Amaréis a Dios sobre todas las cosas.

José con vosotros:

La mente humana necesitaba de una palabra que le diera la idea del Padre.

Se han empleado muchos nombres para significarlo y sois vosotros los conocedores de ese conjunto de letras que os habla del Padre.

Para todos, la palabra "Dios" es la que expresa la fuerza suprema, la divinidad, el Rey de la Creación; para vosotros es "El Padre".

Ese "Dios" de quien todos hablan con tanta ligereza y facilidad, que todos creen conocer puesto que imaginan llevarlo en una medalla, en una cartulina que se guarda en la bolsa, en una estampa que se cuelga en la pared, es ese trapo que se llama "escapulario"; ese "Dios" que, hecho pasta de harina y agua, se puede comer; ese "Dios" que se pone de testigo de los hechos más baladíes; ese "Dios" que se invoca para tener buena suerte hasta para cometer un crimen, ese "Dios" en cuyo nombre se explota a la humanidad de la manera más vil, ese "Dios" que está en la boca de todos, cuyo nombre pronuncian, como he dicho, con tanta facilidad, no es el Padre de que vosotros sabéis.

Ese Padre omnipotente, ese Padre omnímodo, grande; ese Padre todo bondad, inteligencia, sabiduría; ese Padre actividad; ese Padre amor, ese Padre "Todo", no lo conocéis porque la mente humana no puede concebir siquiera una idea aproximada, ya que no se da este plato todavía, ni aún en los planos superiores; hay que ir mucho, mucho más allá para conocer, para saber, para poder vislumbrar esa Gran Luz, ese Único Sol del que vosotros -pequeñísimas partículas, diminutas chispas, pequeñas lucecitas - sois parte de Él.

A este primer precepto de la Ley que se dio a los hombres en los primeros tiempos de vuestro mundo, qué significados tan variados y hasta divertidos se han dado por todas las religiones.

¿Cómo queréis que se comprenda y se aplique ese precepto si se tiene del Padre esa idea tan pequeña, tan miserable, tan mezquina?

¿Cómo se puede así comprender lo que es "amar al Padre sobre todas las cosas"?

Las religiones dicen: "Ama a Dios sobre todas las cosas"; pero... ¿cuál es el "Dios" de que hablan? ¿Qué idea dan a sus adeptos de lo que es "Dios" -llamándole así porque es la palabra aceptada por los humanos-?

Se le ama "mansamente", como dicen los católicos: "Acata todos los designios de la divina Providencia; resígnate con tu suerte; no medites, no pienses; recibe todo con los ojos cerrados porque viene de "Dios" y te lo manda para tu mejoramiento"; pero ninguna de las religiones dice: "Ama a 'Dios' trabajando, ama a 'Dios' haciendo el bien, ama a 'Dios' en actividad eterna, porque El es la actividad eterna".

No ames a "Dios" estáticamente como hacen, como mandan las religiones orientales.

No se ama a "Dios" en la meditación. La meditación se da solamente para tener una idea de lo que es, para aproximarse más a El, para comprenderlo un poco, pero el fruto de esa meditación debe ser el trabajo, la actividad, una labor intensa y continuada, porque la vida es eterna y continuada.

Así debe de ser vuestro amor al Padre: labor práctica, actividad.

No se le ama en un claustro donde sólo se preocupan por el bienestar personal, aun aquellos engañados que creen que con esa vida de abstinencia se perfeccionan espiritualmente y, faltando a todas las leyes divinas, siguen un fin egoísta, porque no persiguen más que su beneficio propio después de la muerte: pero vosotros no debéis amar al Padre en esa forma, y no lo amáis así porque vosotros tenéis una idea más aproximada de lo que quiere decir: "Ama al Padre sobre todas las cosas".

No te resignes con lo que viene, como dicen los orientales, no; vosotros sabéis que lo que viene es el fruto de vuestras vidas anteriores -que son la preparación de vuestras vidas futuras- y no podéis sentaros a recibir "mansamente" -como dice la religión católica- lo que de "Dios" viene, no; vosotros sabéis que tenéis que luchar, que sois soldados siempre, que sois los obreros de esta gran obra, en esta gran fábrica, en este emporio de todas las actividades humanas, porque a este mundo venís a luchar, venís a trabajar, a laborar por el bien de los demás; venís a continuar la obra del Padre que es crear, crear siempre, en todos los medios; crear cariños, crear enseñanzas, crear ejemplos, crear fuentes de trabajo y de lucha, fuentes de vida. Así ser ama al Padre sobre todas las cosas; pero no estáticamente como se manda amarlo, como se cree amarlo.

¡Pobres hermanos aquellos que creen que el padre es un pobre viejo -hecho a semejanza del hombre- con gran barba, y se atreven a decir que está sordo, que ya no oye... es tan viejo... y en sociedad y en familia se permiten bromas!

Acerca de un "Dios" así sí pueden hacerlo, porque ese "Dios" no es el Padre; es el "Dios" que está a su alcance, el único "Dios" que pueden concebir.

Para vosotros, qué distinta es la idea acerca de ese Gran Todo -que nunca se llega a conocer- que lleváis en vosotros mismos porque sois parte de El y que admiráis en toda la creación.

Felices aquellos que ya, por el adelanto de su espíritu, pueden sentirlo, pueden admirarlo y amarlo en todas sus obras; pero, como os he dicho, se le ama no nada más en la contemplación estática de sus obras, no; se le ama mejor cooperando en la gran obra, ayudando para la continuación de esta vida eterna y continuada, siguiendo los preceptos que se han dado a la humanidad para que le sirvan de norma, que son los que la conducirán siempre más allá porque son los preceptos que rigen en todos los mundos.

Así pues, hermanos míos, amadlo en la lucha, amadlo en el dolor, amadlo en el placer, amadlo en el trabajo, amadlo en el estudio, amadlo en vosotros mismos porque vosotros mismos sois una partícula de Él; amadlo en vuestros hijos, amadlo en vuestro cielo que os da una idea de la belleza del espacio, amadlo en las flores, amadlo en todas sus obras, en todas las cosas y sobre todas las cosas, pero de la manera que os he dicho.

Deseando que estas palabras sencillas sean de la comprensión de mis hermanos, pido para todos las bendiciones del Padre.

11 de Agosto de 1939.