JESUS HOMRE Y NO DIOS

JOAQUIN TRINCADO

JESÚS HOMBRE Y NO DIOS

PARTE 25




DEL LIBRO INÉDITO

“ENCICLOPEDIA DEL SÉPTIMO DIA” TOMO 3o. ABRIL 1913

ESTUDIO CRÍTICO DEL MUNDO

Necesidad del Cataclismo anunciado en el Apocalipsis para la renovación de la tierra moral y materialmente, porque no bastaría para su renovación sino en muchos años la Luz y el Código, ni para apagar las guerras civiles, ni las luchas en los hogares, de cuyos hechos se originarán crímenes de los que tendrían que responsabilizarse los Trabajadores.

Nadie duda o desconoce el desconcierto que reina en el mundo y que este desconcierto acrece de día en día.

A medida que el progreso avanza todo se aplica para la destrucción de los mismos hombres y todos los inventos tienen hoy su aplicación para la guerra.

Pensar que por el amor solo se ha de regenerar el mundo es ser demasiado cándido, y esperar la natural evolución es demasiado largo.

Por la evolución natural o sea por la renovación de las leyes y costumbres de los pueblos para llegar a una educación suficientemente moral para poder establecer la Comunidad Universal, bajo el mandato de un Maestro, aún teniendo antes el Código de Amor que ya está escrito y la luz como credencial no es aventurado decir que pasarán cinco siglos.

Yo no deduzco la potencia del espíritu y el valor y eficacia del amor que obra maravillas en los seres; no desconozco que la reencarnación trae grandes ventajas para el progreso de los espíritus dispuestos a la lucha y en fruición del Código de la Ley de Amor que se ha proclamado; pero conozco las debilidades humanas, conozco a los enemigos que no hay ninguno pequeño, y si a esto agrego que los enemigos son formidables porque la misericordia de los encargados de ejecutar la justicia les dejó creerse más fuertes y lo son porque obran sin conciencia y han dominado ya por la supremacía. Ninguno está dispuesto a la paz Verdadera, y aún menos a la fraternidad justa; resulta una utopía pensar en llegar y vencer con la luz de la sabiduría y el Código de Amor sin otra demostración que la Verdad.

Se dice que hemos adelantado mucho, es cierto; en lo material no podemos llegar más allá, pero ¿Quién negará que todo ese progreso no ha servido ni servirá más que para ahogar más al que se esfuerce en vencer el mal, para derramar sangre que hoy forma ríos en vez de pequeños arroyos que formaban antes de todo este cantado progreso?.

Por cada 10 hombres que antes caían en la batallas hoy caen 1,000; por cada pobre, (entiéndase los llamados pobres de solemnidad) que habían antes, hoy hay 10,000, luego ¿para quién sirve el progreso? y más ¿quién ve ni ha visto en el progreso la mano del Creador? ¿Quién ve ni admite en el progreso la intervención y obra directa del espíritu? ¿Quién ha inventado nada ni aún en los efectos de pura higiene y salud de los cuerpos con un fin puramente humanitario y desinteresado?; esto, en lo material, que en lo espiritual quedamos aún por más bajo nivel, pues que muchos dicen al tocar un punto del espiritismo; “Si no lo puedo dudar, no lo quiero creer; es que aún tengo que rebatirlo porque el mundo es así y lo tenemos que dejar como lo encontramos”. Luego el tan cantado progreso es solo progreso para la destrucción, es solo progreso de hipocresía, es solo progreso puesto al servicio del mal, esto es, un dogal presto a ceñirse a la primera señal y esto no puede ser más así; es Justicia que no sea. Se impone el equilibrio por el cataclismo anunciado en el Apocalipsis.

La Europa hasta ayer solo era la gran Babilonia, pero ya se le acerca por contagio natural al extremo Oriente y llegará a Norte América; hablar en todo el mundo de paz, es poner una máscara a la paz y dentro de poco dará vergüenza hasta la hermosa palabra de Paz, porque parecerá cobardía y resultaría tan vergonzoso enunciarla como hoy es para nosotros la que llamaron Reina de las virtudes, a la caridad, que ya se ha hecho un baldón.

La paz tiene que ser impuesta al mundo y si nó no la tendrá, y solo puede imponerse la paz quitando las causas de la guerra; las causas de las guerras son la división de los Estados, estos no se quitan más que como está previsto antes de ahora y se reveló en el Apocalipsis para que el mundo lo supiera, hoy el mundo dice que todo eso es fantasía, que nada se ha cumplido del Apocalipsis y de las profecías, tienen razón por su sistema, nada ven en lo que sucede, todo es casualidad y no entienden cumplimiento en los progresos generales, en la belleza, en la electricidad, en las ciencias.

No ven la justicia en acción, ni oyen la voz de alerta de las grandes inundaciones en la Martinica, San Francisco y Calabria, y tantos otros acontecimientos que se suceden uno tras otro; es que la aberración es tal que lo miran con indiferencia, porque son cosas de la Naturaleza. Pero ¿Quién creó la naturaleza? ¿Quién la rige?.

Es que la supremacía es enorme, todo le parece insignificante, aún las leyes del Padre, lo mismo harán con la Luz y con el Código presentado tan sencillamente.

Son pues de necesidad estos remedios que se van a dar al mundo. Para que tengan el resultado eficaz que se espera es necesario demostrarle al mismo tiempo el gran revulsivo al que no pueden hacerse sordos ni ciegos: el cataclismo.

¿Quién intentaría cambiar la faz de la Europa que es la gran Babilonia? ¡Allí se acechan una nación a la otra; impone su voluntad el más rastrero y para nada se tiene en cuenta el clamor del pueblo y aún se le engañará con la patria para luchar en la guerra de rapiñas.

Tienen establecido el espionaje en las fronteras, mientras el pueblo muere de hambre porque todo el producto de la tierra es necesario para la construcción de máquinas de destrucción.

Joaquín Trincado.