CAPÍTULO TERCERO
EL AMOR AL PODER DADO (GOBIERNO)

Porque el pueblo en mayoría y en ningún caso plebiscitariamente no dio su poder y su confianza al gobierno en ninguna Nación, no es amado ningún poder o gobierno.

La prueba más terminante la tenemos hoy en todo el mundo, donde las protestas y las revueltas y los atentados, superan a los días.

Pasad por vuestra vista toda la prensa de todo el mundo y decidme, si queda una sola nación o provincia, donde no haya protestas, actos de terror, huelgas y revoluciones. Lo que significa que en ningún pueblo ama al poder gobernante; y es, porque el pueblo no lo eligió y no le ha dado su representación y poder.

Y si esto pasa en los países republicanos donde por períodos se cambian los presidentes ¿qué me diréis de los países monárquicos, donde malo, bueno o mediano ha de aceptar por la constitución arcaica sostenida por la fuerza bruta, a cualquiera que sea el heredero de la Corona?

Ahí tenéis a Italia, con un rey de lo mejor que puede ser una testa coronada, que no dudéis que no siendo rey, habría sido un excelente ciudadano; pero como rey, es rey y basta. El pueblo lo protesta y se rebela y nadie dirá que el rey reina, ni tampoco reina el pueblo; Italia está anarquizada, sufriendo consecuencias de las que el pueblo no es culpable y lo quieren hacer responsable y el pueblo italiano no se doblega: no quiere cargas que él no creó; no quiere ya zánganos en su Colmena y se declara Comunista.

Ahí tenéis al país de los flemáticos. Inglaterra la plutócrata, que en tanto duró el brillo de sus libras sacadas como todo el mundo sabe por sus intrigas, azuzando unas a otras naciones, para luego meterse de arbitrio y cobrar el barato con sonrisa sardónica, mientras duró digo, el brillo y tintineo de sus libras, los obreros laborantes ingleses, no se dieron cuenta de su falsa situación.

Pero tan pronto como no ha podido el gobierno inglés hacer tintinear sus libras entre los obreros, éstos, por millones se levantaron e imponen su voluntad al gobierno, o deja el mango de la sartén; para que el obrero la maneje con más justicia.

De los desaciertos de sus reyes y de sus avaricias, son testigos el Transvaal laborioso y dueño de minas de oro por su desgracia: y digo por su desgracia, porque éstas serían su sepultura, desde que Inglaterra las quiso poseer no importando los medios y las formas; los cañones y los destierros lo justificaron todo. ¿Pueden amar los transvaalenses a un rey y un gobierno, impuesto so pena de muerte?

Ahí está la moribunda Irlanda, copiando al vivo el ejemplo de Numancia. ¡Y qué de crímenes horrendos se registran en esa Isla!... Pero no importa: el obrero inglés abrió los ojos y prepara a su rey y a sus gobiernos el epitafio merecido.

La India, la Mesopotamia: el Egipto, Armenia, y hasta aquí, tenemos que protestar de la dominación inglesa y de sus mentiras y calumnias, como por ejemplo: quiere matar a Kropotkine y lo mata de hambre, por calumniar a los rusos, y hoy, 3 de febrero de 1921, después de tres días de telegramas de Londres, diciéndonos que «Kropotkine murió de hambre», resulta que goza de la salud de que puede gozar un ochentón.

Los soviets rusos han estado deshechos desde su nacimiento; y sin embargo destruyeron cuantos ejércitos se les opusieron aunque fuese Wrangel, que sus perseguidas hordas están en estos momentos siendo un peligro para la humanidad, por las epidemias contagiosas que sus miserias les trae; y otro peligro para la civilización porque hasta se les han escapado telegramas, diciendo que «Había que temer actos de Canibalismo»... Los soviets rusos le levantan a Inglaterra en armas la India y todos los dominios ingleses con el boicot, hasta a sus virreyes: y sin embargo, los soviets no tienen ni vida, ni acción, ni fuerza moral.

Pero Voltaire ha dicho: «Calumnia que algo queda» y parece que esa sea la política de todos los gobiernos aliados, pero en especial del inglés.

Mas si los hechos dan las deducciones, los hechos que observamos de Inglaterra y sus aliados, nos llevan a una deducción lógica de quién y en qué forma dirige ese cotarro agrio y por demás peligroso: aclaremos.

Inglaterra es Anglicana Protestante; Francia Republicana, tenida por liberal y que no sabemos por qué causa y con qué fin, rompió sus relaciones con el Vaticano y les confiscó los bienes a los frailes, e Italia, que parece tener preso al Pontífice Católico­Cristiano, lo deja libremente atentar contra todos los liberales y resulta que el preso no es el Pontífice, sino el rey y el gobierno italianos. Y tanto es así, que ha ido Wilson a Roma, presidente de N. A. protestante y es más ruidosa y oficial su visita al Papa, que al rey y al gobierno.

