CAPÍTULO NUEVE
EL AMOR A LA JUSTICIA EQUITATIVA

Hemos planeado en el capítulo precedente el juicio de este capítulo.

Hemos visto cómo no detiene al trabajador el peligro de su vida, por lanzarse a la conquista de sus derechos; derechos inalienables, aunque le hayan sido usurpados y negados por toda la vida de la tierra si queréis; pero que ha sido acentuada esa usurpación en el reinado de una religión por demás vergonzosa y desgraciada, que todo lo ha mixtificado, hasta Dios; y en tal manera, que los mismos sacerdotes de esa religión no conocen al Padre común, Creador Universal, que no quiebra, que no puede quebrar sus Leyes, puesto que quebrándolas, él mismo se extinguiría. ¿Cómo, pues, podía hacer a unos desdichados y a los otros felices, y precisamente habían de ser los desdichados los trabajadores, que elevan el progreso y cubren la tierra de hombres, secreto primordial de la existencia del mundo, porque un mundo sin hombres no es un mundo, sino el embrión de un mundo? ¿Qué derecho tiene a la vida y su progreso, aquel que se opone al progreso y destruye la vida?

Mas fijémonos hoy en la gran sentencia soberana, del soberano pueblo, de que «El que no trabaja no come», y veremos en ella sentado el verdadero principio de una Justicia Racional, elevado a su grado superlativo.

Efectivamente, visto a la luz de la razón, descubierta precisamente, al eterno apretar del tornillo plutócrata, el pueblo, a seguir el ejemplo dado por el parasitismo, no debería decir «El que no trabaja no come», sino «Todo lo existente es producto de nuestro trabajo y negamos derecho de tomar ni usar nada a los que no han trabajado, para lo cual les aplicamos el «Ojo por ojo y diente por diente», de la pena del talión.

Humanamente mirado: pesado en la balanza falsa de los Dioses religiosos, esto no podía ser conjeturado injusto y no podrían quejarse los falaces parásitos, ni los esclavos de la religión, que aun siendo obreros, con su ayuda enjabonan el dogal con que los ahorca el sacerdote y los ata al carro donde pasea el verdugo del trabajador. Pero visto en la Ley Suprema de amor, nosotros encontramos que no sería justo ese principio de represalias y así hemos inspirado que dijeran duramente: «El que no trabaja no come», porque hemos considerado al obrero, engañado, que aun no se ha hecho razón y no ha descubierto su pecado de mantener a su verdugo, lo que significa un suicidio por aberración.

Entonces, de esta sana filosofía, nace majestuosa esa dura sentencia y es equitativa justicia, porque reconoce el derecho al equivocado de retirarse del parásito y sumarse al proletariado honrado y consciente que no quiere ya mantener zánganos, ni verdugos. Esto, además, da el culminante ejemplo de una justicia equitativa, a la par que de una descollante sabiduría que descubre y anula toda la falacia de los parásitos, que más no pueden medrar, ni pelechar.

Pero había un tal depósito de odios en el pueblo trabajador, que se odiaban entre sí los de una ciudad, con diferente tendencia; los de una, con los de la otra ciudad, los de las regiones y los de la nacionalidad, causa por la cual, sin una hecatombe mundial por la cual se desfogaran en lo posible esos odios, no sería posible el acercamiento del obrero universal, para cuyo fin, el espíritu de luz, hizo la Babilonia entre los jefes de los pueblos y estalló la contienda terrible que redujo a todos los pueblos a la más espantosa miseria y destruyó tronos y coronas; desde cuyo momento pudo darse la mano todo el proletariado universal, jurando el mismo principio: «El que no trabaja no come».

Nosotros, que habíamos recibido los secretos de la Ley, previmos que los odios no terminarían y que era probable que en algunos pueblos y en algunos partidos extremos acrecería el odio, o por la derrota, o por las intrigas, o por la necesidad de matar para vivir, nos adelantamos en siete años a la promulgación de: «El que no trabaja no come », y sentamos legal y justicieramente: «Sólo el trabajo productivo regenera y da derecho al consumo» ; y hoy vemos cuán justo y equitativo es nuestro principio y no aminora al rudo «El que no trabaja no come», sino que lo explica y lo hace legal, librándolo de equívocos juicios e interpretaciones falaces, pero que en su mayor dulzura filosófica, nuestro aforismo entraña un más alto rigor, puesto que el parásito, también trabaja, aunque sea deshonrando a las hijas del pueblo y corrompiendo la moral; lo que no deja lugar a las tales evasivas de los inmorales religiosos o civiles, nuestro «Sólo el trabajo productivo regenera y da derecho al consumo».

