CAPÍTULO SÉPTIMO
EL AMOR TRAE LA EMULACIÓN DE LAS REGIONES

Ya hemos hablado atrás de la nulidad del dinero como acicate o émulo del progreso, en el hombre progresado. Aquí sólo tomaremos a estudio los efectos del amor Nacional, como estímulo de las regiones que componen la Nación.

Aun cuando tenemos que condenar la palabra denigrante Extranjero, debemos, sin embargo, cantar un himno al amor Nacional, porque es un escalón de la escala de los amores grandes, y el Amor Nacional es nada menos que el Cuarto Amor expansivo por el que todas las Naciones propenden, sin que se den cuenta, a romper las fronteras por la fuerza (tan imponderable como secreta) de la Ética-Comunista que hemos descubierto como grado máximo de la moral Nacional, a la cual no podremos substraernos, porque es producto de la fraternidad humana.

Registramos en las tendencias individuales, a cada hombre y nos parece un perfecto egoísta, desde que, en todo, mira primero su bien personal y sin embargo coopera a la grandeza de la ciudad y de la Nación por consiguiente.

Necesitamos estudiar mi subrayado «Un perfecto egoísta», señalado como vicio en todos los tratados de moral y hasta penado en las religiones, siendo éstas verdaderamente egoístas hasta el escándalo.

El egoísmo aparente en el individuo, es un resultado de su necesidad: si no atiende sus necesidades, tampoco podrá desempeñar su papel de hombre, ni atender las obligaciones del ciudadano y a poco más, se hará inútil, convirtiéndose en una carga de la sociedad.

Entonces, ese egoísmo es una necesidad de la existencia: y atender las necesidades de la vida y de la salud, que hace la vida deseable, es una noble virtud.

En el orden Cooperativo y Moral-Comunista, es también el egoísmo una recomendable virtud, y más cuando se pone a la mano de todos, los mismos medios de satisfacción de las necesidades de la vida.

Se comprenderá perfectamente la virtud del egoísmo de que hablamos, comparando la ayuda que puede prestar un enfermo, o un triste, con la de un sano y un alegre.

El enfermo y triste agobia y depresiona el espíritu de su círculo. ¿Cómo puede ayudar al que necesita ayuda?

El sano y alegre, demostrando su satisfacción, anima y levanta el espíritu de su círculo. ¿Cómo no será más provechoso y ayudará a los demás?

Y entended que estamos dilucidando al egoísta que se cuida en sus necesidades, primero que a los demás, y al que con capa de virtud, se priva de cubrir sus necesidades, por atender a otros.

A esto, la religión Cristiana, lo llama gran virtud, y hasta lo corona con la santidad, siendo ante la ley de la vida y ante la razón, el más grande egoísmo y además un suicidio: trayendo como consecuencia una defraudación al producto común y un ejemplo disolvente de la especia, porque la denigra.

Nadie habrá visto que los ganaderos busquen para sementales los machos raquíticos, ni hijos de malas madres, ni enfermos: y en la especie humana, no hay otra ley.

Esos dos números fundamentales, uno se ha convertido en número falso: el otro podrá ser impuro, pero es positivo, tiene su valor relativo y podrá purificarse componiendo número de circunferencia, porque central ya lo es.

Desde luego, que no aceptamos el egoísmo de absorber lo que otro ha de menester. Nuestra moral en este punto es que, cada uno consuma lo que necesita, cuando todos pueden hacer lo mismo: que cuando los productos escasean, la ley de Amor aconseja el reparto equitativo, proveyendo primero a la infancia, ancianos y desvalidos; moral que no se necesita aconsejar, porque es innata en los padres, por Amor.

Hemos dicho que eso que llama la religión Cristiana gran virtud y hasta la corona con la santidad, es ante la ley de la vida y ante la razón el más grande egoísmo, y vamos a probarlo, al mismo tiempo que veremos que es un suicidio.

Es la primera obligación de los padres, durante la infancia desvalida, procurar por todos los medios la salud y la vida de sus hijos: esto es del mandato de la Ley Divina, Natural y humana, estando penado en los códigos, civil y penal, no sólo la comisión del delito de atentado, sino hasta la negligencia o despreocupación.

Entonces se deduce lógicamente que, el destruir los frutos alcanzados por esas leyes, hasta que el hombre es mayor, es un grave delito contra la sociedad y el progreso, el descuido personal; y más aun la maceración con ayunos, abstinencias y otras prácticas que aminoran las fuerzas físicas e intelectuales que hacen al hombre inútil, pudiendo por esto afirmar que la tal virtud, es un suicidio.

El hombre no ha de alimentarse escaso, ni de más. La templanza, sí, es su virtud.

Y lo mismo comete el suicidio el glotón, que el que ayuna por virtud religiosa, bajo la esperanza de un premio mentido, en un cielo que no existe más que en el magín y falacia de los enemigos de la humanidad: las religiones falaces.

Si el mal se redujera sólo al suicidio de esos delincuentes, sería poca cosa y no merecería la pena de estudiarlos ni tenerlos en cuenta. Pero es que ocasionan otros gravísimos males de degeneración, porque ni el glotón, ni el debilitado, pueden engendrar seres sanos, expertos, ni inteligentes; y calcular cuántos millones de infantes degenerados nos rodean hoy, que a no estar en estos momentos a las puertas de un terrible hecho que ha de barrer todo lo inútil, renovando !a faz de la tierra, tendríamos que confesar que la generación próxima sería la más desgraciada que la tierra sustentó.

Es por esto que nos apresuramos a enseñar a los ,hombres su verdadera profilaxis moral, material y espiritual, a fin de que los que sobrevivirán sean el plantel provechoso para una raza progresista y bella, con todas las ventajas de esas dos grandes cualidades: progreso y belleza.

