CAPITULO DIEZ
EL AMOR A LAS GRANDEZAS: EN QUÉ CONSISTE

Sin grandezas de alma, no puede haber grandeza de corazón y sin ésta, todas las demás grandezas que pueda el individuo tener, son cosas ficticias, tacañería y pobreza, aun en medio de las más grandes riquezas.

He aquí planeado el estudio de este capítulo final del tercer Amor o regional, que hemos de procurar que sea digno cierre del rico cofre de enseñanzas éticas que han sido expuestas, para provecho de la humanidad Fraternizada.

Es innecesario aquí repetir las virtudes del altruismo que distingue al hombre de alma grande, como resultado de la bondad que atesora.

El hombre de alma grande, no se apoca nunca en las vici­situdes de la vida y espera siempre el momento de remediar los males ajenos antes que los suyos: no tiene en cuenta los bienes propios, porque considera que todo, es de todos; no le afligen los sucesos inevitables, porque concibe que, siendo hecho de las leyes inflexibles, no es el hombre ni nadie arriba de él, que los puede eludir ni estorbar y es en todo eso, el consejero acertado.

No dudaréis sin embargo, que la existencia del hombre de grandeza de alma, se desliza en medio de reptiles que lo hieren continuamente; pero se sobrepone a esas insignificancias y al fin, triunfa sobre todos los pequeños de alma ruin, porque el hombre de grandeza de alma, siempre encuentra soluciones a todo, aunque sean casos como el en que España se encontraba, cuando el gran Mendizábal la salvó, con la más grande devoción y como si no importaran un comino, congregaciones e institu­ciones falaces causa del desastre, las abolió entregando al tesoro público, lo que aquellas le habían sustraído.

¿Qué luchas de conciencia debió sostener? No pueden ser fácilmente narradas. Pero cuando un hombre tan liberal y grande como Don Benito Pérez Galdós, al estudiar aquel hecho historiándolo en sus «Episodios», los califica de «Pasmosa frialdad y aterrador laconismo» recopila en esas tres palabras la horrorosa tempestad que debió capear el Alma grande de Juan y medio.

Semejanza de alma a la de este hombre, yo no la encuentro más que el en gran Giordano Bruno, metiéndose a fraile entre los mismos que venía a combatir y deshacer sus sofismas y falacias; pero hoy puedo asegurar que el alma de Mendizábal, es la misma de Giordano, para terminar su obra poniendo en práctica el alma imaginada del inmortal Quijote y dejando rumbos jaloneados para luego, porque los hombres, templándose en sus almas en aquellas almas, continuarían su trazado plano; y, he aquí la gran comparación matemática que nos ofrece el estudio, para valorar la grandeza de alma de Mendizábal. Es decir, que habiendo abolido Mendizábal por sí solo las congregaciones religiosas e instituciones parasitarias, implantadas de nuevo por culpa y por la ayuda de otras naciones y de nuevo el pueblo español persigue su abolición y le cuesta tanto; lo que significa, que la grandeza de alma de Mendizábal es un punto mayor que todas las de los que luchan por el mismo efecto. Cuando lo conseguirán habrán alcanzado entre todos, el grado igual a aquél. Pero por si acaso no lo pueden conseguir, Mendizábal ha vuelto a encarnar y lo conseguirá de nuevo para anularlas, y que jamás puedan resucitar.

No he sentado esas reencarnaciones, por solo hacer un punto de justicia al condenado Mendizábal; que según los castigados religiosos, está su alma sufriendo horribles penas en el infierno. No, esas fantasías no existen. Está sufriendo, si, el infierno de la infancia de una materia nueva, que imposibilita a su luminoso espíritu obrar lo que quisiera ahora, pero que lo obrará cuando sea persona mayor, si entre todos los que luchan no consiguen imponer de nuevo sus decretos derogados. ¿Creés que es poco infierno para un alma tan grande, encerrarse en la pequeñez e impotencia de un infante? Pero es la Ley mayor la que se cumple y esa, es como un ser sin entrañas ni sentimientos, no tiene en cuenta más que el cumplimiento de su deber y no le ablandan los suspiros ni lamentos; ni la ufanan, ni la detienen los cantos y las alabanzas: es la Ley y nada más.

