CAPITULO SEXTO
EL AMOR SOLO PUEDE REINAR EN LA COMUNA

Quedan ya explicados los cinco amores y sentada infaliblemente la Ética Comunista.

Los capítulos siguientes, con éste, son ya escalones más elevados, que nos han de conducir por la solidaridad, a nuestro Padre Común, a nuestra casa Paterna.

Aquí tendríamos que exponer lo que es y encierra el régimen Comunal y haremos solo compilar lo que ya está escrito en el «Código Nuevo», que con las deducciones que debéis sacar de estos «Cinco Amores» debéis ser hombres dispuestos y vivir en la Comuna como verdaderos hermanos.

Empecemos estableciendo un principio Universal que no podrá ser destruído.

Todas las religiones, todas las filosofías, todas las escuelas y todas las tendencias, aun con sus equivocados y maliciosos dogmas y doctrinas, confiesan una sola paternidad de los Espíritus. Y todos también afirman axiomáticamente un universo indivisible. Luego si hay una sola Paternidad, todos los Espíritus son hermanos.

Por lo que Shet, primer legislador, sentó en el Sánscrito: «Todos los hombres de toda la tierra, hermanos son». Y Abrahán, en su Testamento-Alianza, confirma que: «Los llamados ángeles, como los denominados demonios, son hijos de «Jehová».

El resultado es que, entre todas las religiones, escuelas, filosofías, tendencias y ciencias, afirman la filiación única posible de los espíritus a la Paternidad del Creador Universal y la indivisibilidad del Universo.

Es, por lo tanto, lo indivisible, en lo que tenemos por la fuerza que movernos y vivir en él y por el tener usufructo Común, sin que nadie pueda tomar más cantidad de elementos de vida que los necesarios a su existencia y será con la medida exacta de su progreso, o no existe la Ley y la Justicia. Todo esto lo han llamado abstracto, porque está sobre las ciencias; pero no es abstracto cuando lo deducimos por lógica consecuencia de las leyes universales y por lo tanto de la sabiduría. Conocimientos exclusivos del Espiritismo Luz y Verdad, que ahora por eso, habiéndoles abierto a las ciencias el séptimo sello del libro de la sabiduría, que es el libro de la vida eterna y continuada, todo lo que antes era abstracto, ahora se hará científico, gracias al espiritismo, o solidaridad de esta familia terrena, con los mundos de la cosmogonía.

Hemos fundamentado la indivisibilidad del Universo y la fraternidad de todos los espíritus y se afirma que, siendo todos los es espíritus coherederos del Universo y éste es indivisible, sólo pueden disfrutarlo y usufructuarlo en común.

Descendamos ahora a la tierra.

«Los llamados Ángeles, como los denominados Demonios, son hijos de Jehová». -ABRAHÁN.

«Todos los hombres de toda la tierra hermanos son». ­SHET. -En las leyes de Manú.

«Amaos los unos a los otros como hermanos que sois, hijos del mismo Padre». -JESÚS DE NAZARET.

Y son autoridades reconocidas, de las que aun sus mismos enemigos no pueden negar la bondad y verdad de esas doctrinas: todo Io cual confirma que, los hombres, teniendo un mismo principio, tienen que tener el mismo fin.

Y entonces, ¿dónde radica un derecho de mayor privilegio para nadie?

Examinemos la estructura y órganos de los hombres y las mujeres y son la misma en todos, aunque sean negros o cobrizos, blancos o amarillos, cuyo color es no de especie, sino de raza, y depende del clima y humus de cada parte del mundo, pero que metamorfoseándolas, todas se funden en la raza blanca, que es la raza Adámica, purificada de las mayores rusticidades de la materia. Pero los colores, ¿son causa de mayor progreso intelectual? Sabios hay en todos los colores; las mismas substancias blanca y gris tienen todos en el cerebro y la médula y todos conciben las mismas ideas de libertad y todos tienen el mismo sentimiento de amor.

¿Que en unos es mayor que en otros? Ciertamente. Pero tan grande encontramos el sentimiento en individuos blancos y negros, como amarillos y cobrizos. El grado mayor o menor, es a causa del progreso del espíritu de cada uno; y su moral dependerá, en mucho, del ambiente en que vive.

En el orden fisiológico, ¿no se engendra por el miso modo y manera al príncipe que al barrendero? ¿No sufre los mismos dolores naturales la reina y la lavandera si quieren tener la santidad de Madres? ¿No mueren y se corrompen igualmente los magnates que los labriegos? Dónde está, pues, en todo esto transcendental, una insinuación del privilegio ni de excepción.?

Un solo caso se atrevieron los teólogos católicos a poner como excepción dogmática y no han podido sostenerlo (y es esa excepción absurda la causa de su desprestigio y de su muerte sin remedio): el caso de la encarnación de Jesús, único hijo de Dios, engendrado por obra y gracia del Espíritu Santo, y por tanto extra Ley, lo que habría roto para siempre la inmutabilidad de la Leyes y su Autor. Y como la razón, haciéndose luz plena, ha confirmado que las leyes siguen inmutables, se declara afirmativamente la imposibilidad del tal absurdo impuesto a la ignorancia.

