CAPÍTULO SEGUNDO
EL AMOR NO CONOCE DIFERENCIAS NI ACEPCIONES

Desde luego tratamos del 5.° Amor, o sea «El Amor Universal», que trae forzosamente la comunización de todo el mundo, por lo cual es el Amor más perfecto y no conoce diferencias en nadie, ni les es permitido hacer acepción de personas, porque sería una grave imperfección, que sólo cabe por entero en el amor de familia: que aminora en el amor ciudadano, bajando de grado en el amor regional y anulándose al final del Amor Nacional, para entrar limpio de ese defecto en el amor Universal.

El amor sin acepciones para nadie es el tópico de la raza Adámica y lo hace Ley Shet, en el Sánscrito, y lo hace poner en práctica: «Admitiendo en tu casa a todo ciudadano peregrino, dándole trato igual que a cualquier miembro de la familia, y al marchar le darás alimentos y medios para una Etapa».

Pero como todo ello ha sido compendiado 37 siglos más tarde por el Apóstol de España Santiago, que ya hemos dicho que es el mismo Espíritu, vamos a registrar su carta Universal y tomaremos sus fundamentos, que llenan los fines que exponemos en este capítulo.

En el capítulo II de la carta Universal. Santiago escribe así:

«1. Hermanos míos: no tengáis la fe en Jesús en acepción de personas.

«2. Porque si en vuestra congregación entra algún varón que trae anillo de oro vestido de ropa preciosa, y también entra el pobre vestido de vestidura vil,

«3. Y pusiereis los ojos en el que trae vestidura preciosa y le dijereis: Tú asiéntate aquí honoríficamente; y dijereis al pobre: estate tú allí en pie, o siéntate aquí debajo del estrado de mis pies,

 «4. Vosotros ¿no hacéis ciertamente distinción de personas entre vosotros mismos y sois hechos jueces de pensamientos malos?

«5. Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo, que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? (1)

«6. Mas vosotros habéis afrentado al pobre. ¿Los ricos no os oprimen con tiranía y ellos mismos os arrastran a los juzgados?

«7. ¿No blasfeman ellos al buen nombre que es invocado sobre vosotros?

«8. Si ciertamente vosotros cumplís la ley real conforme a la escritura, es a saber: Amarás al prójimo como a ti mismo, bien hacéis.

«9. Mas si hacéis acepción de personas, cometéis pecado y sois acusados de la Ley como transgresores.

«10. Porque cualquiera que hubiere guardado toda la Ley y sin embargo se deslizare en un punto es hecho culpado de todos.

«11. Porque el que dijo: No cometas adulterio, también ha dicho: No mates. Y sino hubieres cometido adulterio, empero hubieres matado. Ya eres hecho transgresor de la Ley.

«12. Así hablad, y así obrad, como los que habéis de ser juzgados por la Ley de libertad.

«13. Porque juicio será hecho sin misericordia a aquel que no hiciere misericordia: y la misericordia se gloria contra el juicio.

«14. Hermanos míos: ¿Qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?

«15. Porque si el hermano o la hermana estuvieron desnudos, o necesitados del mantenimiento de cada día,

«16. Y alguno de vosotros les dijere : Id en paz, calentaos y hartaos, empero no los dierais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿qué les aprovechará?

«17. Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta por sí misma.

«18. Mas alguno dirá: Tu tienes fe y yo tengo obras; muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

«19. Tú crees que Dios es uno; haces bien. Pero también los Demonios lo creen y tiemblan.

«20. Mas ioh hombre vano! ¿Quieres saber que la fe sin las obras es muerta?

«21. Abrahán nuestro Padre, ¿no fue justificado por las obras, cuando ofreció a su, hijo Isaac sobre el altar?

«22. ¿No veis que la fe obró con las obras, y que por las obras la fe  fue perfecta?

«23. Y la escritura fue cumplida, que dice: Abrahán creyó a Jehová y le fue imputado a Justicia, y fue llamado el amigo de Jehová.

