JESUS HOMRE Y NO DIOS

JOAQUIN TRINCADO

JESÚS HOMBRE Y NO DIOS

PARTE 19




MAJANDO LAS GRANZAS 2° parte

Es copia de la interpretación hecha a la encíclica, por el sabio canónigo Monts; no hago comentario. Voy a extractar la encíclica del mismo Pío IX, y nos convenceremos de que no es posible, por dignidad humana, que los hombres quieran soportar más ese yugo degradante de la iglesia católica o cristiana ni de sus soberbios pontífices.

Dice así la Encíclica:

“A todos nuestros venerables hermanos, los Patriarcas, los primados, los Arzobispos y Obispos en gracia y comunión con la Santa Silla Apostólica”.

Pío IX Papa.

“Venerables hermanos”. “Salud y bendición Apostólica”.

1.- “Sabéis venerables hermanos, y estáis viendo como todo el mundo, y mejor que nadie, con qué solicitud y vigilancia pastoral, los pontífices romanos nuestros predecesores llenaron la misión que les fué confiada por el mismo Jesucristo en la persona del Bienaventurado Pedro príncipe de los Apóstoles, de apacentar las obejas y los corderos; deber que cumplieron felizmente sustentando siempre con las palabras de la fe y la Doctrina de la Salvación, todo el Rebaño del Señor y apartando de los pastos venenosos”.

2.- “Y en efecto, guardianes y vengadores de la augusta Religión Católica, de la verdad y de la justicia, llenos de solicitud por la salvación de las almas, nuestros mismos predecesores no desdeñaron nada para descubrir y condenar con sus letras y constituciones apostólicas, obras maestras de sabiduría, todas las herejías y errores, que contrarios a nuestra fe divina a la doctrina de la Iglesia Católica, a la honestidad de costumbres y a la salud eterna de los hombres, excitaron con frecuencia violentas tempestades y desolaron la Iglesia y la sociedad civil”.

3.- “Así se opusieron con un vigor apostólico a las culpables maquinaciones de los malvados, que bramando de rabia como las ondas de un mar embravecido, prometiendo la libertad y siendo esclavos de la corrupción, trabajaban por medio de falsas máximas y escritos perniciosos en arruinar los fundamentos del orden religioso y social, en destruir la verdad, en depravar todas las almas, en desviar de la regla de las costumbres a los imprudentes y sobre todo a la juventud inexperta, en corromperla miserablemente, en arrojarla en las redes del error y arrancarla, en fin, del gremio de la Iglesia Católica”.

4.-“Como sabéis muy bien, venerables hermanos, desde que la providencia, en sus impenetrables consejos se dignó elevarnos, a pesar de nuestra indignidad a la Cátedra de San Pedro, con el corazón traspasado de dolor a la vista de la horrible tempestad desencadenada por tantas doctrinas perversas, a la vista de los males incalculables y soberanamente deplorables atraídos por el pueblo cristiano por tantos errores, alzamos la voz, según el deber de nuestro ministerio apostólico y los ilustres ejemplos de nuestros predecesores”.

5.- “Y en muchas encíclicas, en alocuciones pronunciadas en consistorios y en otras letras apostólicas, condenamos los principales errores de nuestra triste época, excitamos a vuestra vigilancia episcopal exhortamos a todos nuestros queridos hijos de la iglesia católica a mirar con horror y a evitar el contagio de esta peste cruel”.

6.- “Pero muy especialmente en la primera encíclica del 9 de Noviembre de 1846 y en dos alocuciones, una del 9 de Diciembre de 1854 y otra del 9 de Julio de 1862, pronunciadas en consistorio, condenamos los monstruosos errores en boga, sobre todo en nuestros días con gran daño de las almas y de la misma sociedad civil; errores que, fuentes de casi todos los otros, son no sólo la ruina de la Iglesia Católica y sus saludables doctrinas y de sus sagrados derechos, sino también de la eterna ley natural probada por el mismo Dios en todos los corazones, como igualmente de la recta razón”.

7.- “Sin embargo, bien que no nos hayamos descuidado en prohibir y reprobar estos errores, la causa de la iglesia católica, la salvación de las almas divinamente confiadas a nuestra solicitud, los intereses de la sociedad humana exigen, que excitemos vuestro celo pastoral a combatir otras opiniones nacidas de los mismos errores, como de sus fuentes”.