Omitamos el juicio de que, si pudiéramos aceptar, por falta de razón, que Jesús fuese el Único hijo de Dios, y un Pontífice de una Religión lo condena a muerte, toda religión es contra Dios y su querer. No valen excusas de que esta religión es mejor que la otra, porque está comprobado que cada una es peor.

No podemos admitir tampoco, por los mismos fundamentos de la inmutabilidad, aquello de que «Dios, con todo su poder, hace todo cuanto quiere»; muletilla de la religión para sus ciegos uncidos, sino que se confirma por dignidad humana y honra del Creador (si honra puede caberle), de que: «Hace todo cuanto debe»: y nada más puede hacer.

Por los principios Sentados, extremos e inviolables, resultará que: no pudiendo existir ningún privilegio para los espíritus, por los cuales el hombre es hombre, no puede haberlos tampoco para ningún hombre.

Entonces, sólo en el régimen de la Comuna de Amor y Ley puede caber la verdadera igualdad, y por lo tanto el reinado del amor fraternal sin acepción de personas.

El régimen Comunal lo tenemos ya en el «Código de Amor Universal» escrito y ha de ser reconocido por todos los hombres; como ha sido acatado por todos los espíritus, menos unos muy pocos parásitos que se privilegiaron ellos mismos, pero que son los que obligan a la gran mayoría a las hecatombes humanas que presenciamos.

El régimen, Comunal es nada más que el régimen del hogar agrandado tantas veces cuantas familias componen los habitantes de la tierra.

Se dice por los detractores que: no hay hombre capaz de regir todo el mundo. Pero, contestando el Creador (Jehová) a Isaías acerca de algo grande sobre sus designios, recibió por respuesta: «¿Yo que hago parir, seré coartado?» Lo que equivale decir: Si el régimen Comunal es el único régimen para sus hijos, ¿cómo no ha de tener hijos capaces de sus gobiernos?... Lo que hace falta es que los hombres sean hombres trinos: de cuerpo, alma y espíritu; y entonces su luz les permitirá ver el hombre y su propia razón lo designará, reconociéndolo. Entonces, en su confianza, todos se dedicarán al trabajo, seguros de que a nadie le puede faltar nada.

Dimos en la «Filosofía Austera Racional» la escala de estudio para todos los hombres, como muestra de la educación que recibirán, y aquí sólo hemos de exponer, en términos lacónicos, el procedimiento económico y moral.

En la Comuna no cabe la compraventa, porque la única moneda es el hombre.

Todos tienen lo que han de menester, sin que a nadie pueda faltarle nada: hasta el lujo y el confort, que el dinero no fue capaz de hacer.

El procedimiento moral es enseñar al hombre, desde antes de su nacimiento, que es hermano de todos los hombres, porque su espíritu es el igual hijo del Creador Padre Común, al que ha de adorar en el templo infinito del Universo, sirviéndole de altar el corazón de su hermano y oficiando de sacerdote único, su propia conciencia. Esto es bastante motivo para el sentimiento de amor y no cabe la neutralidad, ni el ateísmo, ni la relegación de derechos que exigieron todas las religiones, naciendo de esa relegación las castas, clases y privilegios, contrarios a la verdadera igualdad, libertad, fraternidad y justicia, innatas en todo hombre, pero apagados, obscurecidos y casi borrados por la inmoralidad religiosa, al exigir la relegación de sus inalienables derechos de pensar, a sus esclavos creyentes, con fe ciega.

Todas esas irracionalidades crearon tantas escuelas de tendencias tan absurdas, hasta llegar en estos momentos a iniciarse «Una escuela Neutra». Lo cual es el desatino más grande que los hombres pueden cometer, porque nadie será capaz de hacer neutro al corazón humano, como tampoco Ateo, porque no podrá menos de amar a algo. No creer en un Dios, ni en ninguno, no es ser Ateo; a lo sumo será indiferentismo en todo eso, pero creerá, aunque sea en los efectos de la dinamita, si tomamos como ejemplo a un anarquista materialista, que son los que más gala hacen de ateísmo. (Recurrir para este punto a nuestro «Primer Rayo de Luz»).

El procedimiento económico es tan sencillo como la administración de un hogar.