Pues bien; la grandeza de alma, lleva consigo todas las demás grandezas de los hombres.

Pero esa grandeza solo se alcanza con las continuadas reencarnaciones; lo que el espíritu del gran Mendizábal ha hecho muy a menudo, conociéndolo ya en la antigüedad, en Demócrito.

Ahí lo vimos de discípulo de Sócrates y seguramente os ocurrirá pensar, si Sócrates era más sabio y por lo tanto de mayor grandeza de alma que su discípulo. No lo dudéis. Colegirlo de que Sócrates habló y predicó para toda la humanidad, de estos secretos precisamente: del espíritu que es la Vida, de la inmortalidad del alma y de los derechos fraternales, con la obligación del trabajo. Luego Sócrates había vivido más que su discípulo, el que sólo ha hecho llevar a la práctica, lo que de su Maestro aprendió.

Y no penséis que ese progreso alcanzado por el espíritu, libre a su alma de torturas y sufrimientos; al contrario: cuánto más progresado sea, más sufrirá, porque tiene más conciencia y no puede por su amor ver impasible el mal y pequeñez de otros de sus hermanos, que creen que siempre tendrán tiempo y se en entretienen en pequeñeces y nimiedades agrandando apenas su alma, en cada forzada existencia de orden de la Ley de justicia: en tanto que el espíritu consciente, pide pronto nueva reencarnación para continuar, agrandar o perfeccionar su obra u obras ejecutadas, o desempeñar nuevas misiones de progreso, o ayudar a otros de sus afines y aprender un nuevo punto y agrandar otro punto o grado, de su alma.

Si cada vez que reencarna un espíritu, la Ley lo autoriza a tomar una parte del alma universal que agrega a la ya alma pro­pia: y como por ley, sus progenitores han de darle cada uno una parte de la suya; y él tiene derecho a extraer las esencias de las almas animales y vegetales por los alimentos, resulta que, en cada nueva existencia, agranda su alma, lo que es capaz de asimilarse. Y no penséis que hay límite. El límite está en su progreso el que le permitirá tomar, más o menos parte. del alma universal, que será el regulador del alma animal que podrá extraer en el mundo.

Ya veis en qué consiste la grandeza de alma y por ello colegí cuánto le cuesta al espíritu crearse ese su traje que llaman Periespíritu y Cuerpo Astral y otros nombres, que los ininteligibles Teosofistas han creado, pero que no han sabido buscar ni su composición, ni su ser, ni sus funciones, fuera de su sensibilidad y aun la han hecho el todo del hombre, escandalizándose ahora, cuando nosotros espiritistas, del Espiritismo Luz y Verdad, probamos no sólo que el alma no es todo, sino que no tiene Ley.

No. No tiene el alma ley en el concierto o compuesto del hombre. Si la tuviera, no serviría indistintamente al que la puede dominar; y vemos que la domina el cuerpo arrastrándola a las más bajas pasiones, o la domina el espíritu llevándola a los más sublimes sentimientos.

Ella, el alma, no arrastra ni al cuerpo, ni al espíritu Es dominada por uno o por el otro y a ambos sirve de ligazón. ¿Dónde está, pues, su Ley? Luego no es polo positivo, ni negativo. Pero es un regulador, un neutral, por el cual puede el espíritu encarnarse en un cuerpo. El alma es, pues, como la escafandra que permite al buzo internarse y trabajar en el fondo de las aguas. Por el alma, en la que se envuelve el espíritu, puede éste encerrarse en el cuerpo del hombre, para hacerlo hombre; y sin el espíritu, no hay hombre.