Al terminar la guerra, el Papa les regala a los franceses a Santa Juana de Arco y van con suma devoción 120 diputados y 170 mil ciudadanos franceses republicanos y liberales, (según la Constitución Francesa), cuya santa de hoy fue quemada en persona por hereje, bruja, y otras menudencias, con lo que Francia viene a reanudar sus relaciones con el Vaticano; Inglaterra y Norte América Protestantes, nombran un representante ante el Vaticano, cuyo Pontífice se titula y se confiesa Rey de reyes y Señor de Señores, confirmado en el juramento de «Los Caballeros de Colón», cuando confiesan que «El Papa, puede poner, quitar y destruir reyes y gobiernos, sin prejuicio alguno».

De aquí deducimos lógicamente que es cierta la existencia del Sindicato de príncipes y reyes y que por lo expuesto, el Pontífice Romano, es el jefe, hasta de su carcelero el Rey de Italia.

Todo esto y lo que tengo a la vista, me da una confirmación de que todo cuanto se miente sobre derrotas, deshechos y desinteligencias entre los obreros conscientes de la internacional de Moscú, sobre los Soviets rusos, turcos, persas, hindúes y tantos más que no pueden ser malos, por la sencilla razón de que son antirreligiosos: es decir, que no relegan sus derechos a ninguna falacia; todos esos adelantos de muerte al régimen proletario, digo, son manifestaciones de trabajos ocultos, llamados Magia.

No os estupefactéis, si a estas alturas del estudio del Amor, me veo obligado a sondar este infinito pozo, en el que viven reptiles y palomas.

Estoy obligado a apurar todo lo que concierne al propósito de este capítulo El amor al poder dado, y por consiguiente, el poder impuesto en cualquier forma, ha de despertar el odio y la ira, si se ignoran las causas secretas que lo originan.

La Magia. ¿Existe o no existe?... Sin nombrar muchas sociedades, incluso Científicas y la Masonería, con los Teósofos y los Budistas, los Sacerdotes de Isis y los hechos de Moisés, Zoroastro y Jesús, con miles de millones que en la antigüedad y el presente la practican, sin tener en cuenta digo, todos esos que lo confirman, nos basta para afirmar su existencia que la Iglesia Católica la condena y excomulga a los que sabe que la practican. Luego existe. ¿Por qué la condena? La razón es sencilla: porque ella, la usa como su arma oculta, terrible y criminal y con ella, ha hecho lo que, ha querido, hasta constituirse el Pontífice en Rey de los Reyes y Señor de Señores.

¿Qué es la Magia? Extensamente la veis y no la comprendéis: todos los cultos, ceremonias, untos, aguas benditas, velas y sacramentos, no son otra cosa que las exteriorizaciones de esa potencia y ciencia oculta, explotada por la Iglesia Católica, hasta más allá de lo imaginable. Entonces diréis ¿la Magia es mala? Nada hay malo, ni bueno en la Creación: sólo hay cosas y leyes necesarias: que se hagan malas o buenas, eso es cuenta de los hombres.

Pero la Magia, como la hubieron de usar Shet, Confucio, Zoroastro, Moisés, Jesús, los profetas y aun Cipriano y Paracelso, era buena y la representación de todo lo trinitario y divino y se necesitaba ser limpio de corazón, de conciencia y sublimemente sabio.

Comprendieron que el reverso de esas fuerzas, puestas en manos de los ambiciosos y criminales, sería desastroso para los hombres; y redujeron sus secretos y sus fórmulas, a figuras, símbolos y números cabalísticos, que sin una sólida preparación y prueba eficiente de virtud y amor a la humanidad, no podrían penetrar en sus significados.

Pero como para el espiritismo no puede haber nada oculto (del Creador abajo) a éste acudieron los sacerdotes para sus fines ruines de la dominación y los espíritus del mal, les descubrieron lo que fueron capaces, ya que los grandes secretos no alcanzaban, porque es preciso ser de luz clara para penetrarlos.

Con esos descubrimientos y siguiendo los ritos de todas las religiones, la Católica, estuvo en posesión de los medios de dominio y dominaron todo, hasta hacer del mundo o de la humanidad, una manada de esclavos tan inconscientes y fanáticos, que no tenían los Pontífices más que ordenarles morir y morían hasta contentos para resucitar en el cielo... Quimérico...

Si preguntáis a un sacerdote si existe la Magia, no hará más que condenarla y poneros un temblor espeluznante. No la negará, puesto que tiene mandado condenarla y he aquí lo estupendo. La condena y todo cuanto él hace, no es más que Magia roja y negra que, en sus manos, la. llaman «Magia Divina» e «Infernal», si es ejercida por otros; pero que no hay magia Divina ni Infernal, sino Magia, que será de los resultados que se persigan, según la intención, elementos y fuerzas que se empleen.