Enseñada la moral que encierran los puntos anteriores de amarse cada hombre como a su hermano, adorando al principio supremo en el corazón de su hermano, que le dará forzosamente suficiente motivo de sentimiento expansivo y amor, no puede menos que nacer el deseo de progreso y éste lo obligará al hombre al trabajo por deber y no por imposición. Mas cuando el hombre no carecerá de nada de cuanto es necesario a la vida placentera; cuando estará satisfecho viendo a sus hijos crecer en la abundancia con la educación y profilaxis imponderables, hasta ser un perfecto Maestro en un arte, oficio y carrera, para lo cual será apto; cuando su amante esposa, bien educada en su cargo de esposa y madre séale su verdadera media vida y que canta sus amores satisfecha; cuando, al fin, verá a sus ancianos padres, frescos, sanos. y sonrientes de la felicidad de sus hijos y sus nietos, jugueteando con éstos y transfiriéndoles su amor y su experiencia, ¿cuál será la dicha del hombre del trabajo, que espera una vejez dulce, semejante al cuadro que tiene delante de sus propios padres? ¿No es eso superior a todos los cielos fantásticos de las religiones? ¿Podrá ser que haya un solo hombre que se niegue al trabajo, máxime que éste será racional, casi un esport, porque las máquinas serán los brazos, del hombre, la electricidad su fuerza y el hombre el director de esa fuerza y de esa máquina?

Por tres cosas esenciales y las más animales, ha trabajado y luchado el hombre y no ha podido la mayoría obtenerlas; que son: la casa, el alimento y el vestido ; pero no ha podido el productor de todo vivir más que hacinado en inmunda pocilga, comer peor que el perro del rico y vestir del trapo despreciable, áspero e insaluble: se le negó la ilustración y no se le admitió en el coliseo donde se reunía la plutocracia para deleitarse en la música y el canto bello de otros hijos del trabajo y del obrero.

Allí; la dama muñeca y descocada, lucía joyas trabajadas por el obrero, y éste y sus hijos, arrastraban miserias y andrajos; y esto ya no podía ser más y el Padre Creador hizo la justicia y mandó establecer su único régimen para todo el Universo y la Comuna de Amor y Ley se implanta.

No queremos que nadie baje: queremos que todos suban al nivel de hombres hermanos, con la misma obligación del trabajo y el mismo derecho al usufructo, sin ningún privilegio para nadie y bajo esta justa sentencia: «Sólo el trabajo productivo regenera y da derecho al consumo». Y se observará con el más alto rigor.

La casa de los Comunistas ha de ser, cual corresponde a hombres: con todo el confort y comodidades, que aun el dinero no pudo dar a los plutócratas; y hasta los planos de esta casa lo hemos codificado y no costará más que el trabajo, teniendo cada familia la suya, de la misma distribución, y nadie le cobrará, ni la puede enajenar, porque nadie puede vender ni comprar, puesto que no hay más moneda que el hombre.

El alimento será todo lo abundante y sano y variado que quieran los hombres, desde que ellos lo han de producir.

El vestido ha de ser uniforme para el trabajo; pero en las horas de asueto, no queremos, ni consentiremos ver harapos ni suciedad, sino elegancia, compostura y limpieza; y la mujer de la Comuna, ha de vestir de seda y la ha de producir ella misma.

¿Cómo se impone el reparto proporcional a cada familia, en los alimentos? Nada hay más sencillo.

El consejo de cada ciudad, es el padre de toda la ciudad. El consejo regional, es el padre de todos los consejos de las ciudades. Y el consejo Supremo, es el padre de todos los consejos regionales del mundo todo. Como para todos hay un solo y mismo Código, no hay peligro de dos ideas diferentes y menos cuando el pueblo es el verdadero y soberano legislador, ilustrado en la moral fraternal.

Entonces, cada familia ocupa su casa; y los que no tienen familia, la Casa Comunal es su casa, como es la de todos, y el depósito de todos los productos, en la que residen los consejos y la Universidad.

Los obreros de la construcción desempeñan ésta para el Común.

Los zapateros fabrican y lo depositan al depósito Común.

Los sastres confeccionan y lo llevan al depósito Comúm.

Los bazaristas producen y todo lo llevan al depósito Común.

Los agricultores siembran y cosechan y todos los productos van al depósito Común del abasto.

A quien le falta un traje, ropas o zapatos, etc., etc., con ir por otras está servido.

Vuestra esposa irá al abasto y cargará lo necesario al consumo diario de la familia, y no temáis que lleve más que para el día, porque puede ser que al siguiente, haya cosa que más le guste.

Y para todo esto, ¿qué necesita hacer el hombre? Sólo acudir al trabajo del taller de su oficio, a la agricultura, etc., etc.

¿Que algunos se substraerán al trabajo? No puede ser, porque todos los ancianos son policía; y cuando vieran en la calle un hombre apto en las horas del trabajo, su aviso inmediato le sería suficiente.

Los cuerpos de higiene y facultativos, cuidarán severamente de la salud y no tendrán hombres sanos holgando, ni enfermos trabajando.

Esta es la esencia del régimen Comunal de Amor y Ley. ¿Habrá alguien que lo rechace? No lo creemos. Pero si los hay en el principio por aberración, serán sacados a la mejor Isla que haya en la tierra y allí vivirán como quieran o puedan.

Como el Código de Amor Universal está escrito y en él todo está previsto, no diremos aquí más que: Que es decreto infalible del Creador Universal el establecimiento de la Comuna así descripta, y nada, ni nadie lo podrá evitar, ni repudiarla.