PARTE CUARTA
EL AMOR NACIONAL ES MAS PERFECTO QUE EL REGIONAL

CAPITULO PRIMERO
EL AMOR AL ESTADO: PERO EL ESTADO ES EL PUEBLO

El Estado no es el gobierno de un pueblo, de una región o de una Nación o Imperio.

El Estado es todo lo que constituye un territorio, un predio, o un hogar en una  familia, con sus individuos y enseres.

El Orden de una familia requiere la representación paterna como autoridad de justicia; pero aun en ésta, no es absoluta la potestad, por en cuanto son inalienables los derechos de los otros individuos: esposa e hijos. Lo que es incuestionable, ya que hasta las leyes civiles reconocen esta doctrina y la han consagrado en miles de sentencias quitando la Patria Potestad, dándola  muchas veces a un hijo, tutelado por la justicia. Lo que equivale a decir por el pueblo, porque la justicia es hecha Ley Plebiscitaria y Universal. Esto nos revela claramente que, más que el gobierno, es la justicia el verdadero estado: y se comprueba y se hace axioma, en que la política y los gobiernos, son sometidos a la acción de la justicia, aun no habiendo adquirido ésta toda su augusta potencia y majestad, no porque no la ostenta en sí misma, sino porque la maldad religiosa instituyó diferencias, declarando intangibles a ciertas personas, lo que constituye la más grande e inicua inmoralidad. Y salvo en casos rarísimos en que ha habido hombres valientes y de perfecta moral, en derecho, se ha impuesto la justicia en toda su augusta magnificencia, como en el caso relatado en nuestra Filosofía, de aquel verdadero Juez de Granada, obligando a descubrirse al terrible Felipe II y multándolo.

En los demás casos, ha sido necesario el levantamiento revolucionario de los pueblos, como en María Antonieta y tantos otros; lo que nos confirma, que el pueblo es el estado y no un rey, ni un gobierno.

Estos, no son ni están en el poder más que por la elección popular, o por el consentimiento, o tolerancia del pueblo.

Cuando es el pueblo el que elige verdaderamente a sus gobiernos (como sucede hoy únicamente en Suiza), los gobiernos son buenos y representan en verdad al pueblo; y el pueblo, goza del bienestar de que su progreso es capaz.

Los demás gobiernos, regidos por reyes, no son la representación popular, demostrado en que, cada día, una parte del pueblo protesta de arbitrariedades, injusticias y privilegios.

Hay otros gobiernos que se llaman republicanos y democráticos, de lo que sólo tienen el nombre, por sarcasmo; pero que se prueba a todas luces que son gobiernos autócratas y plutócratas, que se hacen elegir por la trampa o por la fuerza bruta, o por las dos cosas juntas, con el mayor crimen de no darles derecho a los más valiosos elementos que componen sus pueblos y que son mayoría numérica y en trabajo, riqueza e inteligencia. ¿Es esto democracia? Por donde quiera mirarse, es plutocracia; pero encontraréis de seguida que esos gobiernos son feudos de una u otra religión; por lo cual, tampoco se administra justicia.

La ignorancia, la miseria, el descontento y la revolución, son el distintivo de estos pueblos: aun no son estos pueblos, estados porque no existe la razón de Estado sino la tiranía, bajo las leyes opresoras que amenazan siempre a los que quieren crear el verdadero Estado Consciente.

No es verdad la existencia de la anarquía como idea. La anarquía es creada por los plutócratas, creadores de leyes que repugnan la conciencia. Dejar la ley que ha de regir al pueblo, a cargo del plebiscito y veréis que la anarquía no cabe.

¿Por qué he de tener yo obligación de cumplir una Ley que está reñida con mi libertad, con mis ideas humanas, con mi amor universal, con mi desireligiosidad, si yo no presté ni mi concurso, ni mi voto a la tal forma plutócrata y tirana que quieren llamada Ley? ¿Se me obliga? Pues se coarta mi libertad: se me impone una tiranía que mi conciencia y mi progreso repudian y tengo el deber de abatir esa ley y a los tiranos que la imponen.

Que esto es verdad, que esto es un axioma, no podrán ni los mismos plutócratas desconocerlo, aunque sean de muy roma inteligencia; aunque sean tan ciegos como los topos y aunque su odio sea tan grande a la humanidad, que consientan en que la tierra toda se encharque en sangre y el hambre haga estragos hasta hacer perder a los hombres los instintos racionales convirtiéndose en antropófagos de sus propios hijos; estado al que han llevado a los hombres, porque aun los pueblos no han podido componer el Estado.

Y pasma, la sangre fría con que los gobiernos autócratas y plutócratas, ven los horrores que han traído por sus tiranías seculares; es que no son hombres; son embrión de hombres, que dominan en ellos sólo los instintos animales.