Es cierto que nos hemos ganado excomuniones y se nos tritura desde los gabinetes de Magia instalados en los sótanos de los conventos y el Vaticano, o en subterráneos en las encrucijadas de las poblaciones; pero, si nos habían dado el ovillo; ¿no habíamos de saber devanarlo?...

Pronto tuvimos en nuestras manos el incomprensible tejido de esa araña y no tardamos en descubrir la cabeza del terrible pulpo, siguiendo los tentáculos que oprimían nuestra propia vida o existencia, y rompimos sus secretos, desciframos sus misterios y anulamos sus Eschiridiones y el pulpo entró en la agonía; la malla de la araña quedó sin materiales y el pueblo se vio menos apretado y pudo respirar; para lanzarse abiertamente a conquistar su libertad con la más alta moral.

¿Cómo hemos estado en posesión de esos secretos? En fecha que hará época, entre muchas estrofas que cantó quien no puede equivocarse, hay éstas:

«Porque veo miserias, la tierra me entristece;
Me entristece el dolor de toda la humanidad;
Quiero darle el néctar de la solidaridad
Y la batalla que falta es de lobos fuertes.
Y como veo el corazón doliente,
Mido distancias, no me empequeñezco, sí me entristece».

«Me falta encender el fuego y tenerlo latente.
Y busco al verbo siendo Luz;
Y el que busco no es Jesús.
Es el obrero en el ser consciente.
¿Soy un soldado acobardado?
No soy cobarde: soy precavido,
Porque oigo el fiero aullido
Del lobo aun no de sangre saciado.»

«Veo la maldad y la maraña
Como se atrincheran y se avallan;
y a los que he de llevar a la batalla
Tengo que imponerlos de sus mañas».

Y tanto nos ha impuesto, que nada hay ya oculto, ni misterioso, ni milagroso; y la batalla material estalló cuatro años más tarde de esas declaraciones, de la que los escombros durarán muchos siglos.

En esas batallas de la plutocracia agonizante, los hombres más oprimidos del mundo, hicieron polvo el trono de Rusia, derribando los castillos y vallas de los enemigos del hombre y del progreso y queda latente el fuego del amor de hermanos, que ya nadie logra apagarlo; y sí se convertirá ese fuego en haces luminosos de sabiduría, en los que cada hombre será una lumbrera, porque reinará en cada hombre su espíritu, causa única de la vida, y la unión de todos se llama espiritismo. He ahí la clave; he ahí la redención; he ahí el Juez Justo. He ahí la Ley.

Y bien: ¿no está bastantemente probado «El Amor a la justicia equitativa»? Pero aquí surge una acusación terrible.

Hoy hemos descubierto (y lo confiesan los mismos religiosos) que siempre usaron del poder del Espiritismo y lo ocultaron al pueblo y mistificaron su grandeza, utilizándolo ellos para sus concupiscencias, sin importarlas nada de nada, una vez que consiguieron embrutecer a los hombres, por medio de los reyes y emperadores, como podemos probarlo con los Eschiridiones y las Bulas y órdenes de los, Pontífices, enseñando a esos emperadores y reyes y ayudándolos con terribles trabajos de Magia, a esclavizar al pueblo.

En cambio, hacían un doble juego, persiguiendo y quemando a cualquier hombre que supieran que, usaba de esas artes y sabiduría suprema y han predicado siempre en contra y aterrorizando a los pobres imbéciles ignorantes, que debían continuamente confesar «Domine non sum dignum» para mantenerse así esclavos.

Ya no, ya no comulga el pueblo con ruedas de molino, ni con hostias de basura, como son esas formas inmundas pero debidamente magnetizadas para producir los efectos mágicos que se propusieron y se produjeron siempre, hasta el feliz momento en que los hombres se rebelaron, haciéndose conscientes, y dijeron al Padre, al revés que al Dios religioso: «Padre, somos tus hijos y somos dignos de ti, puesto que nos criaste y vivimos y hacemos el progreso». Entonces el Padre, pudo decir «Hágase la justicia». Y los hombres, en nombre de la libertad y la fraternidad humanas, hacen la justicia.

Sí; la plutocracia ha llegado a, la impotencia y se revuelve como tigre herido, pero hambriento de sangre y, hecha ,mano de todos sus medios y se juramentan en terribles sociedades de asesinos, ante una hostia consagrada, levantada en alto por un sacerdote, para recibir el juramento.