La Iglesia Católica, solo ha empleado fuerzas, medios y elementos de predominio; y si lo quiere negar, tendrá que explicarnos qué significan sus vestiduras en el culto, sus herramientas, cruz, candelabros, incensario, hisopo, sacra, cáliz, etc., etc.; lo mismo que sus sacramentos, misa del gallo, bendición de la Candelaria, de ramos y su trágica Semana Santa y etc., etc., etc., igualmente que la tiara de tres coronas: sus pentaclos, reliquias, pentagramas y talismanes, de que ha envuelto el mundo.

En cambio, tenemos a la vista todo su ritual, sus exorcismos, sus invocaciones sus excomuniones, eschiridiones y sus bulas a los reyes; siendo muy célebre entre todas, la del Papa León III a Carlos Magno, cuyo breve termina así: «En tanto que la alta Magia, encerrada toda en el libro que os envío sea profanada por la maldad de los hombres, la Iglesia no tendrá. otro remedio que proscribirla. Pero la Religión, amiga de la tradición y guardiana de los tesoros de la antigüedad, no deberá rechazar en el fuero interno de su dogma, una doctrina anterior a la Biblia y al apocalipsis de San Juan, y que concuerda y armoniza por manera admirable los respetos tradicionales del pasado, con las esperanzas más vivas del progreso, del porvenir». LEON IIl. P. M.

En la carta particular que acompaña al breve y el libro, se lee en uno de sus párrafos:

«Si creéis firmemente que cada día que recitéis las oraciones que acompañan a mi carta personal y al Breve con que os la remito, y particularmente la primera, con la devoción debida y la lleváis sobre vuestro pecho con respeto, sea en la guerra, sea en el mar, o dondequiera que os halléis, ninguno de vuestros enemigos os vencerá. Seréis pues, invencibles y os veréis siempre libre de toda suerte de adversidades», etc., etc., etc.

No se nos dirá que inventamos, copiamos.

Por sabiduría, los grandes Magos o profetas y legisladores, ya hemos dicho que llevaron sus secretos al símbolo y la figura y no han podido los falsos Magos Sacerdotes, aunque sean los Pontífices, penetrar en el mayor secreto, ni sorprender el símbolo supremo.

Esto se reservaba para un tiempo y para quien lo había ideado con el cual anularía todos los demás y no surtirían más efecto.

El Espiritismo Luz y Verdad, hace todos los milagros que dicen hicieron los grandes Magos y al repetirlos, desmiente el milagro, afirmando científicamente, que el milagro y lo sobrenatural, no existe; sino que todo es efecto natural, de la causa natural también, aunque pertenezcan a los más grandes secretos de la Magia Suprema, encerrados en el mayor signo que no pudieron penetrar ni sorprender los falsos profetas, Pontífices y Sacerdotes; porque ese signo evoca al Supremo Creador, que no puede conocer ninguna Religión.

La prueba es evidente: basta ver, que las religiones todas están en la agonía y ya no obran los hechos que llamaron para el vulgo ignorante milagros sobre naturales.

Que la religión Católica obró siempre con la Magia negra y roja, lo prueba el celibato, las hogueras de la Inquisición, las guerras religiosas, las excomuniones y persecuciones en nombre de un Dios vengativo y de iras, que hoy vale y puede menos que un hotentote y un cretino.

En cambio el Espiritismo Luz y Verdad, significado en el supremo signo, va irradiando su luz, mostrándose en el progreso, en la libertad de los hombres y en la protesta universal de las injusticias y haciendo y sellando el trabajador universal la fraternidad, para romper las fronteras y crear una sola familia de hermanos con los mismos derechos y la misma obligación, bajo el régimen de la Comuna de Amor y Ley.

Al hombre de trabajo, ya no le basta el cuarto amor o Nacional y a toda costa persigue el quinto amor o universal, porque se le ha mostrado en el gran signo Mágico supremo que encierra en su viril intangible e inmaculado, esa unidad, en lo múltiple, formando la armonía en la variedad del todo.

He aquí el gran «Quid pro quod», que se reservaba para este momento y el cual se aclara por el Espiritismo Luz y Verdad que todo lo domina, porque todo lo estudia, desde el corpúsculo, hasta el Creador, Padre Común.

La mayor parte de sus secretos, la religión, los tomó del libro de San Cipriano, el que trabajó mucho, sin embargo, por el bien de los hombres, en una buena intención; pero que catalogó demasiados elementos y recetas que, en manos criminales, producían los efectos desastrosos que debieron ignorarse.

