No matarás.

José con vosotros:

Cuando la humanidad de la Tierra estuvo bastante adelantada y debía entrar ya en la nueva vida, cuando los espíritus primitivos habían avanzado suficientemente y podían recibir ya un rayo de luz, se le dieron los diez preceptos de que os he hablado.

"No matarás" fue el quinto y ha sido, tal vez, el que menos se ha comprendido, pues no sólo entonces, sino ahora, se creyó que el "no matarás" se refería únicamente a no matarse hermanos entre sí y por tal motivo este precepto es el que más se ha pisoteado, el que menos se ha seguido y el que menos habéis observado.

No matarás a tus hermanos; con esta interpretación tan menguada se ha creado el hecho del asesinato y en eso han encerrado todos sus mandatos las religiones; su comprensión no ha pasado de allí; pero "No matarás" significa mucho más; quiere decir: no destruyas, no interceptes, no dificultes la obra del Padre en la vida eterna y continuada, porque todo en el infinito es movimiento, es vida: todo es eterno.

No hay duda que pensar solamente que matar es cortar la vida de la materia de un semejante, ya sea por arma, estrangulación o de cualquiera de tantos medios de que la humanidad se ha valido para destruir la vida que anima a una materia, no; se mata también con la calumnia, se mata civilmente, se mata moralmente; espiritualmente no se puede, si no, mataríais también así.

Las religiones, en su obra contraria a la labor del Padre, han tratado siempre de matar, no sólo la idea, sino lo más grande que se ha dado al hombre: el pensamiento.

Así es como se han pasado por vuestro mundo generaciones cuyo cerebro no ha recibido la luz de una idea, que no han incubado un ideal y en las cuales casi no ha existido el pensamiento propio, sino únicamente el pensamiento animal, las pequeñas ideas que necesita el hombre para su vida material.

Esta es la obra nefanda de las religiones que por muchos siglos lograron matar, en millones de hermanos, esa luz divina: el pensamiento.

Así es como se han desvanecido ideales, aniquilado doctrinas y destruido hermanos.

Así es como matáis animales y tantas otras cosas.

Es tan grande, tan amplia la significación de este mandamiento, que pocos aun lo pueden comprender.

Vuestro mundo es denso todavía y vuestras materias necesitan matar para vivir.

En los mundos superiores no se mata ya para vivir; el hombre no necesita de la vida de otros seres para sostener la suya.

Vuestras leyes atrasadas disculpan el asesinato en legítima defensa. Ni aún así se debe matar. Acordáis de que antes de que el arma del hermano homicida, del que trate de asesinaros os toque, tenéis protectores que pueden detener su brazo.

En legítima defensa debéis pedir ayuda, sí; pero no recurrir a los mismos medios y ser vosotros, también, los que destruyáis otra vida, aunque amenace la vuestra.

Vuestras leyes disculpan el asesinato en defensa del honor. ¡Qué ironía! Ya os he hablado del honor y sobre esto no vale la pena decir más.

¡Qué ridículo es el punto de vista de vuestros jueces, de vuestra sociedad y, sobre todo, de vuestras religiones... digo "vuestras" no refiriéndome a vosotros que no tenéis ninguna, que habéis dado ya ese gran paso en la senda del progreso, sino a la familia humana en general, que todavía está dentro de ellas!

Matáis a vuestros hermanos. La actual guerra está demostrando qué atrasados estáis todavía.

¡Cómo se jactan las grandes naciones de ser las que llevan la primacía en elementos de guerra y sus sabios se distinguen por haber descubierto los medios más eficaces y crueles para acabar con la vida de los demás!

Se rinde homenaje al que más destruye.

La Tierra toda está roja... una nube roja os envuelve: son los odios encendidos, son las pasiones desbordadas, son las ambiciones desencadenadas.

Es así como se ha observado este sublime mandato: "No matarás" que hubiera llevado a la humanidad más pronto al progreso si hubiera habido algunos hermanos que lo hubieran sabido obedecer.

En estos momentos es la Ley la que destruye, es la Ley la que se ha valido de la ignorancia de los hombres para quitar lo que está de más a fin de que, después de esta inundación de sangre, de este desbordamiento de odios, los que estorban se alejen y os dejen en paz.

Entonces brillará en la Tierra la luz blanca, porque habrá espíritus blancos, espíritus de luz. Se depurará vuestro suelo; los productos de la madre tierra serán mejores, como mejores serán también los hombres porque espíritus grandes están por venir; pero antes era necesaria una conmoción como la que estáis sintiendo; había que limpiar, que depurar y esta depuración tenía que ser con mucho dolor y así es como se está efectuando.

Entonces sí todos traerán la divisa: "No matarás". No matarás a tu hermano, no matarás la idea, no matarás el pensamiento, no matarás nada de lo que ha sido obra del Padre, de lo que es creación, de lo que es vida.

No necesitaréis tampoco matar para vivir ni menos para recreo, como lo hacéis ahora con eso que llamáis "deporte de la caza", los toros y todas esas diversiones tan crueles. ¡Qué crimen tan grande! ¡Cómo faltáis al sublime mandato de "No matarás"!

Pero no es eso sólo, sino que deleitáis a vuestros hijos dándoles juguetes que, desde pequeños, los enseñan a matar: cañones, pistolas, ametralladoras, etc., tantas cosas como ha ideado la mente humana para divertir al niño, como si no hubiera más que eso, como si la rama de un árbol, una flor, el cuidado de un ave, de un pequeño animal, no les proporcionara más enseñanza y mayor deleite. Así, por falta de comprensión, llegáis a poner en manos de vuestros hijos una pistola que, si ahora es un juguete, más tarde será el instrumento con que faltará al mandato de "No matarás".

Ayudad al Padre, hermanos míos; ayudad a crear, a conservar, a levantar, a ascender, sí, a ascender siempre, porque en todo hay que ir "SIEMPRE MÁS ALLÁ".

20 de Octubre de 1939