8.- “Estas opiniones falsas y perversas, son tanto más detestables, cuanto que tienden especialmente a impedir y a separar esa fuerza saludable de que la Iglesia Católica en virtud de la institución y del mandato de su divino fundador debe usar libremente hasta el fin de los siglos así respecto de las naciones como de los individuos lo mismo con los pueblos, que con los soberanos”.

10.- “También tienden a destruir la unión y concordia recíprocas del sacerdocio y del Imperio y que ha sido siempre tan favorable a la Iglesia y al Estado. En efecto; sabéis perfectamente, venerables hermanos, que muchos contemporáneos nuestros, aplicando a la sociedad civil el impío y absurdo principio de que llaman ellos naturalismo tiene la osadía de enseñar que “la perfección de los gobiernos y el progreso civil” exigen imperiosamente que la sociedad humana sea constituida y gobernada como si la religión no existiera, o a lo menos sin establecer ninguna diferencia entre la verdadera religión y las religiones falsas”.

11.- “Además, en oposición a la doctrina de las sagradas escrituras de la Iglesia y de los Santos Padres, no temen afirmar que “la mejor condición” de sociedad, es aquella que no se reconoce en el estado la obligación de reprimir con la sanción de las penas, a los violadores de la religión católica, a no ser cuando lo exija la tranquilidad pública”.

12.-“En consecuencia de esta idea absoluta falta del gobierno social, no vacilan en favorecer esta opinión errónea penosísima a la Iglesia Católica y a la salud de las almas, y que nuestro predecesor de feliz memoria Gregorio XVI; llamaba un delirio a saber: “Que la libertad de conciencia y de cultos es un derecho inherente a cada hombre” que la ley debe proclamar y garantir en toda sociedad constituida, y que los ciudadanos tienen derecho a la plena libertad de manifestar públicamente sus opiniones cualesquiera que sean, por medio de la palabra, de la prensa o de otra manera; sin que puedan restringirla ni la autoridad eclesiástica ni la civil”.

13.- “Ahora bien, sosteniendo esas temerarias afirmaciones no reflexionan, no consideran que predican la libertad de perdición y que si el conflicto de las opiniones humanas es tolerado, habría siempre hombres dispuestos a resistir a la verdad y a poner su confianza en la locuacidad de la sabiduría humana”.

14.- “Y como allí de donde la Religión, la Doctrina y la Autoridad de la revelación se hallan desterrados de la sociedad civil, la noción de la justicia y el verdadero derecho humano se oscurece y aún se pierde cediendo el paso a la fuerza material que toma entonces el puesto de la verdadera justicia y el verdadero derecho, se ve claramente por qué ciertos hombres, no teniendo en cuenta los principios de la sana razón, se atreven a publicar:

15.- “Que la virtud del pueblo, manifestada por lo que ellos llaman opinión pública o de otro modo, constituye la ley suprema, independiente de todo derecho divino y humano, y que en el orden político, los hechos consumados, tienen el valor de derecho”.

16.- “Pero, ¿quién no ve, quién no siente perfectamente que una sociedad separada de la religión y de la verdadera justicia, no puede tener otro fin que adquirir y acumular riquezas ni otra ley en todos los actos que el indomable deseo de satisfacer sus propias sensualidades y propios intereses?”.

17.- “He aquí por qué esos hombres persiguen con odio cruel las órdenes religiosas, sin tener en cuenta los inmensos servicios prestados por ellas a la religión, a la sociedad y a las letras; por lo cual la injurian diciendo, que no tienen ninguna razón legítima de existencia y haciendo así eco a las calumnias de los herejes”.

18.- “En efecto, como lo enseñaba muy píamente Pío VI nuestro predecesor de feliz memoria; la abolición de las ordenes religiosas hiere al Estado que hace profesión pública de seguir los consejos evangélicos; ataca una manera de vivir recomendada por la Iglesia como conforme a la doctrina de los apóstoles. Ultraja, en fin, a los ilustres fundadores de las Ordenes que nosotros veneramos en nuestros altares y establecieron estas órdenes por inspiración de Dios”.