Pero ya lo ven: el pueblo trabajador, anarquizado por esa tiranía, ha jurado no tolerarlos más y los barre de la faz de la tierra, por honor y dignidad humana y para disfrutar de paz y bienestar, bajo leyes que se dará él mismo, en franco y abierto plebiscito, como verdaderos hermanos.

El pueblo ha visto su error de no ilustrarse en sus derecho y ataca y destruye a sus verdugos si no entran en la Ley del trabajo productivo. ¿Por qué el plutócrata causante de tantos males, no ve su crimen y su error de jugar con fuego?... Pues, porque sus pasiones, su religión y su Dios, son ciegos; y no pueden ser hombres, porque no tienen sentimientos humanos, sino de fieras.

El amor al estado tiene también sus grados, por necesidad del desarrollo humano; pero no se pueden dividir ni separar esos grados del Estado Universal. Y el haber separado esos grados de amor al estado verdadero, del amor universal, ha traído la formación de patrias, a las que los hombres son extranjeros y es obra exclusiva de las religiones y sus Dioses los Sacerdotes.

De este modo, el hogar es un estado, en vez de ser un vivero complementario del Estado.

La ciudad es un estado diferente de la otra ciudad, aunque sea parte de la misma región o provincia y aunque compone parte de la Nación pero acaso sólo en la religión y el militarismo, lo cual es el más grande desconcierto de la economía; del conocimiento y valor del estado y hasta crea diferentes atavismos y etnicismos, pareciendo y siendo en realidad, frutas diferentes en el mismo árbol, acusando en cada instante por sus revueltas y disputas, de imperfecta la constitución del estado; y con tal imperfección, no existe el estado, sino de nombre.

Pero he aquí que a pesar de tan gravísimas divergencias, atavismos y disensiones, todos tienen amor al estado: es decir a la Nación. ¿Cuál es la causa? El amor expansivo, el amor a agrandar el amor, el amor a la fraternidad, empujados por su propio espíritu en cada hombre progresado, bajo esta razón incuestionable.

La sociedad humana, fraternizada, se agranda del hogar, a la tribu; de la tribu, a la ciudad; de la ciudad, a la región; y de la región, a la Nación, en la que cada individuo es tan grande y rico, como lo sea la Nación.

Y como esto lo palpa el hombre, acrecienta el amor al estado, a la Nación, tanto más, cuanto se hace conciencia de hombre de tanto valor, cuanto valor tenga la Nación de que forma parte integrante.

Si la moral que se le diera en patrimonio al infante, estuviera exenta de religión, de diferencia de clases, de partidos que dividen a los hombres, enseñándoles el desinterés y el amor a cada hombre como a su propio hermano, ese niño no entendería más que el amor por Ley y el amor sería su todo.

Desgraciadamente se le enseña todo lo contrario: y no es raro en las escuelas de esta tierra, enseñar el odio de Naciones; sino que hemos comprobado que se ha sembrado con el mayor escándalo el desprecio del hijo argentino, a su propio padre italiano o español, habiendo yo mismo presenciado escenas infames, llamando el imberbe educado religiosamente por la maestrita indigna, Gringo si era italiano; y Gallego, si era español, con odio revelado a las razas o Naciones, de las que en su sangre lleva la vida y que, por toda Ley, debe Amor y respeto a su progenitor.

¡Y pensar que esa degenerada maestrilla, salida de un convento de monjas anestesiadas, con una moral vergonzosa, sin sentimientos humanos porque es religiosa, ha cursado sus siniestros estudios, pagados por el trabajo del gringo y el gallego!... es una Vergüenza, pero es una verdad.

Tiene prohibido por la constitución enseñar religión, pero no enseña más que eso y verdades, como ésta, que ha salido al público hasta en periódicos, «Valladolid está en Portugal», «Rivadavia se condenó y está en el infierno; y se duda de que se salvará San Martín». No temáis que a esas corruptoras de los infantes les falte plaza (si no tienen dos) pero sí veréis que a las que no son corrompidas como ellas, no tendrán colocación y serán objeto de persecuciones por las intrigantes, nulidades en literatura y moral.

Pero, tratara de la Patria, en la que entiende la religión y ahí las oiréis y las veréis, con qué fanatismo peligroso echan por tierra todo principio moral y humano y al final, ¿qué saben ellas lo que es, ni qué compone, ni cómo se formó la Patria? Lo que sí saben es, ser buenas serviles y malas sirvientas del Estado Pueblo, al que deshonran y... cobran...

Pero afortunadamente, ya esa moneda pasará poco tiempo, porque, con ejemplos como el de la gran colecta para salvar a la Patria, se acaban las Patrias, los patrioteros y... las maestritas religiosas.

Pero el despreciado gringo y el vituperado gallego, seguirá como siguió enseñando la moral del trabajo, con el ejemplo y el respeto mutuos, con su respeto a todos. ¿Cuáles son los mejores maestros? ¿Quién tiene más en fruición el gran Cuarto amor, o Nacional?

