Santificarás las fiestas.

José con vosotros:

"Santificarás las fiestas" se dijo a los hombres.

Vosotros, como espiritistas, en vuestro adelanto podéis comprender el significado de esta sentencia; pero la mayoría no lo ha comprendido y, como todos los preceptos dados en Ley, se ha mixtificado.

Ya sabéis que todo el Universo va por etapas de trabajo y descanso.

Los mundos tienen sus seis días y, después, el séptimo, que es el del usufructo y dekl descanso.

El espíritu también, como os he dicho otra vez, tiene sus seis días de trabajo y su día de descanso.

Así, en los primeros tiempos, cuando el hombre tenía que trabajar tanto porque las dificultades de la vida lo obligaban, se os dijo: -como se ha dicho en todos los mundos- "descansad el séptimo día".

Las palabras varías; decís: "santificarás las fiestas"; pero no hay que tomarlo en el sentido en que lo han tomado las religiones.

Los supremáticos abusaban de sus siervos, obligándolos a trabajar constantemente, sin dejarles unas horas de descanso, y así se permitió que, aun bajo el punto de vista religioso, se observara este precepto; pero las religiones, tomándolo en ese sentido, se aprovecharon para lanzar sus anatemas para hacerse obedecer, como siempre lo han hecho, por el temor, por el terror, por la amenaza. Así se ha dicho: "el que no santifica las fiestas está condenado a recibir grandes castigos".

Es el medio de que se valió la Ley para lograr que el hombre tuviera su día de descanso. Ahora podréis comprender hasta dónde llega la sabiduría de la Ley al dar este precepto.

Antiguamente, el día de descanso se consagraba a la oración, a la abstinencia, al reposo material. Así se necesitaba porque el hombre abusaba entonces de su materia, no sólo en el trabajo, sino hasta en el placer y de esta manera se le obligaba a que un día descansara, a que recobrara sus fuerzas y a que pensara un poco alto, con el fin de que, poco a poco, fuera descubriendo su espíritu.

Ya veis cuán  distinto significado le han dado las religiones, sobre todo la católica, y de qué manera tan ridícula predican "santificarás las fiestas" aconsejando la holganza más completa puesto que, según ellos, es pecado coser, es pecado bordar, es pecado dedicarse -la mujer- a esas labores domésticas tan agradables, que la distraen y que muchas veces podrían proporcionarle el descanso necesario.

Entre vosotros el precepto es entendido y llevado a la práctica; vosotros comprendéis que ese día debéis olvidaros de vuestros problemas, de vuestras dificultades, que debéis dejar vuestros trabajos pesados; pero el espíritu no descansa; es el día en que más debe regocijarse con buenas lecturas, con trabajos agradables, con visitas de familia, con recreos mentales, porque también el cerebro necesita descansar.

No es, pues, a vosotros a los que se recomienda la abstinencia material, al contrario, es día en que, no teniendo obligación de trabajar, podéis dar un paseo de gusto a la materia, que también lo necesita, que lo merece después de una semana de rudo trabajo.

Esto en la parte material de este asunto; pero con lo que os acabo de decir, doy margen para que meditéis, como siempre, para que estudiéis, como siempre, y establezcáis la diferencia que hay entre esta pequeña explicación que os acabo de dar y la que ofrecen las religiones.

Así pues, viendo que todos lo habéis comprendido, puesto que todos lo practicáis, me retiro dejando, como siempre, mis deseos porque las bendiciones del Padre sean con vosotros.

25 de agosto de 1939.