Es el alma una resistencia, un regulador que aisla  la luz y fuerza positiva del espíritu, que no podría en ninguna forma ni modo, unirse con el polo negativo cuerpo, sin ese regulador que neutraliza las fuerzas del más y del menos, pudiendo por su intermedio, producir la luz: ni más ni menos que lo que sucede en el filamento de la lámpara eléctrica que recibe por una borna la corriente positiva y por la otra la negativa; y el filamento construido matemáticamente para resistir tal voltaje, con tal amperaje, produce la luz: pero no le apliquéis dos polos positivos, porque estallará; y si le aplicáis dos polos negativos, no demostrará efecto, porque no le aplicáis causa. ¡Cuántos secretos habían de dejar ser tales, con el descubrimiento de las leyes de la electricidad!... Ahí en la electricidad que es madre de todo lo creado y fuerza omnipotente, estudiad las leyes todas de la naturaleza y del espíritu y empezaréis a ver que el alma no tiene ley; la sujetan todas las leyes y se convierte en instrumento ordenado por esas mismas leyes, para demostrar el efecto de su causa.

¿Os quedará duda todavía después de este razonamiento Electro-Científico, que es lo mismo que deciros razonamiento Espiritual?

Si aun os queda duda, la culpa es vuestra predisposición; vuestro egoísmo cuando no sea vuestra malicia e ignorancia, por un deseo desmedido de supremacía, que no habéis conquistado en la sabiduría.

No podemos culpar a los hombres, por ciertos errores en las leyes fundamentales de antes del descubrimiento de las leyes trascendentales de la electricidad, porque, no habiendo visto ni experimentado los efectos, no podrían deducir, ni siquiera presumir las causas. Pero una vez descubiertas esas trascendentales leyes de la Vida porque la electricidad es la vida, los hombres ya son culpables de su desconocimiento, y desconociéndolas, ¿cómo se atreven a sostener los atavismos arcaicos y erróneos de tantos trastornos?

Sí, hay tal pedantería en los más de los que hoy se llaman ellos mismos intelectuales, que pasma su frescura, o su imbecilidad. Le enseño un hombre de renombre: estudió en los clásicos, ha sido diplomado en un instituto o facultad, porque aprendió de memoria los textos. ¿Cómo iban a estar equivocados aquellos hombres severos y eminencias reconocidas?

Pero no les ha ocurrido pensar a esos... intelectuales... fonógrafos o loros, que el progreso no tiene límites y puede en cada momento mostrar una verdad que no se tenía y anular mil erro­res que se habían consagrado en verdades.

No les ha ocurrido comparar el sistema de Ptolomeo, con las demostraciones del telescopio, que desmiente aquel error.

No han querido ver el error travieso y denigrante del universo, sostenido por falaz religión Católica y desmentido por España, al descubrir nuevas tierras.

Todo esto no es para los... intelectuales... como no es el estudio del espiritismo, porque no alcanzan tal grado de progreso; y claro, está, no entendiéndolo ellos, no debe entenderlo nadie; y el que lo entienda es un loco, porque avergüenza a los imbéciles.

¿Cómo se puede tener grandeza de alma, teniendo un archivo pequeño, raquítico y equivocado, capaz de tenerlo un loro?

Si Mendizábal era grande de alma, es porque Giordano Bruno quería tener por cuadros de su celda los astros, en los que veía humanidades hermanas que sabía que le contestaban y ayudaban; y si Giordano Bruno, sabía y quería esos astros por cuadros pre­sentes, era porque Demócrito, en su atomismo, había confirmado que lo uno está constituído por lo múltiple y entre éstos tres, siendo el mismo YO inteligente, constituyen el todo de las ciencias morales, sociales, naturales y espirituales, aunque sea en su primer grado de sabiduría, causa da la grandeza de alma de Mendizábal.

Pudimos tomar como ejemplo a Jesús, Juan o Elías, Moisés, Sócrates, Confucio, o Shet; pero, quizás no habrían tenido aquí el suficiente valor, por demasiado valor de su misión Universal y hemos preferido a este hombre público declarándolo en tres de sus existencias preponderantes de estudio y afirmaciones, de protestas y martirios y de prácticas de justicia y amor regional propendiendo al gran cuarto amor o nacional, mereciendo de la historia el título que otro hombre no ostenta: Don Juan y medio que revela la convicción de sus contemporáneos, de la grandeza del  alma de Mendizábal.