19.- “Van más lejos todavía y llevan su impiedad hasta el punto de querer quitar a los ciudadanos de la iglesia, la facultad de dar públicamente limosna por caridad cristiana y abatir la Ley que en ciertos días prohibe las obras serviles para consagrarse al culto divino. Todo esto se lleva adelante bajo el falso pretexto de que esta facultad y esta ley están en oposición con los principios de la verdadera economía política”.

20.- “No contentos con desterrar la religión de la sociedad, quieren también desterrarla de la familia, enseñando y profesando el funesto error del comunismo y del socialismo, afirmando que la sociedad doméstica o la familia, toma su razón de ser del derecho puramente civil y que por consiguiente, de la Ley civil emanan y dependen todos los derechos de los padres sobre los hijos y aun el derecho de instrucción y educación”.

21.- “Para esos hombres de error y de mentira, el fin principal de estas máximas impías y de estas maquinaciones criminales es obstruir completamente a la saludable doctrina y a la influencia de la iglesia quitándola de la instrucción y la educación de la juventud, para manchar y corromper con los más perniciosos errores y vicios de toda la especie, el alma tierna y flexible de los jóvenes”.

22.- “Todos los que han trabajado en perturbar la Iglesia y el Estado, en destruir el orden regular de la sociedad, en aniquilar todos los derechos divinos y humanos, han empleado constantemente, todos sus pérfidos designios, toda su solicitud y actitud en seducir y depravar a la juventud imprevisora y han puesto toda su esperanza en esta corrupción de las nuevas generaciones”.

23.- “He aquí porque el clero regular y secular no obstante los más ilustres testimonios dados por la historia a sus inmensos servicios en el orden moral religioso y civil y literario, es por parte de ellos objeto de las más atroces persecuciones; y he aquí porque dice: “Que siendo el clero enemigo de las luces de la civilización y del progreso, es necesario quitarle la instrucción y educación de la juventud”.

24.- “Otros, renovando los errores funestos, tantos y tantas veces condenados, de los innovadores, se atreven con insigne imprudencia a someter a la autoridad civil la suprema autoridad dada a la Iglesia y a esta Silla Apostólica por nuestro Señor Jesucristo y a negar todos los derechos de esta misma iglesia y de esta misma Silla respecto del orden exterior”.

25.- “Efectivamente; no se avergüenzan de afirmar que “las leyes de la Iglesia no obligan en conciencia a no ser que estén promulgadas por la autoridad civil; que los actos y derechos de los romanos pontífices relativos a la religión y a la iglesia, necesitan la sanción y la aprobación, o a lo menos el asentimiento del poder civil; que las constituciones apostólicas, condenando las sociedades secretas, exíjase o no el juramento de guardar el secreto y fulminando anatemas contra sus adeptos y autores, no tienen ninguna fuerza en los países en que el gobierno civil tolera estas especies de asociaciones”.

26.- “Que la excomunión fulminada por el concilio de Trento y por todos los Pontífices Romanos contra los invasores y usurpadores de los derechos y de las posesiones de la Iglesia, descansa en una confusión del orden civil y político y no tiene más objeto que los intereses de este mundo; que la Iglesia no debe decretar nada, ligar la conciencia de los fieles relativamente al uso de los bienes temporales; que la Iglesia no tiene el derecho de reprimir con penas temporales a los violadores de sus leyes; que es conforme a los principios de la Teología y del derecho público reivindicar por medio del gobierno y atribuirle la propiedad de los bienes poseídos por las iglesias, por las congregaciones religiosas o por los demás lugares piadosos”.

27.- “No tienen vergüenza de profesar en voz alta y públicamente los axiomas y los principios de los herejes fuente de mil errores y de funestas máximas”.

28.- “Repiten, en efecto, “que la potestad eclesiástica no es de derecho divino, distinta e independiente del poder civil y que esta distinción y esta independencia, no puede subsistir sin que la iglesia invada y usurpe los derechos esenciales de la protesta civil, es evidente”.