No queremos dejar dudas en este punto criminal y voy a extractar literalmente ese inhumano juramento que los retrata de cuerpo entero, y es el que la reciente sociedad de criminales hace al pie del Pontífice o sus delegados. Esa sociedad se llama, «Caballeros de Colón» y dice así:

«Yo (1) en presencia del Todopoderoso Dios, de la bienaventurada Virgen María, del bienaventurado San Juan Bautista, de los santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, de todos los santos, sagradas huestes del cielo, y de ti mi santísimo Padre; el supremo general de la Sociedad de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola en el Pontificado de Pablo III y continuada hasta el presente, por el vientre de la Virgen María, la matriz de Dios y el cayado de Jesucristo, declaro y juro que su Santidad, el Papa, es Vice-Regente de Cristo y que es única y verdadera cabeza de la Iglesia Católica Universal en toda la tierra; y que en virtud de las llaves para atar y desatar dados a su Santidad por mi salvador Jesucristo, tiene poder para deponer reyes herejes, príncipes, estados, comunidades y gobiernos y destruirlos sin prejuicio alguno. Por tanto, con todas mis fuerzas defenderé esta doctrina y los derechos y costumbres de su Santidad contra todos los usurpadores heréticos o autoridades protestantes, especialmente de la Iglesia Luterana de Alemania, Holanda, Dinamarca, Suecia y Noruega y ahora de la pretendida autoridad e Iglesia de Inglaterra y Escocia y de las ramas de la misma establecida en Irlanda y en el continente Americano y de todos los adherentes a quienes se considera como herejes y usurpadores, enemigos de la Santa Madre Iglesia de Roma».

«Renuncio y desconozco cualquier alianza como un deber con cualquier rey hereje, príncipe o estado, llámese protestante o liberal, y la obediencia a cualquiera de sus leyes Magistrados u oficiales. Declaro además que las doctrinas de Inglaterra y Escocia, de los Calvinistas, Hugonotes y otros de nombre protestantes o masones, son condenables, y todos los que no las abandonen ».

«Declaro, igualmente, que ayudaré, asistiré, y aconsejaré a todos y cualquiera de los agentes de su Santidad, en cualquier lugar donde esté, ya sea en Suiza, Alemania, Holanda, Irlanda o América o en cualquier otro reino o territorio a donde vaya y haré todo lo que pueda para extirpar las doctrinas heréticas protestantes o Masónicas y para destruir a todos los pretendidos poderes legales y de cualquier clase que sean».

«Prometo y declaro no obstante de que me es permitido pretender cualquiera religión herética con el fin de propagar los intereses de la Madre Iglesia, guardar el secreto y no revelar todos los consejos de los agentes, según sus instrucciones; y a no divulgarlos directa ni indirectamente, por palabra, escritura o cualquier otro modo, sino a ejecutar lo que se ha propuesto y encomendado y a lo que se me ordene por medio de ti, mi Santísimo Padre, o por cualquiera de esta sagrada orden».

«Declaro, además, y prometo que no tendré opinión, ni voluntad propia ni reserva mental alguna; que como un cadáver, obedeceré incondicionalmente cada una de las órdenes que reciba de mis superiores en la milicia del Papa y de Jesucristo».

«Que iré a cualquier parte del mundo a donde se me envíe, a las regiones frígidas del Norte, a los espesos montes de la India, a los Centros de la Civilización de Europa, o a las silvestres cabañas de los bárbaros de América, (2) sin murmuración o queja; y seré sumiso a todo lo comunicado:»

«Prometo y declaro que haré, cuando la oportunidad se me presente, guerra sin cuartel, secreta y abiertamente, contra todos los herejes, protestantes y Masones, tal como se me ordene hacer, extirparlos de, la faz de la Tierra; y que no tendré en cuenta ni la edad, sexos o condición, y colgaré, quemaré, destruiré, herviré, deshollaré, estrangularé, y sepultaré vivos a estos infames herejes ; abriré los estómagos y los vientres, de sus mujeres y con la cabeza de sus infantes daré contra las paredes a fin de aniquilar a esa execrable raza. Que cuando esto no pueda hacerse abiertamente, emplearé secretamente la copa de veneno, la estrangulación, el acero, el puñal, o la bala de plomo, sin tener en consideración el honor, rango, dignidad o autoridad de las personas, cualquiera que sea su condición en la vida, pública y privada, tal, como sea ordenado en cualquier tiempo por los agentes del Papa o el superior de la hermandad del Santo Padre de la hermandad de Jesús».

