, rectamente, se empuñan las armas y se matan entre sí hermanos que debían amarse.

Hace muchos siglos que se dijo a la humanidad: "No codiciarás las cosas ajenas" y ya veis cómo aún ahora, en estos momentos en que se inicia el 7° día, se os vuelve a repetir por qué aún no desecháis de vuestro espíritu esa pasión que os ennegrece y os mancha: la codicia.

No os hablo a vosotros; como ya os he dicho otras veces, os hago ver lo que son estas pasiones y el lastre que significan para el progreso de la humanidad presente; pero os toca a vosotros hacerles ver a los demás que no hay que codiciar lo que no se conquista por la propia lucha, que no es vuestro más que lo que habéis sabido ganar, lo que necesitáis, porque tampoco debéis tener más de lo que podáis necesitar. Tratad de conseguir lo que os haga falta para el sostenimiento de vuestras materias, pero no codiciéis más de lo que está en Ley que tengáis.

Reflexionad, hermanos míos, en lo que os acabo de decir y tratad de compreder en esta forma, como os he explicado, hasta dónde llega esta pasión, la codicia, que debe estar tan lejos de vosotros, estudiantes de esta Escuela, que por eso os toca a vosotros hacerles ver el estancamiento que sufren sus espíritus, la demora en el progreso, puesto que en esta vida diaria, en esta vida intensa que llamáis vosotros "vida moderna", en estos momentos de lucha de la Tierra, todo es codicia, todo es ambición, todo es envidia y todo es deseo innoble.

23 de Febrero de 1940.

José de Arimatea.