CAPITULO OCTAVO
EL AMOR RELIGIOSO Y SUS CAUSAS

El pasado es formado en nuestra mente por la historia y las tradiciones, el presente lo tenemos latente por nuestras propias necesidades y nos formamos el porvenir por nuestros ideales.

Efectivamente, hemos encerrado en ese aserto la causa del amor religioso, su efímera vida y su porvenir de olvido prematuro. ¿Cuál es la causa de ese olvido prematuro religioso? No podríamos contestar con verdad, ni sintéticamente, sin esta otra pregunta: ¿Hay efectivamente amor religioso?  Si este libro no fuese un complemento de la «Filosofía Austera Racional», ahora se impondría escribir aquélla para dar contestación, que sería negativa; pero como ya está hecho el juicio, severo e inapelable, al Dios Religioso y más estudiadas todas las religiones en sus nacimientos, sólo tenemos que decir aquí secamente que no hay amor religioso, aunque haya amor a la religión, que no es lo mismo; como no es lo mismo que el hombre esté en la ley, como que la ley esté en el hombre.

En todos nuestros estudios Jurídico-Filosóficos hemos comprobado que: «la religión es el resultado del conjunto de las pasiones de los hombres colectivizados bajo una creencia, necesidad o conveniencia» y esto, que es ya indiscutible y cosa juzgada, nos demuestra eficientemente que no existe el amor religioso, desde que la religión no es una cosa sensible, por la razón insuperable de que no es cosa, porque las pasiones no son cosa y está probado en que las pasiones se acaban y el hombre entonces deja de ser religioso.

Todas estas razones ya tienen suficiente valor para demostrar que el amor religioso no existe, no puede existir.

El amor no sólo es un sentimiento, sino que es la ley suprema del universo, lo cual nos dice con perfecta claridad, que puede haber un sentimiento religioso, pero jamás un amor religioso.

La religión, siendo un conjunto de pasiones de los hombres apasionados, está exenta a lo absoluto, no sólo del amor, sino hasta de sentimiento, lo que está probado en los hechos de cualquier religión que examinemos.

Toda religión empieza por requerir del hombre una fe ciega y jurada en sus dogmas, ritos, mandatos y Dioses, lo que es irracional, porque el hombre tiene que relegar sus derechos al imperativo de la Religión.

Esos imperativos de toda religión son de odio y guerra para toda otra religión, y por consiguiente, ese odio y esa guerra es contra los hombres de las otras religiones, lo que ha causado el malestar de todo el mundo, en todos los tiempos. ¿Y cómo, habiendo ocasionado la religión todo el mal que ha sufrido la humanidad, se podría llamar amor, al odio y pasión religiosos?

Entonces, lo que han llamado amor religioso, a lo sumo es un sentimentalismo, porque no puede tampoco alcanzar al grado de sentimiento.

Las causas de ese llamado amor religioso no pueden ser otras que las que motivaron el nacimiento de la religión, que las principales son: la ignorancia, el temor y el antagonismo. Todas las demás causas, aunque sea la adoración a sus muertos y la necesidad de la expansión del alma, con ser muy importantes, son secundarias; pero son éstas justamente las que aprovechó el más ladino y vago, teniendo en cuenta la ignorancia y el agobio de una tribu, para dar forma bajo un rito, a esa cosa que no es cosa llamada religión.

Las causas todas son malas. ¿Cómo podría ser bueno el efecto? Mas la ley suprema debió perseguir un fin bueno al tolerar al hombre el fundamento de una adoración contraria al amor, justicia y fraternidad. Veamos si es así.

El temor a un castigo retiene, aunque sea momentáneamente, a los hombres de un hecho criminal y criminoso: el temor al más fuerte hace que se agrupen hombres a hombres, tribus a tribus y regiones a regiones, formando colectividades; esto podía hacerse bajo la base religiosa, que llegaría a formar imperios; y las necesidades provenientes de la colectivización harían estudiar a los hombres y nacería el progreso, que desmentiría a la religión y a su Dios, lo que ha sucedido, sin que haya sido posible a la religión evitar su cataclismo, a pesar de haber usado todo el terror imaginable que nos muestra su historia, encharcándose la tierra muchas veces de sangre por la causa religiosa.

Luego ese famoso amor religioso no es más que el producto de un miedo insensato y de una ignorancia del ser hombre, considerado por las religiones como borregos de sacrificio al Dios de las concupiscencias, nacido del conjunto de pasiones que formaron la religión.

La prueba de la maldad de la religión esta demostrada en los largos siglos en que todos los hombres que exponían una idea liberal eran excomulgados, perseguidos y sacrificados, sin importar que fueran un Antulio, Sócrates, Juan y Jesús, Galileo, Servet, Giordano, Lorenzo, Tolomeo, entre muchos miles mas, hasta que se vieron en la necesidad los espíritus de manifestarse en todas formas y demostrar que, si habían sucumbido sus cuerpos, no habían muerto; con lo que se demostró que el Dios religioso era una fantasía de miedo y nacido de una cosa que no es cosa.

¿A qué argumentar más? Quedamos en los demás libros citados, atomizadas estas cuestiones, y aquí sólo se ha citado lo necesario para demostrar que el amor religioso no existe, pero sí existe el amor a la religión. ¿Cómo es esto? ¿Por qué? ¿Qué significa?

Cómo, por lo expuesto en los puntos anteriores: por qué, por el miedo a los otros. Significa: ignorancia y egoísmo, a la par que envuelve la idea de venganza, demostrada en las continuadas guerras que se han hecho y se hacen todas las religiones unas a otras y en el odio que se tienen unos a otros hombres de diferente religión, aun entre los sacerdotes monásticos de las diferentes congregaciones y comunidades religiosas.

Por fin, todo el amor a la religión se condensa en los hombres civiles, en el miedo, por su conciencia sucia, o por su pusilanimidad, y siempre por la ignorancia; y en los sacerdotes y consagrados al culto, sean curas, frailes y monjas en el amor a la holganza y a su estómago, amén de las demás pasiones.

Estos viven por la falacia; y aquéllos, por la esperanza de la gracia y el perdón, todo lo cual es irracional; esto son los religiosos; lo que está probado en que, todo hombre, en cuanto hace razón, se abraza a la ciencia y al progreso y reniega de la religión.