Como hemos descubierto que el progreso y la belleza no pueden ser mientras el hombre relega sus derechos al querer de los dogmas, es por esto que condenamos a toda religión que hace al hombre inútil y esclavo, sin razón, degenerado y suicida.

El espanto es grande entre los inconscientes religiosos, porque no saben cómo podrán vivir sin religión. Y no es menos espantoso para los materialistas esa misma anulación religiosa, aunque su espanto difiere del de los religiosos de los dioses; pero que los materialistas no son menos religiosos y sí más fanáticos y sistemáticos que aquellos a quienes ellos motejan de sin razón.

Nosotros hemos probado que, sin un sentimiento, no pueden los hombres vivir: pero hemos probado también que el sentimiento no es el sentimentalismo; y sentimentalismo es lo que confunden, religiosos y materialistas.

El sentimentalismo, cuando no está fuera de la razón, está al margen de la razón y jamás dentro de la razón.

Entonces se prueba eficientemente que Religiosos y Materialistas tienen sentimentalismo y no sentimiento, porque obran fuera y contra de la razón.

La razón es producto del raciocinio que el hombre puede hacer. Los animales (fuera del hombre) no razonan. Luego, siendo el hombre diferente de los otros animales, por una tercera entidad que llamamos espíritu, la razón es sólo cualidad del espíritu: lo que prueba que, si sólo por el espíritu puede razonar el hombre, la razón ha de formar su sentimiento moral, que no puede ser religión; porque la religión exige que el hombre relegue sus derechos, sometiéndose al dogma, que equivale a la anulación de la razón; y la, razón, por lo tanto, anula la religión.

Llegamos, pues, a esta conclusión: sin razonar, no se puede progresar, ni tener sentimiento del progreso: si razonamos, sentimos y apreciamos el progreso. Luego, siendo la razón por causa de nuestro propio Espíritu, el Espíritu es el sentimiento; el que al hombre le basta para vivir felizmente en el seno de la sociedad, con alta moral, por el sentimiento de cumplir sus deberes y no relegar sus derechos. ¿Para qué quiere el hombre más religión? Pues esto es en verdad de verdad, el Espiritismo Luz y Verdad, que le damos al hombre como suprema, moral de sentimiento, siendo por lo mismo absolutamente antirreligioso.

¿Que qué tiene todo esto que ver con «El amor trae la emulación de las regiones» que encabeza este capítulo?... Todo por entero; y sin el sentimiento que exponemos como moral, ¿podríais pensar en la emulación?

Sabéis que a la Nación la componen sus regiones, sus ciudades, sus hombres y sus medios. Pues al Espiritismo lo componen todos los Espíritus del Universo y son sus individuos y las ciencias y el progreso, sus emolumentos de riqueza; y cada mundo es una región de la infinita Nación, cuyo presidente eterno es el Creador; su carta orgánica, el Amor, fuente del sentimiento de sus hijos los espíritus; por lo que, el nombre político y social en todo el Universo es el Espiritismo, que será la moral del gran quinto Amor.

La emulación, por consiguiente, de las regiones, es el amor expansivo que en cada individuo está innato y latente.

Este amor, que se agrandó desde la estrechez del hogar hasta la unidad Nacional, recibe las emulaciones de su grandeza Nacional, en la que, siendo el individuo soberano, es tan grande, como grande sea la Nación de la que es número complementario y necesario.

La grandeza de la Nación será tanto mayor cuanto sea su grado moral de sentimiento fraternal, que debe ser toda su religión.

Es entonces cuando cada región se ve estimulada por la región vecina y tratan de aventajarse en un afán común de cooperar a su propio bienestar, en el bienestar de la Nación.

Pero no olvidéis que, por derecho primario e ineludible, la región disfrutará primero de su propio progreso, y no se puede tener esto por egoísmo, puesto que es una consecuencia lógica y natural que cada cual disfrute antes que los demás, de sus propias obras.

Ese disfrute natural emula al vecino a buscar otra cosa igualmente necesaria y satisfactoria, para merecer atraer las miradas de sus connacionales y de todo el mundo si es posible, y lo es, si el tal adelanto es de aquello que todos los hombres lo han de menester por cualquier causa de la vida.

Basados en esta necesaria emulación, hemos enseñado regiones Étnicas en nuestro «Código de Amor Universal» que ha de regir a todo el mundo en una sola Nación y familia, bajo una sola ley orgánica, el Amor, que todo lo iguala y santifica; pero que, por lo mismo, no puede menos de reconocer que no puede ser el mismo etnicismo, porque contribuyen a su diferencia muchos factores, no siendo pequeños el idioma de las diferentes partes del Globo, su. clima, sus aguas y su alimentación, lo que dejamos estudiado en el Código citado.

Pero aun con esas diferencias naturales, no hay obstáculo a que se tenga el mismo sentimiento y entonces se confirma la posibilidad le una sola Ley que rompa y anule todo privilegio y propenda a la unidad, como si todos los habitantes del Planeta no fuesen más que un solo hombre, a lo que se negará por la afinidad de todos los espíritus y por la única moral de sentimiento, que anula todos los dioses e ídolos y adora a un solo ser, que es el Creador, nuestro Padre Común; por lo que, la fraternidad humana es un axioma que no han podido desmentirlo entre religiosos y materialistas, ni. han podido evitar la ascensión humana, de la familia de la caverna a la tribu, y de la tribu a la ciudad, de la ciudad a la región y de la región a la Nación, y hoy no pueden oponerse a la Comunización de todo el mundo, para lo cual ha llegado el Espiritismo Luz y Verdad, para ser el Credo Común, sin ser religión, porque es la sabiduría, la fuerza, la potencia y el Amor.