¿Qué diré más de las causas de la grandeza de alma de los hombres? Puede ser que aún quede duda en, los llamados intelectuales; pero ésto no me importa a mí, ni le importa a la ver­dad de los hechos, ni a la sabiduría de la ley, porque se que cada hombre es un grado del progreso; y el que está en el grado 10, está imposibilitado de comprender el grado 11, hasta que ha con­sumido hasta el último residuo infinitesimal del grado 10 que cursa. De ahí ascenderá por la necesidad al umbral del grado 11 y será una nueva etapa de su estudio y su progreso.

¿Dudaréis que sabrá más el del grado 11que el del grado 10? Pues lo mismo no cabe duda de que el amor regional, es mayor y más perfecto que el amor ciudadano: pero que sin ser perfecto el amor ciudadano, no podréis ascender al amor regional; como sin ser un buen hijo y de perfecto amor filial, no podrá nadie ser un buen ciudadano.

Todo en la vida se corresponde y se sirve mutuamente, lo cual está representado en el hombre, en su Micrcosmo de los instintos, moléculas y células, que ninguna puede prescindir de la ayuda y acción de la otra pero que toda esa magna y mágica función, el Espiritismo Luz y Verdad, la ve y la comprende en el hombre en su Macrocosmo que denomina Espíritu, Alma y Cuerpo, Trinidad verídica, científica y tangible, elevada al infinito en el gran C.G.S. que da fundamento a los números.

¡Qué grandezas se han revelado en este capítulo capital del tercer amor o regional! Y no hemos salido del hombre y su acción. ¿Qué sería si nos hubiéramos metido en los secretos de la Creación?

Pero vengamos para terminar, a concretar la grandeza de alma en sus principales efectos fisiológicos, biológicos, éticos y étnicos, sin que podamos prescindir de los psicológicos que se­rán los primeros que sentiremos.

Al hombre de grandeza de alma, no le estorba nada de lo que le rodea; porque, psicológicamente se sobrepone con tanta naturalidad, como la institutriz al niño que le entregan desde el destete, que aun no ha visto maliciosas intenciones y le es muy fácil convencerlo en sus equívocos caprichos.

Así al grande de alma le es fácil, por la Psiquis, imponerse a las Fisiologías Psíquicas del pueblo, al que debe llevar a una buena ética y perfecto etnicismo, para crear una mejor Psicología que unirá en uno, todos los quereres individuales.

El hombre de alma grande sufrirá los dolores, pero no se inmutará de los desaguisados de los hombres niños y será pronto y acertado en la corrección de los males y aplicación de los re­medios, aunque tenga que amputar en algunos casos, algunos miembros gangrenados y sin curación posible, por beneficio de la masa general.

Miles de ejemplos nos ofrecen las historias de las naciones, de sobreponerse un solo hombre a toda la Nación que se hundía      en las pasiones, pudiéndose citar como tales a nuestro historiado Mendizábal, que yo no dudo que sus hechos produjeron al Canciller de hierro en Alemania y al canciller de oro en España: Bismarck y Cánovas del Castillo.

Pero observad que estos hombres de alma tan grande, hablaron mucho menos que lo que obraron: lo que equivale decir, que tenían perfecto conocimiento del estado que representaban y perfecta visión del resultado de sus misiones; lo que sólo se puede palpar, después de consumadas sus obras.

Mas no se debe perder de vista, que al pueblo redimido sólo se le deben dar los principios necesarios a su buena marcha y no los secretos usados para su redención, hasta que el mismo pueblo los conquista por propia experiencia de sus propias obras.

