CAPITULO CUARTO
EL AMOR CREA UN SOLO QUERER.

Me llega a las manos un antiguo artículo de un principiante Espiritista, que como tal, tiene su mérito; y como este principiante es Emilio Castelar, verbo Español en ideas y letras, no va a desafinar nuestra Ética-Comunista, y nuestros hermanos gozarán en ver la expresión del gran Tribuno de la España liberal.

Antes, voy purificarlo de una mancha que le echó, si mal no recuerdo, otro erudito más falaz. El Jesuíta P. Alarcón; pero sí estoy seguro que son los Jesuítas y fue en un mal verso, que dice:

Castelar es poesía,
Es Tribuno Verbaraz,
Es también Filosofía
Y todo menos verdad.

Excuso decir con qué saña escribieron esa calumnia, sólo propia de los Jesuítas solapados y degenerados que han muerto el espíritu de unidad que entrañan sus estatutos. Pero los Jesuitas desaparecen y quedará una triste nota negra y roja en la historia de sus tenebrosos hechos. Mas Emilio Castelar vivirá por su obra moral y redentora. Para su tiempo, fue lo suficiente; un digno principiante de una nueva moral del Espiritismo y usó bien de su mediumnidad intuitiva y de su facultad de vidente, de lo que el Obispo Manterola hubo de convencerse, puesto que tuvo que decir: «Yo vengo de Roma y no he estado en Roma; el señor Castelar, no ha estado en Roma y viene de Roma». Tal fue la precisión con que describió ciertos rincones escondidos del Vaticano y de las, conciencias del Pontífice y sus corifeos, que provocó esa declaración al obispo diputado, Monseñor Monterola.

El artículo a que aludo encierra, ya el solo querer de la Naturaleza y del Creador por el amor. Helo aquí:

EL AMOR

«La Luz que baja del cielo, que inunda con su purísima vida toda la Creación, es el Amor, sí, el Amor Universal, fecundando la flor, el ave, el agua, todas las cosas que se sienten heridas y avivadas del fuego.

«La flor tiembla, sacude sus pétalos palpitantes de placer y arroja sobre la tierra su semilla, tributo de su Amor.

«Los seres inorgánicos unen sus moléculas y hierven abrasados por la electricidad, que es delirio del amor de la Naturaleza.

«La Luna va siguiendo a la tierra y la tierra se regocija cuando el sol la besa: y el sol y las estrellas vuelan alrededor de Dios, como la mariposa en torno de la llama; y los espacios son el inmenso lecho de amores de los mundos.

«Un astro manda a otro astro en el rayo de Luz su ósculo de amor.

«El aire se suspende sobre la tierra; le cuenta sus amores en sus murmullos; le pinta ilusiones en su rocío; y la tierra, absorbiendo su vida y transformándolo en amor, se puebla en floridos árboles.

«Los seres ocultos en la gota de agua, en el grano de su polvo, se reproducen y se aumentan al impulso de su amor.

«Las mariposas rompen su larva, extienden sus alas, celebran sus amores con la flor, cuyos aromas las embriagan de placer.

«Allá, en el fondo de las cavernas, el león, el tigre, el majestuoso elefante, se entregan a sus amores y sus hembras, cuidan de sus hijuelos con el celoso espíritu de la maternidad, que se dibuja en la luz de sus ojos.

«El agua va corriendo sobre la tierra, retratando el cielo, para producir flores de su amor.

«El ave cincela su nido en la copa del árbol, arroja centellas de sus lucientes ojos; salta de rama en rama como si fuera juguete de corrientes infinitas de electricidad; extiende sus alas agitadas por incesante movimiento; riza sus plumas, que parecen exalar una gran combustión; empolla sus huevos en éxtasis misterioso; vuela y revuela en pos de la luz a las alturas; afina su garganta y enseña en la soledad de los bosques a cantar a sus hijuelos en un gorjeo infinito que inunda de armonía los aires; y el movimiento que agitó sus alas, y el calor que enciende su sangre y la electricidad que sacude sus nervios; y el arpa que lleva escondida en su garganta, y el genio que le inspira sus cánticos; y la llama de la vida que arde su breve y delicado cuerpo, es, el amor; sí, el eterno Amor de la Naturaleza.

«La alondra, cuando al nacer el sol levanta su vuelo al infinito, lo hace impulsada por el amor.

«La golondrina, cuando corta con sus negras alas rápidamente los8 aires, es porque busca amores; el ruiseñor, cuando al morir el día se suspende de las ramas de los árboles y eleva su canto melancólico y que va creciendo en notas dulcísimas como si quisiera herir los cielos... canta y canta con amor; y la palpitación de ese amor conmueve, como si su corazón fuera inmenso, como los aires.

«iOh! El amor sostiene las estrellas del infinito; la atmósfera sobre la tierra; la molécula pegada a la molécula; enciende el gran humo de la vida; el fuego que abreva en su inmensa catarata que vino de Dios a todos los seres, dilatada expende su Luz en la inmensidad; derrama de su inagotable copa las semillas de todas las cosas y palpita siempre uno, siempre idéntico en el seno de la Creación.

EMILIO CASTELAR».

¿Quién dice verdad? El poeta Jesuíta o la prosa poética de Castellar? Es verdad que nadie puede ser Maestro más que de aquello que aprendió; no obrero de la sociedad, más que del producto de sus instintos y de la moraI y el ambiente en que viven y se alimentan.

¿Cómo había de coordinar Castellar con los Jesuítas y singularizado con el Padre Coloma, si éste no pudo hablar más que «Pequeñeces» y «Por un piojo» y Castellar habló del Creador, de sus mundos, del Espíritu y del Amor?

Y... como el hombre es su obra... quedan juzgados los dos.

Ahora bien: de ese himno Castelarino, al amor, se desprende claramente que el amor es el todo de todas las cosas; y aunque en tiempo de Castelar no había obras escritas de Electricidad, por la intuición habló de ella como vida y vínculo de la Naturaleza, y eso es Espiritismo.

Sí: decir Espiritismo en la forma como lo define esta Escuela, como decir Amor o nombrar Solidaridad, o cantar Comunismo, es todo sinónimo de Amor y Creador, que no es «Pequeñeces» ni «Piojos».

¿Que Castellar no podía rematar? Eso era para hoy. Ni Allán Kardec pudo hacer más que iniciar los estudios: escribir una cartilla para estudiar el Espiritismo. La Obra. era para hoy; cada cosa en su tiempo; y sobre todo que no es de sabios poner la cúpula de un edificio, hasta que se han levantado muros y columnas bien cimentadas; y el Espiritismo Luz y Verdad, que es la Sabiduría completa, no podía enseñar el Omega, sin empezar por el Alpha.

Resulta ahora evidente que el amor hace un solo querer, porque cuando todos aman, todos presienten y sienten la misma cosa: el bien para. el ser amado.

Y como en la Comuna los hombres llegan al Amor perfecto (relativamente) y han de amarse como verdaderos hermanos, nadie puede dudar que han de querer todos como un solo querer el bien de todos.

Las ventajas de un solo querer, las voy a decir en una sola palabra y ya repetida.

El querer de mil, puede mil veces uno.

El querer de todos, puede como todos. Esto es matemático y no necesitamos más explicación para que los hombres todos quieran la misma cosa: su felicidad, que la tendrán cuando por el amor tengan un solo querer.

Estudiar este punto en nuestro «Método Supremo» y en los ejemplos de la «Filosofía» a este respecto.