No es necesario denigrar a nadie, para enseñar las grandezas de una Nación, o Estado.

Cuanto más amor se enseñe a un estado, a un pueblo, más grande se nace el pueblo y más respeto adquiere ese estado; porque de todos será querido y deseado. Esta es nuestra pedagogía didáctica y dialéctica, de la que ni un punto entienden esas maestritas serviles y malas sirvientas.

No era mi ánimo esa justa reprimenda en este Capítulo: pero yo soy un pescador, que no dejo escapar lo que entra en mi remanga; y ese pez era demasiado gordo para no escamado y ahí queda dispuesto a la pericia culinaria de los cocineros del estado.

El amor al estado se muestra por cada individuo, en el amor que tiene a su semejante y sus cosas; porque el estado es el pueblo.

Pero mientras el hombre quiere tener su parcela propia, no puede formar estado, porque no es del estado su parcela. Pero sí se forman las naciones, con tantos estados como propietarios haya, por lo que no puede haber, ni ha habido armonía Nacional: y me remito a la historia política, civil y jurídica, que me dará la razón.

¿Puede concebirse la familia sin armonía? Pues tampoco se concibe el estado, ni aun la Nación, con propiedades parciales.

Una prueba abrumadora es que, en todas las naciones monárquicas y republicanas, el más rico ha desterrado del poder a otro menos rico, aunque fuera más moral.

¿Y cómo puede ser Estado, el gobierno surgido por tales amaños e inmoralidades ? Podrá si queréis ese gobierno, ser el gobierno de los ricos, para los ricos; de los inmorales, para los inmorales; de los propietarios, para los propietarios; pero no es, ni puede ser Estado, ni representante del pueblo, que es el verdadero y soberano Estado, productor de todo lo que tiene el Estado, aun de esas parcelas y riquezas, robadas en cualquier forma con mañas y marañas siempre religiosas, de esos que derrotan a otro menos rico, aunque sea más moral.

Pero ahora va de veras el pueblo a formar el Estado y nombrará gobiernos representantes del Estado, dignos de su grandeza; y estad seguros que no será el más rico, pero sí será el más capaz, el más sabio, el más moral, que es lo que debe componer la mayor riqueza.

¿Quiere decir esto, que van a descuidar la riqueza material? Figuraos si pensará descuidarla, que planean para cada familia un palacio, con un confort que no tienen los de los llamados ricos de hoy, y no para volverse parásitos, sino para descansar dignamente después de su trabajo digno y diario.

Allí el niño se criará robusto y satisfecho y su alegría hará la felicidad de la sociedad, llegando fuerte y ya maestro en su arte, oficio, o carrera, a la edad en que la Ley lo llama al trabajo, a la vida activa.

Ese es el tópico que tiene por fin la lucha de hoy, y el hombre en el trabajo, tendrá a la vista dos hermosos cuadros: el de sus hijos alegres y satisfechos, esperando su hora de hombres; y el de sus ancianos padres, frescos aun y sin carecer de nada en el seno de la familia; y el hombre, viendo lo que le espera para su ancianidad, trabaja lo que debe, sin ocultar nada de sus aptitudes, y el amor que engendró todos esos amores, se acrecentará, purificándose de las manchas que lleva, por la inmoralidad de hasta hoy.

Educado el hombre en el amor al hermano y sabiendo que cada hombre es su hermano, romperá las fronteras, elevándose al sublime y quinto amor.

No habrá muerto a unas patrias pequeñas y raquíticas; pero habrá hecho su patria todo el mundo y ya no habrá extranjeros.

Pero como ahí no caben las religiones y por consiguiente no cabe la inmoralidad, la zanganería parásita, ni la ignorancia, por esto se oponen a esta obra que el obrero universal ha empezado a erigir y se denuncian ellos mismos, porque ni siquiera saben colocarse en un grado de prudencia que pudiera darles derecho a su admisión en tan gran concierto  del amor, al estado pueblo.

Y es que: como el fraile piensa que todos son fraudes, y el ladrón opina que todos lo son, creen que el obrero hará con ellos lo que ellos han hecho con el obrero. No, estáis equivocados; pero provocáis con vuestra oposición al obrero y os tiene que castigar, porque no permitirá más vuestra tiranía, vuestra imposición, vuestra falacia de estado, ni vuestra supremacía y parasitismo: y no lo consentirá, por amor al estado.

Pero ya sabéis que no es el gobierno el Estado, sino que el Estado es la confederación de los hombres de un territorio que, bajo una constitución, conviven con todos los emolumentos y enseres que existen en la confederación. El gobierno es sólo un apoderado, que es substituído por voluntad plebiscitaria, en la más alta moral cívica.