«24. Vosotros, pues, veis que por las obras es justificado el hombre y no solamente por la fe.

«25. Semejantemente también Raab la ramera. ¿No fue justificada por las obras cuando recibió los mensajeros y los echó fuera por otro camino?

«26. Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto; así también la fe sin obras es muerta».

Hasta aquí el Capítulo II de la carta de Santiago, escrita hacia el año 60 de Jesús, es decir, hace 1860 años ahora: ¿Y dirán los Comunistas de hoy que son los fundadores, ni los ideadores de la Comuna? A lo más son unos actores, pero malos actores, porque están manchados de todos los defectos que señala Santiago.

Mas no importa ser malos, actores; también los parodistas tienen efecto.

Hay un «Don Juan Tenorio», drama lleno de poesía y vida real, envuelta en gasas fantásticas por causa de escribirla un cura; ya es secular la obra y necesita actores buenos, que no siempre los hay; pero hay una parodia o remedo de «Don Juan Tenorio», que lo llaman «El Novio de Doña Inés», una burla muy burda del Tenorio, pero tiene el efecto de recordar y apreciar las filigranas de la obra maestra «Don Juan Tenorio».

Así, pues, pasa igualmente con los Comunistas del presente. Porque por las circunstancias se vieron precisados los antiguos Comunistas a pelear por su idea, ya que la reacción por la fuerza bruta los persiguiera, entienden los hombres de ahora, que para ser Comunista, es necesario ser matón, Terrorista, Dinamitero, Dictadores, y al fin, cuando lograsen imponerse, ser ellos lo mismo supremáticos y los substitutos de los parásitos destronados.

No. Eso no es Comunismo. Eso es la venganza de un mal trato, que no puede tener otro resultado que el que ha tenido la causa que ha originado esta Anarquía, (parodia burda y sin finalidad posible) que desdora y deshonra al verdadero Comunismo que se proclama en Shet y se hace Ley, rememorada en ese capítulo de Santiago que hemos extractado, en el que no hay acepción de personas, porque toda acepción es un desprecio de los demás y la Comuna de Amor y Ley, no puede admitir el desprecio ni el desamparo, ni la injusticia de nadie.

No dijimos ni pensamos siquiera, que los Comunistas no estén dispuestos a la defensa personal y de los santos principios. Al contrario, exigimos la actitud completamente enérgica y un «Non Posumus» rotundo, a los detractores y opositores del régimen Comunista. Pero lo que sí condenamos es la ofensiva de los Comunistas bélicamente, porque es contra el principio Comunista y, en cambio, es obligatoria, la defensiva.

Exponemos el principio igual de la Comuna, en el que nadie baja: todos suben al mismo nivel de hombres en justicia, bajo el título de hermanos, con el mismo mandato del trabajo obligatorio en cosas de productos necesarios a la vida y con el mismo absoluto derecho del consumo de lo necesario a la vida.

Al exponerlo, contamos con que lo acepta la gran mayoría de la familia humana, puesto que no puede menos de aceptarlo toda la masa trabajadora, que compone 7/8 partes de la humanidad en todos los ramos de la agricultura, industria y ciencias, con su empleomanía.

¿Por qué, pues, es necesaria una lucha, siendo los obligados a imponer el común y moral principio 7/8 partes de la humanidad?

Ya lo hemos dicho en todas nuestras obras: «La falacia inmoral de 1/8 parte constituida en directora de las 7/8 partes de la humanidad, por un mentido derecho Divino».

Estos han creado la acepción de personas empezando por inmunizarse sacerdotes y mandatarios bajo la falacia absurda de «Principio de autoridad».

El principio de autoridad no es discutible cuando éste se asienta en la probidad, moralidad, justicia, sabiduría y amor de un hombre; al que reconoce la mayoría.