Bismarck entregó sus secretos al pueblo Alemán y corrió a las alturas mayores del progreso, que pueblo ninguno alcanzó en tan pocos años. Pero como no tenía bien cimentada la Ética, que debe ser rancia, para tener verdadero valor y virtud, Alemania se ensoberbeció en sus grandezas materiales, que no pudo resistir su alma y Alemania cayó por su propia culpa: fue menos Psicológica, que orgullosa de su potencia material. Era su cuerpo más grande que su alma, y el cuerpo arrastrando al alma, sometió a una lucha sin precedentes al espíritu alemán y no hay otra causa, sino el haberle descubierto a sus hombres principiantes, los secretos de un curso o grado superior al que cursaban.

España estaba desecha y en bancarrota cuando Mendizábal, por la primer guerra Carlista. Pero Mendizábal obró y no dio al pueblo más que los efectos de una causa: es decir, los tesoros de los Conventos, que es lo que los hombres necesitaban para moverse; y el pueblo español trabajó y se engrandeció sin ensoberbecerse.

Pero como la religión jamás perdona, 30 años más tarde, sale otro Carlos VII y del mismo lugar del anterior, de Francia; y en 7 años de guerra civil (de la que soy testigo visual de algunos hechos de ella) España se vuelve a ver en bancarrota, hasta decir algún flemático Inglés: «España es un cadáver» ¡Pobre Inglés! No conoce el espíritu español, aunque conozca el símbolo del Phénix.

Se pone al frente Cánovas del Castillo y al primer consejo de ministros, requiere de ellos que cada uno le diga lo que haría para salvar a España; y cada Ministro expuso lo que creía posible; pero Cánovas, por no declarar sus secretos, les dijo: «Laudables son vuestros propósitos, pero dadme dinero, que lo que se ha de hacer, ya lo yo». Vd. ministro tal, hará ésto; Vd. ministro cual, hará ésto; y Vd. y Vd. y Vd. hará lo que le corresponde que yo les aseguro que salvaremos a España, y España se salvó y los españoles no supieron el secreto de que Mendizábal ni Cánovas se sirvieron; pero sí palparon los efectos, casi mágicos de la resurrección de España, hasta que el pueblo los ha sacado por lógica consecuencia; lo que quiere decir, que cada español los hizo suyos y lo ha mostrado en su trabajo y enriquecimiento, mientras Alemania peleaba, en vez de seguir trabajando.

Y no es el Káiser el culpable, sino el pueblo Alemán, que con más cuerpo que alma, se lanzó al río con la fuerza bruta, como no es Alfonso, la causa de que España no haya ido a la guerra y sigue trabajando con más alma que cuerpo, sino el pueblo, que sometida su alma a su espíritu, condujeron al cuerpo al cumplimiento de la Ley del progreso: y es porque sus almas grandes guardaron sus secretos, entregándole al pueblo lo que comprende: los efectos que es lo que se palpa, de los cuales debe el pueblo, por mismo, elevarse a la causa.

Hoy se eleva el pueblo Español al conocimiento de aquellas causas a las que Mendizábal y Cánovas se sobrepusieron y que eran las que originaban las hecatombes. ¿Sabéis cuáles son? Pues la religión y los reyes. Mendizábal hace su obra anulando la prerrogativa real, y Cánovas eleva al pueblo imponiendo al rey la Constitución. Todo lo cual confirma nuestra doctrina de que al pueblo se ha hecho dueño de esos secretos y ya no quiere soportar ni rey ni religión.

Aquellas grandes almas triunfaron, uniendo los pueblos en grandes regiones, porque el amor expansivo es más fuerte que el amor comprimido de una ciudad y de una familia; y el pueblo triunfa de los reyes haciéndose soberano, región por región, sin ser una crisis de la Nacionalidad, que luego será la nación sin diferencias de ninguna especie.

Si llega este caso llamado de separatismo, es porque las regiones no sellaron por fraternidad la federación de regiones, sino que fueron impuestas por gatuperios religiosos y conveniencias de reyezuelos, regidos por las religiones.

Dejamos aquí materia para el cuarto amor y cerramos este capítulo, corona del amor regional.