29.- “Es imposible también, guardar silencio sobre la audacia de los que no soportando la sana doctrina, pretenden que por los juicios de la Silla Apostólica y por sus decretos evidentemente relativos, al bien general de la iglesia, a sus derechos, a su disciplina, sino tocan a los Dogmas de la fe y de las costumbres, se puede, sin pecado, negar la conformidad y sumisión, sin perder por eso la cualidad de católico”.

30.- “No hay nadie que no vea manifiesta y claramente y nadie que no comprenda que esta pretensión es contraria al Dogma Católico de plena autoridad divinamente dada por nuestro Señor Jesucristo al Pontífice Romano de apacentar, regir y gobernar la Iglesia Universal”.

31.- “Ahora bien, en medio de esta perversidad de opiniones, persuadidos del deber de nuestro cargo Apostólico y llenos de solicitud por nuestra Santa Religión, por la Santa Doctrina, por la salvación de las almas que nos está confiada y por el bien mismo de la sociedad, hemos creído necesario elevar de nuevo nuestra voz apostólica”.

32.- “Por consiguiente; reprobamos, proscribimos y condenamos por nuestra autoridad apostólica, todas y cada una de las malas opiniones y doctrinas señaladas en detalle en las presentes letras y queremos y ordenamos que todos los hijos de la Iglesia Católica, los tengan por reprochados, proscritos y condenados”.

33.- “Sabéis muy bien, venerables hermanos, que en nuestros días, los adversarios de toda verdad y de toda justicia, los enemigos de nuestra Santa Religión, con ayuda de libros emponzoñados, libelos y diarios, esparcidos sobre la faz de la tierra, engañan a los pueblos, mienten científicamente y siembran toda otra especie de doctrinas impías. Tampoco ignoráis que en este siglo, algunos hombres ilusos y excitados por el Espíritu de Satanás han tenido la audacia de negar al Dominador Jesucristo nuestro Señor y no temen atacar a su Divinidad con la más criminal imprudencia”.

34.- “Sobre esta materia, venerables hermanos, tenemos que tributaros los mayores elogios, en verdad muy merecidos por el celo que habéis desplegado alzando vuestra voz episcopal contra tan grande impiedad”.

35.- “Así, pues, en nuestras letras, nos dirigimos otra vez más a vosotros, que llamados a compartir nuestra solicitud sois para nosotros, en medio de nuestros grandes dolores, objeto de consuelo, júbilo y reanimación por vuestra religiosa piedad; a vosotros que por este amor, esa fe y abnegación admirables con que os esforzáis en cumplir viril y cuidadosamente el gravísimo cargo de vuestro ministerio episcopal, vivís en unión íntima y cordial con nosotros y en la Silla Apostólica”.

36.- “Esperamos en efecto, de vuestro celo pastoral, que armados con la Espada del Espíritu que es la palabra de Dios, y justificados en la gracia de nuestro Señor Jesucristo, os consagréis con toda vuestra solicitud a que los fieles que os están confiados se abstengan de las malas hierbas que Jesucristo no cultiva, porque no han sido sembradas por su “Padre”.

37.- “No ceséis jamás de inculcar a esos mismos fieles que toda verdadera felicidad para los hombres emana de nuestra augusta religión, de su doctrina y de su práctica y que feliz es el pueblo cuyo Dios es el Señor”.

38.- “Enseñad que los reinos descansan sobre el fundamento de la fe católica, y que no hay nada tan mortal ni que nos exponga tanto a la caída y a todos los peligros, como creer que nos basta el libre albedrío que recibimos al nacer, sin otra cosa que pedir a Dios, lo que equivale a olvidar a nuestro autor y renegar de su poder por mostrarnos libres”.

39.- “No olvidéis tampoco enseñar, que el poder real no es únicamente conferido para el gobierno del mundo, sino ante todo y sobre todo, para la protección de la Iglesia”.

40.- “Cierto es, que cuando se trata de negocios de Dios, es interés de los príncipes, subordinar, como él mismo ha establecido y no preferir ni anteponer su voluntad real a los sacerdotes de Jesucristo”.

41.- “Dado en Roma en San Pedro a 8 de Diciembre de 1864, el décimo año después de la definición Dogmática de la Inmaculada concepción de María virgen y Madre de Dios y el décimo nono de nuestro Pontificado”.

Pío IX Papa.