Sin ese reconocimiento por la mayoría Universal, no hay, no puede haber tal principio de autoridad: y reclamando esa autoridad sin existir esas dotes, será siempre (como ha sido) una imposición por la falacia, que dice engaño, fraude y mentira: o por la fuerza bruta, obrada por la parte del mismo pueblo trabajador sobornado.

El soborno es demasiado fácil en la empleomanía servil de la plutocracia; de cuya empleomanía se ha hecho la clase media mucho más prejuiciada que la clase llamada obrera y trabajadora.

A esa clase media, equiparándola con la verdadera clase media, considerada en el industrial, el ingeniero con sus derivados y los hombres de las duras ciencias, de los que no podría prescindir el plutócrata, se le ha consentido, de tanto en tanto, llegar a los ministerios, a las direcciones de la cosa pública, pero no siendo nunca autónomos y prestando un juramento que los inutiliza en sus ideas, y los tenéis ya, en esa condición, enemigos del obrero, del que jamás pueden prescindir, y de este modo, el ingeniero y el científico, se constituyen en jefes odiosos del mismo obrero, y el obrero, sin tiempo a educarse, se somete por la necesidad; pero ve diferencia entre él y su jefe y esa diferencia mantiene distanciados a los dos obreros: al intelectual y al manual, por causa de la acepción de personas, impuestas por las clases: y sin embargo, si nos viéramos en la necesidad de suprimir uno de esos dos factores de la producción, no se podría suprimir el factor manual y sí el intelectual, por la razón sencilla de que el arte rústico es el que engendró la ciencia y no puede haber ciencia si antes el arte no da el motivo. ¿Que costaba más la producción antes, hasta que el motivo arte inició la ley del por qué? Es indudable; pero en cambio, el obrero manual era el todo y lo pasaba bien.

En cambio, hoy que se le ha quitado al obrero manual la parte intelectual de su trabajo, dándoselo en reglas acotadas por los científicos, el obrero se ha brutalizado más y nos encontramos ante un terrible conflicto, que es éste: Al obrero no le da la gana de trabajar bajo condiciones tan humillantes y los científicos, constituídos falazmente en jefes déspotas, no son capaces de encargarse de la mecánica del trabajo, por dos razones superabundantes de impotencia: Su organismo y miembros son débiles, porque no los acostumbraron a las duras faenas manuales: y porque no son capaces de manejar las herramientas, ni hacerlas, ni templarlas, resultando que, si el obrero, la clase despreciada se para, todo se para y el hambre y la miseria reina.

En cambio, puede la parte intelectual no querer trabajar en la ciencia y el obrero manual continuará su trabajo, lo miso en las artes y oficios, que la agricultura en todos sus derivados, la escasez no llegará. ¿Que no habrá palacios de bella arquitectura, o le costará más esfuerzo muscular su labor?. Concedo; pero eso  sólo es necesario a la belleza y ésta al fin se impondrá y la hará el mismo obrero por su amor propio, como lo hizo antes de que la ciencia lo maltratara, lo que nadie puede negar.

No se nos vaya a tratar por esto de retrógrados, porque sería injusto. Lo que queremos es demostrar precisamente la injusticia de los hombres de las ciencias, en su desprecio a la clase trabajadora, de la que no pueden prescindir, y los trabajadores sí, pueden prescindir de los científicos, a los que odian por su falsa posición.

Nosotros, en nuestra severa Ética Comunista, no queremos que nadie prescinda de nadie: el arte, en su ley, sirve (a) la ciencia para entregarle motivos con qué formar las leyes del por qué; y la ciencia, que recibe esos motivos y las materias y las herramientas del arte, ha de servir al arte para hacerlo más bello, más fácil y más abundante, pero a condición de que no habrán hombres más ni menos que el hombre trabajador, causa de todos los productos, y que carezca de ellos. ¿Nos habéis entendido, hombres de la ciencia y subalternos o empleados? Lo diremos claro. No queremos tres clases, ni dos clases: científicos y manuales, son una sola clase: hombres. Pero la otra clase que hizo las clases, las falacias y los privilegios, o sea la acepción de personas, sobra y la quitamos.

