No fornicarás.

José con vosotros:

"No fornicarás" fue el sexto mandato.

Se concedieron al hombre los placeres de la carne porque toda materia tiene que saciarse con materia; pero el hombre confundió lo lícito con lo ilícito y fue por esto que se dijo: "no fornicarás".

El hombre no necesita fornicar porque se le concedió compañera, se le concedió que saciara sus instintos y necesidades materiales.

El Padre, en su sabiduría, le dio el placer para que, a cambio, cumpliera con la Ley de Procreación, y no quiso que este acto fuera doloroso, al contrario, lo hizo grato, muy grato a la carne, ya que constituye el placer material más grande de las humanidades; pero es triste que de este acto no se haya comprendido su magnificencia y su importancia, porque el hombre y la mujer se deleitan en el amor de la carne y gozan desde antes, con anticipación; para eso se concedió que fuera el hombre quien tomara la iniciativa con la mujer; es un placer casto primero; poco a poco se va excitando y la sangre se va volviendo ardiente hasta que llega el momento en que se adivina, en que se desea algo más y eso se disfruta porque lo ha concedido la Ley y ese acto sublime puede ser el principio de la formación de un nuevo ser.

Está constituido el ser humano de tal manera, que el hombre debe bastarle una mujer por compañera; sin embargo, se ha prostituido este acto que podía ser puro porque está dentro de la Ley; se ha hecho sucio, se ha mancillado. Ambiciosos los hombres de algo más, no les ha bastado lo que la naturaleza les proporciona, sino que han buscado sensaciones distintas enfermando así a sus cuerpos y sus mentes y ennegreciendo sus espíritus, porque el que fornica se retarda, se detiene, embota su espíritu, porque la materia está envilecida y no puede haber un espíritu grande en un cuerpo degenerado y prostituido.

Esto es lo que quiere decir "No fornicarás", que tanto se conculca en la actualidad como fruto de la falsa educación que las religiones han dado porque, como os ha demostrado vuestro Maestro Joaquín Trincado, la religión es la causa de todos los vicios que azotan a vuestra humanidad, siendo éste el que más ha detenido su progreso, ya que con el celibato los sacerdotes tuvieron que inventar distintas maneras de saciar lo que sus materias no podían obtener honradamente y fueron ellos, desde siglos muy remotos, los que enseñaron al hombre a buscar diversiones que no necesitaban, pues el hombre sería feliz y su cuerpo más sano y fuerte si se concretaran a gozar de la carne tal como se le ha autorizado.

Los juramentados de hoy traen deudas atrasadas; vienen ávidos de placeres materiales; es que han abusado en otras existencias y ahora ellos mismos, con los excesos a que se entregan, se buscan las enfermedades -dolorosas y repugnantes- con que deben pagar sus propias deudas.

Parece que la humanidad está ávida de diversiones, de placeres morbosos, recurriendo a las drogas y buscando procedimientos que están muy lejos de ser los que la Ley ha permitido.

Para el hombre normal no hay más que la vida conyugal, que es la que proporciona todo lo que la materia necesita.

"No fornicarás" quiere decir todo esto que os he explicado, que tan pocos han comprendido durante tantos siglos transcurridos, porque puedo deciros que es este uno de los mandatos que menos se ha observado.

Parece que cada día necesitáis más; ya no os basta lo natural, queréis saciaros de otras cosas, como si recordarais vuestras vidas anteriores en mundos primitivos, pues ahora, ya conscientes, en estos días que la luz del nuevo día os llega, usando ya vuestro talento y vuestra ciencia, buscáis aún mayores medios de placer, pero sabed que esos placeres ilícitos y morbosos no pueden conduciros más que a la degeneración y el embotamiento de vuestro espíritu.

¡Romped esa cadena, estáis hartos ya, ahitos de placeres ilícitos!

Sabed que esta es una de las causas que han detenido más el progreso de la humanidad y consagraos únicamente a vuestras esposas, que son las que os pueden dar todo lo que vuestros cuerpos necesitan.

3 de Noviembre de 1939.