Estos secretos, divulgados aunque incompletos por la misma iglesia Católica, han creado una plaga de falsos magos, adivinas, agoreros, curanderos y mistificadores y los sin conciencia supercheros, titulándolos de Espiritistas, con una preconsabida maldad, para ser mancha y afrenta del Espiritismo Luz y Verdad, cuando se descubriría: porque sabía la religión que llegaría ese momento y que sería su fatal juez, que la acusaría de prevaricato y falsedad y así ha sido y en la forma que Jesús lo anunció diciendo que «llegaría cuando no lo esperaran y como ladrón de sorpresa» que hace temblar a todos por su maldad, puesto que el espiritismo, es la Ley descubierta en toda su fuerza y omnipotencia, a la que no pueden resistir las tinieblas.

Esto sería motivo de confusión y se descubriría la gran Babilonia; y y lo véis evidentemente, que en el mundo, nadie se entiende.

Los llamados sabios, hoy se ven perplejos ante lo que habían aprendido que prueban ellos mismos su inconsistencia y sin razón: y los creyentes en los dioses, se ven huérfanos, porque hoy reciben de esos ídolos, solo la verdad de su impotencia; y todos se preguntan ¿a dónde vamos? ¿Qué pasa? Y solo la. revolución contesta con frase muda: Al caos que preparasteis. Y al caos va, todo lo sostenido por la Religión.

Mas de entre ese caos refluyen las fuerzas vivificadas por el espíritu que no puede morir y los heridos de siempre, los eternamente castigados, «Los súbditos», como llama al pueblo León III en sus instrucciones de Magia a CarIo Magno, curados, de sus heridas esos súbditos, los trabajadores, han visto que a su rebelión, nada pueden ya esos antiguos dominadores que los dividían y hacen la unidad de la familia humana bajo el nuevo signo descubierto, no por nuevo, sino por descubierto nuevamente y el espíritu individual se unió bajo el signo supremo de la balanza y la justicia triunfa definitivamente, cuando creían las religiones que habían llegado al predominio. No: habían llegado al fin de sus fuerzas; al fin del poder de sus signos, símbolos y maldades Mágicas; y el llegar al fin, quiere decir transmutarse, significado en el número 13 Cabalístico.

Por esto caen las religiones heridas por sí mismas en su ignorancia.

Mas por desgracia, son muy pocos los que aun se han cobijado bajo el signo supremo y la casi totalidad de los hombres están heridos por los signos inferiores, debido al odio, ira y maldad de los sacerdotes de todas las religiones, y es un trabajo ímprobo, para el Espiritismo Luz y Verdad, salvar a los dañados, porque no se puede quebrar la Ley y no es fácil hacerle comprender al dañado esta verdad, y que tampoco hay más que una Ley.

Si queréis deshacer un tejido, no tendréis más remedio que empezar por el último hilo y por el último punto; pero os costará más deshacer el tejido que tejerlo.

En todo este estudio no nos hemos separado en un solo punto del epígrafe del capítulo «El amor al poder dado» (Gobierno ).

Gobierno moral se ha llamado la religión. Pero está probado que ha sido el gobierno todo político, social y religioso, por lo cual y no habiéndolo creado el pueblo y dádole su poder, no lo ama. ¿Qué digo? Lo odia con furor hasta destruirlo para no avergonzarse de su candidez y baja posición en que se dejó colocar por la quimera Dios.

Se oye en todas las prédicas de hoy a los religiosos, acusar de culpable del caos que reina en todo, al descreimiento y falta de Fe en la religión.

Es la prueba eficiente de que la religión creó y sostuvo a los gobiernos a su imagen y semejanza. Los gobiernos son malos, porque mala es la religión. Los gobiernos no son amados, porque son impuestos y puestos por la religión y no por los pueblos.

Cuando habrá desaparecido la religión, durarán muy poco los prejuiciados inconscientes religiosos y entonces nacerá un gobierno Universal y verdaderamente plebiscitario y tendrá (después de organizar el régimen) muy poco trabajo; pero mucho que hacer, como todos los comunistas, para adquirir el total del progreso, que por un tiempo debe ser el galardón de sus victorias hasta que esta morada que llamamos tierra, no tenga más secretos que revelarnos.

La conclusión científica de toda esta argumentación, es ésta: El gobierno que quiera ser respetado y amado, déjese nombrar por el plebiscito. El pueblo que quiera representarse por un gobierno, elíjaselo en plebiscito; pero cada hombre y mujer habitante de un territorio, región o nación, es un voto electoral y elegible. Pero no confundáis los gobiernos con los consejos, porque éstos son los custodios del gran signo supremo y no pueden daros de un solo golpe y punto, la Luz, fuerza, potencia, sabiduría y amor, que él encierra, sino por grados, para el bien y armonía. de todos.