Ahora el juicio está claro y toca elegir. Existe en ley una sola clase, la trabajadora; el que quiera seguir en la sociedad, ha de ser trabajador y sin acepción, pero ninguna persona como mayor, para mayores derechos; y si non, non será en la Comuna.

Declarado este punto Ético-Comunista y descartadas las clases de participar en él, llamo a los noveles Comunistas para que se examinen, a ver si están ellos en ese grado de moral ¿Lo estáis? ¿Sí? Entonces lo demostraréis no llevando la ofensiva, pero estando dispuestos' a la defensiva, hasta implantar el régimen Comunista, sin fronteras, sin parcelas, sin dinero y sin acepción de personas.

La cuestión es de sobra sencilla. Hacer el plebiscito Universal, contar cuantos aceptan y proclaman el principio. de: «Sólo el trabajo productivo regenera y da derecho al consumo», y si resultan dos terceras partes de la humanidad, o sean hoy mil millones de seres, proclamarlo en un solo día y pedir entonces el «Código Moral Universal», para que todos se ciñan a la misma Ley y todo será hecho.

Nosotros sabemos que hay mucho más de las 2/3: aseguramos que hay,7/8 partes; pero entre ellos están los que, por prejuicios, lo quieren en silencio por causa de un falso temor religioso.

Entonces, se impone primero deshacer toda religión, causa del temor, del prejuicio, de la superstición, del odio de las razas y creadoras de las clases. Pero la religión no es Estado ni forma Nación; es una polilla de los estados y las Naciones, y a la religión sí, declararle la guerra sin cuartel y anularlas todas y entonces veréis que no habrá nadie que lleve la ofensiva a los Comunistas.

Pero queremos ser rigurosos en este punto. Entendemos bien: la religión no son los religiosos. Estos sean frailes, monjas, sacerdotes u hombres civiles, dejando el hábito, son hombres como cualquier otro; y plegándose al trabajo, abridles los brazos. Pero si ellos son los que llevan la ofensiva de palabra u obra, caen bajo la pena señalada a su causa religiosa.

Mas también entre vosotros, noveles Comunistas, hay demasiados comodines y hasta traidores y de miras tan denigrantes, que preferimos el audaz fraile, que por lo menos, tiene el valor temerario de denunciarse enemigo de la humanidad con su hábito; es preciso primero escardar el campo Comunista.

No hace muchos días, un irracional (así merece llamarse) obrero y que pretende llamarse Comunista, llevándole la contra a uno de los secretarios de esta Escuela, en cuya fábrica ocúpanse los dos, nuestro secretario sostenía nuestra causa de Amor y Ley con el rigor de la justicia que mostramos, a lo que el otro se opone. «Por razones de libertad», dice. Entonces nuestro secretario le dice: ¿Y qué hará Vd. entonces con esa clase de Comuna que Vdes. quieren? -Entonces, ya no trabajo más, contestó. - Y para, tipos como Vd., nuestra Comuna tendrá una isla a la cual los arrojará y vivirán como quieran, dijo nuestro secretario, porque nosotros no queremos, vagos, ni parásitos, ni inmorales. ­Pues allí comeré hierbas, o raíces, contestó. -Comerá y hará lo que quiera, pero no interrumpirá a los que quieren vivir del trabajo y en la paz de hermanos.

He ahí un ejemplar de los muchos noveles Comunistas... Anarquistas, y que son causa precisamente deque la Comuna sea temida y se propale que el Comunismo es el terror, la anarquía y el desorden, siendo precisamente todo lo contrario; es decir, el progreso, la cultura, la sabiduría, porque en la fraternidad verdadera está la libertad y la justicia, con el amor por ley. iAy hijos del mono! iQué monada sois! iCuánta risa provocaríais, si no fuerais dignos de lástima!...