«Para todo lo cual consagro mi vida, alma y todos los poderes corporales y con la daga que recibo ahora suscribiré mi nombre con mi sangre en testimonio de ello, y si manifestare falsedad o debilidad en mi determinación, pueden mis hermanos y mis soldados compañeros de la milicia del Papa, cortar mis manos y mis pies y mi cuello de oreja a oreja. Protesto, abrir mi vientre y quemar azufre en él y aplicarme todos los castigos que se puedan sobre la tierra, y que mi alma sea torturada, por los demonios del infierno para siempre».

«Que daré mi voto siempre por uno de los Caballeros de Colón con preferencia a un protestante, especialmente a un masón, y que haré que todo mi partido haga lo mismo; que si dos católicos están luchando me convenceré quien defiende más la Santa Madre Iglesia y daré mi voto por él».

«No trataré ni emplearé a un protestante si está en mis facultades tratar o emplear a un católico. Colocaré a una señorita católica en familias protestantes, para que semanariamente rindan informes de los movimientos familiares de los herejes».

«Que me proveeré de armas y municiones a fin de estar listo para cuando se me dé la orden o me sea ordenado defender la Iglesia, ya como individuo o en la milicia del Papa»

«Todo lo cual  yo juro por la bendita Trinidad y el bendito Sacramento que estoy para recibir, ejecutar y cumplir este juramento».

«En testimonio de lo cual tomo este Sagrado Sacramento de la Eucaristía y lo afirmo más aun, con mi nombre escrito con la punta de esta daga mojada en mi propia sangre y sellada en presencia de este Sagrado Juramento».

Tomado de «El Siglo Espirita» de México, el que lo copió del «Iconoclasta», Semanario Libre-Pensador, que se publica en Guadalajara Jalisco.

¿Cómo ha llegado a nosotros esa pieza de máxima iniquidad, a pesar del gran secreto con que lo hacen?

«Veo la maldad y la maraña,
Cómo se atrincheran y se avallan,
y a los que he de llevar a la batalla,
Tengo que imponerlos de sus mañas.»

Muchísimos católicos de buena fe (que los hay) les parecerá mentira la existencia de esos Caballeros tan..., religiosos; pero he aquí la prueba irrefutable de hoy mismo día 30 de Enero de 1922.

EN MEMORIA DE BENEDIGTO XV
HOMENAJE DE LOS CABALLEROS DE COLÓN


NUEVA YORK, enero 29 (United). -Se anuncia que entre los 800.000 Caballeros de Colón se recolectará un millón de dólares para crear en Italia una institución en memoria de Benedicto XV.

Se nos había dicho y lo cumple el que lo prometió, no importando el modo y la forma en que a nosotros lleguen los que parezcan los más recónditos secretos. Es que la justicia está en acción y no puede ser que nosotros ni los trabajadores consientes que son «El verbo siendo luz», no puede ser, digo, que busquemos más que la justicia equitativa, que con la libertad sin libertinaje damos asiento a la fraternidad en la verdadera igualdad de derechos y obligaciones, que no consisten, como han creído el socialismo y el anarquismo, en darle a cada uno una cantidad igual, o lo que merece según sus aptitudes y facultades.

No. La igualdad justa consiste en producir cada uno todo lo que puede y consumir todo lo que necesita, sin cuidarse nadie si yo produzco 100 y consumo 10 y el otro produce 30 y consume 50, porque esto corresponde a la Ley del espíritu y destino que trae en cada existencia; secreto que no han podido ver los sociólogos y éticos, y acaso sean culpables, porque está escrito en la naturaleza y debieron leerlo.

La ignorancia de esa ley inflexible, trajo las injusticias; el saberlo ahora, hace posible la justicia equitativa; pero sólo puede ser aceptado en rigor, como ética, el trabajo productivo obligatorio, según la capacidad del individuo y teniendo como Ley Regimental, el Amor.

La igualdad y la libertad, son las dos ruedas del carro de la Democracia. Pero si llevan por eje el Amor, es el régimen de la Comuna Legal, único que puede dar el bienestar feliz, que el hombre persigue en perfecto y justo derecho.


(1) Aquí escriben sus nombres en la forma que lo veréis en el mismo juramento.

(2) El subrayado es nuestro para llamar la atención a los... caballeros y... Muñecas... que llenan los bolsillos a sus difamadores a cambio de llamarlos "bárbaros de América"