Mas pensad como queráis. Habéis de ver que la Comuna de Amor y Ley se establecerá y que en el mayor amor, separará a la Isla más placentera que en la tierra haya, a los que piensan de esa manera tan... Mona... hasta que os curéis de manías mononas; y no os quejaréis del amor de la Comuna legal sin acepción de personas, sean quienes sean.

Otro de esos noveles Comunistas, decía en otra ocasión, entendiendo que sólo el trabajo manual tenía derecho al producto del trabajo: -Yo le daré la cuchara (paleta) al arquitecto, para que él siente el ladrillo. -¿Y tú qué harás? -Pues cobrarme lo que me ha hecho sudar. -¿Y crees tú que el arquitecto no suda por fuera, y por dentro para hacer los planos, medir las resistencias de los materiales, etc., etc., y es el responsable de la obra? Sea lo que sea, es necesario invertir las cosas. -¡Pero hombre! ¿Es prudente que el herrero vaya a la carpintería, el zapatero a la sastrería y el barbero a la farmacia y Vd. al estudio del arquitecto? Por eso, el ingeniero y los hombres de ciencia se opondrán, y con justa razón, a esa Comuna Anárquica. -Yo no sé nada más sino que es necesario que todos trabajen como yo. -No, como Vd. no; como cada cual sí, y cada uno en su oficio, arte y ocupación, siempre que ellos sean una necesidad a la vida. ¿No es esto lo que Vd. desea? -No sé lo que deseo; lo que quiero es vengarme de lo que se me hace sufrir...

Ya lo veis: como ésta o semejantes, son todas las tendencias y propósitos de los noveles Comunistas, anarquistas y anarquizados. Pero ¿son culpables de sus deseos de venganza estos hombres?

Ateniéndonos a nuestros estudios desapasionados de las religiones que por largos siglos y aun hoy han sido encargadas de la moral de los hombres, éstos no pueden ser culpables de una idea de venganza inculcada con la palabra y predicado con el ejemplo por los educadores de la moral religiosa, que todo lo ha manchado, creando la acepción de personas. Responsables sí son estos noveles comunistas anarquistas, porque les predicamos la Comuna de Amor y Ley, que contra todas las religiones contra todas las huestes de «Caballeros de Colón», «Caballeros del Apocalipsis», «Caballeros o Señores de horca y cuchillo», capitaneados por el tribunal del Santo Oficio o inquisidores, y aun contra las tendencias de los noveles Comunistas anarquizados, por causa de todas esas causas culpables, la Comuna de Amor y Ley que trae esta Escuela, basada en la Ley de Shet, explicada en el decálogo de Moisés y planteada en el 'capítulo II que hemos extractado del Apóstol de España Santiago, triunfará: y se implantará y muy en breve, porque es decreto del Creador del Universo; porque ha llegado su tiempo marcado en el Testamento Alianza de Abrahán y porque los Espíritus del Universo se solidarizaron con la mayoría de los de la tierra que pidieron la justicia, que se les concedió y se está obrando sin acepción de personas. ¿Comprendéis la causa? Pues por ella deducid el efecto infalible. ¿Queréis que falle ese decreto? Destruid, si podéis, el Universo. Si no  podéis, tampoco podréis detener, retrasar, ni esquivar el régimen Comunista, bajo  un Código que ya está escrito.

Las oposiciones, vengan de quien vinieren, no harán más que hacer sufrir más a los falaces o detractores y a los vengativos.

Pero estos noveles Comunistas anarquizados, ya veréis que cantarán la palinodia de su equívoco, tan pronto sea quitada la causa que los engendró la religión: porque quitada ésta, ya no veréis acepción de personas, ni en el Maestro mayor, ni en los consejos, que tendrán mayor, inmensamente mayor trabajo que todos los hijos de la Comuna. Podrá ser que, por razón de una verdadera Ética Comunista, se les tenga el respeto de mayores: el respeto que es natural en el hombre moral, al que demuestra más sabiduría; pero eso no les dará más derechos de usufructo, porque no cabe, ya que cada hombre tendrá cuanto puedan tener todos, sin singularidad.